jueves, 24 de mayo de 2012

EL PODER DE LA MIRADA Y SU RELACIÓN CON EL ARMAMENTO EN LA ANTIGÜEDAD -colgantes y abalorios que evitaban los venablos- (De "Lo invisible en la mitología": Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte LI).


Esta entrada es continuación de las anteriores. Recomendándose la lectura previa de aquellas que le preceden, para una comprensión plena de cuanto exponemos en ella.

AL LADO: Retrato al oleo de Richard Payne Knight realizado por Thomas Lawrence hacia 1810 -en propiedad, colección desconocida (probablemente cercana a Downton Castel, antigua mansión del retratado)-. Richard Payne, es un ejemplo claro del ilustrado inglés: Hombre de enorme cultura, amante de las artes y personaje de la política, influyó en el buen gusto de las élites europeas y promovió el estudio de la arqueología y la creación de colecciones abiertas al público. Hijo de un clérigo y perteneciente a una familia de gran preparación, gracias a su exquisita y cultivada educación hoy podemos en gran parte disfrutar de uno de los museos más maravillosos del Planeta: El British. Protector y benefactor de aquella institución a la que regaló casi la totalidad de su colección; tanto como infinidad de horas de estudio (esfuerzo, trabajo e influencias) para que llegara a culminar el proyecto de creación del museo. Fué también Richard Payne Knight un divertido teórico de la arqueología y el verdadero iniciador de los estudios "ilustrados" sobre el culto al falo y su relación con el Mal de Ojo.


AL LADO y ABAJO: Estado actual del Castillo de Downton, hogar y mansión de Richard Payne Knight, donde atesoró su maravillosa colección de arqueologúa, que finalmente donó al British Museum. En esta residencia que había comprado su familia casi cien años antes y que él recostruye con los más curiosos gustos de la época; Payne Knight también realizó diferentes "experimentos artísiticos" -entre otros de paisajismo (arte al que igualmente era aficionado)-. Esteta entre los más sofisticados y maravilloso hombre de Estado, que deseaba llevar la cultura y el refinamiento a todos; llegó a escribir este erudito inglés hasta un tratado sobre los sabores y su efecto sobre el espíritu. Bajo estas lineas: Grabado del castillo de Downton publicado por John Preston Neale, de mano de varios artistas; editado en los años 1812 y 1825, cuando aún vivía en esta mansión Knight (interesados ver: Antique prints Herefordshire)




JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, Otro grabado de Donwnton, este realizado por Alexander Francis Lydon y publicado en 1884 (Francis Orpen Morris's, A Series of Picturesque Views of Seats of the Noblemen & Gentlemen of Great Britain and Ireland Mounted...) -interesados ver: Antique prints Herefordshire- . Abajo: Retrato en mármol de Richard Payne Knight, obra de John Bacon (el jóven) y que conserva el British Museum en memoria de su benefactor -institución a la que agradecemos nos permita divulgar su imagen-. En la entrada de hoy trataremos sobre este autor, político y mecenas de las artes inglés; al que muchos denominan "diletante", aunque en verdad fué prototipo y producto del hombre culto en una de las más grandes civilizaciones y épocas que tuvo Europa (la inglesa del siglo XIX). 




Continuamos nuestro estudio sobre el significado de las joyas, su simbolismo y los usos apotropáicos en la Antigüedad, comentando de nuevo algunos aspectos sobre la tesis doctoral que recientemente publicó la Universidad Complutense en 2010. Obra firmada por Antón Alvar Nuño y titulada: "EL MAL DE OJO EN EL OCCIDENTE ROMANO....". Tal como expresábamos unas entradas antes de la presente y sin desear quitar mérito a tan extenso trabajo, habíamos echado en falta en todo aquel varias menciones a investigadores cruciales sobre ese tema de Aojo. Refieriéndonos sin duda y en primer lugar a Richard Payne Kinght, al que Alvar Nuño excluye (u olvida), quizás debido a la juventud del profesor de la Carlos III; puesto que hoy, los hombres del siglo XIX dejaron de ser ya un ejemplo que los mayores debieran enseñar como modelo a seguir a las nuevas generaciones... . De tal modo, en el capítulo de la mencionada tesis sobre los libros que trataron acerca del Mal de Ojo durante El siglo de las Luces. El mencionado autor nos presenta tan solo como iniciadores de los estudios, al movimiento italiano que escribió a fines del XVIII sobre esta extraña superchería (basada en la mirada). Destacando como primer ilustrado que la descubre, publicando un tratado del "mal de occhio" al estudioso Velleta; escribiendo Alvar Nuño textualmente sobre ello: "en 1787 se publica en Nápoles una pequeña obra de un tal Nicola Valletta, de no más de 100 páginas, titulada Cicalata sul fascino, volgarmente detto jettatura ". Tras ello la tesis d la que hablamos, expone que aquel autor es el verdadero "creador" de los nuevos estudios sobre el tema (denominado en Italia Jettatura), que tras La Ilustración toman un nuevo curso, aunando los cultos priápicos y los símbolos venéreos a los del Mal de Ojo.
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Finaliza Alvar Nuño el mencionado capítulo entorno a los tratadistas del Aojo durante el siglo XVIII, citando otros nombres (todos italianos), diciendo textualmente: "después de la publicación de la Cicalata, en el año 1788, salía a la luz otra obra escrita por Leonardo Marugi, también representante de la alta cultura napolitana (médico, matemático, editor de la obra de Locke...). No difiere mucho con respecto a la obra de su predecesor. (...) Otro ejemplo no menos burlesco es la obra de Antonio Schioppa, Antidoto al fascino detto volgarmente jettatura, publicado unos 40 años despues de la Cicalata de Valletta". Afirmando así definitivamente esta tesis recientemente publicada, que quienes inician un estudio "actualizado" sobre el Mal de Ojo fueron principalmente los ilustrados italianos y los personajes de los círculos aristocráticos cercanos a Nápoles. A quienes debemos las "nuevas teorías" sobre el Aojamiento desde el Mundo Antiguo durante el Siglo de las Luces, época en la que -como dijimos- unieron las supersticiones greco-romanas acerca del Mal Fario junto a los ritos de Príapo, del Falo o a las ceremonias dionisiacas.
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Sin ánimo de restar méritos a la extensa y documentada obra que comentamos de Alvar Nuño, hay que exponer en todo ello algo que consideramos crucial, tal como es la exención figura de Richard Payne Knight. Hombre de Estado y de letras, diputado en la Cámara de los Comunes por del Partido Liberal; gran coleccionista, beneficiario y uno de los impulsores del mayor y mejor museo de arqueología del Mundo (el British). Quien desde al menos 1780 comenzó sus estudios sobre el culto al falo y su relación con el "mal de Occhio" - tal como entonces denominaban los ingleses al "Evil eye" (al menos quienes trabajaban en las antigüedades de Nápoles)-. La fecha anteriormene dada en la que inciaría Payne Kight sus investigaciones acerca del Mal de Ojo (1780) la conocemos gracias a una carta escrita por Sir William Hamilton -ministro del reino inglés- en la que este le expone diversas circunstancias sobre las piezas halladas en Isernia. Relatando en aquella los múltiples "fetiches" estatuas y amuletos con representaciones priápicas que van apareciendo entre las ruinas cercanas a la antigua ciudad de Cumas (misiva que se publica como prólogo del libro de Knight, con el fin de conocer el modo en que este autor fue generando sus teorías e investigaciones arqueológicas).
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Todo ello, nos lleva a deducir que antes de 1784 y previamente a ser elegido por segunda vez diputado, tenía Richard Payne Kight terminada su obra titulada  The Worship of Priapus (traducida al español como El Culto a Príapo). Estudio que se sabe preparó durante sus repetidas visitas a Nápoles, donde investigaba sobre los importantísimos yacimientos italianos (entonces en excavación), que visitó continuadamente desde casi un decenio antes -cuando contaba con algo más de veinticinco años, debido a que nace en 1750-. Finalmente, El Culto a Príapo será por primera vez impresa en 1776 y curiosamente desde 1777 en Italia se suceden numerosos estudios y trabajos de eruditos sobre el mismo tema (claramente inspirados en el anterior), entre los que destaca el antes mencionado de Nicola Valetta y que muchos consideran el primer análisis ilustrado sobre el Mal de Ojo.
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Por todo cuanto narramos, en ello deseamos destacar principalmente que el inciador de aquella "nueva idea" sobre el Aojo en el Siglo de las Luces hubo de ser este inglés, que amaba a Italia y a Roma casi tanto como a su tierra -lo cual ya era mucho, pues como ya sabemos, a su país donó una de las mayores colecciones de arqueología de propiedad privada habida en la Historia-. En lo que se refiere a sus investigaciones sobre los cultos fálicos y sus relación con el "Mal Fario", nos ha llegado la totalidad de la primera obra -ya mencionada: The Worship of Priapus- pese a que su segunda parte, mucho más extensa e interesante sufrió la pérdida de varios capítulos y láminas. Este es el "ENSAYO SOBRE EL CULTO DE LOS PODERES GENERADORES EN LA EDAD MEDIA", que como decimos sufrió "amputaciones" y hasta la destrucción de capítulos completos en su original. Ello, probablemente debido a que estos mencionados estudios sobre sexualidad y la religión le granjeó la enemistad del clero de su época. Tanto que fue denostado y muy vapuleado por aquellos que pertenecieron a la misma profesión que su padre (y gran parte de su familia). Pese a que se supone este como el "posible origen" de la pérdida o desaparición de parte de sus obras, no podemos aseverar que ello fuera así; de lo que lo único que puede asegurarse es que aquel ensayo sobre el culto a la sexualidad en la Edad Media está tristemente inclompleto (en sus láminas y en sus textos).


