jueves, 22 de marzo de 2012

LA MANO QUE PORTA LA SUERTE CON GESTOS OBSCENOS (De: Lo invisible en la mitología; Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XLIV).

Esta entrada es continuación de las anteriores. Recomendándose la lectura previa de aquellas que le preceden, para una comprensión plena de cuanto exponemos en ella.

AL LADO: Diversos talismanes fechados hacia los siglos XVII al XIX (d.C.). Entre ellos se encuentran las típicas higas (en coral y azabache), tanto como una concha en forma también ahigada y el clásico cuerno o colmillo de animal (propiedad del Museo Etnográfico de Castilla y León al que agradecemos nos permita divulgar su imágen -foto tomada del libro "La Belleza que protege", Carlos Piñel; editado por Caja España, Zamora 1998; pag. 22 fig 15-). Estos cuatro objetos podemos decir -sin temor a confundirnos-, que son el ejemplo de lo que durante milenios se ha considerado como amuletos del más alto valor apotropaico. Protectores contra la mala fortuna entre los que el primero se halla documentado en la Historia es la concha (de tipo cauri), que ya hace treinta mil años aparece usado por los hombres y mujeres del Paleolítico, como un objeto de valor mágico (de seguro relacionado con la suerte). Posteriormente, en los inicios del Egipto Predinástico (entre el V y el IV milenio a.C.), igualmente veremos en sus yacimientos la enorme presencia de conchas cauri, con su característica forma de ojo. Utilizadas ya con un sentido plenamente relacionado con el sexo y la fertilidad, tanto que se usaban colgadas principalmente las ropas que tapaban "las vergüenzas"; por todo lo que se piensa se trataba de un adorno de carácter erótico, al que a su vez se le daba un poder mágico (unido a la fecundidad y por ende, a la suerte).
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En la parte superior de la foto que comentamos, igualmente se halla el otro talismán apotropaico por antonomasia: El colmillo o cuernecillo de animal. Una pieza votiva cuyo primer sentido lógicamente enlaza con la caza y con el trofeo del hombre que la luce -la regala o la conserva-, como muestra del logro y de su gran fortuna al atrapar una presa. Siendo aquel su inicial significado, también es verdad que mucho más tarde pasó a formar parte del mundo mágico y femenino; asociándose el cuernecillo o el colmillo a los enseres de ritos fálicos y del aojo. Habiendo sido hasta no hace mucho, usado con esta función ahuyentadora el mal fario, portándolo como amuletos; entre cuyos ritos fundamentales se encuentra el introducirlo en diversos líquidos, para "leer los hados". Siendo muy significativo el vaticinio del aojo que desde tiempos romanos y hasta no hace mucho, realizaban "magos y magas", hundiendo el colmillo en agua para dar posteriormente lectura a las burbujas allí que producían (llamadas "bullas" y en las que se adivinaba la suerte...). Del mismo modo que fué normal el introducir colmillos, cuernos o dientes (incluso fósiles) en las comidas y bebidas, para quitar el posible veneno que allí hubieran depositado enemigos.
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Las que antes narrámos eran costumbres tan manifiestamente normalizadas al menos hasta nuestro siglo XVIII, que hasta el famoso inquisidor Torquemada no se separaba de su cuerno de rinoceronte (que introducía en todos los alimentos antes de ingerirlos). Igualmente que la casa de Austria guardaba como auténticos tesoros los dientes fósiles de los peces ( principalmente de escualos), para usarlos con el mismo fin. Por lo demás, la similitud del colmillo y el cuerno con la lúnula -tanto como el valor cinegético de estas piezas-, cubrían a ese talismán de un halo de misterio que lo relacionaba con la Luna y los astros, la noche y los animales mistéricos (tales como el lobo, la lechuza, los cervunos o las sierpes). Estando presente en todo rito mágico que se preciara; donde la garra (símbolo de mano) y el cuerno (de sentido fálico), fueron objetos tan imprescindibles como insustituibles.
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Seguidamente hallaremos en la foto que comentamos dos imágenes del tercer gran talismán contra el aojo del la Historia, del que ya hemos hablado antes y del que venimos comentando su significado -en sucesivas entradas previas-. Siendo este denominado la "higa", que en la imagen vemos de dos tipos: La clásica de azabache, que consiste en una mano cerrada sacando el dedo gordo; y la de coral, que simula la anterior figura por medio de un objeto que la naturaleza ha creado de manera en mucho semejante (en este caso hablaríamos de un coral ahigado). Comenzamos la entrada desde este punto en el que estudiaremos ya el significado de la mano como protector y que da origen a este amuleto; cuyo sentido se completa por la extraña señal que aquella hace, que como ya sabemos, simula el sexo femenino).


Continuamos esta vez hablando del poder de la mano y de las señas que con ella se realizan. De tal manera, es menester iniciar esta entrada tratando del lenguaje de las manos; una "manera de comunicarse" que en todo idioma y cultura ha existido, siendo además este el medio más primitivo e inicial en el que podemos considerar se transmitieron mensajes personas de diferentes civilizaciones (incapaces de entenderse por el lenguaje). De tal manera, lo que decimos nos será muy familiar ya que todos nos habremos visto en la situación obligada de gesticular y hablar con las manos, cuando no hemos podido hacerlo con palabras. Momento en el que nace un "idioma universal" del hombre en el que entre gestos y movimientos de brazos, es capaz de expresar de algún modo las sensaciones o mensajes más básicos.

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De cuanto narramos se entiende cómo en prácticamente todo el Planeta determinadas posturas de brazos y dedos tengan un significado muy concreto (reverencial, insinuante y hasta insultante); siendo en algunas partes tenidas por sagradas las mismas señas que en otras zonas se toman por sacrílegas. Ello por motivo de las muy diferentes y distintas civilizaciones que las usan, pese a lo que entre todos aquellos signos hechos con los dedos, hay algunos que prácticamente en el Mundo entero (y para casi todas las culturas) han simbolizado casi lo mismo. Nos referimos claramente a posturas tales como el saludo y a la alabanza; que se suelen expesar en el primer caso, elevando una mano mostrándola libre y abierta al que se aproxima -quizás en señal de ir desarmado-; tanto como la alabanza o la admiración que comunmente se dicta con el gesto de subir ambas manos hacia arriba (mucho más altas que en el del saludo). Otras posiciones de los dedos y los brazos son y han sido comunes para todos, entre las que se encuentran principalmente los llamados idiomas religiosos y protocolarios; que indican según se pongan las manos, verdaderos mensajes filosóficos o sociales. Comunicación muy compleja que se expresa por la situación del brazo y los dedos en las esculturas, pinturas o en las personas. Principalmente representadas por una una deidad, por un rey o por un sacerdote que las expresa con las palmas y posturas de dedos, donde puede "leerse" la alegoría y el conocimiento de mensajes religiosos (o que significan poder, mando e incluso idéas filosóficas).

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Acerca de este tema, diremos que quizás en Occidente se fue perdiendo el sentido del idioma por gestos, con la proliferación de una misma lengua en la que se comprendían todos los religiosos y las personas cultas (el latín). Desapareciendo probablemente el sentido de las posturas de las manos, quizás al no hacer falta expresiones apoyadas con aquellas, tras entenderse las gentes de forma verbal a través del idioma de Roma. Aunque en Asia (donde una misma religión pudo ser seguida por millones de personas que hablaban infinidad de lenguas) no ha "caducado" esta "costumbre", ni en su uso, ni en su expresión. Siendo sobradamente conocido el idioma de las manos en las repersentaciones de Budha, tanto como en las de las divinidades budhisas. Algo que en Europa aún hasta la llegada del Gótico tuvo pleno uso, ya que fácil nos será ver en las esculturas, pinturas o bajorrelieves del Románico; personajes que comunmente contienen una expresión en sus dedos (y que narran en ello un "mensaje oculto" relacionado con su estatus, su situación o la escena). Para muestra de ello, bastará mencionar la "mano de Dios" en los Pantócrator, que comunmente se halla en acto similar al de impartir una bendición y que se muestra de frente y abierta, cerrando tres dedos (el gordo, el meñique y el anular), mientras quedan el medio junto al índice, bien rectos -Señal sobradamente conocida, como otras tantas del idioma de las manos tan oriental y orientalizante, que existió en la iconografía cristiana hasta bien entrado el siglo XIV-.



AL LADO: Exvoto ibérico procedente de Collado de los Jardines (Jaén), fechado entre los siglos IV al IV a.C. (propiedad del Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos nos permita divulgar la imágen). El santuario de Collado de los Jardines, estuvo situado en pleno Despeñaperros cercano a Bailén (Baikor), en el paso entre Oretania (Turdetania) y Carpetania (La Meseta Sur, zona después llamada por los árabes Al Manscha, de la voz semita "Al-mansha" que significa "La Victoria" -de la que creemos derivó por deformación la palabra "La Mancha"-). En estos montes que marcaban la separación y el paso entre las tierras turdetanas (tartessias) y las celtibéricas se hallaron varios santuarios en los que los iberos depositaban ofrendas, principalmente en forma de pequeñas figuritas de bronce, fabricadas a "cera perdida". José Ma. Blazquez (entre otros) hizo un estudio profundo sobre el lenguaje de las manos en la estatuaria ibérica, analizando las diferentes posturas que aquellas guardan y basándose principalmente en estas de los santuarios de Despeñaperros (Jose María Blázquez DICCIONARIO DE RELIGIONES PRERROMANAS DE LA PENISULA IBÉRICA; páginas 150 y ss. ; ed. Istmo, Madrid 1973). En la figura que vemos a nuestro lado, sin duda se advierte la actitud de salutación o presentación de respetos, con la mano derecha abierta y alzada; mientras en la izquierda sujeta lo que parece una ofrenda -o un arma- (en posición de "guarda")


AL LADO: Otro ejemplo similar al anterior, pero en este caso con una esculturita ibérica procedente de un santuario cercano a Despeñaperros, más próximo al paso hacia Linares-Porcuna (Ibolka; Obulko): Collado de los Jardines, en Castillar de Santiesteban (la pieza es propiedad del Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Vemos en ella esta vez a la mujer desnuda y con los brazos elevados y abiertos, mientras enseña su sexo, que manifiestamante se observa descubierto. Actitud de ofrenda y adoración, que seguramente puede mencionar un agradecimiento tras un embarazo y parto favorable (algo que deducimos debido a que este santuario de Castillar de Santiesteban guarda muchas otras esculturas exvotas que representan mujeres encintas o recién paridas). Como decimos, la expresión de veneración y agradecimiento suele expresarse con los brazos alzados, las manos abiertas y una actituid de gratitud imaginada en la forma de "abrir el espíritu o el corazón". Gestos que curiosamente han pervivido durante milenios con idénticos significados.




