sábado, 14 de enero de 2012

Mercurio dios del comercio y la prosperidad. (de Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXXIV).

Esta entrada es continuación de las diez anteriores. Recomendándose la lectura previa de aquellas que le preceden, para una comprensión plena de cuanto exponemos en ella.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, portada del libro de Jose Ma. Domínguez Moreno en el que trata sobre los cultos de fertilidad en Extremadura que aún en nuestros años perviven (1). En la imágen, observamos la danza ritual de San Blas, que se lleva a cabo cada dos de Febrero en Nuñomoral, para invocar la "venida de la cigüeña" y la llegada de neonatos al pueblo. Ritos de fecundación que comienzan desde estas fechas de Enero, donde tras la Navidad y el Año Nuevo se celebran diferentes fiestas (muchas de origen profano) como bienvenida al ciclo anual. Doce meses que se renuevan y que de algún modo se simbolizan en los recién nacidos y en los niños que vendrán durante este año próximo, a los que se rinde culto en diversas festividades (cristianas o paganas). Por todo ello, ya desde las primeras semanas de este mes, comienzan las distintas celebaciones cuyo recuerdo es la antigua invocación a la fertilidad y a las buenas cosechas para el fururo ciclo agrario.

Siendo quizás los primeros "Carnavales" de Europa, las mascaradas que en estos dias ya se llevan a cabo en algunas localidades de Cantabria (como "La Vijanera"). Aunque en muchas otras zonas de montaña peninsulares, se conserva todavía el ritual de celebrarlos para el mismo Solsticio -durante el dia de Navidad-. Tal como sucede en Tras os Montes (Portugal), en Zamora y Sur de Galicia; donde desde mediados de Diciembre se disfrazan y realizan festividades profanas que se relacionan con los ritos paganos más antiguos de Europa. Recuerdo sin duda de las Saturnales romanas, o de los cultos solares, que aglutinaron esas adoraciones ancestrales llevados a cabo en esos días de nuestra Navidad.


Celebraciones a veces orgiásticas y de fecundidad, de exaltación al vino y a la fertilidad -dedicadas a Saturno-, que tras la difusión del mitraismo en Roma, fueron trasladadas a las semanas de los Idus de Marzo, por tener un carácter "inmoral y obsceno". Llevándo las Saturnales hasta el comienzo de año del horóscopo (Aries), cuando se celebraban los ritos agrarios con gran sentido "fecundante"; días que hoy se corresponden -aproximadamente- a los de nuestro Carnaval. Esa modificación de fechas otorgó un "sentido más serio" y no tan marcadamente sexual al fin de año calendárico. Igualmente, el 25 de Diciembre (día más corto en el que renacía el Sol: Mitra) se celebraba entre los latinos con la fiesta de "Sol Invicto". Aunque que desde el siglo IV ya la "noche más larga", se instituye como la del nacimiento de Cristo, para unificar el culto a Mitra con la figura histórica de Jesús de Nazaret (tras reconocer el Imperio la fílosofía cristiana, como religión oficial de Roma).








ABAJO: Imágen tomada del mismo libro (página 4), en la que podemos ver un pequeño horno del llamado "tipo árabe"; que consiste en una cámara superior y un habitáculo inferior donde se coloca la leña -habiendo sido este tipo de "ingenios" el medio común para cocer la cerámica, hasta la llegada del sistema eléctrico-. Junto la foto y en su pié, Domínguez Moreno escribe: "Los hornos en muchas culturas se han asimilado al vientre materno. A principio de siglo, todavía `las machorras´ de la región se metían por instantes en el horno para recibir el calor del fuego que las hacía fecundas". Rito curioso de fertilidad llevado a cabo hasta no hace mucho en Extremadura y que une claramente el significado del calor como fuente de vigor, con el del fuego, como transmutador y generador de vida. Conceptos de los que nació la idea que asimilaba el horno al útero materno.


