domingo, 5 de febrero de 2012

EL DIÓS OJO, QUE TODO LO CURA (De: Lo invisible en la mitología, Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXXVII).

Esta entrada es continuación de las trece anteriores. Recomendándose la lectura previa de aquellas que le preceden, para una comprensión plena de cuanto exponemos en ella. Aprovechamos las presentes lineas para enviar nuestra gratitud a cuantas personas nos leen, que nos comunican superan las dos mil visitas mensuales. En especial dedicamos nuestras palabras a quienes nos dan su aprobación haciéndose seguidores, como es caso último de Kuzi Joyeros (http://kutzijoyeros.blogspot.com/); que recientemente se han suscrito al blog. Animándoles a que continuen con su magnífica labor de arte y artesanía, heredera de una de las profesiones que más ha aportado y destacado a nuestra Peninsula y a la cultura ibérica: La orfebrería (el arte milenario de los megalitistas, de los tartessios e iberos; de los fenicios, judíos, grecorromanos, árabes y cristianos, que poblaron nuestras tierras).


JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado famoso fragmento de cerámica griega hallado en Medellín hacia 1968. Se trata de un trozo de un "kylix" en el cual está inscrito en caracteres helenos "HERMOSO (...) DE BEBER"; fechado en el siglo VI a.C pertenece al Museo de Badajoz Arq. (al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). En este observamos la efigie de Zeus como "Taranos" o dios del trueno y la tormenta, portando un "rayo" en su mano. El atributo que sujeta es sin duda alguna el símbolo del fuego y como tal podemos incluso relacionarlo con la salamandra (reptil del que se decía que se alimentaba de la hoguera). Abajo comentamos sobre la figura de este Zeus Taranos y su significado relacionado con la vista, la luz y el ojo.

ABAJO: Tres hachas paleolíticas, que en la más remota antigüedad se tenían como "talladas por los dioses". Hasta el siglo XVIII, no se formula y difunde la teoría de las Edades, que explica como antes de los metales, el hombre trabajó y realizó sus herramientas con piedras. Debido a ello, el "saber popular" creyó que las hachas neolíticas y paleolíticas que aparecían en los campos se debían a efectos sobrenaturales. Tanto que ya en tiempos protohistóricos, se atribuía la realización de estas bifaces a diferentes deidedes; tanto que se les denomina comunmente como "piedras del rayo". En una entrada anterior vimos que ello sucedía al confundirlas con las "fulgitas" (formaciones pétras nacidas por la fusión de las arenas a modo de cristales, al caer el relámpago sobre tierras de sílice). En este artículo, comprenderemos el símbolo médico y de protección que se concedía a tales "piedras del rayo", como hijas de la tormenta.





Comenzamos ilustrando nuestro artíulo de hoy, con dos imágenes que se relacionan plenamente con las deidades de la luz y el fuego. La primera (superior), hemos visto que se trataba de un Zeus portador del rayo, dios que se relacionaba de algún modo con el dios forjador que regalaba o enviaba a los hombres "la llama", la luz, y hasta las armas. En diversas representaciones, este relámpago de Zeus se suele simbolizar con una lanza. Pero en caso de este kilis -que es muy arcaico (tanto como para ser la pieza cerámica griega más antigua hallada en la Península)-, el dios sujeta una especie de "atizador". Curiosamente el fragmento cerámico apareció en zona y yacimientos tartessios (junto al posterior Mettiluim romano). Lo que no solo obliga a pensar en las relaciones comerciales entre el Sur Peninsular y la Hélade -hechos que recuerda la Historia, en relatos como el de Kolaios, llegado de Samos-. Sinó también en la posibilidad de un presente o mercancía valiosa, traida por algún griego hasta Tartessos; con la que posiblemente pretendiera mostrar o enseñar a occidentales, los dioses de su tierra. Este hecho se ratifica con el hallazgo en Huelva de otra pieza cerámica helena muy similar e igualmente fechada a mediados del siglo VI a.C.; en la que vemos a Atenea, junto a una inscripción greco-arcaica (que habla de aquella diosa y donde aparece una figura tambien portando el mismo "rayo de Zeus").

La simbología de esta figura en forma de tenedor se relaciona plenamente con el doble tridente, o con algún artilugio para atizar el fuego (badiles); pero a su vez nos recuerda también a la esquematización de la salamandra. Extraño reptil, al que se le daba propiedades mágicas, se consideraba como un tipo de dragón y del que se decía, se alimentaba de fuego. Por su parte, este lagarto de extraño comportamiento (tanto que "pare" sus huevos en el agua), parece que es de costumbres exxtrañas y nocturnas, semejantes a las de "sus parientes": Las salamanquesas. Lagartos de noche, que se acercan a las antorchas (o luces), atraidas por el calor pero sobre todo para acechar allí a los insectos que gracias a su luminosidad cazan. De ello que se les tuviera por animales benéficos y muy relaconados con el fuego; tanto como para que aquel rayo de Zeus nos recuerde sobremanera al diseño de una de estas lagartijas de noche. Auque en todo ello, existe un motivo más para la asimilación entre luz y piedra, con la pieza de metal que el dios porta en su mano. Siendo aquello el del principio del fuego, que de no ser "regalado por el rayo" de los dioses, se obtenía normalmemte chocando dos piedras.

Para la obtención de las hoguera, en la Grecia y Roma más tardías hubo diversos métodos, entre los que se encontraban "mecheros" de roce metálicos (parecido a lo que posteriormente lo que se llamaría "chisquero"), e incluso cristales que actuaban de lupa para encender el fuego. Llegando a ser obligatorio en todo templo donde se mantenía la llama sagrada, si esta se extinguía, recuperarla con medios naturales; entre los que finalmente se sacralizaron los cristales (similares a lupas y que guardaban las vestales). Pese a todo, el medio más arcaico conocido y de donde nacía la chispa era del golpe entre piedras, por lo que entendemos plenamente el significado dado en la Antigüedad a las hachas paleolíticas, identificándolas con el rayo, la luz y las llamas. Todos estos, ritos y mitos, que envolvían el sentido de la tormenta y del calor, unido a la fuerza y el poder de los dioses. Deidades que enviaban la iluminación, las llamas y las brasas, para que el hombre pudiera sobrevivir, cocinar hasta para fundir sus metales -sin los que era imposible fabricar aperos, herramientas, utensilios o armas-.

De ello, el fuego sagrado unía conceptos tan básicos como eran: El hogar -entendido como el de la chimenea y como el centro de la casa, dominado por un fuego que la mantenía habitable-; tanto como la manutención y protección del domiciolio o del grupo -que se debía en gran parte a la buena forja y uso de los metales obtenidos con las brasas- . Pero igualmente todo ello hacía referencia a la luz, al dios-iluminador que en Grecia toma el nombre del propio dia, se refería a la hoguera sagrada. De tal modo, la palabra "Zeus", era voz procedente del proto-indoeuropeo "Dyaus" (cuyo significado es "dia, luz") y que igualmente originaba el nombre de "Teo" -que como todos sabemos, en idioma heleno significa "dios"-. Pero a su vez, aquel dios del rayo y de la luz, reinante en el Olimpo, se relacionaba plenamente con la piedra. Así era tenido por la imagen de un Zeus lítico que vimos llamaban Taranos (del trueno); que entre los romanos era asimilable al famoso Júpiter Lápidus. Deidad "representada" por una hacha bifaz de piedra (paleolítica, o neolítica), guardada en El Capitolio y sobre la que juraban todo cargo los más altos dignatarios del Imperio. Principo y promesa que se basaba en aquel dios que todo lo ve, la deidad de la luz; el "gran ojo" del Universo, que a todos observa y a todos conoce. Jurando por el "dios ojo", que hace justicia conforme a lo que conoce y observa a cada uno de nuestros movimientos. (para más información sobre este Jupiter lápidus ver nuestra entrada
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com/2012/01/1-6.html )

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado detalle de la pulsera rey Sensoq I, siglo X a.C.; que contiene un ojo de Horus en lapislázuli (perteneciente al museo El Cairo, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). En esta observamos el amuleto más sagrado que hubo entre los egipcios, llamado Utchat (o Udjat) y en la forma que el "Libro de los Muertos" ordena hacer: Con lapislázuli y obsidiana. Representa el ojo con el que el hijo de Osiris, se dice llegó a resucitar a su padre (el gran dios), tras haberlo perdido y recuperado mientras el heredero de Egipto vengaba la muerte de su progenitor. El significado del Utchat es en gran parte cosmogónico (como veremos) pero su uso tuvo una razón médica (además de un uso mágico que ha pervivido casi por cincomil años en los llamados cultos o ritos del "mal de ojo").

ABAJO: El mismo Ojo de Horus (Utchat), era uno de los talismanes púnicos más utilizados, tal como vemos en este ejemplo, fabricado por lo fenicios y hallado en tierras de Italia. Finísima pieza de orfebrería datada entre los siglos VI al V a.C., procede de Tharros y pertenece al Museo de Cagliari (al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). La magia y la religión egipcia permaneció entre los fenicios de un modo continuo y continuado. Puesto que al fin y al cabo el pueblo púnico nace y se expande por ser los navegantes y los comerciantes del Imperio de los Faraones . Debido a que las tierras del Nilo carecían de madera y por estar especialmente interesados sus habitantes en proteger las fronteras, por lo que apenas mercadeaban fuera de su territorio (ni tuvieron más embarcaciones que las de una armada defensiva). Por todo ello, las deidades e incluso la magia y los amuletos fenicios son de plena inspiración egipcia. Entre ellos, especialmente lo fue el Ojo de Horus; Utchat que llegó hasta nuestras tierras de manos de los púnicos en forma de amuletos, de tradiciones, costumbres y de objetos que increiblemente permanecieron durante milenios (entre el saber popular). Siendo este el origen del famoso "mal fario" conocido comunmente como: Mal de Ojo.


En opinión de algunos egiptólogos, si quisiéramos entender en gran parte el significado primigenio del dios Osiris, habríamos de cambiar su "s" por una "j", comprendiendo que aquel era la deidad de la luz, la iluminación y el bien: "Ojiris" (de ojo). Casualidad fonética que sucede porque la voz "oculus" (ocular) es de origen fenicio y a su vez esta, de procedencia egipcia. Siendo para los púnicos el sonido "O" ,"Ok", lo giratorio y el círculo, de allí nuestro "ojo", tanto como el concepto alfabético del cual nace la propia letra "o" ("inventada" por los fenicios). Por todo lo que el "ocus" es lo que los griegos aliteraron llamando "kilkulos", pero que a su vez era lo que daba nombre a aquello que circundaba a la tierra (y giraba entorno a ella): Las aguas, que igualmente se denominaron "Okeanos". Procediendo de esta raiz términos como "acua", o "aqua", que hasta en algunos idiomas romances modernos llega enla foma de "O" simple (escito "eau"). De lo que aquel dios que circundaba y giraba sobre la tierra era igualmente como "Osiris", una deidad de la luz y del agua; y por lo tanto, del bien absoluto para la agricultura. Dios del Universo en movimiento, que entre los indo-arianos es nombrado como Varuna, llegando hasta los griegos en la forma de Uranos. Quien de seguro debe su nombre al radical indo-ariano (proto-indoeuropeo) VAR (vari) cuyo significado es "agua", puesto que se consideraba que las aguas rodeaban la tierra que flotaba sobre aquellas. Tanto como los cielos eran aguas y luces que en ocasiones hacían regresar su preciado líquido a la Tierra (con la lluvia). Entendiendo el Cosmos como un lugar continuado a los mares y donde habitaban los océanos celestes, junto al fuego (de las estrellas).

