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Las citas a pie de página, se encuentran al final del texto.
SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: En nuestro artículo anterior habíamos observado que las Estelas del Suroeste, de mayor tamaño y peso; solían aparecer sin la base. Una conclusión a la que llegábamos, observando que era imposible sostenerlas en vertical, con la zona de peana existente (bajo sus grabados). Esa falta de pedernal, se aprecia en la mayoría de estas losas voluminosas; además, se observan cortes y golpes en su parte inferior (donde antaño estaría la línea de suelo). Todo lo que -a mi juicio- denota que se han arrancado del terreno, rompiendo su base; como método más sencillo de extraerlas (ya que cavar y sacar el monolito, pudo ser muy complejo). Esta observación, nos llevó a comparar las distintas Estelas del Suroeste, clasificándolas conforme a su forma y peana; llegando a concluir que una mayoría de ellas, habrían sido amortizadas y ocultadas. Arriba, la famosa Estela de Solana de Cabañas. Debido a su tamaño, se hace evidente una falta de apoyo inferior; por lo que se ha considerado que estuvo sustentada junto a una pared. Hipótesis que no explicaría los daños que sufre, en su parte baja (habiendo perdido parte del carro). Por cuanto, en mi teoría; fue arrancada del terreno a golpes y partiendo la base (al ser este el método más sencillo, o debido a una necesaria prontitud). Lo que demostraría que pudo ser traslada y sellada, en su tiempo (para evitar el expolio o profanación). En la imagen hemos marcado la zona que faltaría; una parte que -a mi juicio- fue quitada a martillo o pico. Al lado, estela de Torrejón el Rubio I; tal como la expone el Museo Provincial y arqueológico de Cáceres (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra foto). Como podemos observar, tiene el carro en la parte superior; tal como la recoge Díaz-Guardamino. Aunque no es esta la posición considerada por de Celestino. Quien la coloca en sentido inverso, a mi juicio con buen criterio; basándose en que las lanzas -comúnmente- aparecen en el lado superior y los carros en la zona baja de las lápidas. Otro hecho común en las estelas, es que los escudos presenten su escotadura mirando a la derecha; por cuanto la posición actual de esta estela, en el Museo de Cáceres; pudiera ser errónea. Abajo, a nuestra izquierda, cartela que el museo de Cáceres presenta, junto a esta pieza. A la derecha hemos repetido el dibujo, girándolo completamente; considerando esta su postura correcta. Una vez observada, se deduce que le falta la zona baja. De este modo, hemos añadido una base; que fue partida en sus días, dejándola perfectamente rectangular. Por lo que se confunde con la parte alta de la estela. Lo que -a mi juicio- indicaría que fue cortada con precisión (a cincel y martillo), para no verse obligados a extraer todo el pedernal de la tierra.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: En nuestro análisis anterior, sobre las peanas en las Estelas del Suroeste. Llegábamos a la conclusión de que todas aquellas que se pudieron arrancar del suelo de manera sencilla, conservaban la base. Ello sucede con las alargadas y las que tienen forma de colmillo; como las que vemos en imágenes. Al lado, la Estela de Esparragosa de Lares III -Bodeguilla-; expuesta en el Museo Arqueológico de Badajoz (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes). Afirmábamos en nuestro anterior capítulo que este tipo de lajas, con extrañas formas; podrían haber formado parte de una construcción. Abajo, la Estela de Capilla 4 (Vega de San Miguel); tal como la muestra el Museo Arqueológico de Badajoz, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen. Explicábamos en el referido artículo, que este tipo de estelas conservaban la parte baja; debido a que se podían extraer perfectamente del terreno, por su forma cónica.
A) INTRODUCCIÓN:
En nuestros dos capítulos anteriores, habíamos llegado a varias conclusiones e hipótesis; en base a nuevos datos aparecidos sobre las Estelas Decoradas. Proponiendo que el hallazgo de tres lápidas en Las Capellanías (Cañaveral de León); mostraba un sellado y amortización de una necrópolis. Recinto, con enterramientos que inicialmente fueron de la Edad del Bronce; pero habían sido reutilizados en etapa tartessia. Como mostraron los trabajos de campo; encontrando tumbas con cremaciones y enseres orientalizantes, guardados en fosas anteriores (expoliadas para darles un nuevo uso). A ello, se sumaba el hecho de que las tres estelas habían sido tumbadas boca abajo y no estaban sobre los sepulcros de su época. Encontrándose una de ellas encima de cistas del Bronce; en este caso vacías. Todo lo que nos llevaba a determinar que las losas se habían arrancado de tierra; trasladado y ocultado, lejos de las tumbas a las que pertenecían. Lo que -a mi juicio- mostraba una amortización y sellado de la necrópolis, en época tartessia; seguramente con el fin de evitar que fuera expoliada.
Lo expuesto en nuestro párrafo anterior -a mi parecer- se ratificaba con los daños que presentaban en su base, dos de las estelas halladas en Las Capellanías (Cañaveral 1 y 3). Lo que se deduce por su peso y tamaño; ya que la primera supera los 200 kilos y la tercera, el doble. Debido a ello, concluíamos que las roturas en la parte inferior de estas dos losas; se deberían a la necesidad de romperlas, para sacarlas del terreno. Ya que, al ir hincadas sobre el suelo, con tal volumen; sería muy difícil extraerlas de su lecho completas. Por cuanto, el procedimiento más sencillo para trasladarlas y ocultarlas; era romper su base (para cambiarlas de lugar). De tal modo, si se vieron en la tesitura de amortizar y ocultar la necrópolis (como hicieron en El Turuñuelo o en Cancho Roano); este sistema sería el más rápido para esconder las estelas y sellar las tumbas.
Por último, siguiendo esta hipótesis; nos planteamos estudiar comparativamente el resto de las Estelas del Suroeste (catalogadas hasta nuestros días; sirviéndonos de los trabajos de Sebastián Celestino Pérez y de Marta Díaz-Guardamino). Llegando a la conclusión de que se observaban hechos paralelos en muchos de estos de monolitos. Pues las grandes lápidas (voluminosas y muy pesadas) suelen presentar en su zona baja roturas; al igual que sucede con las de Cañaveral. Teniendo faltas, que parecen hechas con pico o martillo; desde la zona que las había unido al terreno. A ello se une el hecho de que -en su gran mayoría- no contienen suficiente base para sostenerse (lo que también observamos en las dos lápidas mayores, de Las Capellanías). Deduciéndose que se habían cortado (a golpes) por la línea de suelo, para tumbarlas. Seguramente, con el fin de ocultarlas y cambiarlas de lugar; para evitar que el lugar donde se elevaban, fuera expoliado o profanado. Ello, demostraría una posible amortización y sellado, en la mayoría de las estelas de gran tamaño y peso. Una teoría que se volvía a confirmar ante la observación de ejemplares con diseño distinto. Pues la hipótesis se probaba de nuevo, al estudiar otras estelas; que cuando eran estrechas y alargadas, conservaban su zona de peana. Pudiendo comprenderse que esas losas largas y finas; no necesitaban partirse por su base, para extraerlas del terreno. Ya que su forma rectangular y delgada, permitía sacarlas con facilidad del suelo (cavando sus lados y zarandeándolas, hasta extraerlas).
Los hechos anteriormente planteados y la teoría sobre una general amortización y sellado, en las Estelas del Suroeste. Siguió ratificándose al estudiar más ejemplares y observar que aquellas losas de menor tamaño, aparecidas en buen estado; conservaban también la base (en su gran mayoría). Todo lo que volvía a entenderse, aplicando la misma lógica; ya que debido al peso y medidas de estas piezas menores, no sería necesario romper la zona baja, para cambiarlas de lugar (con el fin de ocultarlas). Finalmente, confirmamos nuestras hipótesis, al observar como también conservaban su peana; las estelas de gran tamaño con un diseño similar a un colmillo (picudas en su zona inferior) o fusiformes (redondeadas por debajo). Lo que igualmente se justifica, debido a la facilidad de extraer una gran piedra del terreno; con forma cónica o de cañón. Bastando cavar los laterales del pedernal y zarandearlo, para lograr soltarlo del lecho; sacándolo completo. Unos hechos que demostrarían el traslado de las Estelas Decoradas; seguramente con el fin de sellarlas. Operación donde se habrían encontrado con el problema de los grandes monolitos, con una enorme base redondeada bajo tierra. Necesitando partir la línea de suelo, para moverlas; en casos de losas enormes. Aunque en el resto de ocasiones, apenas se precisaba romper la zona inferior; para cambiarlas de lugar y ocultarlas.
Por cuanto expresamos, llegábamos a las siguientes conclusiones en nuestro anterior capítulo. Considerando que -a mi juicio- resulta indudable que la gran mayoría de las estelas, fueron extraídas del terreno en su tiempo. Aseveración para la que me basé en los diferentes estados de su parte interior; en referencia a sus distintos diseños. Añadiendo -asimismo- que si no quedaron en pie y no fueron devastadas (usadas como losas o hechas pedazos). Es porque se ocultaron en algún momento; pues de otro modo, las hubieran reutilizado (como lápidas o en la construcción). De tal manera, si se escondieron y aún conservan los bajorrelieves en buen estado; es porque las colocaron boca abajo o las enterraron tumbadas (tal como se hallaron en Las Capellanías de Cañaveral). Todo lo expresado anteriormente, nos hace aseverar que estas losas habrían sido sometidas a una amortización y sellado (en su mayor parte); para evitar su expolio y profanación. Hechos que explican dos realidades arqueológicas:
-En primer lugar; que las estelas hayan aparecido casi siempre descontextualizadas (lejos de otros restos arqueológicos).
-En segundo término; que apenas se hayan encontrado necrópolis tartessias. Debido a que esta civilización amortizaba y ocultaba sus lugares sagrados.
SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: En nuestro anterior capítulo, también explicábamos que las estelas grabadas sobre antiguos monolitos, reutilizados (megalíticos, o de la Edad del Bronce); se mantenían en pie, sin hundirlos en el terreno. Pues aquellos pedernales ancestrales, habían sido tallados con una base suficiente, que les permitía sustentarse en vertical. No como las losas de tipo tartessio, que normalmente se sujetaban hincadas. En imágenes, tres Estelas Decoradas, que usaron monolitos muy anteriores. Arriba, la de Fuente de Cantos (tal como la muestra el MAN; al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Al lado, la de San Martinho 1 (tal como la expone el Museo de Castelo Branco; al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Abajo, la de Magacela (en el Museo Arqueológico Nacional; al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen).
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Asimismo, en nuestro anterior capítulo, explicábamos que también habían conservado su base, los ejemplares rectangulares; cuando eran alargados y finos. Lo que se justifica por la facilidad para sacarlos del terreno, debido a esa forma (bastando cavar sus lados y zarandearlas, para extraerlas completas). Al lado, dibujo de la Estela de Santa Ana de Trujillo (cuyo original esta en el Museo de Cáceres). En este hemos figurado la línea de terreno, tal como iría hincada. Abajo, la Estela de Ibahernando (en el Museo Provincial y arqueológico de Cáceres; al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Reutilizada en época romana, pudo sufrir alguna pérdida en su parte inferior. Un daño que recibiría al ser extraída del emplazamiento original; o bien, cuando la usaron de nuevo. Escribiendo sobre ella en caracteres latinos: ALLUQUIU(s) · PROTACIDI · F(ilius) HECE · SITUS -aquí yace Alluquio, hijo de Protacido-. En imagen, hemos simulado el modo en que estaría hincada en la primera época y en etapa romana; cuando la tierra cubriría más el monolito (debido a esta pérdida en su base, que también hemos señalado).
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: En nuestro anterior capítulo, asimismo analizábamos el estado de otro tipo de estelas, con un diseño fusiforme. Piezas que también conservan su zona baja, al ser muy sencillo extraerlas de tierra; debido a su línea similar a una bala. A continuación, dos ejemplos de este tipo de piezas. Al lado, la Estela de Ategua (tal como la mostraba el Museo Provincial y Arqueológico de Córdoba; al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Abajo, Estela de Zarza Capilla I; en sentido horizontal (propiedad del Museo Arqueológico de Badajoz; al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes).
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Un tipo muy diferente, son las estelas de menor tamaño; que pueden sostenerse con una pequeña peana. Esta clase de ejemplares se encuentran principalmente en la zona del Guadalquivir; posiblemente fabricadas para exponerse en interior (quizás, al estar más urbanizado el valle de este río, al que llamaban Tartessos). Al lado, Estela de El Viso 1 (Córdoba); tal como la muestra el MAN, al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes. Se trata de uno de los ejemplares más bellos encontrados; debido a ello, su exposición preferente en el Museo Arqueológico Nacional. Realizada en una cuarcita rosa, su altura apenas supera 1,20 metros; mientras su ancho es de unos 40 centímetros y el grosor medio, de unos 20 ctms.. Su base perfectamente rectangular, le permite sostenerse, apenas hundida en el suelo (sin necesitar enterrarla); ello explicaría que haya aparecido completa y sin daños en la zona inferior. Pudiendo haberse sacado y ocultado, con gran facilidad. Abajo, el Estela de Capilla 8 (La Pimienta) tal como la muestra el Museo Arqueológico de Badajoz (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Mide unos 75 ctms. de alto, por 65 de ancho; con un grosor de unos 15 ctms.. Lo que la convierte en el tipo que hemos denominado “estelas de interior”; no equiparable a otros de mayor tamaño. Aunque, en este caso, contiene un gran pico en su base (que antes hemos estudiado; en piezas con dimensiones muy superiores y forma de colmillo). Lo que hace pensar que se sustentaba sobre una peana, hecha en adobe o mortero. Como decimos, es común que este tipo de estelas conserve su parte baja, debido a que sería muy sencillo amortizarlas y esconderlas. Aunque también hay una mayoría, que aparecen fragmentadas; lo que respondería a su expolio o a daños por el paso del tiempo (debido a su pequeño tamaño).
B): CRONOLOGÍA Y FASES DE LAS ESTELAS DEL SUROESTE:
B-1) Diferentes “escuelas”; datación y origen:
Explicábamos en nuestros capítulos anteriores, la existencia de tres escuelas (o teorías principales); que clasifican de manera muy distinta la procedencia y datación de estos ejemplares. La primera, liderada actualmente por Sebastián Celestino Pérez; considera estas losas decoradas, una importación oriental. Por cuanto, como fecha más antigua para su aparición, se estimaría el siglo XI a.C.. Creyendo que el fenómeno se extendería hasta una desaparición gradual, sucedida entre los siglos VIII al VII a.C.. Por su parte, una segunda línea es seguida por investigadores como Harrison y Díaz-Guardamino (1) ; aseverando que estas losas fueron un fenómeno heredado desde los tiempos más remotos del Occidente europeo. Cuyo origen primigenio hemos de buscarlo en la adoración a pedernales similares, en las tierras del Atlántico; desde el megalitismo, al Calcolítico y la Edad del Bronce. Situando el comienzo de las Estelas Decoradas, a finales del Bronce (entorno al siglo XV a.C.). Pese a que posteriormente, sus representaciones derivarían hacia cultos y figuraciones orientalizantes; tras la llegada de colonizadores a tierras del Atlántico (desde el siglo IX a.C.).
Las dos teorías más extendidas y divergentes sobre las Estelas del Suroeste son las anteriormente expuestas; existiendo una tercera tendencia de pensamiento que podemos clasificar como “intermedia” (entre la orientalista y a la “atlanticista”). Otra “escuela” que considera esas losas decoradas, originadas por precolonizadores mediterráneos; quienes habrían importado este tipo de representaciones, hasta las costas Occidentales de Iberia. Naciendo de su influencia, primeramente las Estelas Alentejanas; datadas entre los siglos XIV al XIII a.C.. De las que derivarían las del Suroeste, originadas entorno al los siglos XII al X a.C. (conforme considera esta línea de pensamiento). Grupo de estudiosos entre los que destacan investigadores con la talla de: Alfredo Mederos, Mariano Torres Ortiz y el prof. Jiménez Ávila. Continuando -de algún modo- las teorías que promovían hasta hace no tanto, Almagro-Gorbea y Manuel Bendala. Quienes en los años setenta y ochenta, ya consideraban el origen de Tartessos, en el Egeo y en Creta; pero sobre todo, en Chipre y el mundo neohitita.
Para terminar estos párrafos, en los que recogemos las tres “escuelas” que estudian el origen y datación de las Estelas Decoradas; creemos que debo definirme, dando mi opinión entorno a cada una de ellas. Por cuanto añadiré, que considero a la primera -liderada por de Celestino- demasiado realista, sin tener en cuenta posibles futuros hallazgos (basada tan solo en hechos demostrables). La segunda, que he denominado “atlanticista” (de Díaz-Guardamino), sería excesivamente "soñadora". Considerando -quizá- que la Civilización Atlántica tenía un mayor desarrollo y comunicaciones, de las que gozó durante esta época, al final del Bronce. Pues a mi juicio, fue durante el megalitismo y a comienzos del Bronce; cuando el Atlántico europeo estuvo unido y vivió una edad de oro. Finalmente, la teoría de un origen precolonizador, en las Estelas Decoradas (Torres Ortiz, Mederos, Jiménez Ávila), sería quizás más que acertada; pero tampoco da una solución total al tema, ya que olvida muchos de los rasgos atlánticos que aparecen en ellas.
Por todo lo que me atrevería a considerar que estas losas nacen con la decadencia de las civilizaciones del Bronce (en el Este y en el Oeste mediterráneo). Refiriéndome al momento en se agotan las minas cúpricas cercanas a Egipto y a Oriente Medio (siglos XVI al XV a.C.); situadas en lugares homónimos a este metal: Chipre o Calcis. Necesitando viajar por entonces, los pobladores del Este mediterráneo hasta el más remoto Occidente, en busca de estaño y cobre. Llegando periódicamente hasta los filones de las costas atlánticas peninsulares, que se conocían desde antiguo. Provocando, a su vez, que las gentes de nuestras tierras navegasen durante los veranos, rumbo Norte, al acecho de metales preciosos; llegando a la actual Normandía y a las Islas Británicas. Todo lo que ya se había hecho de un modo más limitado, durante la etapa del megalitismo y a comienzos del Bronce, buscando por entonces, ámbar y oro. Un escenario histórico por el cual renacieron los contactos atlánticos; como nuevas rutas del metal (ya tan escaso, en el Oriente mediterráneo). Apareciendo en nuestras costas navegantes de Creta y Chipre desde ese siglo XVI a.C.; durante un primer momento de gran eclosión, que duraría hasta la expansión del hierro en Anatolia (tras el avance de fuertes hordas, armadas con este barato y fuerte metal). Aunque entorno al siglo XII a.C., cayeron Creta y Chipre; quedando el comercio del estaño y el cobre atlántico, en manos de los Sardos. Habitantes de Cerdeña, con raíces en los Pueblos del Mar; que exportarían esos metales en el Mediterráneo. Sustituyendo a las naves cretochipriotas hasta el dominio pleno del hierro (circa 900 a.C.).
B-2) Posibles etapas de las Estelas Occidentales (o peninsulares):
Por cuanto hemos expresado en el epígrafe anterior; a mi juicio, las Estelas Decoradas pudieron tener tres fases:
A)-Una primera que se debería a los protocolonizadores; venidos directamente desde Oriente mediterráneo (entre los siglos XVI y XIII a.C.) quienes habrían generado las Estelas Alentejanas -clasificadas por Almagro Bach como Estelas Peninsulares Tipo I-.
B) -Una segunda, que podemos fechar del siglo XII al IX a.C.; impulsada por los sardos, aparecidos en las costas Atlánticas como precolonizadores. Sustituyendo a los navegantes de Creta y Chipre; islas que en estos años ya habían sido invadidas por las hordas del Hierro (Pueblos del Mar, del que -se supone- descienden los Sardos). A la llegada de estos nuevos expedicionarios, habrían desaparecido las Estelas Alentejanas; comenzado un nuevo estilo de losas, que actualmente denominamos Estelas del Suroeste (clasificadas por Almagro Bach como Tipo II). Desarrollándose principalmente en Extremadura, con un diseño básico (con escudo y armas; al que a veces se añaden objetos de prestigio); a imagen y semejanza de las antiguas lápidas del Alentejo.
C)-Finalmente, una tercera época, de más fácil datación; donde los colonizadores influyen plenamente en la creación de estos monolitos. Cuyas fechas debemos ajustarlas a la aparición de los fenicios en nuestras tierras. Etapa que comprendería desde el siglo IX al VI a.C.; en la que se comienza a representar el antropomorfo con sus armas, junto a enseres de prestigio, el carro, y animales de tiro o de compañía. Al final de esta época, se incluyen escenas con varios personajes; muy semejantes a las que figuran en los jarros orientales -parecidas a las pintadas en las cerámicas geométricas griegas-.
De tal manera, las Estelas Alentejanas se deberían a la etapa I (cretochipriota). Siendo lápidas de transición, las estelas básicas y más antiguas; que se habrían tallado en la época II (de mayor influencia sarda). Mientras las de tipo tartessio, con figuras complejas nacerían tras el siglo IX, con un gran influjo fenicio.
SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Arriba y al lado, Estela Da Carniceira, Sao Jöao dos Negrilhos, tal como la muestra el Museo de Aljustrel (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). En la primera foto podemos ver la pieza tal como se muestra; en la siguiente, he situado a mi mujer junto a ella, para comprender el tamaño. Se considera parte de un monumento funerario (losa o lápida sepulcral) y se fecha entre el 1600 y el 1200 a.C.. A mi juicio, sería un ejemplo de Estela Occidental, datada en fase de protocolonización y no de precolonización. Originada tras la llegada a nuestras costas de expedicionarios venidos del Oriente mediterráneo (Chipre, Creta, Biblos o El Egeo). Por lo que -a mi entender- deberíamos catalogar como monolitos realizados durante la precolonización; solo a las primeras Estelas del Suroeste (llamadas “básicas). Talladas desde la herencia anterior; aunque -quizás- también debido a la presencia de gentes del Primer Hierro, que alcanzaron tierras del Atlántico entre los siglos XII al IX a.C. (principalmente venidos de Cerdeña). Abajo, la Estela de Sanmartinho 1; como un ejemplo de transición entre las primeras y las terceras. Por cuanto la considero del tipo II, pero tallada en época de dominio sardo (entre los siglos XII al IX a.C). Lo que se demostraría observando el casco con cuernos en sus guerreros; un tipo de protección que usaban los Sardana, desde tiempos de Ramsés III. Mostrando esta losa, la llegada de gentes procedentes de Cerdeña, en tierras de Castelo Branco (muy próximas a Extremadura). Presencia que podemos fechar entre los siglos XII al IX a.C.; cuando ya hablaríamos de una precolonización. Pues a mi juicio, las estelas datadas del XVII al XII a.C., pertenecerían a una protocolización: llegada directamente de Oriente (Chipre, Creta o El Egeo).
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: estelas expuestas en el Museo Regional y arqueológico de Cáceres; al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen. Al lado, la de El Carneril de la Ramira (hallada junto a Trujillo). Abajo, la de Brozas (del mismo entorno geográfico). Este tipo de ejemplares, en los que tan solo se representan escudo y armas; fueron catalogados por de Celestino, como “Estelas Básicas” (clasificación que se ha mantenido desde los primeros estudios del investigador). Considerándolas las más antiguas, nacidas en el entorno de la la Sierra de Gata; conforme describió Sebastián Celestino. Afirmando el experto, que este modelo de losas se habría extendido hacia el Sur, añadiendo elementos en sus representaciones. Alcanzando primero, la zona de Logrosán y Las Villuercas (donde ya las veremos con el antropomorfo y carros); para expandirse posteriormente por el valle del Guadiana. A mi juicio, las Estelas Básicas, serían de transición; entre las Alentejenas y las propiamente de tipo Tartessio. Labradas entre los siglos XII al IX a.C.; como herencia de aquellas que aparecen en El Alentejo. Quizás continuaron tallándolas los descendientes de quienes hicieron esas otras, más antiguas; como recuerdo y memoria de sus antepasados. Lo que nos haría pensar que las gentes que protocolonizaron las costas del Atlántico peninsular (desde el siglo XVI al XII a.C.); finalmente se refugiaron en el interior, habitando la zona del Norte de Cáceres. Hechos que sucederían tras la aparición del Hierro en Oriente, provocando la decadencia de Creta, Chipre y las culturas del Bronce. Por cuanto, en plena crisis y sin contactos con esas civilizaciones mediterráneas de las que dependían; los descendientes de estos alentejanos, habrían tenido que asentarse en una zona más protegida y menos comunicada (como es la Sierra de Gata). Donde seguirían tallando estelas similares a las que hicieron sus antepasados; cuando regresaron a un buen momento económico (tras la aparición de los Sardos en tierras atlánticas; comerciando de nuevo sus metales). Otra hipótesis, nos llevaría a pensar que las Estelas Básicas (con escudo y armas) aparecieran directamente por influjo de los nuevos expedicionarios llegados desde el Mediterráneo. Debiéndose, en gran parte, a la presencia de navegantes procedentes de Cerdeña; quienes habrían impulsado un nuevo renacer económico en el Suroeste. Finalmente, podemos afirmar; que, desde el siglo IX a.C. y con la nueva llegada de expedicionarios procedentes del Este (Chipre y Fenicia); se completaría otra fase en estas lápidas. Comenzando las denominadas Estelas de Guerrero y Estelas Diademadas; donde figuran antropomorfos, enseres y carros. Extendiéndose este tipo de monolitos, hacia el Sur; poblando las cuencas del Guadiana y del Guadalquivir. Siendo cada vez más complejas sus escenas, conforme avanzaba en el Periodo Orientalizante.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, la Estela de Cabeza de Buey 4 (Majadahonda), tal como la muestra el Museo Arqueológico de Badajoz, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen. Díaz-Guardamino, ve en ella dos épocas de grabado diferentes; una primera, donde se habrían representado los guerreros de casco, con cuernos. Otra, en que se habría incluido el carro junto a más personajes. Ello, demuestra la existencia de varias etapas en estas losas; en las que se fueron haciendo más complejas las escenas; añadiendo elementos e individuos. En este caso, la que vemos pertenecería al tipo II-B (Estela del Suroeste, en segunda etapa, cercana al siglo VII a.C.). Abajo, Estela de Heredade de Abobada, en el Museo Regional de Beja (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra fotografía). Representa un guerrero con dos espadas y un arco (en forma de media luna); al que rodea una cenefa cuadrada, que contiene una inscripción en caracteres del Suroeste (idioma tartessio). Es un ejemplar para ser hincado en el suelo, por lo que he marcado la línea de terreno (bajo la que no hay grabados). Se clasifica del tipo II-B; trabajada después del siglo VIII a.C., cuando se supone que se extendió la escritura del Suroeste.