Pero continuando con la exposición que nos atañe sobre el significado de la mano como protectora, transmisora de la suerte y ahuyentadora del Mal de Ojo; diremos que muy pocas señales benéficas del idioma de las manos, han pervivido hasta nuestros días. Pudiendo afirmarse que tan solo algunos ritos religiosos han conservado esta lengua expresada con los dedos; mientras que la población civil occidental ha heredado muy pocas de estas costumbres (y las que le han llegado son más bien de carácter obsceno). Porque curiosamente sobrevivieron entre las gentes normales solo algunos signos hechos con los dedos y que pertenecen más bien al territorio de la magia y de la brujería (quienes quizás por carecer del latín y de cultura, tampoco han olvidado los gestos y señales más antiguas).
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Para comprender lo que decimos, recordaremos que habíamos finalizado la entrada anterior cuando explicábamos que en nuestra opinión la higa pudo tener su origen en aquel gesto que se hacía para maldecir o hacer huir al difamador. Falsos denunciantes y calumniadores que al parecer en la Grecia Antigua abundaban y encontraban su apoyo entre las autoridades, tanto que se convirtió hasta una "pequeña profesión" aquella de acusar en falso. Ello debido a que los hombres de poder azuzaban a algunos miserables a difamar ante la justica a los ricos y hombres de prestigio "caidos en desgracia" (normalmente por no apoyarles). Mientras también los jueces helenos admitían a trámite las falsas denuncias, con el fin de recaudar fondos para el hererario público. De ello que fuera normal que el envidioso quien sentía fascinación por las propiedades o el prestigio de alguien, se prestara a este sucio juego; que solía terminar imponiendo una multa al rico o echando de la ciudad al filósofo acusado -e incluso provocando su ruina y su encarcelamiento-.
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Siendo -como ya explicamos- la calumnia más común y fácil de ser admitida a trámite, la de denunciar ante un juez que un mercader o un terrateniente había vendido higos a otra ciudad (o a un extranjero). Por estar prohibida comunmente la exportación y comercio del higo sin autorización, ya que aquel en seco constituía el alimento fundamental de la población griega -principalmente durante los inviernos, en los que no existía otra fruta -y de forma muy especial para los ejércitos; cuyo "rancho se completaba con pescado seco, con el que hacían sopas evitando así el escorbuto y las anemias-. Todo aquello hizo que fuera tan común como terriblemente temida la denuncia del "sicofantas"; así llamado por ser la falsa declaración de los calumniadores acusar por una venta "fraudulenta" de higos (en griego "sico"). Un hecho que entre los comerciantes -o los que tenían tierras- era tanto o mas temido que el pedrisco, o que hundieran y asaltaran sus mercancías durante el transporte, e incluso peor que la ruina. Ya que aquellas demandas por venta de higos a extranjeros eran dificilmente exculpables y siempre terminaban al menos con una fuerte multa del fisco.
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Considerando la existencia de verdaderos profesionales de la "sicofantia" en la antígua Hélade, nuestra teoría es que aquella mano en forma de "higa" con la que se pretendía hacer huir a la envidia y al envidioso, pudo tener su origen en este hecho. Quizás porque haciendo esta señal (al ver uno de esos falsos acusadores) se pretendía denunciar públicamente al Sicofantas, en un gesto de verdadero desprecio y de fuerza, para evitar sus abusos. Ello, porque en Grecia y en Roma, una de las señas más despectivas que se podían realizar con las manos era aquella de cerrar el puño y sacar el dedo gordo (la higa), que seguramente significaban el acto sexual -o bien la vulva femenina-. Expresado de manera obscena y quizás de forma muy relacionada con la sodomía, que al que así se señalaba era un degenerado. Denominándose estas "señales" tan ordinarias y que han llegado hasta nuestros días, en idioma heleno "eskimalizar"; entre las que más comunmente se conocía lo que actualmente se denomina "hacer la peineta" o "sacar los cuernos". Gestos también obscenos y que indican en el caso primero claramente el sexo masculino (al cerrar todos los dedos dejando "erecto" el medio); mientras que con el segundo se señala comunmente al adúltero o los "cuernos". Habiendo pervivido tanto que en Italia existe la costumbre de combatir el Mal de Ojo (la mala suerte llamada jettatura) con ese gesto de "los cuernos" que señala al "cabrón" o al que se considera demonizado, infiel y por ende adúltero. Tanto como en el resto de los paises europeos es común hacer "la peineta" con la intención de insultar y señalar igualmente al que se le desea la peor suerte (que en este caso se relaciona con sodomizarlo).
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Hechos, señas y señales que creemos proceden fundamentalmente de los que se debieron hacer al "sicofantas"; al que odiaban los griegos, pero que los mandatarios dejaron que camparan a sus anchas, denunciando a cuantas personas de prestigio o dinero "no pasaran por el aro" del poder. Siendo aquellos verdaderos esbirros que actuaban a las órdenes de los dirigentes corruptos de la Hélade Antigua, quienes aceptaban a trámite sus denuncias y pagaban los "sucios servicios" de estos calumniadores entregando una parte de lo que se incautaba al acusado (tanto que hubo Sicofantas que terminaron teniendo grandes fortunas). De ello consideramos que pudo surgir el uso de este gesto hecho con la mano, en el que se indica el "higo" y la "higa" como señal del sexo femenino o de la sodomización. Intentando combatir con aquel puño cerrado que saca el dedo, la envidia y el mal fario de las comunes denuncias por traficar higos.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, una higa hecha en hueso del siglo XIX con forma de "peineta" (propiedad del Museo Etnográfico de Castilla y León al que agradecemos nos permita divulgar su imágen; foto tomada del libro "Enseres", Catálogo del museo etnográfico citado ; página 324). Observemos que esta mano-talismán no está representada cerrando el puño, sinó que se trata de una "garra extendida" cuyo dedo medio es mucho mayor que el resto; haciendo ver seguramente la figura de "la peineta" cuyo significado ya hemos explicado. Se trata ese de un amuleto un tanto extraño, dado que no es común el ahuyentador de la mala fortuna en España con esta forma tan "insultante"; aunque no hemos de olvidar que en nuestra opinión el origen de la higa esta igualmente en un insulto (o vejación) realizada por un gesto muy similar. Seña que de seguro pretendía ahuyentar al que no se deseaba ver; tanto que aún hasta no hace mucho se seguía realizando en algunas zonas del Norte de España, donde las gentes del campo "ahigaban" al que no les gustaba (señalando con el puño cerrado y sacando el dedo hacia aquellos cuya presencia les "inquietaba", en una seña que tenía más de maldición que de insulto).

ABAJO: Forma de la mano haciendo la denominada "peineta" que entre los griegos se llamaba "eskimalizar". Ello correspondía al mayor de los insultos helenos, mandando al que se le "brindaba" esta postura a ser sodomizado (como actualmente se sigue entendiendo). No nos cabe la menor duda de que en Grecia y Roma la higa de seguro se usó para algo muy parecidon y con un carácter mucho más duro. Dado que el puño que saca el dedo gordo entre el índice y el medio, desea no solo la sodomía , sinó principalmente dañar y maldecir al que se ahiga. Por cuanto creemos que aquel gesto pudo tener el uso de señalar a los "sicofantas" (difamadores y calumniadores profesionales, que acusaban a cualquier individuo de prestigio o fortuna ante los tribunales, simplemente movidos por la envidia). De tal manera, quizás la higa se usaba para ahuyentar a aquellos que calumniaban comunmente denunciando por venta fraudulenta de higos; apartando el mal fario que la terrible envidia traían a las personas de fortuna.









JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, dama votiva greco arcaica procedente de Chipre, fechada hacia el siglo VI a.C. Observemos que entre los múltiples amuletos que lleva, cuelga de su pecho una mano talismán casi igual a la que arriba veíamos en el Museo Etnográfico de Castilla y León. Pese a que entre ambos objetos hay una distancia histórica de más de dosmil quinientos años, el significado de aquella mano que luce esta escultura chipriota es casi igual al que contenía la que en el siglo XIX aún llevaban las gentes de la Ruta de la Plata: La protección contra el mal agüero y el Mal de Ojo.
ABAJO: Otro de los signos que han permanecido como apotropaicos es este de los cuernos. En nuestro país no se utiliza tanto para ahuyentar la mala suerte, tieniendo más que ver con lo demoniaco y por tanto con la infidelidad, la traición y el adulterio. Pese a que en Italia es comunmente usado para hacer huir al "maligno"; en la forma de señalar con este gesto de los cuernos hacia el lugar o la persona a la que se desea no transmita el mal fario (la jettatura). Realmente estos tres signos realizados con los dedos -la higa, la peineta y los cuernos-, tienen un sentido plenamente vejatorio y creemos que su verdadero fin era más bien insultar a quien se consideraba indeseable (o maldito). Intentando apartar de la vista o del grupo a quien se tenía como portador de ese infortunio; que se entendía normalmente surgido por la envidia y la fascinación que aquel que lo transmitía sentía hacia esas personas a las que acababa llevando el "mal fario".