AL LADO: Dos higas que exhibía la exposición "EL CUERPO EN LA TRADICIÓN" de la Fundación Joaquín Díaz (Urueña) y que se contienen en la página 168 del libro de igual nombre (editado por la Fundación Joaquín Díaz, en Valladolid 2007). En la imágen superior podemos ver la mano tallada sobre azabache y con figuras solares y astrales que finalmente terminan como una cruz "patada" (cruces muy semejantes a las medievales de Órden y que termina sus extremos en formas abocinadas -patada-). La de abajo se trata de una higa muy tosca, hecha en hueso y que procede de Salamanca; siendo ambas probablemente de los siglos XVIII o XIX. Al ir a Urueña a ver aquella exposición -en el mes de Julio de 2007- comenté al director de la Fundación (Joaquín Díaz) la existencia de un estudio mío escrito hacia 1989 y que trataba sobre la higa en la Antigüedad. Trabajo que evidentemente realicé a la sombra -o bajo la inspiración- de los que en los años ochenta aparecieron; sobre todo siguiendo el ya mencionado y reeditado en 1980 de Payne Knight (El Culto a Príapo), junto al recientemente aparecido entonces de Catherine Johns (publicado por el British en 1982). Dos meses después de hablar con el director de la Fundación de Urueña decidieron que lo escrito por mí podría tener interés para ilustrar el libro de aquella exposición; algo que siempre agradeceré a Joaquín Diaz, pues de lo contrario el estudio estaría todavía en un cajón.
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ABAJO: Falo e higa en bronce de época romana perteneciente al Museo Arqueológico de León (al que agradecemos nos permita divulgar las imágenes). Como narramos en el presente artículo, durante los años ochenta (hace ya unas tres décadas), tras la reedición de la obra de Payne Knight y la divulgación de los estudios de Catherine Johns por medio de British, pudimos estudiar y conocimos por primera vez -sin tapujos ni tabues- la Sociedad romana y sus rituales más extraños (por no decir obscenos). Debido a ello y viendo cuanto de divertido se escondía tras la arqueología al igual que conociendo lo absolutamente escandaloso que la vida cotidiana y muchos de los ritos o fiestas religiosas de Grecia y Roma contenían. Los jóvenes -que en esos días teníamos apenas veinte años- nos aficionamos aún más a la Historia (por lo "lúdico" e "interesante" de su estudio así orientado). Pudiera decirse que fue por aquel entonces cuando en parte, la arqueología superó la fase "freudiana" llamada "anal", para pasar al mundo o "etapa oral". Todo ello dicho en un tono irónico y referido a que en esos años ochenta y por primera vez en la Hitoria, las universidades, los museos y simposiums; exponían, trataban y hablaban abiertamenete de temas que hasta entonces habían permanecido prohibidos. Cuanto narramos generó una "gran afición" al mundo romano... . Quizás de un modo similar a lo que consiguió y obró Don Camilo José Cela con su Diccionario Secreto; que no solo llegó a divertirnos, sino que además logró acercarnos a todos a la lectura de diccionarios -hasta incluso aficionarnos a algo tan teóricamente aburrido como es (en principio) la filología-.


Continuando con Knight y para terminar expondremos que aquel es el ejemplo del hombre ilustrado de las élites inglesas. Algo que casi no se ha podido dar en nuestro país desde el siglo XVI debido a la ferrea censura sufrida después. Porque para que las clases altas se conviertan en élites y no en grupos oligárquicos, se precisa fundamentalmente que sean muy cultas. Cultura que ha de adquirirse por medio de una educación amplia, abierta y liberal, carente de censuras ni prejuicios. Haciéndose imprescindible para las clases más adineradas de los paises tener grandes conocimientos, puesto que de lo contrario, al verse "amenazados" por los que desde situaciones más humildes "ascienden socialmente" (al se más inteligentes o preparados); estos pronto formarán grupos de presión oligárquicos con tendencias autoritarias para impedir la permeabilidad social. Generándose entonces una Sociedad impermeable en su cúspide, que es como un cartucho de dinamita cargado y puesto al Sol (dónde la única forma de parar las guerras se logra por medio de autócratas). Siendo en nuestra opinión el único remedio para no llegar a estas situaciones -ni Sociedades Cerradas- educar unas clases altas cultísimas, muy preparadas y dedicadas a las artes y la diletancia (como surgieron en el Renacimiento o la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX). Ello con el fin de que el mundo interior de los que las componen les permita y obligue dejar paso al que merece estar por encima de aquellos (por méritos y por inteligencia). Sabiendo estos -gracias a sus conocimientos-, quienes valen más y careciendo de dudas si llega la hora de ocupar un lugar diferente al privilegiado en el que nacieron (dándo así paso a nuevas gentes y nuevas generaciones).
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Tras esta disertación sobre la importancia del "diletante" entre las clases adineradas (algo que tristemente se ha perdido y que puede estar llevando a Mundo a un cierto "estado de inseguridad"), regresamos al protagonista de estas lineas, que era el autor de los primeros estudios ilustrados sobre el culto al falo: Nunca sabremos si el bueno de Richard Payne Knight comenzó sus estudios sobre el Mal de Ojo habida cuenta de un defecto físico que claramente le aquejaba. Nos referimos al estrabismo que creemos le hace posar comunmente girado y que en casi todos sus retratos se puede observar -viéndose como en los lienzos mira de lado, intentado seguramente tapar algo que nos parece una acusada bizquera-. No nos extrañaría que así fuese y que ello desde niño le llevó a preocuparse por lo que se relacionaba con la falta de un ojo, la mala mirada y el poder de las pupilas (el Aojo). Sea como fuere, en verdad debió pensar que aquellas investigaciones -que posiblemente inicia debido a su defecto físico-, también le llevaron a caer un "cierto Mal Fario" al granjearle la enemistad del clero (clase social de la que procedía). Y aunque parte de sus estudios se perdieron, el hecho cierto es que Payne es el primero que relaciona los cultos priápicos con el Mal de Ojo, uniendo a su vez todo ello con los ritos de fertilidad que hasta la Edad Media (e incluso hasta sus días) se conservaban. Actuando bajo el análisis de un verdadero etnógrafo y arqueólogo, que conjunta los conocimientos con los hallazgos y todo con una gran imaginación con la que logra combinar y relacionar algunos objetos y ritos muy antiguos y los que todavía pervivían en su época (siendo muy meritorio el análisis que realiza sobre los cultos de fertilidad y de adoración al falo durante la Edad Media).
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Nos referíamos a la posibilidad de que Payne Kinght se aficionara a investigar sobre el Mal de Ojo debido a un defecto en la vista, porque hecho cierto es que todos los que iniciamos un estudio de un modo vocacional, siempre escondemos una motivación muy personal para haberlo comenzado. En mi caso fueron múltiples las razones que me hicieron interesarme por el Mal de Ojo, pero sobre todo tres de ellas resultaron cruciales para despertar mi interés. La primera, era intentar saber hasta qué punto la envidia de los que a uno le rodean puede afectarnos psíquica y animicamente, llegando quizás hasta a destruirnos  -tan solo debido a la actitud que aquellos de alrededor toman (sin precisar para conseguir dañarnos hacer nada más que eso: Envidiarnos)-. La segunda fue el hecho de encontrarme en Japón con esculturas y exvotos similares a los priápicos, estando aquellos aún entonces muy en uso entre los nippones (algo que ocurría hace casi treinta años, puesto que hoy ya no se ven tanto estas imágenes de grandes falos). Por último mi interés sobre el Mal de Ojo se despertó especialmente al leer a Payne Knight hacia 1983 -cuado yo tenía unos veintidós años- y ver que aquel hombre (dos siglos atrás) unía ya los amuletos de Extremo Oriente con los de Occidente, los de los zíngaros con los de Roma, tanto como los ritos de Grecia o los de Egipto, con los de Asia (muchos de los que había visto aún pervivían en ese Continente).
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Todo ello, unido a la "moda" que -como decimos- en los años ochenta surgió sobre el tema del Aojo y los cultos priápicos, me hizo adentrarme en ello a la edad de los veinte a los treinta años. Algo que especialmente sucedió cuando el British Museum -junto a diversas instituciones inglesas-, reeditaron aquel libro con el fin de celebrar el doscientos aniversario de la publicación de "El Culto a Príapo"; divulgando por toda Europa la figura del benefactor del Museo Británico. Siendo estos "años ochenta" los mismos en los que Catherine Johns escribió su famoso libro "SEX OR SIMBOL?..." (que publicó en 1982 la fundación del museo londinense) y donde se recogió una gran documentación sobre los cultos sexuales, explicando sus razones y rituales. Evidentemente, hoy este centenar de imágenes que recoge Catherine Johns en su obra poco o muy poco tendrían de novedosas -aunque hemos de decir que continúa reeditándose-. Pero entonces (hace tres décadas), aquello no solo era escandaloso y divertido, sinó que por primera vez explicaba lo que había sido gran parte de la religión greco-romana. Puesto que si de los cultos romanos y de Grecia excluimos los priápicos y dionisiacos (los de las bacantes, los de Hermes o incluso los referidos al Mal de Ojo); nada o muy poco de aquella extraña y orientalizante sociedad grecorromana podríamos entender.
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Así pués, gracias a la influencia de los estudios que divulgaron de Payne Knight y al posterior libro de Catherine Johns que editó el British, muchos jóvenes a los que nos divertía la arqueología nos interesamos aún más por el tema. Chicos que por lo curioso de todo ello, asistíamos en esos días con gran interés a las muchas exposiciones relacionadas con Knigth y su mundillo. Eventos que desde la publicación de su obra comenzaron a hacerse por toda Europa, entendiéndose a través de ello cuánto de arqueología había hasta en las teorías de Freud (que contenía más secretos de Mundo Antiguo de lo que nadie pudiera imaginar). Tras lo que narramos, sucedió que muchos museos e instituciones comenzaron a dar a conocer una enorme cantidad de objetos en bronce y cerámica obscenos, que habían estado ocultos o si exponer (por cosiderarse inexplicables o simplemente "guarrerías"). La aparición de enseres novedosos y de teorías nuevas sobre aquellos, en ocasiones no solo provocaba la risa de quienes íbamos a verlos, sinó que a su vez nos hacía sentír una enorme extrañeza por el significado de muchas piezas que haste entonces estuvo por descifrar (esculturas, exvotos y objetos que increiblemente tenían a veces paralelismos muy similares en Asia). Tanto fue así que desde 1987 preparé un verdadero estudio sobre todo aquello relacionando el Mal de Ojo con la oftalmología y las enfermedades venéreas (que provocan graves afecciones oculares); trabajo que terminé uno o dos años después y que -como muchos otros de los que escribo-, quedó en un cajón guardado.
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No sería hasta casi veinte años después, cuando decidieron que aquello investigado por mí dos décadas antes podía ser útil. Algo que sucedió por casualidad un mes de julio de 2007, mientras visitaba la exposición "EL CUERPO EN LA TRADICIÓN" en Urueña y hablando con Joaquín Díaz. Quien tras enseñarme una de las vitrinas donde se exhibían dos higas, escuchó la explicación que le daba yo sobre el uso y significado de esta mano cerrada sacando el dedo (relacionando el aojo con las oftalmias). Después de ello, le comenté que tenía guardado desde los años ochenta un estudio sobre el Mal de Ojo, por el que se interesó. Tanto fue así que me pidió se lo prepararse, dándole alguna forma relacionada con la exposición y que lo corrigiera y se lo hiciera llegar en un par de meses. A fines de septiembre de 2007 le hice entrega del mismo, estudio que publicó la Fundación Joaquín Díaz en el libro EL CUERPO EN LA TRADICIÓN bajo el título "Higa, higo hígado y aojo: Magia religión y medicina".
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Cuanto antes íbamos relatando lo narrábamos habida cuenta de que nos había extrañado que el tan documentado Alvar Nuño no hubiera incluido en su extensa tesis numerosos estudios sobre el Mal de Ojo, publicados en nuestras tierras en fechas muy cercanas -y anteriores- al suyo. Aunque evidentemente no nos parece raro que pueda excluir del mío (habida cuenta de que no se encuentra en la "órbita universitaria"); sí nos llama poderosamente la atención que queden fuera de su tesis los de las cátedras de etnografía de Castilla y León (donde proliferan los análisis sobre el Aojo). Especialmente, que excluya del trabajo investigaciones sobre folklorismo referido a este tema como las de Alonso Ponga (de la Universidad de Valladolid) o las de Juan Francisco Blanco (de Salamanca, cuyo libro "Brujería y otros oficios" dedica un capítulo entero al Mal de Ojo) -tanto como otro centenar de obras entre las que pueden destacar las de M.E. Rubio Gago o las de F.C. Rual Alter-. Pareciendo igualmente extraño que cuando habla de los últimos estudios sobre el Mal de Ojo, tan solo mencione las publicaciones de un par de autores, en los últimos años en España (Vazquez Hoys y del Hoyo Calleja; sobre los que más tarde hablaremos). Por todo ello, incluiremos en esta entrada la referencia al menos a dos importantes libros que tratan del Aojo y la sexualidad en la Antigüedad, que fueron publicados en los años precedentes muy cercanos a la redacción de la tesis que analizamos (que no se encuentran tampoco entre los de su bibliografía).


