domingo, 26 de abril de 2026

AMORTIZACIÓN Y SELLADO DE LAS ESTELAS DECORADAS, COMO SOLUCIÓN A SU ENIGMA (“Las Manzanas de las Hespérides en el tesoro de El Carambolo” capítulo 3)

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Las citas a pie de página, se encuentran al final. Para consultarlas simultáneamente al texto; abrir dos veces esta página y leer a la vez.




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS
: Arriba y al lado, Comenzamos nuestro artículo con dos imágenes de una preciosa sepultura, de la Edad del Bronce. Tal como la muestra el Museo Arqueológico e Histórico, Castillo de San Antón (de La Coruña, al que agradecemos nos permita divulgarlas). Se trata de la “Cista da Ínsua”, fechada entorno al 2000 a.C.; hallada en 1975, en las proximidades de un dolmen. Pese a que el enterramiento megalítico era muy anterior, la posterior utilización de un lugar sagrado, muestra una intención de continuidad, como forma de mantener la tradición. Debido a ello, se llevó a cabo la decoración con grabados que presenta la cista; imitando trazos seguidos en época dolménica. Todo lo que acreditaría una fórmula de legitimidad sobre el pasado, a los sepultados en la fosa. Ya que la utilización de una parcela afín al antiguo enterramiento; sería un modo de demostrar un lazo con los señores del dolmen, para acreditar el dominio y poder sobre la zona. Abajo, mapa de Cañaveral de León (Huelva) y sus poblaciones afines. Hemos marcado con una estrella (en rojo), el yacimiento de Las Capellanías; donde unos años atrás, aparecieron tres Estelas Decoradas (cuyos dibujos recojo a continuación). Como veremos en este capítulo, las tres Losas del Suroeste, fueron halladas sobre una necrópolis de la Edad del Bronce; cuyas cistas (de pizarra), habían sido vaciadas y reutilizadas, a comienzos de El Hierro. Debiendo suponerse que quienes expoliaron y usaron de nuevo esas tumbas; fueron -asimismo- los que elevaron en el lugar las tres lápidas (durante una época cercana a la orientalizante).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Estela denominada “Cañaveral 1”, desde un dibujo que proporciona en su exposición, el Museo Arqueológico de Huelva (al que agradecemos nos permita divulgarlo). Al lado, el croquis frontal de la pieza, tal como fue hallada. Habíamos explicado, en el capítulo anterior, que representa un individuo -en mi opinión, un guerrero- quien posiblemente luce bigote. Sobre su cabeza, se observa un “tocado” con penacho; que yo interpreto, como un casco. A su derecha, en la parte alta, tendría grabada un hacha de talón o bien un adorno; bajo esta, una fíbula y en la zona inferior, un peine (o idiófono de cobre). Al lado opuesto, estaría representado un espejo, con el mango grabado en esferas; junto al brazo y la mano izquierda. En el cuello, parece que luce un torques o collar y lleva cubierto el torso con lo que aparenta una armadura (de cuero o esparto). Abajo, nuestra hipótesis, representando las zonas que se partieron y el modo en que se elevaba el ejemplar, sobre el terreno. He marcado con una “R” las partes “rotas” de la losa y se ha añadido lo que faltaría para que la pieza pudiera sostenerse en vertical. Estela, que en su estado actual, pesa unos 240 kilos; por cuanto si a ello, le sumamos las zonas perdidas; probablemente superaría los 300 kg. Lo que evidencia la gran dificultad que, en su momento, supuso trasladarla y colocarla sobre el terreno.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
La Estela “Cañaveral 2”, desde un dibujo que proporciona en su exposición, el Museo Arqueológico de Huelva (al que agradecemos nos permita divulgarlo). Al lado, el croquis frontal de la losa, tal como fue hallada. Habíamos explicado, en el capítulo anterior, que se trata de un monolito “de Guerrero y de tipo tartessio”; aunque actualmente ya no se definan de este modo. Pues podemos ver en sus grabados, el militar luciendo un casco con cuernos, portando una espada en la mano; con un arco y flechas a su lado izquierdo y lo que parece un espejo a su derecha (junto a otros enseres de prestigio). Abajo, el modo en que se colocaría la pieza, en vertical, sobre el terreno; debiendo estar hincada hasta la zona que marcamos con la línea de tierra (aproximadamente). Con una “R” he señalado un lateral que supongo roto. Esta losa pesa unos 100 kilos y consideramos que está prácticamente entera. Fue descubierta sobre dos cistas de la Edad del Bronce, expoliadas (perfectamente vaciadas); y su datación por OSL -luminiscencia de restos bajo el terreno- es dudosa. Pues no cuadra con la etapa de las Estelas Decoradas; sino, se corresponde con la época de esas cistas de la Edad del Bronce.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
La Estela “Cañaveral 3”, desde un dibujo que proporciona en su exposición el Museo Arqueológico de Huelva (al que agradecemos nos permita divulgarlo). Al lado, croquis frontal de la losa, tal como fue hallada. Habíamos explicado, en el capítulo anterior, que representaría un guerrero con su armamento y objetos de prestigio. Luciendo en su cabeza un casco o un bonete sagrado; mientras a su izquierda tendría grabado un espejo y una espada; y a su derecha, vemos un peine (o un idiófono) y otro sable. Al igual que la “Cañaveral 1” -a mi juicio- el personaje llevaría un torques (o collar). Asimismo, como explica Díaz-Guardamino, tendría cubierto el cuerpo con una coraza (de cuero, hueso o esparto). Siendo curioso observar que bajo esa armadura, se destaca el sexo; lo que puede tener un carácter de dominio y apotropáico, o bien tratarse de una pretina (coquillera y bragueta, necesarias en las corazas). Finalmente, en la zona inferior del ejemplar, vemos lo que se supone son los pies; aunque también pudiera tratarse de espinilleras (protectores muy comunes entre los guerreros de la Antigüedad y que aparecen en la Estela de Capilla 2, La Pimienta). Abajo, la hipótesis, para comprender cómo se alzaba en el terreno; debiendo contener al menos un 20% más de cuerpo (que hemos añadido, marcado con una “R”). Por su parte, en la zona alta parece que también ha perdido un trozo; lo que -igualmente- he reconstruido y señalado con la “R”. Todo ello hace suponer que, originalmente y entera, superaría la media tonelada: pues actualmente pesa 440 kg.. Pudiendo comprenderse la enorme dificultad que supondría su traslado, elevación y una adecuada colocación en vertical (sin medios mecánicos).



A) SELLADO Y OCULTACIÓN DE LAS ESTELAS OCCIDENTALES (1):

A-1) El misterio de Cañaveral de León:

En nuestro artículo anterior, llegábamos a una deducción personal; al considerar que el hallazgo de Las Capellanías (en Cañaveral), señalaba la amortización y sellado de una necrópolis orientalizante, levantada sobre una muy anterior. Por cuanto esas tres losas, habrían sido encontradas en un antiguo cementerio de la Edad del Bronce, reutilizado por gentes coetáneas a Tartessos; que finalmente, lo habrían sellado y soterrado, antes de abandonarlo. Pero, para quienes no han leído el capítulo previo; resumiremos los datos que allí estudiábamos. Explicando -al comienzo- como entre 2018 y 2023, se encontraron tres estelas, en un paraje de la Sierra de Aracena, llamado Las Capellanías. Lugar del municipio onubense de Cañaveral de León, donde se produjo un hallazgo fortuito; mientras varios operarios arreglaban un camino rural (en la primavera del año 18). De tal manera, cuando trabajaban en las mejoras de la vía campestre; se percataron de que en esta, había una gran piedra con “extraños” bajorrelieves. Tras avisar a las autoridades del municipio, se dio cuenta al Museo Arqueológico de Huelva; que constató se trataba de una lápida del Bajo Bronce. Antes de continuar con nuestra exposición; es necesario añadir -nuevamente- que las Estelas del Suroeste, en muy contadas ocasiones han aparecido en su verdadero contexto arqueológico; por lo que existen enormes dudas sobre su significado, uso y simbolismo. De tal modo, tras encontrar ese nuevo ejemplar en el camino de Las Capellanías; se abría la posibilidad de contextualizarla. Por cuanto, se buscó financiación para llevar a cabo las Labores de Campo en el lugar; excavaciones que lideraron los profesores David W. Wheatley y Marta Díaz-Guardamino; junto a Leonardo García Sanjuán y Timoteo Rivera Jiménez. Realizando cuatro campañas, en las que descubrieron dos estelas más; documentándose allí, una necrópolis con cistas de la Edad del Bronce, expoliadas y reutilizadas. Fosas que habían sido vaciadas, por quienes las volvieron a usar -a comienzos del Hierro (entre el 1000 y el 800 a.C.)-; enterrando en ellas cremaciones guardadas en jarros de tipo tartessio.


A estos datos, hemos de añadir una rara deducción cronológica, obtenida al levantar la segunda losa (llamada Cañaveral 2); tras la medición de su último movimiento a través de luminiscencia estimulada ópticamente. Análisis de OSL que aportó una “extraña referencia”; datando entre el 2340 y el 1680 a.C., el momento en que se depuso sobre el terreno. A ello, se suma el hecho de que las tres estelas estaban perfectamente colocadas, como si alguien -a conciencia- las hubiera dejado así. Pero no para usarlas como lápidas, sino con aparentes signos de ocultación; pues se encontraron todas boca abajo. Asimismo, ninguna de las tres lápidas, estaban sobre las tumbas reutilizadas en el Bajo Bronce, como debiera haber sido (si las consideramos piezas mortuorias tartessias). Se encontraban sobre las fosas antiguas (de la Edad del Bronce); vaciadas y expoliadas por quienes -lógicamente- habían tallado y llevado al lugar, esas tres losas. Una nueva incongruencia de localización; pues debían haber aparecido unidas a las tumbas de estilo orientalizante, coetáneas con este tipo de estelas. Ejemplares sobre los que hemos de repetir, se datan a comienzos de la Edad del Hierro; con un máximo de oscilación, entre el 1200 y el 700 a.C.. Considerándose, por ello, estelas occidentales, de influencia o tipología tartessia. Consecuentemente, las fechas del referido análisis por OSL (del 2340 al 1680 a.C.) vuelve a ser otro “enigma”.


Siguiendo con los pormenores del hallazgo, dos de las piezas más grandes y pesadas: Cañaveral 1 (con más de 200 kilos) y Cañaveral 3 (de unos 440 kg.); estaban alejadas de las tumbas orientalizantes. Presentaban roturas en su parte inferior; aunque tenían rasgos de haber sido tumbadas concienzudamente (deponiendo su lado con grabados, mirando al suelo). En un posible traslado y ocultación que se deduce al aparecer lejos de los sepulcros coetáneos; pero también debido a su tipología y diseño, ya que fueron esculpidas para hincarse -o elevarse en vertical- sobre el terreno. Por cuanto -todo hace parecer- que habían sido arrancadas de la tierra, transportadas y bien depositadas; lejos de las tumbas tartessias y sobre los enterramientos antiguos (expoliados). Todas estas circunstancias, nos llevaron a deducir que el escenario pudo deberse a una amortización; un cierre y abandono de la necrópolis, en época de Tartessos. Habiendo realizado -quizás- en Las Capellanías; una ceremonia semejante a las descubiertas en Cancho Roano y en El Turuñuelo. Donde los “dueños” del lugar sagrado; lo desmontaron, destruyeron y soterraron; dejando ocultos numerosos restos. Un sellado posiblemente realizado, para evitar su expolio por extraños; cabiendo también pensar en un cierre, ante la necesidad de abandonar el lugar debido a pestes y epidemias. Aunque la hipótesis de una crisis, del final de una época y la necesidad de huir del lugar; parece la teoría más probable para justificar estas amortizaciones y ocultaciones.


De tal manera, si partimos desde el supuesto de un sellado; resulta lógica la escena y el modo en que se hallaron las tres estelas en Las Capellanías. Deduciendo que antes de abandonar la necrópolis, habrían tumbado y trasladado las tres lápidas; cambiándolas de lugar, con el fin de ocultar los enterramientos a los que pertenecían (de época orientalizante). Trasladando las tres grandes piedras, para que no expoliasen sus tumbas; deponiendo sobre el terreno su cara grabada boca abajo, con el fin de que no fuesen identificadas. Pero también podemos pensar, que para su mejor ocultación; cubrieron las losas con tierra, evitando así que las localizasen. Lo que -a mi juicio- pudo confundir el análisis de luminiscencia; si las habían escondido bajo arenas y restos de las cistas del Bronce (sobre las que colocaron esas estelas). Pudiendo deducirse que el OSL aplicado a “Cañaveral 2”, quizás midió la luminiscencia de las tierras y musgos pertenecientes a esa fosa muy anterior. Llevando a datar la última luz recibida por los restos a examen, entre el 2340 y el 1680 a.C.; fechas perfectamente ajustadas a la necrópolis del Bronce. Por último diremos que -probablemente- habían dejado esta lápida numerada como 2; sobre aquella gran cista expoliada; simulando que pertenecía a ese enterramiento vaciado. Para evitar que los expoliadores continuasen con la búsqueda de restos, si la estela fortuitamente era encontrada por extraños o enemigos. Hechos y datos que nos llevan a afirmar que en el yacimiento de Las Capellanías, se practicó una amortización; muy semejante a las documentadas en El Turuñuelo y en Cancho Roano. Aunque, en este caso; el rito ceremonial de abandono y sellado supondría: Arrancar las lápidas, alejarlas de sus tumbas y situarlas sobre otras de la Edad del Bronce (expoliadas de antemano, cuando se reutilizó la necrópolis).




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Arriba, sala de las Estelas del Suroeste, en el Museo Provincial y Arqueológico de Cáceres (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Al lado, la misma zona del Museo de Cáceres; con la iluminación que se daba antaño, a las piezas. Al fondo, me encuentro yo -tomando fotografías-, para que podamos observar la escala y el tamaño de estas losas; que en algunos casos alcanzan los dos metros de altura. Ello, supone un peso descomunal (cientos de kilos), por cuanto su fijación sobre el terreno y mantenerlas elevadas; debía ser altamente compleja y costosa. Abajo, la Estela de Granja de Céspedes, en dibujo del profesor A. Mederos (al que agradecemos nos permita divulgarlo y modificarlo). En nuestro croquis, mostramos la dificultad que pudo suponer presentar y sostener estas lajas, que llegaban a pesar más de media tonelada. Sabemos que la gran mayoría se elevaban -o hincaban- sobre el suelo; por lo que nuestra hipótesis, es considerar que una gran parte, ha perdido la zona baja (que las sostenía; tal como veremos a continuación). Debido a que fueron amortizadas o arrancadas de su lugar de origen; en mi teoría, rompiendo su base. Al ser este el modo más sencillo de hacerlas caer, para esconderlas o enterrarlas; en un ritual de sellado, típicamente tartessio (lo que -a mi parecer- podemos testimoniar que sucedió en Las Capellanías de Cañaveral).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
La estela de Brozas (Trujillo) expuesta en el Museo Provincial y Arqueológico de Cáceres (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Al lado, el modo en que se elevaría sobre el terreno. He marcado con una línea, la parte que permanecería bajo el suelo; señalando la rota, con una “R”. A mi entender, parece obvio que le falta un trozo de gran tamaño; para sostenerse en vertical. Resultando -a mi juicio- evidente; que fue partida por esa zona que la unía y mantenía sobre la tierra; para amortizarla o esconderla (evitando que cayese en manos ajenas), Siendo lógico pensar que no desenterrasen su base; pues el método más sencillo es romperla a pico y derribar el monolito de lado; valiéndose de cuerdas, para evitar su rotura al caer (he marcada con líneas la zona anulada). Abajo, la Estela de Brozas (tal como se expone) donde podemos observar -claramente- que le falta una parte. De lo contrario, sería imposible elevarla sobre el terreno; ya que en su estado actual, mide 1,4 metros de altura y 75 ctms. de ancho (por cuanto, originalmente, hubo de acercarse a los dos metros y pesar casi una tonelada). Para consultar su catalogación: Por de Celestino Pérez (2a) y en Díaz-Guardamino (3a) .





JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
 La estela de Brozas y la de Robledillo, (Trujillo) en dibujo que presenta un esquema, considerando cómo pudieron presentarse en horizontal. Aunque no podemos aceptar mas que la hipótesis de su exposición original en vertical. Comprendiendo que han perdido su base. Al lado, dibujo de la Estela de Robledillo. Abajo, la de Brozas imaginada en horizontal.





JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
La estela de Robledillo de Trujillo; expuesta en el Museo Provincial y Arqueológico de Cáceres (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Al lado, hipótesis dibujada con el modo en que se elevaría sobre en terreno. Hemos marcado con una línea, la parte que se enterraría; y la quebrada, con una “R”. Al igual que sucedía en el caso anterior, parece obvio que le falta un trozo de gran tamaño; sin el que no se lograría sostener en vertical. Abajo, la Estela de Robledillo de Trujillo, tal como se expone; en la imagen se aprecia la rotura en su zona inferior. Por lo que, a mi juicio; hemos de suponer que fue picada en la línea de tierra, para ser derribada lateralmente (valiéndose de cuerdas) y tumbarla sin que se partiera. Pues desde la hipótesis de una ocultación y amortización; sería muy difícil arrancarla del terreno completa; debido al peso y profundidad de la base. Su altura actual supera un metro y su anchura, los 50 centímetros; aunque el monolito original debía tener una longitud cercana al metro y medio. Para consultar su catalogación por de Celestino Pérez, ver cita (2b) y en Díaz-Guardamino (3b) .



JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, dos estelas más, también expuestas en el Museo Provincial y Arqueológico de Cáceres (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). A nuestra izquierda la de Ibahernando (reutilizada en época romana); junto a la de Santa Ana de Trujillo. En ambos casos, parece que falta muy poco, de sus bases. Principalmente en la de Santa Ana; que aparentemente pudiera estar completa (mantenida tal como originalmente se elevó en el terreno). Abajo, ambas losas, en un símil que muestra nuestra hipótesis del modo en que fueron elevadas. Como podemos observar, la de Santa Ana, aparenta haber sido sacada del terreno, sin romper su zona de peana. Mientras que la de Ibahernando pudo sufrir alguna pérdida en su parte inferior. Un daño que recibiría al ser extraída de su lugar original; o bien, cuando la reutilizaron en época romana. Escribiendo sobre ella en caracteres latinos: ALLUQUIU(s) · PROTACIDI · F(ilius) HECE · SITUS -aquí yace Alluquio, hijo de Protacido-. Para consultar su catalogación por de Celestino Pérez, ver cita (2c) y en Díaz-Guardamino (3c) .



A-2) Las grandes estelas y sus “faltas” en la zona inferior:

En el anterior epígrafe, habíamos explicado el modo en que aparecieron las Estelas de Cañaveral de León. Sobre un campo de tumbas perteneciente a la Edad del Bronce; posteriormente, vaciado y reutilizado. Un segundo uso de las cistas, que debemos atribuir a quienes llevaron hasta este lugar las tres lápidas. Aunque, mantener esta hipótesis sobre el expolio del cementerio original; pasando enterrarse en el mismo, quienes grabaron las losas (durante el Bronce Final); contiene algunos anacronismos arqueológicos. Ya que el estudio de Campo muestra como las lápidas no aparecieron encima de las sepulturas reutilizadas. Es decir; no estaban sobre las tumbas de aquellos que -se supone- expoliaron las fosas del Bronce; para enterrar luego a los suyos, guardando allí cremaciones (dentro de cerámicas orientalizantes). Por cuanto, ante estos hechos; tan solo podríamos deducir dos hipótesis: La primera -a mi juicio, imposible- sería suponer que las tres estelas pertenecen a las gentes de la necrópolis original y fueron creadas durante la Edad del Bronce Pleno. Entre el siglo XXVII y el XVII a.C.; tal como fechó el estudio de OSL, en su análisis de los restos existentes bajo la losa “Cañaveral 2”. Mientras una segunda teoría -a mi entender, la cierta-; es considerar que quienes habían reutilizado el cementerio, enterrando allí a sus ancestros y jefes a fines del Bronce y comienzos del Hierro. Tuvieron que amortizarlo y sellarlo; seguramente, ante la necesidad de abandonar la zona; debido una crisis, a la llegada de enemigos o por la aparición de epidemias.


Partiendo desde esta última deducción (que parece la más lógica); podríamos estudiar por qué dos de las estelas halladas en Las Capellanías, presentan daños en su base; mientras la segunda, apenas ha sufrido roturas. Para comprobarlo, bastará observar las imágenes anteriores (dibujos de las piezas); comprendiendo que las catalogadas como “Cañaveral 1 y 3”, tienen su zona inferior rota y presentan numerosos daños (ante lo que hay que añadir que pesan el doble y cuádruple que la segunda). Así pues, dejando al margen el estilo y diseño de “Cañaveral 2”; muy distinto, ya que se trata de una Estela de Guerrero clásica. El hecho cierto, es que esta segunda, que representa un soldado con cuernos y espada en mano; se halló prácticamente entera (tumbada boca abajo, sobre dos cistas de la Edad del Bronce). Mientras, las numeradas “Cañaveral 1 y 2”, contienen innumerables “faltas”; principalmente en su zona de apoyo con el suelo. Por lo que -a mi juicio- podríamos aseverar que les han quitado su base original; a mi juicio, cuando se amortizaron. Pues, si las observamos, les falta una zona suficientemente pesada y que actúe como peana; impidiendo que caigan (por inclemencias, o el paso, del tiempo). Por lo tanto, sin poder afirmar que fueron hechas para exponerse encima de las tumbas; lo que sí sabemos es que estuvieron elevadas sobre el terreno. Debido a ello, de levantarlas en vertical en el campo, tal como actualmente las vemos; podrían tambalearse y caer. Generando un gran problema (no solo de culto o prestigio); ya que sería difícil volver a recolocarlas y llegarían a partirse. Es decir -a mi juicio- las Estelas “Cañaveral 1 y 2”, han sufrido un despiece, en su parte baja; porque de lo contrario, tal como actualmente están no se sostendrían sobre el terreno. Ya que para mantener levantada una laja de este tamaño y grosor; es preciso hundirlas en tierra, de un modo suficiente. Pero si hincamos estas dos estelas lo que se precisa para permanecer en vertical, tal como actualmente están; en ambos casos, perderían gran parte de sus dibujos (en la zona inferior). Lo que nos lleva a concluir que a “Cañaveral 1 y 3”, les falta un trozo de base, que se ha picado o cortado mucho antes de su hallazgo.




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Tres imágenes de la Estela de Ategua, tal como la muestra el Museo Provincial y Arqueológico de Córdoba (al que agradecemos, nos permita divulgarlas). Esta llamativa lápida, cuyos dibujos reflejan un ritual funerario y se han relacionado con el estilo geométrico ateniense; fue hallada en las inmediaciones de la ciudad turdetana de Ategua (cercana al Guadalorce y próxima a Puente Genil o Espejo). Debido a ello, podemos pensar, que cerca de su lugar de hallazgo, pudo situarse una necrópolis tartessia (reducidas en medidas y uso; como sabemos). El tamaño del ejemplar es de unos 1,6 por 0,7 metros y su grosor medio se aproxima a los 36 centímetros; por cuanto su peso -que desconozco- debe superar los doscientos kilos. Si observamos su parte baja, parece no estar rota. Ello supone que para sostenerse con la poca base que tiene, debería haber sido fijada con mortero o con un sistema de peana, que impidiera hacerla caer. Arriba, la Estela de Ategua, tal como estaba expuesta en el museo cordobés; hace años. Al lado, cartela que mantenía este museo, junto a ella. Abajo, nuestra hipótesis sobre el modo en que se sostendría. Una pieza, que quizás fue respetada enteramente, por su alto valor estético. Sacándola perfectamente del lecho que la sostenía; al ocultarla o ponerla a buen recaudo. Para consultar su catalogación por de Celestino Pérez, ver cita (2d) y en Díaz-Guardamino (3d) .




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Otro caso extraño, dejando claras dudas sobre el modo en que se sostenía originalmente su monolito; es el documentado como Cabeza de Buey IV. Al lado: dibujo de esta pieza, presentado por Díaz-Guardamino, en su Tesis Doctoral -agradeciendo nos permita publicarlo- (3e) . Observemos que la estela contiene un texto epigráfico, escrito en alfasilabario tartessio; casi en la base. Lo que me lleva a pensar, que estas palabras fueron -quizás- añadidas cuando se amortizó, o se modificó la pieza. Según nos dice Díaz-Guardamino; se considera grabada en dos etapas. Escribiendo la investigadora sobre una segunda fase en su talla: El bloque es fragmentado, girado 180º. Se realiza una inscripción funeraria tartésica y, posiblemente, un antropomorfo situado frente al carro con los brazos elevados y realizado en el lateral del soporte. Presenta una morfología diferente a las demás figuras del soporte. Se baraja la hipótesis de que bajo la inscripción hubiera otra línea de textoidem (3e) . Abajo, Cabeza de Buey 4; tal como la expone el Museo Provincial y Arqueológico de Badajoz (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, detalle de esta curiosa lápida, que contiene una inscripción en signos del Suroeste. Abajo, hipótesis del modo en que pudo sujetarse, usando el vano inferior que tiene; tras haber sido cortada por debajo y reutilizada (añadiendo grabados y el texto epigráfico). Hemos de destacar, la sección perfecta de su base y su proximidad a los dibujos y la inscripción. Por lo que debió mantenerse en vertical, de un modo diferente a las demás; sin hundirla en tierra. Pudiendo haber servido el boquete que presenta, como un gozne para sostenerla.







JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Un caso muy diferente a los que hemos visto en imágenes anteriores, es el de aquellas losas que no tienen base suficiente, ni espacio para hincarse (siendo imposible sujetarlas en el suelo). Dejando como posibilidad, que estuvieran depositadas en horizontal; o bien, que hayan perdido su zona baja. Una de ellas es la documentada como Torrejón el Rubio I; hallada en la Finca el Oreganal de este lugar cercano a Trujillo. Sobre la que Díaz-Guardamino nos dice que está fragmentada en su inferior (donde se representa una espada y una lanza) (3f) . Aunque de Celestino la dibuja en sentido inverso, considerando el carro su parte baja (2e) . Al lado, una primera hipótesis sobre su colocación original, tumbada (idea, que no contemplamos). Abajo, dibujo la estela, según Sebastián Celestino Pérez (2f) -al que agradecemos nos permita divulgarlo-. Lo hemos duplicado, con el fin de mostrar que no tiene espacio para sostenerse en vertical; en ninguna de sus posturas.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, la referida estela de Torrejón el Rubio I; tal como la expone el Museo Provincial y arqueológico de Cáceres (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra foto). Como podemos observar, tiene el carro en la parte superior; tal como la recoge Díaz-Guardamino. Aunque no es esta la posición considerada por de Celestino. Quien, a mi juicio, se basa en que las lanzas aparecen en el lado superior y los carros en la zona baja (en la mayoría de los casos). Otro hecho común en las estelas, es que los escudos presenten su escotadura mirando a la derecha; por cuanto su posición actual, en el Museo de Cáceres; pudiera ser errónea. Abajo, forma en que debió ser colocada originalmente esta pieza; a la que habrían quitado -cortado- su base. Un hecho que entendemos como el mejor sistema para sacarla de su lecho en tierra; y que suponemos sucedió, cuando la amortizaron. Seguramente para ocultarla y alejarla del lugar que guardaba; bien fuera una necrópolis, un camino o un punto sagrado.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
A mi juicio, otro caso de rotura, amortización y traslado de una estela; sería el de la más famosa y primera en documentarse. Hallada en Solana de Cabañas en 1889, por Mario Roso de Luna; fue encontrada junto a algunas cenizas (según documentó su descubridor). Aunque no hay más testimonios, ni datos sobre ello; el único hecho cierto, es que fue catalogada inicialmente como un ara romana. Pese a ello, es posible que fuese hallada junto a una necrópolis, aunque la estela presenta todos los rasgos de haber sido amortizada y trasladada; pues tiene su base perfectamente rota. Pudiéndose observar que fue golpeada, justo hasta el punto en que comienzan sus dibujos inferiores. Lo que puede entenderse como un despiece del monolito, debido a su tamaño; ya que mide más de 1,3 por 0,6 metros y solo tiene un grosor medio de 15 a 18 ctms. Dimensiones que suponen una superficie totalmente inestable, por lo que debió estar sustentada por una enorme base (profundamente enterrada). En imágenes podemos comprobar lo que advierto. Al lado, detalle de su zona inferior, donde vemos que la han golpeado de manera concienzuda; pero sin dañar los grabados. Abajo, hipótesis del modo en que pudo sostenerse en vertical; necesitando una gran peana bajo tierra. Hay quienes consideran que estuvo apoyada junto a una pared; aunque esta teoría no explica por qué tiene la zona inferior con marcas de haber sido golpeada. Para consultar su catalogación por de Celestino Pérez, ver cita (2g) y en Díaz-Guardamino (3g) .




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Otro caso similar al anterior, sería el de la Estela de Arroyo Bonaval (Almendralejo); que actualmente se halla en paradero desconocido y de la que se conserva el dibujo que repetidamente recojo (con el fin de divulgarlo, por si alguien la pudiera localizar). Al lado, su diseño; publicado la primera vez por Fernández de Oxea y más tarde por Almagro-Gorbea (4) (a los que agradecemos nos permitan incluirlo en este trabajo -ellos y sus herederos-). Abajo, muestra de las roturas en la zona superior e inferior (tal como se halló); que impedirían haberla sostenido y expuesto en vertical. La única solución habría sido tumbarla, aunque tampoco contiene suficiente zona baja, para sujetarla. si desean consultar su catalogación por de Celestino Pérez, ver cita (2h) y en Díaz-Guardamino (3h) .




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Muy parecido al caso antes expuesto, es el de la pieza catalogada como Torrejón el Rubio IV. Que actualmente está en el patio del ayuntamiento de esta localidad; de cuya página Web hemos obtenido una fotografía. Asimismo y para una mejor comprensión de la pieza, incluimos un dibujo que Isabel Ongil publicó en 1983 (5) y sirvió de modelo para otros estudios; como el de Celestino y Díaz-Guardamino (a los que agradecemos nos permitan incluirlo en nuestro trabajo). Al lado, una de las pocas imágenes que hay de este ejemplar; obtenida desde las fotos que difunde en su página oficial el Ayuntamiento de Torrejón el Rubio (al que agradecemos nos permita divulgarla). Abajo, las posibilidades de su colocación, conforme a roturas que presenta. Pese a haberse perdido gran parte del monolito; actualmente mide unos 80 ctms de diámetro y tiene un grosor medio de 10 ctms.. Por cuanto, entera y con su base, debía superar el metro y medio de altura; pesando centenares de kilos. El estado en que se halla -a mi juicio- quizá se debe a su amortización y ocultación; tras despiezar su peana y sacarla de la tierra. Para consultar su catalogación y dibujo por de Celestino Pérez, ver cita (2i) y en Díaz-Guardamino (3i) .



Después de todo lo expuesto, podemos plantearnos si se observan en otras losas del Suroeste; unas circunstancias y hechos parecidos a los recogidos en los ejemplares “Cañaveral 1 y 3” (que carecen de una base suficiente, para sostenerse en vertical). Ante lo que me atrevo a aseverar, que esa pérdida en la zona inferior, se aprecia en muchos de esos grandes monolitos. Refiriéndome a piezas que superan el metro de altura, con cientos de kilos de peso. Principalmente cuando se trata de pedernales muy voluminosos, pero sin un gran grosor; como sucede en los que hemos recogido en imágenes anteriores (Brozas, Robledillo de Trujillo, Solana de Cabañas y etc). En los que son comunes esas “extrañas roturas” de su zona baja; algo que justificamos, por ser más grandes y no poderse extraer del terreno, sin partirlas. Lo que nos lleva a pensar -primeramente- en su difícil movilidad debido al tamaño; pero ello no explica que sus faltas se produzcan normalmente, en el inferior de la pieza. Pues, de forma muy diferente, las lajas pequeñas; presentan desperfectos de manera indistinta. Apareciendo roturas y desgastes, en los laterales, en la parte alta o en la baja. Es decir, las estelas de menor peso y volumen; están en mal estado debido al paso del tiempo o a golpes fortuitos en todos sus lados. Sin presentar faltas de un modo tan uniforme como las enormes losas; que normalmente, aparecen con un despiece en su parte inferior. Unas circunstancias, que unidas a la idea de la amortización y sellado de las necrópolis tartessias; nos lleva a poder deducir una hipótesis propia. Teoría que -asimismo- podría explicar la descontextualización en los hallazgos de estos ejemplares. Tanto como en el hecho, de que cuando se han encontrado junto a enterramientos; estos correspondan con tumbas de la Edad del Bronce (no a restos de su época).


Lo anteriormente expuesto, obliga a pensar, que esos tartessios o pretartesios; a los que denominaremos habitantes del Suroeste, a Fines del Bronce y comienzos del Hierro. Abandonaban los campos mortuorios, escondiendo sus losas y tumbas; del mismo modo que sellaban sus lugares sagrados (como se comprobó en Cancho Roano y El Turuñuelo). Para lo que es imprescindible, cambiar de posición las Estelas, trasladarlas y no dejar rastro de los enterramientos. Un ritual que resultaría más o menos sencillo, cuando las lápidas eran de tamaño pequeño; pero no así frente a grandes lajas, hincadas en el suelo. Pues si aquellas piedras conmemorativas, eran enormes monolitos, con centenares de kilos de peso; presentaban tres problemas para su ocultación y traslado. El primero, sacarlas del suelo; ya que estarían fijadas con una gran base, que -quizás- sujetaban con mortero de cal y arena. El segundo; tras superar el problema del pedestal; debían hacerlas caer sobre el terreno de un modo que no fuera peligroso, ni rompiera la pieza. Pues una losa de ese tamaño, podría provocar graves accidentes; a más de partirse en pedazos, si no la inclinaban debidamente (con cuerdas y de lado). El tercer problema a resolver, sin medios mecánicos; era transportarlas y situarlas lejos de las tumbas (para evitar expolios). Debiendo así enterrarlas fuera de la sepultura que honraban; boca abajo y sin remover mucho el terreno, para que los ajenos no observasen modificaciones en el suelo. De tal modo, en las operaciones de sellado de necrópolis tartessias (que creo hicieron) debieron preferir romper la base de las grandes estelas, antes que sacarlas del suelo. Ya que arrancar esas moles de su lugar de origen; no solo resultaría una operación difícil, sino -también- arriesgada. Pues al estar hundidas con profundidad en la tierra y pesar cientos de kilos; podrían producirse accidentes o la caída brusca y rotura de la pieza. Siendo una operación peligrosa cavar su entorno, para arrancarlas del lecho, sacándolas del hoyo. Mientras picar su base y dejarlas caer, sujetas por cuerdas, era la fórmula más sencilla; pudiendo arrastrarlas posteriormente, tirando de esas sogas.


Estos hechos descritos, me llevan a concluir que para amortizar y ocultar un gran pedernal de este tipo; debían partir la zona baja, desbrozando su línea junto al suelo; manteniéndolas atadas con cuerdas, para derribarlas lateralmente (evitando que se partieran). Bastando golpearlas con piqueta y cincel en su confluencia con el terreno, hasta que la pieza cedía; haciéndola caer de un modo controlado, tirando en ese momento de las cuerdas, para depositarla sobre el terreno y trasportarla. Una técnica que solo se llevaría a cabo con losas de enorme tamaño, siempre que estuvieran hincadas. Ello nos lleva a comprender las faltas en su base, que presentan piezas como: “Cañaveral 1” y “Cañaveral 3”. O la serie de Estelas Básicas (con escudo y armas) que hemos recogido anteriormente, como la de Solana de Cabañas, Brozas, Robledillo y largo etcétera, que mencionamos en el siguiente epígrafe. Donde explicamos una clasificación de esas estelas, en razón de su tamaño, apoyo y roturas.