B-3) Fechas y etapas; según diferentes escuelas y autores:
En citas (1) y (2) podemos leer un resumen de cuanto expresa Díaz-Guardamino sobre el origen y procedencia de estas piezas, que ella denomina del SW (expresando una tendencia al Far West protohistórico; quizás al ser profesora -y vivir- en las Islas Británicas...). Escribiendo que la mayoría de autores las sitúan entre el final del Bronce y comienzos del Hierro; variando las teorías sobre su datación, entre aquellos que las fechan en diferentes etapas de esta época (desde el Bajo Bronce y del Hierro) (1a) . Debiendo considerarse la existencia de una crisis de contacto entre el mundo atlántico y el mediterráneo, entre el 1200 y el 1100 a.C.; momento en que los chipriotas retomarían esas rutas hasta el Océano y el más remoto Occidente -tal como manifiesta el prof. Torres Ortiz- (1b) . Sería en este intervalo y antes de que aparecieran los fenicios, cuando el mismo profesor, considera que se importaron a la Península elementos orientales y del Egeo; principalmente el carro y las liras (acompañados de otros enseres, como el espejo o las fíbulas) (1c) . Pero la prof. Díaz-Guardamino apunta que “La mayoría de estos objetos pudieron ser conocidos en la Península a partir de ca. 1200/1100 AC (citando a Almagro-Gorbea y a Torres Ortiz), aunque existe la posibilidad de que algunos de ellos, como las liras, fueran conocidos a partir de ca. 1400/1300 AC (cita a Mederos)” (1d) . Terminando por aseverar: “es muy posible que hubiera elementos como los carros, las liras o los espejos, que llegaran a ser conocidos en la Península a partir de ca. 1325/1300 AC, como propone Mederos para los dos primeros. No obstante, como propone Torres, también es posible que su conocimiento en la Península estuviera relacionado con el desarrollo del vector Chipriota a partir de 1200/1100 AC.” (1e) . Concluyendo la autora que “La aproximación a la cronología de las estelas a través de los elementos considerados “de prestigio” que completan la panoplia básica es muy difícil porque en la Península existen pocos referentes materiales” (1f) . Escribiendo unas propuestas sobre datación y orígenes muy similares a las que ya nos presentaba en su colosal tesis de 2010; cuyas frases recojo en cita (2) .
De lo antes expuesto, deducimos la importancia de sintetizar lo que Mariano Torres Ortiz escribe entorno al tema. Quien manifiesta, como hay diferentes fases en la Precolonización; distinguiendo una primera “Tras el inicio de los contactos micénicos con el Mediterráneo central en los siglos XVII-XV a.C., concretamente con el sur de la Península Itálica y Sicilia ” (3a) . Seguida por una segunda etapa, que denomina “del intermedio chipriota” y fecha entre el 1200 y el 900 a.C.. A la que pertenecerían el cuenco y los torques de Berzocana (junto a otros tesoros similares); donde sitúa este profesor la aparición de elementos orientales, como las liras (3b) . Finalmente, se llegaría a una tercera fase que denomina “el desenlace fenicio” y fecha entre el 925 y el 825 a.C.; escribiendo con gran acierto, el prof. Torres Ortiz: “se observa como la precolonización es un proceso mucho más articulado y con una duración más extensa de lo que tradicionalmente se había considerado, abarcando un período de al menos medio milenio (circa 1350-850 a.C.), todo ello sin descartar la existencia de contactos más antiguos con el Mediterráneo Oriental (…) En su conjunto, se pueden distinguir tres fases, relacionadas con micénicos, chipriotas y fenicios respectivamente, que se van sucediendo con distintos altibajos en la intensidad de las relaciones, aunque siempre observándose una tendencia in crescendo en las mismas, y no teniendo necesariamente una continuidad estructural entre ellas (…) La tercera y última fase tendría ya un matiz marcadamente fenicio, como evidencia el conjunto cerámico recientemente hallado en Huelva” (3c) .
Finalmente, de Celestino Pérez, nos aporta importantes datos sobre la datación de estas losas tomando como referencia indiscutible los escudos en ellas representados. Escribiendo: “el objeto más relevante de los grabados en las estelas, aunque paulatinamente pierda su importancia simbólica y decorativa, es el escudo con escotadura en «V», que aunque no se ha podido documentar en la península, sí hay una numerosa presencia de ellos, tanto en bronce como en madera y cuero, en otras partes de Europa (4a) (…) se han realizado nuevas dataciones en escudos hallados en las islas británicas que con aplicaciones radiocarbónicas más sofisticadas y ponderadas han arrojado fechas del 940±110 (…) lo que eleva considerablemente la fechas antes admitidas, invalidando de paso el origen griego de los escudos, pero no solucionando la mayor antigüedad de los mismos con respecto a los de la península ibérica. Esta fecha es muy significativa para poder ubicar las estelas básicas donde se representan ambos elementos, y que por lo tanto, es previa a la aparición de la figura del guerrero (4b) ”.
Asimismo, el prof. Sebastián Celestino Pérez, clasifica cronológicamente estas lápidas del Suroeste; partiendo desde las “básicas”, que serían las más antiguas. Lo que -a mi juicio- concuerda con una herencia mantenida desde las Estelas Alentejanas. Pues si las portuguesas presentan un cuadro de armas; las losas “básicas” tan solo representan escudo, lanza y espada (apareciendo principalmente en el entorno de la Sierra de Gata). Sigue la evolución de estos monolitos, según Sebastián Celestino; en una siguiente etapa, que se extiende por el Guadiana y donde ya veremos grabados con guerreros. Momento en que también fecha el inicio de las Estelas Diademadas; donde figuran personajes con tocado (mujeres). Para llegar hasta un último tipo de Estelas, más modernas y complejas; en las que se representan escenas (como sucede en la de Ategua y otras, donde veremos grupos danzando, carros, ofrendas y etc). Por cuanto el prof. Celestino Pérez, junto a Salgado Carmona; escriben en un estudio dedicado a las “Nuevas metodologías para la distribución espacial de las estelas del Oeste peninsular” (5) : “Así, una fecha entorno al siglo X a.n.e. podría ser la más idónea para situar el origen de las primeras estelas de composición básica en el centro de Portugal y el norte de la provincia de Cáceres (5a) (…) Si analizamos las espadas y las lanzas que aparecen grabadas en las estelas básicas, veremos la enorme dificultad con la que nos encontramos a la hora de concederles un tipo concreto (…) Este hecho nos vuelve a remitir al siglo X para fijar el origen de las estelas básicas (5b)” . Para terminar diciendo de Celestino y Salgado: “creemos que el fenómeno de las estelas pudo surgir en torno al siglo X a.n.e., manteniéndose en su estructura básica hasta al menos el siglo VIII. Con la colonización mediterránea se alteró la composición de las estelas, introduciéndose la figura del guerrero y otros elementos de adorno que las caracterizan; este momento se puede datar entre los momentos finales del siglo VIII y mediados del VII a.n.e. Y, por último (...) se comienzan a grabar escenas de cierta complejidad social, se pueden datar entre mediados del siglo VII y el VI a.n.e. (5c)” .
Recogidas las anteriores palabras, que parecen irrefutables. Hemos de añadir el fenómeno de las “Estelas Alentejanas”; muy anteriores a las del Suroeste y fechadas entre el 1600 y el 1200 a.C.. Por cuanto -personalmente- considero ejemplares de transición, entre las Alentejanas y las del Suroeste; esas losas “Básicas” (que tan solo representan armas). Entre las que también habríamos de incluir otros diseños con un “formato” intermedio, cuyo estilo no encaja con otros modelos posteriores; refiriéndome a piezas como las de San Martinho y etc.. Por todo lo que -a mi juicio- habríamos de considerar las Losas del Alentejo, el origen de las posteriores Estelas del Suroeste. Pudiendo fechar y fijar la historia de estos monolitos del siguiente modo:
-1600 al 1200 a.C.: Estelas Alentejanas, nacidas de la influencia llegada por mar desde Chipre y Creta.
-1200 al 900 a.C.: Estelas Extremeñas (Básicas); como primera etapa de las del Suroeste se extenderían desde el Norte de Cáceres. Nacidas desde la herencia de las alentejanas, unida a la influencia llegada por mar desde el Atlántico y de Cerdeña. Por lo que representan enseres y armas peninsulares del Bajo Bronce y comienzos del Hierro; junto a escudos y cascos de tipo irlandés y sardo.
-900 al 550 a.C.: Estelas de tipo tartessio; se extendieron por el Tajo, el Guadiana y el Guadalquivir, como segunda etapa de las anteriores. Sus grabados serían cada vez más complejos; conteniendo guerreros, enseres, carros y animales; llegando a figurar numerosos personajes y simular escenas (rituales o funerarias).
SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Tres imágenes relacionadas con la minería antigua, expuestas en el Museo Municipal de Aljustrel, Portugal (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Arriba, escalón para acceder a las galerías; réplica de un original hallado en las minas de Aljustrel. Mas adelante vamos a tratar sobre este objeto, que quizás pudo representarse en las Estelas; junto a herramientas de mina. Al lado, grabado antiguo que muestra el modo de trabajo en estos filones durante la Antigüedad. Abajo, maqueta en una vitrina del Museo de Aljustrel, donde vemos una réplica de galerías arcaicas, para extraer metal.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: imágenes tomadas en el Museo Municipal de Aljustrel, Portugal (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Al lado, escarabeo en pasta vítrea de tipo egipciante (probablemente fenicio o chipriota); fechado entorno al siglo X a.C. y hallado en el yacimiento de Corte Magarida. Abajo, collar de pasta vítrea y ámbar, encontrado en el mismo lugar. La aparición de objetos de este tipo junto a las minas de Aljustrel, indica un contacto pleno con Oriente; pero también con el Báltico y Europa del Norte (donde obtenían el ámbar).
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: imágenes tomadas en el Museo Municipal de Aljustrel, Portugal (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Al lado y abajo, figuras votivas en cerámica representando aves (ánades o palomas); también halladas en Corte Margarida.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: imágenes tomadas en el Museo Municipal de Aljustrel, Portugal (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Al lado y abajo, detalle de estas figuras votivas en cerámica con forma de palomas. Hemos de destacar que la veneración a ciertas aves, en la Antigüedad se relaciona con la navegación. Pues, como explico en varios de mis estudios; usaban palomas mensajeras para enviar misivas y guiarse en el mar. Lanzando desde la borda también pichones, cuando perdían la costa. Logrando orientarse; al observar el rumbo que tomaban, tras elevarse y dirigirse volando hacia tierra. Tal como relata la historia de Noe; mencionando que este patriarca soltaba cuervos y palomas, para conocer si El Diluvio había cesado y había lugar donde atracar. Asimismo, las aves acuáticas (patos, flamencos y ánades migratorios) eran seguidos por los pilotos de barcos, para conocer nuevos lugares hacia donde dirigir sus naves. Pudiendo de este modo, hallar islas lejanas y muy aisladas; estudiando las rutas de esos bandos.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: imágenes tomadas en el Museo Municipal de Aljustrel, Portugal (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Al lado y Abajo, ajuares de la Edad del Bronce, hallados en yacimientos próximos, donde han aparecido Estelas Alentejanas. En este caso Corte Margarida (Aljustrel) y Heredad del Pomar 2 (Ervidel).
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: imágenes tomadas en el Museo Municipal de Aljustrel, Portugal (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Al lado, jarro hallado en Corte Margarida. Abajo, detalle de los vasos procedentes de Heredade de Pomar 2; donde aparecieron las Estelas de Ervidel I y II.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: imágenes tomadas en el Museo Municipal de Aljustrel, Portugal (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Al lado, las mismas vitrinas, y en primer término las piezas halladas en Corte Margarida; muy distintas a las de Heredade del Pomar. Abajo, de nuevo, vasos de cerámica bruñida, procedentes de Heredade del Pomar 2; junto a sus cartelas explicativas. Podemos observar que se trata de un tipo cuasi campaniforme, muy refinado; que Almagro Basch define como “campaniforme del Suroeste”.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: imágenes tomadas en el Museo Municipal de Aljustrel, Portugal (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Al lado, mapa del municipio; con las minas de Aljustrel y las de Neves-Corvo. Abajo, colección de minerales obtenidos en estos filones, tal como los muestra el museo.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: imágenes tomadas en el Museo Municipal de Aljustrel, Portugal (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Al lado, muestra de minerales procedentes de Aljustrel y Neves-Corvo. Abajo, objeto ancoriforme representado en la Estela da Carniceira, hallada en Sao Jöao dos Negrilhos, expuesta en el Museo de Aljustrel. A continuación, vamos a tratar sobre este tipo de representaciones, con forma de doble áncora.
C) LAS ESTELAS ALENTEJANAS, COMO ANTECESORAS A LAS DEL SUROESTE:
C-1) Estelas Alentejanas:
En uno de nuestros capítulos anteriores hablábamos extensamente sobre este tipo de losas, mencionando lo que el prof. Torres Ortiz (7) , describe acerca de las prácticas funerarias del segundo milenio a.C., en el Sur de Portugal. Recogiendo los tipos de enterramientos en etapas previas a Tartessos y en su área de influencia. Mencionando las famosas “losas alentejanas” (estelas de tipo I que podemos ver en imágenes); cuyo valor arqueológico es tanto como su importante calidad artística. Lajas muy bien talladas, en las que figuran armas perfectamente representadas -desconocidas, en su mayor parte-; que se fecharon y estudiaron por primera vez en España por Almagro Basch (en 1966). Quien las documentó en base a las gubias, cinceles y hachas de mango, en sus bajorrelieves; datándolas entre el 1000 y el 800 a.C.. Más tarde, Schubart (en 1971) propuso una cronología un tanto más amplia, situándolas entre el 1100 y el 700 a.C.; razonando esa datación al existir cuentas de vidrio, en algunas de las cistas bajo esas estelas. Planteando Schubart la posibilidad de que estas losas y sus cistas, perdurasen hasta la aparición de los fenicios en las costas portuguesas. Pese a todo, será el prof. Almagro-Gorbea (hijo de Almagro Basch), quien de nuevo más se acerque a su procedencia y datación. Determinando que, sin poder fijar aún el momento del segundo milenio en que aparecieron esas lajas; debemos pensar que fue mucho antes del siglo XI a.C., pues desaparecieron hacia el 1000 a.C.. Siendo siempre más antiguas estas estelas alentejenas, que las losas tartéssicas (de guerrero, diademadas, o con carro). De tal manera, propone el profesor Almagro-Gorbea como fecha de aparición de las segundas estelas -de tipo tartessio- el siglo XI a.C.; por cuanto hemos de pensar que por entonces ya habrían desaparecido las del Alentejo (7a) .
Por su parte, las investigadoras Aubert y Serna, consideran estas losas alentejanas más relacionadas con El Argar y con el Bronce Medio (nunca con la etapa final del Bronce); creyendo que se situarían entre comienzos y mediados del segundo milenio a.C.. Una idea que también propone la prof. Ruiz-Gálvez; quien las cree pertenecientes al Bronce Pleno -situándolas a principios y mitad del segundo milenio a.C.-. Aunque, Mariano Torres Ortiz sigue a Almagro-Gorbea, considerando que la aparición de estas piezas alentejanas no podemos aún precisarla; pero debe considerarse en el Bronce Pleno (antes del 1500 a.C.). Mientras su final ha de fecharse en una etapa cercana al siglo XI a.C.. Escribiendo literalmente el profesor Mariano Torres que su encuadre se ajustaría a “la representación en las mismas de hachas de enmangue directo (Assento) que Almagro-Gorbea pone en relación con los contactos mediterráneos que se producen con los movimientos de los denominados Pueblos del Mar en los siglos XIII-XII a.C. En segundo lugar, por la inexistencia de espadas pistiliformes representadas en las losas, clasificadas tipológicamente en el Bronce Final II de Coffyn y para el que Ruiz-Gálvez propone un inicio circa 1100 A.C. en fechas calibradas de radiocarbono”. Debido a todo ello, Torres Ortiz considera estas losas alentejanas ajenas al momento y periodo de Tartessos; por cuanto solo se deben de mencionar como un antecedente de enterramiento (entre los existentes en el área); pero ajeno al mundo funerario de esta civilización posterior. Al situar aquellas lajas del Alentejo, varios siglos antes a la aparición de la cultura que el mito recuerda gobernada por Arganthonios (7b) .
Eran estas las palabras que dedicábamos hace años a las Estelas Alentejanas en el referido capítulo (8) . Cuyo estudio más interesante y antiguo se debe al prof. Almagro Basch; quien ya las documentó en 1966. En un opúsculo, donde dividió las estelas peninsulares en dos clases: Las alentejanas (tipo I, recogiendo dieciséis ejemplares) y las que llamó extremeñas (tipo II, de las que enumera veintiséis). Escribiendo el mismo año, el prof. Almagro Basch; un interesante trabajo, donde analiza los elementos “ancoriformes” representados en las del Alentejo. Asimismo, en 1977, los prof. Varela Gomes y Pinho Monteiro publicaron un interesante estudio; que aportaba numerosos datos sobre los hallazgos de las referidas lápidas del Alentejo. Monolitos cuya distribución se halla comprendida desde Beja al cabo de Sines (por el Norte) y de Tavira al Cabo de Sagres (por el Sur). Es decir, en un encuadre geográfico que encierra el “fin del Mundo” antiguo; junto a la famosa punta de San Vicente, sagrada desde los tiempos más remotos. Lugar riquísimo en minerales y filones de metal precioso (oro, plata, estaño y cobre); que asimismo, era el comienzo del viaje hacia el Atlántico más temeroso. Pues para cruzar Sagres y navegar hacia el Norte; se necesitan grandes conocimientos marinos y un barco preparado para este océano (muy distinto al Mediterráneo). Teniendo una enorme dificultad girar el Cabo de San Vicente y poner rumbo a Lisboa, Oporto o Galicia; pese a que esas singladuras tan solo se realicen durante los meses de verano -en días sin mar de fondo, ni fuertes vientos-. Así pues, desde el la desembocadura del Guadiana se multiplican los peligros del Atlántico; que realmente comienzan al entrar en el Estrecho de Gibraltar. De tal modo, hemos de pensar que cuando los más antiguos expedicionarios procedentes de Oriente (Creta, Chipre o El Egeo), llegaron hasta las costas de Portugal; buscando metales preciosos. Parece lógico que se establecieran en las cercanías de Faro, con el fin de no correr riesgos de naufragio; logrando así comerciar con las gentes autóctonas, manteniendo mayor seguridad. Pudiendo abrir desde la desembocadura del Guadiana, un camino terrestre y fluvial, que ascendiera por el cauce; para alcanzar los filones y las ricas minas. Logrando una ruta del metal inigualable; en la que con tan solo un viaje, podían hacer grandes fortuna. Pues cada singladura estival, regresarían a Creta, Chipre o el Egeo; con la nave cargada de oro, plata, estaño y cobre. Hasta el punto de que las leyendas narran el modo en que estos expedicionarios abandonaban sus anclas de piedra y todo objeto pesado a bordo; para cambiarlo por enseres fundidos en ricos metales.
Siendo así y consultando nuestras imágenes posteriores, entenderemos la importancia de este punto geográfico comprendido entre Beja y el Cabo de Sines (por el Norte); Tavira y el Cabo de Sagres (al Sur). En cuyas inmediaciones han aparecido las Estelas Alentejanas; dejando una huella permanente, del modo en que allí se establecieron esos protocolonizadores. Gentes capaces de tallar unas lápidas, cuya perfección y técnica escultórica, no fue superada hasta mil años después (en etapa ibérica). Lo que muestra y demuestra la llegada de individuos muy capacitados culturalmente; quienes importaron un arte solo comparable al que existía por entonces en Creta, Chipre, Micenas o en Anatolia (por influjo de Oriente Medio y Egipto). Ya que las referidas estelas del Alentejo, se fechan entre el 1600 y el 1200 a.C.; como manifiestan los estudios de C-14, en restos hallados bajo su lecho. Sabiendo con certeza que fueron lápidas mortuorias, pues en algunas ocasiones han aparecido perfectamente contextualizadas y sobre la tumba que cubrían. Siendo encontradas en cistas sin expoliar, cuyas cerámicas e inhumaciones, muestran esta época (siglos XVII al XII a.C.); paralela a otras culturas de la Península como Cogotas I -nacida con la desaparición gradual de El Argar; tras el 1600 a.C.-.
SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Imágenes tomadas en el Museo Regional de Beja (Portugal); al que agradecemos nos permita divulgarlas. Arriba; fotografía que se exponía hace años, en la sala de las Estelas Alentejanas, donde vemos los trabajos de restauración y recuperación de estos monolitos. Al lado, Estela de Gomes Aires, Almodovar. Pese a su mal estado, tiene como característica que tan solo representa una vaina de espada, sin el arma dentro. Asimismo contiene una figura con dos semicírculos unidos por una banda, que pudiera ser una coraza doble (cardiofilax de pecho y espalda). Aunque también me inclino a pensar en que representa un escalón de mina; tal como trataremos al hablar sobre la Estela de Ervidel I. Abajo, Estela de Assento (Santa Victoria; Beja). Vemos en ella innumerables objetos; entre los que se hallan (de izquierda a derecha): Una azuela, un hacha y dos cinceles (o gubias). En el centro una espada envainada, un posible encendedor de fuego (o bien una pequeña sierra). A la derecha, un elemento ancoriforme y un pico (quizás de mina). Todos estos enseres, se corresponderían con atributos de varias profesiones: Del guerrero, el hacha y la espada; del carpintero, la gubia, azuela y quizá la sierra y el hacha; del minero, el pico y otros. Lo que a mi juicio mostraría una sociedad dirigida por personas que idealizaban la lucha y la milicia; pero también las artes de la carpintería y la metalurgia. Por lo que podemos deducir que estaban gobernados por una élite que dominaba la guerra, junto a la técnica de construir barcos, casas y carros. A la vez que serían expertos en obtener minerales, explotar yacimientos y fundir el metal.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Imágenes tomadas en el Museo Regional de Beja (Portugal); al que agradecemos nos permita divulgarlas. Al lado, detalle del lado derecho, en la Estela anterior (hallada en Assento), donde observamos con claridad el objeto ancoriforme, el pico y ese pequeño “enser” con forma de arco, que parece una sierra o un antiguo encendedor de fuego. Abajo, detalle de la parte derecha del mismo ejemplar. Con la azuela y el hacha; las dos gubias o cinceles, la espada envainada y el mechero o serrucho.
C-2) Estelas Alentejanas y las convulsiones en Oriente durante el siglo XVII a.C. (el Tera Santorino y sus consecuencias protohistóricas):
En nuestro anterior capítulo -ver cita (8) -; nos referíamos a los ritos funerarios pretartessios del siguiente modo: La datación de estas refinadas losas halladas en el Alentejo portugués, se ha venido realizando en forma inversa al curso del tiempo; es decir, se han fechado considerándolas como anteriores a las tartessias. De ello, conforme se catalogaban en un tiempo más antiguo las “Estelas Extremeñas” (o del Suroeste); se iba atrasando la filiación de las alentejanas. Por cuanto, en un principio se pensó que las portuguesas eran de los siglos XII al IX a.C. y las de Tartessos comprendían un arco entre el IX al V a.C.. Aunque, progresivamente, se ha ido dando más antigüedad a unas y otras, hasta determinar en nuestros días que las Estelas Alentejanas deben fecharse entre los siglos XVII y XII a.C. (conforme a demostrado el C-14). Tal como escribe textualmente Marta Díaz-Guardamino, al referir en su tesis: “se halló un ejemplar de tipo alentejano (Ervidel I) (...) La cista 1, que no había sido violada, contenía la inhumación de una mujer joven (20 años) acompañada de dos vasos cerámicos, uno de ellos de tipo Odivelas (...) La datación por C14 de estos restos óseos, sin embargo, proporcionó unas fechas mucho más antiguas que las que cabría esperar, ya que sin calibrar se situaban entre ca. 1560-1380 a.C.” (9).
