sábado, 13 de junio de 2026

LANZAS EN LAS ESTELAS DEL NOROESTE; IDIOTÉCNICA, SOCIOTÉCNICA Y TECNÓMICA -“Las Manzanas de las Hespérides en el tesoro de El Carambolo, capítulo 5º”-

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Los capítulos se desarrollan en un texto escrito en negro y se acompañan de imágenes con un amplio comentario explicativo (recogido en rojo y cuya finalidad es razonar ideas). Si desea leer el artículo entre líneas, bastará con seguir la negrilla y las letras rojas destacadas.

Las citas a pie de página, se encuentran al final del texto.




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS
: Imágenes tomadas en la iglesia de Santa María a Nova, Museo de Laudas; sita en la bella población gallega de Noya -a la que agracemos nos permita divulgarlas-. Iniciamos este capítulo con fotografías de este precioso templo, que contiene en sus fondos unas quinientas estelas sepulcrales, datadas entre los siglos XIV al XIX (de las que expone una amplia serie). Lápidas que fueron talladas más dos milenios después de las Estelas Decoradas del Suroeste; pese a representar en sus grabados y bajorrelieves, figuras muy semejantes. Todo lo que refiere un uso, simbología y significado, cercanos -en ambos tipos de aras-; bien sea como losas mortuorias o cumpliendo una función social paralela. Lo que nos llevaría a concluir que el sentido idiotécnico, sociotécnico y tecnómico de las estelas, se ha mantenido y perpetuado durante siglos. Debido al carácter universal y único del Ser Humano; que le lleva a abstraer, adorar y representar sus sentimientos o creencias, de un modo parecido. Por cuanto, estas lápidas que vemos en el Museo de Laudas de Noya; tuvieron un simbolismo y función, muy próximas a las Estelas Decoradas del Suroeste. Pese a la distancia temporal que las separa; pues las protohistóricas se labraron entre el 1000 y el 550 a.C. (aprox) y las gallegas se datan desde el siglo XIV al XIX de nuestra Era. Arriba, entrada al museo de lápidas sepulcrales, en Santa Ma. a Nova. Al lado, algunas losas recientemente descubiertas, en fase de estudio y almacenamiento. Abajo, tres laudas expuestas en el templo; donde vemos figuras y señales esquemáticas (representando cruces, pies, bocas y -lo que parecen- hierros de marca).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes tomadas en la iglesia de Santa María a Nova, de Noya -a la que agracemos nos permita divulgarlas-. Al lado, tres lápidas de los siglos XVI al XVIII, con escudos de los finados a los que pertenecen (civiles o religiosos). Abajo, entrada al templo, hoy museo; con las losas sobre el jardín y un sarcófago en cada lado de la puerta.








JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes tomadas en la iglesia de Santa María a Nova, de Noya -a la que agracemos nos permita divulgarlas-. Al lado, expositor con varias laudas; entre las que distinguimos, en primer término, una con signos básicos. Pudiendo observarse en ella un gran lazo, un astro o Sol con rayos y piernas; lo que quizás refiere al sepulcro de un peregrino en el “Campo de la Estrella”. Llama la atención, que en su parte baja contenga un “asidero”, lo que a mi juicio puede hablarnos de una piedra reutilizada. Pues tal como algunos expertos han observado; más del 20% de las losas de este museo cementerio, fueron usadas en diferentes tumbas. Nueva utilización y grabados añadidos, que también se observan en las Estelas Decoradas del Suroeste. Donde encontraremos algunos ejemplares con grabados posteriores o con inscripciones apócrifas tartéssicas y hasta romanas; aunque asimismo, existen reutilizaciones de menhires y monolitos megalíticos o calcolíticos, reconvertidos en lápidas de la Edad del Hierro. Abajo, laudas medievales; entre las que se distingue una primera, con inscripción gótica. Mientras las otras dos dejan ver figuras que semejan un hacha y una espada. En las Estelas Alentejanas (siglos XVI al XII a.C.) y en las del Suroeste (siglos XI al VII a.C.), nos encontraremos iguales rasgos e instrumentos. Siendo común la aparición de espadas y hachas en la gran mayoría; mientras las más tardías presentan signos epigráficos, en alfasilabario ibérico del Suroeste.



A) INTRODUCCIÓN:

A-1) Resumen de capítulos anteriores:

En nuestros tres artículos precedentes, tratábamos sobre las Estelas del Suroeste; que también habíamos estudiado en dos trabajos publicados en otro cuaderno digital. Un blog distinto a TARTESSOS Y LO INVISIBLE EN EL ARTE y dedicado a la música en la Iberia Antigua. Debido a ello, los artículos que refiero, se centraban en las representaciones de liras (o cítaras) sobre Losas Decoradas. Ejemplares en los que -curiosamente- se repite la figura de cordófonos; labrados con gran realismo sobre estos monolitos que se datan entre los siglos X al VII a.C.. Lo que manifiesta la antigüedad de los instrumentos de cuerda, en nuestras tierras; indicando -asimismo- el enorme grado de cultura que vivía aquella civilización creadora de esas lápidas decoradas (de tipo tartessio). Pues, como explicábamos en nuestros estudios sobre música protohistórica de Iberia; para crear cordófonos, no solo se precisa una gran técnica de ebanistería. Sino, principalmente, se necesita conocer el sistema de tensado y afinación; que permita utilizarlos de forma armónica. Lo que supone dominar conocimientos acústicos, para calcular intervalos en Octavas; cifrando series de sonidos en escalas. Una ciencia de los temperamentos que contiene gran dificultad matemática, pero mayor complejidad física. Ya que la afinación y el orden de notas en los instrumentos de cuerda, no solo depende de distancias y proporciones (tal como sucede en los de viento o percusión). También se ajusta a tensiones y regulación en las cuerdas; lo que implica una refinada destreza para su desarrollo y dominio. Además de una gran sensibilidad musical; pero, sobre todo, una enorme precisión en los modos de acústica. Hechos y ciencias melódicas, que hemos explicado extensamente en numerosos estudios sobre el tema -escritos por mí-. Entre los que destacaremos los dos antes citados; donde tratamos acerca de los forminx (o liras) representados en las Estelas del Suroeste -ver (1) -.


Asimismo, en los capítulos previos de este blog -ver cita (2) -; tratábamos sobre las Estelas del Suroeste y los enigmas que las rodean. Estudiando en el primero, la historia de sus hallazgos y los trabajos de Sebastián Celestino Pérez (junto a su clasificación). Recogiendo las últimas hipótesis sobre datación de estas losas; tanto como las de su simbolismo ritual. Pasando a analizar su posible significado social; junto a la falta de restos funerarios al encontrarlas (su descontextualización). Así como el uso de estos monolitos, comentando el problema de la falta de aparición de enterramientos, durante el Bronce peninsular. Exponiendo, más tarde, las conclusiones tras el hallazgo de los tres ejemplares encontrados en Cañaveral de León; expresando nuestra hipótesis sobre la datación y significado de esa necrópolis onubense, llamada Las Capellanías. Añadiendo unas hipótesis personales, desde nuestra teoría de “arqueología comparada”. Hablando de la convivencia y sustitución de ritos de inhumación y de cremación; o la reutilización y sustitución de tumbas, durante la Edad del Bronce y el Hierro peninsular. Tras ello, en el siguiente capítulo, expuse mi teoría sobre un posible sellado y amortización de las Estelas del Suroeste; considerando que se ocultaron en su época, para que no fueran profanadas. De ello, su falta de contexto arqueológico en los hallazgos de estas piezas (ya que apenas han sido encontradas junto a enterramientos o poblados coetáneos). De tal modo, en el último artículo, pasábamos a tratar sobre el origen de estos ejemplares; cuyo inicio consideramos que estuvo en las Estelas Alentejanas, fechadas entre los siglos XVII al XII a.C.. Losas portuguesas que se extendieron en la zona comprendida entre Beja y Faro (por el Este) y los cabos de Sines y el de Sagres (por el Oeste). Lápidas, que -a mi juicio- nacieron tras la llegada a las costas atlánticas peninsulares, de expedicionarios venidos desde el Oriente mediterráneo. Navegantes de Chipre y Creta (principalmente) que viajarían hasta el remoto Occidente, en busca de metales preciosos; durante la última etapa del Bronce (en época de florecimiento del Minóico Palacial tardío y del Imperio Nuevo egipcio). Aunque tras la aparición y expansión del hierro (desde Anatolia, en el 1200 a.C.); caerían esas antiguas civilizaciones del Bronce. Provocando la huida de sus habitantes (muchos de ellos camino de nuestras tierras); iniciándose una decadencia general y una nueva etapa protohistórica. Hasta la estabilización y expansión de las culturas del Hierro; posterior al siglo XII a.C.. Culturas férreas que también llegarían a Iberia, en busca de minas y riquezas, generando unas nuevas sociedades; especialmente en el Sur y el Occidente peninsular. De las que procederían esas segundas estelas, llamadas “del Suroeste -“Decoradas”, “de guerrero” o “de tipo tartessio”-; datadas entre el 1200 y el 600 a.C. (aprox).


A-2) Nuestro análisis y el sistema de Lewis Bindford:

Tras todo lo estudiado en los artículos anteriores, en el de hoy vamos a intentar descubrir el significado, simbolismo y uso de las lanzas, representadas en estas losas pertenecientes a la Edad del Hierro (de segunda etapa). Para lo que nos guiaremos por el método antropológico que marcó el prof. californiano Lewis Bindford (3) ; intentando con sus pautas, descubrir más sobre sus funciones idiotécnicas, sociotécnicas y tecnómicas. Analizando estos monolitos y cuanto en ellos fue representado; pretendiendo así comprender su función espiritual, ideológica, social y de prestigio. En busca de esos posibles motivos idiotécnicos; que les pudo convertir en el sistema para conservar o transmitir, una religión, unos valores, una historia, o unos mitos y creencias. Pretendiendo nuestro estudio analizar -asimismo-, la función social de estas lápidas y la de sus lanzas figuradas; como formas utilizadas para regular funciones sociales o políticas. Estudiando el modo en que esas estelas fueron un medio de comunicación y poder; para marcar rolles y señas de estatus, entre los grupos que las crearon (su sociotécnica). Intentando comprender también el significado de esas losas y de sus grabados, como un medio de garantizar la subsistencia del grupo; relacionando los ejemplares con el medio en que vivían y con la organización natural del momento (su tecnómica). Para todo lo que iremos extrayendo y analizando los elementos que figuran en sus bajorrelieves; estudiando hoy los orígenes, el simbolismo y significado de las lanzas, que vemos en ellas. Tras exponer los datos históricos y arqueológicos, que diversos autores han referido; acerca de esos grabados, tallados sobre las Estelas del Suroeste. Donde destaca, como representación esencial y más primitiva; la pica, jabalina o lancea. Figurada junto a otras armas u objetos de guerra, enseres de prestigio, carros, animales de compañía e individuos. Representaciones que se fueron incluyendo cronológicamente, de modo paulatino; añadidas con una complejidad progresiva, pero siempre con trazos muy esquemáticos. Siendo los tres elementos primeros y esenciales que veremos en ellas: La lanza, el escudo y la espada. Es decir, el armamento esencial del guerrero en aquel tiempo; labrado desde la época más antigua, en las Estelas denominadas “Básicas”.


Para terminar esta introducción, deseo expresar que escribir sobre arqueología contiene el mismo problema que redactar un texto jurídico; pues en ambos casos, debemos repetir y exponer sucesivamente ideas casi idénticas, para evidenciar la verdad de unos hechos. Ello, conlleva que los tratados sobre Derecho, tanto como los de Historia Antigua, sean muy reiterativos; algo inevitable, pues de lo contrario no se podría probar y argumentar, cuanto se debe concluir. Por lo que pedimos perdón al “sufrido” lector, que -en tantas ocasiones- ve recogidas una y otra vez, las mismas ideas. Todo lo que se debe a la necesidad de reafirmar como prueba fehaciente, los hechos que se constatan. De tal manera, volvemos al análisis de las Estelas Decoradas, esta vez para estudiar las lanzas que en ellas se representan. Lo que haremos, de nuevo; siguiendo primeramente la clasificación que estableció -decenios atrás- el prof. Sebastián Celestino (4) . De este modo; rogando disculpas por la repetición de aspectos explicados tantas veces. Vamos a intentar descubrir el origen, simbolismo, significado y uso; de las picas o jabalinas que aparecen en estas losas del Suroeste. Pretendiendo comprender sus funciones idiotécnicas, sociotécnicas y tecnómicas.





SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: De nuevo, imágenes tomadas en la iglesia de Santa María a Nova, Museo de Laudas; en Noya -a la que agracemos nos permita divulgarlas-. Como decimos, las estelas han conservado una simbología, uso y significado muy parecido a lo largo de todos los tiempos (desde la Protohistória al siglo XIX). Aunque, durante la Prehistoria (antes de ser lápidas) los pedernales y monolitos parece que tuvieron un sentido más unido al terreno y a la sacralización de un punto geográfico. Usados en etapa megalítica y calcolítica, para marcar lugares venerados (campos o caminos); o bien señalando áreas mágicas y de peregrinación. Actuando algunos de esos pedernales también como “gnomon” (clave central) de Cromlechs (relojes calendáricos); o como hitos y signos, donde reunirse. Pese a ello, a fines del Bronce y durante la Edad del Hierro; el significado de las estelas pasa a personalizarse. Apareciendo las lápidas sepulcrales, grabadas con figuras; y las lajas como marcadores (señalizando veredas y dominios). Simbolismo, significado y uso de estas piezas grabadas en piedra; que permaneció de un modo muy semejante, hasta nuestro siglo XIX. Arriba y al lado, lauda medieval que representa un hacha, una clava (o bien gubia) y la figura de un astro. En la zona inferior de la losa, se observa lo que pudiera ser una efigie antropomorfa; junto a una inscripción en caracteres románicos. A mi juicio, presenta signos de reutilización; no pareciendo coetáneos los bajorrelieves del hacha y la clava; con los del círculo radiado (semejante a un Sol). Aunque cabe la posibilidad de que esta marca, a modo de astro; simbolice “Campo de la Estrella” (Compostela). Señalizando la tumba de un peregrino; que murió, o quiso ser enterrado, en este lugar. Estos símbolos incluidos comúnmente en pedernales, como el hacha o las gubias; aparecen también en las Estelas Alentejanas, fechadas entre los siglos XVII y el XII a.C. (dos milenios y medio antes que estas). Abajo, preciosa lauda en bajorrelieve, que representa una gran argolla con un colgador en su parte inferior y lo que parece un paño (o un mandil). Pudiera tratarse de una tumba dedicada a un mercader de telas, o bien a un rico forjador de metales (de ello las arandelas y el peto de cuero).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes tomadas en la iglesia de Santa María a Nova, de Noya -a la que agracemos nos permita divulgarlas-. Al lado, losa con un ancla, en honor al difunto que cubría; seguramente perteneciente un marinero o a un adinerado pescador. Abajo, curiosa lápida que representa unas tijeras y la viera de Santiago. En opinión de numerosos expertos, sería una lauda encargada por un sastre, de ello el símbolo que alude al corte de tela. Aunque quizás, esa herramienta no solo sea el signo de un gremio; sino más bien indique una figura mítica, probablemente relacionada con La Parca (que cercena el hilo, finalizando la vida). Pese a cuanto expreso, las lápidas con símbolos -como el que vemos- se consideran gremiales; catalogándose estas laudas en función del posible trabajo y enseres que usaron sus finados. De tal manera, las lápidas de Noya se clasifican en una serie tipológica; cuyos rasgos habían aparecido de forma muy similar, en las Estelas del Alentejo y en las del Suroeste. Siendo sus tipos, los siguientes (pudiendo presentarse combinadas):

-Gremiales y de trabajo: Con marcas profesionales (herramientas o señas laborales del difunto).

-Heráldicas: Donde veremos el escudo familiar de los muertos; lo que indicaría que fueron encargadas por nobles (eclesiásticos y civiles).

-Epigráficas: Con inscripciones sobre la lápida.

-Antropomorfas: Representado una persona, comúnmente en bajorrelieve. Lo que permite distinguir el atavío y los atributos de los allí figurados; pudiendo suponerse que pertenecen a familias importantes.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes tomadas en la iglesia de Santa María a Nova, de Noya -a la que agracemos nos permita divulgarlas-. Al lado, losa con epigrafía y la marca de dos pies; quizás mostrando el camino de un peregrino. Abajo, lauda antropomorfa, donde vemos en bajorrelieve, un rico personaje.









JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes tomadas en la iglesia de Santa María a Nova, de Noya -a la que agracemos nos permita divulgarlas-. Al lado, lápida antropomorfa, representando a un obispo o un individuo con bastón de peregrino (o de mando) y con elegante vestimenta. A cuyo lado alguien ha grabado un “monigote”; muy posteriormente y con bastante mal gusto. Abajo, lápida epigráfica.








JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes tomadas en la iglesia de Santa María a Nova, de Noya
-a la que agracemos nos permita divulgarlas-. Al lado, losa antropomorfa con un rico peregrino, que luce su bastón y sombrero compostelano. Siendo posible que la figura represente al Apóstol Santiago. Abajo, muros y tumbas en el interior del templo, donde la leyenda dice que fue enterrado Noé (quien daría el nombre al lugar: Noia).









JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Otras imágenes tomadas en el interior de la iglesia de Santa María a Nova, de Noya
-a la que agracemos nos permita divulgarlas-. Como podemos observar, el significado, uso, simbolismo y sentido social de estas laudas compostelanas; es similar al que tuvieron las Estelas Decoradas del Suroeste. Lo que implica que no habrían variado mucho las funciones idiotécnicas, sociotécnicas y tecnómicas de estas losas; en más de dos milenios.








