lunes, 13 de febrero de 2012

ORÍGENES Y SIGNIFICADO DEL CORAZÓN AHIGADO: SU RELACIÓN CON EL AOJO (De: Lo invisible en la mitología, Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XIL).

Esta entrada es continuación de las anteriores. Recomendándose la lectura previa de aquellas que le preceden, para una comprensión plena de cuanto exponemos en ella.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, de nuevo la imágen de un "templete lar" japonés; pequeñas esculturas que a modo de un "hogar de dioses" (en forma de habitáculo con techo) se suelen colocar frente a las casas y en los cementerios. Su uso y significado es muy similar al que este tipo de "casita de dioses" tenía en otras culturas que las usaron (como la etrusca o la romana), e incluso se relaciona con las hornacinas que utilizan los cristianos para guardar santos en las calles y caminos. Para comprender su sentido podemos compararlas en nuestra cultura con figuras como los cruceiros pétreos, o los vanos existentes en las fachadas de casas antiguas, donde se pone una virgencita o un patrón (tras un cristal, o en un estante). En el caso de este templete fotografiado en Maebashi, vimos en la anterior entrada que se trata de un "lar" dedicado al dios del ojo; deidad cuya misión era la de curar las oftalmias y guardar por la vista de los hombres. Su figura curiosamete recuerda mucho a un corazón ahigado (invertido) lo que analizaremos en esta entrada.
 


ABAJO: Tres jeroglíficos egipcios (pintados por nuestra mano) que se relacionan con el origen del famoso corazón ahigado -tan usado en estos días de San Valentín-. El primero, a nuestra derecha, es el de NEFER, cuyo significado es "laud"; pero que a su vez se traduce por "lo bueno" y "la bondad". Entendemos en ello, que una figura muy cercana a la del corazón, cuyo significado es "amor" en nuestra cultura, se tenía hace miles de años por un sinónimo de "bondad" (surgida de la belleza de la música, que para los egipcios era el arte más sublime -junto a la arquitectura-). A su lado y en el centro, vemos el jeroglífico de AB ("corazón"), que figura como un vaso canope o una vasija y cuyo significado analizaremos en profundidad. Finalmente, a la derecha está el de XERUI, que se traduce por "testículos" y que efectivamente lo parecen, pero a su vez es muy semejante a la imágen de un higo. Sobre todo ello escribiremos a continuación:


Habíamos dejado la entrada anterior analizando el mito japonés de Izanagi, desde el momento en que este "Adán nippón" huyó de los infiernos y creó los dioses del Sol, la Luna y los Océanos (Amaterasu, Tsukí y Susano -respectivamente-). Para ello hubo de lavar su ojo izquierdo, del cual nació la luz del astro rey -la diosa Amaterasu-; tras lo que hizo lo mismo con el derecho, del cual surge el resplandor de la Luna (Tsukí) y finalmente, al limpiar en el rio su naríz, dió origen a Susano (el dios de los Océanos). Todo ello se relacionaba plenamente a nuestro modo de ver con las mucosas y los ojos, de las que veníamos narrando su relación plena con el sexo. Relación que parte de que las afecciones sexuales, terminan por comunicarse con las oculares, produciendo unas secreciónes y enfermedades en los ojos. Tanto, que las más graves (como las blenorragias) infectan las cuencas oculares, llegando a provocar la ceguera por tracoma. Dolencias cuya transmisión más común es la sexual, aunque también se pueden contagiar simplemente por contacto con aquellas mucosas del enfermo (las de los ojos, nariz, o las supuraciones del sexo). Como dijimos, todas ellas eran en La Antigüedad una temida pandemia, que plagaba de invidentes, tuertos y gentes afectadas por clamidiosis, los lugares dónde la salubridad era mala y la higiene difícil (en especial áreas cercanas al desierto o las grandes ciudades sin caudal de rio ni aguas limpias).

De todo ello, entendemos cómo el mito de Izanagi explica que el padre de los dioses, tras huir de los infiernos -donde había convivido con un mundo putrefacto- lo primero que hizo fue lavarse en el arroyo cristalino de Hyuga. Allí se esmera en limpiar sus ojos, de los que nacen la luz del Sol y de la Luna; enseñando la leyenda la necesidad plena de la higiene y lavado en agua limpia, para no ser afectado por enfermedades (especialmente las oculares; algo realmente cierto, puesto que bacterias tales como la Chlamydia Trachomatis  -que produce el tracoma-, se contagia precisamente por falta de limpieza y por aguas sucias e infectadas). Por lo demás, poco antes de llegar al arroyo, para poder escapar de los infiernos, alejó a los demonios lanzando tres melocotones. Una fruta tirada a los dioses del Averno, que no solo se relaciona con la granada de Perséfone y los frutos del mundo de los muertos; sinó que también tiene un sentido sexual y hasta cercano al ocular. Ello, porque si observamos el diseño o la figura del melocotón, pronto nos daremos cuenta de que es muy similar al corazón ahigado invertido que se tiene como símbolo del dios del ojo japonés (ver foto arriba). Un diseño que sin duda alguna puede recordarnos más a un higo o a una fresa; pero que en todo caso es el de un fruto y como tal significa la flor del vegetal comestible (y con ello, la sensualidad).

En todas las religiones, frutas como la manzana, el higo, la granada o -en este caso- el melocotón; juegan un papel primordial frente a los dioses. Importancia cuyo significado en muchos casos se nos escapa, tanto que es mi teoría que "la manzana de Adán" nace posiblemente de una confusión fonética. Al traducir del griego "melas" (), que significa cordero; por "mele" () cuya interpreación es manzana. Siendo quizás la prescripción: No comer del cordero -entendiendo este como "el inocente"-; debido a que "del cordero" o "de la manzana" se escribe en griego "meleios" (). Por su parte, estos otros "melos" de Japón, los "melo-cotónes" de Izanagi tienen indudablemente un significado relacionado con la sensualidad (como toda fruta). Pero a su vez simbolizan los tres dioses que poco después Izanagi crearía (la luz del Sol, la de la Luna y el agua de los mares), con los que sin lugar a dudas hizo huir a los demonios lejos de él, permitiéndole salir de los infiernos. Deidades de la iluminación (Amaterasu del Sol y Tsukí-yomi de la Luna), nacidas de sus ojos. Por lo que la relación entre astros y pupilas vuelve a ser tan estrecha, que entendemos como las civilizaciones antiguas representen a aquellos dos que nos iluminan (en el día y por la noche), en "los ojos del Universo".

Pero el diseño de este dios del ojo japonés, curiosamente se relaciona con un símbolo de gran sentido sexual en nuestra cultura, como lo es el corazón ahigado. Representación del amor en forma de higo (o fresa) que es un dibujo tan antiguo como sensual. Ello, porque el llamado "corazón ahigado" en un primer momento recuerda plenamente al final de la espalda -especialmente la femenina- o incluso a dos pechos, relacionando aquello con un fruto. Aunque en Egipto, la misma forma y que bien parece la hoja del loto, se identificaba ya con el símbolo de bodad: "Nefer" que como hemos visto, significaba laud, pero a su vez se interpretaba por la bondad en sentido pleno. Pese a ello, no se relacionaba tanto con el corazón, ya que este órgano se escribía con el jeroglífico de una vasija (ver imágen superior); ello quizás por la importancia que los egipcios daban a esta víscera a la hora de embalsamar al difunto -siendo lo primero que introducían en el vaso canope, junto al pulmón-. De hecho, pensaban que en el corazón residía gran parte del pensamiento y los sentimientos; por lo que en el juicio final de Osiris, los dioses pesaban este órgano del difunto, para determinar su paso a la vida eterna.


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, amuleto de corazón egipcio (del Museo Británico, al que agradecemos nos permita divulgar la imágen). El corazón representado como una vasija, destaca entre los dijes egipcios. Abalorios que creaban los magos y sacerdotes como talismanes protectores, oficiando en su nombre invocaciones que solicitaban el favor de los dioses. Quizás, junto al Utchat (ojo de Horus) y el Ank, era este del corazón, el amueto más usado en ceremonias de curación y momificación.
 








ABAJO: Estela fenicia del tofet, en forma de "idolo botella" (fechada en el siglo IV a.C. y perteneciente al Museo Whitaker de Mozia, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Esta representación de una vasija que comunmente aparece entre las figuras sagradas fenicias, es denominada "ídolo botella"; aunque es nuestra teoría que se corresponde con la figura de un corazón egipcio. Vasija (o botella) que representa en jeroglífico este órgano vital humano, por lo que consideramos aparece entre las estelas y joyas de los púnicos (muy influidos por el Nilo). Además el jeroglífico del corazón (vaso) pintado sobre un pebetero (ardiente, encima del fuego); significaba en entre los súbditos del faraón, el nombre de su nación: Egipto. De ello la importancia de esta figura en forma de botella o vaso, que llegaba a describir o definir la denominación del reino de las pirámides.



Continuando con la importancia del corazón en Egipto ya hemos anotado en el pie de foto cómo su jeroglífico escrito sobre el de "pebetero encendido", se traducía por: Egipto. Por su parte, otra forma de pintar o dar a entender el nombre del reino de los faraones; era simplemente escribir el jeroglífico de Utchat -el ojo pintado de Horus-. Siendo verdaderamente llamativo que ambos (el amuleto del ojo y el del corazón) fueran las figuras que dieran nombre jeroglífico al país del Nilo. Por su parte, siguiendo con este vaso que significaba corazón; si se pintaba colgado de una persona (o bien en la forma de un collar del que pendía aquel), su traducción era "hombre bueno" o "bondad"; lo que igualmente podía escribirse usando la figura del laud (como hemos visto). Todo lo que ya nos indica cómo este diseño tan similar al símbolo del amor occidental (el corazón ahigado), tenía ya un significado muy cercano hace más de cuatro mil años.

Pero deseamos hacer un alto en Fenicia, donde nos hemos encontrado repetidamente con la figura de la vasija (como amuleto o representación sagrada), que consideran se trata de un "ídolo botella" -tal como se define-. Pese a ello y desconociendo si algún otro autor anteriormente lo ha advertido, habríamos de decir que en nuestra opinión estas "botellas" fenicias, se corresponden con el jeroglífico y talismán del corazón. Cuyo uso en ceremonias de difuntos era primordial, puesto que -como hemos dicho- Osiris pesaba esa víscera en su balanza, para que los dioses determinaran la culpa o la inocencia del que llegaba al más allá. Cuanto afirmamos se ratifica no solo por la repetida aparición de estas "botellas" entre las estelas fenicias, sinó también porque junto a ellas suelen situarse los "oreus" y cobras sagradas en el Nilo. Lo que creemos deja clara nuestra teoría de que los llamadas "idolos botella" púnicos, representan el amuleto de corazón.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, estela fenica, fechada hacia el siglo V a.C., con oreus y "botella" (pertenece al Museo de Cartago, al que agradecemos nos permita divulgar su imagen). Observemos que la vasija representada es casi igual al talismán de corazón del Museo Británico que recogíamos arriba. Encima de aquella figura el disco solar (Amón) y sobre todo las cobras (Mehent) del Nilo; todos símbolos de origen egipcio.
 


ABAJO: Colgante de oro fenicio, procedente de Tharros y fechado entre el siglo VI al V a.C. (perteneciente al museo Arqueológico de Calgiari, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Observemos que aquí "la botella" está sobre un pebetero: Corazón sobre pebetero. Ello significa en jeroglífco: "EGIPTO" (tal como hemos dicho); nación que vemos franqueada o guardada entre dos cobras. El significado del diseño de este colgante sería pués algo similar a: "Egipto guardado por sus dioses".



JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS : Al lado y abajo, colgantes fenicios hechos en vidrio y metal; fechados entre los siglos VII al VI a. C. que proceden de Tharros (pertenecen al Museo de Sanna, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). En nuestra opinión, estos también representan el corazón (como jeroglífico de la vasija). Observemos que son iguales a los amuletos de este tipo egipcios. Desconocemos si anteriormente ya se ha advertido, puesto que creemos como seguro que estos colgantes, tanto como las llamadas "botellas", representan aquel talismán del corazón.