Así pues, la época que aportan las últimas excavaciones y estudios sobre estas lápidas. A mi juicio, puede hacernos pensar que las refinadísimas Estelas del Alentejo, procedan de las crisis y sucesos que se producen en el Mediterráneo Oriental entre los siglos XVII al XII a.C.. Me refiero -concretamente- a la caída de los Hicsos en Egipto, su declive, el final del reino de Avaris y la creación del Imperio Nuevo. Una etapa que comprende desde el 1580 a.C., hasta el 1085 a.C.. Pues, como repetidamente hemos relatado, la entrada de los Hicsos en Egipto se debió -en mi teoría- a la llegada hasta las inmediaciones del Nilo de gentes que escapaban del volcán cretense Tera Santorino (cuya caldera revienta repetidamente entorno al 1680 a.C.). De tal modo, desde esta fecha -en que se destruye la zona del Tera, frente a Cnossos-; múltiples pueblos emigrarían hacia el Sur; huyendo de la costas de Anatolia, El Egeo y principalmente de las islas cretochipriotas. Estableciéndose primero en Canaán y aliándose con los habitantes de esta zona, para invadir Egipto posteriormente (desde el 1650 a.C., aprox.). Apareciendo en la desembocadura del Nilo, cuando había sido casi abandonada por los súbditos del faraón, tras los sucesos terribles del Tera. Después de haber observado los habitantes del delta, el Mediterráneo con enormes nubes de ceniza; años sin verano y sucesivos maremotos. Siendo así como -a mi juicio- entraron los Hicsos en Egipto, estableciendo su reino de Avaris en el delta. Todo lo que promovería una gran crisis que perdura durante un siglo, hasta que los antiguos dueños del Nilo recuperan la zona Norte y fundan el Nuevo Imperio (entorno al 1580 a.C.). Naciendo desde este momento, periodos de gran florecimiento en Creta, Chipre y el Continente; promoviéndose desde el 1550 a.C. el Micénico Neopalacial (Minoico Tardío I-A).
Por todo lo expuesto, no sería aventurado considerar que el motivo de la creación y talla de esas refinadas losas del Alentejo; se deba a la venida hasta las costas portuguesas, de gentes procedentes de Creta, Chipre o Biblos. Buscando minerales preciosos a comienzos de ese Periodo Neopalacial cretense o con la instauración del Nuevo Imperio en el Nilo. Pero, asimismo, la desaparición de las Estelas Alentejanas se produciría en paralelo a la del Minoico Palacial y del Imperio Nuevo en Egipto. Provocada por la llegada de las hordas del Hierro al delta y el ataque de los Pueblos del Mar a las costas faraónicas (a los que hizo frente Ramsés III). Generándose una decadencia temporal y -quizás- el fin de la llegada de expedicionarios hasta el atlántico (desde el siglo XII a.C.). Como reflejo de esas convulsiones sucedidas en Oriente Medio y en Egipto, tras la expansión del hierro. Crisis que lograría superarse en nuestras tierras, con la aparición de los herederos de esas rutas comerciales, que llegaban al extremo Occidente. Precolonizadores que -a mi entender- en desde el siglo XII a.C. ya serían los sardos y otros navegantes próximos a Cerdeña, emparentados con los Pueblos del Mar. Quienes recuperarían las singladuras hasta las minas del Atlántico, junto a los chipriotas y cretenses (que todavía mantenían parte del poder, en sus islas). Lo que haría nacer, progresivamente, una nueva civilización en esta zona del Suroeste peninsular. Llegando así a generarse unas las nuevas losas, imitando las anteriores; aunque de peor calidad artística. Refiriéndome a las Estelas Decoradas; probablemente nacidas tras la llegada de los huidos de las convulsiones del hierro y de los comerciantes venidos desde Cerdeña. Quienes heredarán la rutas del metal, hasta la aparición de los fenicios en las costas occidentales (manteniendo ese monopolio, desde el 1200 hasta el 850 a.C. -aprox-).
SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Imágenes de la Estela de Defesa, hallada en Sant. Cacem (Setúbal), tomadas en el Museo Regional de Beja (Portugal); al que agradecemos nos permita divulgarlas. Arriba, fotografía general de la pieza; donde observamos que representa una espada (a la izquierda) y un objeto ancoriforme (a la derecha). Curiosamente, la piedra parece simular el cuerpo de un guerrero, del que cuelga el correaje, que sostiene esos enseres. Al lado, detalle de la parte izquierda de esta lápida, donde observamos claramente el cinturón y la forma en que sujeta las armas, llegando hasta una banda (a modo de trinchas). Abajo, la zona izquierda del ejemplar, con la espada de puño largo, colgando del correaje. Figurando en el diseño de la piedra, el cuerpo del militar que la porta.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Imágenes tomadas en el Museo Regional de Beja (Portugal); al que agradecemos nos permita divulgarlas. Al lado, de nuevo, Estela de Gomes Aires (Almodovar); un ejemplar donde su diseño hace ver que -quizás- fuera hincada y no se usó como lápida de sepulcro. Debido a ello, he señalado su línea de suelo; para conocer su postura si se hubiera enterrado. Es muy esquemática, lo que me lleva a pensar que puede tratarse de un ejemplar tardío, esculpido en momentos de crisis y como una de los últimas estelas de su época (entorno al siglo XIII a.C.). Representa una vaina, sin espada y lo que parece un escudo o doble armadura; aunque también puede tratarse de un escalón minero (ver lo que comentamos a continuación, sobre la de Ervidel I). Abajo, detalle del mismo ejemplar, bien contrastado; donde se observa su esquematismo. Vemos en la parte alta un correaje y una vaina que cuelga; mientras en la zona baja contiene lo que pudiera ser una armadura de pecho y espalda (cardiofilax y coraza trasera). Aunque en mi opinión sería posible pensar en una escalera de mina (tal como argumentaré al tratar sobre la de Ervidel I). La rotura que presenta, quizás indica que estuvo hincada (lo que confirmaría su filiación como pieza tardía o de transición); aunque más bien parece que esta forma en pico procede de un golpe artificial, muy posterior.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Imágenes de la Estela de San Salvador de Aljustrel; tomadas en el Museo Regional de Beja (Portugal); al que agradecemos nos permita divulgarlas. Al lado, se trata de un ejemplar muy deteriorado, donde tan solo se conserva la representación del elemento ancoriforme y parte de la vaina. Junto a estos figura un rodel; pieza redonda, que entiendo como una bola perfectamente pulida. Quizás originalmente se trate de un símbolo, tallado en una gema semipreciosa, como elemento de prestigio (a modo del orbe que lucían los reyes desde la Antigüedad; idealizando el Universo o los astros).
C-3) Almagro Basch, Varela Gomes y Pinho Monteiro; primeros estudios sobre las Estelas Alentejanas:
C-3a) Martín Almagro Basch (áncoras o ídolos):
Del mismo modo decíamos en nuestro artículo, donde tratábamos sobre los ritos funerarios pretartessios (8) ; que estas preciosas lajas portuguesas fueron magistralmente estudiadas por el prof. Almagro Basch. Quien ya en 1966 publicó un primer estudio, donde las clasificaba; diferenciando las que llamó “extremeñas” (tipo II) de estas otras, halladas en el Alentejo (que consideró de tipo I); recogiendo dieciséis ejemplares de ellas. Tratando en un segundo opúsculo, sobre un enigmático símbolo que contienen las portuguesas; figura que aún sigue sin resolverse -a menos en su totalidad-. Nos referimos a un objeto en forma de áncora, representado en casi todas; que también aparece profusamente en menhires e ídolos de la Edad de Bronce peninsular (incluso en Francia y otros lugares más lejanos). Utensilio sagrado o bélico, semejante a una doble hoz de poda -o bien a un bichero de mar- y que quizás usaban antiguamente como un hacha doble o un “desjarretador” (para podar o para cortar tendones en los cuadrúpedos y así darles caza; pudiendo tener un mismo fin como arma). Esta figura que tanto se repite en las losas del Alentejo es considerada por algunos investigadores, un ídolo de doble ancla. Tal como magistralmente quiso demostrar el prof. Martín Almagro Basch, en su trabajo sobre las “hachas en las estelas alentejenas” (10) . Donde describe estas dobles hoces “de curvado corte y extraño cuerpo que aparecen en casi todas las estelas ”; añadiendo que “han venido interpretando estas figuras los arqueólogos portugueses y españoles, y la mayoría de los extranjeros con una absoluta unanimidad, como hachas de combate”(10a). Sigue el profesor Almagro Basch comentando que en el momento en que escribe este artículo (1966) se había puesto en duda que tales objetos fueran simples armas; aunque se hemos de considerar que “Estas hachas de corte curvo exagerado son todas ellas tipos finales del Bronce Medio y que pasan a veces al Bronce Final. En Inglaterra son propias de la cultura de Wessex y comienzan a poderse fechar hacia el 1500 a. de J.C.”(10b) -esta “figura 2” la podremos ver en nuestras imágenes, abajo- .
Continúa el profesor Almagro Basch exponiendo que pese a poder considerarse estos objetos ancoriformes, hachas del Bronce Final; más cierta parece la teoría de H. Breuil quien cree que se trata de deidades: “Estos ídolos megalíticos franceses se pueden relacionar y ya de pasada lo hizo Henri Breuil con los objetos en forma de «ancora» llamados por muchos prehistoriadores «anchors» (...) que aparecen en diversas áreas culturales de Mediterráneo Oriental desde los Balcanes y Grecia hasta Malta y las Lípari inclusive” (10c). Para terminar explicando que -a su juicio- aquellos objetos ancoriformes debemos considerarlos ídolos y no hachas de la Edad de Bronce (10d) . Ante lo que nos planteábamos dos preguntas: La primera es por qué estos supuestos idolillos se representan normalmente junto a otras armas, si no son hachas (o bien hoces). La segunda es, si el insigne arqueólogo, no los confundirá con lúnulas. Cuartos, crecientes, usados por todas las culturas como amuletos de origen ancestral. Medias Lunas que -a mi juicio- tendrían un origen muy distinto al de los ídolos áncoras; naciendo en las adoración al satélite terrestre, que marcó los primeros y más básicos calendarios. Por todo cuanto expreso, creo firmemente que estos objetos ancoriformes son un ídolo (tal como dicta el profesor Almagro Basch); pero de un ídolo hacha, semejante al que se adoraba en Cnossos y en otras tantas culturas. Civilizaciones antiguas donde se rendía culto al dios de la guerra y del comercio, con enseres en forma de armas y de hoces. Véase la hoz de Cronos, la de Demeter o Ceres; junto al Lauburus de Júpiter, nacida del Labrys cretense (y largo etcétera). Tal como repetidamente hemos estudiado en innumerables artículos nuestros, de los que recojo algunas menciones y enlaces en cita (11) . Aunque, me atrevería a decir que se trataría de un arma, inicialmente fabricada en madera noble; cuyo origen pudo estar en una hoz pétrea (entallada en un mango y terminada con ese áncora hecha en obsidiana o en cuarzo). Un objeto de gran utilidad en el neolítico y calcolítico; que pudo convertirse finalmente en un atributo de poder (similar a un cetro).
C-3b) Varela Gomes y Pinho Monteiro (Estelas Alentejanas):
Por su parte, los profesores Varela Gomes y Pinho Monteiro, en su trabajo escrito en 1977 y dedicado a “Las Estelas decoradas do Pomar” (12) ; ofrecen numerosas conclusiones de gran valor. Al analizar este yacimiento cercano a Beja, donde se hallaron numerosas cistas bajo losas alentejanas (alguna de ellas sin expoliar). Logrando así, que desde los años setenta, se conociera la afiliación de esas lápidas, a la Edad del Bronce; lo que se confirmó al datarse posteriormente, fechándolas entorno al siglo XV a.C. (a través del C-14). De tal manera, los prof. Varela Gomes y Pinho Monteiro, mencionan en su estudio que la Estela de Ervidel I, fue hallada en el mismo entorno que la documentada como Ervidel II; sobre fosas del Bronce y entre las que apareció una sin violar. Cista de la que recogen un extenso análisis de sus restos y cerámicas; pertenecientes a esta etapa, del Suroeste. Conteniendo este opúsculo un interesante capítulo, donde exponen el modo en que se tallaban las Estelas Alentejanas (12a) ; valiéndose de un pulidor, que redondeaba las aristas de sus figuras y la superficie. Lo que -personalmente- me lleva a pensar, que primero se desbrozaba la cara exterior de la piedra, para más tarde ir puliéndola; hasta lograr ese bello aspecto que todavía conservan.
Tras lo expuesto al finalizar el párrafo anterior, y al margen del estudio que analizamos; desearía añadir que -en mi opinión- esta técnica viene heredada desde las que se conocían en el Nilo desde el Imperio Antiguo (mil años antes a las lápidas del Alentejo). Donde pulían la obsidiana, el mármol y las calizas; hasta convertirlas en las esculturas que conocemos. Cuya calidad, tan solo se volvió a lograr en la Grecia Clásica o en la Roma Imperial. Un trabajo que también se realizó durante un tiempo en que no se conocía el uso de los metales. Lo que suponía desbrozar y afilar piedras, creando enseres de gran utilidad y armas mortíferas con ese material. Utilizando posteriormente esta técnica de pulido, durante la Edad del Bronce; logrando un método infalible para fabricar todo tipo de objetos en metal, madera y pétreos. Lo que suponía obtener hachas, sierras y otros utensilios, de gran precisión y fuerza; con los que podían construir barcos, casas y carros. Es decir, la técnica de pulido que se observa en las Estelas del Alentejo; a mi juicio, denota una tecnología puntera en la época. Precisando el uso de materiales capaces de rebajar piedras con enorme dureza; valiéndose de elementos como el esmeril. Y a mi entender, realizando este trabajo con sistemas casi mecánicos. Utilizando pulidoras que rotasen, movidas por ingenios -a través de cuerdas-; con los que podrían fabricar todo tipo de enseres. Tal como sabemos que se hacía durante el segundo milenio a.C., en Egipto, Oriente Medio, Creta, Chipre y el Egeo.
SOBRE ESTAS LÍNEAS: mapa del Sur de Portugal, donde he marcado los puntos en los que se han hallado Estelas Alentejanas; siguiendo un plano publicado por Varela Gomes y Pinho Monteiro -ver cita (12d) - . Contiene los monolitos documentados hasta 1977; año en el que se publicó el referido estudio. En el mapa, numerados los ejemplares de: 1-Defesa // 2-Abela // 3-Alfarrobeira // 4-Assento // 5-Santa Vitoria // 6-pedreirinha // 7-Ervidel I // 8-Castro Verde // 9-San Salvador // 10-Trigaxes I // 11-Gomez Aires // 12-Sao Joao de Negrilhos // 13-Mombeja I // 14-Panoias de Ourique // 15-Trigaxes II // 16-Mombeja II // 17-Marmelete // 18-Mombeja II.
SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: figuras que ya habíamos divulgado en un estudio anterior; donde analizábamos las Estelas Alentejanas. Como dijimos, estas lápidas han aparecido en un área que comprende desde el Cabo de Sagres al de Sines (por el Oeste); y desde Beja hasta Albufeira (por el Este). Un territorio que, en la época, fue muy rico en metales preciosos. Arriba, plano donde he señalado lugar de hallazgo de cada uno de estos ejemplares; junto a los filones de oro, plata, estaño y cobre. Al lado, anzuelos, puntas de cobre y hachas, de la Edad del Bronce; tal como los expone el Museo de Numancia, en Soria (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra fotografía). En la imagen podemos ver la similitud de estos enseres metálicos, con el elemento ancoriforme; que tanto se repite en la iconografía peninsular. Abajo, recreación de imágenes sobre el “ídolo del Museo de Numancia”; pedestal de enormes dimensiones que luce un cardiofilax (coraza de pecho, o pectoral de prestigio) y un objeto con esa forma de áncora. Que en mi opinión, pudo haber sido una doble hoz o un arma; pero sobre todo, un objeto de distinción (partiendo incluso de la empuñadura de una espadilla, terminada con ese diseño).
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, de nuevo, el ídolo del Museo de Numancia, donde hemos marcado los ojos, el pectoral y el objeto ancoriforme. Por la altura a la que aparece este extraño atributo, similar a un ancla; pudiera tratarse de un signo de fertilidad o masculino. Aunque me inclino a pensar que se trata de un arma; similar a una hoz doble. Herramienta que -quizás- originalmente nació en madera y más tarde se fabricó en metal. Pudiendo haber sido usado como un “bichero” o un garfio, con el que podrían cortar vegetales, cazar animales y defenderse. Abajo, lámina publicada por el prof. Martín Almagro Basch; en “Sobre la interpretación de las figuras en forma de hacha de las estelas decoradas alentejanas de la Edad del Bronce”. Contiene los dibujos de estos objetos con forma de áncora, que él considera ídolos. A la izquierda, hachas con forma curvada, semejante a una hoz doble. A la derecha, ídolos hallados en dólmenes con igual diseño -agradecemos a los herederos de D.Martín Almagro Basch, nos permitan divulgar los dibujos de su propiedad intelectual-.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, de nuevo la Estela de Carniceira en el Museo de Aljustrel; muy contrastada, para distinguir bien los elementos que se representan en ella. Pudiendo observar (de izquierda a derecha): Un hacha, sobre un arco (que también pudiera ser una sierra). Dos gubias o cinceles, en el centro. A la derecha, el objeto ancoriforme que semeja esa “hoz doble”. Abajo, vitrina del Museo Provincial de Aljustrel (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen); donde se exponen objetos hallados en yacimientos de este municipio, pertenecientes al neolítico y calcolítico. Destaca -en el centro- un enorme “rejón” o bastón de mando, hecho en piedra pulida. Existe una teoría sobre estas grandes piezas pétreas; afirmando que fueron instrumentos musicales, además de elementos de prestigio. Habiendo llegado a celebrarse un concierto en la Ópera de París, con ejemplares originales procedentes de museos; interpretando con ellas melodías, a modo de “litofónos”.
C-3c) Varela Gomes y Pinho Monteiro (espadas y áncoras en las Estelas Alentejanas):
Continuando con el trabajo de Varela Gomes y Pinho Monteiro que analizamos; recogen en el capítulo siguiente un cuadro analítico sobre las Estelas Peninsulares, publicado por Almagro Basch diez años antes. Resaltando que tan solo cinco estelas carecen de esa representación “ancoriforme” (12b) . Símbolo en forma de doble hoz, que aparece en la gran mayoría de lápidas. Un dato, ante el que me atrevo a añadir, que ese elemento similar a un ancla, dejaría de figurar en las losas que pueden considerarse “de transición” o muy tardías. Es decir, carecerían ya de este signo llamado “ancoriforme”, las lápidas pertenecientes a una etapa intermedia, entre las Alentejanas y las Decoradas del Suroeste. Monolitos que podemos fechar entre los siglos XIII y XI a.C.; una época que coincide con las de mayor crisis en el Oriente mediterráneo. Sucedida tras la aparición del Hierro y la expansión de las hordas armadas con ese nuevo metal (tan sencillo de extraer, como simple en trabajar). Lo que -a mi juicio- nos llevaría a identificar ese signo en forma de doble hoz, con las Estelas Alentejanas más antiguas. Que conservarían rasgos unidos a las culturas autóctonas peninsulares; conteniendo este ancla, usada desde tiempos del megalitismo, como signo sagrado o de poder. Por lo que su presencia en las losas del Alentejo, nos hablaría del respeto y la unión entre las culturas indígenas y los precolonizadores (venidos de lejanas tierras mediterráneas). Quienes habrían seguido manteniendo cultos y ritos, anteriores a su aparición; tal como denota la conservación del ancoriforme en estas losas mortuorias. Lo que -incluso- nos puede llevar a suponer una hibridación de civilizaciones, necesaria en toda colonia o fundación comercial. Es decir, la unión (familiar o de mestizaje) entre los venidos del Mediterráneo Este y las gentes autóctonas. Algo que puede hacer concluir que el nacimiento de estas lápidas funerarias; se debiera a una forma de síncresis cultural: Uniendo las costumbres atlánticas (heredadas del megalitismo y el calcolítico), con otras, llegadas del Oriente.
Siguiendo el análisis del trabajo de Varela Gomes y Pinho Monteiro, resulta muy interesante el comentario de estos autores, sobre el modo en que se representaron las espadas, en estos monolitos (12c) . Aseverando que -en su mayoría- son armas de hoja ancha y puño muy voluminoso; figurando siempre envainadas, existiendo una lápida en que vemos solo una vaina (la de Gomes Aires). Apareciendo comúnmente su correaje y cinto (la trincha) en casi todas; a excepción de Ervidel I. Por su parte, anotan que estas espadas figuran junto al elemento ancoriforme; que comúnmente se sitúa a su izquierda, como figura central del monolito. Añadiendo que también se incluye en algunas un arco (al menos en los ejemplares de Assento y Santa Vitoria); figurando otras armas, como las hachas. Asimismo, vemos en ellas extraños “picos”, que pudieran ser para la guerra o herramientas; pues también figuran en las losas, gubias y cinceles (junto a huellas humanas). Aunque estos cinceles, gubias y azuelas; me sugiere -personalmente-, una representación que no es solo militar; idealizando estos enseres, de uso minero o carpintero. Lo que me lleva a pensar en una Sociedad dirigida por una casta superior guerrera; pero también dedicada a la minería y a la construcción (principalmente, de barcos). Es decir, que los enterrados bajo estas lápidas, no fueran simples jefes militares; sino también ricos comerciantes. Unas élites, capaces de fabricar naves, casas o carros y doctos en obtener metales, entre los filones del Sur portugués; sabiendo exportarlos hacia el Oriente mediterráneo. Todo lo que supone una casta superior, industrial y no solo militar; idea -propia- que unida a mi anterior propuesta, sobre el mestizaje entre las gentes llegadas y los pobladores autóctonos. Nos confiere una Sociedad dirigida por comerciantes, promotores de minas e industria y guerreros. Quizás dejando esta última misión (defensiva) a las familias de origen indígena, mientras aquellos con más arraigos extranjeros, se dedicarían a la industria, la minería y al comercio.
Asimismo Varela Gomes y Pinho Monteiro, dedican un epígrafe a la “Asociación de espada y la figura ancoriforme” (12e) . Donde recogen que la aparición de ambos objetos unidos, no es casual; sino parte de un plan iconográfico preconcebido, extendido en la mayoría de las representaciones (desde Beja al Cabo de Sines y de Albufeira a Cabo San Vicente). Buscando un equilibrio estético en la escena; a más de simbolizar el sentido ritual y social de cuanto grabaron sobre lápidas. Deduciendo y aseverando ambos autores; que esas losas fueron trabajadas durante siglos por un círculo de maestros; que transmitieron los secretos técnicos a lo largo de generaciones. Logrando representar con ese realismo y perfección, sus armas y enseres. Artesanos muy prestigiados, a los que se acudiría para encargar una labor, cuando moría un gran personaje; o al preparar una tumba importante. Debiendo así buscarse la dimensión sociológica y social, en razón a la existencia de este tipo de trabajadores, con grandes conocimientos. Un hecho, sobre el que antes hemos hablado y que en este momento tratan Varela Gomes y Pinho Monteiro. Ya que a mi juicio, indicaría no solo la existencia de una élite compuesta por canteros y escultores, capaces de grabar en piedra estas imágenes. Lo que resulta evidente, ante el realismo y la complejidad de los enseres allí tallados. Que denotan una enorme profesionalidad, en las labores que desarrollaban las gentes alentejanas de ese tiempo. Por cuanto, me atrevo a aseverar que existió una Sociedad dirigida por quienes trabajaban con gran precisión y pericia la madera, la piedra y el metal. Poderosos que fabricarían armas, carros, ingenios y artilugios; para extraer minerales de los filones de oro, plata, estaño y cobre. Pero también capaces de fundir esos metales y exportarlos en barco, hacia el Oriente mediterráneo. No pudiendo afirmarse que tales viajes comerciales, desde el Atlántico hasta el Este; fueran realizados directamente por las gentes asentadas en estas costas (actualmente portuguesas). Debemos pensar en una casta o unas familias dominantes; compuestas por población autóctona, unida a los expedicionarios venidos de tierras lejanas. Quienes hablarían el idioma de los que venían desde el Mediterráneo, buscando metales preciosos (de Chipre y Creta, especialmente). Lo que indicaría una Sociedad gobernada por quienes estaban dedicados al comercio, la minería y a la fabricación de esos enseres y barcos. Debido a ello podemos entender, la aparición en las Estelas de gubias, estiletes y azuelas; junto hachas, arcos y espadas.