Habíamos visto ya en la entrada anterior la unión que había en la Antigüedad entre la joyería -o los abalorios-, con el mundo místico. Hechos sobrenaturales y objetos de adorno que se relacionaban habida cuenta de que gran parte de las culturas (las más remotas), consideraban que el metal, tanto como las gemas, pudieron "llegar" o "caer" desde el cielo. Ello, debido a que la metalurgia en algunas de las antiguas civilizaciones nació gracias al estudio de los meteoritos; trás recogerlos, adorarlos o introducirlos en las hogueras. Aerolitos que se fundían o reventaban al contacto con el calor, dejando ver claramente a quienes los ponían en las brasas, la transformación mineral de los metales, a través del fuego. Hechos estos que se relacionaban plenamente con los misterios de la nutrición y de la vida; ya que los alimentos igualmente se transforman en las cocinas -tras asar los vegetales, pescados o carnes, cambiando completamente de forma, aspecto, sabores, o en su aporte proteínico y vitamínico-. Siendo también el fuego lo que genera la modificación del barro hasta cerámica. Hechos que explican la idea y el por qué en muchas civilizaciones se considera que el hombre fué creado desde el barro modelado. Ello como una sublimación del pasado, relatándonos que la cultura se inicia con el dominio del calor (en el horno), con la cerámica y posteriormente con la aparición de los metales.

Todo lo que llevó a identificar a las matronas con la metalurgia; madres e hijas que trabajaban con el fuego desde las Edades más antiguas (como alfareras o cocineras) y durante un tiempo en el que se adoraba a una "diosa madre" -fundamentalmente-. Por lo que desde auquella ancestral época, nació la idea que concebía a la mujer con una capacidad para crear y transformar los minerales de manera mágica -en sus cocinas o en sus hornos-. De un modo similar a como lo hacía con la comida y de forma semejante a lo que realizaba en su vientre: Creando vida desde la nada (del "calor" humano). Cuanto decimos, derivó hacia una mitología que identificaba el útero materno con el propio fuego, tanto como a la matriz creadora de metales, con la de una madre generadora de vida. Llegando a ser finalmente la palabra "hogar" una voz nacida del fuego (como "fogar", que procede del griego "faio" ). De donde se origina nuestra idea del "hogar" doméstico y de chimenea, cuya etimología está en la "hoguera" del Sol (centro generador de vida).

Así fue como la diosa del fuego que mantenía la casa viva -Vesta o Hestia-, se consideró la divinidad protectora del mundo doméstico. Ello en recuerdo a la "diosa madre", que en Anatolia y desde el II milenio se adoraba en la forma de un meteorito, como idea del fuego y el metal enviado por los dioses. Terminando por personificarse aquel aerolito sagrado en Roma con Cibeles; divinidad que presidía y daba nombre a la "civilización" -tanto como su antecesora Hestia en griego significó "él calor" (de la familia, del hogar, del Sol o de la Luna), terminando por nombrarse así al verano: El Estío-. Pero a su vez, la divina Hestia, era la esposa del señor del "fuego masculino"; aquel que de algún modo fuera una deidad solar, representada en los volcanes, cuyo nombre fué entre los griegos: Hefaistos. Palabra que une "Hestia" con la "hoguera" (Hestia+faio=Hefaistos) y dios al que los romanos apodaron como Vulcanos. Voz de origen semítico -a nuestro entender- y que deriva seguramente de palabras cercanas a Cain o Tubalcain; como deformación de "Ul-Cainus", "Tub-ul-Cain" y que entre los hebreos señalaba a los pueblos adoradores del metal (del Vulcano).