Aunque todo cuanto narramos deja un problema sin resolver, como es el hecho de que la "higa talismán" sea muy anterior a los sicofantas griegos (cuya fama y profusión puede datarse hacia el siglo V a.C.). Hallándosde amuletos con es forma de puño en el II milenio a.C. (al menos ya en Fenicia) y entre los egipcios incluso estos talismanes se pueden fechar en el III milenio a.C.. Unos datos que nos hacen preguntarnos ¿Por qué aquel signo de los dedos y el puño es el ahuyentador de la mala suerte y de la envidia, siendo muy anteriores a la propia Grecia?. A lo que creemos poder responder diciendo que primitivamente la mano fué el símbolo que protegía contra las epidemias oculares. Males que de forma endémica se transmitían en la Antigüedad por contagio sexual y a través de tocar los ojos. Hecho este que incluía la mano como vía segura de contraer aquella terrible epidemia que aún se denomina "oftalmia egipcia" y que son el glaucoma y el tracoma. Enfermedades de los ojos cuyo origen principal se encuentra en la bacteria que transmite la blenorrea y algunas de las más contagiosas infecciones sexuales (Chlamydia Trachomatis); siendo esta una dolencia que puede ser contraida simplemente por contacto de las mucosas en las cuencas oculares; tanto como por por el uso de aguas comunes o de una toalla (y al compartir ropas con el contagiado). De ello, creemos que aquella mano que portegía en Egipto y en Fenicia contra el Mal de Ojo, lo hacía como la mano limpia del médico que curaba las oftalmias y evitaba la gran cantidad de cegueras (fundamentalmente en Egipto, donde el tracoma era mal endémico).
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Muy diferente, creemos que es ya el significado del otro talismán: La higa Grecorromana que fundamentalmente se usaba para combatir la envidia. Aunque esta también se unía al Mal de Ojo entendido como enfermedad ocular transmitida por vía sexual. Algo que demuestra el hecho de que la higa junto al falo fueran los símbolos que presidían las fiestas de la fertilidad en la Hélade y en Roma. Estando decorados los carros de las bacantes o de los faunos -en las dionisiacas y en las bacanales-, con estas figuras de grandes penes, a los que acompañaba el símbolo de la higa. Quizás como gesto que significaba la vulva, pero sobre todo como un protector talismán contra las enfermedades venéreas; tal como se demuestra el hecho de que en las faleforias grecorromanas se invocara a la higa para no contraer aquellos males (que se entendían como circunstancias comunes y muy temidas de contraer el tracoma y la ceguera). Pese a todo, la segunda interpretación de la higa, como ahuyentador de la mala suerte y de la envidia, no cuadra plenamente con este carácter médico, "profilactico y venereo". Habiéndose de pensar que quizás en Grecia y en Roma el gesto hecho cerrando el puño y sacando el dedo, se usaba no solo para pedir a los dioses no ser contagiado; sinó sobre todo para hacer huir a quienes traían el mal fario con su envidia.
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Es aquí donde creemos que entra la segunda función de este talismán, que curiosamente poco tenía que ver con la señal hecha con los dedos. Ello, porque incluso en los textos del siglo XVIII se describe como se evitaba el Mal de Ojo gracias a aquellas manecillas y nunca se dice que haya de hacerse tal gesto con la mano. Sinó que ante la presencia del que se teme como portador del Aojo, ha de enseñársele el amuleto de la higa, mientras se pronunciará la frase: -"Toma la mano"-. Tras lo que "el sospechoso" para dejar de serlo debía coger el colgante y contestar: -"Dios la bendiga"-. Pero nunca era costumbre la de gesticular con tan mal signo, sinó simplemente sacar el talismán para que este fuera "tomado" por el temido y quedar así uno libre de sospechas, mientras el otro perdía el temor de ser aojado. Pese a ello, en verdad sabemos como hasta no hace mucho, era muy común entre las gentes del campo usar aquella seña hecha con los dedos para enviar los peores deseos a quienes les incomodaban (por ser extraños o percibir el Aojo en sus miradas). Función y signo este que consideramos procede más de la xenofobia que el campesino sentía por el extraño que cruzaba sus campos; a quienes ya vimos como en ocasiones había derecho y hasta obligación de matar (para defender de extranjeros el ganado, las cosechas y los montes).
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En todos estos extraños ritos consideramos que el talismán de la higa actuaba como apotropaico, mientras la señal hecha con las manos (típicamente de campo y con rasgos insultantes) tenía más bien el carácter de maldecir que el de protegerse. Algo que partía de tradiciones greco-romanas entre las que la adulación se consideraba un peligro y les recordaba al sicofantas. Tanto que en Grecia cuando alguien escuchaba frases de halago hacia su persona, tenía como costumbre escupir al suelo, hacer la señal de la higa y proferir la expresión -"baskaino"-; palabra que entre los latinos era "prae-fascinum" y que ha de traducirse por: "Sin fascinación". Ello, porque la "fascinación" se consideraba el origen de este mal de la envidia, del que entendían griegos y romanos nacía de la admiración hacia aquello que jamás se conseguiría, tanto como el deseo de destruir lo que le era a alguien inalcalzable (por falta de conocimientos, de posición social, de condiciones o de "genética"). De tal manera, durante los triunfos y celebraciones, ya vimos como todo militar de éxito era abiertamenta insultado en público por sus soldados (para evitar la envidia del pueblo), al igual que la gran mayoría de los romanos lucian una escultura, un anillo o un colgante con la figura de un pene erecto (o de una higa). Todo lo que en verdad relacionamos con estos gestos de la mano, que en sí mismos simbolizan temas tan burdos como la "vulva o la sodomización", pero que curiosamente se usaban para hacer huir al adulador que traía el mal fario (lo que se llamaría vulgarmennte en España "el pelota de mal agüero").
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De un mismo modo, el propio dios Hermes-Mercurio era el protector contra los sicofantas o los envidiosos. Ahuyentador de quienes deseaban el mal a los que tenían éxito en sus empresas, o a los que llegaban a lograr gran prestigio social y económico. Curiosamente aquella deidad se entendía como la propia representación del falo o del sexo, por cuanto (como ya hemos explicado) era el generador de la fecundidad, de las buenas cosechas y del progreso. De todo ello que se relacionase con algo tan burdo en su símbolo como un falo; entre otros motivos porque su primera representación fue la de un mojón de camino. Betilos que señalaban las lindes y las rutas, por lo que se hicieron venerables para los agricultores y para los transportistas o mercaderes, que los adoraron en una forma muy común a la veneración que siempre han conservado los mercaderes y arrieros: Como la efigie sagrada de un crucero de camino, protector de los viajantes.

JUNTO ESTAS LINEAS: Al lado el famoso Dionisos del Museo del Prado, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen. Observemos que el dios de la agricultura, de la fertilidad y del vino tiene bajo sí la estatua de Hermes. Un Mercurio griego en su forma original, como un "herma", cuya traducción del griego vimos que era la de: "Mojón o betilo". Piedras marcadoras de los caminos y de los campos que protegían a los agricultores y a los que poseían tierras; evitado con aquellas pilastras que ningún extraño o ajeno, entrara en sus sembrados ni cruzara por sus bosques. Del mismo modo estos "pilotes" pétreos que se usaban para señalar los caminos y los cruces, tuvieron el fin de guiar a los comerciantes y a los viandantes. Conviertiéndose también en los "patrones" o protectores de aquellos que debían hacer su vida por las sendas, llevando mercancías. De ello, que muy pronto este Herma (mojón) pasara a cambiar el nombre por el de Mercurio (dios mercader). De todo cuanto hemos ido expresando en esta y otras entradas, es fácil deducir que para evitar la mala suerte de perderse en los caminos o de que extraños arruinaran las cosechas y los bosques, se encomendaran a este dios-betilo. Mojón-Herma que como dijimos simbolizó el pene, por cuanto también se le encomendaban las buenas cosechas y la fertilidad de los campos.



AL LADO Y ABAJO: Junto este párrafo, portada de la revista Argi en la que dedica un artículo a las coincidencias entre el Camino de Santiago y las antiguas Calzadas Romanas, entre las que se halla la Ruta de la Plata. Viéndose en este camino aún algunos miliarios romanos que la revista recoge en un magnífico artículo. Curiosamente en la Ruta Jacobea existe también la costumbre de arrojar piedras en algunos cruces de caminos de manera votiva. Como dijimos, se sabe que de un modo similar, en que los caminantes marcaban los cruces con montones de piedras nació la figura de los Hermas (o primeros miliarios griegos).
ABAJO: Artículo mencionado sobre algunos de los mencionados miliarios romanos que aún se conservan en la Ruta que fue desde la Emérita Augusta hasta la Augusta Astúrica. Estos cipos que tenían más de dos metros de altura, se colocaban a la distancia de una milla romana (casi 1,5 kilómetros). Su origen se halla en la Antigua Grecia, donde se sabe que los comerciantes antes del siglo VI a.C. marcaban con piedras los cruces y las que en este siglo fueron sustituidas por los Herma (mojones oficiales que señalizaban las sendas). Dando origen al dios del comercio, el dinero y de las buenas cosechas: Hermes, que se entendió por su carácter fertilizador como la personificación de un falo pétreo y protector (símbolo de la fecundidad y de la masculinidad). De tal manera, el que antes solo fue una deidad dedicada a la fertilidad y a la agricultura -personificada en Dionisos-, pasó así a ser el dios de las riquezas y de los metales, con el nombre de aquel que limpia y decanta el oro y la plata: El Mercurio. Por cuanto decimos y entendemos, no es extraño que aquel mismo fuera el que ahuyentara a los envidiosos y a los difamadores ("sicofantas"), que denunciaban a los hombres con dinero y a los que obtenían buenas cosechas . Por cuanto se entendió que el símbolo de su pedestal (como pene) y el de su fecundidad (como higa o higo) ahuyentaba el mal fario.












sábado, 25 de febrero de 2012

DE LA FIGA A LA HIGA Y DEL HIGO AL HÍGADO (De: Lo invisible en la mitología; Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XLIII).