B) LANZAS. JABALINAS Y PICAS EN LA ANTIGÜEDAD:

B-1) El origen del Eneolítico en nuestras tierras y “la civilización del esparto”:

Mucho se ha escrito acerca del comienzo de la Edad de los Metales en la Península Ibérica; pero conforme la investigación avanza, parece inevitable unir el Vaso Campaniforme a la aparición del cobre. Todo ello, aunado -a su vez- con culturas neolíticas navegantes; por cuanto no es extraño que los primeros puntos donde podríamos fijar el inicio del Eneolítico, se sitúe en las costas atlánticas. Más concretamente, en la zona intermedia entre el Estuario del Tajo y el del Sado; es decir: en Palmela. Población donde por primera vez aparecieron esas puntas de flecha homónimas, similares a un “corazón ahigado”; que muchos creen tomaron esa denominación por su parecido con una palmita. Aunque el nombre de “palmelas” procede del lugar más antiguo donde se hallaron; concretamente, en el yacimiento de Quinta do Anjo, sito en la pedanía de Roca do Casal do Pardo (perteneciente al municipio de Palmela). Punto mágico arqueológico, que recogemos en siguientes imágenes; donde podríamos situar el comienzo de los metales en Europa Occidental. Lo que -a mi juicio- se explica debido a su inmejorable situación geográfica (entre el Tajo y el Sado), para promover la transición entre el megalitismo y el Cobre. Desarrollándose el cambio de Eras, en este punto elevado, junto al Atlántico; donde confluyen dos de los ríos peninsulares, a cuyas riberas se elevaron el mayor número de construcciones ciclópeas. En un proceso de importación de técnicas del cobre; que -en mi opinión- fue iniciado por quienes llegaban a nuestras costas, procedentes del Mediterráneo Este. Navegando desde el IV milenio en busca de oro, plata y ámbar; alcanzando así, tierras de Iberia. Logrando establecer una “base” en la desembocadura de estos dos grandes cauces; donde durante miles de años se había desarrollado la cultura megalítica. Unos hechos, que en paralelo debieron suceder en el delta del Guadalquivir (en la zona del Lago Ligur); donde esos expedicionarios también hallarían una floreciente civilización dolménica (concretamente en el área de Valencina de la Concepción). Aunque la riqueza en minas áureas y argénteas del Alentejo; debió decidir el asentamiento de estos primeros navegantes mediterráneos. Situándose en Palmela, un alto a orillas del Atlántico, con condiciones climáticas paradisíacas; desde el que se vigila el Océano y las desembocaduras del Tajo y del Sado. Muy próximo a esas tierras alentejanas, donde -a mi juicio- se originó la civilización constructora de dólmenes, menhires y cromlechs (cuyos ejemplos más antiguos encontraremos en las inmediaciones de Évora).


De tal manera, bajo la hipótesis del Eneolítico peninsular, originado y promovido por expediciones enviadas desde el Egipto predinástico o de tierras dominadas por Mesopotamia; en tiempos cercanos al siglo XXX a.C. (buscado oro, plata y ámbar). Debemos pensar que aquellos navegantes, llegados en sus pequeñas embarcaciones; partiendo desde Oriente Medio o de las cercanías del Nilo. Lograban en pocos meses, alcanzar nuestras costas; donde hallarían filones de esos metales preciosos. Aunque al arribar a nuestras tierras (tan lejanas para ellos); en las que situarían el punto donde el Sol caía bajo los mares. Se encontraron con una gran cultura peninsular muy desarrollada; capaz de construir dólmenes como los de Valencina de la Concepción o el de Antequera. Por cuanto, no debió ser tan difícil establecer un puente de trueque e intercambio entre los habitantes autóctonos y los expedicienarios. Pudiendo llevarse a cabo fácilmente pactos “comerciales” entre ellos; debido a que las gentes indígenas, también estaban organizados en sociedades avanzadas (para la época). Debiendo pensarse que quienes levantaban esas tumbas de corredor, los menhires y cromlechs (con el fin de leer los astros y las sombras solares); mantenían una cultura bien jerarquizada y de progreso, para su época. Siendo capaces de aceptar fácilmente la presencia de expedicionarios orientales, con los que trocarían oro, plata y el ámbar del Norte. Pues esta resina fósil; no se hallaba en tierras peninsulares y para obtenerla, los habitantes de la primitiva Iberia viajarían hacia las zonas de Europa más septentrionales. Singladuras que realizaban las gentes autóctonas asentadas en el Atlántico; de quienes sabemos recorrían los mares oceánicos, llegando hasta el Báltico (donde también se extendió la civilización dolménica; a mi juicio, difundida desde El Alentejo).


Por cuanto, siguiendo esa “ruta marina” y buscando el ámbar; los navegantes venidos del Oriente mediterráneo, llegarían a tierras de la actual Portugal. En las que no solo encontrarían grandes minas de oro y plata; sino también, un lugar donde obtener la resina fósil, importada de la Europa Atlántica. Pues es sabido que estos habitantes peninsulares del litoral atlántico, eran capaces de alcanzar las costas Centrales y del Norte de Europa; siguiendo una ruta del ámbar. Debido a lo expuesto, esos expedicionarios llegados del Este mediterráneo entorno al 3000 a.C. (desde la mesopotámica Ebla, de Biblos o de las costas del Egipto predinástico). Se establecerían en dos puntos de enorme importancia geográfica y muy ricos en metales preciosos: Primeramente, en las cercanías de la actual Almería; generando la Cultura de Los Millares. En segundo lugar, viajando hacia las costas atlánticas portuguesas (próximas al Sado y al Tajo); asentándose en Palmela y sus alrededores. Dos puntos donde veremos surgir el Eneolítico y el Vaso Campaniforme; como fuentes de cultura y civilización, que se expanden desde el 2800 a.C. por la Europa occidental. Difundiéndose a partir de entonces por todo el Continente; a excepción de algunas áreas centroeuropeas, alejadas del mar (donde no llegará el Campaniforme). Apareciendo preferentemente en las zonas de costa oceánica, ya que -a mi juicio- ese “vaso en campana” y el calcolítico, fueron exportados por navegantes procedentes de la Península Ibérica. Gentes que, a su vez, habrían aprendido a utilizar el cobre; desde aquellos otros expedicionarios, venidos del Oriente Mediterráneo hasta sus tierras.


Cuanto expresamos, explicaría el origen del Eneolítico en la Europa Atlántica; así como la aparición y expansión del Vaso Campaniforme. Un tipo cerámico, que se habría difundido por gentes capaces de viajar desde nuestras tierras, hasta las de Centro Europa o a las Islas Británicas (buscando oro, plata y ámbar). Siguiendo las rutas abiertas durante el megalitismo, que habían unido todo el litoral occidental europeo; hasta el punto de generar una civilización común dolménica. Estableciendo la construcción de esas tumbas ciclópeas, de menhires y de cromlechs (nacidos en el Sur de España y Portugal); llevando su dispersión hasta tierras de Francia, Alemania, las Islas Británicas o el mar Báltico. De tal modo, los navegantes que antaño viajaban por las costas del Atlántico, con el fin de intercambiar artículos, o para actuar como misioneros de su cultura megalítica. Finalmente, buscaron oro, plata y ámbar en sus navegaciones; no solo para ellos, sino también para trocarlo con otros expedicionarios que visitaban nuestras costas (procedentes del Egipto predinástico o de la Mesopotamía más antigua). Por cuanto, desde el 2800 a.C., las gentes de la antigua Iberia, irían incorporando a sus vidas el uso de estos metales preciosos y de la resina fósil; como elementos de prestigio o en sus ajuares funerarios. Debiendo pensarse que en esos viajes oceánicos; donde partían desde nuestras tierras, para alcanzar las actualmente francesas, británicas, holandesas, alemanas o escandinavas. Portaban Vasos Campaniformes y numerosos artículos inexistentes en la Europa Central y del Norte; para intercambiarlos allí, por pepitas de metales preciosos y resina fósil.




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS
: Arriba, mapa de Portugal, donde marcamos la zona de Palmela y la de Evora; junto a sus yacimientos: Quinta do Anjo (Casal Roca do Pardo, donde aparecieron las primeras Palmelas, 2800 a.C.); Roca do Casal Do Meio (en la Sierra de Arrabida, tholos de tipo sardo 1200 a.C.); Los Almendros de Évora (cromlech más antiguo de Europa, cuyo origen se data entorno al 5000 a.C.). Al lado, entrada al castillo de Palmela; punto desde el que se vigilan centenares de kilómetros a la redonda. Divisándose por el Este, hasta las proximidades de Évora; viéndose al Sur, toda la desembocadura del Sado y llegando a alcanzarse el cabo de Sines en días claros. Mientras por el Noroeste, se observa completamente el estuario de Lisboa. Lo que convierte a esta localidad en un punto inigualable, para controlar el centro de Portugal y sus costas. Abajo, foto tomada desde el castillo de Palmela, por su lado Sur; donde podemos ver la desembocadura del Sado y la ciudad de Setúbal.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, otra imagen tomada desde el castillo de Palmela; en este caso mirando a la desembocadura del Sado (junto a Setúbal; que he marcado con una flecha) Abajo, una fotografía parecida a la anterior, aunque en ella observamos la Sierra de Arrábida, junto a la bocana del río Sado. En sus cumbres se halla uno de los enterramientos más importantes del Bajo Bronce peninsular, llamado Roca do Casal do Meio (cuyo lugar he señalado con una flecha). Se trata de un tholos, con un tipo de arquitectura muy semejante a los levantados en Cerdeña, a finales del II milenio y comienzos del I a.C.. Asimismo, los ajuares de los dos enterramientos hallados en su interior, se fechan entorno al 1200 a.C. y se corresponden con modelos semejantes a los sardos. Teniendo enormes paralelos con los representados en las Estelas Decoradas del Suroeste.



JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes tomadas en Quinta do Casal do Pardo, pedanía de Palmela; donde se halla el yacimiento de Quinta do Anjo (en el que aparecieron las primeras “palmelas”). Al lado, entrada al lugar, con el cartel indicativo. Abajo, vista general del paraje frente al que se halla este enclave arqueológico.









JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado y Abajo, una de las primeras tumbas (gruta artificial) que podemos ver en Quinta do Anjo. He situado al lado de ellas a mi mujer, para comprender la proporción y escala. La imagen fue tomada en un atardecer, a mediados del mes de mayo; lo que deja intuir que -posiblemente- la entrada al corredor tenga una orientación solar. Dirigida hacia el Oeste (la caída del Sol durante los equinoccios); quizás bien calculada, para que la luz solar llegase al interior del sepulcro en esas fechas. Tal como sucede en el túmulo de Huerta Montero (Almendralejo, Extremadura); tumba colectiva fechada entorno al 2600 a.C. y también utilizada durante casi un milenio. Donde se hallaron los restos de más de cien individuos, enterrados en dos fases. Teniendo como característica, que la luz del Sol penetra hasta el interior de su cámara, el día de solsticio de invierno; llegando los rayos a iluminar el final del sepulcro, cada 21 de diciembre. Lo que posiblemente sucedía también en estas cuevas artificiales de Quinta do Anjo; un hecho que creemos no ha sido medido por astrofísicos, en el lugar. Siendo muy significativo que sean cuatro grutas y cada una esté enfocada a un punto opuesto; no resulta extraño deducir que los corredores estuvieran orientados al Norte, Sur, Este y Oeste. Mirando sus accesos hacia los cardinales principales; pues la que vemos en imagen, enfoca al atardecer pleno (es decir, al Oeste). Quizás, con esa posición astral; dieron a entender sus creadores, que desde el alto de Palmela, pueden vigilarse los cuatro puntos cardinales, a kilómetros de distancia. O bien, se pretendía que los antepasados allí enterrados, cuidasen y actuaran como centinelas en todas las posiciones a las que miran sus cuevas sepulcro. Guardando de enemigos, los cuatro cardinales a los que perecen estar enfocadas esas tumbas de corredor.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
el yacimiento de Quinta do Anjo. Al lado, vista del campo y sus cavernas excavadas en roca. Abajo, cartel conmemorativo situado en el lugar; donde podemos leer que estas grutas artificiales fueron talladas hace unos 3500 años y usadas como lugar de enterramiento durante un milenio. Habiendo sido halladas en ellas el primer testimonio arqueológico que atestigua el final de la Edad de Piedra y el comienzo del Calcolítico (europeo). Piezas de cobre que aparecieron junto a numerosas cerámicas campaniformes; lo que -a mi juicio- implicaría, que el Eneolítico de la Europa occidental, está unido a navegantes que expandieron este vaso con forma de campana.






JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
el yacimiento de Quinta do Anjo, en Palmela. Dos de sus cuevas.











JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
el yacimiento de Quinta do Anjo, en Palmela. Detalle de otra de sus grutas, tras haber sido expoliada y abierta al cielo.











JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
el yacimiento de Quinta do Anjo, en Palmela. Otro de los corredores de sus cuevas, tras haber sido abierta al cielo.











Todo cuanto hemos expuesto en párrafos anteriores, a mi juicio, tiene una clave de enorme importancia; un hecho que explicaría el desarrollo y expansión del megalitismo, junto a la posterior dispersión del Calcolítico y del Vaso Campaniforme. Enigma, que no se ha tratado del modo en que vamos a explicar; debido a que la arqueología debe atenerse a hechos (no a simples hipótesis). Aunque, nosotros podemos teorizar de un modo ajeno al académico; expresando ideas que quizás no pueden probarse, pero esclarecen lo sucedido tres mil años atrás. De tal forma, creemos que el misterio del progreso y la expansión de estas civilizaciones, residió en el uso del esparto y en su “exportación” desde nuestras tierras. Donde se dan por doquier dos tipos de gramíneas, llamadas “Stipa tenacissima ” y “Lygeum spartum”; especie vegetal tan solo abunda en el Sur peninsular y en el área del Magreb (llegando hasta Libia). Naciendo de forma natural, esa planta también denominada “atocha”; en los campos áridos y semidesérticos meridionales de España. Concretamente, en Andalucía, La Mancha, Sur de Valencia, Murcia, Madrid, Extremadura, El Alentejo y El Algarve portugués. Mientras resulta imposible cultivarla en zonas de lluvia, o frías. Una circunstancia que -a mi juicio- explicaría la unión geográfica del esparto y de los primeros Vasos Campaniformes; originarios del Sur peninsular y que imitan en su diseño y dibujo, los capazos trenzados con esta fibra vegetal. Cerámica en forma de campana, llamada en un principio “Cultura de Ciempozuelos”; lugar cercano a la capital de España en que proliferan los atochales y donde primeramente se estudió el Campaniforme. Aunque con el paso del tiempo, se comprendió la expansión de la cultura Campaniforme; difundida desde nuestra Península y llegando a gran parte de Europa occidental. Cerámica en forma de campana, que a mi juicio, debemos unir al esparto; estudiando el fenómeno como una civilización europea, extendida desde nuestras tierras, que penetró en todas las costas continentales.


Consecuentemente -a mi entender- la difusión del Vaso Campaniforme (desde el 2700 a.C.) se llevó a cabo a través de las rutas de comunicación marítimas, trazadas por el megalitismo, milenios antes. Por lo tanto, esa cultura de la cerámica en campana y su gran secreto basado en el esparto; tuvo un precedente y antecesor ancestral. Pues, a mi juicio, el uso del trenzado de atocha, se desarrollaría y difundiría durante el dolmenismo; debido a que las maromas eran imprescindibles para la navegación y en la construcción de megalitos. De tal modo, hemos de considerar este tejido vegetal, el gran invento de la Edad de Piedra europea. Cumpliendo un fin similar al del plástico, hoy en día -industrial y de progreso-; ya que con esparto se fabricaban antaño la mayoría de los objetos de uso cotidiano. Refiriéndome a las sandalias, suelas de calzado, tejidos, vestimentas, cestos o las esteras (para abrigar suelos o donde dormir). Siendo muy útil este material para la guerra; ya que con esparto se recubrían los cascos de cuero, se hacían protectores y petos de corazas, o refuerzos en los escudos de guerreros. Pero, sobre todo, con este material, se hacían las mejores y más resistentes maromas; imprescindibles durante la Edad de Piedra. Con las que se podían fabricar ingenios (molinos, pulidoras, amoladoras, afiladores o encendedores de fuego); tejer redes (para cazar y pescar), crear barcas (ensambladas con cuerdas) y hasta enarbolar naves (con velas de ese tejido vegetal).


Pero, sobre todo, las maromas de esparto eran imprescindibles para levantar megalitos y mover enormes moles; elementos de gran peso, entre los que podemos incluir a los cetáceos (varados o cazados, junto a la costa). Siendo la atocha, especialmente sencilla de obtener y trenzar; muy flexible y resistente, además de soportar las inclemencias del clima. Por cuanto debió considerarse un material esencial para el desarrollo y la subsistencia en la Edad de Piedra; y de manera muy especial, en la última etapa del Neolítico europeo. Todo lo que -a mi juicio- llevaría a su exportación desde nuestras tierras; fabricándose en grandes cantidades durante la difusión del megalitismo. Un hecho que explicaría, a su vez, la expansión de esa cultura constructora de dólmenes, menhires y cromlechs; no solo como una forma generar una civilización común en el occidente europeo. También movidos por el interés económico de quienes la trasladaban; ya que el esparto tan solo se daba en el Sur de la Península Ibérica. De tal modo, aquellos navegantes capaces de viajar desde nuestras tierras, hasta las costas europeas del Norte; podrían intercambiar esas cuerdas, por mercancías y enseres. Trocando los objetos fabricados con esparto (maromas, redes, sandalias, cestos, sacos, esteras, escudos, petos y etc); por metales preciosos y otros útiles de prestigio (ámbar, conchas, gemas semipreciosas y etc).