Por todo cuanto hemos expuesto, comprenderemos que la visión del Universo (Uranos, Varuna o "el primer" Osiris) entendido como un gran ojo, se corresponde a este concepto: Una cosmogonía que interpretaba la unión de aguas y luces, relacionándolas con la mitología interior del hombre. Consecuentemente, el dios ojo fue una de las representaciones más importantes desde la más remota antigüedad y que dió lugar a las principales deidades en muchas religiones. Partiendo seguramente de la unión entre iluminación espiritual y la material; una analogía que se mantiene en todas las creencias, hasta el punto de que las tinieblas y los hijos de la oscuridad, se identificarían con el diablo o lo demoniacio. De tal modo, entre los egipcios, los ojos del Universo eran de tal importancia que el famoso Utchat, se convierte en el amuleto más importante y símbolo de la propia nación (ya que su jeroglífico se leía por el pais del Nilo). Su función se relacionaba con los poderes del Sol y de la Luna, que se tuvieron por aquellos "ojos" de los dioses, aunque finalmente los sacerdotes prescriben que tan solo el izquierdo es el que pueda representarse como el de Horus, al simbolizar la luz de nuestro satélite (debido a que el ojo derecho era el propio Sol y no debía ser usado como amuleto).

Documentado desde el predinástico, el Utchat debía de hacerse conforme ordenaba el "Libro de los Muertos" en lapislázuli y obsidiana (tal como lo vemos en la foto superior). Creemos que estos colores y minerales se relacionan con iguales cultos y costumbres de Mesopotamia, donde también en el IV milenio a.C. se combatía el "mal de ojo" con una piedra de ágata o lapislázuli (en forma de pupila). Sus rituales, consideramos que pudieron relacionarse con la primera magia, pero igualmente con la más antigua medicina; ello porque los médicos en el Tigris, Eúfrates, o en el Nilo, desde la remota antigüedad lo primero que ascultaban en el paciente era el ojo y su interior (pudiendo advertir así anemias, dolencias y hasta lesiones cardiovasculares y hepáticas). Desde aquella costumbre de ascultar el párpado y las pupilas del enfermo, seguramente nacieron mancias como la "iriología" (lectura del iris, prediciendo el futuro) que ha pervivido hasta nuestros dias -de un igual modo cómo desde la astronomía, se generó la astrología; por derivación hacia lo esotérico, desde lo inicialmente científico-.

Sea como fuere, el tan temido y horrible Mal de Ojo en nuestra opinión tiene su verdadero origen en las enfermedades oculares; que en el desierto y en la Antigüedad eran epidemias. Un mal endémico que afectaba a gran parte de la población de Egipto, quienes en un altísimo porcentaje nacían, o morían invidentes. De tal modo es así, que aún en nuestros dias este grave problema no se ha coseguido erradicar por completo en las zonas del Nilo, tanto que el tracoma se denomina "oftalmia egipcia". Una enfermedad adquirida por contagio y que en el Imperio de los Faraones se denominaba "DET" (cuyo jeroglífico era el de lluvia unido al de ojo: Un ojo, junto a una nube de la que cae agua). Por lo demás, el uso preferente que daban al amuleto Utchat, los magos y sabios del antiguo Nilo, era precisamente para combatir la ceguera y los "males de ojo". Algo que se simbolizaba cosmogónicamente en el que Horus perdió en su lucha y que posteriormente recupera; hechos que significaban los cuartos de la Luna. Un satélite que cada 29,53 dias renacía (o desaparece) en la bóveda celeste, semejando al ojo que enferma y se cura -gracias a la magia o a los dioses, tanto como a los periodos de fertilidad femenina-.

Ni que decir tiene, que todo ello contiene un significado cronológico en el que la lucha del tiempo "medido" por lunas (en la forma semítica) es vencido por el calendario solar egipcio. Como si de una "guerra" entre los hijos de la luz y los de las tinieblas se tratase, así los sacerdotes del faraón concebían al maléfico Seth, como culpable de la ceguera de Horus: La desaparición de la luz lunar. Ello debido a que el ciclo anual en tierras de los faraones era de 365 días y en base al astro rey (al que se adoraba), "chocando" con el modo de computar el tiempo entre los mesopotámicos. Quienes partían de verdaderos meses (lunas o ciclos de 29 y 30 días, con los que completaban los 29,53 del periodo lunisolar). Pero tal como siempre exponemos, el trasfondo y la complejidad de los ciclos calendáricos y de la astronomía entre las antiguas civilizaciones, se basaba comunmente en conocer el Cosmos, pero a la vez intentar por todos los medios que los ajenos a la élite (quienes no dominaban la Sociedad) fueran incapaces de aceder a aquellos conocimientos. Algo perfectamete comprensible por tres motivos: En primer lugar, porque de saber alguien el dia y la hora (en el desierto), a nada que tuviera unos pequeños conocimientos astronómicos, sería capaz de orientarse de cruzar las arenas y hasta llegar a baluartes -accediendo a oasis o a ciudades (secretamente guardados "por murallas hechas con kilómetros de arenas")-. En segundo término, porque los ajenos a la élite no deberían conocer aquellos secretos científicos o cósmicos; para poder ser "facilmente" gobernados por quienes sí los dominaban. Pero el hecho fundamental (y tercero) que obligaba a que quella sabiduría fuera transmitida oralmente -sin permitir escribirla-; se basaba en que si caía la ciudad -o el templo- en manos del enemigo, y de estar conservados por escrito los conocimientos, estos pasarían rápidamente al que les conquistaba.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, deidad eneolítica hallada en el Sur Penínsular datada entre el III y el II milenio a.C. a.C. . Perteneciente al Calcolítico, se encuentran en lugares de influencia de la Cultura de Los Millares y El Argar. Denominándose ídolos cilíndricos, predominan preferentemente en la zona del Alentejo y Extremadura (aunque también en el Bajo Guadalquivir, Andalucía Oeste y el Algarve). Tallados algunas veces en hueso y otras en piedra (caliza), siempre lucen dos ojos (a modo de plenetas). Nuestra hipótesis es que se trata de una deidad relacionada con la luz y el ojo, de influencia oriental.
ABAJO: Idolillo de pizarra (llamado de placa) del tipo "megalítico"; estas aparecen en yacimientos fechados desde el IV milenio hasta el II a.C., por todo el Sur peninsular; terminan de encontrarse desde que desaparece el mundo argárico (a partir del 1500 a.C.). El fotografiado se trata de una copia de los existentes en los museos alentejanos, donde este tipo de figuras con ojos prevalecen en los enterramientos de todo el Bronce y Calcolítico (desde el IV al II milenio a.C.). Siendo su mayor profusión en tiempos de Los Millares y la Cultura de El Argar, donde las cerámicas tambien se decoraba con estos dos ojos. En nuestra opinión, se trata de una deidad relacionada con la luz y la visión, lo que se muestra en cómo están esculpidas o talladas aquellas pupilas, en la forma de dos astros (Luna y Sol, o dos soles). Consideramos y es teoría propia que su inspiración es de origen oriental, tal como lo fue la cultura de Los Millares o de El Argar. Puesto que en la Mesopotamia de estos milenios también se esculpían placas y cilindros de dioses con pupilas, al igual que en Egipto se adoraba al dios ojo (Utchat, o bien Osiris astro que todo lo ve), ya desde periodos predinásticos.


Pero tal como veníamos diciendo, en nuetra opinión, aquel Utchat (amuleto contra el aojo) servía fundamentalmente para combatir oftalmias. De entre ellas la más temida, por pandémica en Egipto -y aun hoy terriblemente dañina en el Nilo-: La producida por la Chamydia Trachomatis, que provoca el tracoma. Enfermedad muy contagiosa, cuyo origen fundamental se encuentra en la falta de higiene, la salubridad del medio, la contaminación de aguas y del aire, tanto como en la promiscuidad sexual. Ello, porque su transmisión fundamental es por vía sexual, pudiendo contagiarse tan solo por compartir el agua donde se lava un enfermo, e incluso por utilizar una toalla en común con este (en especial entre las mujeres). Por su parte, el porcentaje de contagios que se dan de clamidiosis por via de transmisión en la cópula, o en cualquier contacto "carnal", es altísimo y supera el 20% en cada "unión". Además se encuentra el hecho de que en un 50% de los casos, la bacteria que ya ha infectado una vagina tarda años en manifestarse; de lo que la mujer contagiada no percibe su enfermedad hasta que esos síntomas no se hacen patentes (algo que llega a suceder incluso decenios después de haberla contraido; habiendo podido transmitirla a cuantos hombres hayan mantenido relaciones con ella).

Pues bien, esta clamidiosis altamente contagiosa -sobre todo en lugares faltos de agua y superpoblados-, parece que fue uno de los grandes males endémicos del Egipto Antiguo (siéndolo aún en muchos paises del Tercer Mundo). Lo que provocó que un gran porcentaje de la población del Nilo naciera ciega, o terminara contayendo el tracoma. Ello no solo debido a la posible promiscuidad de los súbditos del faraón, sinó más bien a la escasez de higiene, a la obligatoriedad de compartir aguas, o de reciclarlas y reutilizarlas (hasta para regar y beber); no pudiéndose proteger los ojos del terrible Sol del desierto, ni del daño de sus polvos, lodos o arenas. De tal manera, la suciedad de una superpoblación asentanda junto al rio, quienes debían lavarse con el mismo agua que regaban y consumirla para abastecerse, debió producir auténticas pandemias de tracoma, que por ello se denomina "oftalmia egipcia". Enfermedad originada fundamentalmente por transmisión sexual, que se manifiesta primero por una gran conjuntivitis, y que luego va acompañada de secreciones de mucosas infectadas en todo el cuerpo. Tras ello, se ven totalmente afectados los ojos y el sexo, comenzando a sufrir diferentes procesos, que pueden llevar hasta la ceguera total (en la que incluso las cuencas oculares llegan a vaciarse); al igual que los órganos genitales pueden ir paulatinamente enfermando hasta la llamada "estrangulación" blenorrágica (que en algunos casos producen la muerte).

Este terrrible mal, que comunmente provoca la ceguera y la esterilidad (en el mejor caso de llegar a superarse), tiene tanta virulencia como capacidad de pasar de unos enfermos a otros. Bastando con tocar los ojos del afectado y luego poner las manos sobre los de un individio sano, para que el segundo la contraiga. Por lo demás, todos los hijos nacidos de madre contagiada quedan al poco tiempo invidentes; puesto que en el momento del parto y por vía vaginal, la bacteria afecta a los ojos del neonato, quien en unos dias desde que viene al mundo contrae la Clamidiosis y termina por enfermar hasta perder la vista. Siendo el único remedio para que ello no ocurra (al menos, hasta hace pocos años) el poner sobre los ojos del recien nacido nitrato de plata de forma abundante; limpiando así la bacteria que queda neutralizada con el lavado por este óxido argénteo.