AL LADO: Portada del libro "LA IMAGEN DEL SEXO EN LA ANTIGÜEDAD" coordinado por Sebastián Celestino Pérez y editado por Tusquets en 2007. Con capítulos redactados por varios autores, trata los diferentes aspectos de la sexualidad en el Mundo Antiguo. Analizando en alguno de sus estudios la relación entre este y el Mal de Ojo, se refieren a este aspecto de "lo venéreo" el capítulo IX (de Carmen Sánchez: "Imagen del sexo en la Grecia Antigua); el X ("Restricciones sexuales en los cultos mistéricos" escrito por Jaime Alvar, Elena Muñiz y Teresa de la Vega); tanto como el XII ("Imágenes del sexo a través de Pompeya", redactado por Antonio Varrone).
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ABAJO: Otro de los ejemplares que trata sobre el interesante tema de la sexualidad en la Antigüedad; obra publicada en 1998 en Francia y que editó Akal en nuestro país en el 2003 (debida a los profesores Veyne, Lissarrage y Frontisi-Ducroux). En "LOS MISTERIOS DEL GINECEO" igualmente tratan sobre del Mal de Ojo y su relación con el sexo, el Capítulo I -de Paul Veyne (pag. 85 y ss.)-; tanto como en el III, escrito por Francoise Frontisi-Ducroux, intitulado "Sexo de la mirada".
 


Tras la extensa y dilatada disertación anterior, deseamos entrar un poco en el tema; analítica que realmente se relaciona con la tesis que comentamos de Alvar Nuño, habida cuenta de que ella nos ha llevado hasta algunas obras que también desconocíamos. Estas son concretamente los trabajos ya referidos de Ana Ma. Vazquez Hoys y J. Calleja del Hoyo, quienes desde 1990 analizaron en diferentes estudios el Mal de Ojo, aunque lo orientaron principamnete hacia la figura de la Gorgona. Como decimos, desconocíamos la existencia de aquellos puesto que cuando estudiábamos este tema (en los años ochenta) aún no existían. Y aunque pudimos subsanar el hecho  aposteriori (en el 2007), cuando me pidieron corregir y darle forma al trabajo redactado veinte años antes; en esos días no tuve tiempo de contrastarlo mucho ni de ver o estudiar si había nuevas publicaciones que tuvieran paralelismos con lo escrito por mí. Siendo así y sin haber citado a Vazquez Hoys en mis referencias al Mal de Ojo, puede pensarse que he deseado ignorarla; más aún fundamentalmente porque con esta profesora tristemente tuve un desagradable "rifirrafe" a causa de que ella negaba Tartessos y hasta los Pueblos del Mar... (llegando a actuar yo de un modo un tanto incorrecto al intentar demostrar a una profesora su falta de conocimientos en el tema -algo por lo que que ya le pedí disculpas en su día-).
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Por cuanto decimos, al leer hace poco la tesis que remite los estudios de Ana Ma. Vázquez Hoys y J. Calleja del Hoyo sobre la Gorgona y el Mal de Ojo, nos hemos dado cuenta como hay coincidencias entre estos y mi trabajo sobre el Aojo. Algo normal, puesto que al escribir de un mismo tema lógicamente han de existir múltiples aspectos que en común se traten. Sea como fuere, nuestras fuentes y teorías -aún diciendo a veces lo mismo-, parecen ser muy diferentes; puesto que yo acudo y me refiero de continuo al mencionado libro de Payne Knight, tanto como a los de Catherine Johns (que Vazquez Hoys y Calleja del Hoyo apenas mencionan ni citan). De ello, cuanto he desarrollado desde datos arqueológicos sobre el Mal de Ojo para comenzar, se basó y están referidos a los estudios del inglés -que hace doscientos años escribió sobre el culto a Príapo y los ritos de la Edad Media-; tanto como muchos otros partieron de los que se hallaban en los libros de Catherine Johns  -en especial en "Sex or Simbol?..." (editado en 1982 por el British, como ya hemos repetido)-.
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En entradas posteriores trataremos acerca de los ensayos sobre la Gorgona y el Mal de Ojo, escritos por Vazquez Hoys y Calleja del Hoyo (publicados desde 1990); pero hoy queremos explicar lo que sobre el mismo tema hemos escrito. Para quienes puedan pensar que es un hecho "extraño" cómo sin conocer los estudios de Vázquez Hoys me he "aventurado" a estudiar la Gorgona y el Mal de ojo comparativamente. Diremos que este es un tema que ya trató Richard Payne en su libro (hace más de doscientos años); tanto como Catherine Johns en 1982 dedicó un capítulo entero de "Sex or Simbol?..." a la fealdad y los rostros horribles (las márcaras de teatro y de Gorgoneias) que se usaban con cáracter apotropaico en la Antigüedad. Referido a ello, concretamente dice Knight: "la Egida o Corazón de las víboras y la cabeza de Medusa son como lo hace observar el doctor Túkeley una variante griega para representar el disco alado unido a las serpientes (...) La rabia o violencia expresada por Medusa es el atributo destructor unido al generador, bajo la dirección de Minerva, la Sabiduría. Yo pienso que los anchos anillos a los que están atados las pequeñas figuritas de Príapo, significa lo mismo que el disco".
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Esa la última observación pretende unir no solo la sierpe al falo (como evidente sucedía en Grecia y Roma) sinó también las asas redondas y grandes con las que se colgaban los amuletos del pene erecto -la higa priápica de Mutunus Tutunus- a la cabeza de la Gorgona. Una Medusa que para el autor inglés se interpreta como el disco del Sol rodeado de sierpes, protector de los males del hombre y plenamente relacionado con las figuras de Príapo (luciendo el dios del sexo los falos serpentinos junto al vello puber; mientras Medusa porta sobre su cara las culebras de su terrible pelo). La frase antes recogida de Kinght es de "El Culto a Príapo", en su traducción española (edición de 1980, Publicaciones Trescatorcesiete; página 81). Obra en la que igualmente podemos leer como este autor relacionó el falo y al Aojo, junto a los poderes del Sol y de la luz asimilando estos a los cabellos rizados de la Gorgona (página 75). Libro e ideas en el que cual hemos inspirado parte de nuestros estudios sobre el Mal de Ojo y en el que entre otras cosas podemos hallar también referencias a los ritos del falo y al Aojo en Japón y en Egipto (pag. 116); o la descripción y explicación de Shela-Na-Gig como una "diosa" y "amuleto" sexual de caracter triangular, conformada por tres nudos (pags. de la 114 a la 119).

AL LADO:
Torso imperial romano con armadura hallado en el teatro de Mérida; propiedad del Museo Romano de esta ciudad, al que agradecemos nos permita divulgar la imágen. Observemos en la parte alta de la coraza una Medusa repujada sobre el metal -o bien colgada como faleria o bulla-; llevando en el centro labrada una Minerva en actitud de lanzar. Ya dijimos que las falerias (phellerae) en un principio debieron ser discos de metal que se situaban sobre los petos de cuero, en épocas en las que aún no se podían proteger el cuerpo con corazas. Más tarde (en tiempos de Tarquino), tras la aparición de las cotas de malla y de las armaduras romanas metálicas, aquellos discos protectores que antes daban la suerte -al impedir que los atravesaran los venablos-, se convirtieron en medallas militares. Galardones "faleriae" que se colgaban a modo de insignias en el peto de la armadura. Igualmente de la bulla protectora común, apareció otra bulla militar, que también consistía en una condecoración bélica y se lucía pendida del pecho. La gran mayoría de estas medallas tenían además del carácter militar un sentido apotropaico, por lo que llevaban labradas la cabeza de Medusa (o en su caso la de Océanos, Júpiter y las de seres monstruosos y temidos).
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ABAJO: Frente del Museo Romano de Mérida donde se presentan tres paneles clípeos procedentes del Foro común (o provincial). Podemos ver en la imágen la representación y cómo se situaban las esculturas en ese Foro emeritense, sobre las cuales -tal como dicta la guia del Museo- estaban las figuras apotropáicas. Tres medallones que contenían las cabezas de los dioses temibles y que en este caso son de izquierda a derecha: Zeus Ammón, Medusa y Océanos. Rostros "horribles" cuyo sentido se relaciona claramente con el solar ahuyentador de males, como muy bien advertía ya Payne Knight en el siglo XVIII. Representaciones en discos con un dios que consideramos proceden de aquellos protectores que se situaban sobre las corazas (o petos), para evitar que los venablos las traspasaran -principalmente en épocas antiguas y cuando todavía eran de cuero-.