Pese a cuanto narramos, ni el diseño del jeroglífico "corazón" ni tampoco el de "laud", pueden considerarse exactamente el del "corazón ahigado" moderno, dibujo que curiosamente en Egipto tan solo se parece al ideograma de "testículos" (XERUI, ver imágen segunda). Ello seguramente porque esta parte reproductora del macho se identificaba con el higo -como ya hemos explicado en anteriores entradas-; pero también se relacionaba con el hígado. Órgano en el que muchas culturas antiguas consideraban que se generaba la fuerza sexual, de ello que aquella se denomine líbido (de "leber" = hígado). Tanto, que entre las civilizaciones semitas se consideraba que allí residía el alma humana; teoría que pasó a culturas de Anatolia y que finalmente fue exportada hasta zonas más occidentales. Llegando a Etruria, donde su religión se basaba en la aruspicina; ritual que leía las vísceras del animal (o individuo) sacrificado por el sacerdote. Siendo la parte fundamental de este culto de extispicina, la hepatoscopia o lectura del hígado; al considerarse este, el lugar donde residían las pasiones y el alma del hombre. De tal manera, en gran parte del Mediterraneo se generó una veneración al hígado (importada desde teorías de Asia Menor), que se estudiaba como portador del ánima, de vigor sexual y sobre todo, del valor (incluso del pensamiento humano). Debido a estas corrientes y creencias muy comunes a fines de la Edad de Hierro, creemos que aparecieron en algunas zonas de Fenicia amuletos en la forma de un hígado, que recogemos a continuación.



SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Talismanes que consideramos en forma de hígado. Al lado, un colgante de oro, perteneciente al museo de Calgiari (al que agradecemos nos permita divulgar la imágen). Procede de Tharros, fechado entre los siglos VII al V a.C. y su forma nos hace pensar claramente que se trata de un hígado, órgano en el que consideraban residía: El valor, el amor, las pasiones y el vigor sexual.
ABAJO: Detalle de otro amuleto fenicio similar (también procedente de Tharros, fechado hacia el siglo IV a.C y del Museo Nacional Cagliari, al que agradecemos nos permita divulra la imágen). En este se observa claramente la forma del hígado (siendo nuestra teoría que aquellos talismanes pudieron tener un sentido curativo para este órgano).




Tal como narramos, se consideraba entre algunos pueblos mediterraneos a fines de la Edad del Hierro, que del hígado procedían el valor y las pasiones. Pero a su vez se relacionaba con el ojo (los ojos), no solo por la unión entre sexo y enfermedades oculares, sinó también porque muchas de aquellas se curaban gracias al hígado. Ello debido a que gracias a los aportes vitamínicos que esta víscera tiene (sobre todo en vitamina A y hierro), los colirios antiguos se fabricaban fundamentalmente con extractos de hígado (usando principalmente el de pez). Lo que podemos leer en los múltiples manuales de medicina y papiros médicos de la antigüedad, pero incluso aparece mencionado en La Biblia; cuando narra la historia de Tobías y el Arcángel San Rafael. Al curar el primero la ceguera de su padre anciano, gracias a tomar un hígado de pescado, que exprime sobre los ojos del viejo, tal como el ángel le indicó hacer. Costumbre mesopotámica, donde se sabe que los colirios para ojos se fabricaban fundamentalmente con extractos de de este órgano (principalmente de peces, pero usando tambien el de aves, e incluso el hígado de murciélago, que al parecer es especialmente rico en vitamina A).

Consecuentemente y por herencia desde Etruria a Roma, llegaron hasta el pueblo capitolino todas las supersticiones acerca del hígado. No solo en lo que se refiere a la práctica de la hepatoscopia (lectura de la víscera del sacrificado para este fin); sinó tambien en cuanto a las creencias sobre su curación y su función. De tal manera, se decía que sufría dolencias de hígado, todo militar romano que en batalla hubiera contraido úlceras o males que afectaran a su estómago y a zonas cercanas al abdomen (a causa de los nervios, las aguas o la infra-alimentación). Males para los que se recomendaba precisamente comer higos, ya que la semejanza de este fruto con el hígado hacía pensar a los médicos que servía para sanarlo (curación o mejoras que en parte se debían al poder laxante de este fruto si se toma seco). Evidentemente que el higo sanaba el hígado, solo se debía a una teoría de "magia simpática" por la cual un alimento parecido en forma a lo dañado, curaba el órgano al que se le asemejaba. Pero tanto se difundió aquella teoría y creencia, que el nombre de higo (en griego sikum) terminó dando voz al hígado; fruta y víscera que en casi todas las lenguas romances se denominan de manera casi igual (ficus=higo; ficatum=higo).

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, colgante fenicio en forma de hígado, de los siglos VII al VI a. C. (procede de Tharros, y se halla en el Museo de Sanna alque agradecemos nos permita divulgar su imágen). En este vemos el diseño similar a un hígado, aunque ya se asemeja en algo al famoso corazón ahigado que poco después se divulga como símbolo del amor. La relación entre ambos diseños puede estar en que se pensaba que el amor y el deseo sexual procedía del hígado; tanto como este se asemejaba al higo (que se identificaba con el sexo). Todo ello pudo dar como fruto el diseño del famoso "corazón" que se usa actualmente como símbolo del amor.
 


ABAJO: Acuñación de la colonia griega de Cyrene con la marca de la semilla de silfio, planta que se utilizaba como anticonceptivo y de la que se decìa contenía gran poder afrodisiaco. Por todo ello era utilizado este vegetal llamado en Roma Laserpicio, en los ritos dionisiacos (como potenciador sexual y contraceptivo). Parece ser que era escasa y desapareció hacia el año 50 de nuestra Era; aunque previamente, tan solo se conseguía en algunas islas cicládicas. Finalmente fue extinguiéndose, hasta solo hallarse en algunos lugares como Cyrene, donde tomaron esta planta cuya semilla se había usado antes de moneda, como su símbolo de acuñación. Su desaparición se debió a sobre-explotación, ya que desde el periodo Minoico, los micenios y luego los griegos la adoraban y usaban con fines culinarios y afrodisiacos (indispensable para participar en las fiestas, principalmente en las bacanales).


Como decimos, la identificación entre higo e hígado, parece pricipalmente que se debió a su unión con el sexo. Ello porque en Grecia y Roma ya dijimos que las voces "higo" (sikea ) significaban tanto el fruto del árbol como el órgano sexual -una ordinariez que parece hemos heredado y que a muchos tanto nos divierte, sobre todo cuando oimos aquello de "la fica" o del "jigo" (con hace pronunciada)-. De lo que se dedujo entre los médicos de hace miles de años, que aquellos que estaban mal del hígado (o bien tenían dolencias venereas), debían tomar la llamada "sikuta"; un preparado o ungüento, hecho a base de higos secos que decían sanaba los órganos genitales, tanto como la víscera que produce la sangre. Y tanta era la unión que había entre higo y sexo en la Antigüedad, que hasta los "olisbos" (consoladores de época griega) se hacían con madera de aquel árbol, al que se le daba propiedades afrodisiacas. Por todo lo que no podía faltar en las fiestas de Príapo, ni en las de Dionisos, donde las Bacantes lucían coronas y ramas de higuera, mientras comían el fruto y a la vez decían ordinarieces que identificaban esta fruta con el sexo.

Pero la unión entre aquella breva y el mundo del amor, no se limitaba solo a Grecia y Roma, puesto que en Egipto igualmente las esculturas del famoso pene de Osiris (que guardaban en los templos de Isis), se tallaban en madera de sicomoro -la higuera del Nilo-. Árbol que en el reino faraónico se consideraba el símbolo de la sexualidad, por lo que no es exraño que el jeroglífico de testículos que veíamos al principio, nos recuerde tanto a la figura del higo. Ya que tanta era la unión entre sicomoro y sexo, que la "continencia" se escribía en un jeroglífico que representa un toro atado a este árbol. Simbología que igualmente podemos intuir en La Biblia, donde la higuera es maldecida por ser estéril; lo que en nuestra opinión puede relacionarse con el hecho de que que en hebreo "higuera" y "coito" se diga de una misma forma: "THANE".

Pero pasemos a la planta que se asegura dió finalmente forma al corazón ahigado -aunque sin lugar a dudas tuvo mucho que ver en su diseño el fruto de la higuera-. Ya que se dice cómo aquel "corazón en forma de higo" es la imagen de semilla del Silfio (); lo que no se ha podido comprobar, debido a que vegetal abundaba en el área cicládica y en Creta, pero fue extinguiéndose debido a su alta demanda. Tanta, que se supone una de las grandes fuentes de ingreso del mundo minoico, donde se han hallado almacenes de Silfio. Especia muy escasa ya por entonces y que, además de un uso culinario, tenía otro principalmente: Como afrodisiaco. Así, se afirma que aquel vegetal que llamaban los romanos Laserpicio, producía instantanemente la menstruación tras su ingesta. Hecho este por el que lo tomaban las asistentes a las fiestas donde los excesos les podían dejar embarazadas. De igual forma, se asegura que aquella planta, tenía grandes poderes de excitación; todo lo que no se ha podido comprobrar, puesto que como decimos a principios de nuestra Era ya estaba extinguida (tanto que le fue enviada a Nerón una rama seca de aquella, como muestra del último ejemplar existente).

Uno de los lugares donde más se comerciaba y recogía el Silfio era en la colinia griega de Cyrene, cuyo rey Arcesilao se llega a representar en cráteras del siglo VI a.C. pesando y controlando la preciada mercancía antes de salir a la venta. Parece ser que allí, se comenzó a usar la semilla de esta planta como moneda en tiempos en los que no hubo metal con acuñación (costumbre que paso a otras colonias limítrofes). De ello, cuando tras el siglo V a.C. Cyrene comienza a tener moneda, en su sello y en la anverso de estas aparecerá siempre el árbol del Silfio. Siendo muy lamativa la que lleva en el reverso, que dicen era la semilla de aquella planta; un bulbo que mucho nos recuerda al corazón ahigado. Desde esta forma y semilla, se dice que evolucionó el dibujo del corazón como un concepto relacionado con el "amor"; pese a que, en nuestra opinión, aquel diseño tiene más que ver con el pasado. Nacido probablemente de la evolución de otros símbolos que venían de milenios atrás y que unían el "ojo", el corazón, el "hígado" y el "sexo", con formas que nos recuerdan al "higo cortado en su medio". Sea como fuere, no puede demostrarse ya que el Silfio desapareció y nunca sabremos si este "corazón ahigado" era realmente su semilla (usada como moneda) o simbolizaba más bien algo relacionado con el amor, el higo, el hígado, el ojo y el sexo.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, menora judía fechada en el año 70 a.C. en cuyo interior figura curiosamente este corazón ahigado. Pese a ello, en muchos adornos y lápidas romanas del siglo I a.C. se ve con profusión este símbolo.
 


ABAJO: Crátera del siglo V a.C. adornada con dos flores de corazón ahigado (propiedad del Museo nacional de Atenas, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen).




JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, el higo, fuente de inspiración en todo el Mediterraneo Antiguo y moderno; ha sido durante milenios motivo para la sorna y la meditación sexual. Desde los más burdos, que denominan al sexo "fica" o "jigo" (con hache aspirada); hasta los mas refinados de la antigüedad, que estudiaron y demostraron la relación médica entre este fruto y en hígado -tanto como entre aquel y la líbido-. Todos han identificado la imágen que vemos con lo que tanta gracia parece hacernos (al menos a los más mediterraneos...).
 