Evidentemente en el Egipto antiguo no se conocía el nitrato de plata, y ni siquiera en los textos de farmacopea o medicina egipcios se cita un remedio similar. Llegando en algunos papiros a sugerir tratar el ojo del afectado por tracoma, con colirios hechos con hígados y sangres de diversos animales (un remedio muy cercano a algunos colirios actuales muy ricos en hierro y en vitamina A, pero que aún mejorando el ojo, no combate la bacteria). Pese a todo y contra el Mal de Ojo, siempre recomiendan los textos médicos colgar al niño o al adulto una amuleto hecho en piedra y metal. Siendo para el recién nacido lo mejor e imprescindible, la "bulla"; una pequeña cápsula metálica que le prendían del cuello nada más venir al mundo y que era tan necesaria para el neoneto entre los egipcios, como ponerle un nombre. Tanto era así que se decía que para el bebé no se precisaba más que penderle la "bulla", sin importar que se le vistiera con otra prenda, o se le hiciera otro regalo.

Mucho hemos pensado sobre el posible significado e importancia de este "escapulario" egipcio, que entre los más pobres se llegaba a simular con un nudo de cuero atado al cuello; pero que toda persona normal ponía a sus hijos (principalmente hecho en bronce o en plata -algunos de oro-). Tanto así como hemos reflexionado sobre la posible utilidad que aquellas bullas o amuletos con forma de ojo tenían, llegando a la conclusión de que posiblemente, a tarvés del sudor del que la levaba, se pudieran generar óxidos de metales. Siendo quizás esa secreción de la piel, formando el óxido de la plata (o el bronce), lo que creara un nitrato capaz quizás de neutralizar de algún modo a la bacteria y proteger de la Chlamydia Trachomatis a los que la portaban. Pudiendo darse la circunstancia de que tocando el escapulario -oxidado por el sudor- y luego llevándo las manos a los ojos (o al sexo) repetidamente, quizás estos nitratos depositados en los dedos, pudieran defender del tracoma al portador de una bulla. Creyendo que este pudiera ser el origen del talismán en forma de burbuja (u ojo) y que más tarde se hizo en piedra (ya adoptando la figura del Utchat, u ojo de Horus). Siendo a su vez todo ello el motivo por el cual a las joyas, bullas, medallas y talismanes metálicos se les tuviera tanta veneración, creyendo firmemente en su protección (de donde nacería el valor mágico de las joyas).


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, collar de lignito (azabache) del periodo calcolítico ibérico (propiedad del Museo Arqueológico de Burgos, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). El carbón piedra llamado azabache desde la más remota antigüedad fue tenido por sagrado. Sobre todo se consideraba uno de los mayores apotropaicos contra el Aojo, a la vez que muchos afirmaban que descubría la epilepsia y llegaba a neutralizar el veneno de la sierpe -tal como narran los "lapidarios" más antiguos (como el de Alfonso X el Sabio o el de San Isidoro de Sevilla)-. A nuestro juicio, las propiedades médicas que relacionan el carbón con la protección contra el Mal de Ojo se basan en su uso como crema ocular. Ya que untando carbón con grasa en los párpados, estos se protegen de múltiples enfermedades e infecciones (tal como es costumbre hacer en La India, donde sigue siendo común ponerse el llamado Kayal-Coal o "Charc-coal", a modo de rimmel).

ABAJO: .Amuleto contra el Mal de Ojo, salmantino del siglo XVIII que contiene una medalla de Santa Elena en forma de "bulla", junto a un ágata. Vemos en este talismán que se dedica a una santa, el recuerdo pleno de aquellos otros que se usaban hace dos, tres y hasta cinco mil años atras, para un igual fin: Combatir el aojo. Este colgante de hace apenas doscientos años, nos recuerda a la bulla egipcia, pero también a la griega y a la romana, tanto como a la piedra azul con la que los babilonios combatían en aojo. Teniendo los mismos colores que el Utchat: Negro y azul (el talismán de la imágen es propiedad del Museo Etnográfico de Castilla y León, al que agradecemos nos permita divulgarlo. La foto ha sido tomada del libro y catálogo del mismo museo: ENSERES, página 208).


JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, cuenta de collar fenicia con el dios ojo, hallada en Olbia y fechada hacia el siglo IV a.C. (perteneciente al Museo Nacional de Cagliari, al que agradecemos nos permita divular la imágen). En esta vemos la figura del ojo azul, que para los semitas era el símbolo del mal agüero (tal como aún lo es en varios paises herederos del mundo fenicio, donde se combate con esa pupila azul el Nazar -mal fario o envidia-). Como podemos observar, su relación con otros amuletos del aojo existentes hasta nuestros dias es directa, al igual que su origen desde el Utchat y las bullas egipcias es indiscutible. Cinco mil años de un mismo símbolo, para combatir algo que aun no sabemos muy bien qué es, pero que tantos aún hoy temen, y temieron.
ABAJO: Famosa piedra tallada contra el mal de ojo, de Leptis Magna (en Libia). En aquella figura un gran falo con patas a que a su vez tiene otro pene que pretende fornicar un ojo (que guarda un cangrejo). Tomando la figura del cangrejo como la de la enfermedad, podemos entender el significado de la extraña figura que posiblemente sugiere que el que solo piensa en el sexo y no tiene otra cosa en la cabeza, llega a fornicar sin temor a aquella enfermedad (del mal de ojo). Así, partiendo del peligro conocido que era la clamidiosis en la antigüedad y de cómo esta se contraía con enorme facilidad en los prostíbulos, podremos entender por qué los lupanares siempre se adornaban con alusiones a la protección contra el mal de ojo. Un aojo que no se trataba de un problema mágico, sinó que era una de las realidades de las prostitutas, quienes se infectaban de clamidia en su mayoría, contagíandola a sus clientes (y cuyos vástagos nacerían ciegos). Así, la ceguera tristemente se concebía como "un castigo" por los abusos sexuales cometidos: Un Mal de Ojo, cuya consecuencia más inmediata era la esterilidad (de no producir además la invidencia, o incluso la muerte).


Habiendo creado -personalmente- la hipótesis de que los escapularios, o las tan imprescindibles bullas (que no podían faltar entre los niños, en Egipto, Grecia o Roma), pudieron tener un efecto sanador, en razón a los óxidos de sus metales. Podemos comprender la importancia de gran parte de la joyería en la antigüedad, a la que no se le daba solo poderes apotropaicos, sinó que se consideraba teinían efectos sobrenaturales. De entre ellas, las gemas y los minerales, igualmente guardaban unas propiedades "alquímicas"; ya que en contacto con la piel (o bien al ser ingeridas, tras ser machacadas) podían sanar. Destacando entre las más beneficiosas contra el aojo, el carbón cristalizado (o azabache) se consideraba una de los más poderosos ahytentadores de la mala suerte. Tanto es así, que las higas y los amuletos más importantes del Camino de Santiago, antaño se fabricaron tanto como aún se hacen: En azabache (carbón cristalizado cuyas propiedades mágicas narran todos los tratadistas sobre mal agüero).

No vamos a resumir cuantas virtudes se cuentan de la piedra que llaman de "el Gagas", por cuyo color oscuro y brillo tanto se parece a la obsidiana, con la que los egipcios esculpían la pupila de Horus. Pero sí desearíamos dejar clara nuestra teoría sobre la relación entre el carbón y la protecciòn del mal de ojo. Entendiendo que tal aojo es en principio un mal médico, que puede protegerse con ciertos minerales y metales. Por lo que muy interesante sería recordar el "Ojo de Horus" que era este Utchat, cuyo dibujo y jeroglífico llegaba a traducirse por la Nación de Egipto. Parciendo claro que aquellos ojos eran los de todo egipcio, quienes entre los nobles llegaban a tatuárselos a la manera de Horus.

Pese a ello, es muy probable que este dibujo o contorno de los párpados, corresponda a un maquillaje comunmente usado por lo habitantes del Nilo; un rimmel puesto para proteger las cuencas oculares del sol, de la suciedad y hasta de enfermedades como el tracoma. De un modo muy semejante a como se sigue haciendo en paises con similares problemas de luminosidad y salubridad (como es el caso de La India); donde la falta de higiene, el polvo y las inclemencias del tiempo, unido a una fuerte luz, obliga a sus habitantes a usar el Kayal-Coal. Un rimmel hecho a base de grasas y carbón, que se unta en el pápado, perdurando varios días, e impide que la suciedad y el polvillo entre en el ojo (además de que disminuye mucho el grado de luminosidad, al cubrir de tono negro el borde de la cuenca ocular). Este remedio, que hemos usado y probado, es mucho más efectivo que cualquier gafas de Sol, y verdaderamente impide las conjuntivitis, a la vez que protege las cuencas oculares de la suciedad (que comunmente entra por efecto de la contaminación, o del viento). Igualmente, bajo el agua actúan estos carbones grasos, impidiendo que partículas de suciedad queden cerca del párpado y lo afecten a abrirlo (tras emerger). Siendo aquel el origen que consideramos es el del Ojo de Horus (o Utchat), símbolo de Egipto, con el famoso contorno de los párpados en negro (ver fotos recrea y cuarta al principio de la presente entrada).














lunes, 30 de enero de 2012

FIESTAS DE LA LUZ, LA TIERRA Y EL AGUA. (De: Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXXVI).

Esta entrada es continuación de las doce anteriores. Recomendándose la lectura previa de aquellas que le preceden, para una comprensión plena de cuanto exponemos en ella.

JUNTO Y SOBRE ESTAS LINEAS: Al lado, cartel de la Vijanera, una de las primeras mascaradas del año, que se celebran en la localidad santanderina de Molledo (Silio) y que "antaño" se llevaba a cabo en todo el área de Cantabria y norpalentina -incluyendo el valle de Campoo-. Comienza cada primer domingo del año (de no coincidir con la Epifanía) y conmemoran el nacimiento de Enero -el Janeiro-, mes de Jano. Aquel díos romano que se consideraba guardián de las entradas y el símbolo de la "puerta" del domicilio, de lo iniciático y del calendario. Por lo que se le representa como una deidad en busto y con doble cara, una mirando frontalmente a cada lado. Igualmente Jano era el dios que se acuña sobre las primeras monedas romanas (ases dobles) y como tal se tuvo por un protector de las riquezas (de las del hogar, económicas y del Estado). En nuestra opinión el nombre de esta antiquisima mascarada llamada la VI-JANERA significa inicialmente "BI(fronte)Janero" o las dos caras del primer periodo del año (el pasado enfrentado al futuro, los dos eneros). A continuanción hablamos de ellas.

ABAJO: Algunas de las más antiguas celebraciones similares a las Saturnales romanas se han mantenido en Nuestra Península, llevadas incluso a cabo en las mismas fechas que lo hicieron en la Roma premitraica. Puesto que antes de la reforma en favor del Mitraismo y que trasladó las Saturnales al principio del año agrario (entre Piscis y Aries -a los Idus de Marzo-), aquellas fiestas de la fertilidad y la obscenidad, se llevaban a cabo desde mediados de diciembre hasta fines de año (concretamente hasta el día 28). Entre las conservadas con fechas verdaderas sobre nuestras tierras, llama la antención como en el área que comprende desde Zamora al Portugal de Tras-os Montes y el sur de Galicia, se siguen haciendo mascaradas ("carnales") que dan comienzo precisamente en las Navidades; lo que no deja duda de que antaño hubieron de ser Saturnales y celebraciones de fertilidad (celtas, prerromanas o romanas). Abajo recogemos una imágen del blog de Ana Pedrosa en el que narra los pormenores de las diversas mascaradas que se llevan a cabo en Tras Os Montes. Igualmente, en otras localidades como las zamoranas o gallegas, existen famosas fiestas similares y en los mismos días, entre las que destaca la del Tafarrón. (Foto del BLOG DE ANA PEDROSA:
http://lazer.publico.pt/festasefeiras/297865_ha-festa-na-aldeia-ate-ao-dia-de-reis ). (Para más información leer: "Las Mascaradas Zamoranas y su relacíon con las Portuguesas" de Bernardo Calvo)




Habíamos tratado repetidamente en anteriores entradas la relación entre las festividades llevadas a cabo para fertilizar los campos y los cambios calendáricos. Ello porque la agricultura obliga a guardar unas pautas de tiempo muy reguladas, por las que en cada ciclo -anual o estacional- han de realizarse determinadas labores. Unos trabajos que se marcaban desde los tiempos más lejanos en virtud de fiestas y que recordaban aquellas fechas en las que había de realizarse la rotulación de la tierra, la siembra, el cultivo y la siega; tanto como la posterior recolección, custodia y elaboración de los productos alimenticios. Creando todo ello una identificación plena entre los fenómenos naturales o meteorológicos (como la luz, el agua, el frio y el calor), con conceptos mistéricos y de carácer semidivino. Nos referimos al mencionar estos "enigmas sobrenaturales de la Naturaleza", a hechos como la fecundación, la fertilidad, el nacimiento o la alimentación y crecimiento de las especies; tanto como al propio origen y significado de la vida. Misterios que sin duda se plantea el agricultor en el transcurso de su labor, al sentirse "un semidiós" que con su trabajo siembra, recoge y da uso o destino a la vida vegetal.