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
El problema que planteamos, sobre la elevación en vertical y fijación al terreno de las estelas; puede comprobarse en el Museo Arqueológico Nacional, de Madrid. Donde se exponen algunas de estas piezas, simulando sujetarse tal como originalmente lo hacían. Arriba, sala del MAN con diferentes Estelas Decoradas (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). En la fotografía he situado a mi mujer, para comprender la escala: junto a ella, las piezas procedentes de Magacela, El Viso y Fuente de Cantos. Todas ellas contienen una base suficiente que las permite sostenerse; lo que no ocurre con otras muchas (como vemos en el siguiente ejemplo). Al lado; la Estela de Zarza de Montánchez, tal como la expone el Museo Provincial y Arqueológico de Cáceres (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Mide 176 ctms. de alto y más de un metro de ancho; con un grosor medio que supera los 20 ctms. (sin conocer su peso, consideramos que debe superar la media tonelada). Pese a sus proporciones, tan solo conserva un pequeño saliente en la parte inferior, para sustentarse elevada. Abajo, la misma losa, sobre la que hemos simulado su colocación en el terreno; calculando el límite con el suelo, desde el punto en que terminan sus bajorrelieves inferiores (el carro). Como podemos comprobar, le falta una gran parte de la base; pues no se sostendría con esta prominencia en pico, colocada bajo tierra (debido a su enorme peso y tamaño). Para consultar su catalogación por de Celestino Pérez, ver cita (2j) y en Díaz-Guardamino (3j) .




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
La Estela de Zarza de Montánchez, en un dibujo de Díaz-Guardamino, desde el modelo publicado por Sebastián Celestino Pérez -a quienes agradecemos nos permita divulgarlo; ver (2j) y (3j) respectivamente- . Tomamos este diseño, para comprender la zona de su base rota. Ya que no se sostendría en vertical, con la pequeña parte que actualmente tiene en la línea inferior y bajo sus figuras. Es de destacar que de Celestino relata el modo en que este ejemplar fue encontrado; apareciendo en medio de un camino rural, en la Sierra de Montánchez. Unas circunstancias de hallazgo, que mucho se parecen a las de “Cañaveral 1” (también procedente de una vereda campestre). Por cuanto, me atrevo a comentar; que pudo existir una necrópolis en un lugar muy cercano, al punto donde se encontró la estela de Zarza de Montánchez. Un dato a tener en cuenta, para realizar futuras prospecciones arqueológicas.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
La Estela de El Carneril (Trujillo), es otro caso en el que observamos claramente su rotura en la base. Al lado, simulación del tamaño que debió tener originalmente la losa; figurando el modo en que se colocaría hincada sobre el suelo. Abajo, La Estela de El Carneril de la Ramira (hallada junto a Trujillo); tal como la expone el Museo Provincial y Arqueológico de Cáceres (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Observemos en su zona inferior la rotura cuadrangular; lo que quizás ha hecho pensar que se sostendría en pie y verticalmente, sobre esa “peana”. Debido a ello, Díaz-Guardamino escribe: Fragmentada ligeramente en la parte inferior y en un lateral (3k) . Pese a ello -a mi juicio- no podría elevarse con esa pequeña base; ya que su altura es de 1,25 metros y su anchura de unos 50 ctms.. Por cuanto, con un grosor medio cercano a 15 ctms.; resulta imposible sostenerla sobre la peana que actualmente tiene. Siendo la hipótesis más sencilla; pensar que se extrajo de la tierra, desde este punto de corte en la zona inferior (tal como muestra la imagen de al lado). Para consultar su catalogación por de Celestino Pérez, ver cita (2k) y en Díaz-Guardamino (3k) .



B) AMORTIZACIÓN Y OCULTACIÓN COMO SOLUCIÓN A UN ENIGMA:

B-1) Basas y losas; sus diferentes formas y su situación original:

Hemos expuesto nuestra teoría sobre la amortización, traslado y sellado de estas lápidas decoradas; como explicación a la falta de contexto arqueológico en sus hallazgos. Hipótesis que -primeramente- se argumenta con la aparición de los tres ejemplares, en Las Capellanías de Cañaveral; halladas boca abajo y depositadas con cuidado. Un dato, al que se une el extraño hecho de que estuvieran lejos de las tumbas a las que pertenecían -refiriéndome a los enterramientos orientalizantes (no a los anteriores)-. Pues, como hemos repetido, las fosas de la Edad del Bronce fueron expoliadas a inicios del Hierro; para reutilizar sus cistas. Debiendo deducirse que quienes dieron un nuevo uso a esos sepulcros, eran los mismos que tallaron y colocaron las tres losas decoradas en el lugar. A cuanto exponemos, se suma la rotura en la base de las dos estelas más voluminosas (Cañaveral 2 y 3); que necesitarían originalmente una gran zona hundida bajo tierra, para sostenerse en vertical. Por lo que -a mi entender- estas más grandes, fueron arrancadas de su lecho, partiendo su zona baja; debido al peso y a la dificultad para extraerlas del terreno cavando, sacándolas así completas. Una idea que se convierte en posible verdad, cuando analizamos otras estelas semejantes, aparecidas en diferentes lugares; que muestran el mismo problema. Piezas que anteriormente hemos observado, entre las que destacan: Solana de Cabañas, Torrejón el Rubio (1 y 4), El Carneril de Trujillo o Zarza de Montánchez (y largo etc). Todas ellas, con un enorme tamaño y con daños en su zona baja; golpeada y sin contener una base suficiente para sostenerse verticalmente (tal como hoy las conocemos). Lo que me hizo pensar en una amortización y sellado de estas losas; que habrían sido arrancadas y no sacadas del terreno. Refiriéndome al modo de partirlas por su línea de contacto con el suelo; sin necesidad de extraerlas enteras. Para alejadas del lugar sagrado al que pertenecían (bien sea necrópolis, santuario o cruce de camino); posiblemente, con el fin de que no fueran expoliadas. Tal como a juicio de los expertos, se hizo en Cancho Roano o en El Turuñuelo.


B-1/a) Betilos antiguos reutilizados:

De tal modo, deberíamos diferenciar las distintas estelas, conforme al estado de su base; para conocer la forma en que se exponían originalmente y el modo en que pudieron ser ocultadas o selladas. Así pues, las primeras que hemos de mencionar, son las que se grabaron sobre un cipo o losa ancestral, reutilizada. Dando un uso nuevo, a monolitos de la Edad del Bronce, del calcolítico; o incluso de origen megalítico. Ejemplares que se distinguen por contener una base suficiente para sostenerse en vertical; guardando forma de menhir o de betilo angular. Entre ellas, destacan algunas muy famosas; como la de Magacela, la de Fuente de Cantos y la de Cancho Roano. Pero también deberíamos incluir en el mismo tipo, otras más desconocidas; como las de San Martinho, que podemos ver en imágenes a continuación (tal como las muestra el Museo de Castelo Branco). Acerca de su nuevo uso y las épocas en que pudieron “retocarse” podemos leer lo que nos dice Díaz-Guardamino; quien en su colosal tesis doctoral describe estos monolitos, desde la etapa dolménica, hasta la orientalizante (catalogando unos 355 ejemplares). Aunque, para una mejor comprensión de cuanto expresamos, vamos a pasar a la exposición de ideas a través de imágenes. Con el fin de poder diferenciar bien la situación que presentan las estelas decoradas en su época; durante el Bajo Bronce y principios del Hierro. Frente a monolitos muy anteriores; reutilizados por esos habitantes del Suroeste, desde finales del II milenio y comienzos del I a.C.. Convirtiendo en una Estela Decorada; lo que era un cipo o un monolito, venerado desde tiempos dolménicos o del Bronce.




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Tres imágenes de las Estelas de San Martinho; tal como las expone el Museo de Castelo Branco, Portugal (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Arriba, la sala del referido museo; con los ejemplares catalogados como San Martinho 1 y 2. Junto a ellas, mi mujer; para que comprendamos la escala. Al lado, estela de San Martinho 1; sobre la que Díaz-Guardamino nos dice que se trata de una pieza fragmentada y alisada en sus caras, quizás producto de su reutilización. Un segundo uso que ya fue apuntado por de Celestino en 2001 (3l) ; quien -por su parte- la describe y analiza en dos de sus páginas del libro que podemos consultar en (2l) . Donde Sebastián Celestino incide en el hecho de que fue una de las primeras descubiertas y estudiadas; documentándose ya en 1905. Aunque primeramente se catalogó como romana; hasta ser analizada con acierto por el Abate Breuil, treinta años más tarde. Abajo, ambas piezas expuestas en el Museo de Castelo Branco (Portugal).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, zona media de la estela de San Martinho 2; un antiguo menhir, donde fue posteriormente grabado un antropomorfo. He destacado sus rasgos para señalar que se representa sonriente (marcando sus ojos, boca y orejas) y -a su vez- luce una armadura. Abajo, extremo superior de la pieza; en el que podemos ver claramente que se trata de un “menhir” con forma fálica.








JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, dibujo esquemático de la estela San Martinho 2; según Díaz-Guardamino -a quien agradecemos nos permita divulgarlo- . Escribe la investigadora sobre esta pieza, SIC: ”Soporte fálico, posible menhir reutilizado. Preparado en todas sus caras. Figura humana esquemática, con los brazos elevados sosteniendo un arco con flecha. A su derecha está representada una posible espada (carcaj según Celestino), una fíbula acodada y un cuadrúpedo (perro?). A su izquierda hay un elemento oval, un espejo y un pequeño peine (éste identificado por Galán). En la parte superior se completa la escena de caza con un ciervo acosado por un perro y grandes aves alrededor” (3m). Muy similar es el dibujo que presenta de Celestino; añadiendo un dato importante, anotando que fue hallada a 60 ctms. de profundidad, lo que la preservó de toda erosión (2m) . Un hecho, que -a mi juicio- puede hablarnos de su sellado y amortización, ocultándola en tiempos de Tartessos; para que no fuera reutilizada o profanada. Este ejemplar demuestra el modo en que durante el Bajo Bronce y a comienzos del Hierro, se dieron otro uso a cipos; que milenios atrás habían tenido ya un significado religioso. Asimismo, destaca el prof. Celestino Pérez, que conteniendo un antropomorfo; a su juicio, no es una estela de guerrero (propiamente dicha). Ya que no presenta armas de guerra, sino de caza; acordes con la escena que describe. Pese a ello, Díaz-Guardamino considera una espada el objeto que luce el antropomorfo a su derecha; y un carcaj el elemento de la izquierda. Abajo, cartela del Museo de Castelo Branco, situada bajo esta pieza; desglosando los elementos representados en ella.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Dos imágenes más de San Martinho 2. Al lado, foto muy contrastada, para observar sus figuras centrales (podemos ver el antropomorfo sonriente). Abajo, misma imagen donde he marcado los elementos principales: A su derecha, el hombre esquemático llevaría una Fíbula de codo, un Carcaj (o espada, según Díaz-Guardamino) y estaría acompañado por un perrito. Mientras el el lado contrario, tendría un espejo, un peine pequeño y -a mi juicio- una red de caza (esta última, es una interpretación propia; pues comúnmente se describe como un “elemento oval”).





JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, dibujo de la Estela de Sanmartinho 1; tal como la recoge Díaz-Guardamino -a la que agradecemos, nos permita divulgarlo- . Nos dice sobre ella, que es una: Pieza fragmentada en la parte superior (quizá producto de su reutilización) y alisada en sus tres caras. Pudo ser una estela reaprovechada como soporte de una composición del estilo de las del SW, quizá por ello fue fragmentada (posibilidad apuntada por Celestino”. Comentando que contiene Dos elementos verticales de difícil interpretación (hoja espada y astil alabarda?). Un elemento central que recuerda la silueta ancoriforme de las estelas alentejanas o el elemento rectangular de estatuas-menhir (…) Dos líneas paralelas horizontales entre las cuales se disponen una serie de puntos a modo de remaches, como si de un cinturón se tratara. De éste motivo parten multitud de líneas paralelas verticales”. Además de aparecer en ella: “Dos antropomorfos esquemáticos, uno junto a otro. A los lados de las figuras hay trazos curvos que podrían ser interpretados como brazos o como escudos. Cada figura tiene un casco de cuernos” -idem (3l) - . Abajo, la estela de San Martinho 1, tal como la expone el Museo de Castelo Branco (Portugal). Observemos que en su base hay una peana adherida, sobre la que se alza el monolito original; lo que de Celestino interpreta como un escalón, para ser hincado en la tierra. A mi juicio, se trataría de un tipo de sujeción añadida, para que al colocarse no se ocultara la estela; ya que va decorada prácticamente hasta abajo. Debiendo pensarse que se quizás se alzaba sobre otra peana más, introducida en el terreno (tal como modernamente se elevaron los “churros” o las columnas conmemorativas, con un peldaño sobre el solado).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
De nuevo, monolito catalogado como San Martinho 1; tal como la expone el Museo de Castelo Branco, Portugal. En estas dos imágenes he querido mostrar los “rasgos extraños” que de Celestino señala; por los que no la considera una Estela de Guerrero (2l) . Debido a su esquematismo y a sus decoraciones similares a las calcolíticas y del Bronce Pleno: muy diferentes y ajenas al mundo de las Estelas del Sudoeste. Al lado, bajorrelieves de la pieza, interpretados por mí. Donde observo dos guerreros de tipo “sardo”, con cascos de cuernos; representados de modo esquemático. Simulando sus siluetas, el diseño de un “lingote Keftiu” (talento cúpreo, de uso común en Cerdeña; durante el Bajo Bronce). Mientras entre ellos, estaría el propio lingote “Ox Hide”; con la forma que daban los sardos al cobre, para comercializarlo (el de una “piel de buey”, como signo de pecunia). Esta figura central de la estela, se suele interpretar como un arma ancoriforme; aunque yo me inclino a considerarla un Labrys o Keftui. Cuya figura era sagrada en la Península y veneraba al metal, tanto como al toro (dios de la guerra). La historia de este símbolo, también relacionado con el “hacha doble” (bipenne o Labrys) comenzó en Creta y Chipre, durante la Edad del Bronce y pervivió hasta bien entrado el Hierro, en la isla de Cerdeña (que capitalizó el comercio del cobre occidental, durante el final del II milenio y comienzos del I a.C.). Sobre el “Ox Hide”, a mi juicio representado en San Martinho 1; añadiremos un dato importante, como es la existencia de un famoso enterramiento, de influencia sarda, en las costas de Portugal. Nos referimos al tholos denominado Roca do Casal do Medio; datado entorno a los siglos XIV/XII a.C.. Que se halló en las cercanías de Setúbal; apenas a unos 250 kilómetros de Castelo Branco (lo que antaño eran cuatro o cinco jornadas de viaje). Unos hechos que me hacen unir esta estela, con la tumba cercana al Atlántico; no solo por el lingote Keftiu, representado en ella, también debido al esquematismo de sus guerreros. Cuyos cascos son con enormes cuernos; como los que veremos en Cerdeña durante el Bajo Bronce y comienzos del Hierro. La referida esquematización de los cuerpos de los dos soldados, también apunta líneas similares a las de un “Labrys”. Lingote de cobre sardo, que observo entre ellos, y en ellos; quizás, señalando un objeto sagrado y de comercio. O mostrándolos como Smithing Gods, dioses del Keftiu. Símbolo de la riqueza y minería; motivo principal por el cual llegaban los navegantes mediterráneos, al litoral atlántico peninsular. Abajo, la misma pieza; en una imagen muy contrastada para poder observar los trazos que antes he señalado.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, dibujo de la Estela de Sanmartinho 3; tal como la recoge Díaz-Guardamino -a la que agradecemos, nos permita divulgarlo- . Quien escribe sobre esta pieza, que se encuentraFragmentada por la parte superior e inferior (…) podemos ver un emblema rectangular similar a los vistos en piezas del NW peninsular y del SW de la Meseta Norte (o Preixana ). Hay otros trazos difíciles de identificar que podrían estar representando partes de armas u otros elementos similares a los que acompañan este tipo de estatuas-menhir o a las estelas alentejanas (p.e. espada y alabarda). En la parte inferior hay una serie de líneas rectas paralelas verticales que parten de una línea horizontal a modo de cinturón. Todo ello probablemente fue parte de la vestimenta” (3m) . Ante lo que me atrevo a añadir, que en su centro tendría grabado un “labrys”; como un lingote cúpreo o bien, simbolizando un hacha de talón. Abajo, la estela tal como se expone en el Museo de Castelo Branco (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Tristemente, no podemos apreciar bien sus grabados, debido a un foco central, que la ilumina. Por lo que he señalado sus grabados.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, imagen que nos hemos atrevido a tomar desde la tesis doctoral de Marta Díaz-Guardamino (en su página 342); debido a que nos fue imposible fotografiar bien la Estela de San Martinho 3 (al exponerse, iluminada con una luz en su mitad). Rogando disculpas y agradeciendo nos permitan divulgar esta foto, que la investigadora aporta señalando que es propiedad del IPM; la incluimos para destacar los rasgos antes observados en la estela. Donde creo apreciar en su centro, un hacha de talón o bien un lingote “Ox Hide”; al margen de los adornos que contiene en la base. Abajo, hachas de talón expuestas en el Museo de Castelo Branco (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra fotografía). Es de destacar, que esta preciosa población portuguesa; famosa por el palacio episcopal (donde se halla el Museo). Se encuentra en el camino entre el Atlántico y Extremadura; donde las comunicaciones se abren hacia la Sierra de Gata. Sita a unos 120 kilómetros del Océano y a unos 100 de la Coria extremeña; su posición como paso intermedio, es un dato importante. Debido a que en Gata, es donde de Celestino considera que comenzaron a extenderse las Estelas Decoradas (desde los modelos básicos, que profusamente aparecen en esa serranía y en la de Montánchez). De tal modo, el Norte de Cáceres, se halla unido con el Atlántico por un trazado que llevará hasta Castelo Branco; y de allí, al Océano. Lo que refiere su importancia durante el Bronce Bajo, de este lugar donde aparecieron las Losas de San Martinho. Ejemplares que -a mi juicio- pudieran tratarse de los ejemplos más antiguos entre las Estelas Decoradas. Quizá, en una transición, desde las Estelas Alentejanas a las del Suroeste.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Pasamos a analizar dos ejemplares más, también grabados sobre monolitos antiguos. En este caso: la de Fuente de Cantos y la de Magacela. Al lado, Estela de Fuente de Cantos; se trata de una de las mayores encontradas hasta el momento (mide más de 2,3 metros y su ancho medio es de unos 75 ctms.). Díaz-Guardamino -en su tesis- la relaciona con elementos del Bajo Bronce; citándola junto a la de Bodonal, Capote y otras (que considera anteriores al siglo XII a.C.). A mi juicio -indudablemente- se trata de un pedernal antiguo, reutilizado a comienzos del Hierro; y debido a ello presenta las cazuelas o vanos, junto al guerrero. De hecho, Antonio Tejera; Jesús Fernández y Marcos Rodríguez, nos dicen sobre esta pieza y sus vanos, que la “serie de pequeñas cúpulas o cazoletas, como las aparecidas en la de Fuente de Cantos y Magacela en Badajoz; o en la de Pedro Abad, y en la de Córdoba I (concebida para ser colocada en posición horizontal; ver Celestino 2001: 435) y en algunas otras, de las que desconocemos su función. Estas cúpulas o cazoletas suelen ser comunes en estelas y paneles rupestres de otros contextos culturales (…) generalmente asociadas a sitios en donde se realizan rituales para derramar líquidos, ya sea agua, sangre, leche u otros, destinados a celebraciones” (6) . Abajo, mi mujer tomando fotos en el MAN (al que agradecemos nos permita divulgarlas); imagen donde podemos observar el tamaño de la Estela de Fuente de Cantos, que se expone junto a la de El Viso y la de Magacela. Para consultar su catalogación por de Celestino Pérez, ver cita (2n) y en Díaz-Guardamino (3n) .



JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS
: Al lado, detalle central de la Estela de Fuente de Cantos; muy contrastada, para poder apreciar sus cazoletas centrales. Sobre ello, nos dice de Celestino que destacan cinco círculos concéntricos, similares a los que aparecen en otros monolitos del mismo tipo -idem (2n) - . Aunque, a mi juicio, estos vanos no son como otros que veremos en las referidas Estelas de tipo tartessio; ya que tienen una profundidad mayor y se presentan ajenos al dibujo general. Pues si analizamos la escena; comprobaremos como las cazoletas “rompen” la composición. Hallándose las cinco principales, superpuestas sobre las piernas y cuerpo del antropomorfo. Debido a lo expuesto, me atrevo a aseverar mi consideración sobre una existencia muy anterior, de las referidas cazoletas; talladas previamente en la losa. Pedernal, que habría sido reutilizado, aprovechando (o imitando) alguno de esos “puntos redondos”; para simular las ruedas del carro y otros elementos de la escena. Incluso, sirviéndose de ellos, para grabar el espejo y el “umbo” (zona central del escudo); esquematizando los pies del individuo con dos puntos redondos más. Asimismo, denoto al menos siete cazoletas centrales; que identifico con constelaciones; tal como es común observar en las esquematizaciones de este tipo, durante el Bronce. Pudiendo relacionarse este conjunto de siete puntos, con La Osa Mayor o bien con Las Pléyades. Inclinándome más hacia este segundo grupo de estrellas, cuyo nombre significaba “Las Palomas” y “Las Navegantes”. Constelación que también fue llamada “Las Hespérides” (las Occidentales); cuyo padre era Atlante. Mitos y ritos plenamente relacionados con el remoto Oeste mediterráneo y con Tartessos.

Abajo, estela de Magacela; otro caso de un cipo milenario, reutilizado durante el Bajo Bronce o principios del Hierro. La vemos tal como se expone en el Museo Arqueológico Nacional (al que agradecemos nuevamente nos permita divulgar nuestras fotos). Pudiendo observar que también se sostiene sobre una base perfectamente construida, como peana. Lo que sucede con el resto de monolitos ancestrales, a los que dieron un nuevo uso durante tiempos de la precolonización. De ella nos dice Díaz-Guardamino que se trata de un Soporte fálico sobre el que se ha grabado una composición típica de las estelas de guerrero. En la mitad inferior un escudo de cuatro círculos concéntricos (...) en la mitad superior, una figura antropomorfa muy esquemática (...) tocada con casco de cuernos liriformes y con una espada corta al cinto (…) Junto a su pierna derecha hay una fila de cinco puntos (3o) . Por su parte, de Celestino, sabemos que interpreta esta serie de puntos como ponderales; y en 2001 ya indicaba la forma similar a un betilo de esta estela, señalando que contiene una base hecha con arcilla y granito (2o) . En nuestro artículo anterior comentábamos la proximidad de su hallazgo a un dolmen situado en la llanura de la población donde apareció. Comentando que por Magacela (Badajoz) transitaban los caminos que cruzaban desde Medellín, hasta Zarza Capilla; uniendo Ciudad Real y Almadén, con el litoral Atlántico. Convertida en Calzada por los romanos; ese camino se numera en el Itinerario de Antonino como 24; de Emérita a Sisapo. En este lugar de Magacela, se halla el dolmen del Cerco del Mazo; que data del Calcolítico y se relaciona con el de Azután, en Toledo (punto muy cercano a Las Herencias, donde también aparecieron dos Estelas Decoradas).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, guerrero nuraga datado entre los siglos XII al VIII a.C.. Exvoto sardo expuesto en el Museo de Cagliari, Cerdeña (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Podemos comprobar que su armamento y escudo se corresponde con el de las Estelas Decoradas, antes analizadas. Destacando su casco con cuernos (de los que la escultura ha perdido las puntas) y esa égida redonda; muy semejante a las que hemos visto en la pieza de Magacela y en la de Fuente de Cantos. Lo que (unido a las de San Martinho) nos indicaría la presencia de precolonizadores sardos, llegados al Atlántico entorno al siglo XII a.C. (buscando metales preciosos). Quienes -a mi juicio- habrían reutilizado monolitos antiguos, para grabar sus emblemas y signos; quizás, con el fin de legitimar su poder, sobre símbolos anteriores, o actuando como misioneros. Creando un sincretismo entre la religión y costumbres importadas desde Cerdeña con las peninsulares; arraigadas desde la era dolménica a la Edad del Bronce en nuestras tierras. Dibujando bajorrelieves con sus guerreros y armas, sobre cipos y menhires milenarios. Para manifestar un signo de unión con los ritos antiguos del litoral atlántico; pero también, con el fin de afianzar su dominio (uniéndolo al de los anteriores dueños de la zona).

Abajo, la estela de Talavera de la Reina; en uno de los pocos dibujos existentes de ella. La hemos buscado en su lugar de emplazamiento (el museo Ruiz de Luna, de Talavera); sin lograr dar con el ejemplar. Por cuanto, me limito a reproducir este diseño; publicado por Sebastián Celestino Pérez en 2001 (2p) -al que agradecemos, nos permita divulgarlo-. Quien ya señaló que se trataba de un menhir reutilizado, encontrado en un camino vecinal (próximo a esa ciudad toledana). Siendo importante volver a destacar su hallazgo en una vereda rural de Talavera; máxime cuando estas sendas pertenecen desde hace milenios, a Cañadas de Trashumancia, que unen Extremadura y Andalucía, con la zona central de la Meseta. Ello indicaría su uso como marcador de rutas, desde tiempos milenarios (quizá dolménicos) y su transformación como Estela Decorada, tras la precolonización. Sobre este ejemplar nos dice Díaz-Guardamino que se trata de unSoporte desbastado para señalar cabeza, cuello y hombros (…) 1º: estatua-menhir: La superficie está regularizada y alisada por pulimento. El rostro está señalado por ojos (cazoletas) y nariz en ligero relieve (…) . 2º: estela del SW: La estatua-menhir es reutilizada como soporte de una "estela de guerrero" (…) hay un antropomorfo esquemático en movimiento, vestido, con la mano izquierda exagerada y espada al cinto. El personaje podría estar tocado con un casco de cuernos (3p) . Datos que nos llevarían a unas mismas conclusiones; donde los cipos antiguos fueron reutilizados por gentes que lucían cascos y escudos de tipo Sardo (con cuernos en sus tocados y con égidas redondas). Lo que nos hace deducir que estos precolonizadores, venidos de Cerdeña durante el Bronce Final; grabaron sus signos en los menhires y pedernales, que se habían mantenido sagrados durante milenios. En especial sobre aquellos que marcaban caminos importantes; como este de Talavera, y la de Magacela.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes de la Estela de Setefilla (Lora del Río); tal como la exponía hace años el Museo Arqueológico de Sevilla (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Se trata de uno de los ejemplares más enigmáticos hallados, entre todos los de este tipo. No solo por su color negruzco (debido a que es una caliza pizarrosa); principalmente porque fue encontrada -por Bonsor- dentro de la necrópolis de Setefilla. Junto a varios túmulos; reutilizada como losa en una tumba de inhumación -orientalizante- y a restos de varias cremaciones. Pese a ello, se considera que es un ejemplar de la Edad del Bronce reutilizado; ya que mantiene rasgos y pruebas de haber sido usada como elemento ritual en época muy anterior. Sobre su importancia y la extensa documentación que hay entorno a ella; recomendamos leer cuanto expresan sobre la Estela de Setefilla, Sebastián Celestino Pérez y Marta Díaz-Guardamino; datos que recojo en cita (7) . Pese a su gran tamaño (1,75 m. de altura) se sostiene sobre una base angular, que mide unos 45 centímetros por cada lado (anchura que mantiene gran parte de la pieza). Su estructura piramidal y sus rasgos -a mi juicio- nos obligan a verla con grandes similitudes a la de Fuente de Cantos. Pudiendo deducirse que -en ambos casos-, fueron reutilizadas durante el periodo orientalizante, para convertirlas en lápidas funerarias. Cuyo personaje representado, quizás era el guerrero al que se dedicó una tumba. Siendo importante destacar -de nuevo- que se trataba de un monolito milenario, perfectamente equilibrado en su base; sin necesitar apenas ser enterrado, para mantenerse en vertical. Lo que explica la aparición de todo su conjunto, sin apenas roturas. Al lado, dibujo explicativo junto a ella; en el Museo de Sevilla. Abajo, el ejemplar sobre una peana; tal como se exponía antaño en esta entidad.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes de los petroglifos del Teleno (León), en sus losas de Peña Fadiel 1. De nuevo, he situado a mi mujer al lado de ellas, para comprender su gran tamaño. Representan círculos concéntricos y cazoletas, que se identifican con los grupos de astros y sus sínodos. Su datación es del Bronce Pleno; aunque algunos ejemplares, de mayor calidad y precisión (como los que vemos), se fechan entre el siglo XVIII y el IX a.C.. Por lo que serían coetáneos a algunas de las Estelas Decoradas. A mi juicio, el pedernal de Fuente de Cantos (anteriormente analizado), pudo devastarse desde uno de estos petroglifos.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
De nuevo, los Petroglifos de Peña Fadiel 1. En la imagen de al lado, vemos el Pico Teleno (al fondo). Monte sagrado, muy famoso durante la antigüedad; por la enorme cantidad de oro que proporcionaban su cumbre y laderas. Si observamos con detenimiento sus grabados, comprenderemos que son muy parecidos a las cazoletas que presenta la Estela de Fuente de Cantos.







B-1/b) Grandes losas, cuya base fue partida:

Acerca de este tipo de Estelas, nos hemos extendido ampliamente en epígrafes anteriores; cuando exponía mi teoría sobre la amortización de las lápidas y su necesidad de arrancarlas del suelo, rompiendo su zona baja. Trabajo que -a mi juicio- era necesario para extraerlas de su lugar original y ocultarlas. Siendo lo más sencillo, quitar la parte bajo tierra; pues si intentaban sacarlas completas, la operación era costosa y arriesgada. Por cuanto deducíamos, que el mejor medio y más simple; para extraer, transportar y esconder estas enormes lápidas. Era, atarlas con cuerdas, romper su línea de contacto con el suelo y volcarlas lateralmente (para que no se partieran en su caída). Debido a que llegaban a pesar casi una tonelada y si cavaban alrededor de ellas -con el fin de desenterrarlas-; la labor era muy costosa y conllevaba el peligro de que la gran mole se viniera abajo (quebrándose o causando un accidente). Cuanto hemos expuesto y anteriormente explicábamos, nos hace comprender por qué estos ejemplares de gran peso y volumen, actualmente carecen de base (se hallaron partidas). En los epígrafes “A1” y “A2” hemos estudiado un gran número de ellas; entre las que destaca la de Solana de Cabañas. Debido a lo que a continuación y en imágenes, vamos a recoger algunos ejemplos de menhires o cipos muy anteriores. Para comprender la diferente forma de sujetar sobre el terreno esos dos tipos de monolitos; los heredados del megalitismo o del Bronce, y las Estelas del Suroeste. Pues las grandes losas decoradas, iban -en su gran mayoría- hincadas en el suelo; dado su estrecho grosor. Mientras los pedernales de los milenios IV al II a.C.; pese a tener un tamaño similar, se elevaban sobre una peana propia, sin necesitar apenas hundirlos en el terreno. Ya que suelen ser cúbicos o circulares; su forma les permitía sostenerse, sin precisar una gran base clavada.




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Tres imágenes del menhir de Navalcán; procedente del dolmen situado en el mismo embalse toledano (tal como lo mostraba hace unos años el Museo de Santa Cruz, de Toledo; al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). El cipo de tipo fálico, es recorrido por una culebra; símbolo del agua y de los sínodos estelares (del movimiento universal). En su lateral tiene un báculo labrado y también hay representado sobre él, dos hachas (una trapezoidal y otra de talón). En su dorso, contiene diversas cazoletas; algunas de gran tamaño. Sobre esta pieza nos dice Díaz-Guardamino: Soporte fálico con estrechamiento en la parte superior a modo de cuello (…) un aire antropomorfo. La cara más vistosa presenta una serpiente en bajorrelieve recorriéndola verticalmente. En un lateral hay una "palette alongée". Sobre éste hay un elemento en relieve con forma de báculo. Se han documentado también un hacha simple y otra trapezoidal, grabadas con trazo fino, simétricas entre.(3q) . Mide aproximadamente un metro y medio; no necesita una base hincada, ya que su forma le permite permanecer en vertical. Se fecha entorno al 3500 a.C.; con una oscilación que le permitiría datarse hasta comienzos del tercer milenio.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Dos imágenes del ortostato de Navalcán, tal como lo exponía hace unos años, el Museo de Santa Cruz, de Toledo (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Al lado, fotografía muy contrastada; para comprender sus dibujos (donde vemos numerosas serpientes). Abajo, imagen sin retocar. En este caso, la pieza tiene las mismas características a la anterior, no precisando ser enterrada para sostenerse en vertical. Pertenece al mismo dolmen y está fechada en igual época. Hemos de destacar que este monolito -al igual que el anterior- apareció junto al embalse de Navalcán. En las cercanías de Las Herencias y de El Carpio de Tajo; lugares donde milenios más tarde hubo asentamientos tartessios (hallándose allí una necrópolis y dos Estelas Decoradas). Se trata de una zona paradisíaca, con un invierno primaveral; en el paso de las Cañadas que unen Extremadura y Andalucía occidental, con la Meseta.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes creadas por mí de la Estela Decorada, hallada en Luna/Valpalmas. Sobre la que algunos creen, era anteriormente un cipo cuadrangular. Al lado, recreación nuestra del monolito; simulando que anteriormente era casi cuadro y carecía de bajorrelieves. Abajo, la Estela de Luna; tal como podemos verla en el Museo Provincial y Arqueológico de Zaragoza (al que agradecemos nos permita divulgar su imagen). Acerca de este importante ejemplar, invitamos a todos los interesados consultar mi artículo: “La aparición de los cordófonos en la Península y su origen: ¿Fenicio, cretochipriota, egeo, hitita o celta?”. Para llegar hasta el artículo pulsar: https://historiasdelflamenco.blogspot.com/2025/12/iii-7-fenicia-y-cartago-en-nuestro.html





B-1/c) Estelas voluminosas, con extrañas formas y bases:

Apenas hemos mencionado estos casos; de los que hay suficientes ejemplos como para destacarlas, considerándolas un tipo de losas decoradas. Nos referimos a aquellas que por su forma y diseño, no pueden considerarse “estelas”. Ya que se trata realmente de “un fragmento” o un trozo pétreo; perteneciente a una construcción o procedente de una pieza mayor. Tratándose de lajas rotas y alargadas, cuyo sentido dista mucho de ser una estela y parece más bien la parte de un edificio. Una circunstancia que vamos a explicar y mostrar a continuación, a través de imágenes; para comprender perfectamente su tipología. Por lo demás, hemos de añadir que tras las nuevas apariciones de Estelas del Suroeste; se multiplican los casos de ejemplares con estos rasgos. Entre las que destacan: Capote, El Viso 4 de (Córdoba), Esparragosa de Lares 2, Zarza Capilla 3 y un largo etcétera.




SOBRE Y JUNTO ESTAS LÍNEAS:
La Estela de Esparragosa de Lares III -Bodeguilla-; tal como la expone el Museo Arqueológico de Badajoz (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes). Arriba, la recogemos en horizontal, para una mejor comprensión de la pieza. En ella vemos un escudo redondo, en la parte alta; bajo este, un antropomorfo que luce casco con cuernos (de nuevo el armamento remite a Cerdeña). Al lado derecho del guerrero, un espejo y una lanza; en su izquierda, una espada. Bajo este, otro individuo (en tamaño muy pequeño); por lo que puede tratarse de su hijo -quien conmemora la estela- o bien de un enemigo vencido. Para ver su catalogación en Díaz.-Guardamino consultar (3r) ; donde la autora anota que apareció junto al Embalse de Orellana y en un lugar por donde transcurre la Cañada Real Leonesa. Al lado, detalle de la base de esta pieza.