JUNTO Y BAJO ESTAL LINEAS: Abajo  (por error de edición se alteraron los pies de imagen): Foto tomada del blog del joyero Luis Méndez, quien continúa un taller familiar en el que se crea todavía "orfebrería clásica" del Norte de la Ruta de la Plata. Joyas cuyo parecido con las alhajas ibéricas, tartessias o fenicias (con dos o tres mil años de antigüedad) es asombroso. Impresionando este hecho más cuando vemos que desde el siglo XVII y XVIII se hacían exactamente iguales. Pese a que hasta hace apenas cien años no se habían hallado, estudiado, ni apenas se conocía la orfebrería de la Hispania prerromana. En la imágen que mostramos, de principios del siglo pasado, vemos a una pareja de charros (matrimonio salmantino) posiblemente engalanados para la boda -o ceremonia de importancia-. Observemos dos detalles interesantes, como son: La gran cantidad de collares que luce la mujer, quien va prácticamente cubierta por vueltas de cuentas en oro y plata, entre las que se ven infinidad de medallas, escapularios religiosos y talismanes (profanos). Al igual que él porta en su cuello un colgante muy similar al que llevaba todo romano hace dos mil años, llamado entre los latinos "bulla". Amuleto o adorno que nosotros hemos querido denominar "bolla" (como síncresis entre la "bola" y "la boya"); puesto que en tierras de Zamora y de Salamanca se denominan a estos colgantes "bolas" o "avellanas" y se tienen como talismanes que actúan contra el mal fario.

Sobre estas lineas (al lado y por error en edición): De nuevo traemos la foto tomada del libro ENSERES (4) -Catálogo del Museo Etnográfico de Castilla y León- para recordar los diferentes abalorios usados contra el Mal de Ojo y la Esterilidad en la zona alta de la Ruta de la Plata. Llamando la atención que casi todas son "higas" -objetos en forma de puño- o cuernos y astas (habiendo tan solo una con forma redonda, aunque esta que es la primera a la izquierda guarda mucha semejanza con el "ojo del Nazar" -pese a que en su interior contenga una medalla de Santa Elena-). Durante esta entrada trataremos de nuevo sobre el significado de aquellos en día de hoy, tanto como durante los más de cinco mil años de historia que tienen esos amuletos apotropaicos.



Pese a que Hefaistos-Vulcano era el diós de la fragua, donde se fabricaban los aperos, las herramientas y sobre todo las armas. Hestia (o Vesta) siguió siendo la diosa del fuego más puro, que se simbolizaba en la llama sagrada y eterna. Aquella "luz de hoguera" que se conservaba en Roma en un pebetero sacro, que jamás podía apagarse, custodiado por las hijas de las familias más nobles. Sacerdotisas de la Hestia romana, que se recluían en el famoso templo de Vesta y quienes tenían carácter divino; debiendo servir a la diosa del calor por más de cuarenta años (manteneniéndose en virginidad). Lugar que dirigía, vigilaba y regentaba directamente el sumo sacerdote (cargo que normalmente era ocupado por el mismo emperador); en el  templo donde se guardaba además del fuego vestal, el agua de su fuente sagrada y una enorme escultura con forma de falo (que presidía el atrio de aquel recinto). No vamos a tratar ahora sobre el significado de esa estatua del pene sacro que custodiaban las vírgenes de Vesta, aunque parece que su significado está plenamente unido al del dios egipcio Osiris (tanto como a los cultos solares, relacionados igualmente con la divinidad agraria del Nilo: Minu). Aunque sí diremos que la importancia de unir el culto al fuego con el del falo, nuevamente nos llevan a ritos de metalurgia y de forja; donde se conciben los aperos de labranza y las armas como el miembro viril. Herramientas del agricultor hechas en metal que se introducen el la tierra y la fecundan; tanto como las armas que se "clavan" en el cuerpo más débil, "transformándolo" (dando o quitando la vida).