Por cuanto expresamos, nos será fácil entender por qué las festividades agrarias más importantes se celebraron comunmente a comienzos de la Primavera -cuando se iniciaban las labores del campo- y a fines del Verano, para marcar su término. Pero ¿Qué significado pudieron tener aquellas otras que se llevaron a cabo en los Solsticios?. Una pregunta que nos hacemos al parecer extraño que tan celebrado fuera el en campo el 24 de Diciembre y el de Junio; ya que esas fechas no tienen una "utilidad ni están en meses agrarios" y tan solo marcan los días más opuestos del año (nos referimos a la duración de horas solares entre ambos). Anque fácil nos será entender que gracias a estas dos "marcas" (la noche más larga y la más corta del ciclo anual), se pudo entender el calendario con gran facilidad y de aquí su importrancia para los agricultores.

Muchos se preguntan cuando nació y con qué precisión se ajustaron los primeros calendarios de la Historia -un panteamiento sobre el pueden tejerse mil teorías-. Aunque la realidad más cierta parece decirnos que la precisión y la duración de la medida del tiempo, varió y se reguló conforme cada cultura y civilización necesitaba o deseaba. Pudiéndose llegar a entender que en verdad las fechas tuvieron más bien un sentido religioso y civilizador, que propiamente astronómico y real. Todo lo que llevó a que en cada Sociedad se marcara o se midiera el tiempo de un modo conforme sus necesidades marcaran. Siendo la Luna lo que orientaba al ganadero y el Sol lo que preocupaba al agricultor; pese a lo que se generaron cientos de maneras de medir el tiempo, siempre conforme fuera útil a los qe dirigían las Sociedades, para imponer un sistema o unas bases y estructuras de poder.

Quizás nuestra frase anterior no se haya entendido plenamente, pero creemos que muy fácil será comprender por qué hay secretos que el sacerdocio o las elítes no revelaban, con el fin de "aglutinar" a los gobernados. Secretos entre los que debió encontrarse comunemente el de la duración del ciclo anual. En base a ello, entenderemos por qué los egipcios "ignoraban" el bisiesto; llegando algunos egiptólogos a afirmar que este extraño hecho se debió a su ignorancia astronómica. Mientras, los mismos que aseveran aquello, no pueden explicar cómo tenían capacidad para orientar sus edificios a los puntos cardinales -o a los cambios calendáricos-, con una precisión de apenas unos grados (lo que obliga a tener unos conocimientos astronómicos tan específicos como profundos -solo alcanzados en la Europa del siglo XVIII-). No entraremos de nuevo en este debate, puesto que la arqueo-astronomía ya ha demostrado que en los alineamientos de piedras de la Edad del Bronce (en incluso del eneolítico y calcolítico), se llega a estudiar la posición de los astros de manera inimaginable. Ello por medio de moles de piedra de toneladas de peso (alineados a los cenits, ortos y ocasos); pudiendo fecharse gracias a aquellos observatorios perfectamente orientados, hasta las dataciónes del yacimiento. Algo que supone lo mismo que afirmar como la primera civilización que se da en Europa, y que florece desde el V al III milenio a. C. -fundamentalmente en el área atlántica-; erigió sus megalitos con tres finalidades principales: Funerarias (en los dólmenes), calendáricas (con los menhires) y sobre todo astronómicas (en los alineamientos de megalitos, también llamados "cromlechs").
JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, el autor de estas lineas junto a uno de los menhires de "Almendros" del IV milenio a.C.; yacimiento situado en las cercanías de la ciudad portuguesa de Évora (donde se encuentra uno de los "parques" megalíticos más interesantes de Europa). La identificación del menhir con el pene era casi inmediata, máxime entre los hombres en la Antigüedad, cuando la luz se concebía como poder generador de vida. De tal manera, aquella erecta mole de piedra que servía para medir las sombras y la duración del día solar, era igualmente un símbolo de paternidad común y de veneración o culto, al astro rey (lo que en Egipto derivó hacia la erección del obelisco).
Como ya dijimos en otras entradas, es imposible saber cuándo se conoció con precisión plena el año de 365,2425 días. Ello porque valiéndose de un menhir y midiendo las sombras durante tres generaciones (de abuelos a padres), sin ni siquiera saber contar, puede conocerse con esa exactitud casi absoluta el ciclo anual. Bastando por comenzar desde un día en que veamos la sombra más larga, por colocar en una cazuela una piedra diariamente; así hasta que esta sombra vuelva a llegar al mismo pubnto (al más corto o alargado). Tras aquello, contaremos las piedrecitas y veremos que son 365; aunque de seguir midiendo las sombras repetidamente, al cuarto año observaríamos que el ciclo es de 366 días. Pese a lo que nuevamente, el siguiente año duraría 365 días, igual que durante cuatro anualidades más, hasta tener que poner una piedra más cada el cuarto. De esta manera tan sencilla descubrirían el bisiesto tan solo en unas décadas, y de seguirlo midiendo durante tres generaciones (por más de un siglo) comprobarían además que tiene una nueva alteración, consistente en que cada cien años hay que restar un día -puesto que la duración del año trópico es de 365,2425 (aproximadamente)-. No sabemos durante cuantos siglos midieron y estudiaron los astros en estos megalitos gentes de una igual cutura y de manera continuada; aunque en Egipto sí hay evidencias de que una misma civilzación milenaria lo estuvo haciendo a lo largo de los siglos. Ello pudo llevar a conocimientos astronómicos inimaginables, algo que evidentemente mantendrían en secreto (reservados para una élite o una casta) tal como actualmente hace La Nasa, las universidades o cualquier agencia espacial. no pudiendo afirmarse, tal como la teoría mantiene, que tan solo conocían aquello que dejaron escrito (máxime cuando en Egipto la reveación del secreto de templo se castigaba con pena capital).






ABAJO: Alineamiento (o cromlech) de los Almendros de Évora. Es este un círculo megalítico que cuenta con decenas de rocas perfectamente orientadas, donde se recoge una representación y situación de los planetas. Entre ellas se encuentran también grabadas figuras astrales y espirales que se han tallado en algunos monolitos, normalmente marcando los ciclos del astro que simbolizan. Constituyendo unas colosales "miras" o "telescopios" de la Edad de Piedra, que datan de cinco y hasta seis mil años de antigüedad y que en diversos casos han sido recontruidas o reorientadas (por cambios habidos en la cúpula celeste o debido a crisis de civilizaciónes que las abandonaron). Los alinemientos tuvieron una función calendárica específica, basada en un estudio empírico del Universo; sistema que en la actualidad no se considera del todo "ciencia", pero cuyos resultados en verdad pudieron ser muy exactos -similares a los que nuestros sabios del siglo XVIII llegaron-. Ello debido a que el estudio del Universo, llevado a cabo con una observación minuciosa durante generaciones (e incluso siglos); sobre todo si es realizada por castas como las sacerdotales o de sabios que rigurosamente guardan todos los movimientos habidos en el Cosmos. Puede llegar a determinar y entender los ciclos de los astros con una precisión asombrosa, ya que en gran parte el entendimiento de la cúpula celeste lo que verdaderamente preciosa es de una continuada observación y de una paciente anotación de sus cambios y alteraciones (durante siglos). Debido a ello, los arqueomatemáticos y a los astrofísicos que estudian este tipo de yacimientos, con miles de años de antigüedad, quedan asombrados de la información astronómica que contienen en esas moles de piedra, donde se orientan y señalan las fechas, los planetas o los cambios siderales.




El motivo de tales observatorios astronómicos pétreos fué religioso, pero su utilidad hubo de ser social y cultural. Consiguiendo con aquellos el dominio pleno de los ciclos calendáricos, que no solo servían para orientarse en los campos y en el mar -aunque hasta hace tres mil años apenas hubo navegación de altura-. Sinó que sobre todo, los megalitos hubieron de ser útiles para conocer los ciclos agrarios y dar un orden pleno a la Sociedad (regulada en fechas). De ello que las fiestas de la agricultura estén tan unidas al Sol, ya que con aquellas se podía calcular cuándo habría de volverse a arar, sembrar o cosechar. De aquí la importancia de estos festivales del Solsticio que tanto se celebran en el campo, de los que más arriba hemos recogido algunos ejemplos en la zona de Zamora-Orense y Tras os Montes; y de los que ya dijimos como sus orígenes inmediatos se hallaban entre las Saturnales, Lupercales o Calendas (romanas y prerromanas). Así, conociendo la unión entre el poder generador y regenerador del Sol, su nacimiento o renacimiento -cada 24 de diciembre y de junio-, comprendderemos bien por qué existe en la mitología antigua una unión de conceptos entre el pene y la luz, tanto como la hay con el esperma y el fuego. Siendo tanta la identificación que llegó a conformase un término relacionado con el sexo (como es la "lujuria"), cuya etimología procede de la propia "Lux".

Tanta ha sido la unión entre la vista, la imágen y el sexo, que el epíteto común al dios Príapo fué el de "Likeo". Nombre que no solo indicaba al "Liko" (lobo) cuyo nombre procedía de la luz de Luna; sinó sobre todo mencionaba al "iluminador", entendiendo que la antorcha (en la noche) o la visión de la belleza en el día, hacían nacer el deseo sexual. Por ello un común sobrenombre de esta deidad de la fecundidad era Aiterges (el que brilla, del griego: ). Entendido ello, no nos será ya extraño comprender por qué en el templo de las Vestales de Roma, donde se guardaba la hoguera sagrada que jamás debía apagarse; también se reverenciaba una estatua con la forma de un gran falo. Imágen que sin duda era un "remoto recuerdo" de los menhires y a la adoración primigenia de aquel astro que nos regala el fuego y el calor (el Sol). Debido a todo ello, las historias que nos cuentan las fundaciones de ciudades romanas, tanto como gran parte de sus mitos más antiguos (quizás de origen etrusco), siempre relacionan a sus héroes con penes de fuego. Un hecho un tanto extraño, pero que se encuentra en el mismo nacimiento de Rómulo y Remo, quienes en algunas de las versiones más antiguas fueron concebidos a través de uno de estos penes ardiendo. Narrando su historia como habiendo visto el rey Tarquecio un miembro viril en pleno campo, que emergía en llamas; recibió el oráculo de que aquella que copulase con este falo traería al Mundo a un ser sobrenatural. Encargó el rey a su hija hacerlo, y aquella lo ordenó a su sirvienta, quien concibió del falo de fuego a Rómulo y Remo, que por ser nacidos de este modo y de la criada fueron abandonados en el Tíber.