SOBRE Y BAJO ESTAS LÍNEAS: La estela de Esparragosa de Lares III, en ejemplos simulados de su uso junto a un muro y etc. Arriba, incluida en un dibujo, donde interpreto su forma de elevarse sobre el terreno. Como podemos ver, se trata de una “laja” muy defectuosa o partida; lo que me hace pensar que fue hecha para colocarse sobre una pared. Pues tal como está tallada, a la intemperie y sobre su base; podría quebrarse y caer fácilmente. Abajo: Símil diseñado por mí, donde incluyo dos veces esta rara pieza hallada en Esparragosa; simulando con ella una entrada a lugar sagrado (colocada como jambas laterales de una puerta).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Otro de estos ejemplares alargados; que no tienen forma de “estela” (propiamente dicha). Es la catalogada como Capilla III, de la finca Las Yuntas; hallada a orillas del Guadalmez, según de Celestino (otros afirman que en el Zújar). Sobre la pieza nos dice Díaz-Guardamino: En la parte superior hay (...) arco con flecha y un elemento alargado que podría ser un cuadrúpedo (...) o un puñal afalcatado como apunta Celestino. Hay otro elemento rectangular que podría interpretarse como carcaj, una navaja de afeitar con doble hoja (...) En el centro encontramos un antropomorfo , sobre su cabeza una serie de puntos (tocado?) y a sus lados una espada envainada (3s) . Por su parte, Sebastián Celestino expuso ya en 2001 que su “tocado” hecho con puntos, muy similar al de otros guerreros (como Cabeza de Buey I), puede simular el casco. Mientras el elemento que se ha considerado un peine -a su derecha- quizás sea un instrumento musical (2q) . Ante lo que me atrevo a añadir, que el “tocado” probablemente fue un bonete de oro, de los muchos que se han hallado en la Península (destacando los de Axtroki). Y que el instrumento musical, puede tratarse de un idiófono de cobre; pues resulta pequeño para ser una lira. Por último y rogando disculpas a los investigadores; querría expresar mi idea sobre este doble cuchillo, tranchete o navaja de afeitar que mencionan. Considerando que sería posiblemente un Labrys o hacha doble; figura y arma ritual entre las culturas cretochipriotas y sus herederas (como la sarda). Al lado, dibujo de la cartela que tiene a su lado, en el Museo Arqueológico de Badajoz. Abajo, la pieza, tal como se expone en el mismo museo (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Dos fotografías montadas, con objetos que -a mi juicio- se representan en esta Estela de Capilla III. Al lado, un hacha doble cretense, propiedad del Museo de Heraklion, en Cnosssos
(al que agradecemos nos permita divulgarla). Labrys o bipenna de gran tamaño, similar a la que se contiene en el sepulcro de Hagia Triada y fechada hacia el 1600-1450 a.C.. Se trata de un arma sagrada, entre las culturas minoicas; que -a mi entender- es el origen del Keftiu (lingote de cobre semejante a una piel de buey, pero también un hacha doble). Asimismo, era una herramienta de gran utilidad; por lo que se veneraba en Creta como símbolo del metal (en la forma de un posterior Smithing God; deidades masculinas con cuernos, muy parecidos al Minotauro). Junto a ella y a su lado inferior, he situado el dibujo del objeto que se representa en Capilla III; enser que -a mi juicio- sería un hacha doble (no de talón, sino una bipenna de tipo cretense). Abajo; los famosos bonetes -o cuencos- de Axtroki, pertenecientes al Bajo Bronce peninsular; tal como los expone el Museo Arqueológico Nacional (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). En un fotomontaje, he colocado abajo el dibujo del antropomorfo, representado en Capilla 3; pudiendo comprobarse que este tocado con bolas, lucido por el personaje de la Estela, quizás representa un bonete de este tipo (no un casco).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, la Estela de Capillas 3; en un dibujo donde se simula el modo en que pudo sujetarse al terreno. Añadiéndole un lecho de mortero de cal y piedras, para que no se cayera. Pese a ello, su forma es verdaderamente extraña; llamando la atención la laja completamente partida por los lados. Debido a ello, considero que pudo estar adherida a un muro o un edificio. Abajo, símil en el que vemos una imaginaria portada, construida con las estelas de Capillas 3 y la de Esparragosa de Lares III. De este modo entiendo y justifico; las extrañas formas que guardan este tipo de lajas (alargadas y deformes), que no son realmente Estelas.







JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Otra de las estelas que presenta un corte extraño. es la de Cabeza de Buey 3 (también llamada El Corchito). Donde según nos dice Díaz-Guardamino, se contiene:un escudo redondo con abrazadera y a su derecha una lanza. En un registro inferior están la figura humana con espada al cinto (...), espejo, peine, fíbula junto a su cabeza (que Celestino interpreta como casco), 5 cazoletas y un objeto cuadrado” (3t) . Por su parte Sebastián Celestino observa en los cinco puntos junto al antropomorfo, un posible sistema ponderal; a la vez que ve una fíbula el en objeto cuadrado. Indicando el perfecto estado de todos sus grabados, pese a estar rota por los cuatro lados (2r) . A mi juicio, el hecho de conservar íntegramente la escena representada (sin daños), mientras contiene golpes en todos los laterales. Respondería a dos hipótesis: O ha sido extraída de un bloque; o bien, inicialmente fue así tallada, para situarla adherida a una zona de arquitectura. Colocada sobre una pared (de mortero o adobe), aunque también podemos pensar que fue expuesta en una hornacina, sostenida tapando sus defectos laterales (simplemente, tomada con mortero de cal y arena). Al lado, dibujo de la estela Cabeza de Buey 3, tal como la muestra el Museo Arqueológico de Badajoz (al que agradecemos nos permita divulgarlo, tanto como nuestras imágenes). Abajo, la pieza expuesta en el referido Museo de Badajoz.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Cabeza de Buey III (finca El Corchito). Al lado, hipótesis simulada en nuestro dibujo, que imagina su colocación sobre una pared o dentro de una hornacina. Lo que explicaría sus roturas por todos los lados, sin dañar los bajorrelieves. Abajo, la misma pieza, en horizontal; para poder apreciarla bien.







BAJO ESTAS LÍNEAS: Otra Estela con extraña forma (alargada y plana) es la que también fue hallada en Esparragosa de Lares y numerada como primera. Llamada Las Puercas o bien Esparragosa 1, Castuera. En imagen, la vemos tal como la muestra el Museo Arqueológico de Badajoz (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes). Aunque la exponemos en horizontal, para una mejor comprensión de la pieza. Este ejemplar será objeto de estudio también en el siguiente epígrafe, ya que tiene casi completa su parte baja.


B-1/d) Estelas de gran tamaño, alargadas; que conservan su base:

Hemos analizado y mencionado algunas de ellas anteriormente; advirtiendo que tan solo las cuadrangulares y estrechas, mantienen su parte inferior íntegra. Algo que se entiende por pura lógica; ya que no tiene gran dificultad sacar de tierra una laja larga y fina, aunque sea de mucho tamaño. Mientras arrancar una gran losa redondeada, con una peana voluminosa; es una labor problemática y arriesgada. Ya que para extraer una pieza rectangular alargada; bastará con cavar en los laterales y balancear dando golpes a el pedernal, hasta que caiga por uno de sus lados. Pero si la losa tiene gran anchura; nos encontraremos con dos problemas. Primero, que su zona enterrada será -al menos- un tercio de lo que sobresale. En segundo lugar, si cavamos la tierra que la rodea, es muy posible que el monolito ceda y caiga (quebrándose o provocando un accidente). Por cuanto, parece lógico que algunas de las estelas estrechas, hayan podido sacarlas íntegramente; si en un momento decidieron cambiarlas de lugar (para su ocultación y sellado). Unos hechos y pruebas que corroboran nuestra teoría sobre la amortización de estos ejemplares. Pues, la aparición de losas que conservan su base, solo cuando son alargadas; demostrarían de nuevo la hipótesis del sellado. Lo que ya se observó en varios ejemplares que analizamos anteriormente, cuando recogí algunas lápidas del Museo de Cáceres (como la de Santa Ana en Trujillo, Ibahernando y etc). Hechos que comprobamos en otros casos, valiéndonos de las siguientes imágenes; donde vemos dos más -entre las muchas existentes-:




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Estela de Zarza Capilla I; tal como la muestra el Museo Arqueológico de Badajoz (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes). El ejemplar contiene las siguientes características, según refiere Díaz-Guardamino: En la parte superior, (...) hay un elemento que consta de un círculo y un mango, que Enríquez interpreta como hacha de enmangue directo. A su lado cinco puntos alineados y, bajo estos elementos, una lanza en posición horizontal (...) en el centro, hay un escudo de tres círculos (…) A su lado hay un espejo y una lira, y en el otro lado un cuadrúpedo (perro?). Bajo estos elementos una figura antropomorfa con espada al cinto y un elemento junto a las piernas a modo de faldellín con flecos (…) A su lado la representación de un arco con una flecha -posteriormente borrados- y, cerrando la composición, en la base, un carro representado horizontalmente. Dos posibles fases?: arco y flecha borrados (3u) . Por su parte, de Celestino, destaca su longitud y estrechez; comentando que mide 1,22 metros, pero tan solo 38 centímetros de ancho (casi lo mismo que de grosor). Observando en ella una lira (que vemos claramente); y líneas de puntos, de las que sabemos, son consideradas como ponderales por este investigador (2s) . Arriba, la pieza tal como la muestra el Museo Arqueológico de Badajoz. Al lado, su dibujo, en el mismo museo; en un cartel, junto al ejemplar. Abajo, símil del dibujo, señalando el modo en que iría hincada sobre el terreno; pudiendo comprenderse la facilidad para extraerla del suelo (debido a su anchura y longitud). Pese a todo, parece que ha perdido un poco de su base, en la zona baja izquierda (que he marcado con una “R”); al resultar un tanto pequeño este punto de apoyo.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
La Estela Esparragosa de Lares 1 (también llamada Castuera o Las Puercas); es otro caso similar al anterior. Muy esquemática en sus trazos, mantiene una longitud y delgadez, que hace comprender su fácil extracción del terreno (una vez hincada). Su descripción completa por Díaz-Guardamino, la recogemos en cita (3v) , de la que extraigo las siguientes palabras: Grabado erosionado pero completa (..) un antropomorfo con dedos de manos y pies señalados, casco de cuernos y espada en la cintura (…) un peine de cinco púa (…) lanza (…) un espejo (…) una fíbula de codo, aunque este motivo también ha sido interpretado como lira (...) Celestino identifica cinco puntos”. Por su parte, Sebastián Celestino, anota que mide más de 1,75 metros, siendo su grosor de medio metro (aprox); mientras su ancho no supera de media los 15 ctms.. Añadiendo los cinco puntos que observa en ella, lo que sería un sistema ponderal (aunque actualmente se consideran solo dos los vanos grabados) (2t) . Las descripciones anteriores muestran claramente una pieza alargada y fina; cuya extracción del terreno sería fácil. Por lo que se comprende que haya conservado su base completa y sin roturas. Demostrando así nuestra hipótesis acerca del sellado y ocultación de las Estelas Decoradas; tras arrancarlas del lugar original que ocupaban. Al lado, símil mío; mostrando el modo en que iría hincada sobre el suelo. Abajo, el ejemplar en el Museo Arqueológico de Badajoz (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras fotos).



B-1/e) Estelas de menor tamaño, con peana original:

Este es un tipo de losas, más complejo de estudiar. Ya que, en numerosas ocasiones, las piezas se han partido o desgastado por su zona inferior. Pese a ello, muchas de ellas aún conservan los rasgos de haber sido un “betilo” de tamaño mediano; que pudo exponerse en el interior de edificios (sagrados o privados). Para una mejor comprensión de estas piezas, vamos a mostrar unos ejemplos en imágenes. Donde podremos observar como (en su gran mayoría) conservan íntegramente la zona que las sostenía al suelo. Lo que -a mi juicio- vuelve a demostrar que si tuvieron que amortizarlas; no perdieron esa parte baja. Base que tan solo se vieron obligados a partir en el caso de estelas con gran volumen y redondeadas (no alargadas). Finalmente, añadiremos un dato que nos parece de gran relevancia; como es, que la mayoría de estos ejemplares con peana y de tamaño mediano, han aparecido en el Bajo Guadalquivir. Estelas, que originalmente pudieron exponerse en recintos interiores; lo que indicaría su uso entre los tartessios para templos y casas; no solo como marcadores de caminos, territorios o tumbas. Conclusión a la que llegaremos al observar como esas lápidas menores y con peana, han aparecido en El Viso (Córdoba), Carmona, Écija y Torres Alocaz (entre otros lugares, cercanos al antiguo Ligur). Pudiendo deducirse, que en ese área “puramente tartessia”, existió la costumbre de exponer pequeñas Estelas Decoradas, en recintos sagrados o dentro de las casas principales.




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Arriba, la Estela de Cabeza de Buey 4 (Majadahonda), que habíamos incluido en imágenes anteriores (tal como la muestra el Museo Arqueológico de Badajoz). Dijimos, en este caso, que probablemente tenía un gozne (en el vano que presenta abajo); para ser sostenida en vertical, a modo de peana. Se trata de una reutilización, por lo que en el segundo uso pudieron darle este formato (que le permitía sujetarse sin hincarla en el suelo). Al lado y abajo, la Estela de El Viso 1 (Córdoba); tal como la muestra el MAN, al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes. Se trata de uno de los ejemplares más bellos encontrados; debido a ello, su situación preferente en el Museo Arqueológico Nacional. Realizada en una cuarcita rosa, su altura apenas supera 1,20 metros; mientras su ancho es de unos 40 centímetros y el grosor medio de la mitad. Su base perfectamente rectangular, le permite sostenerse, apenas hundida en el suelo (sin necesitar enterrarla). Lo que le posibilita elevarse sobre una simple capa de adobe o de mortero con cal y arena. Díaz-Guardamino la describe del siguiente modo: Figura humana muy esquemática tocada con casco de cuernos, pendientes y con falo señalado. A sus lados hay sendas espadas con pomos salientes y guardas cruciformes . Escudo redondo con decoración radial, lanza, peine, espejo, arco con flecha, fíbula y en la zona inferior carro con cuadrúpedos y bajo él un cuadrúpedo más (perro). Bendala señala que el peine podría ser interpretado como instrumento musical (3w) . Mientras de Celestino, recoge con minuciosidad los pormenores de todos los enseres que adornan al antropomorfo, destacando los pendientes y el casco con cuernos; así como el escudo redondo (2u) . Armas y atuendo, que -a mi juicio- nuevamente nos recuerdan las de los guerreros sardana, del periodo nurágico de Cerdeña. Al lado, detalle de la base cuadrangular, que se interna unos centímetros en el suelo. Abajo, la espectacular pieza; completa.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
La Estela de Carmona (Cuatro Casas)
tal como la exponía el Museo Arqueológico de Sevilla, hace unos años (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes). Al lado, la pieza muy contrastada, para destacar sus dibujos. Abajo, la losa entera. Se trata de un ejemplar con algo más de 1 metro de alto y casi el mismo ancho; cuyo grosor no supera los 15 centímetros; por lo que se sostiene perfectamente sobre la base que observamos. La catalogación y explicación de Díaz-Guardamino podemos leerla en (3x) y la referencia de Sebastián Celestino en la (2v) ; donde este último destaca el curioso hecho de que las bestias que tiran del carro van uncidas.





JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Dos fotos más de la Estela de Carmona (Cuatro Casas) tal como la exponía el Museo Arqueológico de Sevilla. Al lado, dibujo que se hallaba junto a de la pieza. Abajo, el ejemplar destacado, en imagen completa; donde podemos apreciar su peana.









JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
La Estela de Écija 1,
tal como la exponía el Museo Arqueológico de Sevilla, hace unos años (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes). Al lado, dibujo que se presentaba, junto al ejemplar. Abajo, la pieza original, completa. Esta losa decorada, seguramente es un caso muy similar a las anteriores; aunque ha perdido una parte de su base (debido a golpes o desgaste). Actualmente mide unos 60 centímetros de alto, por unos 40 de ancho, con un grosor medio que no supera los 15 ctms. La zona baja está quebrada, por lo que si la imaginamos con una dimensiones similares a la estela anterior (de Carmona), tendríamos una laja de las mismas medidas y con características casi iguales. Su descripción por Díaz-Guardamino la podemos leer en cita (3y) y la catalogación de Sebastián Celestino en la (2w) . Este último, aprecia dos líneas oblicuas que salen del torso, haciendo pensar que pudieran ser pechos; aunque de Celestino menciona que son comunes estos rasgos en otras Estelas de Guerrero. Ante lo que me atrevo a proponer, si pudiera tratarse de un arco; adosado o colgado del cuerpo.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
La Estela de Torres Alocaz,
tal como la exponía el Museo Arqueológico de Sevilla, hace unos años (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes). Al lado, dibujo que se presentaba, junto al ejemplar. Abajo, la pieza original, completa. Esta losa decorada, a mi juicio, es un caso muy similar a las anteriores; tratándose de un betilo de interior, para exponerse sobre peana. Está partida en su parte superior y las medidas son aproximadamente: 1 metro de altura, por 60 ctms. de anchura y unos 15 ctms. de grosor medio. Lo que la equipara a todas las antes vistas, correspondientes al Bajo Guadalquivir (Uque curiosamente coinciden mucho en medidas). Su descripción por Díaz-Guardamino, la podemos leer en cita (3z) y la catalogación de Sebastián Celestino se halla en la (2x) .