ABAJO: Pieza de la corona del tesoro tartessio de El Carambolo. Regresamos poco a poco hasta nuestro tema, tras haber visto en las anteriores entradas, que el universo de las formas y el significado de los símbolos en la Antigüedad era importantisimo. De ello, que este tesoro esté pleno de simbología en sus diferentes piezas. Ya habíamos analizado su sentido planetario, explicando cómo el número de rosetas y bolas contenidos en sus pectorales se relacionaba con los calendarios solares y lunares. Hoy vemos una pieza de la corona femenina, cuyo trabajo de orfebrería es muy diferente a la masculina y contiene bolas horadadas. Seguramente algo que alude a un sentido lunar o de mujer; puesto que como hemos ido demostrando, el significado de la joyería en la Antigüedad tiene más que ver con lo sagrado, lo mágico y lo iniciático, que con un simple abalorio usado como decoración.

























EL DIOS OJO, ORIGEN DE LUZ Y DE VIDA (De: Lo invisible en la mitología, Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XIL).

Esta entrada es continuación de las anteriores. Recomendándose la lectura previa de aquellas que le preceden, para una comprensión plena de cuanto exponemos en ella.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, lámina del pintor-grabador japonés Hiroshige, que representa el barrio de Kanda  (perteneciente a "las 100 vistas", impreso en príncipe por la editorial Uoya Edichi, hacia 1857). Vemos en la imágen esta zona de Tokio donde hoy se asientan los libreros y que antaño fuera la barriada de los comerciantes, en cuyo fondo destaca el Monte Fuji. Volcán que nosotros denominamos "Fuji Yama", aunque entre los nippones se denomine "Fuji San" (gran montaña del Fuji). Sagrado para la mitología y la religión antigua japonesas, simboliza la unión entre las fuerzas telúricas (del interior de la tierra) junto a las del cielo, por su gran altura que supera los 3300 metros. A ello se unen los poderes marinos, ya que el Fuji se eleva prácticamente a pié de playa, desde cuya cima pudieron divisar y otear antaño el óceano, alcanzando cientos de millas mar adentro. Con toda seguridad este punto de vigía, se usó no solo para defender Tokio de posibles invasores llegados por barco, sinó fundamentalmente para predecir o preveer los maremotos. Ello porque tal como es sabido, antes de producirse seismos, los volcanes pueden entrar en erupción, "avisando" del movimiento telúrico. Todos estos hechos, unidos al fuego que la montaña contiene en su interior, confirió al Fuji (entre todos los montes de Japón) el carácter sagrado que aún conserva en aquella cultura.
 


ABAJO: Cordillera de Gunma, colindante con Nágano. Observemos cómo la formación de sus montañas es picuda y cónica, tanto como en aquellas se ven algunas cimas romas -debido a los cráteres abiertos-. Entre las civilizaciones asentadas junto a los volcanes, el cráter es visto como la entrada al útero terrestre y de algún modo se entiende que de ellos procede la riqueza del terreno (minerales, de metales, de aguas sulfurosas y hasta de las vitaminas que la hacen fértil y permiten el buen cultivo). En el anterior artículo hablábamos de estos "ojos de la tierra", cuyos dioses se relacionaban con los de la fertilidad, la riqueza y del fuego. Adorados como potencias capaces de agitar el suelo, generando terremotos y maremotos; pero a su vez, creadores de la luz, la llama, el calor y hasta del metal.
 
Por cuanto narramos, muchos japoneses interpretan erróneamente una frase clásica de su refranero que dicta: "Terremoto, rayos, incendios; los padres de la antigüedad". Pese a que se trata de un error, ya que lo que realmente dice es: "Terremoto, rayos, incendios y tifones", aludiendo a lo más temido antiguamente  (tal como los griegos sentían horror por Tifón, o los egipcios por Seth; dioses de las tormentas). En la sublimación de las fuerzas naturales, tanto como en la mitología, las tradiciones y los ritos nippones; podemos obtener una fuente de conocimientos para la comprensión y el análisis del Mundo Antiguo: Desde Egipto a Babilonia y de Grecia a Roma; pasando por Fenicia, Israel y por cuantos pueblos se dieron en el Egeo y Anatolia (culturas antecesoras de Europa, cuyo significado podremos comprender mejor estudiando las más ancestrales costumbres del Japón).





Tal como decíamos, Japón no es solo una "civilización potencia", importante por su economía y su Sociedad. Sino, más bien su relevancia y secreto residen en su organización de un modo tan tradicional y espiritual. Tanto, que ha permitido la convivencia del progreso con figuras tan necesarias para el hombre como lo son: La familia, las creencias y sus costumbres más antiguas. Por lo que a su vez, es Japón un "filón" cultural donde podemos beber las fuentes para comprender los orígenes de nuestra propia civlización. Hallando en ella las claves repentinas de ritos y mitos que ya para un occidental se hacen inexplicables; y es que al decir "un occidental" siempre hay que hablar de aquel hombre por cuyo cuerpo y alma ya se ha introducido el plástico. Puesto que aunque no lo creamos, todo aquello que nos rodea -antes o después- termina formando parte de nuesta "psiqué", de nuestro "soma" y -algún día- pasa al ánima humana. Si alguien tuviera duda de que ello fuera cierto, baste con observar cómo en la "Era del Plástico" (que vivimos), ya los hombres disfrutan con un arte hecho en plástico. O lo que es lo mismo: Una música máquina y electrónica, decoración de interiores y fachadas en vinilos, pintura y esculturas en este material; tanto como una estética masculina y femenina en la que las prótesis y lo artificial domina. Y es que (como decíamos) el plástico ha pasado ya a formar parte de nuestras almas; pero ello no nos debe de asustar puesto que (al parecer) existe de forma natural en algunos planetas o cometas -cuyo núcleo lo contiene-. Por lo que estando el hombre formado y creado de "partícuas cósmicas", nada extraño tiene que el plástico pueda ya pertenecer al mundo "humano", e incluso insertarse en el alma de los occidentales "mas modernos".


Pero pasemos a analizar las civilizaciones que aún no contienen plástico en su alma (como lo es Japón), porque solo así podremos comprender cómo eran y por qué pensaron, sintieron y actuaron de cierto modo y de determinadas maneras, nuestros antepasados. De ello, el estudio comparado entre los mitos y costumbres nipponas nos llevará a entender perfectamente gran parte del mundo y de los dioses de la Antigüedad (fundamentalmente los telúricos); tanto como los propios ritos y significados de civilizaciones tan importantes como la egipcia. Este útimo es un hecho tan obvio, que cualquier extranjero con alguna dote de observación que viva en Japón, puede apreciarlo; puesto que la Sociedad del Sol Naciente se basa en tres fundamentos (similares a los que seguían quienes se asentaban hace miles de años en el Nilo). Ellos son: La adoración a la familia más antigua que se representa como un pariente ancestral que les une, o un "hermano mayor" común a todos. Que en Egipto lo era el faraón, tanto como entre los nippones lo es el Emperador. Unas grandes creencias y fe hacia el mundo de los muertos, que se manifiestan en el respeto hacia los antepasados. Tanto como el culto a los fenómenos naturales, entre los que destaca el "astro rey" (Amaterasu-Omi-Kami en el país del Sol Naciente y en la forma de Amón Ra -Osiris-, en el del Nilo).


Pese a ello y curiosamente, la fé en Japón es tan plural y pluralista como seguramente lo era en Egipto o en Grecia -donde en sus templos se guardaban altares para dioses desconocidos y de los extranjeros-. De tal manera, cada japonés profesa un promedio de 3,7 religiones, de las que dos son las propias del país -sintoismo y budhismo-, mientras el resto (ese 1,7 de promedio) suelen ser las que cada ciudadano va adoptando a lo largo de su vida -entre las que destacan las de culto cristiano-. Por lo demás, la integración de la vida espiritual, en lo social, lo familiar y hasta en lo comercial, es absolutamente necesaria. Por cuanto los japoneses no se explican lo extraño, lo incomprensible y hasta todo lo injusto que hay en la vida, sinó es por medio de fuerzas "ajenas al hombre". Ello, quizás nazca de la propia idiosincrasia del Japón, que es una nación sometida a todo tipo de vapuleos por parte de la Naturaleza; donde los tifones, volcanes, terremotos y maremotos asolan de continuo a sus habitantes. Por lo que ante tantas calamidades, el pueblo japonés (como haría todo grupo humano) quizás decida unirse frente a todas las adversidades, formando una "piña social"  -combatiendo así las desgracias que le envían las terribles fuerzas "sobrenaturales"-. De lo que desde lo que en un principio es "una calamidad", crean una causa común a todos; lo que fomenta la base de una solidaridad y una fraternidad, que quizás en otros lugares -donde la vida es más fácil- sería impensable hallarla.


De todo ello, en Japón se vive percibiendo que cuantas desgracias le ocurren al hombre, en nada pueden tener relación con su culpa o su obra. Partiendo de este sentimiento religioso que nace practicamente como una filosofía de unión y nexo social. Algo que se debe en principalmente a esta situación del archipiélago sobre "el cinturón de fuego" del Pacífico; cuyas tierras se ven azotadas de continuo por movimientos telúricos, volcanes que erupcionan y hasta olas que llegan a la costa arrasándola (llamadas en japonés por ello: Tsu-nami; no siendo iguales al maremoto, que no necesariamente rompe contra el litoral). De igual modo, el hombre antiguo hubo de sentirse desamparado y muy "pequeño" frente a las fuerzas naturales, por lo que ese "salto al vacío y hacia los brazos de dios" (que el existencialismo tanto pregona), hubo de ser muy similar entre los nippones, al que surgía en el alma humana, hace ya miles de años. Puesto que sus vidas aún dependen de lo que la Naturaleza caprichosa haga; por lo que en todo aquello, bien saben que tan solo pueden superar sus desgracias por medio de la ayuda común y de la solidaridad. Una unión de hombre con hombre, que tan solo se consigue gracias a unas creencias fuertemente arraigadas y un espíritu de convivencia basado en el cariño a los demás.


De cuanto venimos exponiendo, curioso será para el occidental que viva en el Japón, observar cómo aquellos ciudadanos de un país que no es cristiano, comprenden el cristianismo, incluso mucho mejor que los que hemos nacido en Sociedades tan católicas como la hispana. Valorando sus preceptos que verdaderamente son importantes, y que se basan en el humanismo, el respeto a todos y la ayuda mutua. Algo que me hizo reflexionar y llegar a plantearme seriamente por qué hubo de nacer el cristianismo precisamente a la vez que se originaba el Imperio Romano. Llegando a la conclusión de que muy posiblemene aquella Roma, colonizadora del Mediterraneo y que impuso su civismo y su política; seguramente trajo consigo también la pérdida de los valores antiguos. Ello, unido a la imposición de nuevas castas sociales con gentes de gran ambición y sin principios ni cultura; provocaría el relajo de las buenas costumbres, llegando hasta una gran corrupción espiritual. Crisis de valores de tal magnitud, que pudo producir en uno de los pueblos más antiguos y cultos (de entre los dominados por el Imperio -como lo era el israelita-), la creación de una nueva secta judía, que intentara volver a los antiguos preceptos de solidaridad y fraternidad. Y por cuanto decimos, el hombre tiene la facultad de tornar las grandes catástrofes naturales en un motivo para unirse, generando unas Sociedades basadas en la ayuda (como la japonesa). Al igual que en otros casos, las civilizaciones que nadan en la abundancia y en la ambición, han de ser salvadas por individuos mesiánicos; que hasta ella llegan con el fin de devolver al hombre lo que es del hombre (su verdad).

BAJO Y JUNTO ESTAS LINEAS: Al lado, idolo oculado circular fechado del III al II milenio a.C., hallado en Extremadura (propiedad del Museo de Badajoz, al que agradecemos nos permita divulgar su imagen). Desde el IV milenio a.C. comienzan ya a darse un tipo de idolillos en todo el Sur de la Península Ibérica, esculpidos los más antiguos en hueso y pizarras, que contienen dos ojos a modo de estrellas. Más tarde y ya en época de Los Millares y El Argar (desde el 2700 al 1900 y del 1800 al 1500 a.C.) aparecen aquellos dioses de ojos tallados, en esta forma cilíndrica; comunmente esculpidos en piedra caliza, aunque también los hay trabajados sobre colmillos. Su significado se desconoce, aunque para nosotros (en mi opinión personal) se relaciona plenamente con el "dios ojo" del que venimos hablando; que ya por el V y IV milenio a.C. también se adoraba en Mesopotamia en la forma de pequeñas esculturas con forma de cejas y pupilas. De manera muy similar, en el Egipto predinástico también existía la veneración a una deidad en foma de ojo, que la mitología del Nilo recoge como dador de suerte y expresión de luz (el Utchat). Dios del ojo del Universo, que representa cosmogónicamente los astros iluminadores (el Sol y la Luna), pero que a su vez tenían una significación sexual (como generadores de vida).
 