Todo ello, nos lleva a concluir que hubo una “civilización del esparto”. Fibra cuyo uso se expandiría durante el neolítico peninsular (momento en que precisaban ingenios y pulidoras pétreas, fabricadas con cuerdas). Aunque la eclosión y exportación a lugares lejanos de esa fibra vegetal, se produciría con el megalitismo. Un uso e importancia de la atocha, que explicaría su proliferación entre los restos arqueológicos anteriores al V milenio a.C.; como los aparecidos en la Cueva de los Murciélagos (Albuñol) y en otros enterramientos hallados en el Sur de España. Momento en que podemos fijar el comienzo y difusión de esa cultura dolménica; cuyo grupo de monolitos más antiguos se halla en Evora. Refiriéndome al cromlech de Los Almendros, que contiene un primer círculo de menhires datados entorno al 5000 a.C.. Todo lo que referimos, relacionaría esa cultura dolménica con el esparto (imprescindible para mover y levantar moles de piedra). Explicando asimismo, los hallazgos de este tejido en yacimientos de la época. Como sucedió en la gruta granadina, de los Murciélagos; donde se encontró un enterramiento con unos cincuenta individuos, que rodeaban a una dama sedente. Señora coronada con un collar de esparto, del que colgaban conchas; acompañada por medio centenar de hombres, vestidos y con sandalias del mismo tejido (restos que podemos ver en fotografía -a continuación-). Un hecho y una “civilización del esparto”, que nos llevó a pensar en el uso de sus cestos como moldes cerámicos. Teoría que expuse varias veces, en mis estudios y que explicaría el diseño “campaniforme” de esos vasos; tanto como el sentido de sus dibujos, imitando el trenzado de esa fibra. Debiendo considerarse que se trata de “cerámica espartiforme” y no tanto en forma de campana. Pues observando con detenimiento su línea y trazos, creemos que descienden directamente de los capazos hechos con atocha (de primera utilidad, durante el neolítico y el eneolítico). Debiendo considerarse que fue un tejido “sagrado”, que dio forma a numerosos ídolos y se representó como exvoto; en innumerables figuras, talladas entre el VI y el III milenio a.C. -tal como podemos comprobar en las imágenes siguientes-.




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS
: Fotos tomadas en el Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos nos permita divulgarlas. En ellas, podemos observar varios objetos de esparto hallados en la Cueva de los Murciélagos (Albuñol, Granada); fechados entorno al 5000 a. C. Arriba, vitrina en que se expone este ajuar, donde distinguimos sandalias y vestimentas; así como cestillos. Al lado, detalle de dos esteras, que quizás pertenezcan a partes de vestido; aunque me inclino a pensar que la redonda pudo servir como “capacho” (círculo trenzado, que se ponía en los molinos, para empapar el jugo de la aceituna -o acebuchina-). Abajo, dos cestas del mismo ajuar, donde podemos observar la calidad de trabajo en el tejido y su parecido con las Cerámicas Campaniformes.








JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Fotos tomadas en el Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos nos permita divulgarlas. Al lado, sandalia votiva, neolítico tardía; hallada en Almirazaque (Almería). Tallada en hueso, representa fielmente la suela de un calzado, hecho en esparto (es decir, la parte baja de una alpargata; igual a las usadas actualmente). Abajo, placas votivas en piedra (pizarra) fachadas entre el V y el III milenio a.C.; representando ídolos o guerreros. En su decoración podemos observar los rasgos faciales de un un individuo y lo que parecen vestimentas, a modo de petos (seguramente con tejido de atocha; de ello sus grandes líneas).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Fotos tomadas en el Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos nos permita divulgarlas. Vasos y restos cerámicos Campaniformes, procedentes de la necrópolis de Ciempozuelos (III al II milenio a.C.; Bronce Antiguo). Observemos el parecido entre estas cerámicas y los cestillos de esparto (no solo en su línea, también en los dibujos).








JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, mapa con los yacimientos anteriores al Hierro, más cercanos a Setúbal (expuesto en el Museo del monasterio de San José, de Setúbal; al que agradecemos nos permita divulgarlos). Abajo, plano de las cuatro cuevas artificiales, que componen el conjunto arqueológico Quinta do Anjo (que antes habíamos estudiado; sito en Palmela). A mi juicio, la primera de ellas posiblemente está orientada al atardecer pleno, durante el equinoccio (es decir, al Oeste puro); mientras la segunda miraría hacia el Sur (mediodía equinoccial). Por su parte, el acceso de la tercera podría estaría dirigido al Norte, en fechas de equinoccio. Mientras la cuarta gruta (cuya entrada se perdió) se orientaría hacia el Este (amanecer equinoccial). Unas coordenadas que -como hemos dicho- creemos todavía no se han medido por astrofísicos, en el lugar. Aunque mi intuición me lleva a pensar que la disposición de estas cuatro cuevas, miraría hacia los puntos cardinales, en misma fecha. Quizás señalando ese alto de Palmela, como un punto de vigía; posiblemente, rogando a los antepasados enterrados en esas cuatro cavernas, que actúen de centinelas y protectores. Como hemos expuesto anteriormente, un hecho muy similar sucede en el sepulcro de corredor, Huerta Montero (de Almendralejo, Badajoz); donde la luz solar ilumina el interior del pasadizo, cada 21 de diciembre (solsticio de invierno). Tumba colectiva, en la que fueron enterrados más de cien individuos, durante casi mil años. Cuyos paralelos son muchos con estas cuatro cavernas de Quinta do Anjo; siendo coetáneas en sus orígenes y en su tiempo de uso (datadas ambas, entre los siglos XXVIII al XVIII a.C.).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
el yacimiento Quinta do Anjo; Roca do Casal do Pardo, en Palmela (Portugal). Rocas en las que fueron excavadas sus cuatro tumbas.










JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Quinta do Anjo, Roca do Casal do Pardo, Palmela (Portugal). La zona de la cuarta cueva, que se halla junto a una parcela habitada y ha sido expoliada. En la imagen podemos apreciar sus paredes usadas como cantera artificial.









JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
otras dos imágenes de Quinta do Anjo, Palmela (Portugal); donde se observa el estado de las grutas sepulcrales en nuestros días. Al lado, se perciben escaleras o canales, tallados en la roca. Abajo, una cámara central expoliada y abierta por su zona superior.










JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, mapa del dolmenismo peninsular, expuesto en el Centro Interpretación del Megalitismo, de Castelo de Vide (Portugal, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). En la disposición de los monolitos, podemos observar por qué afirmamos que el dolmenismo es una civilización marinera atlántica; debido a que se desarrolla y difunde desde las costas occidentales (donde debemos fijar sus inicios, unos siete mil años atrás). De tal modo, su mayor proliferación monumental se halla en el Alentejo y en la Extremadura española; junto a otras áreas, como las de Málaga, Almería (por el Sur) y Galicia o el Cantábrico (al Noroeste). Lo que posiciona estas construcciones dolménicas; en zonas próximas al mar, pero también junto a ricas minas de oro y plata. Es decir, se trata de Sociedades que navegaban (al margen de que fueran ganaderas o agricultoras); amantes de los metales preciosos y de los adornos. Lo que les llevaría a trasladarse en barco, buscando de esas joyas; además de cumplir en sus expediciones, una función como misioneros de su civilización (expandiendo el megalitismo). Abajo, vitrina expuesta en el mismo museo del Castillo de Castelo de Vide (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen.); donde se contienen enseres hallados en los dólmenes de este municipio portugués. A nuestra izquierda, un collar de cuentas formado por corales, ámbar, variscita, piedras talladas y gemas semipreciosas. A la derecha, un ídolo perfectamente trabajado en hueso; semejando un bisonte (posiblemente usado como pendiente o broche). Ambos adornos, con más de cinco mil años de antigüedad; muestran el enorme grado de estética y sofisticación de esta cultura megalítica. Ello, unido al hecho de que las piezas proceden de lugares muy lejanos (en ocasiones allende el mar); nos habla de una civilización muy avanzada. Capaz de levantar miles de monumentos ciclópeos, que aun admiran al Mundo; refiriéndome a conjuntos como los de: Stonehenge (en Inglaterra); Newgrange (en Irlanda); el Alineamiento de Carnac (en Francia); el cromlech de los Almendros (en Portugal); o las cuevas de Antequera (en Málaga) -junto a innumerables dólmenes, tumbas de corredor y menhires; extendidos por toda Europa (principalmente atlántica)-.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
dos imágenes tomadas en el cerro de Los Almendros, muy cercano a Évora (Portugal). Al lado, menhir próximo al cromlech, junto al que he situado a mi mujer; para comprender su escala y tamaño. Abajo, fotografía mía (tomada hace años) caminando entre los monolitos del Cromlech de los Almendros; uno de los monumentos megalíticos más antiguos e importantes de Europa (cuyos comienzos se fechan entorno al 5000 a.C.).








JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, imagen tomada en el Museo Arqueológico de Evora, al que agradecemos nos permita divulgarla. Una de sus vitrinas, donde se exponen placas con idolilos hallados en Alentejo; datados entre los milenios IV al III a.C.. En sus dibujos, observamos individuos idealizados; con vestimentas -o atuendo- protector, en un tejido que parece de esparto. Abajo, de nuevo el Cromlech de los Almendros, en Évora. Observatorio astronómico y centro ceremonial, cuyos orígenes se han podido fechar conforme a orientaciones astrales (datándolo hace siete mil años).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, un capazo hecho con esparto. Estas cestas se han seguido utilizando en la agricultura y el comercio, hasta la proliferación del plástico. Aunque por sus condiciones de tejido natural, en algunos casos continúan en uso; debido a que no se pudren, ni corrompen lo que se deposita en su interior. Como hemos señalado, el tejido de atocha fue sustituido por el plástico durante el siglo XX; después de mantenerse como uno de los materiales más comunes y útiles, durante miles de años. Sus comienzos debemos fijarlos en el Paleolítico, aunque en el Neolítico fue cuando se hizo indispensable (para tejer cuerdas, redes, sandalias y protectores). Por cuanto creemos que constituyó uno de los secretos, en el desarrollo y proliferación de la civilización megalítica; donde era imprescindible usar fuertes y flexibles maromas. Permitiendo las cuerdas de atocha, crear barcos y navegar, gracias a sus propiedades y resistencia. Más tarde, durante el Calcolítico y la Edad del Bronce; los objetos fabricados con esparto, debieron convertirse en las mercancías más valiosas, que podrían ofrecer las gentes del Sur a los pueblos asentados en zonas de la Europa central y septentrional (donde no puede cultivarse). Abajo, cordadas y tejidos de atocha, procedentes del Egipto Antiguo (tal como las expone el Museo Arqueológico de Florencia, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Resulta evidente, que las maromas fueron indispensables para la construcción y en todas las labores cotidianas del Imperio del Nilo. Aunque el reino faraónico pudo obtenerlas con facilidad, desde lugares muy cercanos; ya que -además de la Península Ibérica- la atocha se cultiva bien en el Magreb, en Argelia y en Libia.



B-2) El origen de las lanzas en nuestras tierras:

Parece obvio que la “pica” fue una de las formas de defensa más precarias y antiguas, de la Humanidad. Bastando para obtenerlas, sacar punta a un palo largo, de noble madera; tratarlo con agua y calentarlo al fuego (o bien, anudar en su extremo un asta). Logrando así una “jabalina” primitiva, para cazar o luchar. Puya a la que también podrían añadir un silex afilado en su extremo; creando de ese modo las primeras alabardas (capaces de atravesar la piel de un mamut o los petos del enemigo). Pero aquellos instrumentos de madera, cuerno o piedra, no serían realmente “lanzas”; ya que este arma se caracteriza por tener una punta metálica. Debido a lo que tan solo podemos hablar de “lanceas” cuando nos referimos a objetos terminados en cobre, bronce o hierro. Artilugios especialmente fabricados para la guerra, cuyo nombre procedería de etimología ibérica; según manifiesta el ilustre profesor Almagro-Gorbea (5) . Quien mantiene que las voces Lancia o los nombres prerromanos peninsulares como Lancius (5a) ; dieron origen a esa palabra, con la que generalmente nos referimos a las jabalinas de guerra. Considerando que las primeras y más antiguas picas, se hicieron con asta o hueso; por lo que durante la Edad del Bronce y del Hierro, se conservó una condecoración en forma de cuerno, que las recordaba (5b) . Por su parte, nos explica el insigne profesor; que se trata del arma mas sencilla de construir y que menos metal necesita. Debido a lo que se convirtió en la de mayor difusión, desde la Edad del Cobre y el Bronce. Ante lo que tenemos evidencias históricas, confirmando la existencia de ejércitos lanceros; durante el Imperio Medio egipcio y en la Mesopotamia, a comienzos del III milenio a.C. (5c) .


Pese a ello, el profesor Almagro-Gorbea, continúa señalando que las lanzas metálicas más antiguas fueron muy precarias. Fabricadas con una lengüeta o espiga, que las unía a la vara; por cuanto no resultaban muy eficaces. A lo que hemos de añadir, que durante el III y II milenio a.C., era común la fundición de un tipo de punta en cobre o bronce, con una larga “lengua” trasera. Pincho que se añade a la vara, por su centro; componiendo un arma a modo de jabalina. Lo que -en mi opinión- quizás responde a un venablo accionado con propulsor, cuyo tirador se llama “átlat” o “estólica” (consistente en un palo que se acopla y actúa como lanzadera). Algo muy distinto a una lanza, ya que hablaríamos de azagayas (flechas de gran tamaño) y no de un arma portada o tirada a mano, por un guerrero. Pues el alabardero o soldado armado con pica, luchaba protegido con escudo (al modo que hemos visto repetidamente entre los Gladiadores). Tal como se representa en los conjuntos militares egipcios y de Mesopotamia); donde observamos hombres que portan la égida en una mano, tomando su lanza con la otra. Por cuanto el avance en el frente, había de ser en grupo y a modo de “testudo”; unidos y blandiendo esas picas, para agredir al que se acercaba. Un tipo de lucha muy diferente a la del tirador de venablos o de jabalina; cuyo problema consiste en que cada vez que arroja una azagaya, pierde la punta y el arma. Por cuanto esas lanzas propulsadas, debieron usarse principalmente para cazar; ya que de utilizarse en guerra, podrían caer en manos del enemigo cada vez que se fallaba el tiro.


Continuando con la conferencia de Martín Almagro-Górbea (que resumimos); nos dirá que los primeros ejemplares aparecidos en la Península, son los de La Cueva de la Pastora (en Valencina) y algunos otros hallados en Extremadura. Puntas con lengüeta y del tipo “jabalina”, que se fechan entorno al 2000 a.C. (en imágenes, bajo estas líneas). Aunque, a juicio del referido profesor, realmente las lanzas no comenzaron hasta que la difusión plena del bronce; cuando se creó el sistema de “embutirlas” dentro de una vara. Es decir, logrando que la punta fuera entubada; recubriendo la madera, calzada dentro del metal, fijándola con clavos o pasadores (lo que explicamos en fotos a continuación). Un tipo de arma que se generalizó en el Atlántico desde el 1000 a.C. y que podemos considerar “inventada” entorno al 1200, en Egipto o bien en Oriente Medio. Como un modelo tan perfecto, que siguió fabricándose durante toda la Edad del Hierro; cuando se generalizaron las lanzas, debido al abaratamiento del metal y al sencillo modo de forjarlas en mineral férreo. Un tipo de punta “entubada”, abrazando el asta de madera; vara que a su vez iba protegida con el “regatón”, igualmente encajado en su parte posterior. Fundas para el lado inverso de las lanzas, que han sido hallados junto a sus puntas; al ser muy comunes desde finales de la Edad del Bronce peninsular. Tal como sucedió en el conjunto hallado en la Ría de Huelva, donde se encontraron 75 lanzas y más de 30 regatones (5d) .




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS
: Arriba, trece de las puntas de jabalina, halladas en el dolmen de la Pastora (Valencina de la Concepción); tal como las expone el Museo Arqueológico Nacional (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). En el diseño de estas, puede imaginarse que fueron fundidas para construir un venablo de gran tamaño y resistencia (con el metal bien adherido en la vara, debido a la longitud de su lengüeta). Al lado, vitrina del Museo Arqueológico de Sevilla, tal como se exponía hace años; al que agradecemos nos permita divulgar nuestra foto. En esta observamos: En primer término, a nuestra derecha; quince puntas de lanza más, procedentes del dolmen de La Pastora. Sobre ellas y a nuestra izquierda: Un conjunto de “palmelas” atadas con una banda de oro, halladas en Villaverde del Río (Sevilla); en un enterramiento datado en el III milenio a.C.. En las imágenes podemos diferenciar claramente las puntas de tipo “palmela” (con cobre arsenicado), de las halladas en dolmen de la Pastora; que se fecharían unos mil años más tarde (y contienen un bronce de mayor calidad). Abajo, la misma vitrina, en fotografía sin retocar y mejor.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Dos imágenes del enterramiento de Fuente Olmedo (Valladolid). Al lado, Las puntas de jabalina originales, halladas en este yacimiento; tal como las exponía años atrás el Museo Arqueológico y Provincial de Valladolid (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra fotografía). Abajo, recreación de esa fosa llamada “Perro Alto”, de Fuente Olmedo; expuesta en el Museo Arqueológico Nacional (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). En ella se simula el cuerpo del joven, tal como se halló; junto a varios vasos cerámicos campaniformes, un cuchillo de cobre y once venablos (correspondientes a un igual número de puntas). De las que se supone, servían para componer grandes flechas (o azagayas); normalmente tiradas valiéndose de un propulsor. Aunque, si las desprendemos de sus plumas; quizás pudieran ser jabalinas de caza o de guerra. Inclinándome hacia esta opción, debido al tamaño de sus lanzas. En cuanto al diseño de las puntas, creemos que está en una fase intermedia entre las “palmelas” calcolíticas y las del dolmen de La Pastora. Resultando evidente que las halladas en el Tholos sevillano, de Valencina de la Concepción; son mucho más estiladas y perfectas (conteniendo un bronce de mayor calidad). Mientras en las de Fuente Olmedo se observa un diseño más precario y un metal de peor fundición. Por lo que -quizás- las de La Pastora, debiéramos fecharlas entre el 1800 y el 1600 a.C.; como aseveraba el prof. Almagro Basch (lo que a continuación explicamos); mientras las de Fuente Olmedo pueden considerarse entorno al 2000 a.C..




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Dibujos esquemáticos nuestros, con el diferente tipo de lanzas, durante La Antigüedad. Al lado, las puntas y sus épocas:

-“A”, en forma de hoja (bipartita) más simple con pico de ajuste; tipo palmela.

-“B”, con diseño triangular (tripartita) y lengüeta de ajuste a la vara. Estas dos anteriores, son comunes entre el 4000 y el 2000 a.C.; habiéndose extendido la bipartita “A” en la Península, desde el 2700 a.C..

-“C”, en forma de hoja y con lengüeta ancha y claveteada (bipartita de lengüeta). Se hace común su uso desde el 2000 a.C.; hasta la aparición del tipo “D”, entorno al 1200 a.C..