Otros muchos mitos y héroes relacionan a las vestales, pebeteros ardiendo y a los penes en llamas, con el origen de héroes y fundadores romanos. Siendo a nuestro juiios todo ello el recuerdo de la unión que hemos mencionado, entre los cultos al calor y al metal, a la vida y al nacimiento, pero sobre todo al calendario: Al ciclo solar y al año agrario. Puesto que hemos de suponer que era tan necesario la medida de la anualidad para la agricultura (saber las fechas de lluvias, estíos o frios), como la propia labranza. Debido a ello es sabido como casi todas las deidades del campo pasaron por tener una relación plena con la luz -como el dios Osiris, protector de las cosechas y los campos- tal como también como lo fue Príapo, el iluminador (Aiterges).
JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, representación de unos faunos en un ánfora Atica (fechada hacia el 500 a.C). Observemos en esta curiosa escena que el pene que lucen los "diablillos" es una antorcha. Por lo demás el disfraz y escena que vemos, "en algo" se puede asemejar a las que existen en algunas mascaradas de las que hablamos; donde los "botargas", "colachos", "tafarrones", "demonios", "cipotegatos" (e infinidad de disfrazados) portan atributos que asemejan un gran falo. Pese a que en nuestros días seguramente ese "pene de fuego" se ha sustituido por rabos de toro (atados al cinturón), cencerros, colas de caballo colgantes, tiras de cuero y hasta penes de animales rellenos. Todo lo que conforma un largo etcérera de artilugios, que portan estos enmascarados en los carnavales; azotando y amedrentando comunmente con aquellos a los asistentes. Teniéndose por buen augurio y señal de fecundidad recibir el golpe, el palo o el latigazo (tal como ocurría ya hace tres mil años en Grecia).

ABAJO: Exvoto ibérico fechado entre los siglos VI al V a.C., procedente de Santa Elena (Collado de los Jardines) y propiedad del Museo Arqueológico Nacional (al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). En este vemos la pequeña estatua votiva de un guerrero, que enseña sus atributos de "fuerza": La espada (falcata), el escudo y el sexo itifálico. Presenta igualmente una forma de peinado o tonsura y ello hace ver que se trata de la figura de un guerrero, quien quizás por su valor y la ayuda de los dioses logró vencer (o murió) en batalla; de lo que dedicó el exvoto al santuario. Importante es en todo ello observar cómo el sexo se presenta con un significado similar al de la espada y el escudo, objetos que quitan y dan la vida (o la protegen); simbolizando de algún modo lo mismo que el pene: La facultad generadora y fecundadora del hombre (por medio de la penetración).






En las imágenes anteriores hemos visto dos aspectos que de algún modo han pervivido en nuestra civilización hasta prácticamente nuestros días. La primera es la espada como principio que da y quita la vida y que de alguna manera se concibe como un sexo masculino. Hecho este que quizás aune tanto el honor y el éxito militar, a otras "heroicidades sexuales"; algo que de un modo tiene tanta relación en España (o en el Mediterraneo) como para que la palabra "valor" sea sinónimo de tener unos "grandes atributos". El segundo aspecto que hemos visto en las fotos y que aún existe de alguna manera, es este gran pene que lucen los sátiros. Lo que refiere al "rabo azotador" de los diablillos enmascarados, con los que flagelan al pueblo. Ello simboliza precisamente lo contrario a la espada; es decir: Aquellos que no van a la guerra (por caracer de valor o de medios) y se ven sometidos por el flagelo, obligados a obedecer y humillados. Algo que se muestra públicamente cuando el sátiro o el jóven del lugar, golpea a todos los del pueblo, sin recibir más respuesta que la alegría y el buen humor de los azotados.

Este ritual era realizado en Grecia y Roma por faunos o sátiros y en nombre de Príapo o Pan, pero se continúa llevando a cabo de un modo muy similar en nuestras tierras, por quienes toman los más diversos nombres o disfraces. Comumente estos enmascarados lucen (tal como lo hicieron hace dos o tres mil años): Látigos, colas de animal, tiras de cuero e incluso fundas hechas con penes de toro y burro, que usan para golpear a quienes se encuentran a su paso durante las fiestas. Otros como "el colacho" (en Sasamón, Burgos) no se conforma con portar un rabo de buey para ir pegando a todos los presentes, frente a la iglesia y durante su festividad. Sinó que además ha de saltar con aquel flagelo -pleno de extraños atributos-, sobre cuantos niños hayan nacido en el pueblo de Castrillo de Murcia durante el último año. Algo que las madres increiblemente permiten, colocando sobre colchones a los bebés neonatos a la entrada de la iglesia, esperando que la turba de "colachos" enmascarados salten repetidamente por encima de aquellos (aún a riesgo de caer o accidentarse con los bebés). -sobre esta extraña celebración ver artículo de la Revista Folklore, año 1993, número 150 de José Valdivieso Arce: LA FIESTA DEL COLACHO EN CASTRILLO DE MURCIA, BURGOS; liberado en la red-

Conforme decimos y tal como Teilhard de Chardin afirmaba, parece que al hablar de costumbres e historia: "cuanto más reestablecemos las perspectivas del pasado, más comprendemos que los tiempos llamados históricos -hasta incluso los modernos- solo son la prolongación directa del Neolítico". Acertada frase que hemos tomado de la publicación de Jose Ma. Domínguez Moreno (Cultos de fertilidad en Extremadura, Mérida 1987) donde recoge mútiples rituales, costumbres y modos de vida que vió y vivió en su región natal -y que en mucho nos recuerdan a los que narramos de Grecia, Roma o Egipto-. Deseando destacar una frase en la que el autor comenta como debió nacer el culto a dioses como el Pan, por la necesidad de cuidar los terrenos. Debido a que "el paso de un extraño por tierras cultivadas presagiaba mala cosecha, por lo que el emisario del mal debía ser atacado por quienes procuraban la fertilidad de los campos". Afirmando Frazer que aquellos eran asaltados, muertos y su sangre se vertía para fertilizar el terreno.

Al margen de estos hechos ancestrales de los que surge sin duda alguna la figura de la deidad del pánico, otros ritos milenarios llegaban a relacionar toda la vida sexual del agricultor con cada uno de sus trabajos sobre la tierra. Costumbres de las que muchas (afirma Domínguez Moreno) se conservaron hasta hace bién poco en sus tierras. Siendo prácticamente tenida la mujer como imágen de la huerta (o del campo) y el labrador con sus aperos, concebido como un marido de la tierra, que la fecunda (trabajando con el sexo a la mujer). Hechos estos que narra el autor como se observan en múltiples costumbres, rituales y fiestas que no hace tantos años pervivían en Extremadura. Por lo demás, muy importante es que el espejo se encuentre entre los atributos de fertilidad y de más valor simbólico en esta zona hispana. Donde en los sombreros (como el de Montehermoso) o en las ceremonias de boda, se realizaban mútiples rituales con argentados, para invocar al buen augurio, o a la fertilidad de la pareja. Siendo aquello sin duda una herencia del culto más ancestral a la Luna Mediterranea, la Isis egipcia o la Neit ibérica, cuyo manto nocturno siempre se esconde con la figura de un espejo (como símbolo del reflejo de la luz del padre y señor de la casa: El Sol).

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, la diosa Isis luciendo su espejo entre los cuernos (crecientes) de la Luna - bajorrelieve de la Tumba de Tebas de Horemheb dinastía XVIII-. Desde época tartessia en la región Sur y media de la Ruta de la Plata (especialmente en Extremadura) aparecen estelas votivas en las que el guerrero -o la "reina"- están acompañados por un ajuar que presenta entre sus atributos un espejo. El espejo, se tuvo como símbolo sagrado lunar, pero sin lugar a dudas en la Antigüedad hubo de tener una función más relacionada con el prestigio, el estudio y hasta la astronomía. Ello debido a que el análisis de los cielos en ocasiones se realizaba por medio de crear cuadrantes tejidos con cuerdas y sobre estanques (o lagos), donde a diario o noche tras noche se estudiaba y anotaban los movimientos de los astros. Sin duda alguna, la importancia del espejo como símbolo femenino y de fertilidad en Extremadura, procede de estas culturas milearias (tartessia o mediterranea).

ABAJO: Amuletos que recoge Domínquez Moreno en su publicación sobre "Cultos a la fertilidad en Extremadura" (página 5). Entre ellos vemos una síncresis de formas, que mucho nos recuerda a cuantos hemos estudiado para su uso contre el mal de ojo (fundamentalmente utilizados desde tiempos inmemoriales en la Ruta de la Plata)











domingo, 29 de enero de 2012

DE MELKARTE A MERCURIO Y DEL CADUCEO A LA VARA DE OLIVO. (De: Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXXV).

Esta entrada es continuación de las once anteriores. Recomendándose la lectura previa de aquellas que le preceden, para una comprensión plena de cuanto exponemos en ella.


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, deidad asimilable a Melkarte, hallada en Cádiz y propiedad de su Museo Arqueológico (al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Se trata de un dios fenicio del siglo VII a.C. -época tartessia- que sin duda tiene los atributos del "señor de la ciudad", que en aquel idioma se decía "MEL KART" (ciudad amurallada = K´R´T´, de donde proceden palabras como Carteya o Cartago; tanto como Señor es en semíticas "BA´L", de donde derivaría a MEL). Iniciamos esta entrada presentando al que sin duda alguna es para nosotros el antecesor de Mercurio (del que toma su nombre); del mismo modo, algunos de los atributos que el dios del comercio grecorromano hereda y luce, povienen divinidades púnicas. Por lo demás, vemos en el Melkarte ("baal" o señor de la ciudad) muchos de los símbolos del faraón -mitra alada etc-, que quizás le relacionan con el dios egipcio Minu (o Min) de la fertilidad, quien ya estudiamos como protector de las cosechas, representado en el rey de las Primeras Dinastías. Pudiendo ser este el origen del famoso gorro de Mercurio-Hermes, llamado pétaso (del que dijimos podía tratarse también de un tocado normal usado por comerciantes y viajeros en la Antigüedad).
 


Abajo: Estela votiva de Cartago, representando entre otros una mano junto al signo de Tanit con caduceo. Fechada en el siglo II a.C, pertenece a la Biblioteca Nacional de Paris (entidad a la que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Vemos aquí otro de los atributos de Mercurio-Hermes como es el Caduceo, consistente en una vara coronada por dos sierpes entrelazadas que se miran enfrentadas. Es el símbolo de la concordia, el acuerdo, la inteligencia, el comercio y hasta la paz y la medicina; siendo tenido por el heraldo que portaban los embajadores para parlamentar en las batallas. Normalmente en Roma y Grecia se repretesentaba alado, con las culebras cubriendo el estoque y perfectamente entrecruzadas; tanto como solñia ponerse un espejo al final, sobre el cual se miran las sierpes. Pese a ello es un símbolo típicamente fenicio, que se contiene en multitud de estelas votivas y curiosamente va unido al de Tanit, no tanto a Melkarte. Su origen, como veremos es Mesopotámico, donde la figura de las dos sierpes enredadas es significa de la buena suerte y la abundancia e incluso la inteligencia y la curación.