Pero continuemos con nuestras aportaciones e intrepretaciones al tema de Medusa y el Mal de Ojo -que muy poco o nada tienen que ver con las muchas que hicieron Vázquez Hoys y Calleja del Hoyo-. En referencia a al tema, ya habíamos tratado algunos aspectos en una entrada de este blog, con fecha de 25 de septiembre 2011 y que podemos consultar en
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/09/1-7-8.html . En ella exponíamos nuestra teoría acerca de que tales Medusas que colgaban los militares romanos a modo de medallas o falerias en sus corazas procedían del culto a la suerte en la guerra. Fortuna que todo soldado conocía, ya que de ella dependía en gran parte su vida; tanto que debieron llamar "phellerae" a esos protectores redondos que asían a sus petos porque dicha voz procede del griego "palos" (), cuya traducción es: "Suerte". Pero a su vez esta misma voz (palos) significa estaca o clavo, tanto como el verbo "palo" () se traduce por lanzar; todo lo que nos lleva a identificar el origen de la palabra "phalerae" con estos motivos y hechos bélicos: La suerte, la lanza y el lanzamiento de venablos.
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En la misma entrada continuábamos diciendo textualmente: "Siendo idea nuestra, que la etimología de Faleria incluso procedería de "phale-ras", voz proviniente de "falo" (en latín); porque posiblemente comenzaron a denominarlas así dado que los militares romanos, además de reforzarse el cuerpo con esas placas de metal, colgaban también innumerables de amuletos en forma de sexo viril de sus uniforme (con en fin de evitar la mala suerte)". Continuando con una rectificación en la que avertíamos: "Pese a que con los días hemos llegado a pensar que quizás no sea este un origen tan probable del nombre de "faleria"; creemos como cierto que las palabras "phallus", "phelerae" (en latín), están plenamente unidas a algunas que indican suerte, competición y lucha. Tanto que de este radical "phall" hemos heredado varios términos que en nuestras lenguas modernas se identifican con el "azar" y "la pugna". En castellano -por ejemplo- se llama "porra" en España, al lo que en Hispano América se denomina "polla", y que significa: Lotería, concurso o premio".
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Más tarde llegábamos a la conclusión de que la voz falo y "falleria" se relacionaban no solo con el griego "palos", puesto que ambos conceptos estaban en unidos mágicamente a través del mundo bélico. De tal manera atestiguábamos que: "Ello se debe a una mentalidad común en el Mundo Antiguo, en la que se pretende dominar el destino por simpatía -entiéndase por "simpatía" en la magia o en la superstición: Realizar un acto o ritual semejante a otro sobrenatural sobre el que se desea influir-. Lo que se relaciona plenamente con el pensamiento del guerrero de hace dos o tres mil años; para quienes las armas se identificaban con el pene (voz que procede de "penetrar"). De tal modo, cuando se penetraba con aquellas el cuerpo del enemigo, la vida se modificaba y desaparecía. Siendo las lanzas, flechas o espadas lo que marcaba fin la existencia; algo muy similar a lo que ocurría con los falos, más en sentido contrario. Puesto que la penetración con el miembro viril, cambiaba la existencia, haciendo comenzar las vidas". Todo cuanto vamos recogiendo puede hacernos recordar o comprender de nuevo el sentido de estas falerias y sobre todo su relación con Medusa o los rostros horribles que debían preservar del Aojo. Mal fario que para el guerrero no era otro que el de verse atravesado por "el palo" (que en los tiempos más remotos griegos significaba "lanza").
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Tras lo expuesto nos planteábamos que "aquel palo era tenido por ´la suerte´. Debido a que en batalla, que se clavaran las lanzas o las flechas en el cuerpo del soldado, dependía solo de "los dioses". Algo que igualmente debe hacernos meditar sobre los "por qués" del nombre del proyectil de la honda, que se denominaba glande (en latín "glans") y que quizás se relaciona plenemente con esta creencia e imágen, por la que atravesar el cuerpo del enemigo con el arma, se identificaba con la penetración sexual. Hechos estos que explican el amuleto del falo como protector en la cultura latina, relacionado con las armas arrojadizas". No siendo una hipótesis extraña esta nuestra por la de que el origen de todos esos talismanes apotropaicos con nombres y símbolos tan sexuales; tuvieran su origen en costumbres y usos bélicos, en los que los soldados buscaban la suerte, relacionando el poder generador de la vida (la cópula penetrando con el falo) con el destructor de ella (la muerte, atravesados por un arma).

AL LADO: Glandes o proyectiles para honda en plomo (ibero-romanos), pertenecientes al Museo Cordoba (al que agradecemos nos permita divulgar su imágen) y fechados en el siglo II a.C. -hallados en Albendin-. Observemos su similitud al glande masculino, pese a lo que el nombre nos llama poderosamente la atención considerando que pudiera significar "algo más". Relacionando quizás claramente el sexo y la generación de la vida con la muerte y la guerra: Eros y Tánatos unidos siempre en este tipo de simbología bélica.
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ABAJO: Portada del capítulo III de "Sex or simbol?..." de Catherine Johns. En esta podemos observar un enorme glande con ojos que a modo de serpiente actuaría en Roma como falo apotropaico. Evidentemente, la sierpe, el pene y la flecha o el venablo que ataca, debieron ser tres símbolos y signos unidos en sus conceptos para toda la casta militar en la Antigüedad. Tanto que gran parte de los talismanes y objetos protectores hacen referencia a ello (amuletos que serían usados en las batallas a modo de medallas o escapularios en nuestra cultura).





Pero regresando a Medusa, expondremos brevemente lo que sobre aquella y su relación con el Aojo decíamos en nuestro trabajo "Higa, higo, hígado y aojo; magia religión y medicina" (página 85 y ss. del libro EL CUERPO EN LA TRADICIÓN). Comenzábamos en aquel capítulo aludiendo las muchas interpretaciones que daba Govanni Bocaccio sobre la Gorgona en su maravillosa obra "GENEALOGÍA DE LOS DIOSES PAGANOS" (L. X, cap. 6, 10-27). Tras lo que relacionábamos el mito de la monstruosa diosa de pelo serpentino con el Catoblepas; terrible animal que según Plinio (His.Nat. VIII-34) habitaba en las aguas del Nilo y que sacaba de ellas sus ojos, pudiendo matar a todo aquel sobre el que fijara su mirada. Pupilas asesinas que sin duda aluden a la mortecina, terrible e hipnótica mirada de los reptiles; que en el caso del Catoblepas se referiría quizás a los cocodrilos del Nilo. Pero que igualmente pudiera relacionarse con los ojos de cualquier sierpe y hasta con los de la cobra escupidora, que insufla su veneno al que la ataca (llegando a acertar desde varios metros, provocando la ceguera con los ácidos que este mortífero escupitajo lleva).

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El caso de Medusa, la reina de Occidente con pelo de sierpe hablábamos de que en nuestra opinión se trataba del recuerdo -o la figura- de las brujas y de las sociedades gobernadas por mujeres que los griegos sabían existían al Oeste del Mediterráneo. Desconociendo los historiadores modernos y cásicos si aquella Gorgona había que ubicarla en Sicilia o en Cerdeña (donde muchos la imaginaban), finalmente parece que el lugar más acertado para situarla es el Estrecho de Gibraltar. De ello nuestra etimología provenía de "gargareos" () cuyo significado es garganta, pudiendo aludir su voz a las dificultades para cruzar el tramo de mar que hay entre África y Europa en su extremo más corto. Gargantas muy temidas por todos los marineros en la Antigüedad y a las que hacen referencia algunos de sus mitos, como el de Caribidis y Escila, que relata las dificultades y remolinos existentes para navegar entre Sicilia y las islas del Sur de Italia (donde las corrientes hundían de común las naves helenas). De igual modo la epopeya del Argos narra de forma similar los temores y terrores para pasar el Bósforo; estrecho del que dicen unía de continuo sus rocas, chocando y apresando entre aquellas las naves (quizás aludiendo a los ataques que los habitantes de la antigua tróade llevarían a cabo sobre los barcos que no deseaban cruzaran "su" paso marino).

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Por todo cuanto vamos anotando, a nuestro juicio la voz Gorgona nacería del "Estrecho" existente entre las Columnas de Heracles, cuya dificultad para navegarlo debía ser mucha (debido a las conocidas corrientes, pero a su vez por los ataques y abordajes de los fenicios y de los lugareños -iberos que cuidarían de sus costas celosamente y más aun antes de llegar a pactar para comerciar con los helenos o extranjeros-). Auque por su parte la etimología de Medusa la comprendemos nacida desde las voces MEDO () = "reina, mandataria"; unida a DEUSA () = "diosa". Siendo nuestra interpretación que Medusa significa "REINA DIOSA", lo que aludiría seguramente a las sociedades mediterraneo occidentales de la época y en especial a la ibera, que se sabe en gran parte eran gobernadas por reinas (que seguramente fueran "Damas" como la de Elche). Viviendo muchos de los los iberos -tal como los antiguos textos manifiestan- en giniecocracia y temiendo terriblemente los griegos la brujería y las Sociedades organizadas por féminas, aquellas reinas del Occidente serían diosas terribles y con gran poder, como la Medusa de Perseo -que habitaba junto al Atlántico y en el extremo del mar Mediterráneo-.

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Temores y horrores similares a los del héroe Perseo se narran en varios episodios antiguos helenos, entre los que destaca la Odisea; donde Homero describe los males del lejano Oeste Mediterraneo, entre los que dicta terrible la existencia sobre sus aguas e islas, de reinos gobernados por brujas (Circe o Calipso). Esta última podemos asimilarla de algún modo a las Gorgonas, tanto que a mi juicio la etimología de la Maga Calipso y la del monte Cilpe es la misma. Así sabiendo que aquella hechicera embruja a Odiseo durante siete años y le obliga retenido a vivir junto a ella en su reino-isla de Ogigia (que se sitúa en el Estercho también). Serían la misma y homónima Calipso que el monte Calpe (o Cilpe), nombre entonces del Peñón de Gibraltar y que en mi opinión es el famoso lugar que habitaba la bruja con tan parecida denominación (pues Calpe, Cilpe y Calipso son casi iguales en su escritura). De todo ello, las Gorgonas y Medusa no serían más que el temor de los griegos al lejano Oeste, pero sobre todo a la magia y al embrujamiento (algo que les aterrorizaba, tanto que los episodios más terribles de la Odisea mencionan a mujeres que atraen y hechizan a los compañeros de Ulises -Sirenas, Circes, Calipsos o magas). Aunque el hecho de que la mirada convirtiera en piedra a quienes cruzasen la vista con aquella diosa amedrentadora, consideramos que hace más bien referencia a los peligros del mar en el Estrecho. Concretamente a la posibilidad de encallar allí, en tierras próximas a Calpe (nombre antiguo de Gibraltar), donde la garganta del mar (la gorgorna) puede devorarte y convertirte en piedra al chocar seguramente con alguno de sus riscos.