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Dos imágenes de la Estela de Las Herencias 1,
tal como la exponía el Museo de Santa Cruz de Toledo, hace algunos años (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Al lado, detalle de su base. Abajo, la pieza completa. Su altura de 0,75 m. y su anchura de unos 40 ctms.; unido a su grosor medio también de unos 15 ctms.; nos hace verla como una posible losa de interior, sustentada sobre peana propia. Pese a ello, debido a las roturas que presenta, no podemos afirmar que así fuera (pareciendo haber perdido la zona baja). Su descripción por Díaz-Guardamino podemos leerla en cita (3za) y la catalogación de Sebastián Celestino, en (2y) . Este último realiza una observación curiosa sobre la escena grabada; comentando que junto al guerrero (a su izquierda) hay un punto, que podría tratarse de un adorno. Para nosotros, quizás un anillo. Hay que destacar que este pueblo llamado Las Herencias, se halla cercano a Talavera; y allí se descubrió otra estela, junto a una necrópolis tartessia. Lo que puede explicar el tamaño de esta losa y su uso como lápida para una tumba.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Dos “Estelas Extremeñas”,
tal como las muestra el Museo Provincial y Arqueológico de Cáceres (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra fotografía). Ambas, podrían considerarse lápidas menores, para sujetar sobre su propia peana. Aunque, en el caso de El Carneril, creemos que el corte de su zona baja, se debe a una rotura limpia. Mientras la de Madroñera, estaba expuesta en sentido inverso; por lo que la parte de apoyo, en realidad es la superior. Al lado, la Estela de El Carneril; que hemos analizado en epígrafes anteriores. Llegando a la conclusión de que había sido cortada por su base, de forma muy limpia (lo que hace parecer una peana). Abajo, la Estela de Almorroquí 2 (Madroñera); expuesta al revés en el museo. Si leemos la tesis de Díaz-Guardamino; podremos verla en su situación correcta e inversa (3zb) .





B-1/f) Estelas con forma de colmillo, para ser hincadas; que aparecieron enteras:

Hemos de observar que la gran mayoría de estas piezas, han conservado la parte que las mantenía erguidas. Siendo común, se halle entera esa zona que originalmente estaba clavada bajo tierra. Lo que nos lleva a deducir y demostrar otra vez, nuestra hipótesis sobre la posible amortización y sellado de las Estelas. Pues debido a su forma, habría sido relativamente sencillo sacarlas del terreno. Lo que justifica que las losas de este tipo, presenten rasgos de haber sido extraídas fácilmente; sin grandes faltas en la zona inferior. Conservando su estado original (semejante a un colmillo); lo que mostraría pocos problemas para su ocultación y traslado, si se vieron obligados a quitarlas de su lugar inicial. Siendo más fácil extraerlas enteras, que partirlas por su línea de tierra; bastando cavar entorno a ellas y zarandearlas, para arrancarlas del suelo. Algunos de estos ejemplares, quedaron en su lugar de culto y origen; sin ser amortizadas. Principalmente, las que formaban parte de conjuntos pétreos, como sucedió con Cabeza de Buey 2 (Las Yuntillas); que apareció clavada y rodeada de lajas, formando círculos entorno a ella. Lo que indicaría su uso como pieza central (gnomon) de un cromlech. Circunferencia hecha con piedras, quizás heredada desde tiempos inmemoriales; aunque parece más lógico pensar, que fue construida durante la Baja Edad del Bronce y a principios del Hierro. Pese a ello, en su gran mayoría, las estelas que denominaremos “de colmillo”, fueron encontradas entre majanos (grupos de piedras acumulados por los agricultores) o bien, junto a lajas recicladas. Es decir, estaban a un nivel muy cercano a la superficie y no se han hallado nunca en grupo, asociadas a una necrópolis. De tal manera, vamos a mostrar algunas de estas losas que conservan perfectamente su peana “colmillo”, que las sostenía a la tierra (gracias a esa terminación picuda).




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Tres imágenes de la Estela de Cabeza de Buey 2 (finca Las Yuntillas). Arriba, tal como la muestra el Museo Arqueológico de Badajoz, al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes). Al lado, dibujo junto al ejemplar, en el mismo museo; donde hemos marcado la línea de soterramiento. Abajo, detalle de la zona principal de la estela. Su descripción por Díaz-Guardamino, podemos leerla en cita (3zc) ; quien la considera tallada en dos fases. Citando el catálogo y estudio de Sebastián Celestino, como fue encontrada; hincada y rodeada de piedras, en forma de círculo (2z) . Lo que nos hablaría de su hallazgo contextualizado, junto a un pequeño “cromlech” de lajas. Circunstancia que podría mostrar un modo de copiar -o conservar-, en tiempos de las Estelas Decoradas; usos y costumbres del Megalitismo y la Edad del Bronce. Añadimos, que hubiera sido de enorme utilidad, durante las excavaciones llevadas a cabo en este lugar; el estudio de la orientación y medidas conservadas entre estas lajas dispuestas en redondo. Para determinar si se trataba de un calendario pétreo, similar a los existentes en la zona del Alentejo. Cromlechs de origen ancestral portugueses; entre los que se halla -como ejemplo más antiguo- el conjunto de Los Almendros, en Évora; cuyos comienzos se datan entorno al 5000 a.C.. Asimismo, ayuda a concebir este pedernal llamado Cabeza de Buey 2, como pieza central de un cromlech del Bajo Bronce; su gran tamaño. Ya que mide 1,75 metros de alto, teniendo una anchura máxima de unos 90 ctms.; siendo gradual su grosor de unos 25 ctms.. Lo que le otorga esa forma de colmillo, pudiendo hincarse bien sobre la tierra. De tal modo, considerando que fuera “la piedra clave” de un calendario solar, medido con lajas -tal como propongo-; hemos de anotar que sobresaldría del suelo, entorno a 1,2 metros. Hecho que permitiría medir sombras y ángulos de astros, con referencia a sus “hermanas circulares”. Para terminar, añadiremos sobre esta interesante pieza; que su hipotético uso como gnomon de un “calendario en cromlech”, explica las distintas fases de grabado en sus dibujos. Habiendo podido carecer de bajorrelieves inicialmente, o tener solo los principales; añadiéndose más tarde diferentes figuras.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes de la Estela de Capilla 4 (Vega de San Miguel). Al lado, dibujo junto al ejemplar, en el museo de Badajoz; sobre el que hemos marcado la línea de soterramiento. Abajo, la pieza, tal como la muestra el Museo Arqueológico de Badajoz, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Su descripción por Díaz-Guardamino, podemos leerla en (3zd) ; la catalogación de Sebastián Celestino, que recojo en (2za) documenta perfectamente los pormenores de su hallazgo. Narrando que fue encontrada durante las labores agrícolas, volteada y tumbada. Lo que nos habla de nuevo de una estela dejada boca abajo y en el suelo; habiendo sido arrancada y depositada allí, en algún momento. Circunstancia que yo considero, sucedió en los días de su sellado y ocultación. Hemos de añadir, que el proceso para sacarla del suelo no debió de ser difícil, por la forma que tiene; pero sí costoso, ya que pesa cientos de kilos. Al medir 1,45 de alto, con un ancho medio de 65 ctms. y un grosor de 20 ctms.. Es realmente una “laja” fácil de clavar y extraer; lo que explica que conserve perfectamente su zona baja. Aunque nada tiene que ver su diseño con el pedernal anterior (Cabeza de Buey 2), que -a mi juicio- pudo ser la clave central de un cromlech (gnomon de un círculo pétreo). Debiendo pensarse que esta otra (catalogada como Capillas 4) se trataría de un marcador; aunque -quizás- mejor sería pensar en una lápida funeraria, amortizada y escondida en su tiempo.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes de la Estela de Chillón 1, que fue reutilizada en época romana. Al lado, el ejemplar en el museo de Ciudad Real; donde hemos marcado la línea de soterramiento. Abajo, la pieza tal como la muestra el Museo Arqueológico y Provincial de Ciudad Real, (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Su descripción por Díaz-Guardamino la podemos leer en (3ze) ; quien considera que se conserva entera. Aunque señala que fue reutilizada en época romana, recogiendo que apareció junto a otras lápidas del siglo I, en lo que parece una necrópolis. Datos tomados en gran parte en la catalogación de Sebastián Celestino (2zb) , donde podemos comprobar que sus medidas son casi iguales a las de la pieza anterior: 1,44 m. de alto, por medio metro de ancho y un grosor medio de 20 ctms. Todo lo que nos habla nuevamente, de una laja muy plana; fácil de hincar o extraer, del suelo. Por lo que resulta lógico que conserve su base; aunque en esa zona inferior, observo rastros de una nueva intervención (desbroces, seguramente de época romana). Finalmente diremos, que si fue en algún momento amortizada y ocultada; siglos después (a comienzos de nuestra Era) sería encontrada, por quien deseó reutilizarla. Un ciudadano romano o hispano, que anotó sobre ella:PROCVULVS // TOJONI // F// AV// XLHS// E//S//T//T//L (aquí yace: Próculo, hijo de Toujono, de cuarenta años. Que la tierra te sea ligera). Su reutilización como estela funeraria, nos habla -a mi juicio- de un uso semejante en su primera función. Pudiendo deducirse que este Próculo -quizás- la halló en tierras de su propiedad (sobre una sepultura); decidiendo usarla de nuevo, de lápida mortuoria. Como hemos anotado, contiene marcas de haber sido desbrozada o rota en su parte inferior (quizás al desenterrarla, durante labores agrícolas o al grabarla con signos latinos).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes de la Estela de Orellana de la Sierra. Al lado, dibujo junto al ejemplar, en el museo de Badajoz; donde hemos marcado la línea de soterramiento. Abajo, la pieza tal como la muestra el Museo Arqueológico de Badajoz (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Su descripción por Díaz-Guardamino, podemos leerla en (3zf) ; donde comprobaremos que sus medidas son menores a las que conservan sus “hermanas” de tipo colmillo. Siendo estas (aprox): 1,20 m. de alto, por medio metro de ancho y unos 11 centímetros de grosor medio. Dimensiones que la convierten en un “puñal” y no tanto en un “colmillo”; muy fácil de introducir y extraer del terreno. Su aparición tumbada, al ser hallada durante labores agrícolas (según Díaz-Guardamino); a mi juicio, denotaría que se trata de otro ejemplar amortizado y ocultado en su época.




B-1/g) Estelas de interior para ser hincadas:

Diferenciamos este tipo de losas, de las que recogí en el epígrafe B-1/f (Estelas de menor tamaño, con peana original). Debido a que contienen esa forma de colmillo o puñal; una característica semejante a las estudiadas anteriormente. Lo que muestra que se elevaban sobre un punto, clavado en una peana (o en el suelo). Por su pequeño tamaño y tipología, pudieron haberse expuesto en edificios (sagrados o públicos); sostenidas sobre una amalgama de mortero. Teniendo como característica común, su aparición generalmente cercana a zonas del Guadalquivir; tal como sucedía con las referidas en el “B-1/f”. Denotando la posible costumbre tartessia; de crear estas losas, para exponerlas en interior (de templos o casas principales). Un uso que podemos comprender, debido a que los habitantes de esta civilización, que poblaban el Valle del Guadalquivir; estaban más urbanizados, que sus coetáneos asentados en zonas de Extremadura o de El Alentejo.



SOBRE Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Imágenes de la Estela de Capilla 8 (La Pimienta). Arriba, el ejemplar, en el museo de Badajoz; sobre el que hemos marcado la línea de soterramiento. Abajo, la pieza tal como la muestra el Museo Arqueológico de Badajoz (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Esta laja es otro caso similar a los anteriores; y aunque no conserva tanta forma de colmillo, es más estilizada en su diseño (por no decir, más bella). Su descripción por Díaz-Guardamino podemos leerla en (3zg) , donde ratifica que ha aparecido entera y prácticamente sin roturas, escribiendo: Hay dos antropomorfos que se sitúan uno en el extremo derecho de la losa (el de mayor tamaño y con el pene señalado) y otro, de menor talla, en el centro. Ambos llevan espadas en la cintura y elementos en las rodillas que podrían referirse a vestimenta”. Ante lo que me atrevo a añadir, que analizándola al natural (tanto como en nuestra foto; bastante fidedigna); no hemos encontrado ese falo destacado. Aunque sí vemos que los guerreros cubren sus rodillas con lo -que a mi juicio- serían espinilleras. Protegiendo sus piernas con un armazón, muy típico de la época; que se fabricaba con piezas pulidas en cobre o de cuero. Además, resulta importante el tamaño de esta losa, que es muy pequeña; recordando a otros ejemplares hallados en el Bajo Guadalquivir (Carmona, Écija etc.). Midiendo 75 ctms. de alto, por 65 de ancho; con un grosor de unos 15 ctms.. Lo que la convierte en un tipo que he denominado “estelas de interior”; no equiparable a otros de mayor tamaño, aunque en este caso también contiene un gran pico en su base (que antes hemos estudiado; en piezas con dimensiones muy superiores y forma de colmillo). Asimismo, se une a la Estela de El Viso 1 (que hemos analizado en el epígrafe “B-1/f”), no solo debido a su tipo de peana y medidas; sino también por el soporte. Pues ambas están grabadas sobre un bellísimo pedernal de cuarcita rosa.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes de la Estela de Écija 2 (La Moranilla). Al lado, el ejemplar, en el museo de Écija; donde hemos marcado la forma de sostenerse. Abajo, la pieza tal como la muestra el Museo Arqueológico de Écija (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Su descripción por Díaz-Guardamino podemos leerla en (3zh) ; quien nos da unas medidas, muy parecidas a las de la anterior estela estudiada (Capilla 2, La Pimienta). Con unos 80 ctms. de alto, por unos 75 de ancho y un grosor medio de 16 ctms.. Aunque de Celestino en su catalogación de 2001 (2zc) , aporta dimensiones un tanto diferentes (85 x 71 x 15). Un tamaño que la convierte en lo que he denominado, “estela de interior”; pudiendo ser expuesta en edificios o patios (tratada como un elemento decorativo y mueble). Aunque, esta de Écija 2, fue cortada de un modo extraño (debido a una rotura, o intencionalmente); dejando su parte baja en forma de “V”. Sin poderse clavar sobre el suelo, por esta zona (aparentemente de base); so pena de perder parte de sus bajorrelieves. Por cuanto, hemos de pensar que se exponía originalmente sobre una peana (de mortero o madera) tal como hoy la muestra el Museo Arqueológico de Écija. Su lugar de hallazgo, nos hablaría -de nuevo- sobre las costumbres tartessias del Bajo Guadalquivir; creando piezas de este tipo, con pequeño tamaño y que consideramos, exponían en zonas urbanas (grandes casas o recintos sagrados). Por su parte, el escudo y el casco con cuernos; -a mi juicio-de nuevo nos trasladan a Cerdeña y a los guerreros nuragas.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes de la Estela de Almadén de la Plata 2. Al lado, dibujo del ejemplar, en el museo Arqueológico de Sevilla (tal como estaba antes de su cierre para reforma). Sobre este, hemos marcado una línea, mostrando la zona de base (quizás sostenida sobre una peana ajustada a su parte inferior). Abajo, la pieza tal como la exponía años atrás el Museo Arqueológico de Sevilla (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras fotos). Su descripción por Díaz-Guardamino, podemos leerla en (3zi) donde señala los pormenores narrados por el prof. García San Juan. Quién, la encontró decenios atrás, mientras estaba sentado en un majano. A mi parecer, en ella figuran dos personajes; casados, o unidos por su representatividad: Hombre y mujer, que podemos identificar con rey y reina (sacerdote y su esposa). Ella con gran tocado o corona, él con casco de cuernos; lo que nos llevaría de nuevo hasta tierras de Cerdeña, incluso al mítico rey Norax, de esta isla. Hijo de Eritea y de Geriones; soberano de Tartessos, que fue vencido por Heracles. Narrando la leyenda, recogida por Pausanias; que tras la muerte de Gerión, su hijo y descendientes se trasladaron a Cerdeña; fundando allí la ciudad de Nora (historia que también incluye Solino). Para terminar este comentario sobre el ejemplar de Almadén 2; diremos que en la urbe sarda de Nora, se halló una estela escrita en caracteres púnicos. Donde se menciona Tartessos y narraría la huida hasta este lugar, de gentes procedentes del lejano reino atlántico (que míticamente gobernó Gerión, el padre de Norax).



B-1/h) Estelas de gran tamaño, redondeadas o fusiformes, que conservan su base:

Serán estas, las últimas en clasificar; y lo haremos en razón a su forma cilíndrica y a su parte baja; que han mantenido en muy buen estado. Zona inferior que servía para sostenerlas; hundidas por este punto, de forma fácil, gracias a su punta circular o de bala. Un diseño que también les permite, ser extraídas del suelo, con bastante sencillez. Ya que por su estructura redondeada, bastaba cavar en la línea de terreno y girarlas hasta hacerlas salir. Aunque se aprecia en ellas un extraño “defecto”, como es la falta de espacio en esa parte que actuaba como base. Lo que nos lleva a pensar, se fijaban a tierra con mortero o usando una amalgama de contacto (para evitar su caída). Un hecho que ya habíamos explicado al tratar sobre la Estela de Ategua; ejemplar bellísimo, que debemos unir a esta categoría y que ya hemos tratado en el epígrafe “A-2” (mostrando fotos). Pedernal que contiene esa línea de cañón; pero, donde apenas hay espacio en su zona de peana. Debiendo unirla al suelo con algún sistema, o material, que permitiera mantenerla en vertical. Así pues, la referida losa hallada en Ategua, es una de estas Estelas de gran tamaño, redondeadas o fusiformes, que conservan su base. Monolitos de grandes dimensiones, que dejan dudas sobre el modo en que se fijaban a tierra; entre los que destacamos los siguientes ejemplos.




SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes de la Estela de Torrejón el Rubio 2 (Huerto de la Cava); tal como la expone el Museo Provincial y Arqueológico de Cáceres -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras fotos-. Arriba, el ejemplar, en la sala museo, tal como se mostraba hace años. Al lado, símil donde se observa su poca base; por lo que suponemos que iba sujeta a tierra, con una amalgama (de mortero, adobe o cal). Abajo, la pieza en horizontal, para poder observarla con mejor detalle. Díaz-Guardamino la describe, con las palabras que recojo en cita (3zj) , de las cuales es importante destacar la siguiente fraseLa estela está fracturada en la parte superior y laterales por ello no sabemos si había más elementos, como por ejemplo un casco”. Lo que indica que el pedernal se partió por arriba; pero no se quebró por su base (que se mantiene casi perfecta). Lo que, a mi juicio, se debió a la relativa sencillez para extraer de tierra este monolito, con línea fusiforme y redondeado en sus extremos. Sus medidas son: metro y medio de alto, por 80 centímetros de ancho y 15 ctms. de grosor medio. Por cuanto es una pieza que supera con mucho los 300 kilos; pero su falta de daños en la zona inferior, demostraría que fue sacada fácilmente del terreno. Por su parte, de Celestino cuando la catalogó en su libro de 2001 (2zd) , comenta que fue hallada dentro de una construcción, en una casa de Trujillo; apareciendo cuando un vecino tiró un murete. Ello explicaría los daños que sufre en la parte alta y el aspecto de haber sido desbrozado su lateral derecho (zona a la izquierda de la figura). Quizás, dañando esos golpes, también la base; que vemos, un tanto quebrada. Por lo que, posiblemente, se conservó casi en perfecto estado; hasta su reutilización y desbroce, para introducirla en el muro de la casa trujillana, donde fue encontrada.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Imágenes de la Estela de Zarza Capilla 1 (finca Los Llanos); tal como la expone el Museo Arqueológico de Badajoz -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras fotos-. Al lado, el ejemplar, en la sala del museo arqueológico pacense. Abajo, la estela en horizontal; posición donde podemos comprender la profundidad y anchura que tiene; observando asimismo, su línea fusiforme. Lo que -a mi juicio- explicaría el perfecto estado que mantiene, en la zona baja; al ser sencillo sacar del suelo un pedernal con estos laterales redondeados. Díaz-Guardamino la describe, con las palabras que recojo en cita (3zk) . Por su parte, de Celestino la catalogó en su libro de 2001 (2ze) , mencionando que se trata de un gran bloque de cuarcita; de los que abundan en la zona donde apareció (parte alta de La Serena). Hemos de destacar que se trata de un enorme guijo, o piedra de cuarzo erosionada por las aguas; donde sus grabados apenas dejan espacio para la base (perfectamente conservada). Su hallazgo en el campo y tumbada, nos hablaría -posiblemente- de otro ejemplar amortizado, trasladado y sellado, en su tiempo.




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Al lado, dibujo de la Estela de Zarza Capilla 1; en el Museo Arqueológico de Badajoz (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras fotos). Abajo, símil del modo en que pudo sostenerse; manteniéndose en vertical gracias a una amalgama que le sirviera como sujeción. En las diferentes imágenes hemos observado el poco espacio que dejan sus figuras, grabadas en la zona baja; por cuanto debió necesitar un apoyo. Lo que explicaría su perfecta extracción del solado, y el buen estado de la zona inferior. Mide 1,4 metros de alto, por unos 40 centímetros de ancho y casi lo mismo de grueso. Pese a sus enormes dimensiones, el diseño fusiforme, permite sacarla fácilmente, una vez hundida en tierra. Aunque -como hemos dicho- su falta de espacio bajo los relieves, indica que estuvo tomada al suelo y no solo enterrada. Todo lo que nuevamente nos habla de que pudo ser amortizada y escondida; algo que también explica su hallazgo por los lugareños, tumbada en la dehesa del boyal de Zarza Capilla.



C) Conclusiones: A continuación recogemos las conclusiones que podemos obtener en cada uno de los epígrafes:

A) SELLADO Y OCULTACIÓN DE LAS ESTELAS OCCIDENTALES:

A-1) El misterio de Cañaveral de León: En el yacimiento de Las Capellanías, se practicó una amortización; muy semejante a las documentadas en El Turuñuelo y en Cancho Roano. Aunque, en este caso; el rito ceremonial de abandono y sellado supondría: Arrancar las lápidas, alejarlas de sus tumbas y situarlas sobre otras de la Edad del Bronce (expoliadas de antemano, cuando se reutilizó la necrópolis).

A-2) Las grandes estelas y sus “faltas” en la zona inferior: Tras estudiar las bases de los grandes pedernales (que suelen aparecer cortadas) y compararlas con las zonas inferiores de las estelas de menor tamaño (que mantienen su peana). Se llega a la conclusión de que estas enormes losas, fueron desbrozadas en su línea de suelo, para hacerlas caer (al no poder arrancarlas de tierra). De tal modo, todos estos hechos hacen pensar que los tartessios amortizaron las Estelas Decoradas, ocultándolas. Debiendo romper las bases de las más grandes, para sellarlas; mientras las piezas pequeñas, simplemente se esconderían bajo tierra.

B) AMORTIZACIÓN Y OCULTACIÓN COMO SOLUCIÓN A UN ENIGMA:

B-1) Basas y losas; sus diferentes formas y su situación original: A continuación vamos a clasificar las Estelas conforme a su basa y a su forma; deduciendo el modo en que pudieron ser amortizadas. 

B-1/a) Betilos antiguos reutilizados: Comprobamos que las Estelas Decoradas, grabadas en anteriores monolitos (cipos y menhires megalíticos o de la Edad del Bronce). Contienen una base perfectamente tallada desde sus orígenes ancestrales. Al haber sido esculpidos en forma cuadrada o piramidal; con una peana sobre la que se sostienen (sin apenas hundirlos en el terreno). Además de los ejemplares ya citados (San Martinho 1, 2 y 3; Fuente de Cantos, Setefilla y Talavera de la Reina) hemos de incluir en entre tipo monolitos: Bayuela 1 y Cancho Roano.

B-1/b) Grandes losas, cuya base fue partida: Comprobamos que las Estelas Decoradas, de gran volumen; presentan su base partida. Debido a que fueron extraídas del terreno, cortando su zona inferior. Lo que a nuestro juicio, demuestra un proceso de amortización y ocultación de estas piezas. Además de los ejemplares ya citados (Cañaveral 1, Cañaveral 2 Solana de Cabañas, Torrejón el Rubio 1 y 4, El Carneril de Trujillo y Zarza de Montánchez), hemos de incluir en entre tipo monolitos: Aldeanueva de San Bartolomé; Buoux 1; Cabeza del Buey 1; Córdoba 1 (La Vega); Córdoba 2 (Ribera Alta); Foios; Granja de Céspedes; Las Herencias 1; San Martín de Trevejo y Substation.

B-1/c) Estelas voluminosas, con extrañas formas y bases: Existe un tipo de “estelas” que en realidad son parte de pedernales o trozos de lajas; por cuanto los interpreto como losas para colocar en interior o sobre muros. Estas también tienen rasgos de haber sido arrancadas y amortizadas. Hemos de incluir en entre tipo monolitos, los ejemplares ya citados: Capote, El Viso 4 de (Córdoba), Esparragosa de Lares 2, y Zarza Capilla 3.

B-1/d) Estelas de gran tamaño, alargadas; que conservan su base: Mostramos como las losas estrechas y alargadas, mantienen su zona baja; por muy voluminosas que sean. Ello se debería a la facilidad para extraerlas, debido a su longitud; sin que la zona baja presentara grandes problemas para arrancarlas (pese a estar muy hundidas en el terreno). Lo que demostraría que fueron sacadas enteras, debido a la falta de resistencia de esa peana. Siendo ello una prueba más de su amortización y sellado. Además de los ejemplares ya citados (Santa Ana en Trujillo, Ibahernando, Zarza Capilla 1, Esparragosa de Lares 1), hemos de incluir en entre tipo monolitos: Ervidel 2; Figueira; Montemolín; Río Guadalmez  y Tres Arroyos (Alburquerque).

B-1/e) Estelas de menor tamaño, con peana original: Se trata de piezas de un metro (aprox) que se sostienen con una pequeña base. Pudieron haber sido creadas para exponerse en interiores y aparecen principalmente cerca del Valle del Guadalquivir. Su fácil transporte y su tamaño, explica que no hallan perdido la peana al ser amortizadas y selladas. Pudiendo ocultarse con facilidad. Otra prueba de las circunstancias que existen, sobre la posible amortización de estas piezas. Además de los ejemplares ya citados (El Viso 1, Cabeza de Buey 4, Carmona, Écija 1 y Torres Alocaz), hemos de incluir en entre tipo monolitos: Burguillos; Cerro Muriano 1; Cerro Muriano 2; Cortijo de la Reina 1 (Córdoba); Cuatro Casas (Carmona); El Viso 2; El Viso 3; El Viso 6; Pedro Abad y Herrera del Duque.

B-1/f) Estelas con forma de colmillo, para ser hincadas; que aparecieron enteras: En este caso hablamos de las losas que tenían ese diseño triangular, con una gran base picuda que las sostenía a la tierra. Forma que le permitía ser ancladas y arrancadas del terreno, con cierta facilidad. Lo que explica que hayan aparecido en su mayoría con la base completa (al ser sencillo extraerlas). Una prueba más que demostraría las amortizaciones y sellados de las Estelas. Además de los ejemplares ya citados (Cabeza de Buey 2, Capilla 4, Chillón 1 y Orellana de la Sierra), hemos de incluir en entre tipo monolitos: Baraçal; Écija 4 y Écija 5.

B-1/g) Estelas de interior para ser hincadas: Se trata de una variante a las Estelas de menor tamaño, con peana original”; aunque en este caso tienen una punta en el extremo inferior, para sostenerse clavadas (sobre peana o solado). Por su tamaño, bien parecen modelos creados para exponerse en edificios y aparecen -sobre todo- en el área del Guadalquivir. Donde quizás más vida urbana hubo en la época. Además de los ejemplares ya citados (Capilla La Pimienta, Écija 2 y Almadén de la Plata 2), hemos de incluir en entre tipo monolitos: Almargen y Montemayor

B-1/h) Estelas de gran tamaño, redondeadas o fusiformes, que conservan su base: En este apartado, analizamos las piezas con diseño de cañón; que también han mantenido sus zona baja (por muy voluminosas que fueran). Lo que se explica, debido a que sería relativamente fácil extraerlas del suelo; bastando girarlas, una vez cavado el entorno de su peana. Otro caso más, que demostraría una amortización de estas piezas, tras arrancarlas del suelo. Ya que cuando tenían esta forma, no tendría problemas extraerlas y habrían conservado su zona baja. Hemos de incluir en entre tipo monolitos: Torrejón el Rubio 2, y Zarza Capilla 1.

C) FINAL:
-Parece indudable que las estelas, en su mayoría, fueron extraídas del terreno. Este hecho es lo que puede explicar los diferentes estados de su parte interior; en referencia a las distintas formas que tienen.

-Si no quedaron en pie y no fueron devastadas (convertidas en lajas y trozos, para uso en la construcción). Es porque se ocultaron en algún momento; pues de otro modo, las hubieran reutilizado.

-Si se escondieron y en su gran mayoría aparecen con los bajorrelieves en buen estado; es porque las pusieron boca abajo en el terreno o se enterraron tumbadas. Tal como se hallaron las de Las Capellanías.

-Todo lo expresado anteriormente, nos hace aseverar que, en su gran mayoría, habrían sido sometidas a una amortización y sellado; para evitar su expolio y profanación.


BAJO ESTAS LÍNEAS: Portada del libro de Sebastián Celestino Pérez, ESTELAS DE GUERRERO Y ESTELAS DIADEMADAS La precolonización y formación del mundo Tartésico (Barcelona 2001).



ABAJO, las citas del artículo.

Si las quiere consultar, a la vez lee el texto; se recomienda hacer lo siguiente:

1º)-Abra la página del capítulo.

2º)-Vuelva a abrir por, segunda vez la misma página; y mantenga las dos en pantalla.

3º)-Llegue en una de ellas hasta las Citas y en la otra lea el artículo; bastando alternar ambas, para consultarlas simultáneamente.


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CITAS:

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(1): Utilizamos la denominación “Estelas Occidentales”, debido a que cada vez se está extendiendo más el área de sus hallazgos. De tal manera y como el prof, de Celestino refiere; cuando comenzó el estudio y clasificación de estas piezas, se denominaron “Estelas Extremeñas”. Debido a que las primeras, se documentaron en las provincias de Cáceres y Badajoz, y en lugares próximos a Extremadura (Andalucía o El Alentejo portugués). Más tarde, al observar que en sus grabados había dos tipos de representaciones; las primeras, conteniendo armas y guerreros, frente a otras en las que figuraba lo que perecía un personaje diademado (quizás una reina coronada). Se llamaron Estelas de Guerreros y Estelas Diademadas. Pero, conforme se sucedieron y multiplicaron los hallazgos, pudo observarse su disparidad de iconografía, además de la existencia de estas losas en los cauces del Guadiana y en el Guadalquivir. Apareciendo profusamente en áreas del antiguo Tartessos (zonas de Huelva, Sevilla y el Algarve). Por cuanto pasaron a denominarlas, “Estelas del Suroeste”; al igual que se hizo con el alfabeto unido a esta civilización. Por lo que muchos las catalogaban también como Estelas de tipo tartessio. Finalmente, tras años de estudio y al documentarse sus hallazgos, en gran parte de la zona atlántica peninsular; Sebastián Celestino propuso catalogarlas como: “Estelas del Oeste”. Aunque, el problema que presenta esta denominación; reside en una semántica y acústica no demasiado bella (cacofónica, si la pronunciamos en voz alta). Por cuanto he decidido hablar de ellas, como “Estelas Occidentales”; los que es sinónimo de Estelas del Oeste. Ante lo que en ocasiones interpongo la voz “peninsulares”, para definir mejor su localización.

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(2): Sebastián Celestino Pérez // ESTELAS DE GUERRERO Y ESTELAS DIADEMADAS La precolonización y formación del mundo Tartésico // BARCELONA 2001

(2a): Pags. 338/339

(2b): Pags. 345

(2c): Pags. 342 Ibahernando; 343 Santa Ana

(2d): Pag 430

(2e): Pag 329

(2f): Pag. Dibujo de la Estela de Torrejón el Rubio I; pag 329.

(2g): Pags 348 y 349

(2h): Pag 407

(2i): Pag 333

(2j): Pag 347

(2k): Pag 341

(2l): Pags 357/358

(2m): Pags 359/360

(2n): Pags 439/440

(2o): Pag 386

(2p): Pag 355

(2q): Pags 374/375

(2r): Pags 366/367

(2s): Pags 380/381

(2t): Pag 368

(2u): Pags 394/395

(2v): Pags 415/416

(2w): Pags 422/423

(2x): Pags 420/421

(2y): Pags 352/353

(2z): Pags 364/365

(2za): Pags 376/377

(2zb): Pag 405

(2zc): Pags 424

(2zd): Pag 332

(2ze): Pags 380/381

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(3): Marta Díaz-Guardamino y Uribe // LAS ESTELAS DECORADAS EN LA PREHISTORIA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA. Tesis doctoral, Univ. Complutense 2010

(3a): Cat. 258; pag 822

(3b): Cat. 335; pag 899

(3c): Cat. 339; pag 903 Santa Ana // Cat. 310; pag 874

(3d): Cat. 254; pag 818

(3e): Cabeza de Buey IV; Cat. 265 ; pag 829

(3f): Cat. 343; pag 907

(3g): Cat. 341; pag 905

(3h): Cat. 251; pag 815

(3i): Cat. 345; pag 909

(3j): Cat. 355; pag 920

(3k): Cat. 290; pag 854

(3l): Cat. 173; pag 737

SIC: Pieza fragmentada en la parte superior (quizá producto de su reutilización) y alisada en sus tres caras. Pudo ser una estela reaprovechada como soporte de una composición del estilo de las del SW, quizá por ello fue fragmentada (posibilidad apuntada por Celestino, quien sugiere una posible estela-guijarro anterior. Sería necesario un estudio de detalle para analizar el tipo de grabados empleados en los diferentes motivos. 1º: Dos elementos verticales de difícil interpretación (hoja espada y astil alabarda?). Un elemento central que recuerda la silueta ancoriforme de las estelas alentejanas o el elemento rectangular de estatuas-menhir del NW peninsular y SW de la Meseta Norte (Estas líneas son interpretadas por Celestino como arcos, en 2001: 358). Dos líneas paralelas horizontales entre las cuales se disponen una serie de puntos a modo de remaches, como si de un cinturón se tratara. De éste motivo parten multitud de líneas paralelas verticales. 2º: Dos antropomorfos esquemáticos, uno junto a otro. A los lados de las figuras hay trazos curvos que podrían ser interpretados como brazos o como escudos. Cada figura tiene un casco de cuernos. Su cuerpo recuerda al elemento emblemático rectangular de algunas estatuas-menhir del NW peninsular.

(3m): Cat. 162; pag 726

SIC: Fragmentada por la parte superior e inferior, quizá simultánea a la que tuvo lugar al reutilizar la estela 1. Losa paralelepípeda alisada por los 4 lados pero grabada sólo por el anverso. Se debería realizar un calco, aunque a partir de la fotografía del Museu Tavares de Proença Jr. podemos ver un emblema rectangular similar a los vistos en piezas del NW peninsular y del SW de la Meseta Norte (o Preixana ). Hay otros trazos difíciles de identificar que podrían estar representando partes de armas u otros elementos similares a los que acompañan este tipo de estatuas-menhir o a las estelas alentejanas (p.e. espada y alabarda). En la parte inferior hay una serie de líneas rectas paralelas verticales que parten de una línea horizontal a modo de cinturón. Todo ello probablemente fue parte de la vestimenta. Se ha apuntado la posibilidad de que la estela estuviera inacabada (Vilaça, 1995: 403). Pienso más probable que esta estela fuera un vestigio antiguo (Bronce Inicial-Medio) en el lugar y que durante el Bronce Final se fragmentara con la intención de eliminarla (damnatio) o reutilizarla.