ABAJO: La concepción de Horus (o la resurección de Osiris), pintada por nuestra mano y copiada de un papiro egipcio. Narra la leyenda de Osiris, como sus asesinos lo descuartizaron en catorce partes, de las que trece metieron en un ataud que arrojaron al Nilo (la catorceava, que era el sexo amputado del dios, fué también tirada al rio y engullido por peces). Tras ello, Isis -la desconsolada esposa-, siguió al féretro transformándose en ave. Arribando el ataud en Biblos, la viuda lo recogió cubriendo con sus alas el cuerpo muerto del dios, concibiendo así a Horus a través de "un pene sagrado" que se representa en el Ank . El mito que recogemos en el dibujo, a su vez se une al de la resurección de Osiris; puesto que igualmente narra la historia cómo el hijo de aquel dios (Horus), resucitó a su padre tocándole con el "Ank" -o bien con su "ojo" (el Utchat)-. En la imágen observamos a Isis concibiendo a Horus, al unirse a su marido con el "Ank" (cruz ansada de la vida); o bien a Horus resucitando a su padre, al tocarlo con aquel sello de Isis. Sea como fuere, lo más curioso es que en todas estas representaciones de la concepción de Horus -o bien de la resurección de Osiris-, el dios que yace muerto y debiera estar con el sexo amputado (tal como su historia narra) aparece itifálico.


Continuando con los paralelismos religiosos, entaremos hoy en el análisis del "dios ojo como dador de luz y de vida", comparando muy similares deidades existentes en el antiguo Egipto y en Japón (tanto como en la posterior Grecia y Roma, cuyos cultos en gran parte fueron heredados desde el Nilo). Veíamos en la última imagen la figura de un dios Osiris que tras haber sido asesinado, troceado y amputado en su sexo; era recuperado por Isis, viuda que concebía de forma mistérica un hijo (Horus, el heredero al trono de Osiris). Evidentemente, toda esta historia contiene -en gran parte- los "misterios" de Egipto; entre los cuales estaría el de la concepción del heredero del faraón. Hijo primogénito que debía nacer de la unión de dos hermanos, ya que el rey del Nilo era "casado" a edad muy temprana con su hermana (apenas antes de tener uso de razón). De esta unión real debía nacer el hijo-dios y heredero de la corona, que de haber sido concebido entre dos hijos del mismo padre es seguro que en la primera -o segunda- generación ya tedría grandes deficiencias (mentales o por enfermedad). Muy por el contrario, tal como leemos y vemos en los escritos o esculturas egipcias (tanto como se observa en los gustos y dedicaciones de sus faraones), aquellos reyes nacidos de dos hermanos, fueron en su gran mayoría inteligentes y bien formados. De todo ello, es inconcebible que fueran engendrados por hijos de un mismo padre, lo que implica que en su nacimiento y concepción se contenían "secretos iniciáticos".

Algo que podemos resolver y entender al observar la imagen anterior (de la concepción de Horus), en la que una Isis viuda es fecundada a través del Ank, por un Osiris ya muerto (pero itifálico). Todo ello, nos lleva a deducir que el heredero al trono de Egipto pudo ser engendrado de un igual modo, a través de una fecundación artificial. Ello es, tomando el semen del que el templo dictaba debía ser padre del hijo del faraón, para depositarlo en la reina, esposa y hermana de aquel. Por lo que no es aventurado pensar que El Gran Visir, cuyo título era "padre de dios", pudo ser el elegido comunmente para cumplimetar este "ritual". Puesto que la intervención de un "ajeno" al matrimonio era imprescindible para que los faraones (hermanos casados) tuvieran hijos sanos. Así, como dijimos, el Gran Visir (o primer ministro) entre cuyos sobrenombres se encontraba el de "padre de dios", solía ser a la vez Sacerdote Supremo, y era elegído entre los hombres más inteligentes del reino. Siendo común que a la vez fuera el Gran Arquitecto del Imperio y Príncipe Supremo; conocedor de las ciencias y de la construcción, quien comunmente era ajeno a la familia del faraón (tanto que su cargo fue numerosas veces ocupado por un extranjero, tal como narra la Historia de José en La Biblia).

De cuanto decimos en el párrafo anterior, no es de extrañar que la concepción del heredero se realizara artificialmente y como hijo secreto del hombre que llevaba el peso del gobierno de la Nación. Siendo perfectamente pensable que "aquel ritual" se realizara a través de un proceso de iniciación en el que se simulara al dios Osiris en "una ceremonia secreta". Proceso tras el que habiendo dado su vida el Gran Visir a cambio de la de los príncipes, este fuera "indultado" y se le considerara ya muerto (como el dios benéfico). Tras ello, alguna concubina (o mujer) del Visir obtendría la semilla del que sería padre secreto, para "sembrarla" en la reina; dando así un heredero sano e inteligente a la corona (nacido de la mayor eminencia del reino). Todo ello no solo explica la gran capacidad de los faraones y de sus gobernantes, quienes consiguieron en ocasiones mantener su civilizacion durante siglos de manera estable y continuada. Sinó sobre todo, que pudieran engendrar estirpes reales nacidas de dos hermanos, dando hijos sanos e inteligentes (algo imposible en un caso de endogamia en este grado).

Por lo demás, es también probable que entre estos "misterios de la concepción" se encontara el de realizar la fecundación de la que esperaba el heredero, valiéndose de preservativos. Profilácticos usados desde los tiempos más remotos en Egipto y que comunmente se fabricaban con vejigas de pez. Ello, puede explicar el extraño mito por el cual la leyenda de Osiris nos narra como el pene del dios, fue arrojado al Nilo donde lo comieron los peces y nunca más se halló. Extraña historia que si la relacionamos con los preservativos que se fabricaban con vejigas de pez y con la necesaria concepción artificial del hijo del faraón, puede desentramar toda la rara leyenda de Osiris. Debido a que posiblemente nos esté explicando cómo tras cumplimentarse la ceremonia de iniciación, en la que el Gran Visir daba su vida por los reyes; aquel príncipe y sacerdote fuera indultado, e incluso premiado con una nueva mujer. Concubina con la que yacería y quien secretamente le extraía el semen (ayudada de una vejiga de pescado), para luego entregarlo al médico real o a las criadas de la reina, que fecundarían a la esposa del faraón.

Finalmente, tambien puede deducirse que tras el nacimiento de aquel heredero al trono de Egipto, posiblemente el Gran Visir tendría por perdido su hijo propio. Quedando el padre biológico del príncipe y tras venir al mundo este nuevo vástago que le títulaba como "padre de dios", "en deuda" con la corona perdiendo a su primogenito. Ya que era costumbre entre estos pueblos que el primero de los hijos, se encomendara siempre al templo (tal como podemos observar en los rituales de primogenitura). Un heredero de la familia que "nacía perdido" y que se "recuperaba" en ceremonias conocidas entre las religiones de la época como "el rescate". Ritual consistente en pagar una cantidad al templo, para que aquel lugar sagrado "rescatara" el primogénito, asignando otro hijo diferente al padre que lo había "perdido" y sacrificando un animal -en sustitución del niño-. Tras aquello, ya era la siguiente familia en escala social por debajo, la que había perdido a su primogénito y debería rescatarlo de forma igual en el templo, pagando un rescate (así sucesivamente, hasta completar toda la pirámide de la Nación). De este modo y con este planteamiento, podemos comprender el verdadero significado del totemismo egipcio, en el que algunos animales eran adorados y tratados como personas (incluso momificados); ello consideramoes que se hacía principalmente por haber sido sacrificados en efigie y sustitución de un ser humano durante su "rescate".

Las ceremonias y rituales a los que nos referimos, llevados a cabo en el II milenio a.C., tienen su explicación y confirmación en historias tan conocidas como las de Moisés. Quien entre sus plagas se encuentra la muerte del primogénito, algo que de seguro concierne -o nos habla- de un cambio de rituales en Egipto durante aquella época. Donde posiblemente y por influencias importadas de zonas canaanitas, se prescindiera del "rescate" y se llevaran a cabo en algunos templos del Nilo el verdadero sacrificio de hijos (normalmente realizado entre algunos pueblos de Canaán). Del mismo modo, cuanto narramos tambien se comprende en el cordero o el carnero que aparece frente a Abraham, para que el padre lo sacrificase en sustitución de su primogénito Isaac -instituyendo así una religión basada en "rescate" del hijo (o de la persona); en contraposición de aquellas otras brutales que imperaban desde Mesopotamia a Canaán en el II milenio a. C. y que exigían la entrega de seres humanos al templo, para ser verdaderamante sacrificados-.

Pero, tras esta disertación sobre el origen y posible significado del mito de Osiris y de la concepción de Horus, hemos de regresar al tema que nos incumbe, que no es otro que el significado divino del ojo. De tal manera y como decíamos, en algunos textos se interpreta que el hijo del dios egipcio resucita al padre tocándole con el Ank (o cruz ansada de Isis). Aunque, más común es la leyenda que narra como Horus devuelve a la vida a su progenitor, gracias a su ojo: El Utchat. Repetidamente hemos hablado de este "utchat o Utjad", que según los sacerdotes de Heliópolis era el izquierdo y representaba la Luna, mientras el derecho solo podía ser usado por el mismo Osiris, ya que simbolizaba el Sol. Como tal, aquella pupila cada 29,53 días se renovaba plenamente; conforme a los ciclos lunisolares, de lo que cada catorce días y medio (aproximadamente) la Luna desaparecía. Una cosmogonía que se entendía como la ceguera de Horus producida por el terrible Seth (el demonio que le enfermaba el ojo "utchat"); pero a su vez se relacionaba con el periodo de fertilidad femenino, que tiene una duración cercana y muy aproximada a los ciclos lunares. Siendo la última interpretación, la que une este ojo enfermo de Horus, a la enfermedad venerea contraida, que provocaba la ceguera (el tracoma). De tal manera, en todas las culturas y civilizaciones la Luna y la Mujer, junto al sexo y este satélite, se unen. Tanto que las reglas (o los embarazos) se han relacionado siempre con la Luna (no solo por su duración de 28 días, sinó atribuyéndoles un nexo absoluto). Por lo que "aquel ojo" de Horus, que devolvía a la vida a Osiris; en gran parte nos habla del sexo femenino, por donde veía la luz en neonato. Simbología perfectamente comprensible en una religión como la egipcia, agraria y basada de algún modo en la reencarnación (concibiendo al hombre y a su semen, como la espiga que tras ser cortada y morir, caerá subre el ojo de la tierra -el surco- donde la semilla brotará y renacerá de nuevo).


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, ceremonia del año próspero en Japón (Hou-nen) que se realiza para invocar la fertilidad de los campos. Al margen de este significado agrario, el festival y la adoración al falo tiene (al igual que tuvo en Egipto, Grecia y Roma) un sentido relacionado con la medicina. Pidiendo los asistentes al dios de la fertilidad, que les proteja de las enfermedades venéreas. En la entrada anterior veíamos la imágen de una sacerdotisa helena pintada en una crátera del siglo VI a.C., que nos recuerda en parte a estas ayudantes del templo de Kawasaki. Más adelante comentaremos como del mismo modo que se hizo en la antigüedad mediterranea, el preservativo se veneraba y usaba solo como profilactico (sobre todo para evitar contagios de enfermedades, no como anticonceptivo). De ello que el culto en estos templos donde se pedía y se pide para evitar y curar el contagio de enfermedades venéreas (que antiguamente era una pandemia), desde hace cientos -o miles- de años se venera al preservativo (tal como vimos en la entrada anterior, donde se observaba a la sacerdotisa griega ante dos penes que lo portaban).
 