Comenzamos de nuevo esta entrada tratando de Mercurio, dios de la prosperidad y el comercio en Roma, del que no se sabe a ciencia cierta su etimología (y muchos de sus orígenes). Aunque se asimila plenamente al Hermes griego, con el que comparte casi todas las atribuciones y hasta su representación desde el siglo V a.C.; tiempo en que vimos como generalmente se comienza a "pintar" con un hombre con sandalias, sombrero y bolsa (a medio vestir). Pese a ello, ya estudiamos que Hermes procedía de "Herma" que significaba en greigo: "cipo" o "mojón" pétreo; objetos que le dieron origen, teniendo un sentido agrario y fálico. Pese a lo que desconoce de dónde procede el nombre latino de Mercurio. Algunos etimólogos opinan que nace de la palabra "mercado", más el problema reside en que después no se halla la voz indoeuropea que nos explique por qué el comercio, entre los romanos, se decía así. De lo cual, generalmente vuelven a sugerir que la palabra mercado sea la que naciera del patrón que lo protegía: Mercurio. En este planteamiento, en el que no se sabe qué término es el inicial (mecurio o mercado), la respuesta más general es la que nos dice que ambos son términos que proceden del etrusco, donde probablemente la deidad de los mercaderes llevara este nombre.

Hasta aquí podemos estar de acuerdo, más es nuestra opinión que aquel Mercurio pudo nacer de Melkart; ya que la influencia del pueblo fenicio en el mundo etrusco, fue tanta como la que tuvieron los púnicos entre los iberos. De lo cual, es más que lógico pensar que quienes llegaron en los albores de la Península Itálica como comerciantes, fueran los que dieran nombre al trueque y mercadeo. De lo que pudo conocerse entre los etruscos la actividad mercantil como la de MELKARTE (el dios de los fenicios por antonomasia). Del nombre de este, hasta la de Mercurio, hay tan solo unos leves pasos fonéticos, que dejan bien claro cómo la etimología del protector de los viajeros y negociantes -en la Italia anterior a Roma-, pudo ser exactamente el dios de aquellos que comenzaron a arribar con sus naves, venidos desde el actual Líbano y Siria para intercambiar mercancías (ya por el siglo XII a.C.).

Esta idea, se corrobora más aún al observar cómo el caduceo (principal atributo del dios mercader) es igualmente un símbolo fenicio, aunque no del Melkarte, sino muy ligado a Tanit -deidad femenina de la abundancia y la fertilidad-. Una vara que llegaría hacia el siglo V a.C. a la Hélade y Roma, y que con el paso de tiempo iría sustituyendo a la rama de olivo de Atenea (símbolo de la paz entre los helenos). Finalmente aquel palo con dos culebras termina convirtiéndose en Grecia y e Italia en el bastón de la medicina (de Esculapio), al igual que reemplazó a la vara de olivo; llegando luego a ser el estandarte de los heraldos y embajadores, que en son de paz iban a tratar con el enemigo. Como decimos, su origen primigenio en Grecia y el símbolo original de aquel símbolo de heraldos, comerciantes, hombres de paz y gentes de buena intención, fue la famosa rama del olivo; que en verdad era lo que portaban los pueblos colonizadores sin deseos de invadir, durante las épocas mas antiguas (cuando desde el III milenio a.C. fue introduciéndose el comercio y a expansión del aceite). Aunque más tarde, y seguramente por influencia de los fenicios o culturas asirias, aquel simple palo de la oliva se tornó en el complejo Caduceo; que se representaba con las dos sierpes entrecruzadas y rematadas con unas alas (y un espejo, en ocasiones).

Narrando la mitologia que este curioso bastón, cuyo poder era lograr la concordia, la mesura, la paz y hasta curar enfermedades; le fué regalado por Apolo a Mercurio -a cambio de la Lira que el dios del comercio entregó como presente al primero-. Así y tras recibir el mercader ese palo alado de manos de Apolo, halló en el campo dos sierpes peleando, por lo que acercando la sagrada vara sobre estas, los reptiles se entrelazaron quedando enfrentados y parando en su lucha, mirándose en su extremo. Siendo ello signo de que la estaca alada conseguía la fraternidad y la paz, incluso entre las más terribles bestias. Posteriormente, este atributo al que se le concedían los poderes de la sanación, fué "transportado" y hecho signo de uno de los médicos más famosos habidos en Tesalia: Esculapio. Siendo el bastón de "Asclepio" la marca médica que nos ha llegado hasta nuestros dias, tras simplificar la figura, dejándola finalmente como un palo, donde una sierpe se enrosca y en el que hay un espejo al final (que hoy se representa en una copa, para la farmacopea). Atributos todos de la curación: La culebra por el poder sanador de algunos venenos; el espejo para dar luz sobre el interior del paciente (oidos, boca etc) y el interior del médico; tanto como la vara de olivo, como generador de una de las más importantes medicinas (su aceite).

Pero, del mismo modo que el bastón de Esculapio fué la herencia del de Mercurio, sabemos que aquel Caduceo provino de representaciones fenicias. Pese a que, como decimos, su verdadero sentido proviene de un símbolo egeo y heleno (creto-chipriota) por antonomasia, mucho más antiguo. Un culto nacido probablemente en el III milenio a.C., del que hemos dicho era simplemente la venerada rama del árbol de la oliva. Esqueje que significaba la siembra del árbol que da el aceite y la medicina, cuya especie para cultivo se desarrolla en la actual Israel y Siria, tanto como en la zona Creto-chipriota durante el IV milenio a. C., expandiéndose a otras áreas siglos más tarde. Ello debido a que llega hasta esa zona y desde Mesopotamia el árbol ya creado y apto para proporcionar verdaderos cultivos de aceitunas (refinado dsde el acebuche), que en el área de Canaán fué tranformado y mejorado, consiguiendo ya en tiempos minoicos un rendimiento suficiente como para generar verdaderas cosechas de aceite. Fue aquel el tiempo en que nacieron las almazaras y el comercio de este precioso líquido que se llegó a llamar "oro líquido", por cuanto servía para nutrir, curar enfermedades y para sanar la piel dañada por el Sol o las inclemencias, tanto como en el uso lampar (que consistía en guardar los restos de lo peor del aceite -lo lumpen o lampar-, para quemar en pebeteros y lamparillas, proporcionando luz sin humos).

Más tarde seguiremos hablando de la importancia de la rama de olivo, pero continuando con su "sucesor (el caduceo), sabemos que debido a su tipología y diseño es completamente fenicio -tal como podemos observar en las decenas de represenaciones púnicas que guardan ese palo con dos víboras enroscadas-. Relacionándose aquella figura -como hemos dicho-, principalmente con la diosa Tanit; madre de la comunidad y que compartía muchos de los atributos de Isis. Una Tanit, consistente en la primera deidad femenil del panteón fenicio, que hemos de identificar con la Luna y las aguas. De lo que su bastón de "mando" sujetando dos culebras entrelazadas, creemos que simboliza el agua con el oleaje (que se representa en el movimiento reptil); tanto como el final de aquellas mirándose representarían la figura del creciente del satélite terrestre y que a su vez también se parece al espejo de Isis (debido a que las cabezas de las sierpes se tocan guardando la forma de una media Luna, o de un espejo). Evidentemente, nada hay que explicar en la relación existente entre espejo-agua-Luna; puesto que de sobra es sabido que le luz del Sol se refleja en el satélite terrestre a modo de espejo, de la misma forma que el agua es un espejo y los mares son atraidos por la Luna... . De lo que aquel atributo que porta Tanit entre sus manos, creemos que simboliza: La astucia y el comercio (al llevar dos sierpes domesticadas); tanto como la navegación por medio de los astros en la noche (al tener forma de olas y Luna); e incluso el calendario, ya que entre los pueblos semitas se medía en Lunas.


SOBRE ESTAS LINEAS Y JUNTO A ELLAS: Al lado, estela púnica votiva procedente de Constantina, Siglos III-II y perteneciente al Museo del Louvre (al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Representa a Tanit, sobre un delfín y portando un Caduceo que claramente apunta ser un doble espejo y que incita a pensar se trata de las dos fases de la Luna. La circunstancia de representarse sobre el delfín, ya nos lleva a encotrarnos entre los cultos mas antiguos que llegaron a Grecia y que generaron extrañas religiones greco-fenicias. Ritos que florecen en las costas del Egeo desde los siglos XIII al IX a.C.; por contacto entre los ciudadanos de Biblos, Tiro y Sidón con los prehelenos. De ellas y su relación con el caduceo de Tanit, hablamos en los párrafos siguientes.
 



Abajo: Magnífico bajorrelieve perteneciente al más refinado arte ático de la Acrópolis de Atenas. Representa a Hermes con las Cecrópidas y el niño Erictonio (fechado hacia el 510-500 a.C., propiedad del Museo Nacional de Grecia, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Recogemos esta escena en la que Hermes se encuentra entre las "fundadoras" o hijas del primer rey de la ciudad de Atenas, debido a que se relaciona con la verdadera vara de la paz y bastón de heraldos (previo al caduceo), que ya dijimos era la simple rama de olivo. Más abajo explicamos su significado, que enlaza incluso con el nombre de Atenas, como ciudad de que la diosa que trajo hasta grecia el olivo.


Más continuando con aquella Tanit portadora de la rama cubierta de sierpes, vamos a analizar algunos puntos que nos sugiere la imágen anteriormente vista (en la foto superior). Vemos en aquella, a la diosa madre fenicia, representada en la forma esquemática que ya dijimos se relacionaba con el Ank (cruz ansada egipcia). Siendo ella y como ya estudiamos, un símbolo agrario que se relacionaba con la plantación, la semilla y hasta con el pene. Puesto que la gran mayoría de los egiptólogos explican cómo aquel Ank no es otra cosa más allá que la idealización del pene de Osiris, y que a su vez representa los instrumentos de siembra (el arado, la azada e incluso el plantador, que tiene cierta forma de pincho ansado). Por lo que aquella vara que porta Tanit, ya la hemos de entender quizás como el esqueje y el origen del nuevo árbol. Del olivo perfeccionado, creado y nacido en la zona de Israel-Líbano-Siria (Chipre y Creta) durante el III milenio a.C..

El palo del cual ha de generarse la planta, debido a que aquel vegetal apenas nace de la simiente, que solo puede prender tras ser sembrada si la come u animal, o es sometida a un lavado con esmero. Ello porque en cuanto el hueso de aceituna tenga algún resto de carne, este le impide que prenda y dé fruto; por lo que si se desea obtener un olivo desde una semilla la técnica es costosa (debiendo darse de comer a un pájaro o lavarse con legías, para luego ser plantada y con un porcentaje de fracasos altos). Hecho este que obliga a ser cutivado por esqueje, algo que en nuestra consideración se simbiliza en aquella vara que llevaban los pueblos a otros que deseaban colonizar en son de paz. Nos referimos a los creto-chipriotas y sirios, quienes desde el comienzo del II milenio a.C. y hasta el desastre del Tera (destrucción del imperio minoico y la zona de Oriente Medio por la erupción del volcán hacia el 1650 a.C.) fueron culturizando y plentando zonas del Egeo y hasta del Occidente Mediterraneo. Al igual que lo hicieron los fenicios desde fines del II milenio, quienes les sustituyen en su misión y en la franja de territorio en donde antes estaban los minoicos, cretenses y pueblos de Canaán.