Aunque lo más importante de cuanto narramos sobre Vesta es la preponderancia de una diosa en el culto a la hoguera; algo que creemos simbolizaba o reconocía que aunque Vulcano -Hefaistos-, fuera el forjador (un hombre). Los ritos de aquellas guardianas de la hoguera sagrada manifestaban que las mujeres habían descubierto "los misterios" del fuego y sus propiedades mágicas sobre los minerales. Transmitiendo a la Sociedad los secretos de la alimentación, de la cerámica y de la metalurgia. Unas matronas, que en el final de Neolítico y tras años de experimentación en sus cocinas o en sus hornos, iniciaron la nueva Era; sacando a la humanidad de la Edad de Piedra (al descubrir el fundido del cobre y posteriormente el del Bronce).


De todo lo expuesto, nos será fácil comprender por qué las mujeres -que hallaron la fundición-, hubieron de ser también las que fabricarían las primeras joyas (en piedras y metales). Tanto como partiendo de esta idea, nos será sencillo entender el sentido inicial que dieron a aquellos abalorios semisagrados que se colgaban. Unos creados con el fin de atraer al hombre o embellecerse; pero muchos hechos con un significado fundamentalmente mágico -para protegerse-. Aunque en la mayoría de los casos la orfebrería se hizo para distinguirse del resto de las personas (como atributos de poder y de belleza). Siendo un hecho cierto el de que los reyes o los sacerdotes -tanto como las mujeres- tuvieron un mayor poder sobre los subordinados -o sobre quienes les rodeaban- gracias a lucir determinadas joyas muy lamativas y "deslumbrantes".


De tal manera, fue común que los monarcas, los nobles o el alto clero, hubiera de llevar alhajas y atributos en oro y gemas; para conseguir que sus súbditos o fieles les rindieran mayor crédito y pleitesía. Aunque pese a esta función "mágico-religiosa" y de prestigio, en el uso piedras y metales sobre el cuerpo siempre hubo de existir un fin primordial, al sentirse el poseedor "superior y más atractivo". Por lo que verdaderamente y al menos entre las féminas, la joyería tuvo más una finalidad de embellecer a aquellas que las portaban. Así, gracias a esta capacidad de hacerse más atractivas a través de las alhajas, esos abalorios de nuevo adquirieron un diferente "carácter mágico": Como "embrujadores" del hombre, quienes sin duda se deslumbran al verlas lucidas por una mujer (sobre todo si es bella). Entendiéndose aquellos metales y gemas (enviados por los dioses), como un filtro de amor embrujador, o en cierto modo, "talismanes" capaces de aumentar el rango de la fémina. Siendo un gran medio para conseguir que los hombres tuvieran más deseos de acercarse a las que no eran "tan deseadas" (procreando y multiplicando su especie).


Estos hechos antes relatados, tanto como las indudables propiedades curativas que muchos metales y minerales contienen (al contacto con el cuerpo humano o bien químicamente tratados) (2). Fue lo que finalmente hizo nacer "la mística mágica" de las joyas. Ideas que consideraban las piedras preciosas, los minerales y los metales, como portadores de unos poderes medicinales, apotropaicos, o bien sagrados, regalados por las divinidades. De este modo, ya desde la Edad del Bronce los dijes, abalorios, collares, pulseras, coronas o torques, se tuvieron por objetos con un carácter sobrenatural. Pero sobre todo se les concedían unas facultades protectoras y sanadoras. De ello que se introdujeran en las tumbas, para acompañar al difunto a la "otra vida", para que actuaran en favor de los dioses al presentarse con ellas el fallecido en el más allá, o  para que ahuyentaran a los profanadores.