Siguiendo con el estudio de Varela Gomes y Pinho Monteiro, escriben que la aparición del objeto ancoriforme en estas losas; tiene un sentido de gran prestigio. Por lo que está siempre representado junto a espadas (envainadas). De tal modo, sabiendo que eran lápidas para cubrir las cistas, donde se enterraban individuos de importancia; hemos de pensar que el ancoriforme y la espada contenían un significado esencial en la Sociedad de la época. Explicando los autores el simbolismo del arma, en su sentido idiotécnico; como centro que estructura la Sociedad y marca un status. Una idea en la que nos gustaría incidir, aportando un dato personal; invitando a la reflexión sobre el significado de la espada en un Sociedad similar y de origen ancestral. Para lo que tomaremos como ejemplo del mundo Samurai; donde podremos comprender lo que suponía la “katana” del guerrero, en el antiguo Japón. Un pueblo con valores milenarios, igualmente feudal y también basado en el dominio del mar. Donde una élite militar, dominaba al pueblo y a la vez les protegía; siendo aquellas armas un objeto tan sagrado, como un crucifijo para el monje cristiano. Conteniendo la espada un espíritu en comunicación con el alma del soldado; debiendo desarrollar los artesanos una tecnología inigualable, para forjarlas y pulirlas. Distinguiendo diferentes tipos de acero, cuya forja depende de horas de trabajo, disciplina y prestancia. Diferenciando perfectamente el material final obtenido; para lograr la calidad que tan solo podían utilizar en las katanas; cuya fabricación fue -y sigue siendo- un secreto milenario. Pues de ello, dependía la vida de los guerreros y la protección del grupo feudal. Todo lo que supone mantener una casta militar -en su mayor parte, hereditaria-; dirigida por jefes, cuyos clanes se rigen por pactos -en numerosas ocasiones endogámicos-. Con un sistema estructurado en familias; considerando que el poder y el valor es transmisible de padres a hijos, debido a una “genética militar”; basando su función en el honor y la fidelidad a un señor. Tal como pudo suceder en el Alentejo hace 3500 años; por lo que quizás se conservaron rasgos similares a los descritos, entre los pueblos prerromanos peninsulares (como los lusitanos o los vettones, que practicaban la "devotio" y juraban lealtad hasta el final, a un jefe).
Aunque, para la existencia de esa Sociedad feudal, estructurada por clanes y que diversifica el poder en zonas de dominio particular (con sus castros protegidos por cada familia o grupo). Se hace imprescindible la especialización de los artesanos; principalmente los del metal. Cuyo prestigio social y fortuna personal, es casi tanta como la de los más ricos y poderosos dignatarios. Por cuanto, comprendemos así la aparición de las Estelas Alentejenas, como una forma artística nacida de esos clanes; posiblemente de origen mestizo (compuestos por expedicionarios y gentes locales). Cuya base económica residiría en quienes explotaban las minas, en los comerciantes y en los referidos artesanos (capaces de fabricar armas, carros y barcos). Tras lo expuesto como teoría propia y para finalizar este epígrafe, volveremos al trabajo de Varela Gomes y Pinho Monteiro; donde expresan ciertas dudas a las teorías de Almagro Basch sobre el ancoriforme. No considerando plenamente probada la idea del profesor español, cuando concluye que este objeto parecido a un hacha, realmente sería un ídolo. Comentando los investigadores portugueses, que nos faltan numerosos datos para aseverar con rotundidad, ese sentido únicamente funerario y religioso (del “curioso” utensilio similar a una doble ancla). Pues aparece en las Estelas Alentejanas junto a armas y herramientas; lo que indicaría un uso diferente al místico, no tan solo de prestigio (12f) .
SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Arriba, la Estela de Castro Verde (Beja); se trata de un ejemplar fraccionado que conserva un rodel y parte del ancoriforme. Estos círculos quizás fueran figuras de prestigio; comunes durante el neolítico y el Bronce, en Las Islas Británicas y en otros lugares (como El Egeo y Egipto). Donde mazas o bolas de piedra pulimentada, se utilizaban como elementos votivos. Por su parte; la perfección en la hoja del ancoriforme que representa, nos lleva a pensar que se trata de un arma. Quizás un hacha o doble hoz, que serviría para la guerra, el cultivo, la poda de ramas y como bichero en el mar (para pescar o sacar objetos del agua). Al lado, el ancoriforme en la Estela de Defesa; en un fotomontaje de sus dos lados. En la zona inferior se observa lo que parece un broche de cinturón, y en su parte alta va atado por dos cordones (marcados con dos flechas). Por lo que se trataría de un arma o herramienta, que se colgaría del cuerpo. Abajo, imagen compuesta; donde en la parte superior vemos un califa turco, portando un alfanje (en un biombo nambán, japonés). Mientras en la zona inferior, tenemos el famoso “estoque de Don Juan de Austria”; regalado por el Papa tras su victoria en Lepanto. Recojo estos dos tipos de espadas: La primera, lucida por un musulmán y con forma de Media Luna.; la segunda, como presente del Vaticano, con el diseño de una Cruz. Ambas son armas con un igual uso, pero conteniendo una muy distinta simbología religiosa, conforme a sus creencias. Lo que me lleva a pensar que los ancorifomes pudieron tener un mismo diseño y significado: Como armas y como ídolos.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: imagen (por ambas caras) del guerrero samnita, fechado en el siglo II a.C.; conservado en el Museo del Louvre de París (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). Se trata de un bronce -quizás votivo- que representa el equipamiento básico de un “soldado” de las montañas de Samnio. Estatua que -a mi juicio- se relacionaría con la ceremonia practicada por ese pueblo cada primavera; enviando los hombres jóvenes a conquistar y colonizar nuevos territorios (tras capturar sus mujeres) El samnita, fue un grupo de origen ancestral y con organización pastoril; dedicado a la recolección de frutos y miel. Sin gran atención a la agricultura, eran guerreros y trashumantes; por lo que debemos considerarlos muy parecidos a los vettones de Iberia. Asentado en las cordilleras centrales de Italia; se mantuvieron en guerra con Roma hasta el siglo III a.C. (gracias a su preparación militar). En el bronce se observa un “soldado” que luce casco, coraza (cardiofilax y de espalda), cinturón y calzón pretina. Viste con pantalón y en la zona bajo las rodillas lleva también espinilleras. Su equipamiento, que considero fabricado con cuero cocido (principalmente de cabra) y recubierto con materiales protectores (cobre, bronce o hueso); pudo ser muy parecido al de nuestros pobladores peninsulares, hasta la conquista romana. Por cuanto, hemos de observar que la coraza fue uno de los elementos más importantes para estos pueblos pastoriles y luchadores; que dominaban el arte de curtir y cocer las pieles. Siendo la caprina, la mas dura y resistente; pudiendo moldearse sobre el cuerpo de cada soldado, mientras estaba húmeda (tras su cocción). Tras lo expuesto y volviendo a las Estelas Alentejanas; considero que las figuras con forma de dos semicírculos, interpretadas como “huellas” . A mi juicio, serían corazas de guerrero; con sus trinchas para sujetarlas (de allí, las dos bandas que unen los semicírculos). Aunque ya dijimos que también podría tratarse de escalones, o podios, de minero antiguo.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: la Estela de Ervidel I; hallada en el yacimiento de Heredade do Pomar (donde también apareció la catalogada como Ervidel II; muy posterior y del tipo II -Decorada o del Suroeste-). Al lado, detalle de la figura que se interpreta como “huella”, que considero una coraza; y que también he dibujado de forma esquemática. Abajo, El ejemplar entero, donde vemos (de izquierda a derecha): Un hacha, un martillo o azuela, un ancoriforme (partido), la punta de una espada envainada y una “huella”. Esta última -a mi entender- sería una coraza y sus trinchas; aunque también pudiera tratarse de escalones para trabajar las minas (similares a los que hemos visto en imágenes anteriores; en el Museo de Aljustrel). Los dos semicírculos unidos; aparecen reflejados en algunos ejemplares más, como en la lápida de Gomes Aires.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: La Estela de Gomes Aires (tal como la muestra el Museo Provincial de Beja, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Al lado, la losa completa, donde podemos ver una vaina, con su correaje y sin espada. Apreciando también ese objeto en forma de dos círculos, en su zona inferior (lo que pudiera tratarse de una coraza doble, cardiofilax de pecho y espalda) -sobre la foto, he marcado la figura- Abajo, detalle de la lápida, donde vemos esa “huella”, que pudiera ser una coraza con trinchas, o bien un peldaño. En la imagen, hemos dibujado esquemáticamente un doble cardiofilax (de tórax y espalda); para mostrar su parecido con esa “extraña” forma que se repite en las Estelas Alentejanas.
C-3d) Varela Gomes y Pinho Monteiro (cronología y orígenes de las Estelas Occidentales):
Intitulamos este epígrafe con la expresión “Estelas Occidentales”; para incluir en un mismo término, las lápidas Alentejanas y las Estelas Decoradas del Suroeste. Debiendo tratar de un modo unificado estos monolitos; cuya trazabilidad arqueológica, creemos que puede considerarse continuada. Siendo las de El Alentejo, nacidas entorno al siglo XVII a.C. y desaparecidas quinientos años después. El antecedente directo de esas otras losas que comenzaron a tallarse en el Suroeste; desde finales del Bronce y principios del Hierro, perdurando hasta el siglo VI a.C. (el comienzo de la caída de Tartessos, que podemos fechar desde el 530 a.C.). Teniendo enorme importancia cuanto nos dicen estos dos profesores, sobre su cronología y particularidades. Pues el estudio que venimos analizando, fue publicado hace casi cincuenta años y apenas se han modificado las fechas, antes mencionadas.
De tal manera, comenzaremos resumiendo cuanto expresan Varela Gomes y Pinho Monteiro sobre las más antiguas; aparecidas en tierras de Portugal. Diciéndonos los referidos autores; sobre estas que se clasifican del “Tipo I” -siguiendo a Almagro Basch- (12g) . Que las espadas representadas en ellas, se corresponden con las del Bronce II del Suroeste. Armas de hoja ancha y de diseño oriental; situando su influencia en el mundo Creto-Micénico y fechándolas entre el 1600 y el 1400 a.C.. Una afirmación, ante la que nos gustaría incidir en los acontecimientos sucedidos durante estas fechas, en el Este mediterráneo. Idea que hemos expuesto en el anterior epígrafe “C-2”; donde decíamos que, a mi juicio: “las refinadísimas Estelas del Alentejo, proceden de las crisis y sucesos que se producen en el Mediterráneo Oriental entre los siglos XVII al XII a.C. (...) no sería aventurado considerar que el motivo de la creación y talla de esas elegantes losas del Alentejo; se deba a la venida hasta las costas portuguesas, de gentes procedentes de Creta, Chipre o Biblos. Buscando minerales preciosos a comienzos de ese Periodo Neopalacial cretense o con la instauración del Nuevo Imperio en el Nilo. Pero, asimismo, la desaparición de las Estelas Alentejanas se produciría en paralelo a la del Minoico Palacial y del Imperio Nuevo. Provocada por la llegada de las hordas del Hierro al delta y el ataque de los Pueblos del Mar a las costas faraónicas (a los que hizo frente Ramsés III)”. Palabras e hipótesis nuestras, que concuerdan con las fechas que nos darán los profesores Varela Gomez y Pinho Monteiro para las Estelas de El Alentejo. Datación que se estableció hace más de cincuenta años y que posteriormente se confirmaría a través del C-14 (tras analizar los restos hallados en sus cistas).
Continuando con el trabajo de los investigadores portugueses; expresan más tarde el indigenismo que en algunos casos muestran esas lápidas alentejanas. Pudiendo observarse en ellas hachas de enmangue directo y alabardas; que veremos en nuestros monolitos pétreos desde el calcolítico. Todo ello, representado junto a armas y artilugios de clara influencia mediterránea oriental. Tras lo que realizan un análisis sobre los puñales, espadas y enseres que se observan en las diferentes lápidas; llegando a fecharlas comparándolas con las de Chipre, Creta, Micenas y el Egeo (considerando incluso, que en algunas contendrían objetos de origen fenicio). Diferenciando así dos etapas entre las Estelas Alentejanas; una primera, de influencia cretense y micénica, que se iniciaría entorno al 1600 a.C. (y clasifican como tipo I-A). Mientras una segunda época, se extendería desde el 1200 al 1000 a.C. (aprox); con aparición en ellas de armas más tardías, incluso similares a las púnicas. Catalogando estas segundas como Estelas de tipo I-B; entre las que solo incluyen Ervidel I y Assento -idem (12g) - . Datación que actualmente no se admite; al considerarse que que las lápidas Alentejanas se encuadran en un periodo comprendido entre el 1600 y el 1100 a.C.. Dando posteriormente comienzo las del Suroeste; desde el siglo XII a.C.. Pese a ello, estamos de acuerdo en que ha de considerarse una etapa de transición entre las del Alentejo y sus “sucesoras”; durante la que habremos de buscar ejemplares “intermedios”. Es decir, losas cuyas representaciones claramente indiquen ese paso entre las alentejanas y las que posteriormente veremos extenderse por Extremadura (con representaciones básicas; de escudo y armas). Todo lo que estudiaremos más adelante.
En lo que se refiere a las fechas y orígenes que establecen para las Estelas del Suroeste; antes llamadas “Extremeñas”, luego “de tipo tartessio” y finalmente “Decoradas”. Nos dicen Varela Gomes y Pinho Monteiro; que su escudo con escotadura en “V”, las espadas de lengüeta y su lanza de hoja larga; se relaciona con los Campos de Urnas (Nor Alpinos). Cultura que invadió la Península en el Bronce Final. Considerando que la llegada de estas gentes procedentes de Centro Europa, fue la que produjo estas lápidas; por lo que debemos adelantar en tiempo esta aparición en Iberia. Sin tomar el siglo IX a.C. como fecha de referencia para su establecimiento en nuestras tierras. Siendo paralelas las dataciones de C-14 en los yacimientos de Campos de Urnas del Norte de España, con los de Hallstatt. Por cuanto, la venida de estas gentes a la Península, para ellos, debe datarse entre el 1150 y el 970; un siglo antes de lo que por entonces se admitía. Frente a lo expuesto por los profesores portugueses, hemos de añadir que el escudo con escotadura en “V”, actualmente se considera de origen irlandés (o nórdico); fechado entorno al siglo X a.C. y de procedencia atlántica. Un dato que ya se habían publicado Coles y Gräslund entes de 1967; aunque Varela y Pinho, para datar las estelas prefieren realizar un elenco de enseres representados, con raíces orientales (espejos, pinzas, fíbulas, peine, casco, carro). Fechando todos ellos entre los siglos XII al X a.C.; tras afirmar su filiación al mundo oriental mediterráneo. Hablando de posibles influencias micénicas y chipriotas. Momento en que mencionan el tolhos llamado Roça do Casal do Meio, hallado en las proximidades de Setúbal (monte Da Rábida). Sin destacar su relación con Cerdeña; aunque resaltan los paralelismos entre los enseres hallados en esta tumba tumular y los que veremos en las Estelas Decoradas. Añadiendo que el peine, pudo tratarse de una importación fenicia; aunque consideran que la mayoría los elementos de prestigio representados en estas losas del Suroeste, debieran fecharse antes del 1000 a.C.. Pasando posteriormente a una clasificación de subtipos; diferenciándolas en: II-A; II-B; II-C; II-D. Comenzando su datación entorno al 1000 a.C. y distinguiéndolas conforme a su lugar de hallazgo, o por cuanto representan.
SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Objetos de cobre y bronce, similares a los que vemos representados en las Estelas Alentejanas. Arriba, vitrina del Museo Arqueológico de Écija (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras fotos); donde se expone de izquierda a derecha: Un puñal calcolítico; una bipenna en piedra pulimentada neolítica; una alabarda y una lezna de la Edad del Bronce. Al lado, dos espadas de hoja ancha, halladas en Portugal; muy parecidas a las que figuran en las lápidas de El Alentejo (representándolas envainadas). Abajo, otra vitrina del Museo Arqueológico de Écija, en la que vemos puñales y puntas de la Edad del Cobre y el Bronce; donde se encuentran también varios cinceles (similares a los de las Estelas portuguesas).
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Objetos de la Edad del bronce, expuestos en el Museo Arqueológico de Évora (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras fotos). Entre ellos se encuentran: Una espada pistiliforme, hachas planas, cinceles y una de talón.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Imágenes tomadas en el Museo Arqueológico y Provincial de Beja, al que agradecemos nos permita divulgarlas. Al lado, jarrillos cerámicos del Bajo Bronce, procedentes de Ervidel, yacimiento en que se hallaron las estelas que llevan su nombre. Abajo, vasos cerámicos de las necrópolis de Santa Victoria y Penedo Gordo.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Imágenes tomadas en el Museo Arqueológico y Provincial de Beja, al que agradecemos nos permita divulgarlas. Al lado, vasos cerámicos del Bajo Bronce, procedentes de Santa Victoria; del tipo "campaniforme tardío suroriental" (tal como los definió Almagro Basch). Abajo, vasos de tipología similar, procedentes de Penedo Gordo.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: La Estela de Ategua, tal como la mostraba años atrás, el Museo Arqueológico de Córdoba (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras fotos). Se trata de una pieza muy posterior a las de El Alentejo, fechada entorno los siglos VIII/VII a.C.. Por lo que hemos de suponer que fue tallada con herramientas de acero; mientras las portuguesas se hicieron en un tiempo en que este metal era desconocido. Se trata de una de las Estelas del Suroeste más bellas; aunque en su calidad artística y técnica, es muy inferior las alentetajas (talladas medio milenio antes). Esta de Ategua, se ha relacionado por su esquematismo con el arte ático geométrico y posiblemente se inspira en jarros helenos de esa época.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos jarros geométricos del siglo VIII a.C.; para comprender la influencia ática que contiene la Estela de Ategua. Al lado, pieza del Museo Nacional de Atenas (al que agradecemos nos permita divulgar la fotografía); obra del pintor de Hirschfeld. En sus dibujos, vemos carros y guerreros, representados de forma esquemática; muy semejantes a los grabados en la de Ategua. Abajo, otra gran crátera del pintor de Hirschfeld; en este caso, propiedad del Metropolitan Museum (al que agradecemos nos permita divulgar la fotografía). En ella volvemos a observar esas líneas geométricas con las que abstrae el artista las figuras de personajes, caballos y carros. Sus rasgos y estilo, nos hacen pensar que el autor de la Estela de Ategua pudo conocer jarros de este tipo, importados por entonces desde Grecia.
En su epígrafe final, Varela y Pinho, tratan sobre el origen de este gran número de lápidas que aparecen en la zona portuguesa alentajana (especialmente en los alrededores de Beja) que fechan en el Bronce II (12h) . Expresando que manifiestan un arte perfectamente maduro y de gran calidad; aunque el problema al estudiar el nacimiento de estas representaciones, es la carencia de antecedentes. Ante lo que añadimos, que la inexistencia de ejemplares parecidos y previos; nos llevaría hasta un “arte nacido por generación espontánea”. Lo que resulta un imposible histórico, pues nada surge de la nada. Por cuanto -a mi juicio- todo indica que se desarrollaron tras la llegada de unos protocolonizadores. Navegantes que arribarían a nuestras costas atlánticas, antes de la conocida precolonización del Occidente peninsular; perfectamente estudiada por investigadores de la talla de Torres Ortiz o Mederos. Quienes han fechado la aparición de esos precolonizadores entre los siglos XII y el IX a.C. (previamente a la de los fenicios). Debiendo pensarse que la creación y proliferación de esas Estelas Alentejanas, se debe a quienes llegarían directamente desde el Oriente Mediterráneo, entorno al siglo XVII a.C. y dominarían el comercio de los metales del Suroeste, hasta el 1100 a.C. (aprox). Momento en que, tras la aparición del Hierro, caerían las culturas del Bronce (Creta, Micenas, Chipre, etc); necesitando huir de sus tierras, muchos de los que durante centenares de años habían dominado el mercado del cobre y el estaño. Crisis global del Mediterráneo en la que gran parte de la población marinera, escaparía de la zona oriental; al verse asediados por las hordas del Hierro. Provocándose una gran decadencia en todo lugar unido a las antiguas civilizaciones del Bronce. De tal modo se entiende la gran calidad de las lápidas del Alentejo, esculpidas desde el 1600 hasta el 1100 a.C.; mientras pudo mantenerse un enorme contacto entre Creta, Chipre, El Egeo y el Atlántico. Como obra importada por esos protocolonizadores; quienes posiblemente también imitaron modelos similares a los que se esculpían en Cerdeña. Isla cuyas estelas fechadas en este segundo milenio a.C.; son de una enorme belleza y calidad artística.
Lo que exponemos, asimismo explicaría la decadencia progresiva de los grabados que van apareciendo en lápidas posteriores; cuya técnica y arte fue empeorando, hasta convertirse en las losas “básicas” que veremos en Extremadura. No llegando las Estelas del Suroeste a alcanzar jamás la magnífica talla escultural, que tenían sus antecesoras, de El Alentejo. Siquiera, en sus más bellos y tardíos ejemplares; entre los que podemos destacar la de Ategua, cuyos trazos tanto recuerdan al estilo geométrico del arte ático. Todo lo que -a mi juicio- demostraría el contacto pleno entre Grecia y Tartessos; tal como recientemente se ha podido probar, al aparecer los pies de una escultura, en el yacimiento de El Turuñuelo. Talla, cuyo mármol procede de los montes del Ática helena. Por cuanto exponemos, esos monolitos más antiguos (hallados en El Alentejo); contienen maravillosos bajorrelieves, aunque fueron trabajados con herramientas de bronce. Mientras sus sucesoras, llamadas Estelas del Suroeste (posteriores al siglo X a.C.), pudieron grabarse utilizando cinceles de hierro o de acero; y pese a ello, su calidad es muy inferior. Un hecho que -a mi entender- nos habla de una decadencia cultural, unida a un progreso tecnológico; es decir: El atraso que supuso la aparición del hierro. Algo que podemos entender fácilmente en nuestros días; cuando los nuevos avances están provocando enormes crisis de civilización. Lo que ha sucedido con la aparición del plástico, de metales y materiales hasta hace poco desconocidos; con los que han logrado crear aviones, ordenadores y hasta satélites. Generando un momento de enorme progreso; pero donde el arte y el Humanismo han entrado en plena decadencia (tal como sucedió con la expansión del Primer Hierro). Naciendo hoy nuevas generaciones, con una gran plasticidad para adaptarse al mundo digital o tecnológico, pero sin capacidad de asimilación del pasado cultural. Siendo ya prácticamente imposible que algún pintor o escritor, repita las hazañas de nuestro Siglo de Oro; del mismo modo que resulta impensable que hoy exista quien pueda componer como los músicos del siglo XVIII y XIX. Habiéndose producido una tremenda regresión cultural, debido al enorme adelanto tecnológico progresivo, sucedido desde el ferrocarril y la industrialización. Lo que tristemente conduce a un atraso en valores (sociales y espirituales) pudiendo provocar un posible caos internacional. Tal como sucedió entre el 1200 y el 600 a.C.; cuando las hordas armadas con Hierro se adueñaron de los lugares que habían sido antes civilizaciones del Bronce.
Después de mis anteriores disertaciones personales, con las que algunos puedan no estar muy de acuerdo. Terminaremos por comentar el trabajo de Varela Gomes y Pinho Monteiro, que en su epígrafe último realizan un elenco de objetos y enseres, ya representados durante el calcolítico y la Edad del Bronce; y que también veremos en las Estelas Occidentales. Mencionando casos como las Rocas de Sortes, Ridevides, Pedra Letreira de Gróis y Fuente del Gamo; donde encontramos puñales y figuras semejantes a las que se mantienen en esas lápidas (que perduran hasta el comienzo de la Edad del Hierro). Destacando Molelinhos y la Sierra de Caramulo y Pinofranqueado, en cuyos petroglifos se observan esos cuchillos y otros enseres esquemáticos (tan típicos en las losas peninsulares). Hablando de ídolos muy semejantes, a más de las alabardas y las hachas que se venían grabando en rocas, riscos, guijos y losas; desde el cuarto milenio a.C.. Volviendo a tratar sobre el “enigmático” objeto ancoriforme, que para Almagro Basch era un símbolo religioso; aunque estos autores creen que estaría más relacionado con un arma (idea que comparto plenamente). Asimismo, mencionan que en El Alentejo, el mundo campaniforme va a sobrevivir hasta el 1400 a.C.; tal como vemos en las cerámicas que aparecen junto a las estelas. Lo que explica, en parte, la asimilación y mantenimiento de antiguas tradiciones (ancestrales, en ocasiones). Aunque -según estos autores- en todo ello, la llegada de influencias mediterráneas y de El Argar, aparecidas en la zona desde el 1200; sería un hecho a destacar, para fechar y clasificar las Estelas Alentejanas. Una datación, que no podemos aceptar; ya que estas lápidas han de encuadrarse entre el 1600 y el 1100 a.C.; no debiendo sobrepasar el siglo X y la llegada del hierro, como límite para la desaparición del los ejemplares de El Alentejo. Momento en que comenzaría un periodo de transición y decadencia, hasta la llegada de las Estelas Básicas, en Extremadura.
SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Arriba y al lado, imágenes de barracas construidas en la albufera y marismas del río Sado; próximas al Cabo de Sines (donde se encontraron numerosas Estelas Alentejanas). He situado en la fotografía a mi mujer, para conocer el tamaño de estas viviendas y almacenes marineros. Si nos preguntamos por qué no dejaron rastro los habitantes de la Edad del Bronce y Primer Hierro, que poblaron este territorio comprendido entre Beja y Faro; el Cabo de Sagres y el de Sines. Observando el modo de vida que se ha conservado hasta nuestros días, podemos comprender una Sociedad que apenas deja rastro. Habitando en casas construidas con técnicas de un astillero; tal como sucede en Japón, donde las viviendas asemejan barcos. Barracas que igualmente se extendieron por la Albufera valenciana o las Marismas del Guadalquivir; donde el clima es benigno y permite levantar y reparar una casa, en días. Todo lo que implicaría, a su vez; un entorno de paz, en donde apenas se necesitan murallas ni defensas. Aunque -posiblemente- tenían pequeños fortines, tierra adentro; donde refugiarse en caso de peligro. Abajo, acequias y canales en las marismas del Sado, que permiten disponer de agua, para el riego y cultivo de parcelas. La vida en la desembocadura de los ríos que fluyen hasta el Atlántico Sur peninsular; hubo de ser cómoda y muy confortable. No solo por el clima benigno de la zona; sino también por su riqueza marina y abundancia de aguas dulces (entre marismas) donde la agricultura es tan próspera como sencilla. A ello, se suma la proximidad a este océano (rico en pescado y mariscos); sin necesitar habitar en la costa, donde puede acechar el peligro de visitantes indeseables. Situando las casas junto a pequeños lagos interiores, desde los que se accede navegando hasta el mar. Asimismo, las viviendas a modo de barracas y palafitos; son fáciles de levantar y están protegidas, entre las aguas y a una distancia del litoral. Si a todo ello, unimos que la zona fue riquísima en metales preciosos (minas de oro, plata, estaño, cobre y hierro). Comprenderemos que el sur atlántico, peninsular; fue un verdadero paraíso.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Canales de regadío y lagunas en las marismas del Sado y del lago San Andrés Da Sancha. En las imágenes podemos comprender la riqueza de sus cultivos y aguas.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Marismas y bosques junto al Cabo de Sines; donde aparecieron numerosas Estelas Alentejanas. Son muy semejantes a las de Doñana, coto en el que Schulten situó la mítica Tartessos.
D) ORIGEN Y TRANSICIÓN DE LAS ESTELAS OCCIDENTALES:
D-1) Sobre los posibles orígenes de las lápidas Alentejanas;
Como hemos expuesto repetidamente; este tipo de losas no pudieron nacer por generación espontánea y sin antecedentes previos. Pues su realismo y calidad artística precisan de una técnica de grabado y pulido en piedra, inexistente por entonces en toda la Europa Occidental. Lo que demostraría que, tanto sus modelos, como los medios para trabajarlas; vinieron de tierras donde se dominaba el arte de cortar, rebajar, tallar y limar perfectamente, las superficies pétreas. Ya que el sistema para plasmar esas figuras, de un modo tan realista, sobre lajas de mármol, caliza o pizarra; precisa sacarlas de puntos, esculpirlas y rebajarlas, hasta conseguir los bajorrelieves representados. Técnicas que tan solo podrían lograr por entonces, artesanos de civilizaciones tan adelantadas como la egipcia, la hitita o la cretense (esta última, englobaría el mundo micénico y el chipriota antiguo). Ya que hablamos del siglo XVII a.C.; cuando en nuestras tierras apenas hubo un arte figurativo que no fuese esquemático y muy elemental. Siendo las representaciones en piedra, del Bronce peninsular; muy simples y repetitivas. En un estilo que podríamos considerar “Naif”; por cuanto parecen dibujos infantiles (con caras, hachas, armas o idolillos, figurados en líneas). Muy distintas a las Estelas Alentejanas; cuyos bajorrelieves muestran perfectamente los enseres y armas de su tiempo. Hasta el punto de presentar las vainas en las espadas; o el enmangue de las hachas, picos y azuelas.
Consecuentemente, podríamos preguntarnos de dónde procedieron esos primeros artesanos que trajeron esa técnica tan depurada del corte, tallado y pulido pétreo. Ante lo que tan solo podemos responder que vinieron de tierras cercanas a Egipto, Creta, Chipre o El Egeo. Llegados junto a los expedicionarios que buscaban los metales preciosos de las costas atlánticas peninsulares. Aunque, su camino marítimo hasta El Alentejo portugués; hemos de considerar que hubieron de situar bases, puertos y varios sistemas de comunicación, que les permitieran resguardarse o repostar (agua, alimentos y tripulación). Creando una línea de viaje seguro, que posibilitase realizar una singladura anual -al menos-; partiendo desde su lugar de origen a comienzos en verano, para retornar antes de que empezase el mal tiempo de otoño. Ello, significa que disponían tan solo de unos tres meses con navegación segura (desde mediados de junio a mediados de septiembre); en los que tendrían que completar la singladura completa -ida y vuelta-. Una situación de tiempo y clima; tal como podrá comprender todo aquel que haya cruzado el Mediterráneo. Mar, que antes de mayo y después de octubre es tan peligroso, como traicionero; debido a sus inesperadas tormentas y a los rápidos cambios de temperatura (en el cielo y en las aguas). Además, en esa singladura desde Oriente al Atlántico; debían cruzar el Estrecho de Gibraltar. Un punto cargado de extrañas corrientes que desequilibran las naves; por lo que julio y agosto eran los mejores meses para hacerlo. En lo que se refiere a su destino, en el Sur de Portugal; es perfectamente comprensible que no viajasen más allá del Cabo de San Vicente, debido a la peligrosidad del Océano desde este punto.
De tal manera, sabiendo que los expedicionarios orientales arribaron al tierras del Algarve desde el siglo XVII a.C. (al menos). Podemos imaginar su viaje; trazando el periplo y sus jornadas, bajo las dos hipótesis de singladura: Primero, si la guía era de altura (navegando mar adentro). En segundo lugar, durante un viaje de cabotaje (siguiendo la costa, de cabo a cabo).
A) Navegando altura: Partiendo desde Chipre o de El Egeo; tendrían que recorrer unos 750 kmts. (415 millas) hasta llegar al punto más occidental de Creta. Tras ello, saliendo de esta isla; para alcanzar Malta o Sicilia, habrían de viajar una distancia muy similar a la anterior (unos 750 kmts). Pudiendo arribar al cabo donde hoy se sitúa Túnez; después de realizar unos 350 kmts. más (195 millas). De allí a Gibraltar, tendrían que recorrer, aproximadamente 1500 kilómetros (830 millas); y desde El Estrecho al Cabo de Sagres, otros 350 kmts. finales (195 millas). Debido a ello, navegando de altura la mayor gran parte del trayecto, el total del periplo supondría unos 3700 kilómetros (algo más de 2000 millas).
B) En una singladura de cabotaje: Habremos de ir desde Chipre a las costas de Anatolia, de allí a Rodas y después a Creta. Tras ello, bordear esta isla y partir hacia el Sur de Grecia, llegando a las cercanías de Corfú; para seguir rumbo Norte y más tarde virar al Oeste, alcanzando el Sur de Italia (el tacón de la “bota”). Tras ello, encaminarse hasta Sicilia y de allí a la actual Túnez; completando hasta este punto un total de 2500 kilómetros (unas 1400 millas). Tras este cabo de enorme importancia en el viaje, donde los fenicios fundaron Cartago; seguirían una ruta muy similar a la anterior, que sumaría otros 1850 kmts. aproximadamente (unas 1000 millas). Ello significa, que costeando; la singladura desde Chipre o El Egeo, hasta el Cabo de Sagres, supondría unos 4350 kilómetros (2400 millas aprox).
Por cuanto a una velocidad constante de 4 nudos, navegando toda la jornada; necesitaríamos -al menos- unos veinte días, si el trayecto fuese de altura (en parte). Mientras que el viaje de cabotaje precisaría más de veinticinco jornadas. A ello, podemos unirle imprevistos y fondeos de descanso o aprovisionamiento. Deduciendo que más o menos, en un mes; se podría ir desde Chipre al Sur de Portugal; en una nave a vela y remos. Por cuanto, desde el 15 de junio al 15 de septiembre, tendrían tiempo para completar los dos trayectos (el de ida y el de regreso). Volviendo a Creta, Chipre, o El Egeo con un pingüe cargamento de metales preciosos y ámbar, procedente del Atlántico.
SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Arriba y al lado, vitrinas del Museo Arqueológico de Évora (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes). En la foto superior, vasos cerámicos del Bronce Final; coetáneos a las Estelas (alentejanas y del Suroeste). En la siguiente, la vitrina completa, con objetos del Bronce Abajo, dibujo mío de la Estatua-estela de Salcedo; hallada en Valderrible, en el 2007. A los interesados en esta pieza, recomendamos leer el estudio que referimos en nuestra cita (13) .
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, de nuevo la Estela de Salcedo, en imagen . Se expone en el museo etnográfico de Valderrible, tras haber sido hallada casualmente, por Ernesto Rodrigo (vecino de esta población). Resulta de enorme interés el puñal que luce esta pieza en su lado derecho, como signo de prestigio y poder. Abajo, dibujo mío de menhir con grabados antropomorfos, hallado en Mollet del Vallés. Mide unos 5,5 mts. de alto y pesa unas 6 toneladas; presenta dibujados a lo largo de su fálico recorrido: Un “humanoide” en su zona alta y en la inferior, una figura antropomórfica; todo ello, rodeado de serpientes. Si observamos los rasgos del “humanoide”, podremos ver su relación con el rostro del ídolo del Museo de Numancia; pedestal de enormes dimensiones que luce un cardiofilax (coraza de pecho, o pectoral de prestigio) y un objeto con esa forma de áncora. En el pedernal del Museo de Numancia, fueron tallados los ojos y nariz, del mismo modo que en este del menhir de Mollet. Un diseño en forma de “ancla” del que hablaremos a continuación.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: bajorrelieves del Dolmen de Soto (Huelva); a cuya institución agradecemos nos permita divulgar las imágenes. Al lado, dos puñales enfrentados, en uno de los ortostatos del monumento. Abajo, imagen compuesta: Una de estas armas (a nuestra izquierda). A la derecha, dos puntas o triángulos; grabados en otro de los “pilares” de este megalito.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: dos imágenes más del Dolmen de Soto. Al lado, detalle resaltado en trazos rojos, sobre una fotografía volteada. En esta, podemos observar el rostro y los bastones de un ídolo (ancora); representado en uno de los pilares que soportan el corredor del megalito. Abajo, el ídolo tal y como está, en el interior del pasillo. Volteado, con la supuesta cabeza a la altura del terreno, en que se accede al dolmen. Su posición boca abajo y en el pasillo, nos hace aseverar que se trataba de un pedestal anterior a la construcción del megalito. Habiendo sido desacralizado por entonces; situándolo con la cabeza vuelta y en el interior de esta cueva artificial.
A mitad del camino marítimo antes descrito, se hallaba Cerdeña; una isla que por entonces tenía grandes filones de cobre. Mineral cúpreo que desde mediados del II milenio a.C. se había agotado en Chipre y Calcis; lugares conocidos con esos nombres, debido a su antigua riqueza en este metal, que los griegos llamaron “kalkos”. De tal manera, los comerciantes y navegantes del Bronce, necesitaron encaminarse hacia el Oeste; ante el final de los yacimientos del Mediterráneo Oriental. Llegando hasta Cerdeña, muy rica en filones cúpreos; aunque más interesante sería el viaje hasta el Suroeste peninsular. Ya que durante este tiempo, la zona Oeste de Iberia era un gigantesco filón de oro, plata, cobre y estaño. Siguiendo desde entonces, unas rutas de acceso hasta el Atlántico, que habían completado expedicionarios muy anteriores. Pudiendo fecharse las primeras navegaciones hasta nuestras tierras, en el 2700 a.C.; cuando todavía había cobre en Chipre y en el Sur de Grecia (Calcis). Aunque al agotarse, se hizo imprescindible alcanzar las minas sardas y las peninsulares. Lo que sucedería unos mil años más tarde; momento histórico al que se añadió una hecatombe, como fue el estallido del Tera-Santorino. Volcán que entorno al 1680 a.C., destruyó Creta y devastó las culturas cretochipriotas (en auge, por entonces). Lo que provocaría una primera huida hacia el Oeste, de quienes habitaban esta zona; marchando otros a tierras de Cannán, desde donde entraron en Egipto (generando la invasión de los Hicsos). Finalmente, se logró estabilizar la zona y tras haber regresado los súbditos del faraón al Delta; Creta y Chipre llegaron a un nuevo periodo minóico. Produciéndose otra etapa de gran florecimiento desde el 1500 a.C.. Auge que entra en decadencia entorno al 1200 a.C.; al descubrirse y expandirse el hierro. Cayendo Creta en manos de invasores indoeuropeos; por lo que se deduce que -de nuevo- debieron refugiarse muchos sus habitantes en el Oeste (principalmente en Sicilia y Cerdeña). Aunque sabemos que otros huyeron hacia de Chipre, al haber sido protegida esta isla por los primeros fenicios. Momento en que se iniciará una “segunda etapa” de dominio, sobre las rutas del cobre y el estaño occidental. Periplos del metal que pasarán a manos de los sardos; convirtiéndose Cerdeña en un satélite de Chipre y de los más antiguos púnicos. Tejiéndose desde allí las nuevas líneas comerciales de los metales preciosos, hasta la expansión plena del Hierro (desde el siglo XII al IX a.C.). Sucediendo luego un periodo en el que griegos y fenicios, capitalizaron la thalassocracia; desde el 800 al 650 a.C.. Controlando los focenses los caminos mercantiles del Norte Mediterráneo; mientras los de Tiro y Sidón dominaron las rutas del Sur (motivo por el que llegaron hasta Túnez y Cádiz, costeando África).
Consecuentemente, creemos que las Estelas Alentejanas, nacieron por influencia de estos expedicionarios; llegados desde Chipre y Creta (especialmente). Aunque, sus rasgos y su utilización apuntan a un gran influjo procedente de Cerdeña. Lo que indicaría un contacto entre el Atlántico y este isla, en el momento en que en ella florecía la Cultura Nuraga. Civilización nacida en tierras sardas entorno al 1700 a.C.; cuyas fases coinciden con las variaciones que veremos en las Estelas Occidentales. Ya que tras el 900 a.C., la isla se vio invadida por nuevas gentes que portaban hierro; suponiendo la historia que pasaría a dominio de uno de los Pueblos del Mar, llamado Sardo. De tal modo, durante los siglos XVII al XII a.C., se produce allí un periodo comúnmente denominado Protonurágico (Nurágico I y II); coetáneo al tiempo de las Estelas Alentejanas. Mientras entre los siglos XII y el IX a.C., en Cerdeña se vive una Edad de Oro Nurágica; a mi juicio, debido al dominio de las rutas del cobre que mantuvo la isla durante ese tiempo. Etapa que coincidiría con las primeras Estelas del Suroeste; refiriéndome a las de transición y a las “básicas”. Llegando las gentes del hierro entorno al 800 a.C.; abriendo puertos en sus costas los fenicios y los helenos. De tal manera, durante las etapas nurágicas, las estelas se multiplicaron por toda Cerdeña; conteniendo un estilo y belleza inigualables. Pese a que la técnica de esos pedernales, no fue nunca tan depurada como la de las losas alentejanas. Pues los monolitos sardos del II milenio, representaron divinidades o símbolos; conteniendo forma de bloque tallado. Siendo muy semejantes a las que proliferaron en la Península durante el calcolítico y el Primer Bronce. Muy diferentes a las del Alentejo; que se trata de ejemplares perfectamente trabajadas y pulidas, en bajorrelieve. A ello se suma su uso como lápidas; lo que supone un influjo muy distinto al que pudo llegar desde Cerdeña. Debiendo pensarse en un origen unido a Chipre o Biblos (incluso llegado desde Egipto), para estas losas alentejanas. Importando técnicas que no se usaron en las Estelas nurágicas; con una gran precisión en el trabajo de la piedra.
De tal manera, el origen de las Estelas Alentejanas debemos situarlo conjuntamente en tres fuentes (civilizaciones o culturas):
-En primer lugar: Como herencia de las representaciones que se llevaban esculpiendo en la Península desde el megalitismo; que continuó figurando en ídolos y pedernales desde calcolítico, durante toda la Edad del Bronce.
-En segundo término: Unidas a las estelas de Cerdeña; una isla que debió influir sobremanera en toda la Península y sus islas, desde tiempos megalíticos. Dominando las rutas marinas del cobre y del estaño, especialmente a partir del siglo XII a.C.; cuando tras la caída de Creta y Chipre, actuaron como intermediarios comerciales con Oriente.
-En tercer lugar y muy importante: Como un ritual importando de tierras de El Egeo o cretochipriotas; creando lápidas para cubrir las cistas (a finales del Bronce). Utilizando para su fabricación, técnicas de pulido y tallado en piedra; absolutamente desconocidas por entonces, en la Europa Occidental.
SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: imágenes del museo de Laconi, en Cerdeña (al que agradecemos, nos permita divulgarlas). Se trata de una serie de fotos, en las que hemos copiado el mismo monolito; señalando los rasgos antropomorfos en forma de áncora, en la copia de la derecha. Arriba, estela nuraga fechada en el II milenio a.C.. En ella podemos intuir una figura de guerrero, que porta un arma (en su zona baja), luciendo un torques con diseño de tridente (sobre la zona media) y con el rostro figurado como un ancla (ver zonas marcadas en copia derecha). Al lado, otro de los ejemplares expuestos en el Museo de Laconi, donde observamos una escena muy semejante a la anterior: Pedestal antropomorfo, con un arma en su cintura y un tridente en el pecho; sobre este, una cara a modo de áncora. Abajo, otra estela del mismo museo, perteneciente a la cultura nuraga y de fecha similar. En este caso, el arma queda a pié del terreno; mientras el tridente es de gran tamaño; siendo la cara muy parecida a las anteriores.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, estela nuraga, del museo de Laconi; con bajorrelieves muy semejantes a los anteriores. Se observa en ella, un enorme tridente y una cabeza con rasgos de ancla. Es posible que haya perdido su zona baja (donde debería figurar un arma) Abajo, otro pedestal antropomorfo, muy parecido; aunque en este caso, no tiene grabada la cara.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, una Estela Básica del Suroeste, que antes habíamos visto (Robledillo de Trujillo, en el Museo de Cáceres). Abajo, uno de los ejemplares más recientes que expone el Museo de Laconi; fechado en el nurágico III (a comienzos de la Edad de Hierro). En este caso, solo representa un escudo y nos recuerda sobremanera a las coetáneas que encontraremos en el Suroeste peninsular; especialmente a las Básicas (como la anterior).
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: imágenes del Museo Arqueológico de Pontevedra (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Al lado y abajo, estela megalítica procedente de Poio (Pontevedra); fechada entre el 3000 y el 2000 a.C., con representaciones de olas, sierpes y antropomorfas. Como hemos dicho, uno de los orígenes de las Estelas Alentejanas, habrían sido estos pedestales peninsulares; sacralizados y grabados desde época dolménica. Monolitos que -en muchos casos- se mantuvieron venerados y se continuaron tallando durante el Calcolítico y el Bronce.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: imágenes del Museo Arqueológico de Pontevedra (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Al lado y abajo, ortostatos del dolmen de Braña, en Corrospredriños (Silleda). Fechados entre el 5000 y el 3500 a.C., se hallaron en el interior del túmulo usado como tumba colectiva. Representan, animales, olas (o serpientes) y astros.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: imágenes del Museo Arqueológico de Pontevedra (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Al lado, depósito de hachas de talón hallado en Samiera, con unos 160 ejemplares (posiblemente preparados para su exportación a tierras lejanas; o bien, como banco de armas de algún reyezuelo). Hallazgos como este, nos muestran la riqueza existente en la Península, durante la Edad de Bronce. Abajo, armas recuperadas en el dragado del río Ulla; fechadas entre el 1500 y el 900 a.C. Coetáneas a las Estelas Alentejanas y a las del Suroeste. Sobre estos conjuntos, aparecidos en los lechos fluviales, existe la teoría de que se ofrecían a las aguas, al entregar a ellas el cuerpo de los guerreros (una vez cremados). Se trata de una hipótesis analizada en anteriores artículos y que en nuestro país defienden los prof. Belén y Escacena. Argumentando que debido a este rito funerario, apenas hay necrópolis de la Edad del Bronce. Planteamiento con el que estamos de acuerdo; que se ratificaría con unas mismas costumbres mortuorias en las Islas Británicas. Donde en santuarios de la importancia de Stonehenge, se han observado ceremoniales similares; entregando los restos y enseres del fallecido a los ríos.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: imágenes del Museo Arqueológico de Pontevedra (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Finalmente, para comprender la enorme riqueza y el modo en que vivían durante el Bajo Bronce peninsular; mostramos el maravilloso Tesoro de Caldas de Reyes. Originalmente pesó unos veintisiete kilos; pero tan solo se conserva la mitad (debido a que el resto se vendió clandestinamente). Su datación presenta dudas; pues mientras unos investigadores lo fechan entre el 1900 y el 1300 a.C., otro grupo lo data entre el 1600 y el 1200 a.C. (debido al peine que contiene). Entre sus estudios, existe un análisis de pesos que asevera fue fundido en un peso que se corresponde con el Siclo fenicio. Aunque este un dato anacrónico; pues es de Finales del Bronce, lo que impide relacionar el ajuar con los púnicos. De este modo, el tesoro pertenece a una época en la que esos navegantes no habían llegado a la Península; y a un momento en que fundaban sus capitales en Tiro y Sidón (cuando aún no existía Fenicia). Por cuanto, en mi teoría, se ajusta a valores de peso egipcios (o bien, de Biblos). A los interesados en los tesoros peninsulares de la Edad del Bronce y en la metrología del Mundo Antiguo; recomendamos consultar mis artículos, mencionados en cita (14) .
D-2) Estelas del Suroeste y su transición desde las alentejanas:
Como hemos repetido, parece indiscutible que los ejemplares clasificados por de Celestino como “básicos” (con escudo y armas); sean los más antiguos. Por cuanto los considero una herencia, llegada -o copiada- de El Alentejo. Pese a ello, las piezas extremeñas, ya presentan algunos rasgos muy diferentes; entre los que se distingue, su tosquedad y falta de realismo. Aunque la segunda característica -muy distinta- que mas llama mi atención, es que las alentejanas fueron tapas de tumbas; mientras las “extremeñas básicas” se hicieron para sostenerse hincadas. Una tipología que conservan la mayoría de las Estelas Decoradas Suroccidentales; habiendo sido esculpidas para enterrar su base y levantarlas sobre el terreno (a modo de pedernal, señal, escultura o ara). Ello, supone que su uso -generalmente- no fue solo funerario; como sucede con las portuguesas. Debiendo pensarse que los monolitos del Suroeste eran también utilizados como marcadores (de caminos o lugares sagrados) y a modo de esculturas (donde venerar a los antepasados o a los diosas). A lo anteriormente expuesto, hemos de añadir que esas losas decoradas, herederas de las alentejanas, se tallaron entre los siglos XII al VII a.C.. Resultando evidente que estos monolitos, tuvieron el influjo de pueblos conocedores del hierro. Es decir, pudieron ser incentivados por gentes del periodo nurágico III; cuando Cerdeña fue invadida por los Sardos, siendo visitada por griegos y fenicios. A la vez que recibirían el influjo de gentes llegadas del Oriente Mediterráneo; tras las crisis del Hierro y después del siglo XII a.C.. Cretenses y chipriotas, que tras asociarse con los fenicios, les mostrarían las rutas del metal hacia Occidente. Cuando los púnicos ayudaron y protegieron la isla de Chipre, durante estos siglos de decadencia en Micenas y destrucción del Imperio Minóico (en que sus habitantes se vieron obligados a escapar de las hordas del hierro).