Esta entrada es continuación de las anteriores. Recomendándose la lectura previa de aquellas que le preceden, para una comprensión plena de cuanto exponemos en ella.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, claustro (patio) del Antiguo Hospital de Tavera, en Toledo. En la imágen, al fondo a la derecha observamos la puerta de entrada a la botica del hospicio; a su lado una ventana que servía para despachar los "medicamentos" o "recetas" desde el interior del laboratorio -sin precisar tener contacto con los enfermos que las recogían (para evitar contagios)-. Si visitamos la mencionada farmacia, nos encontraremos que conserva dos muebles "lapidarios" (uno del siglo XVI y otro del XVIII), donde se guardaban las gemas y los metales para confeccionar los medicamentos. Minerales como oro, plata, cobre, carbones, calcios y hasta piedras preciosas (jades, esmeraldas o rubies), que se molían o se cocían para mezclar con otros componentes, con los que conformaban las recetas curativas. Pensándose firmemente que aquellos eran la "piedra de toque" de muchos medicamentos, a los que se les atribuía una capacidad sanadora por contener oro, plata, o gemas molidas. Diversos tratados sobre las facultades curativas de estos procesos alquímicos se han escrito, entre los que en nuestra tierra se distinguen el Lapidario de Alfonso X y Las Etimologías de San Isidoro de Sevilla. Estudios donde se especifica minuciosamente las propiedades curativas y sobrenaturales de los metales o de las piedras (sobre todo de las preciosas).
 

ABAJO: Collar de lignito (un tipo de azabache) de época eneolítica, fechado hacia el III milenio a.C., perteneciente al Museo Arqueológico de Burgos (al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). En esta entrada volveremos a incidir sobre la importancia mágica y curativa de las joyas, tanto como en su significado apotropaico (contra el Mal de Ojo). Hechos que consideramos de suma importancia para el estudio de piezas antiguas de orfebrería, tanto como de los adornos personales en el pasado (especialmente arqueológicos). Debido a que un anillo, o un collar, hace siglos no era tan solo un abalorio para mejorar la imágen -tal como hoy se concibe-. Sinó que en principio suponía una seña de identidad (determinando un rango o status de aquel que lo portaba), tanto como un talismán con fines curativos y protectores, usado sobre todo contra determinadas "enfermedades" o "malos espíritus". Para comprender el significado de la joyería en La Antigüedad, bastará con imaginar el que tenía hasta no hace mucho en nuestra cultura una simple alianza de matrimonio. Portada como signo e identidad imprescindible para el casado -quien de no llevarla era visto como una persona "extraña"- y siendo parte necesaria en el propio ritual de la boda.



Comenzamos esta entrada resumiendo algunos conceptos ya expuestos en anteriores artículos, en los que lográbamos comprender la importancia de la joyería en la Antigüedad. Adornos fabricados en metales y piedras preciosas, de los que vamos entendiendo que no solo contenían unos poderes mágicos (o sobrenaturales); sinó que asimismo se les concedía unas verdaderas propiedades terapéuticas -que la "medicina" de entonces demostraba-. Tanto es así, que aún hoy en día existen teorías de tipo "naturalista" u homeopático donde se afirma que llevar determinadas pulseras puede llegar a curar enfermedades. Creyendo quienes las siguen, que al ponerse en contacto la piel con algunos metales (o gemas), ello genera campos magnéticos y "energéticos" que sanan algunas dolencias (en especial las óseas). No vamos a entrar a discutir sobre estas teorías, pues lo que nos importa es el mero hecho de que hasta nuestros dias se hayan conservado estas costumbres. Hipótesis medicinales (extrañas o no) que demuestran cómo estas ideas -que aún se siguen-, concedían ese carácter "medicinal" a las pulseras, collares o colgantes. Abalorios o torques que se consideraron portadores de energías y transmisores de poderes, capaces de sanar enfermedades y de proteger al que los llevaba contra los malos espíritus.

Por su parte, la joya en sí misma durante la Antigüedad contenía tres elementos mágicos; siendo el primero, los materiales con los que aquella estaba hecha. Valorándose desde el punto de vista económico por el oro, la plata y las gemas (etc) que contenían; lo que determinaba en gran parte su fuerza apotropaica -la capacidad de ahuyentar al mal relacionada con el "precio" de la alhaja-. Aunque también era de suma importancia la composición y mezcla de aquellos minerales que se fundían y engarzaban para lucirse. Habiendo de guardar un órden según la función para la que se usaban, teniendo cada metal y cada gema un significado que conseguía proteger al portador de aquella. Para que lo comprendamos bien, mencionaremos un ejemplo que venimos comentando: Así si la joya se trataba de un talismán combatir el Mal de Ojo, comunmente esta se hizo en la Antigüedad con piezas de color azul y en forma de pupila (habida cuenta de que en el Mediterraneo el ojo temido era el de color cobalto, tal como los bárbaros del Norte los tenían). Finalmente para que aquellas alhajas contuvieran un verdadero carácter mágico, un último y quizás más importante requisito era su diseño y el significado de lo que representaba. Guardando un minuciono simbolismo cada una de las formas en las que se labraban las joyas. Habiendo de representar de manera figurada (o real) el elemento sobre el que se deseaba actuar de manera "simpática" -nos referimos a "magia simpática", consistente en realizar una seña, rito o gesto, parecido a aquellos hechos divinos o naturales, sobre los que se desea intervenir o controlar-.

Para que lo comprendamos mejor y dado que en la presente entrada estudiaremos el significado de la mano "higa" como ahuyentador del Mal Fario. Vamos a exponer brevemente algunas ideas, para entender por qué se considera que estas las figas de estar talladas en azabache, se consideraba que contenían un mayor poder protector. Manos con el dedo saliendo, que tanto se ven fabricadas en este carbón cristalizado por la zona del Camino de Santiago. Cuya razón de ser no solo está en el hecho de que en las proximidades de la Ruta Jacobea se den las mejores minas de azabache de Europa. Lo que sin duda alguna puede considerarse uno de los motivos para la proliferación de talismanes tallados en esa piedra negra a lo largo del Camino Compostelano (sobre todo en su tramo final) -aunque ello no es el más importante motivo, puesto que los yacimientos de lignito se hallan más bien de la zona y tierras asturianas que gallegas-.

Por lo que la profusión de amuletos esculpidos en este carbón cristalino tiene su razón de ser en que aquella piedra negra era tenída por curativa desde los más antiguos y remotos tiempos. De tal manera, nos dice Carmén Baroja de Caro sobre el azabache: "Es el magno preservativo que se encendía con las aguas y se apagaba con el aceite; ahuyentando la mirada del Basilisco y recreando la de la madre. Con dicha piedra se puede conocer la virginidad y cocida en vino curaba los males dentales" (1). Igualmente, ya San Isidoro de Sevilla en sus Etimologías afirmaba que este negro carbón hacía huir a la serpiente. Tanto como Plinio aseveraba que poniéndo este mineral sobre el epiléptico, se lograba saber si sufría la enfermedad (e incluso curarle); tanto como el azabache servía para combatir el veneno de cualquier serpiente. Todo ello, unido a las propiedades que otros lapidarios -como el de Alfonso X el Sabio- concedían a este carbón cristal, del que se suponía que molido y aplicado sobre los ojos curaba oftalmias. Hacía de lo que se llamaba "piedra del Gagas" un mineral tan mágico como sobrenatural. Confiriendo unos dones maravillosos a este simple lignito, que por decirse procedía del rio Gagas (de Turquia) se terminó denominanado en el mundo árabe "azabache" (2).

JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, mano con el símbolo de la higa. Según los autores antiguos esta postura siempre tenía un sentido sexual: Algunos opinan que se refiere (o simula) la vagina, mientras otros consideran que significa el pene entrando en aquella. Los menos, también hablan de que se trata de un ojo, relacionando este con el sexo femenino. Para comprobar lo que decimos, hagamos el gesto con la mano y veremos cómo puede significar las tres ideas a las que nos hemos referido -bastando con girar de lado la "higa" para darse cuenta que aquel amuleto (o postura) que sirve para ahuyentar el Mal de Ojo, contiene claramente la forma de un ojo, cuya pupila sería el dedo gordo sobresaliendo-. A continuación trataremos sobre el origen y significado de este extraño signo que ya existía en el II milenio en Egipto y ha pervivido hasta nuestros días con un significado muy cercano.
 

ABAJO: Tres amuletos de los siglos XVII al XVIII en forma de figa, propiedad del Museo Etnográfico de Castilla y León (al que agradecemos nos permnita divulgar su imagen) (3). El primero de la izquierda se trata de la pata de un animal (tejón) que guarda una forma parecida a la mano ahigada. Los dos de su derecha son las típicas "figas" de azabache, tan comunes en la zona compostelana. Como venimos analizando, un talismán o un escapulario que de fabricarse con una piedra semipreciosa a la que le atribuían propiedades mágicas, contenía una mayor fuerza protectora. De tal manera, los poderes del colgante o del amuleto hechos con esos materiales específicos, a los que se otorgaban grandes dones, eran entendidos como grandes profilácticos. De todo ello, que las joyas contuvieran tres elementos sobrenaturales como hemos dicho: Primero su diseño (el objeto sagrado que representaban); luego el valor de sus materiales (siendo más mágicas cuanto más caros fueran los metales y piedras que las engarzaban). Finalmente, el poder del talismán se medía al estar fabricado con los minerales propios y determinados para combatir unos males y enfermedades.