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El resto de temores y horrores que relacionaban el Occidente lejano con la tierra de mujeres horribles de pelo cargado de sierpes, hubo de deberse -como dijimos- a la posibilidad de ser abordado o hundido. Mal que acechaba a todo barco que se acercara por las rutas fenicias del metal (principalmente a los griegos, tan odiados entonces por los púnicos). Narrando probablemente el mito de Perseo que corta la cabeza de Medusa, el triunfo conseguido por los egeos o los micenios en nuestras tierras. La primera teoría sería considerar a Perseo un micenio y a Heracles (su descendiente) griego, aunque pueden ser ambos el mismo héroe de igual época y en diferentes ciclos. Por lo que no hay que descartar la idea de que Perseo simbolizase el triunfo heleno (posiblemente de los samios) llegados hacia el 650 a.C. a Tartessos , logrando abrir caminos comerciales entre Grecia y el Sur de España -aprovechando quizás la debilidad y la caida de Tiro y Sidón-. Por cuanto Perseo (como a hemos escrito en varias ocasiones) creemos que no es más que un igual mito al  de Herakles, aunque en un ciclo anterior. Historia que narra cómo llega aquel héroe (personificación de los helenos)  logrando "cortar la cabeza" (atravesar la garganta o el Estrecho) doblegando a las diosas reinas del Occidente. Todo lo que indicaría conquistas o fundaciones griegas en nuestras tierras -micenias o posteriores, de época griega; como Alonis o Hemeroskopion-. Todo ello sucedido "quizás" tras la desaparición del poder de Tiro y Sidón, "la cabeza" del mundo fenicio-tartessio entonces. Tras cercenar el cuello de las reinas terribles del Oeste, de la garganta "medusea" nace el primer rey meridional hispano de nombre griego (Crisaor, "el de la espada de oro" que en lengua helena se dice así= w ) y que en toda regla parece el mismo que Arganthonio (el rey de la plata = ARGA - NTHONIOS). Junto a el nace Pegasos, el caballo alado; que simbolizaría las magníficas yeguadas del Suroeste peninsular tanto como los ejèrcitos de mercenarios que allí contrataban los colonizadores de nuestras tierras.

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Por último añadiremos que en las entradas pasadas (unos días atrás) ya hablábamos de la figura de Medusa sobre las corazas y los escudos, tal como Perseo la situó delante de la Egida de Atenea. Algo que relacionábamos con el deslumbramiento que podía producir el brillo de los escudos al reflejarse, quizás mientras se luchaba; lo que posiblemente se llamara el "fascino" (deslumbrar). Luz y reflejo que de seguro hacía que el enemigo quedara ciego por unos segundos, pudiendo quizás en estás décimas de segundo ganarse el "cuerpo a cuerpo". Aunque para ahondar en este tema se precisa ampliar el estudio y dedicar un análisis mayor a la figura de Medusa como diosa bélica. Algo que realizaremos en breve.

















domingo, 20 de mayo de 2012

MADRE LUNA Y PADRE SOL -algunas joyas y objetos suntuarios que los simbolizaron; sus efectos apotropaicos- (De "Lo invisible en la mitología": Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte L).


Esta entrada es continuación de las anteriores. Recomendándose la lectura previa de aquellas que le preceden, para una comprensión plena de cuanto exponemos en ella.

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BAJO ESTAS LINEAS: Frontal de un templo japonés de la ciudad de Maebashi, en el que vemos un "gong" ritual común, que se hace sonar golpeando la cuerda anudada (que le cubre). Bajo el signo solar, esta "campana sagrada" representa de algún modo el brillo de los astros, o el espejo del cosmos; teniendo la capacidad de otorgar protección con su golpe de sonido a los fieles. De tal manera, el "gong" nippón marcará la unión de los tiempos o el final y el comienzo de una época, tanto que el año ritual se inicia con su sonido. Consecuentemente, en ocasiones tan marcadas como el Año Nuevo, todo templo japonés hace sonar estos grandes discos metálicos durante minutos en anuncio del tiempo que nace. Como hemos estudiado en anteriores entradas, la acústica sacra en la mayor parte de las civilizaciones milenarias ha relacionado el movimiento y la armonía de los planetas con la música (tanto como el sonido y su belleza, con los ciclos siderales). El resultado "místico" final que consideramos es que el espejo -tanto como el disco-gong sacro- son de algún modo un símbolo del Universo armónico; al igual que lo será en Occidente la campana y la sombra sobre la torre de una iglesia (o la del reloj solar que en ella hay). Siendo aquellos los signos de la luz y de la acústica que nos protege. De tal manera, comenzamos este artículo con la imagen del espejo-gong como disco astral y del sonido que su golpe puede producir; símbolo del brillo de las estrellas que marcaran los ciclos e intervalos del Espacio, del Tiempo y de la música.




AL LADO: Detalle del Pectoral del Tesoro de El Carambolo en el que podemos ver los adornos "buliformes" que ya hemos estudiado en su significado astronómico y apotropáico (agradecemos al Museo Arqueológico de Sevilla nos permita divulgar su imágen). Como vimos en nuestra entrada 59º del presente blog (http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/07/1-6_19.html) el número de sus formas en semiesfera y cóncavos, coincidía con los ciclos de la Luna y del Sol (como meses o días, siendo aquellos múltiplos de 12, 13, 28, 29 y etc). Por su parte, el valor o poder mágico de esta joya ya hemos explicado que se debe fundamentalmente a su forma de "keftiu", o lingote de metal precioso, usado en Creta y Chipre a fines del II milenio a.C.. Diseño que a nuestro juicio a su vez procedería del hacha doble (labrys, que daba nombre al Laberinto) y que se relaciona con la bipenna sagrada, que simboliza no solo el arma protectora y el metal preciado que concede la prosperidad; sinó igualmente el rayo o la luz divina. Formas desde las que nacieron amuletos tales como las famosas Piedras del Rayo, que hasta nuestros días han llegado en forma de hachas pulimentadas. Bipennas normalmente de origen neolítico, usadas hasta no hace mucho como talismanes apotropáicos para protegerse de los fenómenos atmosféricos -fundamentalmente para evitar el rayo, pero obteniendo lluvias que generen las buenas cosechas-.
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Abajo: Talismán fenicio en ágata buliforme, montado sobre oro perteneciente a los siglos VII al VI a. C. (procede de Tharros, Sássari, y propiedad del Museo de Sanna, al que agradecemos nos permita divulgar su imagen). Centenares -por no decir miles- de talismanes semejante a este y con formas circulares o astrales, producían los fenicios en sus fábricas, extendiendo su comercio y uso por todo el Mediterraneo. Una gran parte de aquellos tienen su origen en los ritos de magia egipcia, nacidos de la religión del Nilo cuyas prácticas ya se realizaban en Biblos -incluso varios siglos antes de que germinase la cultura fenicia en el litoral que actualmente comprende las costas de Líbano y Siria-. Pese a ello, algunos otros dijes y abalorios fueron propiamente púnicos, como los del del dios ocular o el talismán en forma de pupila. Amuleto del ojo azul que hoy aún se usa para combatir el Mal Fario -Nazar- en gran parte del Mediterráneo y que extendieron los comerciantes de Fenicia, como diseño variado del ágata y del lapislázuli que los mesopotamios utilizaban para el mismo fin. Entre esta infinidad de colgantes mágicos que los fenicios producían y que los griegos en ocasiones denostaban, llamándolos quincallería ("artimatia", apodo dado por los helenos a la bistutería apotropaica, pese a que la mayoría de ellos también los consumían con gran fe). Destacan los de formas esféricas; algo que creemos nace de la identificación de la luz con el globo ocular y de este con el brillo y forma de los planetas. Simbolizando los colgantes redondos: Los astros, la visión y la luz -como concepto de bondad protectora-.




Iniciamos la entrada de hoy en la que trataremos sobre el poder protector de algunas representaciones de la Luna y del Sol en objetos suntuarios; hablando de nuevo de las publicaciones que han tratado el tema. Centrándonos en algunos estudios que trataron sobre el poder apotropaico de joyas y adornos que simbolizan los planetas y más concretamente en las facultades de aquellos como ahuyentadores del Mal de Ojo. Acerca de ello, ya dijimos que recientemente apareció una tesis doctoral que lo trata, trabajo que publicó la Universidad Complutense en 2010, firmado por Antón Alvar Nuño e intitulado: "EL MAL DE OJO EN EL OCCIDENTE ROMANO....". Tal como expresábamos unas entradas antes de la presente y sin desear quitar mérito a tan extenso trabajo, habíamos echado en falta en toda esa tesis varias menciones a investigadores cruciales sobre este tema. Refiriéndonos en primer lugar a Richard Payne, quien fuera uno de los mayores benefactores del Museo Británico y quizás el primer estudioso serio sobre el culto al falo y su expresión en el Mal de Ojo. Tanto como a Catherine Johns, quien en 1982 retomó el tema, que aún permanecía en situación de "semitabú". Y que en su libro publicado por el British Museum (SEX O SIMBOL?) logró no solo recopilar una gran documentación sobre cultos sexuales en la antigüedad, sino igualmente explicar el valor de muchos de aquellos "objetos venéreos", relacionándolos con el Aojo (o la protección del "mal fario").
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Evidentemente exponíamos igualmente la tristeza de que en su tesis Antón Alvar Nuño tampoco hubiera mencionado (o leido) nuestro trabajo sobre ello, comprendido en el libro EL CUERPO EN LA TRADICIÓN ("Higa, higo, hígado y aojo; magia religión y medicina", Ed. FUNDACIÓN JOAQUÍN DIAZ 2007, Valladolid). Puesto que en aquel hubiera conocido mi tesis que expresa como origen primigenio del Mal de Ojo, la transmisión venérea de las oftalmias más graves. Pero dejando al margen que no dé por conocido nuestro estudio, llama poderosamente la atención que dedique un capítulo a las últimas investigaciones sobre El Mal de Ojo en España y que en este tan solo mencione apenas dos autores (sobre los que más adelante trataremos), sin citar trabajos tan especialmente significativos como el que hoy vamos a analizar. Nos referimos por ejemplo al de Maria Luisa Martín Ansón, que en su estudio titulado AMULETOS-TALISMANES EN FORMA DE CRECIENTE EN LA ESPAÑA MEDIEVAL (publicado entre otros por AEA, LXXVIII. 2005, 309, pp. de la 5 a la 21), recoge el significado del Aojo en muchas culturas, tanto como las maneras de combatirlo con amuletos a modo de lúnula -especialmente usadas para proteger animales-.
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Verdad es que cuando escribimos el libro anteriormente mencionado ("Higo, higa, hígado y Aojo..."), tampoco había leido -ni conocía- esta obra de Ma.Luisa Martín Ansón, muy valiosa desde el punto de vista de la investigación -y que se editó un par de años antes que antes la mía-. Estudio que llegó a mis manos no hace mucho tiempo, por lo que queremos redimir a día de hoy la causa de no habernos documentado suficientemente entonces; pudiendo haber incluido entre nuestros datos o aportaciones algunos que la citada investigadora proporciona en ese trabajo sobre los amuletos con forma de creciente. Dicho esto, comenzaremos el artículo de hoy recordando de nuevo el sentido mágico del espejo en la Antigüedad y en las culturas milenarias, del que ya vimos su sigificado se asimilaba con todo objeto que simbolice la Luna y las estrellas. Algo que procede fundamentalmente porque la luz de nuestro satélite es un reflejo del Sol; un hecho tan cierto como facil de observar, conocido desde la más remota antigüedad y que llevó a identificar los espejos o las aguas (donde se reflejan las imágenes) con el astro que nos acompaña y el que le proporciona la luz. Del mismo modo, ya habíamos dicho repetidamente, que la coincidencia entre el ciclo de la Luna y los de la mujer, hizo que esta simbolizase la Gran Madre; que normalmente se expresa en las religiones antiguas como una mujer que luce un creciente -o un espejo- sobre su frente (o su cabeza). Por todo lo que previamente a entrar en el estudio antes mencionado de Ma.Luisa Martín Ansón, vamos a recordar algunos conceptos ya vistos sobre el sentido apotropaico de la joyería y de las formas globulares en adornos suntuarios ibéricos.