Por lo demás aquel esqueje del árbol de la aceituna (perfeccionado), debió ser tan sagrado como venerado. algo que seguramente se debió a la utilidad del fruto. Uso y aprecio por la aceituna que les permitió expandirse y crecer, contruyendo nuevas civilizaciones a los minoicos, a los sirios y -luego- a los fenicios; quienes tuvieron molinos de aceite desde los tiempos más remotos. Hecho este que les hizo viajar y generar un comercio marino que llegó a crear imperios como el Minoico; en cuyos yacimientos vemos ya las grandes tinas de oleo, como objetos decorativos de palacio. Por lo que es de pensar que la expansión y búsqueda de colonias, muchas veces se hizo para alcanzar tierras de cultivo de aceite. Donde el pacto de llegada a cualquier zona de colonización (entre aquellos que venían desde las tierras o islas de Oriente Medio), debió ser entregar los esquejes, para fomentar la siembra y el cultivo en nuevos lugares. Instalándose los recién venidos civilizadores (desde Creta o Chipre) en pequeños puertos y factorías de aceites; lugar en que fabricarian molinos de oliva, para intercambiar aceite por aceitunas plantadas en el territorio ajeno. Ello en un trueque con los indígenas y nuevos "socios", quienes siempre les les dejarían una parte de la cosecha y les permitirían vivir y crear ciudades en sus costas (comunmente puertos con un carácter comercial -entiéndase: Gadir, Malaka, Sexi etc-). Así y solo así, se comprende por qué la vara de olivo se convirtió en el símbolo por antonomasia de la paz en el Mediterraneo, puesto que gracias a la siembra de aquellos se conseguiría la colonización sin guerras.

De tal modo, habría dos modos de civilizar tierras lejanas y desconocidas en la Antigüedad: Uno brutal, por medio de la guerra. Otro comercial y mercantil, a través del acuerdo la paz y el trueque. Colonización por el mercado que debió nacer principalmente del olivo y de la búsqueda de metales, que se realizaba e iniciaba (tal como se sabe, o intuye) raptando a algunos jóvenes de la zona en que deseaban asentarse. Niños a quienes los futuros colonos llevaban durante unos años al territorio suyo, para que aprendieran su idioma y costumbre. Así, una vez criados entre los más cultos de Fenicia, Creta o Chipre, aquellos chicos serían devueltos a sus tierras y su antiguo lugar de origen, para volver a entrar en contacto con sus familias (que les habían dado por muertos o perdidos). Tras lo que explicarían que esos hombres venidos de lejos, tan solo deseaban que les dejaran establecerse y fomentar el comercio del metal y el cultivo del olivo, para crear instalaciones con almazaras o puertos mercantiles e intercambiar mercancía. De un modo así resuelto, se entiende la facilidad que pudieron tener los creto-chipriotas, o los habitantes de Oriente Medio (Biblos, Ugarit etc), para instalarse en tierras como el más remoto Occidente (nuestra Península) y dar comienzo a civilizaciones como El Argar (a principios del II milenio a.C.). Por lo demás, cuanto decimos, lo muestra y demuestra la arqueología; ya que es común en la mayoría de lugares al Oeste Mediterraneo, que los molinos de aceite instalados en la costa, sean muy anteriores a los que surgen en el interior (algo muy extraño ya que los cultivos están en pleno campo). Ello explica por qué en nuestra Península aparecen antes almazaras en ciudades y puertos (fenicios), que en los yacimientos ibéricos.

Entendida la importancia, el valor y el significado de la rama de la aceituna, ahora pasaremos a explicar el culto a "la madre" del olivo. Deidad que se documenta ya en el Minoico Medio y que a principios del II milenio a.C. se llamaba en Creta "Atana". Voz que consideramos es protoindoeuropea y significa: "madre-padre"; por lo que es término que se identifica con otros de idiomas mediterraneos igualmente anteriores al idoeuropeo, como o es "Aita" ("padre" en vascuence) o Atair ("padre" en proto-celta antiguo). Palabras que llegaron a las lenguas indoeuropeas precedidos por una "F", "P", o "M", en la forma de: "Mater", "Pater" y de las que surgen: father, mother, madre o padre. Pero regresemos a Atana (o Aitana) diosa minoica que se veneraba en Creta en el II milenio a.C., en una "capilla central" de un patio del palacio del Laberinto y cuyo culto se cumplimentaba en un gran olivo. Siendo esta con toda seguridad la diosa madre (Aita) que entregaba el aceite; mercancía sagrada para una civilización que debió basar su comercio en la explotación y exportación del oleo (negocio sin igual teniendo en cuenta que en zonas como Egipto apenas puede darse el olivo; por las condiciones desérticas, climatológicas y del terreno).

De aquella Atana (madre o señora) minoica, que debió desaparecer hacia el 1650 a.C., cuando el volcán Tera-Santorino destruye y arrasa la zona del Cicládico, de Creta y Chipre, acabando con el Imperio de Minos. Nacería más tarde la Atenea micénica. Diosa madre que aparece curiosamente portando una "vara sagrada" y que le da el nombre de "pallas Atenea" (atenea del palo). Bastón que siglos más tarde fué convertido e idealizado en una lanza, pero que en un principio de seguro fue el esqueje, que simbolizaba la siembra del olivo. Plantación del árbol sagrado que daba el preciado aceite y que significaba la colonizacón por medio de la paz; por lo que no necesitando ni de semilla para ser cultivado, aquel olivo representaba a la deidad madre virgen: Atenea. Una diosa que consiguió ser la Patrona de la polis más importante de la hélade, gracias a que regaló a la humanidad este árbol que daba alimento, medicina y luz. El olivo del que se extraía el aceite; gran nutriente y medicamento inmejorable para igerir -o untarse en la piel- y de cuyos restos se obtenía "el lampar" (fondos grasos de las tinajas que se usaban para poner en las lámparas domésticas y de los templos, al no producir humos contaminantes).

Por cuanto hemos explicado, ya conocemos que de aquella "madre" (Atana) minoica nació la posterior Atenea, cuyo símbolo era el esqueje y el olivo, ello en la forma de un palo que a su vez representaba la fertilidad, la fecundidad, la riqueza y hasta el hijo de madre virgen (para saber más sobre la simbología de este esqueje -el "pallas" atributo de Atenea-, en la Grecia antigua y su relación con la protección, la maternidad y la suerte ver -cita 1-, que reiere a este blog en otra entarda). Pero la historia mitológica y arqueológica que narramos se produce en la crisis entre el bronce y el hierro, de lo que igualmente juega un papel preponderante la lucha entre el mundo antiguo, de la Edad del Bronce (cretense, egeo, matriarcal) con el que nace desde los comienzos de la Hélade (el del hierro, guerrero y fundamentalmente patriarcal). Periodo de cambios y convulsiones entre dos épocas, en los que el hombre pasa ya a ser el dios primigenio y padre de la unión (IU-PATER=Ju-piter). Por lo que las madres vírgenes, como la antigua Atenea, se ven sometidas a luchas y vejaciones con sus pretendientes (al trono divino y a sus encantos). Narrando estos enfrentamientos entre el matriarcado y el patriarcado que nace en la Edad del Hierro, con historias como el "concurso" entre Posidón y Atenea, para conseguir ser patrones y dar nombre a esta ciudad-estado; polis que aceptó a "la madre" como principal diosa gracias al olivo.

Pese a lo que muchas otros mitos descubren la complejidad que hubo de existir en el cambio entre aquellas Era: Cuando da comienzo el Hierro y finaliza el Bronce plenamente (hacia los siglos XII al X a.C.). Un momento en que en la Hélade debieron luchar encarnizadamente las refinadas y antiquísimas culturas nacidas en el Cicládico, las costas de Anatolia, el Egeo, Creta y Chipre: Micenas (heredera del mundo minoico). Con los bárbaros que entraban portando armas de hierro, y doblegando zonas que habían sido una élite educada por Minos y gobernada por micenios. Ello es lo que creemos narra el mito de Erictonio, el hijo de Atenea, cuya concepción se dice que se produce cuando la diosa entró a robar un arma a la fragua de Hefaistos (Vulcano). Evidentemente el hurto indica que Atenea es una deidad de la Edad del Bronce; adorada por hombres que usaban estas armas, que en un momento han de "modernizarse" buscando las nuevas herramientas hechas de forja. Allí, en la fragua de Hefaistos, este intenta violar a Atenea sin conseguirlo, aunque sobre el muslo de la diosa caé semen del que intenta forzarla. Esperma que ella limpia y que deja caer en el suelo, del que se produce una "siembra", naciendo en este extraño hecho un niño: Erictonio. Quien también era llamado Ericteo y fue un extraño bebé que cual un vegetal se concibe en el terreno, concebido por el esperma de Hefaisto y cuyo cuerpo era mitad hombre, mitad sierpe. Siendo su imágen tan terrible que al ser confiado su cuidado a las hijas del primer rey de Atenas, estas al abrir su capacho y verlo, se arrojan desde la Acrópolis (que aún las homenajea en esos relieves que presiden en forma de Cariátides o junto al mismo Hermes; tal como muestra la foto superior).

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, relieve votivo fechado hacia el 360 a.C. que muestra una gran culebra persiguiendo una sandalia, catalogo 2565 llamado "héroe sandalo adorado teatro de dionisos" ( pieza perteneciente al Museo Nacional de Atenas, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Es esta una representación "gnóstica" que generalmente no ha sido interpretada, pero de la que creemos podemos dar alguna explicación. Ello, porque vimos cómo un modo común de llamar la atención o "incitar" a los clientes masculinos, entre las prostitutas griegas era colocar bajo el pié de su sandalia -grabado en las suelas-, palabras tales como: "Sígueme" () o bien "ven conmigo". Mensajes que imprimían las prostitutas pisando sobre la arena, si estaban interesadas en un hombre; quien como aquella gran culebra las seguía hasta el lugar donde se llevaba a cambio el intercambio mercantil y carnal. Más abajo explicamos los cultos relacionados con la prostitución sagrada y esta representación helena, tan extraña como plena de significado iniciático.
 






ABAJO: Un "onfalos" de los usados en el Templo de Apolo en Delfos (propiedad del Museo de Delfos -catálogo 8194, "omphalos" en mármol , siglo II a.C.- al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). El recinto sagrado tenía dos de estos "ombligos" del Mundo, de los que la Pitia (pitonisa) recibía el mensaje del interior de la Tierra. Uno estaba en exterior y el segundo en una sala interna, que cubierto de hilos sujetaba en un extremo del hovillo la sacerdotisa; mientras entraba en trance y recitaba la "melopea" con la que vaticinaba el futuro (tras haber respirado los vapores que surgían de la gran grieta de la montaña, que probablemente se trataba de humos volcánicos o bien de un "geiser" provocado). los "omphallos" simbolizaban la unión entre la madre y el hijo y como tal son ombligos de la madre tierra, donde los fieles asistían para oir en la voz de las Pitias el vaticinio de su futuro. Su culto se relaciona con la gran sierpe, pues bajo aquel omphalos estaba enterrada la terrible serpiente Pitón, abatida y vencida por el gran dios Apolo (que daba nombre al templo de Delfos).