-“D”, punta entubada. Embucha la vara y en ocasiones se fija con clavos o pasadores. Se extiende desde el 1200 a.C. en Oriente y llega a la Península entorno al 1000 a.C.. Es la que se representa en las Estelas Decoradas del Suroeste.

Abajo, Otro dibujo mío, con los mismos tipos de lanza, sus épocas y el modo de fijarlas en las varas. En esta caso hemos incluido una clasificada como “D”, con una punta en forma triangular (tripartita) y tubo para encajarla. Mientras la “E” se trataría de la más común; en forma de hoja (bipartita) y embuche tubular en la madera.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Ejército de lanceros egipcios. Grupo escultórico propiedad del Museo de El Cairo, al que agradecemos nos permita divulgar la imagen. Recreación hallada en la tumba de Mesheti; fechada entorno al 2000 a.C.. Al lado, el conjunto, donde se observa un tipo de escudo; que parece invertido, aunque quizás adoptan esta posición para desfilar con mayor soltura. Pudiendo hace ver que se trata de un tipo de lucha, donde la zona picuda del escudo serviría como escotadura (cubriendo la cara, posibilitando asomarse por los lados). Lo que indicaría un sistema para protegerse de flechas y avanzar en conjunto; llegando hasta el enemigo, con el fin de clavarle, o arrojar, la lanza. Por lo demás, el grupo es una cuarentena (4 x 10 soldados); que debió actuar a modo de la “centuria” romana. Aunque el corto escudo (que parece de madera) no permitiría la formación en “testudo”; debiendo agacharse, para protegerse. Abajo, imagen ampliada; donde podemos observar -en detalle- que se trata de “puntas con lengüeta (comunes en la Edad de Bronce). Es de destacar que los guerreros carecen de toda protección; lo que quizás supone un “uniforme de ciudad” o para desfilar. Ya que en la guerra, tendrían que ir equipados con petos, casco y espinilleras (tejidos con cuero, hueso y esparto). Este hecho, me hace pensar que el grupo escultórico refiere más una guardia personal (de tipo pretoriana) que a un destacamento militar.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Ejércitos lanceros egipcios. Al lado, grabado publicado en el “Atlas de la Biblia de Fillion” (1883, París). Observamos un destacamento o guardia, armado con lanza; movidos al toque de “corneta” -tal como se hace en el ejército hasta nuestros días-. Seis de ellos, van armados con lanza, hacha y escudo; mientras el último porta un “bastón de mando” o porra. Es decir, representan lo que en nuestros tiempos sería un cabo, mandando una patrulla; guiada por un corneta (tuba egipcia). Al lado, xilografía publicada en Alemania en 1879; reproduciendo un bajorrelieve del templo de Hatsepsut (Deir-el-Bahari); del siglo XV a.C.. En ese caso los soldados parece que llevan casco (aunque pudiera ser peluca); marchando también armados con lanza y hacha. Quizá se trata de una guardia personal, debido a que no están protegidos con petos, ni refuerzos; aunque puede tratarse de una idealización o desfile. Es de destacar, que en este caso la formación supera los diez en fila (lo que señalamos porque el sistema contable y matemático faraónico, era decimal) .



A las ideas expuestas, tomadas de una reciente conferencia pronunciada por el prof. Almagro-Gorbea. Desearíamos añadir algunas frases que escribí en anteriores artículos, tratando sobre la aparición y llegada de las primeras lanzas a nuestras tierras. Refiriendo lo siguiente, acerca de las puntas de venablo halladas en el dolmen de La Pastora (Valencina de la Concepción). Recogiendo estas palabras del prof. Martín de la Cruz (6) : Fueron estudiadas por Almagro (...) que las considera fabricadas en la Península Ibérica, siguiendo prototipos orientales, concretamente de Tell-el-Dweir y Ugarit. Las fecha entre el 1800-1600 ane. (...) Del análisis de sus componentes se destaca la utilización de cobres y cobres arsenicales sin aleación con estaño (...) . Por ello las puntas de jabalina se interpretan como imitación de un modelo foráneo o como aparición de una nueva idea (local) cuya adopción fracasó” (6a) .


Frases, ante las que desearía mencionar un hecho de suma importancia, que concierne al padre del profesor Almagro-Gorbea. Ya que mucho antes de que los análisis metalográficos se perfeccionasen; D. Martín Almagro Basch catalogó perfectamente esas piezas, utilizando tan solo sus conocimientos. Pues los últimos estudios de laboratorio, han determinado exactamente lo mismo que este profesor expresó en 1962 (7) . Dictaminando que estos venablos son piezas fundidas en la Península, partiendo desde otros modelos semejantes, diseñados y fabricados en el Oriente mediterráneo. Aunque quienes últimamente las han analizado, no llegan a conformar su cronología, habida cuenta que el metal no aporta fechas y el único modo de conocerla es aplicando C-14 sobre otros objetos hallados en el mismo estrato y lugar -que las lanzas-. Debido a ello, estos estudios más recientes abren un arco de datación que va desde fines del tercer milenio a comienzos del segundo. Todo lo que me lleva -personalmente- a creer más las fechas y el origen que determinó Almagro Basch; quien las define como prototipos peninsulares, copiados en nuestras tierras entre el 1800 al 1600 a.C.

Continuando con los estudios sobre estos venablos de “La Pastora”. Hace unos diez años, los profesores Mark A. Hunt Ortiz; M. Isabel Martínez Navarrete; Víctor Hurtado Pérez; e Ignacio Montero-Ruiz, presentaron un trabajo titulado: “Procedencia de las puntas de jabalina del Dolmen de la Pastora...(8). Donde los autores presentan un profundo análisis metalográfico de las jabalinas, aportando cuantos datos obtuvieron los más avanzados laboratorios. Añadiendo el modo en que el arqueólogo V. M. Hurtado Pérez, en su tesis doctoral de 1984, llegó a determinadas conclusiones (9) . De tal manera, los profesores Hunt Ortiz, Martínez Navarrete, Hurtado Pérez y Montero- Ruiz; mencionan que algunos investigadores han querido equiparar estas “jabalinas” a otras puntas también coetáneas y aparecidas en diversas áreas peninsulares -como las de Quinta do Anjo (Palmela)-. Escribiendo que así lo hizo “La reciente investigación publicada por M. E. Costa Caramé (2011) incluye este tipo de pieza metálica en su revisión bibliográfica. Se consignan como del tipo La Pastora las puntas de proyectil de la Cueva del Bramadero (Hornachuelos, Córdoba) y las portuguesas de Outeiro de São Bernardo (Moura), Caldeirõa (São Sebastião, Lagos) ( y Casal do Pardo, necrópolis de Palmella (Quinta do Anjo). Además, se ha mencionado una posible punta de jabalina (o punta de lanza) procedente de El Carambolo (Sevilla) y otra punta hallada en el poblado amurallado del Cerro dos Castelos de São Brás (Serpa). Determinando finalmente los autores del estudio que una vez: “Revisados los datos textuales y gráficos de todas esas referencias, solo parece corresponder al tipo La Pastora la punta de proyectil excavada en Outeiro de São Bernardo (Moura, Portugal). Las restantes o son variantes del tipo Palmela o las descripciones no permiten una adscripción clara o, caso de El Carambolo, pueden ser desechadas como puntas de jabalina(10) .


De tal modo, los venablos de Palmela, tienen una tipología diferente y las del Dolmen de La Pastora, que debieran fecharse en época muy posterior y similar a las de Oruteiro (11) . Considerando la datación más probable para esas puntas de lanza -como las halladas en el dolmen sevillano-; finales del tercer milenio y comienzos del segundo (circa 2200 al 1800 a.C.). Es decir, en el ocaso del Campaniforme y en El Argar pleno. De tal manera, Elisa Guerra en La tumba de un príncipe en Fuente Olmedo: un referente para el estudio del campaniforme en tierras vallisoletanas” (12) incluye resumidamente cuanto Delibes de Castro y Martín Valls expusieron acerca de la inhumación. En sus trabajos: “La cultura del Vaso Campaniforme en las campiñas meridionales del Duero: el enterramiento de Fuente Olmedo (Valladolid)”. Y en “El Vaso Campaniforme en la Meseta Norte española” (13) -. Comenzando la profesora Guerra su artículo, con las siguientes palabras: Hace algo más de 4000 años falleció un joven de linaje aristocrático en la localidad vallisoletana de Fuente Olmedo, al sur de la provincia” -Idem (12) -. Todo lo que nos indica que los venablos hallados en esta población castellana, eran del tipo La Pastora; pero nunca podemos asimilarlos a los de Palmela. Ya que estas otras puntas semejantes a las de Quinta do Anjo, pertenecen al calcolítico y debemos fecharlas entre el 2700 y el 2000; en épocas del Vaso Campaniforme y en las del Bronce Temprano o Medio. Mientras las de La Pastora, pertenecen al Bajo Bronce y finales del Campaniforme (más relacionadas con la Cultura de El Argar); próximas al 2000 y el 1800 a.C..




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS
: tres imágenes de las lanzas procedentes de Cisneros, propiedad del Museo Arqueológico. Arriba, lámina publicada por el prof. Germán Delibes de Castro en su opúsculo editado en 1983: “Un conjunto de lanzas de bronce de Cisneros, Palencia” -ver cita (14) -. Agradecemos al prof. Delibes, nos permita divulgar este grabado, con su dibujo de las cinco puntas procedentes de esta población palentina. Donde podemos ver los ejemplares; comprendiendo su tipología y tamaño. Al lado, punta de lanza procedente de Cisneros, que Delibes catalogó con el número 2. Es una pieza pequeña (de unos 66 mm. de longitud) y con encaje a la vara en tubo. Propiedad del Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos nos permita divulgar la fotografía. Abajo, lanza del mismo conjunto, catalogada como 1ª por Delibes. Se trata de un ejemplar de unos 155 mm. de largo, con un ancho máximo de 25 mm. y de fijación tubular. Aunque hemos de observar que su encaje para la una vara y su forma curvada; no se corresponde con los diseños comunes del Bajo Bronce. Siendo un arma “extraña”, que asemeja una pluma o una gran hoja de olivo; con un vaciado interno. Todo lo que la relaciona con líneas ajenas al Final del Bronce y la acerca a los modelos de la Edad del Hierro.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
vitrina del Museo Arqueológico Nacional (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen); donde se exponen las cinco puntas de Cisneros. Al lado, las tres que se consideran de jabalina y no lanzas (numeradas por Delibes como 3,4,5); con un diseño muy cercano a las de la Edad del Hierro. Abajo, las piezas, que numeradas conforme a la clasificación de Delibes. En la foto podemos observar la diferencia de tamaño y diseño en los cinco ejemplares. Destacando que la primera (a la izquierda) está arqueada y parece haber sido fundida hueca. Mientras la segunda (a la derecha) pese a tener un diseño similar a las del Final del Bronce, es muy pequeña. Pues las puntas de esta época, suelen medir el doble (al menos); siendo normal que superen los 150 mm.. Todo lo que hace de este juego de venablos, una panoplia más relacionada con el hierro, que con el bronce; por lo que el prof. Delibes la considera cercana al siglo VIII a.C.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, vitrina del Museo Arqueológico de León, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen. Punta de lanza y puñal, procedentes del Depósito de Valdevimbre; yacimiento de la Edad del Bronce fechado entorno al 1250 a.C.. Se trata de una lanza de tubo; por cuanto si su datación es correcta, podemos afirmar que en el siglo XIII ya se conocía este tipo de puntas, en la Península. Abajo, vitrina del Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen. En ella podemos ver, de izquierda a derecha: Dos puntas de lanza del Bajo Bronce; la mayor procede del pantano de Alarcón (Cuenca) y mide unos 235 mm. de longitud. La pequeña, se halló en Segovia y tiene unos 126 mm. de largo. A su lado, dos regatones (parte trasera de las lanzas) procedentes de la Ría de Huelva y fechados entorno al 1000 a.C.. Finalmente, una palmela de igual datación, que puede tratarse de una punta de venablo o flecha.





JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
vitrina del Museo Arqueológico de León, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen. Al lado, Punta de lanza de gran tamaño, hallada en el cauce del río Esla (Valencia de Don Juan). Abajo, la vitrina entera, donde podemos observar otros enseres de la Edad del Bronce y comprender las grandes dimensiones de esta lanza.









JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
vitrina del Museo Arqueológico de León, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen. Al lado, dos lanzas del Bajo Bronce, una de ellas procedente de Sahagún. Abajo, el expositor completo, donde podemos observarlas junto a otros objetos hallados en zonas cercanas a León; como son: Hachas de talón, de apéndice y de anillas, espadas y varios enseres, procedentes de Lancia, Rebelga, Sabero y etc. En la zona intermedia de la imagen, vemos lo que se considera un cuchillo o puñal, aunque a mi parecer sería una punta de lanza de lengüeta (como explicamos más adelante).









JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, punta de lanza hallada recientemente en la Isla británica de Jersey, datada entre el 1200 y el 1000 a.C..
Se trata de un ejemplar muy estilizado, similar a algunos que aparecen en la Península; de una gran belleza artística. Su fecha mostraría de nuevo que en el siglo XII a.C. ya se conocían esas finas armas en el Atlántico, con engarce tubular. Abajo, vitrina del Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen. En ella se distingue una gran punta de lanza, muy semejante a la que vimos en fotografía anterior (denominadas de tipo atlántico). El bello ejemplar, se fecha entorno al siglo XI a.C. y fue hallado en Embalse de San Esteban del río Sil (entre Lugo y Pontevedra).








JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado,
nuevamente, imagen de la lanza hallada en el Pantano de Alarcón (Cuenca) en su vitrina del MAN. En esta foto la recogemos en detalle, para observar su tipología Atlántica. Mide unos 235 mm. de longitud; siendo de gran tamaño, como normalmente sucede con estos ejemplares fechados entorno al siglo XI a.C. (además de contener una enorme belleza). Abajo, vitrina del Museo Arqueológico de Sevilla (tal como se mostraba años atrás), al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen. Dos puntas de lanza, en las que tan solo se menciona su procedencia onubense (quizás pertenecientes al hallazgo de la Ría). Son de pequeño tamaño; por lo que habríamos de fecharlas más tardías que las largas y esbeltas, de tipo atlántico (como explicamos en el siguiente epígrafe).






JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
vitrina del Museo Arqueológico de León, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen. Al lado, detalle del expositor, con dos lanzas de la Edad del Bronce. Una primera, alargada y de lengüeta que podemos fechar entorno al 1500 a.C.; procedente del castro Villacelama. A su lado (en la zona inferior de la fotografía) una pequeña punta, muy posterior en datación. Abajo, la vitrina completa, donde podemos observar otros enseres de misma época.






JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
vitrina del Museo Arqueológico de León, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen. Al lado, detalle del expositor, donde he marcado con figuras en rojo: Una punta de lanza de lengüeta (rota en su parte posterior) y dos palmelas (procedentes de Villaseca de Sobarriba y Estébanez del Coto). En este caso se trataría de ejemplares muy antiguos; que quizás podríamos fechar entre el 2000 y el 1500 a.C. (las palmelas hacia el 2000 y la punta de lanza entorno al 1500). Abajo, la vitrina completa, con otros enseres de la Edad del Bronce Pleno (hachas planas, alabardas etc).





B-3)- Estudios sobre panoplias de guerreros del bronce y sus conclusiones:

Conforme hemos visto, el problema de las lanzas, sus etapas y sus tipos peninsulares, parece que tiene numerosos problemas. Enigmas que podemos comprender leyendo un estudio del prof. Germán Delibes; publicado en el homenaje al ilustre investigador Almagro Basch (14) . Donde se realiza un minucioso trabajo sobre las cinco puntas del Bajo Bronce, aparecidas en Cisneros; cuya procedencia concreta, realmente se desconoce, ya que fueron compradas por el Museo Arqueológico Nacional -a un coleccionista, en el año 1878-. Ante lo que el Prof. Delibes de Castro, expresa que -a su juicio-, pertenecerían todas a un mismo hallazgo, pero -quizá- a épocas diferentes; pues ve en ellas distintos modelos, formas de engarce a la vara y líneas de hojas. Aunque todas presentan sistema tubular para embucharlas a la madera; pero sin orificios, para clavarlas o fijarlas con pasadores. Clasificándolas Delibes, conforme a su tamaño y diseño, como dos lanzas y tres jabalinas: Una primera, en buen estado, pero a la que le falta el referido tubo; que mide unos 156 mm. de largo. Otra, segunda, que califica de pequeña lanza, con unos 67 mm. de longitud; que igualmente es ojival y que tan solo tiene una pequeña parte de su entubación. A las que suma tres jabalinas (tercera, cuarta y quinta) cuyas hojas son triangulares y cortas; midiendo 35 mm. la tercera y 84 mm. la quinta -ver imágenes anteriores-.


Conforme a su posible datación, comenta el profesor Delibes de Castro que aunque en Europa existan ejemplares tubulares muy antiguos, en nuestro territorio tan solo podríamos remontarnos al siglo XIII a.C. para hallarlas (como sucedió en Valdevimbre, León -ver fotos anteriores-). Pese a ello, estas más antiguas; son largas, muy estilizadas, complejas en su forma y con alerones. Como podemos observar en las fotos sobre este epígafe, donde recogemos un ejemplar británico y varios peninsulares, con ese diseño y época (el de Alarcón, entre otros). Por lo que -para Delibes de Castro- datar las de Cisneros es difícil, ya que este tipo tubular se mantuvo hasta la Edad del Hierro, donde hasta proliferaron forjadas en el nuevo metal (debido a su utilidad y sencillez). Aunque estas del conjunto palentino, se caracterizan por su pequeño tamaño, lo que proporcionaría nuevos datos para fecharlas; al igual que el extraño diseño que contienen (14a) . Por lo que continúa exponiendo el investigador, que las lanzas del Bajo Bronce, fueron gradualmente disminuyendo conforme avanzaba el tiempo; destacando el hecho de que las de la Ría de Huelva eran bastante grandes. Aseverando que los ejemplares en estudio, son demasiado reducidos y tienen el tubo compacto; por lo que deduce que:Ambos atributos -tubo corto y hoja maciza- son propios de las lanzas de la Edad del Hierro y por ello rara vez se documentan en piezas todavía fundidas en bronce (14b) . Lo que le lleva a pensar que se trata de ejemplares muy cercanos al Hierro; algo que también corrobora la forma facetada que presenta una de las jabalinas y que enumera como 5ª. Cuya manufactura se da solo en Italia y durante épocas muy cercanas al comienzo de las armas férreas. Aseverando: “que uno de los ejemplares del conjunto, el n . 5, debe relacionarse por su tubo facetado con determinadas armas itálicas de fines del siglo IX y del VIII a. de J.C.(14c) . Para concluir el prof. Delibes que: “Por todo lo cual creemos que las lanzas férreas y sus imitaciones en bronce del tipo de las de Ocenilla o Cisneros, sólo pudieron fabricarse desde el 700, o todo lo más desde el 725. Son, por lo tanto , exponentes del Primer Hierro mejor que del Bronce Final” (14d) .