Repetidamente hemos dicho ya que la Higa o Figa, es quizás el símbolo más antiguo y que ha sobrevivido durante más años con un significado aproximadamente parecido. Ello, porque al menos ya lo hallamos en Egipto previamente al II milenio a.C.; perviviendo de manera común en las civilizaciones sucesoras a la faraónica (como la púnica, la griega y la latina). Siendo la Higa tan usada entre los fenicios y romanos, que puede considerarse -junto con el ojo y el falo-, el talismán que más se encuentra en los yacimientos de aquellas épocas. Finalmente, pasa la Higa a la etapa cristiana; sobreviviendo curiosamente a prohibiciones y tabúes que afectaban a otros símbolos y que no quitaron nunca estas manos de la suerte. Tanto que en la España de los más duros siglos de la Inquisición, la hallamos puesta sobre cinturones que lucían la gran mayoría de los niños; a la vez que usada por viejos y doncellas (para ahuyentar el Mal Fario y la mirada envidiosa). Llegando en pleno uso y sin haber sido derogado su "culto" hasta el siglo XVIII; época de las Luces donde sabemos que pese a la Ilustración, en nuestras tierras había hombres matronas cargados de esas higas. Portando normalmente cada mujer y cada niño al menos alguna de ellas, escondida o a la vista (entre sus refajos o colgada de su pecho), para poder hacer la señal de "tomar la mano" cuando había sospecha de estar ante las miradas de aojadores.

De cuanto decimos dan buena cuenta los retratos y ajuares de los príncipes y nobles niños del siglo XVII y XVIII, a los que vemos luciendo aquellas higas. Tanto como infinidad de textos literarios (en especial redactados por viajeros), que nos narran con extrañeza como en España, toda mujer que se preciara -o noble que bien se cuidara-, llevaba siempre encima un buen aderezo de estas "manijas" con el fin de protegerse del Mal de Ojo. Es por ello, que el Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española, en su primera edición define y describe la voz Higa como: "Amuleto con el que vanamente se persuadían los gentiles que se libraban del fascino y del mal de ojo, y apartaban de sí los males que creían poder hacer los envidiosos cuando miraban las personas o las cosas (...) La significación y representación de la figura es cosa torpísima y estaba dedicado a Príapo" (4) .

Pese darnos el diccionario la definición de un amuleto antiguo, hemos de añadir que en aquellos años de fines del siglo XVIII, en España las gentes llevaban y utilizaban comunmente aquellas "manijas mágicas". Tanto, que era más que extraño encontrar a alguien que no tuviera una en su casa, que no la hubiera llevado de niño, o que no la portara colgada. Algo de lo que dan fiel relato los libros de viajeros llegados a nuestras tierras en ese tiempo, quienes se asombran a ver a mujeres con collares de los que colgaban estas higas por decenas. Tanto como se sorprenden los extranjeros que escriben sobre la España del siglo XVIII, al observar a hombres, niños y matronas; quienes a la mínima sospecha -y ante la mirada de un extraño-, sacaban aquel talisman en forma de puño, diciendo (mientras señalaban al posible aojador): -"Toma la mano"-. A lo que el que se encontraba frente a "aquello", para quedar libre de toda sospecha, debía tocar la Higa pronunciando la frase: -"Dios la bendiga"-. Deshaciéndose el posible hechizo del Mal de Ojo, con este simple rito que tanto se repetia por entonces -sobre todo al encuentro de extraños-.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, foto de una lucerna de barro que contiene la forma de "higo" (figura 58 libro "Sex or symbol?" de Catherine Johns, editado por el Museo Británico en 1988). Vemos en esta lámpara romana del siglo I a.C. la ordinaria identificación que se hacía entre el sexo (femenino) y el higo. Tanta que aquellos dos "objetos" se concebían representados en la postura de la mano denominada "higa", que sabemos era un símbolo sexual. Seña que unía esa fruta, con el sexo y el ojo; e incluso era visto como una meción al hígado (del cual partía la líbido). Estos hechos, que nos pueden parecer tan groseros, son fundamentales de exponer y analizar para comprender cual era el significado de la Higa desde la más remota antigüedad. Una seña hecha con la mano cerrada sacando el dedo, que protegía contra al Aojo. Mal que se en parte se concebía debido a la envidia que nacía del deseo sexual, o de la observación de la belleza inaccesible y de algo que jamás podía poseerse (fascinación que curiosamente llegaba a trasmitir sus males con aquellas miradas). Lo que se combatía con el puño cerrado, sacando el dedo pulgar simulando con la mano una vagina (o un ojo). Signo que se llamaba Higa o Figa, relacionando aquel fruto y sus dones con la curación del aojo. Más abajó intentaremos explicarnos los por qués de un talismán y una seña de este tipo.
 

ABAJO: Varios amuletos romanos contra el Mal de Ojo, hechos en oro puro y con forma de figa (fechados entorno al siglo I d.C.). Observemos que son exactamente iguales a los que actualmente se usan, e idénticos a los que en Egipto y Fenicia se utiliazaban con el mismo fin (hace tres o cuatro mil años).


Veíamos en la foto superior una lucerna romana en forma de higo, donde la grosera identificación de esta fruta nos puede enseñar cual era el significado original de la Higa (desde hace más de dos mil años). Algo que podremos comprender mejor cuando Richard Payne (5) nos expone en su estudio sobre los ritos priápicos: "Ficus, era una palabra de género femenino y parece haberse transformado en el lenguaje popular en la forma más común de los nombres dados al órgano femenino". Voz que en casi todos los idiomas se dice de manera muy similar y así en inglés es "fig", en francés "fige", en italiano "fico", en portugués "figo" y en alemán se pronuncia "feige". Término que prácticamente en todo el Mediterraneo se interpreta en sentido figurado por el sexo femenino (e incluso el masculino). Grosera broma que aún a todos nos hace tanta gracia, pero que ya Aristófanes comenta en sus obras, llamando "siko" al sexo -voz esta última, cuyo origen no sabemos si procede de la misma raiz (ya que siko y sexo son muy próximas)-. Siendo para los griegos esa una expresión que se refería al del hombre tanto como el de la mujer; ya que "sikuos" () era "pepino" en idioma heleno, por lo que así mencionaban de manera ordinaria al "pene". Al igual que "sikon" () se traduce en sentido figurado por "vulva", significando realmente "higo".

La relación entre todos estos (el sexo, el pepino, o el higo) no solo se limitaba al "divertido" parecido, con el que se tendía de continuo a bromear. Una segunda razón existía -esta médica-, que interconexionaba la función reproductora del ser humano con aquella fruta; habida cuenta que se entendía que la líbido procedía del hígado. Órgano vital del que consideraban los médicos en la Antigüedad nacía el deseo sexual; una idea que llegó hasta nuestros días, tanto que se denomina "libidinoso" a lo que se creyó originado en aquella parte del cuerpo que en inglés se dice "liver". En una entrada anterior ya hemos comentado que aún más extraña era la teoría médica antigua que consideraba cómo el hígado se curaba ingiriendo higos (quizás por su efecto purgante) . Siendo tanta la identificación y la uniòn entre ese órgano y la fruta, que a ambos se les denominó de una igual manera: Higo e hígado. En opinión de algunos ello se debió al parecido existente entre la glándula hepática y la breva, aunque en todo ello también los identificaba el ser igualmente de algún modo similares al sexo (sobre todo al femenino); por lo que se creía que del hígado partía el deseo "carnal". Por lo demás, también se consideraba que al ingerir el fruto de la higuera se recuperaba el vigor sexual y de ello aquel árbol (y hasta sus hojas), fue tenido por el símbolo de la cópula -tanto que como ya dijimos, en algunas lenguas como el hebreo, "higuera" se dice igual que "fornicar" : "THANE"-.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado y abajo, diferentes Higas en hueso pertenecientes al tesoro de Villaricos ( fechadas entre los siglos del VII al IV a.C., y propiedad del Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Los fenicios generaron una auténtica industria de los amuletos, que fabricaban principalmente en hueso y en pasta vítrea. Tal fue la difusión y profusión de estos objetos que extendieron por todo el Mediteraneo (en forma de cuentas, abalorios, dijes y talismanes), que los griegos acusaban a los púnicos de timar a sus "socios", comerciando con lo que los helenos llamaban "quincalleria" (). Entre estos abalorios fenicios, los que más se repitieron fueron las cuentas de collar en forma de ojo y los amuletos como las higas o los pies (tanto como otros de origen egipcio).


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, diversos amuletos contra el Mal de Ojo de los siglos XVII al XX, propiedad del Museo Etnográfico de Castilla y León (foto tomada del libro ENSERES, Zamora 2007, catálogo del Museo, página 208). Vemos en la imágen, algunas "higas" en coral y en asta de animal, de hace trescientos (o doscientos) años. Abajo y a la derecha se puede observar una última más moderna y cristianizada, en la que aparece una cruz en el lugar de los dedos.
 

ABAJO: Capitel del siglo XIII en la iglesia de Cervatos de la Cueza, lugar en la ruta del románico erótico -que principalmente se da entre Palencia y Cantabria-. Esta figura de mujer enseñando el sexo, que a veces se representa tan solo como una vulva (normalmente esculpida en las portadas de las iglesias y de los castillos) es en nuestra opinión la llamada en Irlanda y en las Islas Británicas "Sheela-Na-Gig". Se trataba de una escultura obscena sexual, o de una figura mostrando la vagina y que se tallaba en las entradas de los recintos sagrados, o reales. Tenía el valor de provocar la suerte al lugar cuyo umbral coronaba, dando "fertilidad" y buen augurio al entorno. Como venimos repitiendo, estas matronas mostrando sus vergüenzas son herederas directas de deidades antiquísimas del tipo priápico o agrarias. Sustituyéndose en la Edad Media definitivamente los cultos a la madre tierra, que se llevaban a cabo en fiestas de la agricultura (del tipo órfico); por estos otros ritos que como los carnavales o las mascaradas, ya se realizaban frente o en las iglesias. Al menos hasta el siglo XV se permitió libremente que aquellas "madres de la agricultura" enseñando su sexo (cual si fueran la tierra abierta para ser semillada) siguieran presidiendo los templos cristianos -por cierto, oservemos la similitud entre lo que "enseña" esta Sheela-Na-Gigs española con el diseño de la lámpara romana de unas fotos más arriba-.