(3n): Cat. 306; pag 870

(3o): Cat. 320; pag 884

SIC:

Soporte fálico sobre el que se ha grabado una composición típica de las estelas de guerrero. En la mitad inferior un escudo de cuatro círculos concéntricos , los dos interiores con escotadura. Además el escudo está adornado con remaches y abrazadera. Sobre él, en la mitad superior, una figura antropomorfa muy esquemática, con dedos de manos y pies señalados, tocada con casco de cuernos liriformes y con una espada corta al cinto, que tiene sus guardas curvadas hacia la hoja. Junto a su pierna derecha hay una fila de cinco puntos y, un poco más allá una lanza con regatón y un espejo ovalado.

(3p): Cat. 174; pag 738

SIC

Soporte desbastado para señalar cabeza, cuello y hombros mediante estrechamiento del extremo distal distal del soporte, mientras el resto del mismo es alargado y liso. Posibles dos fases (aunque los autores de su estudio opinan que es todo contemporáneo): 1º: estatua-menhir: La superficie está regularizada y alisada por pulimento. El rostro está señalado por ojos (cazoletas) y nariz en ligero relieve. Mediante esta misma técnica parecen haber sido reproducidas las orejas. Finalmente, mediante vaciado, la boca está representada por una figura oval. 2º: estela del SW: La estatua-menhir es reutilizada como soporte de una "estela de guerrero". Estos motivos están realizados con grabados en U posteriormente pulidos. En la zona inferior hay un escudo de círculos concéntricos y remaches sin escotadura clara, quizá sí el en círculo exterior, y abrazadera. Sobre esta figura hay un antropomorfo esquemático en movimiento, vestido, con la mano izquierda exagerada y espada al cinto. El personaje podría estár tocado con un caso de cuernos. Junto a la mano hay un espejo de grandes dimensiones. Otros trazos han sido interpretados como posibles lanza y fíbula (Celestino no los menciona). Sobre el antropomorfo hay un carro con eje señalado.

(3q): Cat. 33; pag 597

SIC
Soporte fálico con estrechamiento en la parte superior a modo de cuello, lo que le confiere, junto a la disposición de los motivos, un aire antropomorfo. La cara más vistosa presenta una serpiente en bajorrelieve recorriéndola verticalmente. En un lateral hay una acanaladura vertical en la parte inferior rematada por un cuerpo en relieve, que ha sido interpretada como "palette alongée". Sobre éste hay un elemento en relieve con forma de báculo. Se han documentado también un hacha simple y otra trapezoidal, grabadas con trazo fino, simétricas entre sí y en el medio "The Thing" que para Bueno y Balbín es un hacha más elaborada (Bueno y Balbín, 1995:376). El reverso está cubierto por innumerables cazoletas. En el tercio inferior presenta un cinturón que rodea a la pieza.

(3r): Cat. 301; pag 865

(3s): Cat. 269; pag 833

SIC

En la parte superior hay una serie de elementos de difícil interpretación. Por un lado hay una arco con flecha y un elemento alargado que podría ser un cuadrúpedo (Domínguez de la Concha et alii, 2005: 28) o un puñal afalcatado como apunta Celestino. Hay otro elemento rectangular que podría interpretarse como carcaj, una navaja de afeitar con doble hoja y enmangue calado y, finalmente, una posible hoja de puñal o lanza. En el centro encontramos un antropomorfo , sobre su cabeza una serie de puntos (tocado?) y a sus lados una espada envainada y una posible hebilla de cinturón/ peine o instrumento musical (Celestino, 2001a: 374-375; Domínguez de la Concha et alii, 2005: 28).

(3t): Cat. 264; pag 828

SIC

En la parte superior un escudo redondo con abrazadera y a su derecha una lanza. En un registro inferior están la figura humana con espada al cinto (hoja ancha, punta aguzada, tipo lengua de carpa, empuñadura con guardas y remate cruciforme, Celestino, 2001: 366), espejo, peine, fíbula junto a su cabeza (que Celestino interpreta como casco), 5 cazoletas y un objeto cuadrado (que Celestino interpreta como posible fíbula).

(3u): Cat. 353 ; pag 917

SIC
La composición es vertical. En la parte superior, en primer lugar, hay un elemento que consta de un círculo y un mango, que Enríquez interpreta como hacha de enmangue directo. A su lado cinco puntos alineados y, bajo estos elementos, una lanza en posición horizontal. Bajo la lanza, en el centro, hay un escudo de tres círculos con los extremos sin unir y mirando hacia el interior, a modo de escotadura en V. A su lado hay un espejo y una lira, y en el otro lado un cuadrúpedo (perro?). Bajo estos elementos una figura antropomorfa con espada al cinto y un elemento junto a las piernas a modo de faldellín con flecos. A la izquierda del antropomorfo un semicírculo cerrado por una línea recta que se ha interpretado como casco, fíbula, según Bendala, hacha calada (del mundo sirio-fenicio) y según Domínguez de la Concha et alii un carcaj (2005: 14). A su lado la representación de un arco con una flecha -posteriormente borrados- y, cerrando la composición, en la base, un carro representado horizontalmente. Dos posibles fases?: arco y flecha borrados

(3v): Cat. ; pag

SIC
Grabado erosionado pero completa. En el centro aparece, formando un eje vertical, un antropomorfo con dedos de manos y pies señalados, casco de cuernos l espada en la cintura. En el tronco la figura presenta un trazo perpendicular (pechos?). A la derecha del guerrero, a la altura del cuello aparece un peine de cinco púas. Más al extremo está la lanza, apuntada hacia abajo, con parte de su grabado perdido. Bajo la mano, en ese mismo lado hay un espejo A la izquierda del individuo, bajo la mano un escudo redondo, con el único detalle de la abrazadera. Sobre el brazo una fíbula de codo, aunque este motivo también ha sido interpretado como lira (Domínguez de la Concha et alii, 2005: 26). En la parte superior del soporte Celestino identifica cinco puntos (2001a: 368), mientras en el reciente calco sólo se distinguen dos (2005: 26). También en el reciente calco se señala un motivo bajo el escudo (dos líneas paralelas unidas en su extremo) que podría representar una pinza.

(3w): Cat. 293; pag 857

(3x): Cat. 284; pag 848

SIC

En el centro una figura humana muy esquemática junto a la que se sitúa otra figura humana de menor tamaño, de grabado más ancho y superficial que el resto. En la zona superior a la izquierda de la figura hay representado un carro y a la derecha de la figura, de arriba a abajo, un arco con flecha, un escudo redondo y una espada con pomo redondo, apéndices rectos y gavilanes cruciformes. Dos técnicas de grabado, la figura humana pequeña con grabado más ancho y menos profundo que el resto.

(3y): Cat. 285; pag 849

SIC

Fragmentada en la zona inferior afectando a los grabados. Figura humana con cuerpo rectangular, un punto junto a su cintura (posible anillos según Celestino) y dos trazos oblicuos a la altura del pecho (pechos?). Junto a su pierna izquierda hay un escudo con forma alargada. Junto a su pierna derecha una espada parcialmente conservada con gavilanes cruciformes. Junto a su brazo derecho hay un espejo ovalado, peine, y lanza. Bendala señala que el peine podría ser interpretado como instrumento musical (1986: 533). El peine está realizado con una incisión muy fina (posible fase posterior?).

(3z): Cat. 346; pag 910

SIC

La erosión ha afectado a los grabados en la parte superior de la losa. En la parte superior derecha de la losa hay un antropomorfo muy estilizado, cuya cabeza parece haber desaparecido por la erosión. Presenta espada al cinto. A su izquierda un escudo de cuatro círculos concéntricos, de los cuales dos podrían presentar escotadura en "U" según los publicadores de la pieza. Bajo él hay otro antropomorfo de igual tamaño al anterior. Junto a su mano derecha hay una espada. Hay otros trazos junto a la mano izquierda que Celestino interpreta como arco y flecha (2001a: 421). Junto al brazo izquierdo del primer antropomorfo Celestino identifica una posible fíbula.

(3za): Cat. 316 ; pag 880

Fragmentada en la parte superior izquierda y desconchados que afectan a los grabados. En la mitad derecha de la estela está dispuesta una figura humana tocada por un casco cónico. Junto a su brazo derecho hay un punto que Celestino interpreta como posible adorno (2001a: 353). A su izquierda un escudo con escotadura y abrazadera y a su derecha está dispuesta una lanza verticalmente con su hoja, lanceolada y con nervio central, apuntando hacia abajo. Sobre el escudo, a la izquierda del personaje, hay grabada una fíbula de codo. En la zona inferior está representado un carro con sus caballos, aunque en este caso el grabado está bastante dañado. Hay una serie de grabados de dudosa interpretación: bajo la mano izquierda del antropomorfo (tenaza? F. Miranda, 1986: 467), lineas incisas que Celestino no reproduce en su dibujo. También hay un círculo repiqueteado tras el carro que tanto Fernández Miranda como Celestino interpretan como un intento de representación de rueda (Fernández, 1986: 467; Celestino, 2001a: 353).

(3zb): Cat. 250; pag 814

(3zc): Cat. 263; pag 827

SIC

Indicios de varias fases: carro en el lateral sobre el que está grabado el escudo. Peine en fina incisión, igual que el cuadrúpedo y riendas del carro superior. En la parte superior aparecen una figura humana con espada en la cintura (hoja larga, pomo redondeado y guardas cruciformes). A la altura del pecho hay dos incisiones (pecho?). Junto a ella hay una lanza, un punto junto a la rodilla, a su izquierda un espejo, un cuadrúpedo (no identificado en el reciente calco del catálogo 2005: 18) y un elemento que podría ser una fíbula, aunque Celestino lo interpreta como instrumento musical por su silueta liriforme (Celestino, 2001: 365; también Domínguez de la Concha et alii, 2005: 18)). En el izquierdo del soporte hay un carro grabado con sus animales de tiro y timón (riendas de incisión fina como el peine). En la zona central de la estela hay un escudo con escotadura y abrazadera, además de un peine realizado con fina incisión. A la derecha del escudo se han distinguido dos ruedas y caja de un carro.

(3zd): Cat. 270; pag 834

SIC

Presenta escudo central de tres círculos, los dos exteriores con escotadura en V, y abrazadera. A su lado hay una figura humana con espada al cinto. Sobre ésta hay un espejo de gran tamaño. Entre la figura humana y el escudo hay una espada de gran tamaño bastante tosca dispuesta verticalmente. En el extremo derecho superior de la estela hay una linea similar en diagonal que bien pudiera haber sido parte de la figuración de una lanza, hoy en parte perdida. Celestino señala que junto a la figura humana hay también un peine y un instrumento musical (Celestino, 2001a: 377).

(3ze): Cat. 278 ; pag 842

SIC

Se conserva, al parecer, entera. Las representaciones están grabadas. La estela ha sido reutilizada como soporte de una inscripción funeraria iberorromana datada en el S.I d.C. La inscripción o epitafio, respeta la zona en la que se han realizado los grabados del Bronce. Únicamente se vale del asta de la lanza para trazar letras. El registro superior de la estela es respetado. En su centro está representado un escudo de cuatro círculos concéntricos y agarradera. A su derecha, a la misma altura, está representada una figura humana con espada en la cintura, que presenta pomo redondeado y gavilanes poco destacados. Bajo el escudo hay un peine y bajo la figura humana, a su derecha, hay una lanza con punta lanceolada de la que ya hemos comentado su "reutilización" como parte del epígrafe (…) Reutilizada como estela epigráfica funeraria en el S. I d.C. Se encontró junto a otras tres estelas epigráficas funerarias romanas junto a las que también se halló (refs. orales) una ánfora fragmentada

(3zf): Cat. 325 ; pag 889

SIC

La superficie del soporte está preparada. Una lanza en horizontal delimita la superficie decorada en la parte superior. Bajo ésta, al mismo nivel, hay un escudo redondo de dos círculos concéntricos y umbo señalado, así como una figura humana con espada en la cintura. Entre estos dos motivos hay un espejo. Cerrando la composición en la parte inferior hay un carro con cuadrúpedos.

(3zg): Cat. ; pag Cat. 274; pag 838

Parece que la losa se conserva entera. Los motivos ocupan la mitad superior de la losa. Hay dos antropomorfos que se sitúan uno en el extremo derecho de la losa (el de mayor tamaño y con el pene señalado) y otro, de menor talla, en el centro. Ambos llevan espadas en la cintura y elementos en las rodillas que podrían referirse a vestimenta. Junto a la figura de la izquierda hay un arco con flecha y un carcaj. Junto al personaje del centro de la losa hay una serie de puntos y una cazoleta rectangular de mayor tamaño. En el lado derecho de la losa hay un escudo con escotadura en V en todos sus anillos menos en el exterior. Cerrando la composición en la zona inferior, en posición horizontal, hay una lanza.

(3zh): Cat. 286; pag 850

SIC

La estela presenta una figura humana en el centro, con cuerpo vaciado para dar volumen, representado con pies, manos y casco de cuernos. A su izquierda un escudo redondo con abrazadera bajo el cual hay un posible arco o un primer intento del grabados para realizar el escudo (Celestino, 2001: 424). A su derecha un espejo oval cuyo mango es de resaltes y una espada con mango de pomo de apéndices rectos , gavilán cruciforme y hoja de lengua de carpa. Concepción y espejo muy similar a Écija I.

(3zi): Cat. 247 ; pag 811

SIC

Soporte preparado en el anverso, no en los laterales o reverso. Dos figuras humanas de proporciones casi exactas que se reparten proporcionadamente la superficie del soporte. Las dos figuras y los motivos adicionales que las adornan forman una única composición, están perfectamente articulados. Los cuerpos son similares, casi exactos. La figura situada a la izquierda del soporte está tocada con casco de cuernos. Bajo su mano izquierda (conservada) hay un escudo redondo realizado a base de dos círculos concéntricos. Su mano derecha no se ha conservado, pero directamente bajo el espacio que una vez ocupó esta extremidad hay una espada de hoja ancha y enmangue rematado en pomo representada en vertical. A la derecha del soporte la otra figura humana presenta un tocado reticulado exento sobre la cabeza-hombros, extendiéndose hasta el hombro derecho del otro antropomorfo. La figura con tocado conserva la mano derecha, mientras la izquierda parece haberse perdido. Las manos perdidas estaban en el espacio central de la composición. Según señalan García Sanjuán et alii, si estas manos se hubieran conservado, probablemente se solaparían (2006: 141). Huellas de desbastado y regularización: herramienta punzante de metal o piedra. Unas 12-16 horas para preparar y grabar la estela por una persona (2006: 143).

(3zj): Cat. 344; pag 908

En el centro de la estela, alargada, hay una representación antropomorfa que presenta una cabeza con rostro representado, manos y pies, más realistas que cualquier otra estela de guerrero. La estela está fracturada en la parte superior y laterales por ello no sabemos si había más elementos, como por ejemplo un casco. Celestino detecta un trazo paralelo a la cabeza que no continua por la fractura de la pieza pero que podría ser parte de un tocado. Ramón y Almagro señalan unas marcas interesantes en las muñecas que podrían interpretarse como brazaletes, también señalados por Celestino. A la altura de la cintura-vientre presenta un círculo (cinturón o protector). A la derecha del individuo una lanza boca abajo, en vertical, bajo la cual está una espada de hoja lengua de carpa y empuñadura de apéndices laterales y gavilanes. Finalmente a la izquierda un escudo redondo en cuyo interior hay 9 líneas paralelas horizontales.

(3zk): Cat. ; pag

La composición es vertical. En la parte superior, en primer lugar, hay un elemento que consta de un círculo y un mango, que Enríquez interpreta como hacha de enmangue directo. A su lado cinco puntos alineados y, bajo estos elementos, una lanza en posición horizontal. Bajo la lanza, en el centro, hay un escudo de tres círculos con los extremos sin unir y mirando hacia el interior, a modo de escotadura en V. A su lado hay un espejo y una lira, y en el otro lado un cuadrúpedo (perro?). Bajo estos elementos una figura antropomorfa con espada al cinto y un elemento junto a las piernas a modo de faldellín con flecos. A la izquierda del antropomorfo un semicírculo cerrado por una línea recta que se ha interpretado como casco, fíbula, según Bendala, hacha calada (del mundo sirio-fenicio) y según Domínguez de la Concha et alii un carcaj (2005: 14). A su lado la representación de un arco con una flecha -posteriormente borrados- y, cerrando la composición, en la base, un carro representado horizontalmente. Dos posibles fases?: arco y flecha borrados

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(4): Ramón y Fernández de Oxea, J. (1950: página 294 , lámina 2)

Martín Almagro-Gorbea (1966: páginas 30-31, fig. 3, lámina 11.1)

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(5): Ma. Isabel Ongil Valentin (1983: página 11, figura 3)

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(6): LAS ESTELAS TARTÉSICAS: ¿LOSAS SEPULCRALES, MARCADORES ÉTNICOS O REPRESENTACIÓN DE DIVINIDADES GUERRERAS? http://dx.doi.org/10.12795/spal.2006.i15.07 SPAL 15 (2006): 149-165

ANTONIO TEJERA GASPAR; JESÚS FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ0; MARCOS RODRÍGUEZ PESTANA SIC:"una serie de pequeñas cúpulas o cazoletas, como las aparecidas en la de “Fuente de Cantos” y “Magacela” en Badajoz; o en la de “Pedro Abad”, y en la de “Córdoba”I (concebida para ser colocada en posición horizontal; ver Celestino 2001: 435) y en algunas otras, de las que desconocemos su función. Estas cúpulas o cazoletas suelen ser comunes en estelas y paneles rupestres de otros contextos culturales (…) generalmente asociadas a sitios en donde se realizan rituales para derramar líquidos,ya sea agua, sangre, leche u otros, destinados a celebraciones” Pag 155

(7): Estela de Setefilla

Sebastián Celestino en Idem (2) Pags: 32, 47, 48, 57, 66, 82, 85, 101, 118, 121, 122, 139, 154, 275, 279, 318, 320 y catalogación en la 417

Díaz-Guardamino Uribe en idem (3) , Pags: 30, 159, 163, 165, 167, 168, 169, 264, 291, 314, 337, 354, 358, 359, 360, 361, 362, 372, 373, 374, 377, 390, 443, 446, 551, 563; catalogación 340 en página 904.