Al estudio del prof. Delibes; se suma uno recientemente publicado, donde se analiza otra punta de bronce, también hallada en Cisneros (Palencia). Opúsculo editado en 2021 y firmado por Santiago Alonso Domingo (15) ; donde -en su comienzo- se indica el punto exacto en que fue hallada esa pieza, hace unos años (15a) . Dato, que debemos tener en cuenta, por si se trata del mismo lugar de procedencia del conjunto anterior; compuesto por otros cinco ejemplares. Aunque aquel yacimiento, localizado en el “Pago de la Monja” fue luefo una villa romana y anteriormente había sido un pequeño castro vacceo; donde en prospecciones más profundas, se encontró esta sexta punta de Cisneros. Sobre la que el autor inicia su trabajo resaltando el gran tamaño del ejemplar; indicando un total de 132 mm. de longitud (de los que 39 mm. pertenecen al tubo que encaja en la vara). Teniendo un diseño ojival y con alerones, a lo que hemos de señalar que lleva dos orificios para ser clavada (ensamblada al palo). Para seguir comentando que debemos comparar y unir esta punta -recientemente encontrada- a las cinco que aparecieron hace unos 140 años (en propiedad el MAN, de las que ya hemos tratado en párrafos anteriores). Expresando, que aquellas contienen un diseño y características que llevaron al prof. Delibes a fecharlas entre el 725/700 a.C.. Lo que finalmente se ha corroborado con un análisis metalográfico; ya que por su alto contenido en plomo, podemos afirmar de modo probado, que esas cinco lanzas son muy tardías (pertenecientes a la época en que este investigador las dató, hace más de cuarenta años) (15b) . Aunque la nueva punta aparecida en Cisneros, a juicio de Santiago Alonso Domingo, se trataría de una pieza más antigua y nunca cercana a la Edad del Hierro. Lo que puede comprenderse al compararla con los ejemplares que hemos visto en el MAN, similares a las armas férreas; con un diseño simple y de pequeño tamaño. Concluyendo el autor;nos parece que la lanza de Cisneros puede beneficiarse de las atribuciones culturales y cronológicas planteadas más arriba para la lanza de La Valdavia; es decir, ya no muy lejos del último milenio antes de Cristo (15c) . Todo lo que nos lleva a comprender -nuevamente- que los ejemplares mas grandes y en los que aparecen alerones, son de finales del Bronce. Perteneciendo al círculo atlántico y debiendo fecharse antes, aquellas con un diseño bello y complejo. Expresando una mayor antigüedad los ejemplares en que las puntas de bronce se han fundido como verdaderas esculturas. Mientras los ejemplares sencillos y pequeños; indican su proximidad a la Edad de Hierro. Datos que nos servirán para determinar fechas y tipología de las lanzas que figuran en las Estelas Decoradas del Suroeste. Donde veremos piezas de gran tamaño, con hojas nervadas y líneas que nos recuerdan a las del Bronce Final (no tanto a las de comienzos del Hierro).




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS
: Arriba, dos ejemplos de puntas de lanza con lengüeta; que podemos fechar a mediados del II milenio a.C.. Tal como hemos ido exponiendo; las más antiguas fueron las jabalinas -o venablos- con palmelas en sus extremos (del 2700 al 1600 a.C.). Tras ellas, aparecerían en nuestra Península las puntas de lengüeta; que vemos en imágenes. Curiosamente, las piezas de este tipo, se han hallado principalmente en el área atlántica Norte; apareciendo ejemplares en Orense, Pontevedra y León (junto a grandes yacimientos de oro). En fotomontaje, tenemos ejemplares del Museo de Orense, al que agradecemos nos permita divulgarlo. Al lado, detalle de la lengüeta con orificios, para fijar el metal a la vara; por medio de pasadores o clavos. Abajo, dos lanzas de lengüeta, fechadas entorno al 1500 a.C.; procedentes de Villacelama (propiedad del Museo Arqueológico de León, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra foto).





JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, lanza del Bronce, hallada en Padilla de Abajo,
propiedad del Museo Arqueológico Nacional (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). Este conjunto se halló en Padilla, de Burgos; sita en el límite entre esta provincia y la de Palencia (camino del Cantábrico). El modelo de su punta (flameada y romboidal) recuerda también algunos tipos atlánticos. Lo que se debería a la unión de esta zona burgalesa con el mar y el Pirineo, como zona de paso y entrada a la Península. A los interesados en la conexión entre la metalurgia atlántica y los yacimientos de Cogotas I; expresados en los hallazgos de zonas como Burgos. Recomendamos leer el estudio en cita (16) . Abajo, lanzas foliáceas y con nervio central, de menor tamaño y tipología tardía (más cercana al siglo IX a.C.). Son dos ejemplares procedentes del hallazgo de la Ría de Huelva, propiedad del Museo Arqueológico Nacional (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). Su modelo lo veremos repetido en varias piezas, dispersas por toda la Península; relacionadas con el Bronce Final y comienzos del Hierro. Al ser tardías, carecen de complejidad; son más macizas que las anteriores y se asemejan a las que se forjarán en hierro, varios siglos más tarde.



Para comprender las panoplias de guerrero que se representan en las Estelas Decoradas; es fundamental estudiar los ajuares coetáneos hallados. Aunque -tristemente- han sido muy pocos los enterramientos encontrados, pertenecientes al final del Bronce; y menos los que contenían armas. Pues, estas espadas, puñales y puntas de venablos, fechadas antes del Hierro (siglos XII al IX a.C.); se suelen hallar en lechos fluviales, fondos de lagos o han aparecido de un modo casual (sin otro contexto de época). Pese a ello y por fortuna, existen algunos ajuares completos, unidos a su enterramiento; donde se han podido estudiar los restos del inhumado y los enseres que le acompañaban (cerámicos o de metal). Siendo de gran interés, las conclusiones que se obtuvieron en el famoso depósito de armas de Lanzahita (Ávila); estudiado recientemente por el prof. Alfredo Mederos (17) . Panoplia compuesta por una espada del tipo Vilar Maior, dos puntas de lanza y un puñal; muy similares a los de Huerta de Arriba (Burgos) -ver imágenes bajo estos párrafos-. Donde podemos apreciar que sus dos puntas de lanza son tubulares y con alerones; midiendo 152 mm. la única que se halló en buen estado (porque la otra está partida y solo se conservan 8 ctms. de ella). Diciéndonos el prof. Mederos que: En ambas piezas, las dimensiones reducidas del tubo del enmangue, antes de empezar los alerones, las distinguen de los modelos de puntas de lanza más arcaicos. Desde nuestro punto de vista, el paralelo más cercano al ejemplar más completo del depósito de Lanzahíta corresponde a la única punta de lanza del conjunto de Huerta de Arriba(16a) . Fechando el autor el conjunto en Bronce Final Atlántico; describiendo algunas características de los venablos coetáneos a esta época, cuya zona de engarce a la vara (tubular) parece que es de menor tamaño -quizás, para ahorrar metal al fundirlas- (17b) .


Siendo interesante lo que el D.Alfredo Mederos expresa acerca del posible significado del conjunto (desde el punto de vista idiotécnico, sociotécnico y tecnómico). Cuyas palabras recojo en cita (17c) y que resumo a continuación: El depósito de Lanzahíta destaca por constituir uno de los primeros conjuntos interpretables (...) del Bronce Final en la Península Ibérica (...) La costumbre de depositar panoplias personales metálicas fuera del ámbito funerario se establece en Europa central en un momento de transición del Bronce Inicial al Bronce Medio, o sea a mediados del segundo milenio, pero sólo aparece más frecuentemente a partir de su último cuarto. Sobre el posible significado de tales ajuares personales en el Bronce Nórdico se ha especulado (…) la motivación de su ocultación estaba en que los elementos depositadas en la tierra por una persona estarían disponibles en la otra vida una vez muerto (...) Al estar rotas las armas, podría cuestionarse un posible uso en la otra vida de la panoplia del guerrero (...) el fenómeno de la fragmentación intencional y deposición parcial de objetos metálicos surgió en la misma transición del Bronce Inicial al Bronce Medio centroeuropeo (...) se extiende hacia la fachada atlántica sólo con la expansión de los Campos de Urnas en el último cuarto del segundo milenio”. Las frases anteriormente recogidas, explicarían el sentido social y místico que pudo llevar enterrar a los guerreros, con su ajuar bélico. Pero también, la difusión de esta costumbre por Europa y su expansión por el atlántico Oeste. Llegando a nuestras tierras, a manos quienes trajeron los Campos de Urnas. Venidos en dos oleadas diferentes y entrando en la Península por vez primera primera, entorno al siglo X a.C.; procedentes de lugares próximos a Hallsttat (a través del contacto oceánico). Mientras una segunda llegada comenzaría en el siglo VII a.C. -aproximadamente- ; tratándose de migraciones terrestres, realizadas por tribus y pueblos celtas (cruzando el Pirineo). Por lo que debemos considerar que el armamento y sus ritos funerarios, tuvieron durante el Bajo Bronce peninsular; un sentido muy similar al que mantuvo en la Edad del Hierro. Considerando las espadas, lanzas o puñales; parte de la vida y el alma del que luchó con ellas. Tal como se comprende en las Sociedades feudales guerreras, donde las armas se entienden unidas al cuerpo y al espíritu del militar (tal como sucedía en el Japón de los Samurais).




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Arriba, tres lanzas tubulares, de tipo atlántico; con diseño foliáceo, ovoide y nervio central. Dos de ellas, aparecieron en la Ría de Huelva y son propiedad del Museo Arqueológico Nacional (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). Mientras la primera, a nuestra izquierda, es propiedad del Museo Arqueológico y Provincial de Cantabria (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen); desconociéndose su procedencia. Se trata de puntas con un gran tamaño, que normalmente superan los 20 centímetros; fundidas con gran arte y una bella línea -cuyas proporciones de estaño podemos comprender en cita (16) -. Todo lo que muestra que eran un objeto de prestigio, además de un arma. Aunque posteriormente, a fines del bronce y en las proximidades del Hierro; las lanzas se simplificaron. Lo que significaría que pasaron a ser utilizadas de un modo más común y por individuos menos importantes; convirtiéndose en un objeto de guerra y no tanto en un símbolo. Aunque en las Islas Británicas y en tierras de Francia, durante el final del Bronce; hubieron de mantener un gran sentido de prestigio, por lo que se fundían como obras de arte. Al lado, lanza de tipo británico y gran belleza, también hallada en la Ría de Huelva, propiedad del Museo Arqueológico Nacional (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). En este caso, se trata de un modelo muy artístico, quizás inspirado en la fauna marina (con aletas y espinas de peces ). Lo que nos hace comprender que no solo fueron armas, sino también, objetos de prestigio. Debiendo fecharse esta de la Ría de Huelva entorno al siglo XII a.C.; tal como se hace con las piezas similares, aparecidas en tierras de Francia o Inglaterra. Abajo, tres lanzas procedentes también del hallazgo de la Ría de Huelva, propiedad del Museo Arqueológico Nacional (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). De nuevo, su línea y diseño deja ver un elegante estilismo; lo que nos lleva a pensar en su relación con los modelos atlánticos y su datación anterior al 1000 a.C..




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, lanza hallada recientemente; propiedad del Museo de Gales (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). Fechada en el 1000 a.C., es un tipo que también aparece en la Península; como vemos en la imagen siguiente. Abajo, dos lanzas tubulares, con forma foliácea oval y nervio central. Son ejemplares más sencillos que las anteriores; aunque por su gran tamaño y diseño en hoja de olivo, podemos considerarlos cercanos al 1000 a.C. (igual que la de Gales). A nuestra derecha, una pieza que pertenece al Museo Arqueológico de León (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). A la izquierda, una punta muy parecida, propiedad del Museo Arqueológico Nacional (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen).



B-4)- Final:


Por cuanto hemos expresado, podemos concluir que las primeras puntas de metal aparecieron en la Península entorno al 2700 a.C.; debiendo adscribir su origen y primeros ejemplares, en la zona de Palmela. Siendo estas, muy simples; fabricadas primero con cobre y fundidas en forma de hoja de roble, con una lengüeta para clavarse en la vara (palmelas). Pudiendo considerarse que los venablos más primitivos, de ese tipo; no serían lanzas -propiamente dichas- y se utilizarían principalmente como grandes flechas (azagayas). Por su parte, casi un milenio tarde, aparecen en la Península otras puntas más sofisticadas y de mejor calidad. Unas de tipo Fuente Olmedo, que debemos fechar entre el 2000 y el 1800 a.C.; mientras las halladas en el dolmen de La Pastora, serían del 1800 al 1600 a.C.. Pese a ello, todavía no hablamos propiamente de lanzas; sino de jabalinas o grandes flechas (azagayas, que se tiraban valiéndose de un propulsor). Pudiendo considerarse lanzas, tan solo las que tenían una gran punta de metal engarzada a una vara (a través de una lengüeta o bien entubadas en la madera). Llegando el modelo con lengüeta a nuestras tierras, entorno al 1500 a.C.; como muestran los hallazgos de Villacelama, León (ver imágenes anteriores) o los de Orense (en fotos más abajo). Apareciendo en nuestras la península el tipo tubular (de punta embuchada a la vara) entorno a los siglos XII al X a.C.. Cuyos ejemplares más antiguos fueron fundidos con gran destreza y tamaño; dándoles forma hoja, aletas, nervios centrales y líneas de bello estilo. Siendo este el tipo el que veremos representado en las primeras Estelas Decoradas del Suroeste. Cuyos ejemplos más antiguos y básicos representan un escudo, con una destacada lanza en su parte superior y una espada en la inferior. Todo lo que nos obliga a fechar estas losas después del 1000 a.C.; al menos dos siglos antes de que hicieran su aparición en la Península los primeros expedicionarios armados con hierro. Asimismo, sabemos que las lanzas de finales del Bronce y cercanas al Hierro (entorno al siglo VIII a.C.); se caracterizaron por ser más pequeñas y simples. Quizás al haberse fabricado ya como un simple objeto de uso; sin el notorio significado de prestigio que hubieron de tener sus predecesoras. Tanta fue su simplificación, que posteriormente esos modelos se copiarán forjados en hierro; a la vez que algunos tipos férreos se funden en bronce (durante el periodo intermedio entre ambos metales). Por cuanto las lanzas que veremos en las Estelas Decoradas talladas desde el siglo IX al VII a.C.; habrían de tener una punta más sencilla y de menor tamaño. Es decir, podríamos fechar las Losas del Suroeste conforme al tamaño y diseño de sus lanzas. Pues si estas son grandes y en forma de hoja, estaríamos hablando de armas del siglo X a.C.; mientras si vemos figuradas puntas pequeñas y triangulares, su diseño y época se acercaría a la Edad del Hierro.




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes de la vitrina del MAN (al que agradecemos nos permita divulgarlas), donde se exhibe gran parte del hallazgo de la Ría de Huelva; fechado entre el 1000 y el 850 a.C.. Arriba, el expositor, tal como lo podemos ver. Al lado, foto donde he marcado algunas de las lanzas; señalándolas en rojo. Abajo, gran parte del expositor con piezas procedentes de la Ría de Huelva, en el Museo Arqueológico Nacional.








JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, lanza y palmela halladas en el depósito del Bronce, de Padilla de Abajo (Burgos); tal como lo muestra el MAN (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Abajo, el conjunto entero, expuesto en el Museo Arqueológico Nacional. En primer término, unos brazaletes (torques); tras ellos, un hacha de anillas y a su lado, la punta de lanza que antes hemos visto en B/N junto a una palmela. Como dijimos, su tipología de punta (foliada, con nervio en el centro y romboidal) nos lleva a fecharla entorno a los siglos IX al VIII a.C..





JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Vitrina del Museo Arqueológico Nacional (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen), donde se exponen piezas del Bajo Bronce, halladas en las aguas. Al lado, lanzas de la Ría de Huelva, junto a sus regatones (fundas traseras) y varias palmelas. Abajo, el mismo expositor, donde también se contienen puñales de igual época y procedencia. Observemos que entre las puntas de lanza, en primer lugar se halla la de tipo británico, con aletas abiertas y diseño en espina de pez (antes estudiadas, como tipos de mayor antigüedad y enorme belleza). Considerándose su regatón la pieza que hay a su lado (de gran tamaño y forma cónica); pieza que recubría la parte de atrás de la vara, permitiendo clavarla en el terreno. Todo ello, hace evidente que este ejemplar se trataba de un objeto ritual, a más de un arma.





JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Ajuar del depósito de Lanzahita, que hemos estudiado anteriormente. Tal como lo expone el Museo Arqueológico de Ávila, al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes. Al lado, las dos puntas de lanza, de tipo atlántico. Abajo, el conjunto compuesto por una espada (rota), dos lanzas y un puñal de lengüeta. En este caso, el hallazgo se relaciona plenamente con lo que veremos representado en las Estelas del Suroeste (principalmente en las Básicas).