ABAJO: Un altar, en el templo del falo de Kawasaki durante la celebración del festival de Kanamara (que se lleva a cabo en el primer domingo de abril en Kane-yama). En esta fiesta tan "curiosa" como divertida, ya dijimos que se realizan rituales de fertilidad, pero sobre todo se pide en favor de los contagiados por transmisión sexual. Aportándose lo que se recauda en la celebración, para la investigación y ayuda a los enfermos de el Sida y de otras enfermedades venéreas. En la antigua Grecia y Roma, igualmente se rogaba ante los altares de Príapo, para no sufrir el contagio de las temidas blenorragias, que al parecer en Egipto eran pandemia. Enfermedad que podía producir la ceguera y sobre todo la esterilidad (llegando a ser mortal en algunos casos) y que era altamente contagiosa, transmitiéndose simplemente por tocar los ojos, o el sexo, del infectado. Asimismo, los hijos de la contagiada nacían ciegos, ya que sus ojos eran infectados al nacer directamente, por contacto con la vía vaginal materna. Todo ello, consideramos que hizo nacer la identificación de la sexualidad y el ojo, entre cuyos males el peor era el de la ceguera debido a esta enfermedad venerea (la Clamidiasis, que creemos origina el que luego fuera llamado: Mal de Ojo).



Continuando con el significado del ojo, analizaremos algunas de sus simbologías y cultos en Japón. Mencionándose especialmente aquella parte del cuerpo en las leyendas de la primera pareja que conformó esta civilización y que resumiremos. Ellos son como Adan y Eva japoneses y a quienes se llama: Izanagi e Izanami. Narrando su mito como de aquellos dos hermanos nacieron las diferentes islas del archipiélago nippón y las distintas o principales deidades del panteón sintoista. Pero el amor que se profesaban ambos -como marido y mujer, a la vez que el fraterno- quedó truncado el día que Izanagi parió al dios del fuego, llamado Kagustsuchi. Un Vulcano o Hefaistos del Sinto, que al nacer provocó grandes quemaduras a su madre en el sexo, produciéndole la muerte. Tras aquello, el infortunado Izanagi bajó hasta el reino de los muertos en búsqueda de su hermana amada, pero aquella le dijo que por haber ingerido alimentos en el mundo de los difuntos, ya no podría regresar más al de los vivos.

Pero tanto insistió el pobre Izanagi para que le devolvieran a su mujer, que los dioses de la muerte lo autorizaron; poniendo tan solo como condición que aguardara su llegada en la entrada de aquel Averno y que mientras estuvieran ambos dentro de este lugar, no la mirara. Tristemente Izanagi se impacientó, encendiendo una antorcha para ir a buscarla; observando en ese momento el cadáver de su amada que a su lado estaba. De tal manera, tras romper el juramento de no verla hasta salir del reino de los muertos, le obligaron los dioses a permanecer entre aquellos. Pero Izanagi huyó de los infiernos -mientras los demonios le perseguían-, quitándolos de su camino lanzando tres melocotones, tras lo que consiguió hallar la salida del Hades, que al salir dejó cerrado. Agotado, harapiento y temeroso (por cuanto había vivido en los infiernos), se dirigió hasta el rio Hyuga donde se dispuso a lavarse. Naciendo entonces de sus ropas algunas deidades, tanto como de su baño surgieron los tres dioses principales del Sinto: Amaterasu-omi-kami (la luz solar), aparecida cuando lavó su ojo izquierdo; Tsuki-yomi (la Luna) originada al hacer lo mismo en el derecho. Y, finalmente, Susano (el hombre fuerte), nacido al lavar su nariz. Tres dioses a los que se les concedió el Cielo (de Amaterasu), las Tinieblas (de Tsuki) y los Océanos (donde reinó Susano).
JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, granadas que se tenían por el fruto de Perséfone, diosa griega cuya tradución vimos en la anterior entrada era: "la portadora de la muerte". Una igual interpretación tiene la diosa japonesa Izanami, que se considera la deidad de la creación y de la muerte, caida en el Hades tras el parto de su hijo (Vulcano japonés) y que igualmente intentó rescatar su marido, Izanagi, pero que no podía salir de allí por haber ingerido sus frutos. Las concomitancias entre estas deidades y los dioses de los misterios eleuisiacos (Eurídice, Orfeo, o Perséfone -Kore- en el Hades), son asombrosas. Más adelante analizamos el significado y los por qués de tanta relación entre dioses separados por miles de años y decenas de miles de kilometros.
 








ABAJO: Escena grabada por el pintor japonés Uttagawa Hirosige, que representa a la pareja primigenia japonesa: Izanagi e Izanami, sobre el puente flotante del cielo (impreso hacia 1847, por la editorial Uoya Edich). Los paralelismos del mito de estos dioses con los del Mediterraneo, nos llevan a un análisis en el que consideramos que el significado del ojo (como símbolo del órgano genital) y de las enfermedades venéreas, como contagiadas a través de los ojos, están presentes en toda su historia.




Dos son las extrañas concomitancias entre esta historia de Izanagi e Izanami y los dioses del Mediterraneo antiguo. La primera, que es obvia y evidente, relacionándose su mito con los misterios órficos; donde se narraba como la ninfa Eúridice (tan amada por Orfeo) fue mordida por una serpiente que le produjo la muerte. Tras ello, el amante desesperado bajó hasta el reino de los difuntos, donde tocando su lira consiguió apaciguar al Cancerbero y a los dioses de los infiernos. Así llegó hasta Eurídice, que le dijo no poder volver al mundo por haber ingerido frutos de aquel reino de la muerte. Pero tanto disfrutaron allí de la música de Orfeo, que los dioses le permitieron regresar junto a su amada y devolverla al mundo, solo bajo la condición de no observarla, ni de mirar hacia atrás hasta que ambos salieran del Hades. Tras ello, unas versiones narran que el músico en el camino de regreso entre los vivos perdió la lira y volvió atrás para buscarla (lo que hizo desaparecer a Eurídice, que estaba a su espalda). Mientras el mito más común sobre Orfeo, narra que nada más intuir que llegaba su amada, quiso volver a verla encendiendo una antorcha, lo que hizo desaparecer a Eurídice.

Como vemos, la historia es casi igual a la que narra el sintoismo sobre la bajada al Hades de Izanagi, pretendiendo recoger a Izanami; comprendiendo incluso la ingesta de frutos de los infiernos, que le impedían a la diosa ya volver al mundo de los vivos. Unos hechos que igualmente se recogen en el mito similar de Perséfone, raptada por Hades (o bien por su madre "la tierra": Demeter), que tras haber comido parte de la granada en los infiernos, debía volver a ellos al menos seis meses al año (simbolizando en esta diosa la tierra que queda infertil durante seis meses y la semilla que cada este tiempo vuelve a su interior para germinar). Por su parte, Izanagi consiguió parar a los demonios que le seguían y huir del infierno, lanzando melocotones; fruta que sin lugar adudas se relaciona con aquella granada de Perséfone.

Pero al margen de estas "casualidades" que expresan claramente el origen agrario de los mitos de Izanagi, tanto como de los órficos. Hay otros dos aspectos muy curiosos, que relacionan todo ello con el culto al ojo (con paralelismos especialmente en Egipto). Ello es cuando narra cómo tras morir la madre (Izanami), de una enfermedad que le produce quemaduras en el sexo (al parir al dios del fuego), e intentar su marido rescatarla del infierno. Aquel al regresar al mundo de los vivos se tiene que lavar los ojos y la nariz, naciendo de este acto la trinidad japonesa. Tres dioses que comprenden la luz del Sol (Amaterasu) la de la Luna (Tsuki) y finalmente el agua de los océanos. Todo ello se relaciona plenamente en gran parte con la historia que ya hemos narrado de la resurección de Osiris, que vuelve al mundo cuando su hijo Horus le toca con el ojo sanado. El Utchat que simbolizaba la Luna, tanto como el otro ojo (el derecho) era la pupila del Sol -la del padre, dios Osiris-.

Pero aún hay mayor relación entre todo ello, si atedemos a los motivos por los que Izanami (la madre) muere; debido que su fallecimiento se produce al parir al dios del fuego (Kagustsuchi), quien deja su sexo cargado de heridas tras nacer. Ello, unido a que este Kagustsuchi es el dios de los herreros, nos lleva a concluir que el mito nos habla de alguna forma de las enfermedades venereas. Males que se pretendían evitar antiguamente en Japón, precisamente pidiendo ante el dios de los herreros y que como vimos se adoraba entre otros lugares, en el altar de Kanamara (Kaneyama). Recinto en cuyo centro se encontraba el yunque del cual salía un gran pene de hierro. Falo forjado que segun narra el mito de la princesa de Kawasaki, sirvió para desdentar la vulva de esta noble dama que mordía y arrancaba el sexo a cuantos yacían con ella (sin poder procrear). Pero que en verdad simbolizaba la llegada de los metales a Japón, marcando el periodo Yayoi y finalizando el Jomo (siglo II a.C.). Metales y metalurgios de los que su dios era precisamente este Kagutsuchi, que produjo la muerte a su madre por heridas en la vagina al nacer. Todo cuanto une unos mitos y otros, quedando bien claro que la llegada de los metales, tanto como el temor al contagio de las enfermedades venereas (en espacial la clamidiasis, que produce la ceguera), se unen en ritos muy cercanos.

Ello, quizás porque para el herrero, lo principal es el fuego; llama que a la vez es el origen de la iluminación, luz que de quedarnos invidentes, se apaga; tiniebla cuya diosa será por siempre la Luna; Luna que marca el tiempo por sus cuartos; cuartos, o ciclos, que se relacionan con el sexo de la mujer al tener un periodo de unos veintiocho dias; dias que se marcan por la luz del Sol; Sol que se identifica con el ojo bueno del Universo; Universo cuyo origen se ve en la luz; luz que significa el bien y la inteligencia; inteligencia que se asimila al dios creador; creador al que se solicita el calor y el bien, para el buen cultivo; cultivos que precisan abrir ojos en la tierra, o los surcos; surcos que se identifican con la cópula; cópula que podía transmitir el Mal de Ojo; mal que se tenía por el peor de los farios; mala suerte que se temía transmitida por la envidia; envuidia que llegaba al observar la belleza; belleza que porvocaba la líbido; libido que se identificaba con el sexo; algo que en todas las culturas hacía que se uniera a la mujer con el terreno y al hombre (con sus aperos de labranza). Como un pene fecundador que sembraba para poder comer. Falo y vagina que dan la vida, pero también eran el "ojo y lanza" que transmitían las peores enfermedades: Aquella que llamaban la de Mal de Ojo (la clamidiasis).

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Diferentes esculturas de dioses lares, en cementerios actuales de Japón (sitos en Takasaki y Maebashi), donde podemos ver la imágen de la "divinidad que cura el ojo". Deidad que se representa curiosamente como un corazón inverso. Siendo la misión de este dios (o de su efigie) la de cuidar y sanar la vista.

ABAJO: Igual deidad curativa del ojo, representada en otra tumba de un cementerio japonés. En nuestra próxima entrada analizaremos el significado de este dios japonés y su relación con el corazón ahigado (el famoso corazón tan usado el dia de San Valentín).



















martes, 7 de febrero de 2012

EL DIÓS DEL OJO DE LA TIERRA (De: Lo invisible en la mitología, Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXXVIII).

 
Esta entrada es continuación de las anteriores. Recomendándose la lectura previa de aquellas que le preceden, para una comprensión plena de cuanto exponemos en ella.



JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado jeroglíficos egipcios relacionados con la enfermedades oculares. Vemos a la izquierda el de "lluvia" (ATET), y bajo este el que significaba "ojo" (MER); el la parte inferior podemos leer el compuesto entre ambos que se lee "DET" y cuya traducción es "tracoma" (1). Dejábamos nuestro estudio anterior comentando la teoría propia por la cual creemos que el origen del Mal de Ojo, procede en sí mismo de las enfermedades oculares, que en la antigüedad eran pandemias. Entre aquellas, la más común era la Clamidiosis,  productora del tracoma, enfermedad que por su virulencia en zonas como el Nilo, se denomina "oftalmia egipcia". De la intención de protegerse contra "aquella plaga" (procedente principalmente de la salubridad del terreno y de las únicas aguas -comunes a y usadas para todo-), creemos que surgieron los amuletos contra el Mal de Ojo; al igual que las diferentes supersticiones y "leyendas" sobre el aojo, la mala suerte o el llamado "Nazar" (mal fario). Cuya base siempre tiene relación con la belleza observada por quien la envidia, o bien con el sexo; ello seguramente porque la clamidiosis es de transmisión sexual y altamente contagiosa (bastando con tocar los ojos de un individuo sano con las mucosas de un infectado, para contraerla).

ABAJO: Foto de las montañas volcánicas de Gunma, Japón. Se trata de la cordillera frente a Nágano, con el monte Haruna en primer términoi; donde a su izquierda vemos una nube que emerge (no tratándose de un cirro, ni de un cúmulo; sinó la fumarola). La religión y los cultos cambian profundamente entre los pueblos asentados en terrenos cercanos a los geosinclinales o entre gentes que viven en zonas próximas a los volcanes. Dado que allí las fuerzas telúricas (de los poderes bajo el subsuelo) juegan una importante función que llega a ser de supervivemcia -debido a que cuando estos erupcionan la tierra tiembla y el peligro se cierne sobre el hombre-. Por lo que aquellas civilizaciones que convivieron con los seismos y los vulcanos (como fue el caso de la cretense, las anatólicas -e icluso, en parte, la griega-),  conciben la Tierra como una madre cuyas grutas, cavernas y cráteres son un útero del cual nace el agua y el fuego; que de algún modo son el origen de la vida, de la luz, de los planetas (e incluso del Universo).


Habíamos concluido la entrada anterior formulando nuestra teoría que explica cómo el uso de escapularios (bullas, amuletos o medallas) pudo tener una finalidad terapéutica. Ello en base a que estos artículos hechos en metal y minerales -preferentemente los de plata y bronce- al oxidarse sobre el cuerpo podían crear sulfatos y nitratos (argénteos, cúpricos y etc) que actuaran como "antisépticos" sobre la piel. Nuestra hipótesis parte de que -por ejemplo- el nitrato de plata es uno de los mejores bactericidas, utilizándose en medicina moderna para combatir las más poderosas infecciones (siendo usado contra el contagio de la Chlamydia Trachomatis, portadora de la infección que lleva a la blenorragia y el tracoma). De lo que posiblemente el tener sobre el cuello (o junto al cuerpo) un objeto de plata o bronce, quizás podía higienizar la piel, aportando nitratos y sulfatos hasta las zonas que se tocáran con el óxido de aquel talismán (que llevaban colgado). Hecho este que creemos dió origen al carácter sagrado de la joyería y en especial, al de los amuletos y abalorios; una costumbre que se documenta ya en el Egipto Predinástico, pero que ha pervivido hasta nuestros días (para recordarlo recomendamos leer los anteriores artículos sobre la orfebrería en el Norte de la Ruta de la PLata y su significado mágico, que hemos ido incluyendo en sucesivas entradas de este blog -en especial entre las catorce últimas-).

Continuando con este sentido sobrenatural de la orfebrería y con la explicación de los poderes que las civilizaciones concedieron a los dijes y objetos metálicos; entraremos hoy a estudiar la relación entre aquellos y las culturas agrarias, asentadas junto a volcanes (o en zonas próximas al geosinclinal). Ello, porque el significado que guarda sobre la tierra un agricultor que realiza su labor en un terreno firme y donde apenas hay terremotos -o fenómenos sísimicos-, es muy distinto al que tiene aquel que labra un lugar que de continuo tiembla y cuyas montañas "escupen" humo y fuego. Consecuentemente, la proximidad religiosa y cultural entre pueblos que conviven con los seismos es mayor de la que imaginamos. De tal modo, la civilización helena (heredera de la minoica y micénica), nos transmitió estos rasgos de gentes adoradoras de las coordenadas telúricas, o del subsuelo. Debido a que sus orígenes fueron en su mayor gran parte egeos; habiendo nacido de islas asentadas en un "cinturón de fuego" mediterraneo (pese a que sus raices "raciales o idiomáticas" fueran indoeuropeas).

De ello, los cultos más importantes entre los helenos se oficiaron por sacerdotisas, debido a que la mujer era la que en La Antigüedad conservaba los misterios agrarios, y que consisitían en la adoración a esos fenómenos telúricos. Al hablar de estos ritos en Grecia, nos referimos concretamente a los dos grandes templos iniciáticos de la Hélade, que fueron: El de Apolo de Delfos y el de Eleuisis (junto a Atenas). Acerca del primero ya hemos tratado varias veces y conocido es cómo sus ceremonias se realizaban junto a la grieta abierta sobre el monte Parnassos, de donde al parecer fuían vapores de un volcán; humos que la sacerdotisa (Pitia) aspiraba en sus oráculos. Para realizarlo, sentaban a la pitonisa sobre un trípode, que se colgaba en aquel vano por el cual subían los "efluvios" del geiser (o del azufre). La que, una vez emborrachada con aquellos gases iba dando el vaticinio en una "melopea" semicantada, que solía recitar en verso. Tan extraño rito, al que precedía la decapitación de un corderillo (o cabrito) y el baño de la vieja sacerdotisa en la fuente que manaba de la montaña, tenía un sentido ancestral que se relacionaba sin duda alguna con la adoración a la tierra y a su fuego interior (como útero materno); tanto como a la mujer, como madre de la sabiduría y la agricultura. Algo que se muestra y demuestra en los cultos de Apolo en Delfos, donde vemos cómo aquellas sacerdotisas vaticinaban el futuro de los asistentes, asidas a un "omphallos" (ombligo del Mundo o centro de la tierra); sujetando un hovillo de hilo, que actuaba como un cordón umbilical y que le "comunicaba" con el inframundo. Siendo lo normal (como dijimos) entre todas las religiones que rendían culto al subsuelo y a los muertos, que se oficiaran comunmente por mujeres, quienes además actuaban de adivinas y de mediums entre el inframundo y la realidad.

Ya dijimos que el nombre de Pitonisa procede de la gran serpiente Pitón (personificación de Tifón y de las tormentas o desastres naturales), cuyo cuerpo fué enterrado bajo el "onfalos"; tras vencer Apolo al gran monstruo reptil, e instaurar en Delfos su adoración. Evidentemente, aquella sierpe no solo alude a las religiones anteriores a la griega (la que trajo a Zeus como padre del panteón), recordando los tiempos en los que se adoraba al ofidio. Sinó el "omphallos atado a hilos" igualmente puede hacer mención al cordón umbilical, como símbolo del hijo que no "sale de su hogar", que no "corta su ombligo" y con ello no participa en la Sociedad; deseando permanecer siempre junto a sus padres (siendo aquellos, personas de gran complejidad psíquica, crueles e infantiles, asemejándolos a la sierpe). Pero sobre todo, aquella Pitón, nos habla de los años egeos del templo de Delfos, entre el III y II milenio a.C.; cuando los ritos del recinto de que luego fue de Apolo, se dedicaron al delfín y la culebra. Totems sagrados entre los cretenses y que en parte heredan los micenios.

El primero de ellos fua animal sagrado por ser guía y acompañante en el mar, sabiéndose que los antiguos se ayudaban de estos mamíferos marinos amaestrados, para pescar y navegar -en especial para capturar atunes; ya que los delfines son capaces de seguir y conducir los bancos de bonito hasta un lugar determinado, al igual que pueden servir de inestimable ayuda en la mar- . El segundo (la serpiente) también fue una deidad cretense, posiblemente venerada en los años en los que no se había domesticado ni se conocía el gato en la isla; por lo que los graneros y las cosechas habían de salvaguardarse de roedores a través de sierpes (llamadas ratoneras, que en Creta se denominaba "la señora de la casa"). Tal fue la devoción al ofidio que hubo numerosos santuarios minoicos dedicados a la culebra, lo que evidencian los repetidos hallazgos de figuritas que representan las sacerdotisas del serpentario. Unas mujeres que vemos comunmente con el pecho desnudo; algo que simbolizaría el gusto por la leche que los ofidios del campo tienen, de los que se sabe -en ocasiones- se cuelgan de las mamas de las bestias, para succionarlos. Aquellas sacerdotisas de pecho al aire, a su vez lucen varias serpientes, enroscándoseles por los brazos y el torso; teniendo en ocasiones un tocado en el que se observa un gato (lo que alude claramente a la función del reptil como ahuyentador de ratones y roedores, tal como más tarde hizo el felino doméstico -ver foto abajo-).

Pero aunque aquellos totems cretenses (la serpiente y el delfín) eran los "grandes ayudantes" de la agricultura y de la pesca, un hecho más los hacía sagrados y vaticinadores. Este es el conocido cambio de comportamiento que tienen antes de que se produzca un seismo. Algo que puede observarse entre peces y ofidios, que de algún modo "amaestrados" -por un cuidador que los conozca-, estudiando con detenimiento sus movimientos, llega a comprenderse sí se "han puesto nerviosos" por esperar un terremoto. En ello, algunos estudiosos -o gentes que se hacen con "la confianza" de aquellos animales- pueden llegar a ver cómo previamente a producirse movimientos telúricos, ciertos peces y ofidios cambian de hábitos. Con mayor anticipación al perro, que tan solo lo "oye" unos segundos antes que el humano. Y más que el gato, mascota que puede avisar unos minutos antes del seismo; adoptando un comportamiento de gran nerviosismo; que si el dueño conoce llega a servirle para huir del lugar y ponerse a refugio. Al parecer, los reptiles y peces cambian de hábitos no solo horas antes, sinó incluso con un día de antelación; algo que su cuidador (o quienes los estudien y observen con detenimiento) pueden llegar a comprender, prediciendo de tal modo un movimiento telúrico. Evidentemente ello es motivo suficiente como para crear serpentarios y templos dedicados al delfín y la culebra en la antigua Creta. Civilización que vivía bajo continuos seismos y ante la amenaza del volcán Tera; hasta el año 1650 a.C., en el que tras la erupción y nacimiento de la actual isla de Santorino, quedó devastada.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, diosa de las serpientes minóica (hacia el siglo XVII a.C., propiedad del Museo de Heracleión al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Los serpentarios cretenses tenían un sentido más telúrico que agrario, adorándose en ella no solo a la protectora del granero (la culebra que ahuyentaba a los roedores); sinó a la dueña de la tierra. Aquel reptil era visto como la figura del pene; generadora de vida bajo la tierra -al esconderse y habitar en el terreno, horadarlo y no permitir que nadie invadiera su "territorio"-. Entendido como animal benéfico para la agricultura (que hacía huir a las ratas y ratones, transmisores de enfermedades y que arruinaban las cosechas), es nuestra teoría que además cumplía una función para la posible observación y previsión de seismos. Ello debido a que los reptiles y peces al parecer cambian de comportamiento incluso días antes a que se produzcan terremotos -no olvidemos que Creta y el Egeo, se asienta sobre un geosinclinal, tanto que su civilización fue finalmente destruida por la erupción del Tera-.