Carácteres que en nuestra opinión proceden de esos "dones" médicos que los minerales tienen para curar (3); algo de lo que consideramos nacieron los escapularios, talismanes y los dijes mágicos. Y por todo cuanto venimos explicando, es nuestra teoría que reacciones tales como la oxidación que la plata (o del bronce), pudieron ser los motivos por los que se sacralizan los colgantes hechos en metal. Ello porque sus óxidos generan unos nitratos con capacidad de acabar con ciertas bacterias (que transmiten enfermedades altamente contagiosas y de gran peligro). Esterilizando (de algún modo) aquel óxido de plata, de cobre y de los minerales que colgamos en las joyas; la piel, los ojos y las zonas que nos toquemos. Ello, tras haberse llevado las manos sobre una medalla (o el talismán), poníendolas a continuación en ciertas zonas del cuerpo. Siendo de destacar la protección que pueden dar a los ojos y a las heridas estos óxidos, dado que áun hoy se protegen con nitrato de plata de las enfermedades infecciosas. Por lo demás era sabido desde antiguo que la "roña" del cobre igualmente desinfectaba heridas (o ayudaba a curar ciertas dolencias), tal como hubo de ser conocida la capacidad de esterilizar que tiene el mercurio. Metal líquido cuyos vahos o en contacto con ciertas zonas del cuerpo "abiertas", puede conseguir que sanen (de aquí el famoso mercurio-cromo tan usado sobre cualquier punto de infección).


Por todo ello, gracias a esos óxidos y minerales "sanadores", tanto como a la capacidad que ciertos metales tienen al ponerse sobre la piel, para gererar un placebo en el cuerpo (eliminando ciertos dolores de las articulaciones y de los huesos). Creemos que se llega a creer y a conferir "magia a las joyas", algo común en todas las civilizaciones. Ello en base a unos poderes que se atribuyeron a las alhajas, concediéndoles unos fines curativos mucho mayores a los que puedan tener, tanto como un significado social que llega a unirlos e identificarlos definitivamente con algunos poderes (la corona, el cetro, el anillo sagrado etc). Algo debido también al "origen divino" de las gemas de valor, tanto como a los metales preciosos; al pensarse que habían caido del cielo y eran enviados por los dioses. Todo ello porque -como vimos-, en las Sociedades más arcaicas se consideraba que el oro, la plata, el hierro, el mercurio, el cobre, o el estaño; eran partes de los planetas, venidos hasta la Tierra. Fragmentos del mismo Sol, de la Luna, de Marte, Mercurio o Venus; caidos en el terreno a través de bolas de fuego (meteoritos con metales), que habían actuado como semillas en los campos, fertilizándolos y haciendo nacer en ellos las vetas y las minas de "los minerales de los dioses". Por su parte, las piedras preciosas además tener unos usos medicinales y curativos reconocidos por todo médico en la antigüedad, tambien eran consideradas como "hijas de los astros" -De tal modo, ya vimos como el topacio antiguamente se tenía por perteneciente al Sol, las perlas de la Luna, el rubí de Marte, la esmeralda de de Mercurio y etc.-.


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, estatua de Hermes (Mercurio griego) en la forma más antigua que se da ya en el siglo VI a.C.. Figurando este dios en estos cipos llamados Hermas, con forma cuadrada o cónica, en cuyo centro del pilar se solía tallar un sexo masculino. Encima de este pedestal de carácter fálico se situaba la cabeza del dios del comercio, que entre los helenos más bién se consideraba un mensajero o protector de caminos y como tal una deidad benefactora, muy relacionada con la prosperidad, la fecundidad y la fertilidad de la tierra (la estatua de la foto, pertenece al British Museum, al que agradecemos nos permita divulgar la imagen de esta escultura hermáica fehada entorno al 520 a.C.). El origen de estos Herma se encuentra en un hecho histórico referido a las vías helenas, que aún se conserva en algunos rituales europeos. Pues los griegos tenían por costumbre marcar las encrucijadas de caminos con montones de piedras que arrojaban los viajeros (tal como se hace en nuestros días en algunas rutas sagradas). Pero desde el 520 a.C. deciden sustituir esas pilas de piedrecitas acumuladas en los cruces, por unas columnas en las que ponen la cabeza de un dios barbado (que pasa a llamarse Herma, voz que en griego significa "pilastra"). De este hecho surge la deidad que más tarde se hace patrón de viajeros, caminantes, comerciantes (y hasta de los ladrones).