C)- LANZAS, JABALINAS Y PICAS; EN LAS ESTELAS DEL SUROESTE:

C-1) El lancero y la caballería:

Al analizar las Losas Decoradas Suroccidentales, llama la atención las innumerables lanzas representadas en ellas. Arma, que junto a la espada, prolifera en estas lajas del círculo atlántico; figurando unidas comúnmente al escudo. Panoplia de guerrero, que -a mi juicio- puede llevarnos a deducir un tipo de lucha; valiéndose de esos elementos bélicos. Mostrando -a mi juicio- el uso de lanzas; un nuevo aspecto bélico. Tal como sería la posible existencia y desarrollo, de una caballería organizada. Batallas donde el jinete atacaba valiéndose de este gran venablo (pica o jabalina); arrojándola con gran fuerza gracias a la inercia del galope, logrando así causar enormes daños al enemigo. Pero también podría utilizarla a modo de lanza y sin necesitar desprenderse del arma; pudiendo mantenerla en la mano, tras cada golpe. Un tipo de lucha que supone guerrear a caballo, acercándose tanto como pudieran al contrario; lo que solo permite un enfrentamiento entre jinetes. Pues intentar lancear soldados a pie, supone un tremendo riesgo para la cabalgadura, que puede ser desjarretada o picada, por los que están en tierra. Todo lo que implica un perfecto adiestramiento del caballo, para esquivar las agresiones de los contrarios y lograr acercarse a ellos, con el fin de lancearlos. De ese modo, debemos suponer que los jinetes que luchaban pica en mano; eran diestros caballistas, capaces de evitar al enemigo en todas sus avanzadas (tal como actualmente sucede con los rejoneadores, cuyo dominio del equino resultaría inimaginable si no lo viéramos en las plazas).


Por su parte, las batallas lanza en mano y sin caballo; debieron hacerse por una infantería muy preparada. Entrando en un cuerpo a cuerpo, tras marcar unas distancias necesarias en el frente. Pues si los soldados de a pie arrojan sus venablos, no conseguirían una gran fuerza destructiva, pero perderían la pica. Mientras el que la recibe; podría esquivarla, logrando hacerse con ella para reutilizarla. Debido a lo expuesto, una lanza fallida se convierte en arma del enemigo; quedando en poder del otro bando. Un hecho que obligó a diseñar el famoso “pilum” romano; cuya punta era frágil y delgada, para que se doblase al caer (impidiendo usarla de nuevo). Todo lo que suponía que las formaciones de lanceros, debían estar perfectamente organizadas y ensayadas; algo que no parece lógico pensar que sucediera en Sociedades como las ibéricas anteriores a Roma. Donde las batallas parece que eran el arte de la improvisación y de la emboscada; tal como dictan las fuentes antiguas. Por cuanto, los íberos y las gentes peninsulares antes de ser conquistadas por los cartagineses y romanos; debieron luchar de un modo anárquico, individual y sin gran estrategia militar Debido a lo que usarían la lanza principalmente sobre el caballo; aunque también batallarían lanzando jabalinas y azagayas (tanto como flechas y piedras).


De tal modo -como hemos expuesto- miles de años atrás, habría dos modos de guerrear con las lanzas. Una, como jinete; hiriendo directamente con la gran pica o tirando puntas de jabalina y venablos; aprovechando la fuerza del galope. Mientras la segunda, era luchar con ellas a pie, ayudado por el escudo y en grupos de lanceros (infantes). Pues los jinetes solo solían descabalgar; cuando veían peligrar la victoria, usando su lanza, ayudados por escudo y espada. Debido a lo que expresamos, las batallas con pica y a pie, debieron estar protagonizadas por ejércitos de lanceros muy especializados; quienes protegidos con escudo, abrirían el frente a quienes les seguían. Es decir, compondrían una primera línea, con el fin de parar el avance de la caballería enemiga, usando esas puntas (protegidos con las égidas). Usando en sus enfrentamientos varias armas; pues las representaciones halladas en Egipto Antiguo y en otras culturas milenarias, evidencian que los lanceros estaban también armados con espada (o hacha). Lo que supone que debían utilizarlas en el “cuerpo a cuerpo”, tras haber perdido sus varas con punta. Es decir; las lanzas serían usadas en un primer contacto, aunque se extraviarían (en gran número) en el campo de batalla; siendo sustituidas por otras armas más incisivas (hachas o espadas). Todo lo que supone un nivel táctico y una capacidad militar muy organizada; lo que no creemos se daba en la Iberia prerromana (menos a finales del Bronce).


Lo anteriormente expresado, precisa un tipo de ejército preparado y unas tácticas militares muy sofisticadas. Por cuanto, si tenemos en cuenta que en las Estelas del Suroeste, aparecen como principales elementos, el escudo, la espada y las lanzas. Podemos afirmar que ello implica la existencia de lanceros relativamente organizados, además de una caballería formada por guerreros principales. Donde el jinete podría portar sobre la cabalgadura, el escudo y la espada; mientras empuñaba su pica. Por su parte, debemos deducir, que esos guerreros a caballo también llevarían arco y flechas; disparándolas primero y a distancia, antes de emprender una confrontación directa. Usando más tarde la lanza; y finalmente, luchando a espada y escudo (cuerpo a cuerpo) tras descabalgar. En lo que se refiere a los infantes (soldados comunes y a pie); utilizarían la lanza como medio para avanzar y dar un primer golpe al oponente. Marchando con ella en una mano y el escudo en la otra; acercándose al enemigo hasta llegar a una longitud que le permitiese usarlas con certeza. Aunque, finalmente, se verían obligados a luchar con hacha o espada; protegiéndose con la égida (en un cuerpo a cuerpo). Lo que nos lleva a unas tácticas de organización complejas; donde es obligado el entrenamiento y la coordinación entre caballería e infantería. Pese a que los enfrentamientos fueran casuales o por sorpresa; pues de no estar bien ensayados, el enemigo podría causar tantas bajas como la falta de pericia y control. Todo lo que implica la existencia de una clase militar, en tiempos de las Estelas del Suroeste. Culminada por una élite guerrera, seguramente de tipo feudal y con la “devotio” como ley de fidelidad al señor (tal como sucedía en el Japón antiguo; donde el samurai debía auto inmolarse, antes que rendirse o dejarse apresar por el enemigo).




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS
: Arriba, Estela Alentejana de Assento; fechada entre los siglos XVII al XII a.C. (propiedad del Museo Provincial y Arqueológico de Beja, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra foto). En ella se representan infinidad de enseres y armas (incluidas gubias, azadas y cinceles); pero no escudos, ni lanzas. Lo mismo sucede en el resto de las Losas de El Alentejo; carentes de estas dos figuras. Un hecho comprobado que me lleva a una serie de conclusiones; que desarrollaremos y expondremos a continuación. Al lado, detalle de la parte superior de la Estela de Brozas, en el Museo Provincial y Arqueológico de Cáceres (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra foto). Presenta en la zona superior una gran lanza; cuya punta en forma de hoja abierta, hablaría de un diseño atlántico del Bronce final (foliácea y con nervadura). Abajo, Estelas del Carneril de La Ramira (Trujillo) y de Brozas; en el Museo Provincial y Arqueológico de Cáceres (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra foto). Ambas son losas de tipo “básico”; conteniendo en sus bajorrelieves: Escudo, espada y lanza.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, detalle de la lanza representada en la Estela del Carneril de La Ramira (Trujillo). También contiene el diseño de una gran hoja (pareciendo foliácea y con nervio central); lo que sugiere un estilo de tipo atlántico. Abajo, Estelas Básicas de Robledillo 1 (derecha) y de Ibahernando (izquierda); en el Museo Provincial y Arqueológico de Cáceres (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra foto).






JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, detalle de la lanza representada en la Estela de Robledillo 1 (Cáceres). Del mismo modo, vemos una gran punta con forma ojival y triangular; de tipología que mucho recuerda a las puntas atlánticas del Bronce final (foliácea y con nervadura). Abajo, Estelas de Robledillo 2 y de Zarza de Montánchez;
en el Museo Provincial y Arqueológico de Cáceres (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra foto).







JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, detalle del escudo y lanza representada en la Estela de Santa Ana de Trujillo. Contiene asimismo una punta de gran tamaño, que recuerda a las atlánticas del Bronce final. Abajo, Estelas de Santa Ana (izquierda) y de Ibahernando (derecha); en el Museo Provincial y Arqueológico de Cáceres -al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-.








C-2) Lanzas en las Estelas Básicas (sin otros elementos de prestigio):

Como hemos expuesto repetidamente, el prof. Sebastián Celestino clasificó las Losas Decoradas del Suroeste -decenios atrás-; catalogando como primeras y más sencillas, a las que llamó “básicas”. Lajas donde no se representaban seres humanos, animales, ni objetos complejos (como carros); sino, principalmente escudos y armas. Distinguiendo entre ellas, unas de tipo más simples, a las que denominó “Básico A”. Ejemplares donde tan solo veremos: Escudo, lanza y espada; que según este investigador, se originaron en las inmediaciones de la Sierra de Gata -ver cita (4) -. Por cuanto, dada su simplicidad y diseño; se consideran las más antiguas; lo que llevaría a datarlas entre los siglos XI al IX a.C.. Un hecho que explicaría la tipología de sus lanzas; pudiendo clasificarse entre los ejemplares más antiguos del Bronce final. Lo que podemos constatar en los bajorrelieves de esas Estelas, debido que este arma es muy sencilla de plasmar y lograron representarla de un modo bastante fidedigno. Figurando en los grabados, puntas de tipo tubular y atlántico; muy parecidas a las halladas en los yacimientos coetáneos a las Estelas (sobre los que tanto hemos hablado anteriormente).


En lo que se refiere a las Estelas Alentejanas (fechadas entre el 1600 y el 1200 a.C.) ; repetimos que nunca representan lanzas, ni escudos. Pese a que las picas y jabalinas, son las armas más antiguas y simples. Por cuanto, ante la ausencia de ellas en las lápidas de El Alentejo, podríamos llegar a ciertas conclusiones. Entre las que -a mi juicio- podría estar la inexistencia del caballo de guerra, en época de esas losas portuguesas. Una falta de cabalgaduras, que harían considerar las picas y jabalinas, armas poco útiles o “innobles” (identificándolas con la caza y no con la guerra). Tal como sucedía en el Japón antiguo, donde la lucha se producía cuerpo a cuerpo (de espadachines samurais); quienes se enfrentaban con las katanas, en el luchas personales. Denotando esas lápidas del Alentejo (sin escudos ni lanzas) un tipo de sociedades o grupos, de carácter muy feudal; con una casta militar impermeable y quizá endogámica. Pudiendo sugerir también, la ausencia de picas en esas lápidas; que hasta el siglo XII a.C. no se batalló sobre cabalgadura (al menos, en ese área del Suroeste peninsular). Donde comienzan a representar lanzas y escudos, hacia los siglos XII y X a.C.; haciéndolo de un modo incondicional y como principales atributos militares. Estando presentes esos dos objetos bélicos, en todas las losas que Sebastián Celestino llamó “Básicas”; donde figuran de un modo repetido las espadas, lanzas y escudos. Siendo posible pensar que en este momento habría llegado la caballería a nuestras tierras (al menos, como sistema de lucha). Convirtiendo las jabalinas y picas, en elementos de gran utilidad; ya que en un ejército a pie, ese arma es de poca eficacia y gran riesgo (debido a que cae en poder del enemigo, cada vez que se arroja). Valiéndose comúnmente las formaciones sin jinetes, de flechas y venablos; pero no de lanzas. Pues los lanceros no solo precisaban de una gran organización, sino también de enormes protecciones. Ya que para avanzar en el frente, a golpe de pica; se hace necesario ir cubierto, con casco, coraza, peto y hasta espinilleras. Evitando así “la lluvia” de flechas y proyectiles arrojados por el enemigo; logrando llegar hasta el contrario, solo bien protegido y arropándose en formaciones como “la tortuga” romana (testudo que no dejaba pasar los venablos contrarios). Ello, nos llevaría a aseverar que -quizá- la lucha a caballo en nuestras tierras, comenzó en la Edad del Hierro y a finales del Bronce. Cuando aparecieron las primeras Estelas del Suroeste, llamadas Básicas. Mientras aquellos que tallaron las Alentejanas (entre los siglos XVI al XII a.C.) se enfrentaban a pie; en batallas protagonizadas por una casta cerrada y de tipo feudal (como los samurais). Sin participación del pueblo o de mercenarios; a quienes era común armarles con lanzas, por ser estas las armas más simples y baratas (con menos metal y muy sencillas de fabricar).




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS
: Tres monedas prerromanas, de la “serie del jinete ibérico”. A mi juicio, escenas como estas, demuestran la importancia de la caballería y del guerrero armado de lanza, en la Península. Arriba, denario de plata de BOLSKAN; ceca identificada con Huesca. Al lado, semis de cobre, también de BOLSKAN. Abajo, cobre representando la misma figura del jinete con lanza; acuñado en KAISKATA (Cascante, Navarra).







JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
otros dos ejemplos de esta serie numismática de tipo ibérico; donde podemos ver un guerrero con lanza de gran longitud. Al lado, semis de KOLOUNIOKU (Cluina, Coruña del Conde; Burgos). Abajo, denario de AREKORATAS (Ágreda, Soria)







JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
La misma serie, acuñada en otras cecas. Al lado, de SEKOBIRIKES en Segóbriga (Saelices, Cuenca). Abajo, el jinete ibérico en una moneda de SEKOTIAS (identificada con Sigüenza, en Guadalajara). Hemos de destacar que los caballistas portan una vara de gran longitud, lo que nos sugiere picas de mayoral y no solo usadas en la guerra.







C-3) Lanzas en las Estelas del Suroeste (caballistas en Iberia):

En imágenes anteriores, hemos visto numerosas cecas celtibéricas, que contienen acuñada “la serie del jinete” (armado con lanza); imagen que aparece en la mayoría de las monedas, durante esta primera época numismática peninsular. Lo que evidencia la importancia de este tipo de guerreros, durante la etapa ibérica prerromana. Un hecho, perfectamente comprensible, en un territorio pedregoso, montañoso y pleno de estepas; como es la mitad Norte de nuestra geografía hispana. Pero -asimismo- con grandes llanos y valles, que conforman la mayor parte de Andalucía y de La Mancha. Terrenos que propiciaban la crianza de ganado (bovino y ovino) a cielo abierto. Por lo que -a mi juicio- en épocas muy antiguas, el militar de Iberia no solo cumpliría una función como guardián del grupo o de la urbe; debiendo además vigilar las reses de posibles cuatreros. Protegiendo y guiando las manadas; principalmente las vacunas, por el gran valor que entonces tenían. Tanto, que la pecunia (o dinero) es voz que procede de “pecus”; animales o cabezas de ganado. Lo que explicaría la organización y el sistema económico de tribus, como los vettones; extendidos entre la Lusitania y las gentes celtibéricas de la Meseta y La Macha. Dedicados a la trashumancia y a la guerra; siendo famosos por su ferocidad y por figuras como Viriato (general y pastor). Durante un tiempo en que gran parte de las reses se conservaban en estado semi salvaje y en libertad; de ello, la existencia del toro de lidia en nuestros días. Precisando que el pastor de bóvidos (boyero), dominase la equitación y el uso de la lanza o vara; para dirigir y derribar (acosando) a esos bravos animales. Medios con los que se gobierna la vacada, conservados hasta la actualidad; donde se mantienen esos jinetes ayudados de varas, que dominan toros en campo abierto. Un uso y entrenamiento, que sería de enorme utilidad en la guerra; pudiendo cumplir el guerrero con esas funciones, primordiales para la subsistencia de las Sociedades prerromanas en nuestras tierras. Siendo mayoral y Boyero, a la vez que caballista y lancero.


De este modo, comprendemos que los caballistas ibéricos (diestros jinetes, armados con lanza) no solo eran soldados; sino -asimismo- actuaban como criadores de ganado. Pudiendo ganarse la vida de ese modo, en tiempos de paz; a través de un oficio que les reportaría pingües beneficios. Todo lo que explica la importancia del caballo, el toro y el jinete; en la Iberia prerromana. Una tierra, donde se ha conservado hasta hoy la tradición del pastor de vacadas, capaz de gobernar y dominar cualquier res bovina (por muy fiera que sea). Para lo que se necesita una enorme destreza en la monta y una compleja doma del equino; unida al dominio del manejo de la lanza (o vara). Trabajo y labor de boyero, que les serviría como entrenamiento diario para la guerra; logrando una coordinación plena con el caballo, hasta que hombre y animal, eran uno mismo. Pero, a su vez; aprendiendo el arte de dominar la lanza; conociendo el modo de esquivar el peligro sobre el equino, tanto como el uso de la vara y de las picas. Un arte que aún se practica en la Península ibérica, a mi juicio, como tradición heredada desde los tiempos más remotos. Aunque, tras la llegada de Roma y con la expansión de los ejércitos organizados (en cohortes con grupos comandados); los jinetes individuales irían desapareciendo. Pasando a convertirse en líneas de caballería; pese a que este tipo de lucha ecuestre, no se hizo tan común en el Imperio (debido al coste del mantenimiento de equinos, su doma y etc.). Lo que llevaría al olvido de ese modo de guerrear, usado durante siglos, por los pobladores de Iberia; de los que sabemos, lanzaban ataques por sorpresa con emboscadas a caballo. De este modo, por cuanto exponemos, se explica -en gran parte- el razonamiento desarrollado durante el epígrafe anterior; donde considerábamos que la aparición de las lanzas en las Estelas, significaba el comienzo de la monta del equino. Por lo que las figuras del escudo, la espada y la pica; era la señal de un tipo de milicia, armada con esos elementos y a caballo. Hechos que también nos llevan a entender la importancia de este animal, entre los tartessos, los lusitanos o los celtíberos; famosos por sus magníficos equinos, de los que da cuenta Estrabón (junto a numerosas fuentes clásicas).




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes del rejoneador Diego Ventura, tomadas en la Plaza de Toros de Valladolid. En ellas, podemos apreciar la dificultad y el arte de doma que se precisa, para dominar un toro, a caballo. A mi juicio, el dominio de la cabalgadura y las fórmulas para desarrollar técnicas como el acoso, el derribo o el rejoneo; procederían de las labores que los boyeros realizaban en Iberia, desde los tiempos más remotos. Valiéndose de largas varas y lanzas, con las que dominar las reses en campo abierto (por muy salvajes que fueran).







JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Otras imágenes del rejoneador Diego Ventura, tomadas en la Plaza de Toros de Valladolid. Ante la profusión de lanzas figuradas en las Estelas Decoradas del Suroreste, hemos deducido el posible desarrollo coetáneo de una caballería; usando estas picas como armas. Ya que lanceros y caballeros, parece que son dos hechos bélicos históricamente unidos.








Para terminar el epígrafe y capítulo de hoy; añadiremos algunos datos más, aportados por grandes investigadores, donde nos dan una importante información sobre esas lanzas representadas en Estelas del Suroeste. Comenzando por las publicadas hace más de veinte años, por Sebastián Celestino Pérez. Que en su libro “Estelas de Guerrero y...” (18) , anota como la lanza está presente en todas las Estelas de las zonas que él catalogó como I y II. Refiriéndose a la Sierra de Gata, área de Trujillo y valle del Tajo (llegando hasta Talavera). Donde se hallaron los primeros ejemplares, que él denominó “básicos”; en los que se representan siempre estas puntas (con hoja ancha y engarzadas a una larga vara). Destacando el autor algunas estelas, como la de Robledillo y Torrejón el Rubio 1; en las que llega a ver su diseño tubular con nervadura central -consultar imágenes posteriores-. Hablando -asimismo- Sebastián Celestino, de la primera estela que se halló y documentó; aparecida en Solana de Cabañas. Cuyo trabajo en bajorrelieve es magistral y deja ver una punta que parece foliácea y con nervadura (del tipo atlántico, final del Bronce) -tal como podemos apreciar en fotografía, más abajo-.


En el mencionado libro “Estelas de guerrero y...”, continúa el prof. de Celestino, informando sobre un curioso hecho; observado por él en las piezas pertenecientes a la cuenca del Guadiana. Donde tan solo dos cuartas partes de las losas contienen lanzas; siendo representadas como puntas de hoja ancha. Entre las que destaca la de Cabeza de Buey I; que ofrece de nuevo un diseño con nervio central (pareciendo foliáceo, semejante a la de Solana). Mientras, el resto de los ejemplares adscritos al Guadiana, apenas tienen tipologías reconocibles; debido a su tosca (o simple) talla. Siendo de gran importancia otro dato que aporta el investigador, cuando expresa que en el Valle del Guadalquivir las lanzas aparecen en menos de la mitad de las losas. Todo lo que, a mi juicio, haría ver una progresión cronológica; denotando la desaparición de este arma en zonas donde desde el siglo IX a.C., llegaron colonizadores orientales (principalmente fenicios). Un hecho, que a mi entender, expresaría que el jinete armado con lanza; pudo ir perdiendo relevancia, con el paso de los siglos. Máxime, cuando nos acercamos a tierras dominadas por esos lejanos expedicionarios, que abrieron bases y colonias en nuestras costas. Ciudades como Sexi, Malaka o Gadir; donde los púnicos pudieron mantener grandes contingentes militares. Ante los que un caballista con lanza, no suponía un gran rival; pues los fenicios (al igual que los griegos y romanos) luchaban en formación y valiéndose técnicas militares desarrolladas.


Por su parte, el profesor Bendala escribe sobre estas armas, en las Estelas del Suroeste: Las puntas de lanza, con enmangue de tubo y fuerte nervio redondeado, presentan rasgos formales que las acercan a las espadas, sobre todo el característico aguzamiento de la punta. Serían, como aquéllas, muy características de España (19) . A lo que desearíamos añadir algunas frases de los investigadores Antonio Tejera, Jesús Fernández y Marcos Rodríguez; cuando nos dicen:Estas primeras estelas suponen una clara ruptura frente a la iconografía precedente del Bronce Final I, presente en las estelas alentejanas. Por una parte, se introduce la lanza y el escudo, que modifican la iconografía de la fase precedente” (...) “El elemento mas novedoso en la iconografía, junto al escudo, es la introducción de esta arma, prácticamente desconocida en el Bronce Medio y a lo largo del Bronce Final I, por lo que no esta representada en las estelas alentejanas. Otro dato a tener en cuenta es su pequeño tamaño, no se trata de grandes lanzas, sino de piezas con astil corto, siendo armas para ser disparadas a corta-media distancia(20). Lo que explica y argumenta algunas ideas que hemos expuesto en párrafos anteriores; al referir que antes de la Edad del Hierro, apenas se utilizaba este arma. Aunque los autores consideran que se trataría de puntas con una vara corta y para ser arrojadas (a modo de azagayas). Sobre lo que no estamos plenamente de acuerdo, bastando observar las que figuran en la Estela de Solana o en la de Magacela, para considerar que son lanzas y con gran longitud (quizá no representadas de un modo proporcionado en las Estelas Básicas).


Por cuanto hemos expresado, a mi modo de ver, la aparición de la caballería y el uso de estas picas, deben considerarse paralelos; pues lanceros y caballeros, parece que son dos hechos bélicos históricamente unidos. Todo lo que nos atrevemos aseverar; deseando finalizar el presente artículo, con frases de otra publicación escrita por Sebastián Celestino; esta vez junto a J. Angel Salgado (21) . Quienes refieren: Si analizamos las espadas y las lanzas que aparecen grabadas en las estelas básicas, veremos la enorme dificultad con la que nos encontramos a la hora de concederles un tipo concreto (…) Este hecho nos vuelve a remitir al siglo X para fijar el origen de las estelas básicas(21a) . Añadiendo los autores: “Por lo tanto, el escudo, así como la espada y la lanza de las estelas básicas, son inmediatamente anteriores a la llegada de los primeros objetos de procedencia mediterránea, independientemente de la vía por la que llegaron a estas zonas del interior(21b) . Palabras que corroboran, de algún modo, las conclusiones que veníamos obteniendo; con las que terminamos el presente capítulo. Recogiendo algunas ideas más de gran importancia, expresadas por estos dos autores en el referido opúsculo. Donde nos dicen: “una fecha en torno al siglo X a.n.e. podría ser la más idónea para situar el origen de las primeras estelas de composición básica en el centro de Portugal y el norte de la provincia de Cáceres.(21c) (…) en función de los aspectos anteriormente desgranados, creemos que el fenómeno de las estelas pudo surgir en torno al siglo X a.n.e., manteniéndose en su estructura básica hasta al menos el siglo VIII. Con la colonización mediterránea se alteró la composición de las estelas, introduciéndose la figura del guerrero y otros elementos de adorno que las caracterizan; este momento se puede datar entre los momentos finales del siglo VIII y mediados del VII a.n.e. Y, por último, cuando la figura humana se convierte en la protagonista absoluta de las estelas y se comienzan a grabar escenas de cierta complejidad social, se pueden datar entre mediados del siglo VII y el VI a.n.e., momento que coincidiría con la aparición de las estelas con inscripción y el fin del fenómeno orientalizante.(21d) .



SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS
: Arriba, la estela de Solana de Cabañas, en el Museo Arqueológico Nacional (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Al lado, detalle de su parte alta; donde se representa con gran realismo: Una lanza (de hoja abierta y tipo nervado); una espada y un guerrero (de modo esquemático), junto a su casco, espejo, escudo y carro. Abajo, estela de Magacela (también en el MAN); donde podemos ver un tipo de lanza un diferente: Alargada y de punta más pequeña. Lo que -quizás- nos habla de tiempos más cercanos al hierro. Por su parte, la longitud de la vara, indicaría que no eran armas arrojadizas, sino largas varas, como las que figuran en las monedas del jinete ibérico.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Estelas halladas en la población pacense de Capilla; propiedad del Museo Arqueológico de Badajoz, al que agradecemos nos permita divulgar nuestras fotos. Al lado, la aparecida en El Tejadillo, que contiene una lanza con forma de hoja y nervadura central. Abajo, la encontrada en La pimienta; que representa dos guerreros con una larga lanza a sus pies; similar en medidas y características a la que veíamos en Magacela (lo que quizás, puede fechar esta pieza entorno al siglo VII a.C.).





JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Vitrina del Museo Arqueológico de Pontevedra, al que agradecemos nos permita divulgar nuestras fotos. Al lado, armas del Bronce atlántico, fechadas entre el 1200 y el 800 a.C.. Abajo, detalle del mismo expositor, donde vemos tres puntas de lanza de tipo atlántico, procedentes de Lagos de Alcalaín (Seavia, Coristanco); datadas entre el 900 y el 800 a.C.. Distinguiendo en ellas los modelos más comunes de puntas tubulares, que se dieron en el Bajo Bronce, peninsular. Como fueron: El foliáceo, con nervadura central; de gran tamaño y muy parecidas a las británicas (a la izquierda). Con forma de hoja y marca en medio; pequeña, con alerones y nervadura (en el centro). El de tipo británico, muy larga, con la hoja flameada y romboidal; semejante a las aletas y la espina de un pez (a la izquierda). Sin lugar a dudas, podemos hallar en las Estelas del Suroeste; varios tipos de lanzas y algunas muy semejantes a estas tres. Lo que llevaría a datar las Losas Decoradas, en fechas cercanas a estas piezas (siglos X al IX a.C.).





Estas son las citas del artículo.


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CITAS:

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(1): TRABAJOS EN LOS QUE TRATAMOS SOBRE LAS LIRAS EN LAS ESTELAS DECORADAS DEL SUROESTE:

III – 7º FENICIA Y CARTAGO EN NUESTRO FLAMENCO: La aparición de los cordófonos en la Península y su origen: ¿Fenicio, cretochipriota, egeo, hitita o celta?- Para llegar hasta el artículo pulsar: https://historiasdelflamenco.blogspot.com/2025/12/iii-7-fenicia-y-cartago-en-nuestro.html

III – 8º FENICIA Y CARTAGO EN NUESTRO FLAMENCO: Significado y simbolismo de los cordófonos, representados en la Península a finales del Bronce y comienzos del Hierro. Para llegar hasta el artículo pulsar: https://historiasdelflamenco.blogspot.com/2026/03/iii-8-fenicia-y-cartago-en-nuestro.html

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(2): Tres últimos artículos de este blog:

-ENIGMAS DE LAS ESTELAS DEL SUORESTE (capítulo II de "Las Manzanas de las Hespérides en el tesoro de El Carambolo"). PARA LLEGAR AL CAPÍTULO PULSAR: https://loinvisibleenelarte.blogspot.com/2026/04/enigmas-de-las-estelas-del-suoreste.html

-AMORTIZACIÓN Y SELLADO DE LAS ESTELAS DECORADAS, COMO SOLUCIÓN A SU ENIGMA (“Las Manzanas de las Hespérides en el tesoro de El Carambolo” capítulo 3) Para llegar al artículo, pulsar: https://loinvisibleenelarte.blogspot.com/2026/04/amortizacion-y-sellado-de-las-estelas.html

-ESTELAS OCCIDENTALES PENINSULARES: ALENTEJANAS (TIPO I) Y DECORADAS DEL SUROESTE (TIPO II) -“Las Manzanas de las Hespérides en el tesoro de El Carambolo” capítulo 4º- Para llegar al artículo, pulsar:

https://loinvisibleenelarte.blogspot.com/2026/05/estelas-occidentales-peninsulares.html

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(3): Lewis Bindford: Constructing frames of reference:an analytical method for archaeological theory building using hunter-gatherer and environmental data sets Berkeley // Universidad de California, PRESS (2001).

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(4): ESTELAS DE GUERRERO Y ESTELAS DIADEMADAS. LA PRECOLONIZACION Y FORMACION DEL MUNDO TARTESICO. // Sebastián Celestino Pérez // BARCELONA, 2001

Pag 25 y ss. Ver asimismo pag 96 (fig 16)

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(5): La lancea, un arma de la Edad del Bronce, por Martín Almagro Gorbea.
Segovia , Congresos y asambleas and Serie: Plataforma AVIP (2016-06-21)

https://mirto.intecca.uned.es:8443/video/2/mS/mSxlSF5bJFWFdNEz/s0IZSaav8ejgUwCL/dc486d8dfe826295e7d2e0c16c0359117fb2a6be-2ff48d0ceaf02b5aa5527c41dfe63b97-1780025026-1780010326?rd=170

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(5a): Según D. Martín Almagro-Gorbea; la palabra Lancea es de origen hispano; refiriendo al topónimo de LANCIA y a los lancienses; siendo también un patronímico, conservado como Lancius entre los lusitanos.

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(5b): Idea también expresada por el Prof. Almagro-Gorbea durante esta conferencia.

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(5c): Idem. Almagro-Gorbea

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(5d): Idem Almagro-Gorbea

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(6): Contacto cultural entre el Mediterráneo y el Atlántico (siglos XII-VIII ane) La precolonización a debate /// S. Celestino, N. Rafel y X.-L. Armada CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS // Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma // Madrid 2008 (dedicado a Xavier Dupré i Raventós -Barcelona 1956, Roma 2006-)

EL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR // por José Clemente y Martín de la Cruz (pags 289 y ss)

(6a): PAG 290

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(7): Almagro Basch, M. 1962: El ajuar del ‘Dolmen de la Pastora’ de Valentina del Alcor (Sevilla). Sus paralelos y su cronología”. Trabajos de Prehistoria 5: 1-35

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(8): Procedencia de las puntas de jabalina del “Dolmen de la Pastora” (Valencina de la Concepción, Sevilla) Mark A. Hunt Ortiz; M. Isabel Martínez Navarrete; Víctor Hurtado Pérez; Ignacio Montero-Ruiz TRABAJOS DE PREHISTORIA 69, N.º 2, julio-diciembre 2012, pp. 357-374

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(9): Hurtado Pérez dio a conocer en su tesis doctoral la aparición de puntas de jabalina en el yacimiento de La Pijotilla: Hurtado Pérez, V. M. 1984: El Yacimiento de La Pijotilla (Badajoz). Estudio de Relaciones Culturales. Tesis Doctoral.

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(10): OP CIT (11) (sic): La reciente investigación publicada por M. E. Costa Caramé (2011) incluye este tipo de pieza metálica en su revisión bibliográfica. Se consignan como del tipo La Pastora las puntas de proyectil de la Cueva del Bramadero (Hornachuelos, Córdoba) (Martínez Boloix 1983, 2002) y las portuguesas de Outeiro de São Bernardo (Moura) (Ferreira 1970; Cardoso etal. 2002), Caldeirõa (São Sebastião, Lagos) (Viana et al. 1953; Schubart 1971) y Casal do Pardo, necrópolis de Palmella (Quinta do Anjo) (Berdichewsky Scher 1964).

Además, se ha mencionado una posible punta de jabalina (o punta de lanza) procedente de El Carambolo (Sevilla) (Carriazo1973:307) y otra puntahallada en el poblado amurallado del Cerro dos Castelos de São Brás (Serpa) (Cardoso et al. 2002: 78, 93). Revisados los datos textuales y gráficos de todas esas referencias, solo parece corresponder al tipo La Pastora la punta de proyectil excavada en Outeiro de São Bernardo (Moura, Portugal) (Fig. 4: 3). Las restantes o son variantes del tipo Palmela o las descripciones no permiten una adscripciónclara o, caso de El Carambolo, pueden ser desechadas como puntas de jabalina.

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(11): OP CIT (11) (sic): La tipología de las piezas de Outeiro de São Bernardo y su composición otorgan al conjunto un carácter homogéneo desde el punto de vista cronológico-cultural. Ello unido al hallazgo en el poblado de cerámicas campaniformes del grupo inciso, generalmente asociadas a algunos de los tipos allí identificados, llevó a Cardoso y sus colaboradores (2002: 101) a situar o conjunto metálico "no final do Calcolítico/início da Idade do Bronze, correspondente aos últimos séculos do III Milénio a.C". Lo valoran como el conjunto metálico doméstico más importante del occidente de la Península Ibérica correspondiente a una única ocupación campaniforme (Cardoso et al. 2002: 77).

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(12): ELISA GUERRA DOCE: La tumba de un príncipe en Fuente Olmedo: un referente para el estudio del campaniforme en tierrasvallisoletanas Pags 13 a 22

Conocer Valladolid 2013 // Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción Primera edición: noviembre de 2014 -contribuciones científicas presentadas en el VII Curso Conocer Valladolid, celebrado en la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid, entre los días 4 y 27 de noviembre del año 2013-

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(13): MARTÍN VALLS, R. y DELIBES DE CASTRO, G.: La cultura del Vaso Campaniforme en las campiñas meridionales del Duero: el enterramiento de Fuente Olmedo (Valladolid). Valladolid: Junta de Castilla y León, Monografías del Museo Arqueológico de Valladolid (2ª edición aumentada). 1989.

DELIBES DE CASTRO, G.: El Vaso Campaniforme en la Meseta Norte española. Valladolid: Universidad de Valladolid. 1977.

La inhumación en fosa del pago de Perro Alto (Fuente Olmedo, Valladolid): circunstancias del hallazgo”: “Los pormenores del descubrimiento de la tumba campaniforme de Fuente Olmedo aparecen descritos con detalle en la monografía que los profesores Ricardo Martín Valls y Germán Delibes de Castro (1974) (...) Sobre el terreno, y con la ayuda de su descubridor, localizaron una fosa ovalada de 2,90 por 2,40 metros en sus ejes principales y 0,80 de profundidad (...) la docena de armas de cobre (en concreto un puñal de lengüeta y once puntas de jabalina), más el brazal de arquero de arenisca, junto a los brazos y en contacto con las manos; y tres vasijas de barro bellamente decoradas con incisiones”.