ABAJO: Estatua de Horus, respresentado como Asclepio (periodo Ptolomaico, pieza perteneciente al Museo de El Cairo, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). En ella vemos a Horus niño -luciendo la coleta de adolescente-, mientras sujeta dos dierpes en cada mano. Estas, son el símbolo del caduceo o bastón de Esculapio, que tenía propiedades curativas y del que incluso se decía, permitia resucitar al difunto -tal como las sierpes realizaban al encontrar una de su especie muerta, proporcionándole hierbas para que revivíera-. Ya comentamos cómo en nuestra opinión, el uso de las sierpes para la medicina se basaba en ritos de chamanes y magos (que aún perviven en el desierto); quienes ingerían paulatinamente venenos y se dejaban picar por pequeñas sierpes y escorpiones, para ir inmunizándose. Llegando a ser completamente inmunes a las mordeduras de las más venenosas, tanto que su sangre, su saliva y su sudor actuaba como antídoto de aquellas. Pudiendo curar de la picadura a otros, simplemente realizando el ritual de bailar y sudar sobremanera unas ropas de las que se recogía su humedad (por cocción), haciendo un "caldo" sanador, que se ingería por el enfermo de picadura. Tanto como daban saliva o sangre, para que la tomaran aquellos que necesitaban ser curados de una mordedura de escorpión, o de culebra. Rituales que se han mantenido en el chamanismo del Sahara (entre los llamados "encantadores" de serpientes) y que igualmente se practicaron entre varias tribus y civilizaciones del Planeta.


De todo cuanto narramos entendemos por qué el ofidio se comprendía como "el esposo de la tierra", tanto como el terreno tenía entre sus cuevas, fallas y cráteres, sus vanos vitales. Comprendiendo de algún modo estos orificios como el útero (o la boca) del la "madre tierra". Allí, en las cavernas se oficiaron estas religiones del mundo subterráneo, cuya adoración se basó en dos cultos: Primero, los de fertilidad, como recuerdo de la semilla que se planta en el subsuelo para que nazca. Y en un segundo lugar, los telúricos o de los muertos, pidiendo a los dioses del inframundo, para que el terreno no temblara y el volcán apagara su ira de fuego. En este contexto nace el primer Zeus, allá por el III milenio a.C. y cuyo origen es cretense; tratándose de un dios serpiente venido al mundo y guardado en una caverna de esta isla. Adoración y culto puramente minioco, que narra cómo el que luego sería rey de los cielos, hubo de ser guardado en una cueva del monte Ida, para que su padre (Cronos) no lo devorase; pasando allí su infancia custodiado por los Curetas -quienes son en verdad la personificación de los guerreros de Creta en periodo Calcolítico y del Bronce (2)-.

De aquel Zeus cretense que algunos llaman "daimón" por ser personificado en un ofidio, pero que en realidad se trata del Zeus Meilichios griego (predecesor del Melkarte fenicio, señor de la ciudad), nacería Dionisos. Deidad muy primitiva y que procede de los cultos de Osiris llevados hasta Oriente Medio en el III milenio a.C. (hasta la primera Biblos), transformados allí en ritos del vino, del sexo y de la agricultura -que pasarían a Chipre y Creta con anterioridad al 2500 a.C.-. Entendiendo sus orígenes comprendermos como el propio nombre de ese hijo de Zeus también serpiente (llamado Dionisios), indica que era el dios de las tinieblas, del inframundo, e incluso de la mordedura o picadura venenosa (3). Lo que explica su nacimiento tenido en Grecia como el de un "daimón", narrando el mito que habiendo llegado Demeter (la diosa Tierra) hasta Creta -en su carro tirado por dos ofidios-, dejó allí en una cueva a su hija Perséfone, haciendo ver a Zeus que estaba sola. Aquel, convertido en una gran culebra entró donde Perséfone se ocultaba, poseyéndola y de cuya unión nació el pobre Dionisos.

Venido al mundo en principio como reptl, Dionisos fué igualmente ocultado en una caverna; pero su destino fue el de ser muerto, troceado y resucitado. De tal manera se identificó con del dios totémico que el hombre debía matar y desmembrar, para alimentarse. Ello porque su culto mezclaba los ritos del ganadero, con los más antiguos de la agricultura; en los que lo sembrado, se recolecta para trocearse, comerse y ser plantado en parte (la semilla, donde resucitará lo arrancado a la tierra). Por todo ello, al mezclarse en Dionisos los ritos agrarios junto a los de ganadería, los animales que pasaron a representarle fueron aquellos que se ofrecían en sacrificio (en las Bacanales), para ser inmolados y troceados: Principalmente el toro y el carnero (aunque en Creta también lo fue la serpiente).

Consecuentemente con lo que explicamos, el mito dionisiaco narra cómo estando en Creta y siendo niño, los Titanes le engañaron regalándole juguetes; así hicieron salir de la cueva al hijo de Zeus, tras lo que los Titanes trocearon su cuerpo y lo devoraron -dejando tan solo el corazón (que una vez engullido por Semele, consiguió la resurección de Dionisos)-. Otras versiones narran que fué sacrificado por navegantes al haber subido el dios a una embarcación en Creta, pretendiendo alcanzar las islas del Egeo. Barco donde al producirse una tormenta los marineros que transportaban a Dionisos, decidieron lanzarle por la borda como "tifonio" (tras lo que murió resucitó - según algunas versiones, convertido en delfín-).

Tifonio era la denominación que se daba a los infelices que se sacrificaban en favor de Tifón (terrible dios de las tormentas), para acallar la ira del mar, de los vientos o de los cielos. Siendo una costumbre y práctica "tan normal" en la Antigüedad, que hasta en El Antiguo Testamento se cita uno de estos casos en la figura de Jonás, quien fué lanzado por la borda al comenzar una galerna. Tras ello, narra La Biblia como aquel sacrificado para parar la tormenta, fue devorado por un pez gigante; todo lo que indica claramente cómo lo que describen Las Sagradas Escrituras es esta practica de los rituales del "tifonio", común entre gentes semitas ajenos al judaismo. Religiones terribles y que horrorizaban a los israelitas -quienes seguramente por esta razón las mencionan-; y prácticas tipicamente fenicias, en las que comunmente se inmolaba directamente a la víctima (ejecutándola en el templo de Tifón, Melkarte, o en las aguas); aunque en otros casos se llegaba a entregar "el ofrendado" a la gran sierpe, para que lo devorara (ritual que normalmente se solía hacer con cochinillos -al menos en Grecia-).

Aunque sabido es que también se conseguía el indulto para el "tifonio" (en ocasiones), tal como la Historia recoge en la misma biografía de Pitágoras, quien esperando ser ejecutado al dios "del inframundo" en el reino de Falaris, fué salvado por el druida Avaris. De cuanto narramos, vemos que la historia de Jonás en La Biblia posiblemente se refiera a un caso similar al vivido por Pitágoras y en igual época, sufriedo la condena de sacrificio a la deidad telúrica Tifón. Narrando la historia de Jonás cómo desoyendo los consejos que le advertían, debía ir hacia Nínive (no al Oeste), aquel toma un barco intentando llegar a Tarshis (Tartessos). Para lo que hubo de partir desde Fenicia, "haciendo escala" en los puertos intermedios, lugares de consabida adoración a Tifón. Narrando su historia seguramente como algunos judios quizás intentando llegar hasta Tartessos para comerciar (personificados en Jonás), pudieron sufrir el yugo de aquel pueblo que sacrificaba a extranjeros al dios de las tormentas. Práctica común entre marineros y especialmente entre los fenicios, quienes entregaban a sus dioses a humanos (especialmente los "ajenos al grupo"; rituales documentados en Fenicia, Creta y Chipre e incluso en Grecia, como adoración a Zeus Meilichios = Tifón).

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, imágen curiosa de Dionisos (de un grabado del siglo XVI)  en la que vemos al dios en tres fases: Primera, como un labrador con su estaca, pleno de flores. Tras ello, sobre un elefante junto a una paloma; y finalmente, detrás del todo, como un niño subido a su carro decorado con vegetación y tirado por leones. Es esta deidad de la que parten todos los rito órficos o agrarios (llamados dionisiacos). Asimilado en Roma con Baco, divinidad del vino y del éxtasis. La antigüedad de sus cultos se pierde en la "noche de los tiempos", por tratarse del "heredero" de los dioses más antiguos de la agricultura (e incluoso de la ganadería); a los que había de rendirse veneración en fiestas de exaltación de la vida y de la muerte. Celebraciones que terminaban con grandes bacanales, o sacrificios de animales y vegetales, de los que una parte se ofrendaba a los dioses, pero cuanto se podía, era ingerido y bebido por los asistentes. De ello que nuestras fiestas más antiguas, tales como "las matanzas" del cerdo o las propias corridas de toros (y sobre todo Los Carnavales), puedan considerarse de algún modo como heredadas desde estos antiquísimos ritos dionisiacos.

ABAJO: Portada del libro EL CARNAVAL de Julio Caro Baroja, que es uno de los más completos y complejos estudios sobre los orígenes y significados de El Carnaval. Comenzando por el propio análisis de su nombre (que enlaza con los ritos órficos antes descritos, donde se sacrificaba en favor de la carne). Las Bacanales grecorromanas se celebraban precisamente a mediados de Marzo y en ellas participaban como organizadoras solo mujeres. Su carácter orgiástico y abusivo, hacía sentir hasta vergüenza a quienes participaban de aquellos "akelarres" multitudinarios. De lo que comunmente todos iban disfrazados; siendo sin lugar a dudas estos ritos dionisiacos los que recuerda nuestro Carnaval.


Por cuanto vamos comprendiendo, fácil nos será ya entender por qué Dionisos, era el dios de las tinieblas; que en sí mismo era la divinidad del "ojo de la tierra". Ojos del terreno que se concebían como las cavernas y los cráteres, pero también como el agujero hecho para la siembra. De ello, en la primera imagen del dios (arriba) observamos a Dionisos (Baco) portando un palo germinado; que no es solo el bastón del ganadero, o la rama nacida; sinó también la estaca del plantador. Puesto que bien es sabido cómo hasta la llegada de las nuevas tecnologías agrarias, los agricultores semillaban usando un gran palo acabado en punta, con el que abrían un boquete en la tierra, donde luego ponían la simiente. Técnica de labranza que se asemejaba con la cópula y tanta era la relación que encontraban entre el sexo y la plantación en la antigua Grecia, que hasta a las prostitutas se las denominaba "las que trabajan el suelo -o lo golpean-" (khamaitgeros ).

Por su parte, la fechas de los rituales órficos se correspondían con el comienzo del año agrario (que igualmente era el del Horóscopo, que finaliza en Piscis); pero también en los dias que se disponían las campañas militares. De ello el mes donde se celebraban se llamaba el de Marte, dios de la guerra; al ser Marzo los dias en los que se decidían las guerras y se reclutaba a quienes iban a ir a aquellas. Habiendo de pensarse que en estos Idus de Marzo (a mediados de ese mes) se decidía dónde y a qué plazas o pueblos se iba a atacar (o a defender), entregando armas y reclutando a los ejércitos. Ello obliga a pensar que en la más remota antigüedad (antes de Grecia y Roma) durante estas fechas aquellos que no iba a ir a batalla por su debilidad o por estar incapacitados, habrían de ver como los soldados hacían sus preparativos, se vestían con sus corazas y lucían sus armas frente al pueblo. Tras ello y antes de partir -o ser destinados a un regimiento-, seguramente tenían estos soldados derecho a copular con cuantas jovenes quisieran, de un modo parecido a como "la pernada señalaba", con el fin de que nacieran niños valientes y aguerridos entre la población. Pudiendo haber sido este el origen primigenio de los rituales órficos del sexo y de la orgia, que se explican facilmente si los entendemos como un desenfreno necesario para que aquellos que iban a la guerra (los más fuertes del grupo) fecundaran a las mujeres y dejaran "su simiente", con el fin de que la población no se acabara y vinieran al mundo niños sanos.  -De hecho, en referencia a sus herederas en nuestras tierras, era común entre todas las mascaradas y carnavales hispanas, dejar yacer en esos días a los jóvenes juntos; sin preocupar a las familias con quienes dormían o copulaban sus hijos (ello hace cien, o doscientos años...)-.