De tal manera, no cabe la menor duda de que esas Estelas del Suroeste, nacieron imitando a las antiguas del Alentejo; aunque con dos rasgos muy distintos: Una tremenda tosquedad en su trabajo; además de no ser tan solo lápidas funerarias (sirviendo como pedestales, sostenidos en vertical). Dos hechos que denotan un cambio de cultura y de ritos, a más de una decadencia artística; pues intentan copiar el modelo anterior, aunque de un modo muy “básico” (valga la redundancia). Por lo que hemos de deducir una nueva forma de culto, posiblemente nacido de una veneración a las propias lápidas; quizás considerando sagradas las antiguas de El Alentejo. Por cuanto dan a las piezas del Suroeste, una utilidad muy diferente; usando esas nuevas estelas como marcas. A mi juicio, señalizando límites de poder o indicando la aparición de unos nuevos “señores”, en las zonas donde se levantaban (con costumbres y leyes, distintas a las anteriores). Lo que denotaría un deseo de heredar el poder; usando estos pedernales para sellar territorios y mostrar sus marcas de dominio. Algo que realizarían gentes muy diferentes a las que guiaron durante siglos El Alentejo; pues sus “nuevos escultores” no conocían siquiera la refinada técnica artística de los antecesores. Pese a que las referidas Estelas del Suroeste, en ocasiones, tuvieron un uso semejante a las portuguesas. Pues también sirvieron como lápidas; colocándolas sobre tumbas, para honrar a los muertos. Tal como recientemente se ha comprobado con el hallazgo de Las Capellanías (Cañaveral de León, Huelva); donde estas losas aparecen en una necrópolis del Bronce -reutilizada por gentes del Hierro-. De tal manera, si comparamos las Estelas Alentejanas y estas encontradas hace unos años en el referido yacimiento onubense. Veremos la enorme diferencia, por no decir decadencia; pues las aparecidas en Las Capellanías, son simples dibujos (de trazo naif y esquemático). Grabadas a golpe de cincel, siguiendo líneas dibujadas sobre la piedra y sin atisbo alguno de realismo. Además, representan a personas, no solo armas (como hacían en El Alentejo); lo que supone unos cultos, cultura y costumbres, muy distintas.
A todo lo expuesto, hemos de unir un factor que todavía no hemos mencionado, como es el contacto atlántico. Ya que una de las civilizaciones con mayor influencia en las costas portuguesas, fue la máritima de Europa Occidental; que se mantuvo con cierta continuidad desde el 5000 al 1000 a.C.. Una Civilización Atlántica, que se inicia con el megalitismo y la búsqueda del ámbar; entorno al 5000 a.C.. Que continúa en expansión, con el Vaso Campaniforme, desde el 2700 a.C.. Y que culmina durante la Edad del Bronce; debido a la proliferación de minas de oro, plata, estaño y cobre, en toda la vertiente atlántica europea (desde Huelva a Galicia y de Galicia a Cornualles, pasando por Bretaña). Un hecho que conforma esa cultura, que magistralmente estudiaron los profesores Galán y Ruiz-Gálvez; siendo la que más pervivió en la historia de toda la Humanidad. Civilización del Atlántico europeo, que nació entorno al 5000 a.C. y murió (o se transformó) con la llegada del hierro, hacia el 900 a.C.. Aunque hubo de mantenerse en cierto modo activa, después del siglo X a.C,; tal como muestran las Estelas Decoradas. Donde vemos escudos y enseres similares a los que se utilizaban durante esa época, en Irlanda, las Islas Británicas e incluso en Escandinavia (como han demostrado recientemente, Harrison y Díaz-Guardamino). Ante lo que hemos de determinar que esas losas del Suroeste, fueron creadas durante el proceso de cambio y asimilación desde la Edad del Bronce a la del Hierro, del litoral atlántico peninsular. Siendo herederas de la Civilización Atlántica; una cultura ancestral que durante el Hierro Pleno continuó activa. Debido a que los mercados mediterráneos seguían necesitando los metales preciosos que proporcionaban las minas de Iberia, del litoral francés y de las Islas Británicas. Generando una nueva “etapa atlántica”, esa multitud de pueblos que antes de la llegada de Cartago y Roma comerciaron “secretamente” con el occidente de Iberia. Visitando nuestras costas, evitando que otros se hicieran con esas rutas de ese metal, procedente de las del litoral atlántico Oeste y centro europeo. Numerosas sociedades navegantes como fueron: Los sardos, los cretenses, los chipriotas y -finalmente- los fenicios.
Siendo así, podríamos concluir que las primeras Estelas Extremeñas, nacidas en el entorno de la Sierra de Gata y conocidas como básicas (que solo representan escudo y armas). Son una tosca imitación de las Alentejanas; aunque, con un carácter muy diferente; pues se hincaban en el suelo, quizás para señalizar un territorio con nuevos dueños. Pasando a proliferar más tarde este tipo de monolitos por el resto de Extremadura, extendiéndose hacia la cuenca del Guadiana y del Tajo; para llegar al Guadalquivir. Incorporándose gradualmente elementos, que van añadiendo y representando en esas losas; durante una etapa orientalizante que podemos fechar entre los siglos IX al VI a.C. (dominada por Tartessos). En la que se suceden transformaciones de estilo, llegando algunas piezas a contener influencias helenas (como resulta evidente en la Estela de Ategua). Aunque en las decoraciones de estos ejemplares del Suroeste, jamás se llegó a la perfección con la que habían tallado las de El Alentejo -siglos antes-. Siendo esas losas del Hierro, un arte muy esquemático; donde se representa con líneas personajes y sus objetos de prestigio. Pudiendo reconocerse en ellas armas y enseres pertenecientes a las culturas que hemos citado: Sarda, cretochipriota, micénica, irlandesa o escandinava; y -finalmente- la helena y la fenicia.
SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: tres Estelas Alentejanas, que considero de transición. Arriba, la de Trigaches de Beja; esculpida en mármol azulado, presenta rasgos de una decadencia, acercándose a las “básicas”. Al lado, la de Sao Joâo de Negrilhos, tal como la publicó Almagro Basch en 1966 (agradeciendo a sus herederos nos permitan divulgar nuestra imagen). Propiedad del Museo de Beja; es casi una Estela Extremeña, con muy poco realismo en sus bajorrelieves. Abajo, interesante ejemplar, catalogado como Baraçal I; hallado en las cercanías de Guarda. Fue considerado por Almagro Basch (1967); Varela Gomes y Pinho Monteiro (1977) como Subtipo II-A -Decoradas, de primera etapa-. Aunque, con gran acierto, de Celestino y el prof. Salgado (en 2011) la catalogaron en el Tipo I-A -Alentejanas de época inicial-. Pese a ello, en mi opinión, sería una Estela de Transición, entre las Alentejanas y las del Suroeste; pudiendo fecharse entre los siglos XII al X a.C. (como alentejana tardía o uno de los primeros ejemplares básicos). Pese a ello, es de destacar la enorme calidad de sus bajorrelieves y la forma absolutamente antropomorfa del pedestal; recordando a piezas coetáneas de Cerdeña y de la Italia central.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos Estelas, que a mi juicio, presentan rasgos de transición (o tardíos). Al lado, la de Santiago de Cacem, hallada junto al Cabo de Sines; en un dibujo que he trabajado con colores, desde un diseño inicial de Díaz-Guardamino (prof. a la que agradezco me permita divulgarlo de este modo). Presenta una espada sin vaina (que he coloreado en amarillo), lo que a mi entender es un síntoma de diferencia cultural. Pues las lápidas del Alentejo contienen ese arma en su vaina; tal como aparece al lado (coloreada en burdeos y verde). También contiene un pico o hacha (de guerra o minero) y un arco (coloreado en gris). Este último, es un elemento extraño entre las losas de El Alentejo, pero muy común en las del Suroeste. Asimismo, en la zona inferior, tiene espacio para una base; con el fin de ser hincada en el terreno. Todo lo que me lleva a aseverar que se trata de una pieza tardía y de transición (tallada entre los siglos XII a. X a.C.). Abajo, estela de Alfarrobeira; en un dibujo que he trabajado con colores, desde un diseño inicial de Díaz-Guardamino (prof. a la que agradezco me permita divulgarlo de este modo). En ella apenas vemos elementos figurados; por lo que se trata de un “ejemplar básico”. Tan solo se contiene una “hoz” quizás ancoriforme, colgada de un cordón; haciendo ver que el pedernal es antropomorfo (representando la figura del individuo al que perteneció ese objeto en forma de hoz). En su parte alta, parece vislumbrarse una cara (tal como sucede con las piezas de Cerdeña) y en la zona baja hay espacio suficiente para enterrarla y mantenerla en vertical. Todo lo que me lleva a afirmar que es una lápida de transición; entre las alentejanas y a las extremeñas (quizás, también tallada entre los siglos XII a. X a.C.) .
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: La Estela de San Martinho 3; tal como la muestra el Museo de Castelo Branco, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen. Al lado, el ejemplar en su exposición, con un foco que apenas deja fotografiar sus peculiaridades. Abajo, la misma pieza, donde he marcado los dibujos grabados. Al parecer, se trata de un antiguo pedernal megalítico o Calcolítico, reutilizado a fines de la Edad del Bronce y comienzos del Hierro. A mi juicio, representaría una mujer con falda o un hombre portando un gran cinturón; figurando el cuerpo humano como un “lingote Ox Hide” o “hacha doble”. Diseño antropomorfo en forma de bipenna, que hemos visto en numerosos casos, durante la Edad del Bronce y la del Hierro; especialmente en el arte geométrico ateniense; incluso en otra estela hallada junto a esta y catalogada como San Martinho 2. Cuanto expreso, me hace considerar el ejemplar San Martinho 3, como una obra de transición; grabada con nuevos signos, durante la Primera Edad del Hierro (o Bronce Final) para recuperar y reutilizar un monolito antiguo.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: La Estela de Valdefuentes, recientemente descubierta. Fue hallada en el 2023 y a mi entender tiene unos grabados muy similares a la anterior (San Martinho 3). Tratándose de un monolito, originariamente megalítico o calcolítico; posiblemente reutilizado durante la Edad del Hierro. Habiendo representado en ella, lo que personalmente interpreto como: Una mujer con falda y collar; o bien un hombre, luciendo un torques, correajes y cinturón. Al lado, la pieza tal como se halla expuesta en el ayuntamiento de Valdefuentes (Cáceres). Abajo, dibujos que deduzco, en el pedernal. A mi juicio, se trataría de un caso muy parecido a San Martinho 3; y por lo tanto, una estela de transición.
D-3) Estelas de transición y la llegada de la escritura a la Penísula Ibérica:
En este último epígrafe vamos a exponer una teoría propia, afirmando que el silabario del Suroeste entró en nuestras tierras entorno al siglo X a.C.; importado por los cretochipriotas. Hipótesis, que seguramente será desestimada por la crítica universitaria y por los especialistas más doctos en idioma ibérico: para quienes, esta tesis, quizá supone un absurdo protohistórico. Por todo ello, rogando perdón a los investigadores que se sientan contrariados ante nuestra idea; me atrevo a proponerla, al considerar que es el camino más sencillo para comprender la aparición del silabario ibérico en nuestras tierras. Pues, el primer problema que presentan los diferentes tipos de escrituras prerromanas peninsulares; es que -en su gran mayoría- descienden de caracteres creto-chipriotas. A excepción del alfabeto levantino; denominado también jonio-ibero o greco-ibérico, debido a que sus signos proceden de las letras helenos más arcáicas. Perteneciendo este signario de Levante, a una familia muy diferente de la que compone el tronco de los alfasilábicos, propiamente iberos. Un hecho, que a mi juicio, se debe a la colonización helena de la zona en que nació el alfabeto jónico-levantino (Valencia, Alicante y áreas cercanas). De tal manera, el resto de signarios autóctonos, con los que escribieron los habitantes peninsulares antes de la llegada de Roma; eran de origen chipro minóico. Existiendo también una excepción, que no es propiamente ibérica; pues se trata del uso del alefato fenicio (que sabemos fue tan solo utilizado en plazas colonizadas por los púnicos). Quienes no impusieron su lengua; pues -de lo contrario- podríamos leer los textos ibéricos desde ese idioma perdido (que se traduce a través del arameo). De tal modo, los fenicios se establecieron como una élite; dejando apenas unas decenas de estelas y epigramas en su alefato (cuyo contenido conocemos). En una lengua que no parece haber sido adoptada por los habitantes peninsulares; de un modo similar y tal como sucedió con el árabe (desde el siglo VIII al XV d.C.).
De tal manera, resulta un verdadero misterio, el origen de los signos que utilizaron los tartessios como forma de escritura. Pero es un mayor enigma, que ese signario, mantenido durante siglos por los túrdulos y turdetanos; se extendiera entre las numerosas tribus celtibéricas. Manteniéndose en uso en algunas zonas de Iberia, hasta la presencia de Roma; especialmente en el centro y el Norte peninsular. Pudiendo comprobarse como aún en el siglo I a.C., en el área Nororiental central y del Pirineo; escribían las cecas monetarias con esos caracteres de origen chipriota. Signos heredados de las Estelas del Suroeste, que permanecieron en uso al menos desde el siglo VIII a.C.; y que se extendieron por la Península, como un modo de escritura común (especialmente, entre los turdetanos y celtíberos). Perdurando ese alfasilábico de tipo cretochipriota, hasta la plena romanización; desapareciendo en etapa imperial, cuando se obligó acuñar las monedas con caracteres latinos. Todo lo que denota una historia y cultura común peninsular; enraizada con la Civilización Atlántica, el comercio de metales y el Bajo Bronce. Pareciendo obvio que tanto los celtíberos, como los túrdulos, los tartessios y otras tribus ibéricas; mantenían una unidad de escritura y lengua (al menos escrita). Lo que también significaría un tipo de sociedades similares, con religión y tradiciones comunes. Escribiendo del mismo modo que lo hicieron sus ancestros, cientos de años antes; en un signario que -a mi juicio- habría sido implantado en El Alentejo (a finales de la Edad del Bronce). Plasmando sus pactos, rezos, homenajes u ofrendas; utilizando caracteres y un sistema alfasilábico, de origen creto-chipriota; muy semejantes a los que vemos en las Estelas del Suroeste.
Por todo lo expuesto, creemos que la escritura llegó a la Península entorno al siglo X a.C.; a manos de los creto-chipriotas. A mi entender, importada como un tesoro traído por quienes en ese tiempo se vieron obligados a huir de sus tierras. Momento en que se destruyen Creta y Micenas; primero, por los Pueblos del Mar, y posteriormente tras las duras invasiones dorias. Estableciéndose muchos de los que escapaban de esa crisis del Hierro, en la isla de Chipre, que era un baluarte defendido por los púnicos. Aunque sabemos que otros viajaron a las proximidades de Fenicia; donde fueron protegidos por los habitantes de Tiro, Sidón y de Israel. Finalmente, hemos de suponer, que una parte tuvo que viajar hasta lugares tan lejanos como las costas del Sur de Portugal; donde llevarían su sistema alfasilábico. Signos que podemos leer en las estelas alentejanas de la Edad del Hierro; grabados en idioma autóctono, no en el de Chipre (donde también se escribía con estos caracteres alfasilábicos). Epigramas alentejanos, que considero el origen de la escritura en la Península Ibérica. De los que derivarían los diferentes tipos de signarios prerromanos peninsulares: Del Suroeste, del Nordeste y etc (excluyendo el greco levantino, ya citado; tanto como el alefato púnico). Una hipótesis que resolvería el misterioso origen de la escritura ibérica, aunque no soluciona el enigma de su expansión, mantenimiento y traslado a muchas de las tribus ibéricas nororientales. Pero que podría ser un comienzo para comprender el origen del idioma ibérico; cuyas raíces quizás habríamos de situarlas en tierras del Atlántico Sur y no tanto en las vascas. Ya que el vasco iberismo apenas ha dado frutos; en más de quinientos años de existencia y tras doscientos de confirmación como teoría (desde que Humboldt la popularizó).
Para finalizar, añadiremos que las lápidas de la Edad del Hierro alentejanas, están grabadas con signos alfasilábicos del Suroeste. Habiéndose hallado tan solo una, con representación figurativa. Nos referimos a la Estela de abobada (consultar imágenes) donde vemos un extraño y esquemático guerrero, que iría vestido con coraza y parece portar dos espadas y un arco (en sus manos). El estilo de su dibujo, es muy distinto al grabado en el resto de las Estelas del Suroeste; siendo tan solo comparable a los de Las Capellanías (Cañaveral de León). No por su forma, sino por su sencillez y trazado a modo naif. Todo lo que me hace pensar que la referida Estela de Abobada, puede ser una antecesora de las Decoradas; por cuanto deberíamos situarla más cerca del siglo X, que del VIII a.C. (tal como se fecha). Asimismo, este ejemplar con signos y un personaje, pudo ser una losa para ser hincada (en vertical) al contener espacio suficiente en su base; pero también presenta unas características demasiado cercanas a las tapas de sepulcro. Por lo que me inclino a pensar que sería una lápida; que se mantenía levantada, en el lugar del enterramiento. Aunque la aparición de dos vanos en su zona superior, nos hablan de cazoletas para sacrificio (o libación); lo que supondría su inicial posición horizontal (tumbada, quizá sobre un sepulcro). Pudiendo también tratarse de la reutilización de un pedernal antiguo; ya que las cazoletas no se corresponden con el dibujo, sin encajar en la escena grabada. Es decir, todo hace pensar que esta Estela de Abobada, se esculpió desbrozando un viejo altar (megalítico o calcólitico); tallando en ella la efigie de un guerrero y unos epigramas (cuyo significado aún no hemos podido descubrir). Por cuanto no sería extraño pensar que el resto de estelas alentejanas de la Edad del Hierro; que presentan signos del mismo tipo. Fueron también utilizados como tapas de sepulcros y sus textos referirían a un difunto. Idea que nos viene a la mente, cuando las observamos en su conjunto (ver fotografías a continuación).
SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Imágenes tomadas en el Museo Provincial y Arqueológico de Beja, al que agradecemos nos permita divulgarlas. Sala de las Estelas de la Edad de Hierro. Arriba, losa de Abobada, con un personaje e inscripción en caracteres del Suroeste. Al lado, mi mujer tomando fotos de esta pieza, para comprender su escala y tamaño. Abajo, estela inscrita, Mealva Nova 1 (Ourique).
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Imágenes tomadas en el Museo Provincial y Arqueológico de Beja, al que agradecemos nos permita divulgarlas. Sala de las Estelas de la Edad de Hierro. Al lado, dibujos con las inscripciones de estas piezas. Abajo, pieza inscrita y muy deteriorada, Mealha Nova 3 (Ourique).
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Imágenes tomadas en el Museo Provincial y Arqueológico de Beja, al que agradecemos nos permita divulgarlas. Sala de las Estelas de la Edad de Hierro. Al lado, estelas inscritas de Heredade do Prego 1 y 2 de Oubrique (en la parte superior); en la zona inferior; pequeña losa numerada como segunda. Abajo, estela inscrita y fragmentada; hallada en Corte do Freixo (Almodovar).
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Imágenes tomadas en el Museo Provincial y Arqueológico de Beja, al que agradecemos nos permita divulgarlas. Sala de las Estelas de la Edad de Hierro. Al lado y abajo, estela inscrita de Heredade do Basto.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Imágenes tomadas en el Museo Provincial y Arqueológico de Beja, al que agradecemos nos permita divulgarlas. Sala de las Estelas de la Edad de Hierro; con los ejemplares de Mealha Nova (Ourique). Al lado, losa de Mealha Nova 2. Abajo, de nuevo la pieza catalogada como Mealha Nova 1.
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Como hemos dicho; para finalizar, recogemos los cuadros sobre signos de los alfasilábicos ibéricos, que publiqué en mi blog SOBRE LOS TEXTOS IBÉRICOS -ver cita (15) -. Mostrando como la colonización del Atlántico trajo el sistema de escritura creto-chipriota (que da origen a los signos de Tartessos y a los ibéricos). Mientras tras la llegada de los griegos a tierras del Levante español, surge un alfabeto de tipo greco arcaico que fue usado solo en esa zona (especialmente en Valencia y Alicante). Al lado y abajo: Alfasilabarios más comunes en la Península Ibérica, según dibujo de Mario Gómez-Morán. Distingue este autor (que termina sus investigaciones hacia el año 2000) entre Turdetano o del Sur y Celtibérico o del Norte. Pese a que actualmente se diferencian más claramente y al menos en cuatro tipos: Tartessio (o del Suroeste), Meridional (o Turdetano del Sur), Nororiental (o bien Levantino y del Este) y Celtíbero (o del Nordeste). Dentro de ello, hay nuevas distinciones más precisas, nacidas de los últimos estudios, pero en este nos vamos a centrar en las cuatro antes referidas.
BAJO ESTAS LINEAS: esquema comparativo pintado por mí, conteniendo las letras de los alfabetos fenicios de AHIRAM siglo XIII a.C.; MESA del siglo IX a.C.; ECHMUNAZAR del siglo VIII a.C.. Tras estos el GRIEGO ARCAICO del siglo VII a.C. y el GRECO IBÉRICO del VI al V a.C.. Después, las letras de los alfasilabarios: IBÉRICO ORIENTAL e IBÉRICO MERIDIONAL (de los siglos V al IV a.C.). Finalmente los greco-egeos de: CRETA (siglo VIII a.C.), TERA (siglo VIII a.C.), NAXOS (siglo VII a.C.),CÓRCIRA (siglo VII a.C.) y BEOCIA (siglo VIII a.C.). Nos será fácil con este plano, comprobar que el origen de los alfabetos griegos son los fenicios, tanto como de los ibéricos son los egeos (muy infuenciados por los de Fenicia).
ABAJO: Cuadro comparativo pintado también por nuestra mano, con las letras que contienen los alfabetos ibéricos (excluyendo las sílabas); las del greco-ibérico y otros de su época. De arriba abajo: Griego Clásico en mayúsculas; Jonio; Griego arcaico del Ática; Fenicio de Mesha, siglo IX a.C.; Ibérico Meridional e ibérico Oriental; Cretense de tipo griego, siglo VIII a.C.; de Tera (junto a Creta), siglo VIII a.C.; Tartessio. Observemos detenidamente el parecido con las letras, llegando pronto a la conclusión de que el origen de los signos no silábicos ibéricos está en el de Tera, Creta, Jonio y Mesha (incluso del greco-ibérico).
ABAJO: Cuadro Primero de silábicos comparados. Contiene los sonidos BA, BE, BI, BO, BU ; tanto como algunos de TA y TE. Analizados en los silabarios de: IBERICO MERIDIONAL, IBERICO NORORIENTAL, IBERICO TARTESSIO, CHIPROMINOICO, LINEAL A (pictográfico), MINOICO (tal como lo consideraba Gómez-Moreno), SILABARIO CHIPRIOTA, LINEAL A y B (silábico de Creta), LUWITA (hitita del 1400 al 700 a.C.), HITITA, CRETO EGEO (según Gómez-Moreno), CELTIBÉRICO. Aclaramos, que recogemos dos formas que Manuel Gómez-Moreno trabajó , aunque no estaban realmente aún resueltas en su tiempo (hacia 1920). Ellas son las que denominamos MINOICO y CRETO EGEO, tal como este maestro las clasificó. El valor que tienen es puramente testimonial, careciendo de otra función más que la de poder comprender cómo desde 1922 Don Manuel Gómez-Moreno fue descubriendo el significado de los caracteres ibéricos en función de los que supuso tenían aquellos a los que llamaba "minoico-egipciante" y “creto-egeo".
BAJO ESTAS LÍNEAS: Siguiente cuadro comparativo que contiene desde la TI (1) a la KI (2). Analizados en los silabarios: IBERICO MERIDIONAL, IBERICO NORORIENTAL, IBERICO TARTESSIO, CHIPROMINOICO, LINEAL A (pictográfico), MINOICO (tal como lo consideraba Gómez-Moreno), SILABARIO CHIPRIOTA, LINEAL A y B (silábico de Creta), LUWITA (hitita del 1400 al 700 a.C.), HITITA, CRETO EGEO (según Gómez-Moreno), CELTIBÉRICO.
ABAJO: Tercer cuadro comparativo. Esta vez con los signos silábicos finales (ko, ku) y las vocales. Hemos incluido las vocales de nuevo, pese a que sean letras; hay que los silábicos contienen sus vocales particulares. De nuevo seguimos el órden ante dicho: IBERICO MERIDIONAL, IBERICO NORORIENTAL, IBERICO TARTESSIO, CHIPROMINOICO, LINEAL A (pictográfico), MINOICO (tal como lo consideraba Gómez-Moreno), SILABARIO CHIPRIOTA, LINEAL A y B (silábico de Creta), LUWITA (hitita del 1400 al 700 a.C.), HITITA, CRETO EGEO (según Gómez-Moreno), CELTIBÉRICO.
ABAJO: Las letras del alfabeto greco-ibérico, también denominado jonio-ibérico; aunque -como ya vimos- una gran cantidad de caracteres son de origen cretense (A, L, N, O, R, RR, S, SH, T) Mientras solo son puramente jonios los que corresponden a los signos griegos: (B, G, D, E, I, K). Es decir, de los dieciséis caracteres que contiene; diez proceden de Creta y el resto del alfabeto arcaico jónico.
Estas son las citas del artículo.