AL LADO:
Amuleto denominado "Lechisangre" que se compone de ágatas engarzadas; propiedad del Museo Etnográfico de Castilla y León, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen (foto tomada de su libro catálogo "Enseres" pag. 175). Observemos este talismán muy común en España hasta no hace muchos años y que tanto se parece al fenicio que antes recogíamos (con más de veinticinco siglos de diferencia entre ambos). Las propiedades curativas y protectoras de los minerales preciosos ya dijimos que se basaban en la identificación de estos con los planetas (donde habitaban los dioses y de los que procedían las piedras valiosas) y en los usos de farmacopea que se les daban. Tanto que hasta la aparición de la farmacia científica, era común contener en las boticas de los conventos un lapidario; cajones donde se guardaban metales y minerales (semipreciosos o preciosos) para mezclarlos en los unguentos y bebedizos que allí se preparaban con fines curativos. Actualmente, algunas "ramas de la medicina" también afirma que a través del contacto cutáneo o llevando colgadas ciertas gemas y metales preciados, se provocan cambios en el estado metabólico del cuerpo. Tanto que incluso aquellas afectan a los huesos o a la piel, llegando a curar o a equilibrar al que así las porta.
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ABAJO: Diversos pendientes o colgantes en oro y plata fechados en el Bajo Bronce -o la Primera Edad del Hierro hispano (hacia el siglo IX a.C.)- que presentan igualmente adornos buliformes. Joyas con estas formas se hallan con cierta profusión en la Península Ibérica; datándose a fines del II milenio. Igualmente en Mesopotamia y en Oriente Medio, podemos encontrar adornos con diseños similares ya desde el III milenio a.C., que en España se han denominado de "racimo" (por su cercanía a uno de uvas). Pero si observamos con detenimiento dichos adornos veremos que consisten en un símbolo astral y que incluso tienen un carácter matematico. Tanto que el de la imagen se compone en cada pendiente (anillo) por dos triángulos unidos; uno formado por tres bolas de gran gran tamaño, que se cruza con un trio de bolitas menores. Otras joyas similares aparecidas en la Península han sido tenidas por esquematizaciones de racimos de uvas, algo que tampoco explicaría su diseño debido a que el vino y las viñas se introducen en nuestras tierras en épocas mucho más tardías a la datación de estas (nunca posteriores al siglo XI a.C.). De ello, consideramos que estas joyas buliformes del II milenio a.C. y que tan frecuentemente se hallan en nuestras tierras, contienen un carácter astral, seguramente relacionado con esquematizaciones de ciclos y formas siderales. Figuras que se sabe existieron en la posterior orfebrería y de las que sobre su significado cósmico nadie duda, tanto que es admitido que el botón charro esquematiza símbolos lunisolares. Botones, colgantes y adornos que consideramos nacen de la joyería más antigua peninsular, cuyos diseños se encuentran ya en el III milenio a.C. y que permanecen durante los siguientes mil años, siendo posteriormente tomados por los fenicios o los tartessios. Unas formas características y muy peculiares -a modo de astros- diseñadas con grandes esferas cóncavas y convexas unidas; algo que podremos más tarde (hacia el siglo VII a.C.) apreciar en joyas como las del Tesoro de El Carambolo. Diseños que serán muy similares a los que permenecerán en la orfebrería que hasta hoy usan las damas y los hombres de Iberia (como son las charras, las cacereñas, maragatas, valencianas y etc.).



AL LADO: Chaleco de hombre en el traje regional de Montehermoso, Cáceres (modelo tomado de un maniquí expuesto en el Museo Provincial de Cáceres, al que agradecemos nos permita divulgar la imágen). Observemos el botón llamado comunmente "charro" por ser muy utilizado entre los salmantinos, tan parecido en su diseño a la joyería del Bajo Bronce peninsular y tan cercano a las formas de El Carambolo. Nadie duda del carácter astral de sus adornos compuestos por semiesferas, sobre los que se afirma simbolizan la Luna en sus fases (con el fin de proporcionar protección y suerte al hombre que los lleva). Pese a esta certeza sobre el simbolismo cósmico de las joyas charras, apenas hemos podido leer un solo estudio en el que se relacione este diseño buliforme con la orfebrería tartessia (y en especial con las de El Carambolo). Del mismo modo, no hemos visto investigaciones que pretendan demostrar que aquella orfebrería ibérica hubo de ser no solo la precursora de las posteriores joyas hispanas (tan parecidas a estas); sinó que a su vez, piezas como el Tesoro de El Carambolo han de tener igualmente un enorme significado religioso y mágico. Simbolismo sagrado con diseños que reflejan los astros y las luces del Cosmos. Algo que se sabe esquematizan muchos de los adornos que hasta hoy lucen sobre los trajes y peinados regionales de España (cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos).
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ABAJO: Fotografía de José Luis García Romero, que se halla en el blog: "arribescultura.blogspot.com" y que muestra tres charras en una fiesta de Aldeadávila, hace unos cien años. Ya hemos recogido imágenes de este autor (agradeciendo a arribescultura nos permita divulgarlas), en las que se ve claramentre en parecido de la moda y de los trajes charros, con los que hace más de veinticinco siglos lucían las mujeres de nuestras tierras. Pudiendo parecer nuestra observación exagerada al decir de nuevo que estas salmantinas llevan una orfebrería y vestimentas casi igual a las de las Damas ibéricas. Para que no haya dudas sobre nuestro juicio, de nuevo repetiremos que esculturas como la Dama de Elche, junto a varias de El Cerro de los Santos, se tuvieron por copias decimonónicas al no poder creer quienes las vieron por primera vez el parecido entre estas y la modas, trajes y peinados de las mujeres de su tiempo. Españolas que vestían a fines del siglo XIX en sus fiestas y galas de manera casi igual a las Damas Iberas que por entonces se comenzaron a encontrar y a estudiar (cuyo aspecto era muy semejante al de las falleras, las maragatas o las charras). Luciendo rodeles en sus orejas y peinados con "formas del carro", rematando su cabeza con preciadas joyas y tocados altos (como la peineta, que tanto recuerda al espejo de Isis). Todo ello, igualmente acompañado de "enormes ristras" de joyas y collares buliformes que cuelgan de los cuellos y hombros, las hacían casi iguales en su aspecto a las damas prehistóricas. Modas y modos que sin lugar a dudas han permanecido más de veinticinco siglos, cuyo significado astral y religioso inicial ha derivado hacia otro mágico y apotropaico (que aun hoy conservan).


Tal como venimos afirmando, entre los símbolos más curiosos ibéricos relacionados con la Luna y el Sol y conservado hasta nuestros días, es el rodete -o rodeles- de los peinados. Pelo que relacionaría la cabeza femenina con el Carro del Universo, también denominado "carro solar"; consistente en aquel "motor" que provoca el movimiento de los astros entorno al Mundo. Giro sidereo del que sabemos hoy también "participa" la Tierra, pero que antaño se atribuía tan solo a los planetas y a las estrellas que nos rodean. Siendo el "carro" que movía el Universo un mismo "mecanismo"al que en Egipto se denominaba Barca de Ra: El vehículo del Cosmos que avanzaba en los cielos de Este a Oeste, provocando el día y la noche a través de las horas. Ciclo que generaba el paso del tiempo y su medida, de cuyo conocimiento se servían los agricultores para saber cuando habían de sembrar o recoger, tanto como los marineros para orientarse en sus rutas. De tal manera, si la Barca de Ra egipcia se representaba en los cuernos que la diosa Isis (y Hathor) lucía sobre su cabeza, simbolozando el creciente y por lo tanto el paso del tiempo medido en Lunas (o Soles). El Carro del Sol seguramente era lo mismo que las Damas íberas llevaban sobre sus cabezas, prendado a cada lado y en la forma de dos rodeles. Con la forma de el pelo trenzado y anudado -a modo de dos "ruedas"-, adornando cada oreja; todo lo que sin duda significaba el Sol y la Luna en sus movimientos astrales.
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Para muchos, difícil se hará creer que realmente este Carro Solar milenario es el mismo que recuerdan aún hoy en sus peinados las falleras, las maragatas, las cacereñas, las zamoranas o las charras... . Pero mucho más dificultoso será poder justificar de otro modo por qué aún las mujeres en Iberia continúan llevando sobre sí un extraño modelo, inexistente en otras zonas de Europa, exactamente igual al que usaban las Damas Ibericas. De lo que sabiendo que "la verdad" (al menos la científica) ha de ser la hipótesis más sencilla que explique o resuelva de forma más clara y simple un hecho. Solo podemos decir que aquellas mujeres que aun vemos peinadas con rodetes en las fiestas de muchas Comunidades españolas, lucen en sus lados el recuerdo del Carro Solar. O lo que es lo mismo, los astros que desde la Antigüedad dominaban el panorama celeste y el de los dioses: La Luna y su resplandeciente marido, la "estrella rey". El padre Sol y la madre Luna esquematizados en aquellos peinados que se rematan y adornan con joyas en forma de bolas, que tanto nos recuerdan a los planetas y esferas brillantes que giran en el Universo (veamos la foto de las charras con las mencionadas bolitas de oro y plata prendidas en los rodeles).
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Finalmente diremos para quienes permanezcan incrédulos ante estas teorías, que las mismas ideas también se explican y justifican a través de otros muchos adornos y objetos suntuarios de esas zonas de España. Abalorios, joyas o colgantes que igualmente contienen un sentido astral comunmente conocido, entre los que como más común se halla el antes mencionado botón charro (que podemos ver en la foto superior lateral). Pieza comunmente hecha en plata (aunque también puede fundirse en oro) con forma redondeada y que presenta una semiesfera en el centro y otras muchas rodeándola -mientras a su vez suele llevar otra linea externa de bolitas menores que enmarcan las anteriores-. El número de las esferas que "giran" entorno a la central suele ser el de ocho (aunque a veces es muy distinto) y por ello cuando hemos preguntado sobre su sigificado a los ancianos de la zona en donde su uso era común, siempre nos han respondido que simbolizaban la Luna -o el Sol- en el centro y las ocho fases del satélite (de Menguante a Creciente, desde la Llena a la Nueva). Hubo quienes afirman que aquel botón significa los siete planetas rodeando la Tierra (o el Sol), pero por lo común se entiende que su sentido es el del Astro Rey y las fases de la Luna.
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Por todo ello y conociendo el valor protector de los planetas desde la más remota antigüedad, no es aventurarse el considerar que aquel botón -tanto como el peinado o la orfebrería buliforme que lucen los charros (los maragatos, los cacereños y otros muchos)- tuvo su origen en las formas más antiguas de la joyería ibérica. Unos adornos nacidos con diseños muy semejantes ya en el II milenio a.C. y creados seguramente por los colonizadores que en estos siglos del Bronce vinieron desde el lejano Este mediterráneo (tras nuestro oro y nuestra plata). Metales preciosos que atrajeron a gentes llegadas de Oriente Medio y del Egeo, en búsqueda de las enormes riquezas que entonces tenía Iberia, la tierra más fértil en oro, plata, cobre y estaño del Mundo entonces conocido. Un mundo que necesitaba de la casiterita como ahora precisa del petróleo, puesto que este metal semiprecioso era imprescindible para la aleación y creación de un bronce elástico y resisitente (que no se partiera o se quebrara con los golpes). Pero como las minas de estaño eran apenas inexistentes en el Mediterráneo, ello que hubo obligar (al menos durante la Edad del Bronce) a visitar nuestras tierras de continuo a las gentes de las más avanzadas civilizaciones, buscando este preciso metal. Generando todo ello Los Milares y El Argar, pero sobre todo una cultura metalúrgica que ya nunca desapareció de nuestra idiosincrasia. Un mundo ibero basado en las minas y en los metales que nace con los primeros colonizadores venidos desde Oriente Medio -hacia el siglo XXVIII a.C.- y que no cesará ni siquiera durante la dominación romana (que se abasteció de oro y plata en una gran parte de su Imperio, gracias a las minas de Orense, Galicia y de otros muchos yacimientos existentes a lo largo de toda la Ruta de la Plata).