Por lo demás, aquellos niños concebidos en marzo, habrían de nacer en diciembre; por lo que no siendo "todos deseados", no es extraño pensar que entre los ritos de la Saturnales se pudiera dar el del sacrificio de inocentes (tal como se recuerda cada 28 de este mes, aún en nuestra cultura). Algo que enlaza con el sentido mismo de la figura de Dionisos, como niño sacrificado que finalmente resucita. Todo lo que nos recuerda a los más arcaicos cultos que pudo haber en el Mediterraneo durante la Edad del Bronce. Puesto que -como dijimos- Dionisos nace del Zeus Cretense, quien habitaba en la cueva sagrada del monte Ida, donde narra la historia, era visitado por el rey Minos cada ocho o nueve años. Rituales que creemos, enlazan con la sustitución del niño a inmolar, por la figura de un totem matado por el hombre (o una mujer). Héroe que lucha y vence al animal totémico, que representa al dios. Deidad encarnada en una bestia, que en los sacrificios se entrega en sustitución de la criatura quien en este rito es protegido por el héroe humano (sacerdote, guerrero o sacerdotisa) que combate contra esta fiera, para que el niño -o el jóven príncipe- sea salvado. Naciendo de ese concepto la tauromaquia cretense, tanto como la conocida pugna o dominio de la mujer contra la serpiente. Lucha entre animal-dios y héroe, de las que hay numerosos testimonios escultóricos y de pintura por todo el mundo minoico. Siendo curiosamente sacerdotisas las que en Creta realizaban esta labor de entega y salvaguarda del hombre frente a los dioses (como "toreras" o "domadoras de serpientes).

De igual forma, los rituales dionisiacos se trasladan a Grecia liderados por féminas. Asi, como cultos hacia los dioses del inframundo y a deidades de la muerte, igualmente se dejan en dominio de las mujeres. Tanto, que los misterios órficos son plenamente enseñados por sacerdotisas y solo de dominio femenino, sin que apenas los hombres pudieran participar en aquellos ritos (que unían la agricultura con la concepción y el final de la vida). Contando entre aquellos con varios festivales, de los que ya hemos hablado y que de seguro son el origen de muchas de nuestras mascaradas y carnavales. Entre ellas, destacaban algunas por su extrañeza como las Tesmoforias, donde las matronas griegas realizaban rituales de magia simpática, reuniéndose en ceremonias y poniendo el sexo sobre la tierra (con el fin de fecundarla); pidiendo al terreno que tras haberle dado hijos, también les proporcionara alimentos para mantenerlos.

Aunque entre todos estos "misterios", los más importantes se celebraban en Eleuisis (a pocos kilómetros de Atenas), en cuyo templo excavado en el subsuelo se recreaba anualmente el rapto de Core-Perséfone, la hija de la tierra (Demeter). Allí, se "escenificaba" en una gruta artificial, bajo el efecto de maquinarias y de hongos alucinógenos -que ingerían a los asistentes-, la historia que narraba como Perséfone había sido raptada por el dios de los muertos (Hades), conviertiéndola en la reina de los difuntos (de aquí su nombre:  "la que lleva la muerte"). Tras ello, la tierra había quedado terriblemente triste y no soportándolo Zeus, mandó rescatarla del inframundo. Pero para que de allí no escapara por siempre, el dios de los muertos la engañó, haciendo tragar a Perséfone varios granos de granada; lo que la obligó a volver al menos seis meses al año hasta los infiernos. Mito que narra la alegoría de la fertilidad de la tierra y la semilla, explicando en los seis meses que la ninfa ha de pasar bajo tierra, las épocas de frio y esterilidad de los campos -que desde otoño hasta abril permanecen sin fruto y en el invierno (voz que por algo se parece tanto a la de "infierno")-. Los rituales de esta diosa de la muerte se enseñaban como hemos dicho en Eleuisis y los últimos estudios explican que se suministraba a los asistentes cornecuelo de centeno y otros hongos alucinógenos, con los que se producía el éxtasis; haciendoles creer (ver) que habían llegado hasta el mundo de Perséfone: Que habían entrado en el reino de los muertos. Algo que se simulaba en el templo eleuisiaco por medio de "maquinarias teatrales", ayudándose de efectos, con humos y luces bajo tierra; lo que producía alucinaciones a quienes salían del recinto pensando que habían visitado realmente los infiernos. Teniendo todos aquellos rituales un sentido agrario pleno; relacionando la muerte, el enterramiento y la resurección, con la plantación y la germinación de las cosechas.


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, portada del magnífico libro de Catherine Johns "SEX OR SYMBOL" en el que podemos ver una extraña cerámica griega realizada por el pintor de Hasselmann, y que representa a una mujer plantando falos (fechada hacia el 430 a.C.). Se considera una alegoría de la buena agricultura, que posiblemente se usara en algunos festivales dionisiacos o priápicos. Pese a ello, en su representación nosotros hemos observado el extraño detalle en el que esta "plantadora" tiene bajo ella dos falos circuncisos y otros dos en los que parece claramente haber un preservativo, hecho importante que más abajo comentamos.
ABAJO: La misma figura la recoge el libro LOS MISTERIOS DEL GINENECEO (publicado por AKAL 2003; autores Paul Veyne -y otros- en su pag. 268); en los que vemos dibujada este ánfora atica que fecha hacia el 490 a.C., y denomina de "la buena jardinera". Parece que tal dibujo está tomado de otra publicación puesto que en este se ve en la parte superior claramente un preservativo (antiguo), al igual que entre los penes que "siembra" la sacerdotisa, se observan dos de ellos claramente con un profiláctico. Pese a lo que en el texto nada se comenta sobre este curioso hecho. A continuación damos una interpretación de esta plantadora, cuyo significado puede relacionarse plenamente con Perséfone y los ritos helenos "del embarazo" a mujeres estériles.


Continuando con Perséfone, tal como decíamos su mito narra que seis meses quedaba estéril y el resto del año era fecunda, siendo su imágen la alegoría de la mujer y de la tierra -puesto que si consideramos que entonces las personas llegaban a vivir hasta los sesenta, tan solo unas tres décadas eran fértiles las féminas-. Por todo ello, se consideraba al humano yermo como perteneciente al mundo de los muertos, por ser preadolescente y carecer de iniciación (o participación en la Sociedad); o por ser ya anciano y conocer los secretos de la vida. De lo que aquellos rituales de fertilidad, en gran parte procedían de Egipto y contenían los misterios de Isis, teniendo como función hacer comprender al hombre que había nacido como el vegetal: Para morir y dar vida. Ritos de iniciación en los que la participación bajo los efectos de el cornecuelo de cereales (junto a otros alucinógenos), hacían perder el miedo a la muerte a muchos de sus participantes, quienes creían haber visitado el Hades.


Como hemos ido conmentando, las celebraciones de fertilidad en la Antigüedad fueron innumerables (en especial las que se realizaban entre marzo y abril y que dieron origen a nuestros Carnavales). Destacando entre ellas: Las Liberalias (que ya hemos mencionado en otras entradas), las Priapeas, las Lupercales, o las Floralias (en las que las prostitutas daban sus cuerpos gratuitamente a los asstentes). Todas fiestas que fueron finalmente reunidas bajo el término romano de Bacanales y que llegaron a prohibirse, no solo por su carácter libidinoso, sinó sobre todo porque tan solo las organizaban mujeres, a las que acusaban los romanos de organizar "complots" contra ciudadanos importantes. Sea como fuere, su sentido pleno era el de "curar el ojo de la tierra", entendido como "fertilizar" las cosechas. Teniendo gran relación con los rituales telúricos más antiguos, que pretendían por medio de magia femenina hasta apaciguar los volcanes y los seismos. Ello explica por qué en "la buena jardinera" vemos emerger falos de la tierra (foto de la crátera griega); algo que enlaza con el significado del pene como luz y fuego. Debido a que en los lugares donde hay gases o bien en los terrenos cercanos a los volcanes, emergen fuegos, humos y vapores del suelo; hechos estos que se identificaban con el rayo y por lo tanto con la potencia y el vigor masculino: El falo.


Pese a tener este primer sentido la repesentación que arriba hemos recogido; contiene una segunda explicación, mucho más curiosa. Ella es la de la fertilización de la mujer estéril. Algo que se intuye en el hecho claro que vemos, al darnos cuenta de que dos de los penes que está "plantando" la sacerdotisa, llevan preservativo. Estos protectores del "miembro" viril en la antigüedad se hacían de tripa de animal, pero antes ya se habían fabricado de vejigas natatorias de peces. Siendo mencionados entre los mitos cretenses, donde se narra como el rey Minos utiliza un preservativo realizado con vejiga de pez (recordemos que este periodo minoico finaliza en el siglo XVII a.C.). Hecho que se ratifica en Egipto, donde igualmente sabemos que usaban esta parte del pescado como profiláctico. Por todo ello, hemos intuido que la imagen de "la buena jardinera" (como se denomina a esta ninfa semillando falos) contiene un mensaje relacionado con la fertilización de lo estéril. Algo que queda obvio en el dibujo que hemos recogido (en la imágen de abajo), donde se ve hasta un preservativo pintado. Ello significa claramente cómo todo hace referencia al profilácticos -que dos de los penes no llevan-. Lo que nos hace pensar que toda la escena contiene los llamados "secretos del gineceo"; tan traidos y llevados en el templo de Eleuisis. Siendo el significado de esta crátera para nosotros, el de la fecundación de la mujer cuyo marido es estéril, valiéndose del preservativo. Una antigua "fecundaciòn in vitro", hecha por comadronas valiéndose de preservativos, con los que podían dar hijos a aquellas mujeres casadas con hombres estériles (por un simple sistema de "plantación en el útero ajeno). Por lo que la curación "del ojo de la tierra" tenía tanto un sentido telúrico, como de "secreto femenino"; naciendo como ritual agrario; en el que la mujer al final -quisiéralo o no el hombre- determinaba el origen y el principio de la vida (del cual surgía la familia y, por lo tanto, la Sociedad).


CITAS:


(1) Jeroglíficos recogidos de mi estudio sobre la Higa; de la página 54, EL CUERPO EN LA TRADICIÓN (Editado por Fund. Joaquín Díaz Valladolid 2005).






(2) Curetas, del radical indoeuropeo "URRE" cuyo significado es "rojizo"; del que procede la voz "cupre" (cobre), que da nombre a la isla de Chipre -y posiblemente a la de Creta-, por ser esta primera el gran yacimiento del cobre durante el primer calcolítico mediterraneo. Las minas de cobre de Chipre parece que se agotan hacia fines del III milenio a.C., lo que obigaría a los habitantes de esta isla (conocida como gran centro del comercio de este metal) a buscar nuesvos yacimientos. De ello consideramos arribaron hasta tierras del Cicládico (primero), más tarde de la Grecia Continental, llegando a penetrar junto con los cretenses hacia el Mar Negro, en busca de minas. Pese a ello, el control sobre el estrecho del Bósforo, que facilmente realizaban los habitantes de estas costas de la actual Turquía; tanto como las dificultades para lograr el paso hacia el Mar Negro y la existencia de contactos entre Mesopotamia y los mineros del Cáucaso, obligarían a cretenses y chipriotas a buscar minas en el Occidente mediterraneo. llegando así antes del 3000 a.C. al Sur Peninsular, donde desde el 2700 a.C. ya se explotaban las actuales de Rio Tinto (seguramente por gentes venidas desde el Egeo -cretochipriotas-). Creemos que Cureta es una voz sinonima de cretense o cretochipriota, citándose curiosamente un pueblo del mismo nombre en el Sur Peninsular (en tierras de Tartessos, mencionados por la leyenda-mito de Gárgoris y Habis).
(3) Nuestra etimología parte del griego Dio (  ) = dios; y Nysos (  ) que procede de Nys (  ) cuyo significado es "la noche las tinieblas y hasta el infierno", de donde quizás surge la voz Nyso (  ) que significa "picar, morder". Al parecer en época micénica (durante los siglos del XIV al X a.C.)se le llama DIWO NISOJO, aunque no ha podido reconocerse aún su nombre minóico. Otra posibilidad es que la palabra Dionisos fuera de origen hitita y como tal se le denominara "DIO NESIS" (tal como era llamado en Anatolia. Ello significaría "el dios de la isla", dado que "nesis" es en griego islote (  ).