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CITAS:
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(1): Acerca de las cronologías nos dice Marta Díaz-Guardamino y Uribe en “Estelas decoradas del Bronce Final en la Península Ibérica: datos para su articulación cronológica" https://www.researchgate.net/publication/281148062 Javier Jiménez Dávila ANEJOS DE AESPA LXII
SIDEREUM ANA II El río Guadiana en el Bronce Final // Mérida 2012
SIC:
(1a): El grueso de las estelas atribuidas total o parcialmente en su desarrollo al Bronce Final son las estelas del suroeste (SW), también denominadas estelas de guerrero o estelas extremeñas. Como ha sintetizado A. Mederos recientemente, por un lado hay investigadores que sitúan su desarrollo en el Bronce Final, Bronce Final II y III o Bronce Final I-III y Hierro Inicial, mientras un nutrido grupo de autores las sitúan a lo largo del Bronce Final III y Hierro I/Orientalizante (…) Estas estelas con tocado, entre las que hay que destacar ejemplares como el de Capilla 1 o Torrejón el Rubio 2, presentan una iconografía similar a la que encontramos en estelas que reproducen un antropomorfo con tocado
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(1b): Según se desprende de los datos analizados por M. Torres, entre ca. 1200-1100 AC parecen decaer los contactos con el Mediterráneo pero a partir de ca. 1100 AC se intensifican de nuevo a través de relaciones probablemente directas con navegantes de origen chipriota, relaciones que se desarrollaran hasta ca. 900 AC. Como testimonio de estos contactos es interpretado el cuenco de Berzocana,
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(1c): Torres también sitúa en esta fase, entre ca. 1100-900 AC, el conocimiento de las liras y carros incluidos en las estelas del SW. Para ello señala la presencia de aedos en Grecia y Chipre durante los s. XII-XI AC, como evidencia la iconografía cerámica de dichas zonas, mostrando la existencia de aedos relacionados con el surgimiento de aristocracias heroicas tras el colapso de los palacios chipriotas y micénicos.
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la estela de Ategua (Córdoba). La posible secuencia de introducción de estas tres estelas, si es que provienen del mismo sitio, es difícil de discernir pero hay algunos datos. La lira y el carro de la estela 1 sugieren una cronología situada a partir de ca. 1200/1100 AC, o más tardía si consideramos la posible fíbula de puente curvo (vide infra Capítulo 7.4). Por otro lado se ha sugerido que la estela de Ategua reproduce una escena de prothesis similar a las que se encuentran en vasos funerarios del Geométrico griego que pueden ser situados a mediados del s. VIII AC (Bendala, 1977: 193).
Pag 267
Por otra parte, la presencia de espejos, carros, peines y liras está relacionada con un contexto de incipiente interacción con el mundo mediterráneo en un momento precolonial (vide infra). La cronología de las estelas de formato Básico (B) y de las de formato Básico con objetos adicionales (B+O)3 será abordada en un apartado posterior pero podemos adelantar que mientras la versión B+O pudo desarrollarse a partir de ca. 1200/1050 AC, es posible que el formato B iniciara su camino en un momento ligeramente anterior, a partir de ca. 1400/1250 AC. El desarrollo cronológico de ambas versiones pudo ser en gran parte paralelo (videinfra).
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(1d): espejos, peines, pinzas, navajas de afeitar, cuernos (interpretados como cascos de cuernos), carros, instrumentos musicales (especialmente liras), perros o series de puntos (interpretados como posibles ponderales). Aunque para muchos de estos motivos no se conocen, de momento, referentes materiales en la Península Ibérica, es posible en la actualidad relacionar su conocimiento en la Península con los -cada vez mejor conocidos- contactos que mantuvieron las poblaciones indígenas con variados agentes mediterráneos en un período precolonial. La mayoría de estos objetos pudieron ser conocidos en la Península a partir de ca. 1200/1100 AC (Almagro-Gorbea, 1998; Torres, 2008ª y b), aunque existe la posibilidad de que algunos de ellos, como las liras, fueran conocidos a partir de ca. 1400/1300 AC (Mederos, 1996b), posibilidad que también se contempla para las hachas de enmangue directo como las representadas en algunas estelas alentejanas (Torres, 2008a: 79-81; vide supra Capítulo 7.3).
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Como hemos mencionado, un aspecto muy significativo de las estelas del Suroeste es que muchas de ellas incluyen la representación de objetos relacionados con el mundo y las modas mediterráneos, como las fíbulas(aunque los tipos más representados –de codo- son de génesis peninsular), espejos, peines, pinzas, navajas de afeitar, cuernos (interpretados como cascos de cuernos), carros, instrumentos musicales (especialmente liras), perros o series de puntos (interpretados como posibles ponderales). Aunque para muchos de estos motivos no se conocen, de momento, referentes materiales en la Península Ibérica, es posible en la actualidad relacionar su conocimiento en la Península con los -cada vez mejor conocidos- contactos que mantuvieron las poblaciones indígenas con variados agentes mediterráneos en un período precolonial. La mayoría de estos objetos pudieron ser conocidos en la Península a partir de ca. 1200/1100 AC
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Buoux 1(…) los motivos representados en esta estela se ajustan bastante bien a esta cronología, ya que tanto espejos como peines han sido documentados en contextos del s. X AC, mientras la propuesta de Torres sitúa el conocimientos de las liras en la Península durante los s. XI y X AC, englobado en el vector de interacción chipriota
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Sao Martinho (…)el castro se han documentado restos del Bronce Final y Hierro Inicial (vide supra), por lo que las estelas se pueden relacionar con este amplio lapso temporal que podría discurrir entre ca. 1200/1150- 700 AC. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en la estela de S. Martinho 2 se representa una fíbula de codo, lo que nos remitiría más concretamente a un momento situado a partir de ca. 1050 AC (vide supra).
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(1e): es muy posible que hubiera elementos como los carros, las liras o los espejos, que llegaran a ser conocidos en la Península a partir de ca. 1325/1300 AC, como propone Mederos para los dos primeros. No obstante, como propone Torres, también es posible que su conocimiento en la Península estuviera relacionado con el desarrollo del vector Chipriota a partir de 1200/1100 AC.
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Tampoco han sido documentados en la Península restos relacionados con las liras. Éstas están representadas con seguridad en cinco ejemplares, uno de ellos de formato B+O (Luna). En estelas del formato A, además de las representaciones de Cortijo de la Reina 1, Capote, Zarza Capilla 1 y Quinterías/Herrera del Duque, tenemos la posible de Zarza Capilla 3, en la que quizá el hecho de que la lira esté representada sin cuerdas se deba al esquematismo general de los grabados de esta estela.
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(1f): La aproximación a la cronología de las estelas a través de los elementos considerados “de prestigio”que completan la panoplia básica es muy difícil porque en la Península existen pocos referentes materiales. Cuando estos referentes disponen de dataciones, éstas sitúan su presencia en la Península a partir de ca. 1200 AC (tranchets, ponderales), ca. 1100 AC (tranchets,pinzas), ca. 1050 AC (fíbulas de codo tipo Huelva y cascos cónicos, ¿carros?) y a carros?) y a partir de ca. 1000 AC (peine, en las Baleares espejo).
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Otros elementos adicionales que, como los peines, disponen de referentes materiales en la Península son los tranchets, los ponderales, las pinzas y las fíbulas. Los tres primeros están escasamente representados en las estelas y en el registro arqueológico peninsular (vide supra). Un objeto presente en la estela de Capilla III (Badajoz) ha sido interpretado como una navaja de afeitar (Enríquez y Celestino, 1984: 238; Celestino,2001a: 375). Otros autores la han relacionado con tranchets (vide supra), cuchillos de talabardero usados para cortar cueros o materiales flexibles similares (Vilaça, 1995a: 339). (…)
Los elementos que se relacionan con este tipo de contactos son diversos y entre ellos destacan como posibles importaciones los prototipos de hachas de apéndices (vide supra), los objetos de hierro, los ponderales, una pátera de bronce, los incensarios/soportes con ruedas de tipo chipriota, los peines de marfil -aunque el de Lebrija, en hueso, parece ser una producción local(Torres, 2002: 250)- o la cerámica chipriota, mientras piezas como los vasos de bronce de Baioes, las pinzas, las fíbulas ad occhio o los tranchets podrían ser manufacturas locales que imitan modelos foráneos (Almagro-Gorbea, 1993a; 1996b; 1998; Vilaça, 1995a; 2006; Torres, 2008a: 81-84; Mederos, 2008b; Armada, 2006/2007).
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También hay un vacío en la Beira Interior que tras los trabajos y publicaciones de Vilaça (p.e. Vilaça, 1995) se ha llenado de contenido por el hallazgo en diversos asentamientos de esta región de elementos de este tipo (objetos de hierro, tranchets, ponderales, pinzas, fíbulas ad occhio). También trabajos recientes en la cuenca extremeña del Tajo han documentado la presencia de ponderales, tranchets y objetos de hierro de posible cronología precolonial (Martín y Galán, 1998: 310; Martín, 1999: 54, 56;Barroso y González, 2007).
Pag 400
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(2): Asimismo, Díaz-Guardamino escribe en su tesis LAS ESTELAS DECORADAS EN LA PREHISTORIA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA. Marta Díaz-Guardamino Uribe Tesis dirigida por Martín Almargro-Gorbea Madrid 2010 Univ. Complutense
SIC
Hasta
hace poco han predominado las propuestas de cronologías bajas que
relacionaban la representación de carros o liras en las estelas con
la presencia fenicia en la Península (Celestino, 2001a: 178-181;
211-232). Por otro lado, la propuesta que sitúa su presencia en las
estelas en un período precolonial es defendida por Almagro-Gorbea
(1998) y Galán (1993b).
(…)
Torres también sitúa en esta fase entre ca. 1100-900 AC el conocimiento de las liras y carros incluidos en las estelas del SW (ver fig. 210). Para ello señala la presencia de aedos en Grecia y Chipre durante los s. XII-XI AC, como evidencia la iconografía cerámica de dichas zonas, mostrando la existencia de aedos relacionados con el surgimiento de aristocracias heroicas tras el colapso de los palacios chipriotas y micénicos (Torres, 2008a: 83).
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Las liras y los carros representados en las estelas han sido analizados por A. Mederos en sendos trabajos en los que propone cronologías sensiblemente más altas para su presencia en la península (Mederos, 1996b; 2008a). Respecto a las liras este autor analiza las analogías formales que existen entre la representaciones de liras de la estela de Luna y las que están pintadas en el sarcófago de Hagia Triada -problemática por su reciente restauración/reconstrucción- y en el pyxis de Kalamión, ambos en Creta y datados en el Minoico Final IIIA-IIIB (ca. 1400-1190 AC) (Mederos, 1996b).
Si es cierto que la lira de Luna representa el mismo tipo de lira que el representado en el pyxis de Kalamión, habría que situar la posible presencia de liras en la Península a partir del Bronce Final IIA según ese autor(a partir de ca. 1325/1300 AC), es decir, unos 200 años antes que la propuesta de Torres (vide supra).
Pags 353/354
Buoux 1(…) los motivos representados en esta estela se ajustan bastante bien a esta cronología, ya que tanto espejos como peines han sido documentados en contextos del s. X AC, mientras la propuesta de Torres sitúa el conocimientos de las liras en la Península durante los s. XI y X AC, englobado en el vector de interacción chipriota
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Sao Martinho (…)el castro se han documentado restos del Bronce Final y Hierro Inicial (vide supra), por lo que las estelas se pueden relacionar con este amplio lapso temporal que podría discurrir entre ca. 1200/1150- 700 AC. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en la estela de S. Martinho 2 se representa una fíbula de codo, lo que nos remitiría más concretamente a un momento situado a partir de ca. 1050 AC (vide supra).
Pag 356
es muy posible que hubiera elementos como los carros, las liras o los espejos, que llegaran a ser conocidos en la Península a partir de ca. 1325/1300 AC, como propone Mederos para los dos primeros. No obstante, como propone Torres, también es posible que su conocimiento en la Península estuviera relacionado con el desarrollo del vector Chipriota a partir de 1200/1100 AC.
Pag 360
Tampoco han sido documentados en la Península restos relacionados con las liras. Éstas están representadas con seguridad en cinco ejemplares, uno de ellos de formato B+O (Luna). En estelas del formato A, además de las representaciones de Cortijo de la Reina 1, Capote, Zarza Capilla 1 y Quinterías/Herrera del Duque, tenemos la posible de Zarza Capilla 3, en la que quizá el hecho de que la lira esté representada sin cuerdas se deba al esquematismo general de los grabados de esta estela.
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(3): Sobre el mismo tema, explica Mariano Torres Ortiz en LOS "TIEMPOS" DE LA PRECOLONIZACIÓN (Contacto cultural entre el Mediterráneo y el Atlántico (siglos XII-VIII ane) La precolonización a debate /// CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS /// Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma
S. Celestino, N. Rafel y X.-L. Armada (editores)
SIC:
(3a): 5.1. FASE I: EL PRÓLOGO MICÉNICO (CIRCA 1400-1200/1100 A.C.)
Tras el inicio de los contactos micénicos con el Mediterráneo central en los siglos XVII-XV a.C., concretamente con el sur de la Península Itálica y Sicilia (Mederos 1999b: 230-235; Marazzi 2003: 110-113), en el siglo XIV a.C. se va a producir lo que Marazzi (2003: 113) denomina «el salto hacia el Far West», alcanzando el comercio micénico Cerdeña y la Península Ibérica.
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(3b): 5.2. FASE II: EL INTERMEDIO CHIPRIOTA (CIRCA 1200-925/900 A.C.)
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Poco después habría que situar también el conocido cuenco de Berzocana (figura 2), hallado en dicha localidad extremeña asociado a dos torques de oro macizo propios de la orfebrería de tipo Sagrajas-Berzocana (Callejo y Blanco 1960), que ha sido comparado adecuadamente por Mederos (1996a: 104-107) con producciones chipriotas y orientales de los siglo XIII-X a.C.
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las representaciones de las liras en las estelas de guerrero también cabría situarlas en este momento, ya que se ha propuesto la existencia de aedos en los siglos XII-XI a.C. en Grecia y Chipre, como evidencian diferentes cerámicas con decoración pictórica del Heládico Tardío IIIC medio (LH IIIC Middle) y del Chipriota Geométrico I (CG I), siendo uno más de los elementos propios de las aristocracias heroicas surgidas en esta zona tras la destrucción de los palacios micénicos y chipriotas (Deger-Jalkotzy 1994: 18 fig. 4, 20-21), lo que evidenciaría también la existencia de aedos en las sociedades del Bronce Final del Occidente de la Península Ibérica y su introducción asociada a los contactos precoloniales entre ésta y las costas orientales del Mediterráneo (Almagro-Gorbea 1992: 649; 1998: 89-90; 2005: 41-44).
Este horizonte de comercio chipriota en los momentos finales del siglo XI y a lo largo del X a.C. ha sido también documentado en Cerdeña, donde Crielaard (1998: 192) otorga dicha cronología a algunas piezas fechadas con anterioridad por otros investigadores en el siglo XII a.C.,
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(3c): 5.3. FASE III: EL DESENLACE FENICIO (CIRCA 925/900-825 A.C.)
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se observa como la precolonización es un proceso mucho más articulado y con una duración más extensa de lo que tradicionalmente se había considerado, abarcando un período de al menos medio milenio (circa 1350-850 a.C.), todo ello sin descartar la existencia de contactos más antiguos con el Mediterráneo Oriental (…) En su conjunto, se pueden distinguir tres fases, relacionadas con micénicos, chipriotas y fenicios respectivamente, que se van sucediendo con distintos altibajos en la intensidad de las relaciones, aunque siempre observándose una tendencia in crescendo en las mismas, y no teniendo necesariamente una continuidad estructural entre ellas
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El inicio de este proceso cae situarlo en el siglo XIV a.C., como evidencia la fecha de la Cuesta del Negro de Purullena, continuando a fines de dicha centuria y a lo largo del siglo XIII a.C. según demuestran las cerámicas halladas en el Llanete de los Moros de Montoro, en principio con un evidente componente micénico pero ya también con presencia del chipriota. Esta fase llegaría a su fin con la crisis del 1200, dando paso sin solución de continuidad a la siguiente tras un siglo de declive en los contactos comerciales mediterráneos.
Una segunda fase de contactos, la relacionada al componente chipriota, es principalmente coetánea de las culturas del Bronce Final del sur, primordialmente el sudoeste, y de la fachada atlántica de la Península Ibérica, que cerámicamente se define a partir de las cerámicas con decoración bruñida, ya sea interna o externa, y que tendría su inicio en el siglo XI a.C. (…) presencia de las espadas de legua de carpa en los depósitos de Santa Marinella y Contigliano-Piediluco (vid. Supra § 4).
En términos metalúrgicos esta fase sería coetánea al horizonte Ría de Huelva, estando la presencia de elementos de importación se vincula principalmente a elementos metálicos asociados a las elites sociales ejemplificados en el vaso de Berzocana (…) observándose también las primeras importaciones de objetos de hierro, principalmente cuchillos.
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La tercera y última fase tendría ya un matiz marcadamente fenicio, como evidencia el conjunto cerámico recientemente hallado en Huelva, la tipología del cual se sitúa preferentemente en la Edad del Hierro II A levantina, cuyo inicio habría que fijar a fines del siglo X a.C.
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(4): Sobre la cronología y los escudos, nos dice Sebastián Celestino Pérez en (LA PRECOLONIZACIÓN A TRAVÉS DE LOS SÍMBOLOS en Contacto cultural entre el Mediterráneo y el Atlántico (siglos XII-VIII ane) La precolonización a debate CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma S. Celestino, N. Rafel y X.-L. Armada)
SIC
(4a): el objeto más relevante de los grabados en las estelas, aunque paulatinamente pierda su importancia simbólica y decorativa, es el escudo con escotadura en «V», que aunque no se ha podido documentar en la península, sí hay una numerosa presencia de ellos, tanto en bronce como en madera y cuero, en otras partes de Europa. El tamaño en el que fue grabado, el detalle con que se dibujó algunos de los ejemplares y su protagonismo escénico, lo ha convertido en el eje de los estudios sobre las estelas, al menos de las más antiguas (Celestino 2001a con bibliografía). En aquél trabajo defendía el autoctonismo del escudo frente a los que proponían un origen más acorde con el resto de los objetos grabados, y la procedencia mediterránea, concretamente griega o chipriota, recabó muchos más adeptos.
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(4b): se han realizado nuevas dataciones en escudos hallados en las islas británicas que con aplicaciones radiocarbónicas más sofisticadas y ponderadas han arrojado fechas del 940±110 (Needham 1996; 1999), lo que eleva considerablemente la fechas antes admitidas, invalidando de paso el origen griego de los escudos, pero no solucionando la mayor antigüedad de los mismos con respecto a los de la península ibérica. Esta fecha es muy significativa para poder ubicar las estelas básicas donde se representan ambos elementos, y que por lo tanto, es previa a la aparición de la figura del guerrero y de algunos de los objetos que a partir de ahora le acompañan, caso de los cascos de cuernos (Celestino y López-Ruíz 2006)
Pag 115
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(5): Asimismo, de Celestino Pérez y Salgado Carmona, escriben en (Nuevas metodologías para la distribución espacial de las estelas del Oeste peninsular Sebastián Celestino Pérez, José Ángel Salgado Carmona Estelas e Estátuas-menires: da Pré à Proto-história 417 – 448 Actas das IV Jornadas Raianas (Sabugal, 2009-2011)
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SIC
(5a): Así, una fecha en torno al siglo X a.n.e. podría ser la más idónea para situar el origen de las primeras estelas de composición básica en el centro de Portugal y el norte de la provincia de Cáceres.
Pag. 433
(5b): Si analizamos las espadas y las lanzas que aparecen grabadas en las estelas básicas, veremos la enorme dificultad con la que nos encontramos a la hora de concederles un tipo concreto (…) Este hecho nos vuelve a remitir al siglo X para fijar el origen de las estelas básicas. Las espadas de tipo atlántico, cuya dispersión se puede rastrear por toda la fachada atlántica y el centro del Mediterráneo (Coffyn 1985; Meijide 1988), pervivieron en época tartésica, por lo que es lógica su presencia en las estelas más complejas del Guadalquivir hasta el final de su existencia.
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(5c): en función de los aspectos anteriormente desgranados, creemos que el fenómeno de las estelas pudo surgir en torno al siglo X a.n.e., manteniéndose en su estructura básica hasta al menos el siglo VIII. Con la colonización mediterránea se alteró la composición de las estelas, introduciéndose la figura del guerrero y otros elementos de adorno que las caracterizan; este momento se puede datar entre los momentos finales del siglo VIII y mediados del VII a.n.e. Y, por último, cuando la figura humana se convierte en la protagonista absoluta de las estelas y se comienzan a grabar escenas de cierta complejidad social, se pueden datar entre mediados del siglo VII y el VI a.n.e., momento que coincidiría con la aparición de las estelas con inscripción y el fin del fenómeno orientalizante.
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(6): Sobre las diferentes escuelas o tendencias para su Datación nos dice Tufiño Cruz en (LAS ESTELAS DECORADAS DEL SUROESTE DE LA PENÍNSULA IBÉRICA: ESTADO DE LA CUESTIÓN Y NUEVAS PERSPECTIVAS DE INVESTIGACIÓN /// Universidad de Valladolid // Luis Enrique Tufiño Cruz // Curso: 2021-2022
SIC
databan el inicio de este fenómeno en torno al siglo X a. C. (Curado, 1984) o el siglo VIII a. C. (Almagro Basch, 1966), coincidiendo con las invasiones celtas. Coffyn (1985) y Barceló (1989), que sostenían su origen atlántico, las sitúan entre los siglos IX y VIII a. C. Para Blázquez (1986) y Bendala (1977), que planteaban un origen fenicio y egeo, las enmarcaban dentro de las colonizaciones mediterráneas, a partir del siglo VIII hasta el siglo VII a. C. En cambio, los defensores de la teoría ecléctica planteaban una cronología más amplia, que iba desde el siglo XI a. C. hasta finales del siglo VII a. C. (Celestino, 1990: 46-47).
pag 32
En cambio, los estudios más actuales (Díaz-Guardamino, 2012: 390; Celestino et al., 2021: 73) sitúan el fenómeno de las estelas decoradas como una manifestación del Bronce peninsular, de la que se rastrea una fuerte tradición megalítica que se expresa a través de la utilización de las losas alentejanas en túmulos y necrópolis en el siglo XI a. C. (Bendala, 1977: 181) y posteriormente, como consecuencia de la colonización mediterránea, las estelas de guerrero. De manera que las estelas del Suroeste se desarrollarían a lo largo del Bronce Final III hasta la Edad de Hierro I o desde finales del siglo X a. C. hasta mediados del siglo VII a. C.4 En otras palabras, podemos decir que las investigaciones actuales suponen una actualización de las teorías eclécticas, ya que ajustan las dataciones gracias a nuevas piezas y contextos publicados, pero siguen teniendo en cuenta la influencia de diversos ámbitos culturales en la concepción de estos elementos.
Pag 33
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(7): SOCIEDAD Y MUNDO FUNERARIO EN TARTESSOS // MARIANO TORRES ORTIZ REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA MADRID- 1999
SIC
(7a): SIC pags 51 y ss.
"2. EL SUR DE PORTUGAL: NECRÓPOLIS DE CISTAS Y LOSAS ALENTEJANAS
-Uno de los elementos que ha servido para definir las prácticas funerarias de las poblaciones del sudoeste peninsular han sido las denominadas losas alentejanas o estelas de tipo I en la tipología de Almagro Basch. Su carácter figurativo y monumental ha provocado un constante interés por parte de diversos investigadores, aunque su cronología y enmarque cultural ha sido objetos de interpretaciones discordantes (pag 51)
-El primer trabajo de síntesis que se ocupó de estos objetos fue la monografía que Almagro Basch dedicó a las estelas decoradas del sudoeste peninsular. Este autor propuso una cronología entre los años 1000 y 800 a.C. (1966: 204-208) a partir de ciertos elementos representados en las mismas como escoplos, cinceles, gubias y hachas de enmangue directo, considerando perduraciones la presencia de ciertos elementos más antiguos como espadas, alabardas e ídolos ancoriformes. (pag 51)
-Schubart (1971: 157), que en su síntesis sobre las culturas de la Edad del Bronce en el Sudoeste peninsular también propone una cronología de Bronce Final para estas losas, concretamente entre 1100 y 800/700 a.C., destacando la presencia de cuentas de vidrio, a las que relaciona con el comercio fenicio, y vasos de tipo Odivelas en los ajuares de las cistas de su Bronce del Sudoeste II, para justificar esta cronología tan tardía. (51)
-Es, sin embargo, Almagro-Gorbea (1977: 186-187) el que comienza a barajar una fecha de inicio para las losas alentejanas en un momento indeterminado del segundo milenio, pero señala que no se puede fijar hasta cuándo pudieron perdurar los objetos representados en las mismas: espadas de tipología argárica, alabardas, etc; en el sur de Portugal. No obstante, aboga por una fecha final para las mismas en un momento indeterminado del siglo X debido a que son claramente anteriores a las extremeñas, que este investigador fechaba por aquel entonces a partir del siglo IX a.C”. (pag 51)
(7b): SIC pags 52 y ss.