AL LADO: Amuletos fechados entre los siglos XVIII y XIX expuestos en el Museo Provincial de Cáceres (al cual agradecemos nos permita divulgar su imagen). Se trata de lúnulas con higas en su centro, algo que podremos apreciar al aumentar la imagen y ver en la zona media de aquellas la paqueña mano también hecha en plata. La que aparece en la parte inferior tiene una joya engarzada que a juicio de expertos se trata de un trozo de pasta vítrea, pese a que la apariencia sea de un "cabuchón" de esmeralda. Por ello algunos consideran que se trata de adornos no solo para colgar o portar por las personas, sinó también para ser llevados en los animales. Teniendo grandes efectos protectores para las más elegidas cabalgaduras estos talismanes en forma de Lunas, los veremos mencionados en el estudio que escribió Ma.Luisa Martín Ansón y que a continuación analizamos.
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ABAJO: Otra vitrina del Museo Provincial de Cáceres (al cual agradecemos nos permita divulgar la imagen) en la que podemos apreciar varias piezas de orfebrería popular de los siglos XVIII al XX. En todas ellas se observa el parecido -que venimos mencionando repetidamente- entre estas joyas y las tartésicas o las fenicias. Siendo muy acusado el paralelismo entre los zarcillos que vemos en su centro y otros muchos modelos casi idénticos que se hallan en la arqueología ibera y que guardan a veces más de veinticinco siglos de diferencia.Tanta, que muchos han creido que estas piezas populares cacereñas o salmantinas se diseñaron copiando las ibéricas, o las fenicias y romanas que les precedieron. Algo absolutamente improbable puesto que la orfebrería antigua es un descubrimiento muy reciente, conociéndose las joyas iberas o fenicias desde finales del siglo XIX (dado que hasta entonces ni siquiera se habían hallado ni estudiado en nuestras tierras). Por lo demás, para que aquellos modelos hechos en plata y oro se mantuvieran vivos durante más de dosmil años en la zona Norte de la Ruta de la Plata, creemos que hubo de existir un nexo permanente como serían los orfebres judios y árabes hasta allí llegados. Talleres de joyeros y plateros que se establecerían preferentemente desde el siglo XV, debido a que huyeron a esta zona una parte de los hebreos que en la diáspora se refugiaron en esos montes de Salamanca-Cáceres, fronterizos con Portugal. Habiendo sido probablemente los judiós que marchan a sobrevivir a estas zonas -de la Sierra de Gata o de Francia-, los que seguramente mantuvieron muchos esos modelos de orfebrería clásica hispánica, de origen ancestral (hebreos de los que se sabe "abrieron" a fines del siglo XV nuevas juderías en muchos de los pueblos cercanos del vecino Portugal -Tras Os Montes, o Douro-).



AL LADO: Amuletos con forma de lúnula, fechados en el siglo XVIII y propiedad del Museo Etnográfico de Castilla y León, al que agradecemos nos permita divulgar su imagen (foto tomada de su catálogo ENSERES Pag. 214). El talismán de arriba presenta un diseño similar a los antes vistos, con una higa en su centro. El inferior que es de latón, tiene un su zona media una especie de lengua donde observamos una cara, que claramente se trata de una Luna llena. A nuestro juicio estos que vemos serían talismanes para colgar de las cabalgaduras, con el fin de proteger a los buenos caballos y mulillas de los males (especialmente del Aojo). En los siguientes párrafos tratamos sobre estos "hechizos" del Mal de Ojo y de los remedios que se ponía sirviéndose de talismanes como los que vemos.
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ABAJO: Colgante ibero-fenicio en oro puro perteneciente al Tesoro de Villaricos (propiedad del Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos nos permita divulgar la imágen). Observemos en este un diseño casi idéntico al de los amuletos anteriores y aunque entre ambos haya más de dos mil años de diferencia muy posiblemente el uso y el singificado que tuvieron ha sido muy similar. En lo que se refiere al fenicio, se distingue en su centro parece una Luna llena rodeada de granulados, que quizás tembién signifiquen el Sol. Esta se encuentra flanqueada por siete triángulos, formados cada uno por cinco bolitas de oro. Pudiendo referirse aquellos siete, a los días de la semana que como sabemos eran comunes en los calendarios semitas lunisolares (cumpliendo un ciclo de cuatro semanas la duración de un periodo de mareas dependientes de la Luna; tanto como el femenino ovulatorio, que igualmente viene a durar 28 días). En todo ello volvemos a ver la madre Luna como origen de la vida, dando protección y luz en la oscuridad (guiándonos en las tinieblas).


Por cuanto vamos narrando y recogiendo, nos será ya muy fácil comprender el interesante estudio de la profesora Ma. Luisa Martín Ansón (1), en el que comienza citando la Biblia como fuente donde encontrar ya estos amuletos y talismanes con forma de lúnula para combatir el Aojo. De tal manera hace referencia a esos adornos entre las mujeres de Jerusalén, tal como menciona Isaias escribiendo (2) :" ... Aquel día quitará el Señor el adorno de las ajorcas, los solecillos y las lunetas; los aljofares, las lentejuelas y los cascabeles; los peinados, las cadenillas de los pies, los ceñidores, los pomos de olor y los amuletos, los anillos y aretes de nariz; los vestidos preciosos, los mantos, los chales, los bolsos, los espejos, las ropas finas, los turbantes y las mantillas..." (Libro de Isaías, 3,16-24). Viéndose en lo antes descrito que las féminas de Israel en tiempos de este profeta (siglo VIII a.C.) lucían ya adornos en forma de lúnulas y solecillos, que acompañaban con lentejuelas, zarcidos anillos y aretes de nariz; todo lo cual hace pensar que el aspecto de aquellas debía ser muy parecido (sinó igual) al que actualmente tiene cualquier bailarina de folklore en Oriente Medio. Ello nos obliga a pensar que de una forma muy semejante hubieron de engalanarse las fenicias e incluso las tartessias y las féminas de zonas hispano-fenicias; a la vez que las propiamente iberas parece que guardaron ciertos rasgos más peculiares y que también se mantuvieron hasta nuestros días (tales como los rodeles, la peineta, los altos tocados o un gran número de vueltas de collares con los que cubrían -y cubren- sus cuellos y hombros).
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El texto anterior bíblico es de un enorme interés, pues nos muestra el uso común en Canaán de aquello que los griegos denominaban despectivamente como "quicallería" y que los fenicios comerciaban por todo el Mediterráneo en la forma de diversos amuletos, pendientes, aros, zarcillos, lentejuelas, dijes y abalorios. Colgantes y adornos que principalmente lucirían las mujeres y de los que sabemos tenían un gran valor mágico (probablemente por la capacidad de deslumbrar al hombre y atraerle hacia la que los lucía). Pues tal como en la frase anterior terminábamos diciendo, aquellas afortunadas de tener joyas, las "lucían"; voz que sin duda procede de el hecho de deslumbrar con ellas y "atraer" con sus luces a los demás. Algo que seguramente prodece o tiene un sentido comun con la fascinación y el Mal de Ojo (el fascinium) que en sí mismo significaba "alucinar" en el sentido de luz. Referido a ello, la mencionada autora nos dice en su obra (3) : "El influjo ejercido por la luna, el mal de ojo o la fascinación, probablemente son las supersticiones más habituales y sus consecuencias se confunden, (...) El mal causado por el `pus visibo´ que fluye de la mirada puede tener efectos funestos, no sólo para el hombre sino también para los animales e incluso para los objetos inanimados. Virgilio en la tercera égloga de sus Bucólicas, en el duelo poético entre los dos pastores, pone en boca de Menalcas lo siguiente: `He aquí que para estos otros ni siquiera es el amor la causa de que estén en los huesos. Un ojo -y no sé yo cuál- influye en la vida de mis pobres corderos´ ."
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Las frases anteriores explican de nuevo el significado de esta superstición que ha llegado hasta nuestros días y que aun cobra adeptos, tanto como gentes que lo temen casi más que a cualquier enfermedad (otorgándo al Mal de Ojo el poder de destruir vidas y hogares). Pese a ello, la mencionada investigadora Ma. Lisa Martin Ansón diferencia entre el mal influjo de la Luna y el Mal del Ojo, explicando claramente que (4) : "Las repercusiones del influjo lunar, conocido también como mal de aire son similares a las del mal de ojo Sin embargo, parece evidente que desde el principio de los tiempos, la luna, en sus diversas fases, fue objeto de una mezcla de veneración y temor, dada su condición de reina de la noche, diosa de la fertilidad y, al mismo tiempo, diosa de los muertos. Según todos los indicios, el amuleto lunar que refleja la fase de los dos cuernos tiene un mayor poder de contrarresto que el que representa la más amable cara de la luna llena, lo que justificaría el elevado numero de crecientes. El influjo lunar, en la mente popular, está íntimamente asociado al mal de ojo y ambos requieren una práctica preventiva, pues el enemigo oculto es de tal índole que se debe estar siempre en guardia contra él ya que, además, la acción dañina, una vez realizada, es prácticamente incurable". Con estas palabras la autora distingue claramente entre los dos males (el ocular y el lunar) siendo la lúnula el talisman que más efectos tiene para contrarrestar el más grave que se atribuye al Aojo. Mientras, otros amuletos con formas redondas y brillantes, que representan la cara vista del satélite (Luna llena) contienen como función contrarrestar aquel terrible influjo del astro, un mal que pese a confundirse con el anterior, nunca puede ser considerado tan grave.
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Sobre todo ello, es muy interesante la teoría que recoge acerca del Mal de Ojo en las antiguas creencias de Israel, exponiendo las ideas de Dundes en su obra "El mal de Ojo", editada en inglés hace veinte años y en la que escribe (5): "Entre las fuentes judías, consideran dos teorías respecto al mal de ojo. La más antigua es la teoría de los espíritus, basada en la creencia de que numerosos espíritus del mal existen en el ojo que, en determinadas ocasiones, bajo provocación, pueden herir a otros, causando enfermedad e incluso la muerte. Probablemente la practica de cubrir los ojos del difunto con piezas de porcelana sea para guardarse del revoloteo de los malos espíritus en ellos. Plegarias para proteger de estas influencias demoniacas y del mal de ojo, fundamentan su entrada en la liturgia judía. La segunda teoría es la de la evaporación en la que se considera que el ojo, como la piel, tiene poros a través de los cuales evapora algunos desperdicios. Este vapor es altamente venenoso y puede producir la enfermedad e incluso la muerte. Según esta teoría todo el mundo tiene el poder de dominar con la vista".
 