Para compreder la unión de estos cultos fenicios con los griegos, hemos de regresar por un momento a la figura de la Tanit vista anteriormente, que lucía un Caduceo y se situaba sobre un delfín. Figura que nos remite directamente a otras deidades cretenses tan conocidas como lo fueron las famosas diosas de las serpientes. La madre de Creta, que algunos consideran se denominaba Britomartis y que era la deidad de la agricultura. Ello porque antes de la adoración al gato, los silos se guardaron por medio de pequeñas culebras (ratoneras) e incluso con cobras domesticadas en otras zonas -como Egipto-. Lo que explica que en la Edad del Bronce, las diosas de la agricultura se representaran en forma de sacerdotisas cargadas de sierpes, enroscadas en sus cuerpos; lo que sin duda dió origen en parte a esta Tanit con el caduceo (que significaba igualmente la buena cosecha o el olivo). Entendido ello, comprendermos también por qué Erictonio, es ese extraño niño "culebro", que nace del esperma que Atenea se limpia y por ello se tiene como el guardián de las cosechas. Un bebé llamado Ericteo y cuyo nombre recuerda a la "ereccion" del miembro viril, igualmente relacionado con el olivo, puesto que aquel se plantaba con una varita (similar al pene erecto). Vara, bastón o palo, que es el símbolo inicial de Atenea, pero que más tarde se simplifica y representa colosalmente como una lanza con una sierpe que le rodea y que sostiene la diosa en la estatuaria de época clásica. Llegando a ser aquella del "Pallas" una imagen muy similar a la del Caduceo (el de Tanit, el de Mercurio y hasta el de Esculapio).

Evidentemente, el simbolismo de la sierpe en todo este culto pudiera parecernos que nace de la astucia del reptíl y de que su veneno tiene propiedades curativas. Aunque en un principio hemos de inclinarnos a pensar más en el totem agrario, cuidador de los silos y de las cosechas ante roedores, en tiempos previos a que el gato fuera domesticado por los egipcios y "exportado" a otras tierras mediterraneas (hacia comienzos del II milenio a. C.). Por todo ello, la unión entre cultos agrarios y la sierpe era muy estrecha; al menos durante la Edad de Bronce; aunque en El Hierro, los ofidios (ya inútiles y solo dañinos -principalmente para los pastores-), pasan a ser denostados y figurados como animales inmundos. Pese a todo, no sería igual entre las culturas del desierto, donde se las veneró y seguramente siempre se usaban como medio defensivo (para guardar recintos sagrados y tesoros), habida cuenta de que algunas -como la cobra- son facilmente domesticables. Por lo demás la ingestión de su veneno en pequeñas dosis (bebido, o por contacto en la piel), permite hacerse inmune a ellos. Lo que otorgaba a ciertas castas o sectas religiosas capacidades curativas; algo que se ha seguido haciendo entre grupos del desierto, quienes ingieren veneno de escorpiones o culebras, se dejan picar por sierpes con venenos cada vez más letales, con el fin de hacerse inmunes y de que la sangre, la saliva (o el simple sudor de estas personas que actuan como chamanes) sean bebidos como antídoto, con el fin de curar picaduras -de escorpión o culebras- en otras personas que hayan sido atacadas por aquellas. De ello creemos que nace la sierpe enroscada en la vara, como símbolo de la medicina y la curación.

Pero pasemos a la otra serpiente, la grande y que nunca pudo ser europea que se representa en algunos bajorrelieves de Grecia (como este que recogemos arriba junto a la sandalia). Siendo aquella sin duda un ejemplar de tipo africano o tropical, que para ser conocido por los griegos hubo de ser traido desde Asia o zonas selváticas. Ofidio de gran tamaño, cuya existencia siempre está ligada lagunas y a las aguas y que quizás apareciera en Mesopotamia durante algunas grandes inundaciones. Siendo tenida por la encarnación del demonio (del mal) y que normalmente personificaba a la tormenta terrible, marina o terrestre. Llámada Tiamat en Babilonia y entre los hebreos Leviatán, era aquel horrible "culebro" el símbolo de los desastres meteorológicos, por lo que parece que algunos marinos (principalmente fenicios), le rendían culto, conservando en los puertos templecillos que guardaban este tipo de grandes reptiles (donde iban a adorarle, para evitar tormentas y oleajes). Ya que sobradamente es conocido como el reptar de la gran culebra Leviatán, se entendía igual al de las grandes olas, que podían hundir los barcos. Hecho este por el que algunos (siempre adoradores del mal) decidieron rendirle pleitesía en templecillos marinos, donde guardaban a estas boas en sus puertos. Divinidad adorada a la que regalaban como ofrenda y para pedir la protección durante la travesía, animales vivos. Principalmente fueron cerditos (a los que llamaban "tifonios"), por prevenir con estas ofrendas aquellas tormentas. Aunque se dice que en muchos de estos uertios fenicios existían también templos de Astarté, donde se obligaba a ejercer la prostitución sagrada y quizás hemos de pensar que arrojaran al sepentario algunos bebés hijos de las prostitutas (costumbre que se siguió haciendo el La India, hasta no hace muchs siglos). Algo terrible y que ya nos lleva hasta la imagen de la sandalia con el gran reptil, tanto como a los cultos del templo de Apolo de Delfos, donde sabemos que bajo el "omphallos" estaba enterrada la gran serpiente Tifón vencida por Apolo.

Pero para comprenderlo todo mejor, hemos de regresar nuevamente hasta la Tanit fenicia, con el caduceo, que estaba situada sobre un delfín. Pez-mamífero y totem sagrado, que significaba para los griegos la guia en el mar, la advertencia, la amistad entre las olas, la capacidad de navegación, la ayuda y -por ende- la sabiduría y el don del futuro. De ello, que diera nombre al templo de Apolo en Delfos (el lugar del delfín); lo que claramente indica cómo antes de ser adorado allí el dios de la Lira y de la belleza, lo fué la diosa Delfine. Una deidad, de tiempos del Bronce y origen fenicio-bibliota, cuyo cuerpo era igualmente mitad mujer y mitad sierpe (pez o delfín), con el don de la profecía. Desconocemos si aquel culto tiene algo que ver con el de las modernas sirenas, más lo que sí nos parece, es que en verdad está relacionado con el ritual de adoración al gran reptil del que hablábamos, al que se entregaban cerditos (y hasta a veces seres humanos), para evitar los temporales, las tormentas y conseguir buenas travesías. Religión y terrible, que parece consiguen terminar los adoradores de un "Adonai" o Apolo, dios de la belleza y de la cultura. Creando así el nuevo templo de Delfos, cuyo recuerdo narra como bajo el "ombligo" en el que las pitonisas recitaan la profecía, se situaa la tumba de esta gran sierpe: Pitón (ofidio que sabemos, da nombre a las sacerdotisas y adivinas de Delfos).

Como hemos de suponer, aquellos grandes ofidios debieron de ser una gran atracción en todo puerto con extranjeros y viajeros en tránsito; lugar o templo al que se acercarían lugareños y extraños a ver y a cotillear, más que a adorar (por observar el comer de u monstruos que por sus dimensiones y costumbres era ajeno a cualquier otro animal de Europa). De lo que el culto al Pitón se transforma hacia otro cuyo nombre en mucho nos recuerda al del dios fenicio Melkarte; el de la deidad culebra helena que llamaron "Meilikios". Este era el nombre que daban los griegos al dios "gran reptil", aunque su personificación fué poco a poco acercándose a las culebrillas que también se adoraban en los serpentarios, como recuerdo a aquellas otras que guaradaban los silos (antes de la llegada del gato a los hogares). Proliferando esos templos de los que hablamos (quizás de origen cretense o micénico) entre los bosques de Grecia; donde se guardaban serpentarios, en los que las sacerdotisas desnudas daban de comer ofrendas que traían los fieles hasta aquellos reptiles sagrados. Siendo la exvota ofrecida a las víboras sacras, un dulce de miel y leche llamado "Meilichios" (miel y leche, en griego); nombre que pasó a designar también al dios ofidio (Zeus Meilichios). Quedando ya reacionado así plenamente el rito agrario del "comer de la sierpe" en la ofrenda, para conocer el futuro del fiel (ya que si no engullía el dulce, era mal augurio), con el ritual marino de la gran Pitón, donde la pitia vaticinaba. Todo ello originado por aquel terrible ofidio que simbolizaba las tormentas y las travesías cargadas de oleaje. Siendo finalemente estos rituales aunados en la figura de lo que llamaron como deidad: Zeus Meilichios (un Zeus con forma de gran sierpe, comedor de dulces de miel con leche y que simbolizaba el Tiempo -meteorológico y cronológico-). Pudiendo co lo expuesto ya comprenderse la unión que hubo entre la religión que adoraba al delfín (totem del marinero), y el hecho de las Pitias, sacerdotisas que vaticinaban el futuro (descendientes de religiones veneradoras de las serpientes). Tanto como el triunfo final de ritos benéficos relacionado con la dedicación del templo a un dios bueno. El Apolo de Delfos, vencedor de Pitón.


JUNTO A ESTAS LINEAS Y BAJO ELLAS: Al lado, cuentas de un collar del tesoro del cortijo de Evora; de época tartessia (hacia siglo VI a.C.), propiedad del Museo Arqueológico Nacional (al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Veamos como estas son iguales que las que rodean al "omphallos" del Templo de Apolo de Delfos, que en la imágen superior veíamos completamente lleno de joyas. Ello nos hace pensar que aquel "ombligo" y centro del Mundo, simboliza igualmente a la reina o a la gran madre en la antigüedad, que sabemos iba plenamente enjoyada (tal como se puede ver en las esctulturas de matronas).
ABAJO: Joyas de Traje de Vistas de La Alberca (foto tomada del libro, "La Belleza que protege" -pag 13- de Carlos Piñel). Observemos en primer lugar el parecido en la forma de trabajarlas con las de la antigüedad, a la vez que su similar significado como objetos para embelecer y proteger. Con ello, estamos seguros que este "omphallos" simbolizaba esas reinas matronas, que cubiertas de joyas, desde la Edad del Bronce se adoraban por todo el Mediterraneo. Recuerdo de aquello, creemos es el atuendo que aún en nuestros dias lucen las mujeres de zonas hispanas donde quedaron ritos y costumbre ancestrales (como la zona norte de La Ruta de la Plata, lugar del que procede esta ajuar de joyas para una sola mujer).


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, Dama oferente del Cerro de los Santos (hallada en Yecla, Murcia, datada hacia el siglo IV a.C. y propiedad del Museo Arqueológico Nacional al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Observamos aquí una reina-sacerdotisa, plenamente enjoyada cuyo significado creemos enlaza con el de los "ombligos" del Mundo que vimos en Delfos.
 


ABAJO: Foto de hace cien años de una mujer charra en el día de su boda (tomada de la página del joyero salmantino Luis Méndez). Observemos que pese a los casi dosmilquinientos años de diferencia antre ambas imágenes, su aspecto es casi igual. Ello nos hace recapacitar sobre el significado de la joyería y el sentido que esta y los metales pudieron tener en la Antigüedad. Tanto como hasta no hace mucho, en la zona Norte de La Ruta de la Plata, todas las mujeres se engalanaban con estas joyas, con el fin de que les protegieran y les concedieran la fertilidad. Una "ristra" de abalorios en oro y plata, que de algún modo puede hacer pensar en la gran culebra Pitón, que a su vez es como un terrible "cordón umbilical", que une al hombre con algo que le resulta de un modo irremediable atractivo y necesario (la observación del oro, la plata y la belleza del metal).





(1) Para una mejor comprensión sobre lo que significaba el "pallas" de Atenea, o el "palo" como protector en la suerte, tanto como para consultar un estudio sobre el sentido y etimología de la "phalleria", ver entrada de este blog: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com/2011_09_01_archive.html