En referencia al hígado el importante significado de este órgano fué tal en la Antigüedad, que -como ya hemos dicho- se pensaba que allí residía el alma humana. Siendo sobre todo el pueblo etrusco uno de los que más valor dieron a esa víscera hepática. Algo que heredaron los romanos, quienes llegaban a pensar que de allí partía el pensamiento y hasta las pasiones humanas. Ello por saberse que los nervios y los estados de alteración de carácter afectan al hígado; siendo un hecho que la bilis está plenamente unida al estado anímico o de stress del individuo. Por lo que consideraban que el valor procedía de aquel órgano tan vital y de ello, entre los militares el hígado se tuviera por sagrado. Tanto que (como ya dijimos) la religión que los latinos heredaron de Etruria y que realizaba lecturas de las visceras del animal (o persona) sacrificado; tenía como ceremonia principal la hepatoscopia. Rito consistente en observar y prececir el futuro por medio del análisis del hígado del recién inmolado. La importancia del culto a ese órgano era tanta que podemos encontrar entre los restos etuscos moldes para el estudio de aquellos. Modelos con el hígado ya dividido en partes entre las que a cada una se asignaba a una divinidad, o a una casa del Cielo. todo ello con el fin de enseñar a los sacerdortes a leer el futuro en esos moldes hechos principalmente en bronce y que se preparaban para las escuelas de arúspices (augures lectores de vísceras, de origen etrusco pero que establecieron su culto en Roma).

Finalmente, queda tan solo por relacionar el hígado con la vista y con las oftalmias, algo francamente sencillo de comprender debido a que ya sabemos como antiguamente pensaban que la sexualidad partía de allí. De ello, si se consideraba que la ceguera se producía por los excesos sexuales, debido a que las enfermedades venereas afectan gravemente a los ojos. Los órganos reproductores, tanto como el hígado y los ojos, se veían interrelacionados bajo los mismos "humores corporales". Por lo que fácil será imaginar que una de las recetas para curar todas estas dolencias (las sexuales, las hepáticas, o las de la vista) era la ingesta de higos. Fruta que se tomaba en toda celebración de Baco o Príapo, al ser considerada afrodisiaca. Pero que ya vimos era igualmente consumida como un medicamento, en una receta que se realizaba con una pasta de higos secos mezclada con otros elementos, a la que llamaban "sikuta" (de higo=siko).

Esta sikuta era suministrada principalmente a aquellos que tenían dolencias estomacales que normalmente se consideraban originadas por el hígado. Como hemos mencionado se trataba de un preparado cuya base consistía en una masa formada por hígos secos, a la que se le añadían más "medicamentos", pese a que el principal curativo era la pasa de breva. Fruto seco que era la base económica de la Hélade, tanto que hemos de decir que los ejércitos griegos se alimentaban principalmente de pan de higos y de mojama. Pescados en salazon y brevas secas que podían conservarse durante meses, tanto como transportarse por los soldados (usándose para hacer sopas o comer en cualquier momento, conteniendo una carga vitamíjica que impedía los escorbutos y las anemias). La importancia de los higos era tanta que se prohibía la exportación fuera de las ciudades-estado a la vez que muchas de las campañas de colonización a tierras lejanas que realizaban los helenos, se hacían por motivo de conseguir estos frutos que en su tierra eran difíciles de cultivar (debido a lo pedregoso y seco del terreno).

Por cuanto decimos, sería fácil comprender que estuviera prohibido exportar ni menos vender a un extranjero aquellos higos (que eran la base de la alimentación de los soldados y de la población). Prohibición tan férea, que hizo nacer Grecia una extraña figura al que se denominaba el falso delator del que vendía higos. Aquel al que se llamaba "sicofanta" () fue en principio un chivato que denunciaba a quienes tenían cultivos de brevas y no los vendian enteramente para el herario público. Degenerando aquella figura del delator (que ya desde sus orígenes normalmente denunciaba mintiendo), hacia un tipo de falso chivato que se extendío e impuso en Grecia. Quienes normalmente presentaba querellas en los tribunales a todo rico, solo por serlo; acusándole sin motivos y tan solo para obtener dinero a cambio. Comenzaron las denuncias a los que se decía vendían higos a extranjeros, aunque ya la delación falsa se extendió a cualquier motivo, pese a que el nombre de estos que tenían como misión amargar la vida de los ricos siguió siendo sicofantas -de sicón (higo) y fantes (denunciar)-. (para conocer más sobre este extrano hecho ver: http://www.filosofia.org/enc/eui/e551144.htm ).

Para finalizar diremos que consideramos muy posible que el origen del temor al envidioso nazca de la figura de aquellos Sikofantas. Los falsos delatores que sin motivo y solo para hacer daño al rico o al poderoso, los denunciaban de continuo en la Hélade (sobre todo con el fin de obtener algo de dinero, pese a saber que partían de hechos falsos). Puesto que era verdad que en Grecia en cuanto alguna persona fue conocida como adinerada, aparecían aquellos falsos denunciantes, principalmente a decir a las autoridades que exportaba ilegalmante (higos o cualquier mercancía prohibida). De ello creemos que pudo surgir la seña de la "sika" (la Higa) para combatir al tan temido "sikofanta", el envidioso capaz de presentar demanda solo por hacer daño al que tenía más que él. No siendo una teoría absurda considerar que aquella Higa se hizo como talismán para ahuyentar a "delator de higos" (sicofanta); debido a que la señal hecha con la mano en un principio era insultante. Ya que ese gesto de cerrar el puño y sacar el dedo gordo, los griegos lo realizaban a modo de vejación (como la peineta entre nosotros). Por lo que es posible que de ese modo señalaran a los sicofantas, entre los que hubo verdaderos profesionales de la falsa denuncia (muchas veces llevada a cabo tan solo por hundir la vida del rico).

Así, de todo cuanto hemos ido estudiando, vemos que la relación entre el higo y la higa y entre esta y el hígado fue muy estrecha. Tanto como la identificación de la Higa o Figa con el ojo (el sexual o el de la vista), que se basa principalmente en "magia simpática" aunque por otro lado proceda de los hechos médicos que relacionaban las oftalmias con las dolencias venereas. Por lo que muy comprensible es que con esta mano cerrada de la que sale el dedo pulgar se pretendiera hacer huir al mal espìritu de la envidia que traía el Aojo y a la oftalmia del sexo: Al sicofanta y al tracoma.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, exvoto del siglo XIX, hecho en una lámina de plata y que a nuestro juicio se trata de un hígado votivo (propiedad del Museo Etnográfico de Castilla y León, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen. Foto tomada del libro Enseres, catálogo del Museo, Zamora 2007).
 
ABAJO: Famoso higado etrusco de prácticas de augur fechado en el 150 a.C. y hallado hacia 1878 en Piacenza (propiedad de Museo Cívico de Piacenza, al que agradecemos nos permoita divulgar su imágen). Se trata de un modelo donde se enseñaba la hepatoscopia a los arúspices; hecho en bronce, está dividido en partes o casas del cielo, adjudicando a cada deidad una zona del órgano. Como dijimos, el hígado era de donde suponían los antiguos que partía el deseo y las pasiones; por lo que su unión al higo como símbolo sexual era absoluta. Del mismo modo, los etruscos consideraban que en este órgano habitaba el alma humana, de ello que lo estudiaran tras sacrificar en el templo, con el fin de poder leer en aquel órgano el futuro.


CITAS:
(1) Cita que recojo de la madre de Julio Caro Baroja, tomada de la vitrina en que se contenía la Higa en la exposición de la Fundación Joaquín Díaz: EL CUERPO EN LA TRADICIÓN. Ver libro del mismo nombre, capítulos: "Higo, higa, hígado y aojo (magia religión y medicina)". Publicado por la Fundación Joaquín Diaz. Valladolid 2005.


(2) San Isidoro en Etimologías afirma que el nombre de azabache procede del rio turco donde se halló por primera vez, llamado Gagas (y de aquí: "Az-gagas"). Aunque realmente la voz es de origen árabe y parece que se relaciona con el color negro que guarda este carbón precioso.
(3) Foto tomada del libro "ENSERES". Catálogo de MUSEO ETNOGRÁFICO DE CASTILLA Y LEÓN; Zamora 2006 (Página 209).
(4) Diccionario de la Real Academia Española, primera edición 1780.
(5) Richard Payne, fue uno de los primeros expertos en ritos y religiones órficas; estudios que recogió en su importante libro "El culto a Príapo". Sus investigaciones tomadas como "poco serias" en el siglo XVIII, al versar sobre el significado y la veneración al falo en la Antigüedad. Constituyen una fuente de sabiduría sobre el sentido religioso de los pueblos primitivos, relacionado las fuerzas naturales y la sexualidad. Por lo demás, el mencionado Richard Payne, fue uno de lo grandes benefactores del Museo Británico; entidad que se funda en gran parte a los fondos que aquel donó.
BAJO ESTAS LINEAS FOTO DE LA ESTATUA DE RICHARD PAYNE EN EL MUSEO BRITÁNICO.

























miércoles, 22 de febrero de 2012

EL OJO QUE ES DIOS PORQUÉ TE VE, Y NO PORQUE TÚ LO "BES". (De: Lo invisible en la mitología; Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XLII).