AL LADO:
Pendiente en oro, de los siglos XVIII ó XIX, perteneciente al Museo Etnográfico de Castilla y León, al que agradecemos nos permita divulgar su imagen (foto tomada del Libro de Carlos Piñel LA BELLEZA QUE PROTEGE, Zamora 1997; pag 53). Observemos que este zarcillo, denominado en Castilla de abanico, guarda todas las formas anteriormente mencionadas: La lúnula tanto como formas circulares que van creando el aspecto de "soles" o lentejuelas, a la vez que forman dibujos unidos con semiesferas y que claramente tienen un sentido planetario. Esta filigrana es muy semejante a otras halladas en la Península recientemente y que se datan en epocas tartessias (Periodo Orientalizante, siglos del VIII al VI a.C.); siendo imposible que aquellos orfebres del siglo XVIII que la hicieron pudieran conocer los modelos -casi iguales- que tan solo hace unas décadas han aparecido en yacimientos el Sur de España fechados con anterioridad al siglo VI a.C..
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ABAJO: Colgante en forma de Luna de época romana, que expone en una de sus vitrinas el Museo de Burgos (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). Posiblemente este talismán que se muestra junto a exvotos, como representación de un sentimiento religioso de la época, pudiera ser usado para colgar de animales (tal como veremos).
 



AL LADO:
Carro hitita con lúnula al frente, tal como lo recoge el interesante libro de C.W. Ceram, en su página 175: "El misterio de los hititas" (Madrid 1981 -agradecemos a la editorial y herederos nos permitan divulgar la imagen-). Como puede observarse, en el frente del carro de guerra llevaban estos soldados anatolios entre los siglos XV al VIII a.C. una gran chapa -seguramente de bronce- cuyo brillo servía para deslumbrar y asustar al enemigo. En forma de lúnula aquel enorme escudo servía al parecer para que sus reflejos -de encontrarse a contra luz-, actuaran equilibrando esta situación de inferioridad de quienes se veían obligados a luchar frente al Sol. Por su parte y durante las noches claras, es posible que también sirviera para iluminar el camino, haciendo de espejo. Este hecho de deslumbrar creemos que es crucial en las técnicas bélicas de la Antigüedad, tanto que la historia de Medusa vencida gracias al escudo de Perseo -que se reflejaba como un espejo-, puede hablarnos de ello. Indicando una época en la que los guerreros se servían de egidas cuyo resplandor deslumbraba al enemigo, algo que pudo ser muy temido por otros pueblos que carecian de escudos de este tipo. Creyendo (en nuestra opinión) que existe una relación entre estos hechos y la monstruosa Medusa que viéndose a sí misma sobre la de Perseo queda petrificada. Algo que relaciona el Mal de Ojo con el resplandor de las armas y estas con el deslumbramiento, lamado por ello "fascinación".
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ABAJO: Jinete y caballo ibérico sobre moneda del siglo II a.C. (denario de Sekaisa). Observemos cómo va enjaezada la cabalgadura que claramente lleva trenzas en sus crines, pero también parecen vislumbrarse cascabeles y otros abalorios. Por su parte, el jinete que lo monta igualmente puede portar cascabeles en su pierna. Finalmente, el caballo parece llevar alguna lúnula o placa sobre la frente (tal como era común entre los iberos).



Sobre el tema que tratamos y acerca del uso de lúnulas para proteger las cabalgaduras, expone la autora del estudio que venimos analizando lo siguiente: "El equipamiento del caballo romano, al parecer adoptado de la caballería céltica, lo conocemos especialmente a través de la escultura funeraria y, en menor medida, de la escultura oficial. En ambos casos es notoria la presencia de pinjantes y, entre sus formas, son significativos los lunados. Las lunulae muestran diversas formas: planas, con terminaciones bulbosas, con perfil angular, con perfil curvo, etc." (6). Las frases antes recogidas exponen claramente cómo el uso de aquellas lúnulas o frontales para caballos con formas de planetas que aún se usan para enjaezar, podemos ya testimoniarlos en la Hispania Romana e incluso prerromana (algo que concuerda con la representación de la imágen superior que recogía una serie del caballo ibérico).
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Finalmente y acerca de lo mismo concluye Ma.Luisa Martín Ansón: " La variedad de prácticas, formas y objetos empleados en la protección del caballo es considerable. En ocasiones se colgaban de su cuello o entre sus ojos, campanillas o cascabeles que, además de ejercer función protectora y proporcionar placer musical, avisaban a los transeúntes de la proximidad de un tiro de animales. Aunque la razón no está clara, se relaciona con la frase recogida en Zacarías (14, 20): Aquel día se hallara en los cascabeles de los caballos. Consagrado a Yahveh... También, en algunos países como Italia, las conchas de distintos tipos de moluscos cuentan entre los amuletos que protegen al caballo y propician su fertilidad. Práctica habitual, especialmente en Gran Bretaña, era el uso de una piedra horadada, enganchada a la llave de la puerta del establo que se usaba para proteger a los caballos de los encantamientos de duendes y brujas. La creencia de que el mal de ojo, provocado especialmente por un sentimiento de envidia, recae de modo especial sobre los seres, objetos, etc. bellos y perfectos, lleva, en algunos casos, como el de los beduinos, a cortar las orejas de sus caballos. Es una especie de sacrificio de redención. Mutilan ligeramente una bestia para que no corra los peligros a los que la expondría una perfección absoluta" (7).
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Algo quizás importante y que podemos añadir a cuantos interesantes datos presenta este estudio sobre ls lúnulas usadas para proteger las bestias, sería incluir la idea de la famosa herradura como medio de dar la suerte. Herraje del caballo que precisamente tiene forma de Luna y que de ser hallado en el camino se entiende como manifestación de la mejor fortuna. Algo sin duda debido a la unión de estos símbolos y creencias: El influjo lunar, la belleza de las cabalgaduras y la lucha contra el Mal de Ojo. Acerca de todo ello dice la mencionada autora: "A la influencia de la luna se atribuían y, aún hoy, se atribuyen numerosos males por lo que la forma de creciente, sin duda, es una de las más apreciadas. Según Hildburgh los crecientes lunares en España tienen dos intenciones, por un lado luchar contra el mal de ojo y, por otro, proteger frente a una especie de influencia lunar que, en la mente popular, está fuertemente asociada al mal de ojo. Por el contrario, las influencias del sol se consideraron siempre beneficiosas ya que mata a los invisibles que dejan al hombre ciego e indefenso. En las tinieblas está todo lo malo que nos rodea; el aire y los espíritus del mal; el misterioso poder de éstos no resiste la mirada luminosa del sol. Como las puntas agudas de los cuernos de coral o de azabache, sus rayos rompen las influencias maléficas. Sin embargo, la figura del sol no parece demasiado común en amuletos españoles" (8).
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Por todo cuanto hemos ido viendo y estudiando, parece lógico que el espejo y sus formas comunes más pequeñas (tales como las lentejuelas, lúnulas y dijes planos), tengan un profundo sentido mágico. Ello no solo por suponer la representación de la Luna y los planetas, sinó a la vez por contener unos usos muy específicos en la vida cotidiana. Utilidad que procede de la simple función del reflejo necesario para orientarse y poder estudiar con este los planetas y el Cosmos; tanto como para servirse de sus destellos como un arma de guerra (deslumbrando al enemigo). Sabido es el uso que de estos daban en batallas y en astronomía, tanto que son famosos los episodios que narran la quema de velas (o de naves) valiéndose de destellos en el mar hechos con grades chapas que actuaban como lupas sobre embarcaciones. Igualmente, por medio del reflejo en los estanques o valiéndose de soportes cóncavos reflectantes, se podía estudiar perfectamente el Cosmos (que de otro modo presentaba muchos problemas al carecerse de telescopios y de mejores medios técnicos). Todo lo que identificaba el espejo con el mundo mágico de la mujer, pero a su vez con aquel que vive en el "otro lado" o del "mas allá". Concediendo a tal objeto el poder de adivinar, proteger, augurar, custodiar y hasta el de combatir los peores hados: Los del Mal de Ojo.

AL LADO Y BAJO ESTAS LINEAS:
Diversos ajuares de época romana expuestos en el Museo Arqueológico de Sevilla (al que agradecemos nos permita divulgar las imágenes). En ellos se observa repetidamente la aparición del espejo como artículo de prestigio y sobre todo mágico. Algo que como vimos procede ya de épocas egipcias en las que este disco que representa el reflejo de la Luna era el símbolo de Isis y de Hathor, diosas que lo portan sobre sus cabezas. Al lado, ajuar de Carmona del Museo Arq. de Sevilla y abajo algunas vitrinas que contienen espejos romanos hallados en tumbas femeniles.





CITAS:



(1):
Maria Lisa Martín Ansón: AMULETOS-TALISMANES EN FORMA DE CRECIENTE EN LA ESPAÑA MEDIEVAL. Publicado Por AEA, LXXVIII, 2005, 309, pp. 5 a 21
(2): Cita tomada de la página 6. Op. cit. (1).
(3): Cita tomada de pags. 6 y 7. Op. cit. (1)
(4): Cita tomada de pag. 7. Op. cit (1)
(5): A. Dundes, The Evil Eye: a casebook, London, 1992, página 47 y 50. Cita Tomada de Op. Cit. (1), pag 8. (Ma. Luisa Martín Ansón).
(6): Op. cit. Página 10.
(7): Op. Cit. pag 12.
(8): Op. Cit. pag 12.