-M. E. Aubet y Serna (1981). Estas investigadoras creen insostenible la perduración de las losas alentejanas hasta el Bronce -Final por la tipología de los objetos representados en las mismas: alabardas, espadas de tipología argárica, etc; que pueden ser más bien relacionables con horizontes culturales del Bronce Antiguo y Medio. (pag 52)
-También Ruiz-Gálvez (1984a: 331-332; 1984b: 518520) propone fechar las losas alentejanas dentro del Bronce Pleno y antes del Bronce Final, ya que la tipología de las espadas, relacionables con el mundo argárico, así lo exige. Señala igualmente esta investigadora con toda lógica la inviabilidad de que estas armas se representen en el sudoeste no cuando están en pleno uso en la cultura argárica, sino cuando ésta ya ha desaparecido. (pag 52)
-El análisis detallado y ecuánime de las losas alentejanas nos demuestra un inicio de la mismas en el Bronce Pleno, en algún momento indeterminado del segundo milenio, tal y como ya señaló en primer lugar Almagro Gorbea (1977: 186-187). La fecha que marca el final de su uso cabría colocarla en torno al 1100 a.C. a partir de dos hechos. En primer lugar, la representación en las mismas de hachas de enmangue directo (Assento) que Almagro-Gorbea (1989: 282) pone en relación con los contactos mediterráneos que se producen con los movimientos de los denominados Pueblos del Mar en los siglos XIII-XII a.C. En segundo lugar, por la inexistencia de espadas pistiliformes representadas en las losas, clasificadas tipológicamente en el Bronce Final II de Coffyn y para el que Ruiz-Gálvez (1984b: 518520; 1995a: 82) propone un inicio circa 1100 A.C. enfechas calibradas de radiocarbono.(pag 53)
-Por todo ello, creo que las losas alentejanas no se encuadran dentro del ámbito cronológico en el que se enmarca este trabajo, aunque era necesario su análisis a causa de la tradición historiográfica que fecha estos monumentos en el Bronce Final. Sin embargo, la organización del espacio funerario que presentan necrópolis de la Edad del Bronce como Atalaia (Schubart 1965: figs. 23-25) es completamente coincidente con el de otros cementerios perfectamente datados en la Edad del Hierro (pag 53)
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(8): MUNDO FUNERARIO PRETARTESSIO (siguiendo a Torres Ortiz)
Para llegar al capítulo pulsar: https://loinvisibleenelarte.blogspot.com/2019/07/mundo-funerario-pretartessio-siguiendo.html
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(9): Estas fechas que damos, las aportan la últimas excavaciones, tal como recoge en su tesis doctoral Marta Díaz-
Guardamino; diciéndonos (SIC, pag 49):
“Los datos contextuales aumentan en estos años gracias al hallazgo de una estela del Suroeste (Ervidel II) junto a dos cistas en Herdade do Pomar. Unos años antes se halló un ejemplar de tipo alentejano (Ervidel I) que posiblemente provenía de ese lugar (Coelho, 1975; Gomes y Monteiro, 1977). La cista 1, que no había sido violada, contenía la inhumación de una mujer joven ( 20 años) acompañada de dos vasos cerámicos, uno de ellos de tipo Odivelas (Gomes y Monteiro, 1977: 168-169). La datación por C14 de estos restos óseos, sin embargo, proporcionó unas fechas mucho más antiguas que las que cabría esperar, ya que sin calibrar se situaban entre ca. 1560-1380 a.C. (Barceló, 1991: 22). Este y otros datos llevaron a Barceló a cuestionar la secuencia propuesta por Schubart para el Bronce del Suroeste y, subsidiariamente, la cronología atribuida hasta entonces a las “losas” alentejanas (Barceló, 1991)”. LAS ESTELAS DECORADAS EN LA PREHISTORIA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA. Marta Díaz-Guardamino Uribe
(tesis bajo la dirección del doctor Martín Almagro Gorbea ) Madrid, 2010
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Por su parte, Alfredo Mederos, nos dice acerca de estas estelas alentejanas: SIC
“Las estelas decoradas del Suroeste peninsular se hacen eco de una serie de novedades que se introducen en el armamento europeo hacia el 1300 a.C. y que afectan a Grecia, Bohemia, la región Carpática y la propia Península Ibérica. Estas modificaciones se refieren a las espadas (Rosnöen y pistiliformes), a las lanzas y también al armamento defensivo, principalmente a los escudos. (....) la primera tipologíaque establece Almagro Basch, que la simplifica en dos grandes grupos, uno primerode estelas panoplias o tipo IIa,que solo representan armas...... El segundo grupo o subtipo IIb, que unifica los periodos medio y final de Sayáns, ya incluye figuras antropomorfas (…) Uno de los elementos más característicos que permite diferenciar a grandes rasgos las estelas del Bronce Final I o Bronce Tardío, de las estelas del Bronce Final II, a partir de ca. 1325 a.C., es la técnica utilizada”. Javier Jiménez Ávila (ed.) SIDEREUM ANA II El río Guadiana en el Bronce Final (Mérida 2012) Alfredo MEDEROS MARTÍN, EL ORIGEN DE LAS ESTELAS DECORADAS DEL SUROESTEDE LA PENÍNSULA IBÉRICA EN EL BRONCE FINAL II (1325-1150 a.C.) (pag 417 y ss)
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(10): “Sobre la interpretación de las figuras en forma de hacha de las estelas decoradas alentejanas de la Edad del
Bronce” // Martín Almagro Basch /// ACTUALMENTE LIBERADO EN LA RED; publicado previamente en: Arquivo de Beja 23-24, 1966-67, 3-18
SIC
(10a): Pags 2 y 3
(10b): “Para argumentar a favor de ver en tales figuras simples representaciones de hachas bastaba comparar, como se hizo, tales figuras con el paralelismo evidente que su forma ofrece con algunos tipos de hachas bastante frecuentes de la edad del Bronce, de corte exageradamente curvo. Pero tal comparación exigía también naturalmente no analizar con atención todas las dificultades que esta interpretación planteaba ante las figuras esculpidas en las estelas alemtejanas”. Continúa escribiendo Almagro Basch que “Estas hachas de corte curvo exagerado son todas ellas tipos finales del Bronce Medio y que pasan a veces al Bronce Final. En Inglaterra son propias de la cultura de Wessex y comienzan a poderse fechar hacia el 1500 a. de J.C. Tal vez las hachas de corte mas acusadamente curvo sean de fecha mas avanzada como las de Oswestry (Salop), Coernarvon y Menai (Gales) y tantas otras como las reunidas en nuestra figura 2.” (pags 3 a 5)
(10c): SIC: “mucho más cercanos tanto en lo formal como en lo estructural son los paralelismos que estableció el citado prehistoriador H. Breuil entre las figuras hachiformes de las estelas alemtejanas y los objetos de valor ritual considerados como ídolos que se hallaron en el dolmen de Forgues (Lol-et-Garone) y en los dólmenes de la región de la Gironde de Peyrelebade (Bellefond) y en Courton (Jugazan) (Fig. 3). Estos objetos están fabricados en hueso” -idem cita (24)- . Esta “figura 3” la podemos encontrar más abajo en imágenes, junto a la “2” (antes referida); en una se contienen hachas de la edad de Bronce con forma similar a un áncora y en la otra el profesor Almagro Basch recoge los idolillos con un diseño parecido, hallados en los dólmenes de Francia. Sigue el arqueólogo escribiendo que “Estos ídolos megalíticos franceses se pueden relacionar y ya de pasada lo hizo Henri Breuil con los objetos en forma de «ancora» llamados por muchos prehistoriadores «anchors» (...) que aparecen en diversas áreas culturales de Mediterráneo Oriental desde los Balcanes y Grecia hasta Malta y las Lípari inclusive. Son objetos de cerámica que a veces se ha querido considerar como anzuelos pero cuyo valor ritual parece lo mas probable aunque no es segura por hoy su interpretación” (…) El valor simbólico de todas estas esquematizaciones se nos escapa pero su semejanza estructural y aún formal es evidente y debe verse en todos ellos una clara convergencia que nos obliga a considerar todas estas figuras como un símbolo religioso”.-idem cita anterior-.
(10d): SIC: “En primer lugar su tamaño es muy superior al de un hacha (...) Vemos también que además de ser un objeto de tamaño mayor al de un hacha recibe en todas las estelas una valoración central, ocupa siempre un puesto preferente (...) No debe verse pues como se ha interpretado esta figura o sea igual a un hacha puesta con el corte hacia abajo, sino como la cabeza de un ídolo colocado de pie en la misma dirección en que se han colocado con lógica y no arbitrariamente las demás armas y objetos representados en la estela (...) Ello hace que no podamos de manera general ver en estas figuras un hacha de doble corte curvo como puede pensarse en la figura que vemos en las estelas de Santa Vitoria, de Trigaxes I, de Defesa, de Assento o de Pedrerinha (...) se valorará la tesis que ya hace años expuso H. Breuil (...) Para este ilustre prehistoriador francés estas figuras que analizamos eran solamente representaciones del ídolo megalítico que de varias formas se nos ofreció según las épocas y las áreas culturales en todo el Occidente de Europa (...) Para él eran una manifestación más del arte esquemático de la Edad del Bronce occidental y representaban al ídolo funerario de la cultura megalítica, símbolo a la vez de la vida de ultratumba y de la resurrección (...) También creemos poder asegurar que estos objetos-ídolos de carácter mágico seguramente se llevaron colgados delante del pecho, como se podría deducir de las dos correas o bandas o cuerdas que algunas veces hemos podido ver” (idem citas anteriores)
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(11): A LOS INTERESADOS EN EL TEMA, RECOMENDAMOS CONSULTAR NUESTROS ARTÍCULOS:
-SMITHING GODS: HERREROS, ALQUIMISTAS Y DIOSES ENJOYADOS (Capítulo 104 de: "Los bueyes de Gerión en el Tesoro de El Carambolo"): ESTUDIAMOS ESTAS FIGURAS LLAMADAS DIOSES DE LA FRAGUA O DEL METAL Y LLEGAMOS A LA CONCLUSIÓN DE QUE LAS ESCULTURAS DE ENKOMI SON ESTE TIPO DE DEIDADES. EN EL ARTÍCULO SE HABLA AMPLIAMENTE SOBRE EL SIGNIFICADO DE LOS RITOS CTÓNICOS RELACIONADOS CON EL LIBRO DE MIRCEA ELIADE "Herreros y Alquimistas"
VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2015/05/smithing-gods-herrreros-alquimistas-y.html
-EL HACHA DOBLE, EL OMPHALOS Y LOS SACRIFICIOS CRUENTOS EN CRETA (Capítulo 108 de: "Los bueyes de Gerión en el Tesoro de El Carambolo"): Comenzamos por el análisis del Ómphalos en la mitología -cordón umbilical de Zeus-, localizándolo en Creta y en el área de la llanura de Archanes (junto al Juktas y en el rio Kráteros). Analizamos los ritos telúricos del nacimiento de Zeus y los sacrificios humanos llevados a cabo durante el periodo Minoico (en especial en el Juktas y en Cnossos). Llegamos a la conclusión de que las inmolaciones y las ceremonias taurinas cretenses pudieron relacionarse con cultos mistéricos y sacrificios, en los que aquellos que luchaban contra el toro rescataban a la víctima. Para terminar hablando sobre el laberinto religioso y el Laberinto real de Minos.
PARA LEER PULSAR: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2015/10/nuevo-articulo-anadido-y-musica-para.html
- LABRYS, BIPENNA, PELEKUS, BIFAZ, SAGARIS, LABRAUNDA O HACHA DOBLE: (Capítulo 109 de: "Los bueyes de Gerión en el Tesoro de El Carambolo"): Explica el significado de la Bipenna, comenzando por el simbolismo del Júpiter Lápidus o Zeus Labrandeus. Asimismo el del nacimiento de Atenea desde la cabeza de Zeus con un golpe de hacha doble (como símbolo de iniciación masculino hacia el mundo femenil). Tanto como el significado de la bipenna como signo de inteligencia y de superación en el laberinto astral y terrenal (indicando la capacidad de guiarse en el mar o en los desiertos).
PARA LLEGAR AL ARTÍCULO; PULSAR: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2015/11/articulo-nuevo.html
- ORÍGENES DEL SENTIDO APOTROPÁICO EN EL LABRYS Y EL LINGOTE PIEL DE BUEY (Capítulo 110 de: "Los bueyes de Gerión en el Tesoro de El Carambolo"): Explica el significado apotropáico de esas dobles hachas, usadas desde la Edad del Bronce como "moneda" de cambio y amuletos (además de ser armas y herramientas). Un signo nacido desde la bipenna que llegó al posterior lingote del bronce , también inspirado en su diseño por el cuero (que igualmente servía para comerciar, medir riquezas y para protegerse -ya que las armaduras se hacían como corazas de piel y cobre-. Siendo el símbolo de los pueblos metalúrgicos, sobre todo de quienes comerciaban el bronce, cuya divulgación se debió a las bipennas de ese metal. Una aleación de cobre y estaño que tuvo su origen en gran parte desde las gentes del Atlántico. Ya que las minas cúpreas y las de casiterita estaban principalmente en el litoral Oeste de la Península Ibérica, en las costas de Bretaña y en las Islas Británicas. PARA LLEGAR A ESTE, PULSAR:
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2016/01/labrys-bipenna-pelekus-bifaz-sagaris.html
- PROCEDENCIA, DESCUBRIMIENTO Y VALOR DE LOS TALENTOS OXHIDE -PIEL DE BUEY- (Capítulo 111 de: "Los bueyes de Gerión en el Tesoro de El Carambolo"). Vemos en este artículo como el origen del bronce mediterráneo, durante la Edad Antigua, estuvo en el Atlántico (donde las minas de cobre y estaño abundan). Debido a ello, hubo de existir un comercio perfectamente organizado ya desde comienzos del tercer milenio a.C. (inicio de la época dinástica egipcia); donde se establecieron medios para llegar hasta nuestras costas y abastecerse en ellas de metales preciosos (procedentes de Iberia y las Islas Británicas). Algo que creó una industria que fundía esos minerales en lingotes (piel de buey) con igual forma a los pectorales del Tesoro de El Carambolo. Talentos cuyo peso y tasación estudiamos en este artículo, analizando los pecios de Uluburun y Cabo Calidonya. PARA LLEGAR AL ARTÍCULO PULSAR:
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2016/05/articulo-nuevo-incluido-origenes-del.html
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(12): Las Estelas decoradas do Pomar (Beja-Portugal) Estudio comparado // MARIO VARELA GOMES y J. PINHO MONTEIRO // Separata de Trabajos de Prehistoria / Vol. 34 año 1977 // Pags. 165 y ss
(12a): Pag. 179 y ss.
(12b): Pag. 180 y ss.
(12c): Pag. 180 y ss.
(12d): Plano de Estelas y sus puntos de hallazgo, pag 167
(12e): Pag. 181 y ss.
(12f): Pag. 183
(12g): Pag. 193 y ss.
(12h): Pag. 199 y ss.
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(13): Estatua-estela de Salcedo (Valderredible) y los inicios del retrato social en la Prehistoria
Luis César Teira Mayolini y Roberto Ontañón Peredo
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(14): SOBRE PONDERALES Y METROLOGÍA EN LA ANTIGÜEDAD, VER MIS ARTÍCULOS:
125º - El Tesoro de Villena; cuatro capítulos:
1-EL TESORO DE VILLENA, EL DE CABEZO REDONDO Y EL DE EL CARAMBOLO. SUS PONDERALES: ¿FENICIOS, ANATÓLICOS, BABILÓNICOS O EGIPCIOS...? (parte primera: Introducción) http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/02/el-tesoro-de-villena-el-de-cabezo_5365.html
2-EL TESORO DE VILLENA, EL DE CABEZO REDONDO Y EL DE EL CARAMBOLO. SUS PONDERALES: ¿FENICIOS, ANATÓLICOS, BABILÓNICOS O EGIPCIOS...? (Parte segunda: Pesos y medidas de los metales en la Antigüedad) http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/02/el-tesoro-de-villena-el-de-cabezo_17.html
3-EL TESORO DE VILLENA, EL DE CABEZO REDONDO Y EL DE EL CARAMBOLO. SUS PONDERALES: ¿FENICIOS, ANATÓLICOS, BABILÓNICOS O EGIPCIOS...? (Parte tercera: Estudio comparativo de los tesoros de Villena y Cabezo Redondo) http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/02/el-tesoro-de-villena-el-de-cabezo.html
4-EL TESORO DE VILLENA, EL DE CABEZO REDONDO Y EL CARAMBOLO. SUS PONDERALES: ¿FENICIOS, ANATÓLICOS, BABILÓNICOS O EGIPCIOS...? (Parte cuarta: El posible ponderal ibérico y sobre hipotéticas medidas de peso y longitud en la época) http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/02/carambolo-sus-ponderales-fenicios.html
TABLAS CORRELATIVAS de los artículos I, II, III y IV (EL TESORO DE VILLENA, EL DE CABEZO REDONDO Y EL DE EL CARAMBOLO....). Parte VIIC de: "Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo". http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/02/tablas-correlativas-de-los-articulos-i.html
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126º -. METROLOGÍA Y PONDERALES EN EL MUNDO PRE-TARTESSIO -Siguendo a Ruiz-Gálvez- Consta de cuatro artículos y dos entradas con tablas correlativas en las que se analizan el significado de la metrología; los ponderales en la antigüedad y los pesos de los tesoros peninsulares.
1.- METROLOGÍA Y PONDERALES EN EL MUNDO PRE-TARTESSIO -Siguendo a Ruiz-Gálvez- (Parte primera: El significado de la Metrología en la Antigüedad) http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/03/metrologia-y-ponderales-en-el-mundo-pre_3546.html
2.- METROLOGÍA Y PONDERALES EN EL MUNDO PRE-TARTESSIO: Siguendo a Ruiz-Gálvez (Parte segunda: El valor de la Metrología en la Antigüedad)
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/03/metrologia-y-ponderales-en-el-mundo-pre_1256.html
3.- METROLOGÍA Y PONDERALES EN EL MUNDO PRE-TARTESSIO: Siguiendo a Ruiz-Gálvez (Parte tercera: Acerca de los patrones; su corrección y mayor exactitud) http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/04/metrologia-y-ponderales-en-el-mundo-pre_5.html
4.- METROLOGÍA Y PONDERALES EN EL MUNDO PRE-TARTESSIO: Siguiendo a Ruiz-Gálvez (Parte cuarta: Tesoros peninsulares) http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/04/metrologia-y-ponderales-en-el-mundo-pre.html
5.- METROLOGÍA Y PONDERALES EN EL MUNDO PRE-TARTESSIO: Siguendo a Ruiz-Gálvez (TABLAS CORRESPONDIENTES A LOS ARTÍCULOS 3º Y 4º) http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/03/metrologia-y-ponderales-en-el-mundo-pre_16.html
6.- METROLOGÍA Y PONDERALES EN EL MUNDO PRE-TARTESSIO: Siguendo a Ruiz-Gálvez. -TABLAS CORRELATIVAS- http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/03/metrologia-y-ponderales-en-el-mundo-pre.html
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127º - METROLOGÍA EN EL MUNDO ANTIGUO: Sobre ponderales y modelos de longitud; hipótesis peninsulares prerromanas. CONTINUACIÓN (parte tercera). TRATA SOBRE EL SIGNIFICADO DE LA MEDIDA EN LA ANTIGÜEDAD, TANTO COMO DE SUS VALORES. CONSTA DE TRES ARTÍCULOS:
1.- METROLOGÍA EN EL MUNDO ANTIGUO: Sobre ponderales y modelos de logitud; hipótesis peninsulares prerromanas (parte primera). http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/05/metrologia-en-el-mundo-antiguo-sobre_3354.html
2.-METROLOGÍA EN EL MUNDO ANTIGUO: Sobre ponderales y modelos de logitud; hipótesis peninsulares prerromanas. CONTINUACIÓN (parte segunda). http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/05/metrologia-en-el-mundo-antiguo-sobre_4016.html
3.- METROLOGÍA EN EL MUNDO ANTIGUO: Sobre ponderales y modelos de logitud; hipótesis peninsulares prerromanas. CONTINUACIÓN (parte tercera). http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/05/metrologia-en-el-mundo-antiguo-sobre_5.html
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128º- CONCLUSIÓN FINAL A LA METROLOGÍA Y PONDERALES; DE LA EDAD DEL BRONCE A LA DEL HIERRO -su pervivencia en época grecorromana y su perduración hasta nuestros días-. Es la conclusión a los tres artículos anteriores. CONTIENE UNAS TABLAS DE CONCORDANCIA que bajo este marcamos. http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/05/conclusion-final-la-metrologia-y.html
a) Tablas de concordancia del artículo: CONCLUSIÓN FINAL A LA METROLOGÍA Y PONDERALES; DE LA EDAD DEL BRONCE A LA DEL HIERRO -su pervivencia en época grecorromana y su perduración hasta nuestros días-. http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/05/tablas-de-concordancia-del-articulo.html
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129º- METROLOGÍA Y PONDERALES EN LA IBERIA PRERROMANA (Sobre los estudios de Mora Serrano y de Ma.Paz García-Bellido) http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/06/metrologia-y-ponderales-en-la-iberia.html
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130º- TESOROS PENINSULARES: CONCLUSIONES A LOS ESTUDIOS DE RUIZ-GÁLVEZ Y DE EDUARDO GALÁN; CONTINUACIÓN DE LOS ESTUDIOS DE LA ENTRADA 126º (ver arriba).
Son Tres artículos (y unas tablas correlativas) en los que finalmente se analizan los pesos de los tesoros peninsulares del Bajo Bronce y del Hierro; llegando a la conclusión de que el principal ponderal prerromano en Iberia -al menos hasta el siglo VII a.C. fue el Shaty de 7,5 gramos. Tras esta etapa y con la dominación púnica del territorio (tanto como por influencia neohitita), los patrones más usados fueron el Siklo Fenicio de 7,27 gramos y la Uncia de 7,74 g. (de origen ugarítico).
1º.- TESOROS PENINSULARES: CONCLUSIONES A LOS ESTUDIOS DE RUIZ-GÁLVEZ Y DE EDUARDO GALÁN (introducción). http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/07/tesoros-peninsulares-conclusiones-los.html
2º.- TESOROS PENINSULARES: ANÁLISIS A LOS ESTUDIOS DE RUIZ-GÁLVEZ Y DE EDUARDO GALÁN (primera parte)
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/07/tesoros-peninsulares-analisis-los_5.html
3º.- TESOROS PENINSULARES: ANÁLISIS A LOS ESTUDIOS DE RUIZ-GÁLVEZ Y DE EDUARDO GALÁN (segunda parte).
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/07/tesoros-peninsulares-analisis-los.html
4º.- TESOROS PENINSULARES (tablas correlativas): ANÁLISIS A LOS ESTUDIOS DE RUIZ-GÁLVEZ Y DE EDUARDO GALÁN
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/07/tesoros-peninsulares-tablas.html
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(15): SOBRE LOS TEXTOS IBÉRICOS DE MARIO GÓMEZ-MORÁN (por Angel Gómez-Morán)
-20ª-
Capítulo Anexo: ORÍGENES DE LOS SIGNOS QUE ESCRIBIERON IDIOMA
IBÉRICO (alfabetos y letras en alfasilábicos).
http://sobrelostextosibericosdemario.blogspot.com.es/2012/04/1-9-9.html
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-21ª-
Capítulo Anexo -continuación-: SIGNOS QUE ESCRIBIERON IDIOMA
IBÉRICO (Análisis de los caracteres: "Letras"
alfabéticas).
http://sobrelostextosibericosdemario.blogspot.com.es/2012/04/blog-post.html
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-22ª-
Capítulo Anexo (continuación I). SIGNOS QUE ESCRIBIERON IDIOMA
IBÉRICO: Análisis de los caracteres silábicos
http://sobrelostextosibericosdemario.blogspot.com.es/2012/04/1-5.html
.
-23ª-
Capítulo Anexo (continuación II). SIGNOS QUE ESCRIBIERON IDIOMA
IBÉRICO: Análisis de los caracteres silábicos.
http://sobrelostextosibericosdemario.blogspot.com.es/2012/04/1-9-8-9-9.html
.
-24ª-
Capítulo Anexo (continuación III). SIGNOS QUE ESCRIBIERON IDIOMA
IBÉRICO: Análisis comparativo de las vocales y consonantes -por
silabarios y por alfabetos-.
http://sobrelostextosibericosdemario.blogspot.com.es/2012/04/1-9-0-9-9-8-9-9-0-8.html
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-25ª-
Capítulo Anexo (continuación IV). SIGNOS QUE ESCRIBIERON IDIOMA
IBÉRICO: Resumen de las entradas anteriores y primeras conclusiones.
http://sobrelostextosibericosdemario.blogspot.com.es/2012/05/capitulo-anexo-continuacion-iv-signos.html
.
26ª-
Capítulo Anexo (continuación V). CONCLUSIONES Y DISERTACIÓN SOBRE
EL ORIGEN DE LOS SIGNOS QUE ESCRIBIERON IDIOMA IBERO -alfabéticos y
alfasilábicos-.
http://sobrelostextosibericosdemario.blogspot.com.es/2012/05/1-9-9-8-9-0.html
.















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