Esta entrada es continuación de las anteriores. Recomendándose la lectura previa de aquellas que le preceden, para una comprensión plena de cuanto exponemos en ella.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, uno de los muchos idolillos con forma de ojos, hallado en nuestra Península. Aparecen fundamentalmente en la zona Sur, aunque con más profusión en el área del Algarve- Alentejo y Extremadura, desde el IV al II milenio a.C.. Su forma, claramente nos indica una deidad relacionada con los planetas y el ojo, por lo que consideramos este amuleto de la foto (datado en el IV milenio a.C.) como uno de los primeros talismanes contra el Aojo que pudo haber en nuestras tierras.
 
ABAJO: Detalle de uno de los pectorales de Tutankhamon (XVIII dinastia) que se adorna con un Utcaht -pieza perteneciente al Museo de El Cairo, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen-. En la entrada de hoy explicaremos cómo se produjo la evolución que hizo llegar esta representación del "ojo de Horus" (que era uno de los talismanes más importantes del Antiguo Egipto), hasta la forma del dios fenicio de la pupila. Deidad púnica de la que surgió finalmente el llamado "ojo del Nazar", famoso dije en forma redonda y con un iris azul, que sirve en todo el Mediterraneo como apotropaico.





Trataremos hoy, de manera resumida y gráfica, sobre la evolución que sufrió el talismán más común contra el Aojo, ese dije en formas de bola que lleva en su centro una pupila azul. Abalorio que fue transformándose desde el Utchat o el ágata, nacidos con fines protectores ya en el IV milenio a.C.; que llega a ser esa "especie de iris" hecho de bolas, con figuras o formas relativamente desagradables (y hasta monstruosas). Pese a ello, dijimos que en un principio y previamente al II milenio a.C, aquellos objetos apotropaicos fueron fundamentalmente dos: En Egipto el Ojo de Horus (que vemos en la imagen superior); tanto entre los mesopotamios El ágata (o la piedra azul). Pese a lo que aun siendo el Utchat el gran talismán de los faraones, entorno al 1500 a.C. comienza a proliferar en el Nilo una nueva figura y deidad portectora del aojo, de caracter muy extraño, al que llamaron Bes.



Raro dios que se dice procedía de Nubia (de origen africano), pese a que algunos egiptólogos afirman que su aparición durante la XVIII dinastía se debió más bien a una influencia semita, llegada de Mesopotamia. Nosotros nos inclinamos a pensar que realmente aquel enano que protegía de la mala mirada (llamado Bes) vino por contacto con el mundo babilónico. Ya que pudo deberse a que aparece durante el reinado de Tutmosis I (o el de sus hijos), cuando Egipto había extendido sus fronteras hasta el mismo Éufrates. Por lo demás, también pudo llegar hasta los faraones gracias a la infuencia Nubia (tal como algunos consideran); puesto que la primera escultura conocida de aquel dios enano y protector está en el templo de Hatsepsut. "Faraona" que también decoró el mismo recinto sagrado con bajorrelieves de su expedición llevada hasta el país de Put. Tierra situada al Sur de Egipto denominada Put y que quizás fuera la actual Somalia, donde Hatsepsut mandó a buscar a sus generales especias y árboles de mirra. Ello, unido a que este dios Bes se conoció con el sobrenombre de "señor de Put", nos hace pensar que quizás se tratara una divinidad importada desde estos territorios al Sur del Nilo. Al igual que pudo ser instaurado como dios por la persona y personalidad de Hatsepsut, reina que llegó a ser faraón y portar hasta barba postiza. De lo que nada extraño sería que tras su expedición al reino de Put, hubiera instituido el culto a esta deidad representada por un enano barbudo, que tanto nos recuerda a un pigmeo y que se tenía por portador de la suerte y de la protección (quizás debido a que en Somalia se encontraban las mayores minas de oro y muchas de las riquezas que Egipto explotaba).


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, estatuilla del dios BES procedente de Dandara, de epoca egipcia grecorromana, y propiedad del Museo de El Cairo (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). Su representación vemos que se trata de un enano con barba, desnudo y deforme, que enseña los genitales y comunmente va tocado con plumas (o luce cinturones y gorros, de los que salen culebras). La nota común a todas las efigies de este dios protector es su fealdad y cara similar a la de un mono (quizás por tratarse de una dios que basaba su ayuda en hacernos reir por medio de sus defectos). Sin lugar a dudas, puede tratarse de la recreación en la figura de un pigmeo, o de algún modelo de enano deforme que en la Corte faraónica se tuviera como bufón y acompañante, para divertir a los niños o a los mayores (costumbre muy arraigada ya en Egipto). Sea como fuere, es el dios del humor y de la ayuda contra la mala suerte.
 


BAJO ESTAS LINEAS: Estela perteneciente al museo del Cairo (al que agradecemos nos permita divulgar su imagen), fechada hacia el siglo III a.C.. En ella figura Horus niño, como Esculapio; protegido y protector de la medicina. Observemos que el hijo de Osiris en esta escultura tiene dos sierpes en sus manos (símbolo del veneno y de la curación) pero sobre todo está protegido por una gran cabeza del dios Bes (al que se consideraba también sanador de la mordedura de reptiles). El rostro del enano corona la estela y muestra el poder de esa deidad, como guardián de la infancia. Dones que le identifican con los objetos apotropaicos y sobre todo con el carácter del falo protector, o de los colgantes que se ponían a los niños para evitarles males y enfermedades. Más tarde veremos la plena relación entre esta deidad y aquellos abalorios muy distintos que se usaban contra el aojo.



Tal como decíamos, ese dios Bes era el cuidador de los niños. Tanto que se le consideraba una divinidad que facilitaba su desarrollo, e impedía que tuvieran accidentes, enfermedades o que los pequeños fueran raptados y "tocados" por la mirada del envidioso (quienes provocaban los daños terribles del aojamiento). Curiosamente, parecer ser que aquella deforme cara y el aspecto horrible del enenito con genitales al aire, conseguían la huida de los malos espíritus y hasta la protección del hogar. Con ello, el mismo dios maltrecho era considerado el "lar" de la casa y el benefactor hasta de las nupcias y de la alcoba. Encomendándole el cuidado del acto sexual y hasta de la diversión en aquellos menesterers; tanto como la buena reprodución y el nacimiento de hijos sanos. De ello que fuera la divinidad que cuidaba por el buen parto y por la llegada al Mundo sin problemas del que recien-llegaba.



Por lo demás, todo lo anteriormente dicho le hizo guardián también del sexo y de la belleza, y así fué acompañante o cuidador inseparble de la diosa Hathor. De ello, que se le considerara el bailarin que daba la risa a la guapa entre las más bonitas, por lo que en unión de esta Hathor (divinidad de la música, la belleza y de la danza), eran considerados los patronos del arte de bailar y de tocar instrumentos. Tanto que Bes se tuvo por un laudista o arpista maravilloso, aunque con sus bailes tan solo provocaba reir a quienes le veían moverse y enseñar sus partes pudendas. De cuanto venimos diciendo, parece que este dios enano protector de los niños y contra el Aojo, puede ser la personificación de los esclavos que para el servicio y cuidado de hijos debieron tener los egipcios en casa. Muchos de ellos seguramente débiles de aspecto y bajitos, tanto como procedentes de zonas centrales de África (donde quizás los apresaban para llevar a esclavizar). Gentes, que si vivían en la Corte o entre los hijos de nobles y ricos (cuidando de ellos) cumplirían sin lugar a dudas muchas de las funciones que se le atribuían a Bes -protectores de la infancia e incluso guardianes contra el mal de ojo, los malos espíritus y la brujería-.


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, dios Bes fenicio. Amuleto hecho en pasta vitrea fechado en el Siglo VI a.C. (perteneciente a Túnez, Museo del Bardo al que agradecemos nos permita divular su imagen). Estos protectores contra el mal de ojo proliferaron entre los púnicos como colgantes (que fabricaban en vídrio de manera profusa). Finalmente, fueron sustituyéndolos por una figura que representaba la cabeza del Bes barbado y que al final tan solo incluyó sus ojos.
 

ABAJO: Dios Bes tambien fenicio, perteneciente a la colección Baggio de Italia (a la que agradecemos nos permita divulgar su imágen). En la foto observamos una obscena representación del enano bailando. Viendo aquí ya una unión plena entre los famosos falos que se usaban para combatir el aojo, con esta figura del dios desnudo que enseña su sexo. Del mismo modo, se entiende en esta figura de Bes, su asimilación con el Príapo griego (deidad que igualmente servía para fertilizar los campos y dar buena suerte).



Curiosamente aquel dios egipcio cargado de fealdad, fue el protector de la belleza. Así comentamos que era el inseparable acompañante de Hathor, con quien no solo bailaba e interpretaba sus melodías de laud, sinó a la que igualmente cuidaba en su "estilismo" facilitando sus perfumes y su cosmética. De tal modo, el pobre y horrible enano Bes fue igualmente la deidad de los ungüentos y de los afeites, tanto que se le consideraba el benefactor de todos los cosméticos. De lo que las mujeres adoraban a este pequeño dios pidiéndole no solo por sus hijos, sino también para que les embelleciera, les facilitara afeites, colonias, jabones y hasta maquillajes o pinturas de ojos. Pero es que además, debían rogar a Bes por todo cuanto bonito había en la vida, puesto que aquel era el dios de la moda, de los abalorios, de los collares, de la pedrería, de los adornos y de cuanto bonito e inútil nos rodea. Algo que puede comprenderse desde la figura de este enano protector cotra el mal de ojo, que en principio se consideraba luchaba con su fealdad al mal que provocaba la mirada del envidioso. Al considerarse que la belleza corporal, el atractivo, el buen aspecto y los olores agradables, podían provocar la envidia (sobre todo a quienes eran deformes u horribles - similares al dios- por lo que la imagen monstruosa del bailarín Bes se entendía como un protector).