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(14): Un conjunto de lanzas de bronce de Cisneros, Palencia // Germán Delibes de Castro // Homenaje al prof. Martín Almagro Basch / Martín Almagro Basch, Vol. 2, MADRID 1983; págs. 69-79

(14a): Si en algunos territorios europeos parece posible remontarse hasta los comienzos del Bronce Medio para encontrar los primeros útiles o las primeras armas de enmangue tubular, en la Península Ibérica desconocemos testimonios tan antiguos de este recurso funcional y -acaso porque las investigaciones no estén más que iniciadas- sólo desde los albores del Bronce Final, hacia mediados del siglo XIII, hay constancia de algunas lanzas tubulares, como por ejemplo la del depósito leonés de Valdevimbre, que responden bastante fielmente al modelo bretón de Rosnoen. Son esbeltas, de largo tubo claramente diferenciado de la hoja y, aun, con pronunciados alerones. Desde entonces las lanzas de tubo fundido son elementos comunes hasta la Edad del Hierro en que se impone, por lo idóneo del nuevo metal para su obtención, un nuevo modelo de tubo rasgado, cuya tradición en las altas culturas mesopotámicas y del Mediterráneo Oriental -no así de Europa- es muy larga. Resulta obvio, por lo tanto, que las piezas que tenemos ahora entre manos quedan comprendidas cronológicamente dentro de esos márgenes, mas para determinar con mayor exactitud su posición temporal se hace necesario recurrir a las comparaciones tipológicas. Dos rasgos llaman fundamentalmente la atención en las piezas debatidas: por un lado su corto tamaño, y por otro el hecho de que la matriz tubular, en vez de discurrir hasta el extremo eficaz de la hoja, quede interrumpida en la base de esta última , con lo que su sección resulta absolutamente maciza”. Pag 72/73

(14b): “Con respecto al tamaño las consideraciones a realizar no son muchas ni de gran trascendencia, toda vez que existieron lanzas tubulares de escasa talla tanto en un momento antiguo de la Edad del Bronce como al final de dicho período (…) Sin embargo unas y otras denotan un arcaísmo inexistente en las piezas de Cisneros, por lo que creemos que éstas son dignas de una cronología más evolucionada. En tal sentido, por ello, no parece interesante recordar un fenómeno que parece afectar a las lanzas atlánticas durante el Bronce Final, por el que se produce una progresiva disminución de su tamaño. En el depósito de la ría de Huelva todas las lanzas son largas, hallándonos en el quicio entre el Bronce Final II y el III (…) El tamaño, pues, puede ser signo de modernidad, pero aún denota más este carácter tardío la especial estructura del tubo de las lanzas de Cisneros: de escasa longitud y con la peculiaridad de que no interesa prácticamente a la hoja. Las lanzas tubulares del Bronce Final en el Suroeste de Europa se caracterizan en general por la gran longitud de sus matrices, que corren a lo largo de toda la hoja encontrando su fin en lo que es la punta de la lanza propiamente dicha. En las piezas de Cisneros esto, como hemos podido ver, no es así, quedando interrumpido el tubo prácticamente en el nacimiento de la hoja, que por ello será maciza. Ambos atributos -tubo corto y hoja maciza- son propios de las lanzas de la Edad del Hierro y por ello rara vez se documentan en piezas todavía fundidas en bronce.Pag 73/75

(14c): Un nuevo dato de sumo interés en relación con la problemática cultural y cronológica del conjunto de Cisneros lo aporta la pieza n . 5 que, recordamos, presentaba el tubo cuidadosamente facetado, determinando su sección decagonal. En Europa estas puntas sólo son comunes en Italia y, sobre todo, en los territorios centrales de la Península donde menudean en contextos de muy avanzada la Edad del Bronce y sobre todo del inicio de la primera Edad del Hierro (…) Por ello, en principio, tendríamos que aceptar que las piezas itálicas fueron la principal fuente de inspiración de la jabalina n.° 5 de Cisneros, sin que sea sencillo precisar si llegó hecha -lo que parece poco probable dada la originalidad de la hoja o punta propiamente tal- o si fue producto de un taller local familiarizado con las artesanías itálicas (…) Dos realidades firmes se desprenden de los argumentos expuestos: que la estructura de las piezas de Cisneros es más propia de las lanzas del Hierro que de las del Bronce Final, lo que podría sugerir su posición límite entre ambas edades, y que uno de los ejemplares del conjunto, el n . 5, debe relacionarse por su tubo facetado con determinadas armas itálicas de fines del siglo IX y del VIII a. de J.C.Pag 74

(14d): “Por todo lo cual creemos que las lanzas férreas y sus imitaciones en bronce del tipo de las de Ocenilla o Cisneros, sólo pudieron fabricarse desde el 700, o todo lo más desde el 725. Son, por lo tanto , exponentes del Primer Hierro mejor que del Bronce Final, y de la lanza de tubo facetado habrá que decir que es resultado de la incorporación tardía de un modelo muy extendido casi un siglo antes en Italia, aunque totalmente desaparecida en la séptima centuria. (…) Por todo ello nos atrevemos a definir a las de Cisneros como lanzas con claras connotaciones del Bronce Final, pero fundidas ya en los inicios de la Edad del Hierro. Precisar más su fecha resulta difícil” pag 74 y 76

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(15): OTRA PUNTA DE LANZA DE CISNEROS (PALENCIA) Y VARIAS CONSIDERACIONES DE BASE /// Santiago Alonso Domingo // PITTM, 91, Palencia, 2021, pp. 27-50, ISSN 0210-7317

(15a): SIC: La punta de lanza que ahora presentamos procede del pago “La Monja” dentro del término municipal de Cisneros (Palencia). Dicha zona está situada al Noroeste del pueblo en las inmediaciones de la ermita del Cristo de Villafilar, entre la carretera de Pozo de Urama y el arroyo Rio de la Huerga, un cauce éste de cierta entidad que desagua en la margen derecha del Valdeginate después de bordear el caserío de Cisneros por los flancos Oeste y Sur Sureste (...) En el Inventario Arqueológico de Castilla y León el yacimiento se denomina Villafilar.

(15b): SIC: Encarando el aspecto tipológico, primeramente, y por proximidad, esta otra lanza resulta obligado relacionarla con aquellas cinco puntas de bronce que, aparecidas en el campo de Cisneros, fueron adquiridas por el MAN en 1878. Procedían de la “Colección Aragón Nieto” (…) Formalmente en las lanzas que aparecieron en Cisneros hace ahora 140 años –se dice pronto- los tubos exentos conservados (de las jabalinas) son largos, sin taladros y se estrechan al conectar con la hoja; las cuales son cortas y consideradas macizas. (…) Estas peculiaridades, entre alguna otra de no menor trascendencia, las hace acreedoras de una cronología tardía. En términos post quem del 700 al 725 a.C. (Delibes, 1983: 76), cuando las gentes del Grupo Soto también colonizaban estos pagos al principio de la Primera Edad del Hierro. (…) Los análisis químicos de sus coladas, realizados años más tarde, certifican la presencia de plomo en las cinco lanzas arrojando contenidos altos, o incluso, muy altos del citado compuesto metálico (Fernández Manzano y co., 2005: 154 tabla 4; Herrán 2008: 98 y 99). Este aspecto viene a corroborar la consideración cronológica previamente referida y avala el planteamiento que sobre las coladas ternarias aludíamos unos párrafos más arriba.

(15c): SIC:Así pues, teniendo en cuenta las afinidades tipológicas descritas, incluyendo los marcadores temporales contradictorios y las consideraciones teóricas que hemos realizado entre ambas lanzas, nos parece que la lanza de Cisneros puede beneficiarse de las atribuciones culturales y cronológicas planteadas más arriba para la lanza de La Valdavia; es decir, ya no muy lejos del último milenio antes de Cristo

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(16): LOS DEPÓSITOS METÁLICOS BURGALESES Y LA METALURGIA DEL BRONCE FINAL EN LA MESETA NORTE: ALGUNAS REFLEXIONES // JULIO FERNÁNDEZ MANZANO // JOSÉ IGNACIO HERRÁN MARTÍNEZ // SALVADOR ROVIRA LLORENS /// BSAA arqueología, LXXI, 2005, pp. 137-159

ALGUNOS CONCEPTOS QUE EXPRESAN SOBRE ESTOS YACIMIENTOS

SIC

El conjunto de Coruña del Conde (Fig. 2) está compuesto por dos hachas de talón y una anilla, otras tantas con dos asas, dos más de la variedad de apéndices laterales y otro par de hachas planas (…) La lectura de esta analítica muestra que todas ellas son bronces con un alto contenido en estaño, entre el 11,2% del ejemplar de talón y una anilla y el 21% de una de las hachas de apéndices. (...)

El depósito de Huerta de Arriba (Fig. 3), por su parte, apareció en 1923 (…) tres puñales de lengüeta, una punta de lanza de enmangue tubular, tres hachas de talón –dos de una anilla y otra de sólo una-, cuatro navajas de afeitar, dos brazaletes y un punzón. Al igual que las de Coruña del Conde, las de Huerta son también bronces con notables contenidos de estaño, que oscilan entre el 14% de una de las navajas y un 36,3% de una hacha de talón.(...)

Padilla de Abajo (Fig. 4, 1) se localizó un escondrijo de bronces formado por una punta de lanza de enmangue tubular, un hacha de talón levemente insinuado y dos anillas, cinco brazaletes (…) Seis de los ocho objetos son bronces de estaño, en los que este último elemento alcanza tasas comprendidas entre el 13,9% de la punta de lanza y el 17,9% de un brazalete. (…)

Pico Cuerno (Fig. 4, 2), de Sotoscueva, cuyo estudio se realizara hace unos pocos años (…)

El momento de plenitud del grupo Cogotas I y los depósitos burgaleses comparten una misma cronología, centrada sobre todo en las dos centurias iniciales del primer milenio a.C. Es cierto que los yacimientos cogotianos, sin embargo, ocupan preferentemente las tierras sedimentarias, las más interiores, de la Cuenca del Duero, lo que no obsta para que en determinadas áreas periféricas -en particular en la mitad septrentrional de la provincia de Burgos

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(17): Un depósito de armas del Bronce Final de la cuenca media del Tajo: La Era, Lanzahíta (Ávila) // ALFREDO MEDEROS MARTÍN // Anejos a CuPAUAM 1, 2014, pp. 79-85

(17a): SIC La primera de las puntas de lanza está casi completa, salvo por el extremo distal, dejando al descubierto el hueco del tubo central del enmangue. Los alerones tienen el punto de mayor anchura en el tercio proximal, presentando un ligero ensanchamiento en los dos tercios distales de la punta. En el punto de unión al enmangue tubular tienen un pequeño escalonamiento. El tubo, de sección circular, se ensancha regularmente hacia el extremo proximal. Justo debajo del arranque de los alerones presenta dos perforaciones enfrentadas para la sujeción del astil, con un pasador que no se conserva. La mitad distal de la punta muestra una notable deformación debido a la acción del fuego (fig. 2.3 y 3.3). Las dimensiones conservadas de la punta son las siguientes: longitud 15,2 cm; anchura 4,0 cm; espesor 2,5 cm; peso 120 g (nº inv. 04/11/90/3).

De la segunda punta de lanza sólo se conserva la mitad proximal. A diferencia de la pieza anterior, la hoja tiene bordes biselados, bien conservados salvo alguna melladura. En el punto de unión al enmangue tubular presenta el mismo escalonamiento. El tubo, de sección circular, también se ensancha regularmente hacia el extremo proximal, pero al final del enmangue tubular, por debajo de los alerones, es más corto. Justo debajo del arranque de los alerones presenta dos perforaciones enfrentadas para la sujeción del astil, en este caso con un pasador metálico que se conserva. No ha sufrido la misma deformación por la acción del fuego como la primera punta (fig. 2.4 y 3.4). Las dimensiones conservadas son las siguientes: longitud 8,7 cm; anchura 4,4 cm; espesor 2,2 cm; peso 80 g (nº inv. 04/11/90/2).

En ambas piezas, las dimensiones reducidas del tubo del enmangue, antes de empezar los alerones, las distinguen de los modelos de puntas de lanza más arcaicos. Desde nuestro punto de vista, el paralelo más cercano al ejemplar más completo del depósito de Lanzahíta corresponde a la única punta de lanza del conjunto de Huerta de Arriba (fig. 4.4), forma B1 según la tipología de Milcent (2012: 68–69 lám. 20).

Las piezas presentan los mismos rasgos definitorios, que serían un tubo de enmangue corto, unos alerones más anchos en el tercio proximal, rebordes biselados que van estrechándose hacia el extremo distal y unas dimensiones parecidas.

Pags 81 a 83.

(17b): SIC La morfología de los objetos que constituyen el depósito nos permite encuadrar este conjunto en la fase Huerta de Arriba del Bronce Final atlántico. Eso queda claro no sólo en base de la tipología de las puntas de lanza, idénticas en ambos depósitos, pero también por la tipología de la espada, que pertenece a la primera generación de las espadas pistiliformes propiamente atlánticas.

Las puntas de lanza de esta etapa se distinguen de los modelos corrientes en la fase anterior principalmente

por su tubo de enmangue menos alargado (Milcent, 2012: 95), quizás para ahorrar metal y así permitir la producción de un mayor número de ejemplares, a costa de perder mayor fijación del astil de madera dentro del enmangue tubular. Dentro del ámbito ibérico, los casos que conocemos de lanzas en conjuntos de la fase previa, como la Isla de Cheta

(Brandherm, 2007: lám. 54, A3) y Valdevimbre (Monteagudo, 1977: lám. 149, B4), presentan un enmangue tubular notablemente más largo.

Pag 83/84

(17c): SIC El depósito de Lanzahíta destaca por constituir uno de los primeros conjuntos interpretables como la panoplia personal de un guerrero del Bronce Final en la Península Ibérica, con espada, puñal y dos lanzas. La costumbre de depositar panoplias personales metálicas fuera del ámbito funerario se establece en Europa central en un momento de transición del Bronce Inicial al Bronce Medio, o sea a mediados del segundo milenio, pero sólo aparece más frecuentemente a partir de su último cuarto (Brandherm, 1998: 47).

Sobre el posible significado de tales ajuares personales en el Bronce Nórdico se ha especulado, ya desde los años 50 del siglo pasado, en base de la mitología nórdica de la Edad del Hierro, que la motivación de su ocultación

estaba en que los elementos depositadas en la tierra por una persona estarían disponibles en la otra vida una vez muerto (Hundt, 1955: 97).

Otra característica de las piezas de este conjunto es la presencia de fragmentación aparentemente intencional en las armas depositadas, ya que faltan un fragmento de la hoja de la espada y los dos extremos distales de las puntas de lanza. Al estar rotas las armas, podría cuestionarse un posible uso en la otra vida de la panoplia del guerrero según la interpretación de Hundt, pues la fragmentación ya implica una posible ofrenda votiva. En este contexto queremos llamar la atención sobre el hecho que el fenómeno de la fragmentación intencional y deposición parcial de objetos metálicos surgió en la misma transición del Bronce Inicial al Bronce Medio centroeuropeo (Rittershofer, 1983: 342–347; Brandherm, 2004: 365–369), y que también se extiende hacia la fachada atlántica sólo con la expansión de los Campos de Urnas en el último cuarto del segundo milenio (Hansen, 1994).

Pag 85

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(18): Idem cita (4); pags. 101/102

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(19): NOTAS SOBRE LAS ESTELAS DECORADAS DEL SUROESTE Y LOS ORIGENES DE TARTESSOS // Manuel Bendala Galán

http://dx.doi.org/10.12795/Habis.1977.i08.11

Pags 177 a 200

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(20): ANTONIO TEJERA GASPAR / JESÚS FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ / MARCOS RODRÍGUEZ PESTANA: LAS ESTELAS TARTÉSICAS: ¿LOSAS SEPULCRALES, MARCADORES ÉTNICOS O REPRESENTACIÓN DE DIVINIDADES GUERRERAS? ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2006.i15.07

SPAL 15 (2006): 149-165

Pag 419

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(21): Sebastián Celestino Pérez, José Ángel Salgado Carmona // Estelas e Estátuas-menires: da Pré à Proto-história 417 – 448 // Actas das IV Jornadas Raianas (Sabugal, 2009-2011) Nuevas metodologías para la distribución espacial de las estelas del Oeste peninsular //

chromeextension:// efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://files.core.ac.uk/download/80858 927.pdf

chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://files.core.ac.uk/download/80858927.pdf

(21a): SIC “Si analizamos las espadas y las lanzas que aparecen grabadas en las estelas básicas, veremos la enorme dificultad con la que nos encontramos a la hora de concederles un tipo concreto (…) Este hecho nos vuelve a remitir al siglo X para fijar el origen de las estelas básicas. Las espadas de tipo atlántico, cuya dispersión se puede rastrear por toda la fachada atlántica y el centro del Mediterráneo (Coffyn 1985; Meijide 1988), pervivieron en época tartésica, por lo que es lógica su presencia en las estelas más complejas del Guadalquivir hasta el final de su existencia”.

Pag 433

(21b): SIC “En este sentido, nuestra postura no varía de la que ya expusimos en 2001, según la cual los escudos de las estelas son de manufactura y diseño indígena, enmarcados dentro del círculo atlántico al que pertenece la zona geográfica donde se originó el fenómeno. Por lo tanto, el escudo, así como la espada y la lanza de las estelas básicas, son inmediatamente anteriores a la llegada de los primeros objetos de procedencia mediterránea, independientemente de la vía por la que llegaron a estas zonas del interior”

Pag 432

(21c): Así, una fecha en torno al siglo X a.n.e. podría ser la más idónea para situar el origen de las primeras estelas de composición básica en el centro de Portugal y el norte de la provincia de Cáceres.

Pag. 433

Si analizamos las espadas y las lanzas que aparecen grabadas en las estelas básicas, veremos la enorme dificultad con la que nos encontramos a la hora de concederles un tipo concreto (…) Este hecho nos vuelve a remitir al siglo X para fijar el origen de las estelas básicas. Las espadas de tipo atlántico, cuya dispersión se puede rastrear por toda la fachada atlántica y el centro del Mediterráneo (Coffyn 1985; Meijide 1988), pervivieron en época tartésica, por lo que es lógica su presencia en las estelas más complejas del Guadalquivir hasta el final de su existencia.

Pag 433

(21d): en función de los aspectos anteriormente desgranados, creemos que el fenómeno de las estelas pudo surgir en torno al siglo X a.n.e., manteniéndose en su estructura básica hasta al menos el siglo VIII. Con la colonización mediterránea se alteró la composición de las estelas, introduciéndose la figura del guerrero y otros elementos de adorno que las caracterizan; este momento se puede datar entre los momentos finales del siglo VIII y mediados del VII a.n.e. Y, por último, cuando la figura humana se convierte en la protagonista absoluta de las estelas y se comienzan a grabar escenas de cierta complejidad social, se pueden datar entre mediados del siglo VII y el VI a.n.e., momento que coincidiría con la aparición de las estelas con inscripción y el fin del fenómeno orientalizante.

Pag 440