 


No sabemos si solamente fue por influencia egipcia -o quizás también por un influjo mesopotámico-, por lo que aquella divinidad enana se convirtió en una de las más importantes entre los fenicios. Tanto que se asimiló a Baal Hammon o el dios del pebetero, quien era el señor de las brasas y por lo tanto el del fuego. Ello, como ya podemos imaginar le hizo identificarse con el señor de la luz y del calor, siendo considerado "un tipo de vulcano" o deidad de la forja. Quien a su vez era el dios de la llama y por lo tanto de la iluminación, y de lo que se consideraba la divinidad que permitía la visión. Por todo ello, era el dios del ojo y el protector de la mirada; tanto que se sabía capaz de ahuyentar a quienes con la suya provocaban el mal de la envidia (el aojo). Por su parte, su unión a las brasas de seguro le hizo ser representado en vidrios, material que comenzaron a fabricar por primera vez los fenicios (aunque no fueran sus descubridores) y que precisaba de hornos trabajando a altas temperaturas.




Pasta vitrea que se unía smbólicamente a la llama y a la luz, puesto que como es sabido los púnicos narraban ser sus descubridores gracias al fuego. Invento del vidrio que afirmaban se produjo cuando sus antepasados en una de las noches que varaban por las playas del Mediterraneo (durante sus largas singladuras), habian hecho una hoguera. Aparciendo a la mañana siguiente pasta vítrea bajo aquella, por efecto de haberse quemado las arenas siliceas bajo aquel fuego. Historia que nos une el vidrio con las fulgitas, que como sabemos son esas pequeñas piedras (o vidrios) que se forman al caer el rayo sobre arenas de sílice. Ya que al abrasar la arena la electricidad, queda a veces en formaciones alargadas y como cristales pétreos. Láminas vítreas creadas por la naturaleza, que se tenían como las "hijas del rayo" y que dieron lugar a las famosas leyendas de las "Piedra del Rayo" . Lo que consideraba a las hachas neolíticas como sagradas (y hasta las paleolíticas); que se decían hechas por la mano de Júpiter, a través del relámpago. Todo lo que identificaba a los dioses con esta pasta vítrea en la que los fenicios fabricaban sus amuletos y que trocaban usando como porpia moneda. Habiendo llegado a convertir estos talismanes y abalorios en una verdadersa fuente de ingresos y exportación, que llegó a inundar el mercado mediterraneo entre los siglos Iv al III a.C..


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, portada del magnífico libro LOS FENICIOS. Monografía dirigida por Sabatino Moscati, basada en una exposición de Milan (editada por FOLIO, Barcelona 1988). En esta portada podemos observar ya el dios Bes de Fenicia, simplificado tan solo como una cara de barbudo deforme y con pupilas azules. La introducción del color azul de los ojos se considera que procede del miedo que los pueblos del Sur mediterraneo tenían a las gentes bárbaras del Norte (que destacaban por sus ojos azules). Pese a ello, entre los mesopotamios ya hemos dicho que el mal de ojo se combatía con un ágata o un lapislázuli, tanto como El Libro de los Muertos de Egipto habla de que el ojo de Horus (utchat) ha de hacerse en lapislázuli.
 


ABAJO:  Portada de la revista Vaccea, en la que vemos un dios Bes-Jano hallado hace pocos años en las inmediaciones de Valladolid (en el yacimiento de Pintia-Padilla de Duero-). Evidentemente el uso de estas efigies como apotropaicos, es una costumbre fenicia que quedó en la Península  -tanto como la de guardar, reverenciar y comerciar con abalorios (especialmente vítreos)-. Lo más curioso en el caso de este "BES" de Pintia es que su figura se "reconvirtió" en un Jano bifronte, añadiendo una segunda cara en su dorso. Deidad cuyos poderes nacen por ser un dios "gemelo", figurando así la puerta de iniciación, tanto como la entrada y salida del año (en efigie de los meses de diciembre-enero, dando nombre a este último). Divo simbólico de la "doble vida", el renacer y los "secretos agrarios" que en gran parte comenzaban precisamente con el inicio del año -en el mes de Jano (January)-. Aún hoy en nuestras tierras se recuerda en forma de mascaradas y fiestas de solsticios, las famosas Saturnales romanas celebradas a ese Jano de dos caras; festividades que fueron nacidas directamente de los Misterios griegos (voz cuya traducción es la de "orgia"), lo que nos explica el poder de aquel divo de doble rostro (como la puerta, la moneda o la personalidad sibilina).


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, otra figura del dios "ojo" como deformación de Bes. Este fue hallado en Olbia y pertenece al Múseo Nacional de Cagliari (al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Observemos que poco a poco se va tornando el diseño del protector contra el mal de ojo, en lo que finalmente tan solo serían dijes con bolas y ojos.
 

ABAJO: Aquí ya vemos el abalorio simplificado de la cara de Bes, transformado ya tan solo en ojos. Este collar de cuentas apotropaicas fenicias fue hallado en Ibiza y se fecha en el siglo III a.C. (pertenece al Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos nos permuita divulgar su imagen). Del modelo que vemos en la imagen, que luce solo dijes con ojos consideramos que nacen y surgen lo que luego sería los ojos del Nazar; al igual que las joyas con bolas y esferas para protegerse del Aojo.



Como dijimos, aquel dios egipcio danzarín y que enseñaba sus vergüezas, fue también asimilado al Príapo griego. Deidad esta última que se igualmente se represetaba en la forma de una persona deforme y que mostraba el pene. Aunque en el caso de Bes, los egiptólogos llegan a decir que el enano barbudo es realmente una idealización del sexo masculino, que por su fealdad y su forma -tan "divertida como ridícula"- puede parecerse al dios. Hecho este que quizás se llega a apreciar en las representaciones priápicas romanas, en las que tal como en la foto de abajo vemos, el pene y los testículos se asemejan de algún modo a la cara de Bes. Para cuya demostración, recogemos bajo la foto de aquel, otra figura de la deidad del ojo fenicia en un colgante; la que en verdad tiene mucho parecido a lo que decimos. Similitudes y semejanzas que de nuevo nos llevan a unir en toda su simbología, la protección del aojo con objetos fálicos o que se relaciona con el sexo. Pudiendo determinarse ya de este modo cual es el origen de esos abalorios en forma de pupilas o con esferas que todas las culturas mediterraneas usan para atraer la buena suerte.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, amuleto falo romano del siglo II a.C. perteneciene al Museo de Jaen (al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Observemos su forma de lúnula con una mano en forma de figa a un lado y un falo al otro, en cuyo centro tiene el sexo masculino. Imágen del pene y los testículos en la que dicen se inspiró la cara o la figura del Bes egipcio.
 
ABAJO: Collar en pasta vítrea fenicio que procede Cartago, fechado en los siglos IV III a.C. (propiedad del museo del Louvre, al que agradecemos nos permira divulgar su imágen). Sus cuentas con clara forma casi igual a la del Nazar, se culmina con un colgante de cara de Bes, en la que vemos algún parecido con el sexo masculino.




JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, collar moderno apotropaico, contra lo que se llama el Nazar (mal fario o mal Azar). Adquirido hace unos meses en Turquía, podremos obsevar en este que la enorme similitud que tiene con las cuentas fenicias de hace casi dosmilquinientos años.
 
ABAJO: Brazalete del Tesoro de El Carambolo (tartessio, hacia el siglo VI a.C.). En entradas anteriores vimos cómo este tesoro tenía un carácter planetario o calendárico, marcando sus bolas en numero de 13, 12 y etc. los ciclos de la Luna y el Sol. Todas las joyas hemos comprendido que contenían un enorme sentido mágico y de proteción. Siendo la forma más común para conferir ese poder de guarda y costodia sobre el que lo lleva, diseñar la joya conn formas que recuerdan al ojo (y a las estrellas). Observemos en esta de El Carambolo, como lleva la roseta símbolo del Sol y a su vez contiene estas semiesferas, que habrán de significar los planetas o los astros y por ende, el ojo y la visión.



Para finalizar, terminaremos de nuevo anotando la idea que varias veces hemos repetido, en la que afirmamos cómo las formas de círculo, esfera o bola, que se dan a los dijes y abalorios (de collares, pendientes, anillos o pulseras). Joyas a las que se atribuye poderes apotropaicos. Todas se refieren o simbolizan los planetas y el Cosmos en referencia a los ojos. De igual manera, las joyas en la antiguedad que conservaban estos diseños similares a un ojo, a una circunferencia o un granulado, se identificaban con los astros y con la vista de un modo sagrado. Ello porque el gran dios del Universo era el de los ojos, aquel que con sus dos grandes pupilas (el Sol y la Luna) todo lo veia y todo lo cuidaba. El mismo que con miles de ojos (las estrellas de la noche) aguardaba en las tinieblas, cuidando de los Cielos. Cosmogonía que simbolizaba en la joyería con los adornos plenos de bolas y esferas; simbolos todos que hacen referencia al Universo y al calendario. A la que se le atribuía un tremendo poder apotropaico y por ello era de uso obligado entre los poderosos. Por cuanto no es de extrañar que el mismo dios Bes -el feo enano bailarín-, fuera a su vez el patrón de la joyería y los adornos; ya que estos en verdad servían para embellecerse y protegerse contra el Mal de Ojo.


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, collar salmantino contra el mal de ojo, hecho en coral con una higa y bolas granuladas. Fechado en el siglo XVII es propiedad del Museo Etnográfico de Castilla y León (al que agradecemos nos permita divulgar su imñagen). Observemos no solo el trozo de coral en forma de mano higa, sinó tambien estas bolas de plata tipicamente salmantinas; de las que se sabe que, como el "botón charro", contienen un pleno sentido planetario (siendo descendientes del granulado fenicio).



ABAJO: Bolas y Alcorciles con carácter apotropaico del traje de salmantina fechados en el siglo XVIII. Pertenecen al Museo Etnográfico de Castilla y León (al que agradecemos nos permita divulgar su imagen). Comparándolas con las cuentas fenicias, podremos observar como estos collares de la Alta Ruta de la Plata son casi iguales en su significado y su forma (pese a estar separados por más de milquinientos años).