Abajo: Bajorrelieve que representa Mercurio con el caduceo, escultura del Teatro de Sabrata (Libia) -perteneciente a su pulpitum, sexta exedra-. En este relieve, vemos claramente al dios del comercio representado en su "forma romana" y portando el Caduceo, atributo de esa divinidad latina, símbolo del acuerdo y del mercado; que se compone de dos serpientes enroscadas entorno a una vara alada (mirándose de frente y manteniéndose "en paz"). Sobre el significado del Caduceo, como estandarte del comercio, la sabiduría y el acuerdo -e incluso de la medicina-, trataremos en esta entrada. En la que también hablamos del uso y significado del mercurio (metal) como elemento químico para depurar y trabajar a la perfección el oro y la plata.



Si deseamos entender el significado de la compleja simbología de los minerales y del dios del mercado, habremos de estudiar en primer lugar la función y el uso del mercurio como metal. Con lo que comprenderemos por qué este líquido mineral se instituyó como símbolo del comercio (dando nombre en Roma al propio "mercado"). Habida cuenta que es la "piedra de toque" para depurar y tratar toda fundición noble. De tal modo, el oro o la plata -y hasta el estaño-, debían pasarse por la "decantación" del mercurio, ya que tras haber sido introducidos en este (o "lavados" con ese metal), se conseguía obtenerlos totalmente puros. Esta facultad de "limpiador" de oro y plata, tanto como su capacidad incluso para diluir los minerales nobles (sabido es que si se mezclan metales blandos en él, se licúan), le confirió al Hermes griego el nombre de Mercurio.

Tanta era la importancia del ese "mineral líquido" en la metalurgia, que bastaba con moler piedras que contuvieran oro o plata y luego pasar las arenas obtenidas por vapores de aquel (tocarla con mercurio), para obtener y separar en el polvillo, los metales nobles hechos pepitas. Ello, como hemos dicho, le confería la categoría de "piedra de toque" para conseguir mineral precioso en estado puro (tanto como para trabajarlos). Siendo tal su importancia, que las únicas minas que comunmente carecían de autorización para ser explotadas por privados, solían ser las de mercurio. Tanto que comunmente no se dejaba la obtención de este a particular alguno. Incluso quienes trabajaban en sus yacimientos, solían empaquetar las extracciones en estado petreo para mandarlas a la metrópoli. Allí donde se refinaba y se obtenía de aquellas piedras enviadas en bruto, el mercurio con el que se elaboraban los metales nobles. Ese fue el caso de Almadén, donde toda roca de azogue que se recogía, se precintaba y sellaba, para mandarla hasta Roma; sin permitir que ningún tercero las manipulase hasta que los funcionarios del Imperio la convirtieran en "metal líquido".

Pese a ello, este dios del mercado, antes de llegar a ser la importante deidad que fuera entre los latinos, sabemos que tuvo sus orígenes en el "extraño" Hermes griego. Un dios de los caminos, cuyos comienzos y antecesores fueron las deidades de la fertilidad y de la prosperidad más antiguas (por no decir arcaicas). Figuras muy relacionadas con la semilla y las cosechas, que desde el II milenio gozaban ya de carácteres similares a los de Mercurio-Hermes. De tal manera, vimos en anteriores entradas cómo el antecedente más primitivo de estas deidades greco-romanas hubo de ser el dios egipcio de la fertilidad (llamado Minu -Min, o Menu-). Cuya imagen era la de un hombre con flagelo y de tez oscura, coronado como faraón, desnudo e itifálico. Dijimos que aquel Minu simbolizaba los beneficiosos limos de la inundación del Nilo (de color oscuro) en la figura de un faraón-agricultor deificado. Al igual que su falo erecto, sublimaba la herramienta para sembrar (el arado o la azada); con la que se abría la tierra y se fecundaba. Itifalia que en Egipto era sagrada, puesto que ya vimos como el pene era la parte perdida de Osiris, tras ser muerto y descuartizado (que nunca fue hallado y su viuda -Isis-, concibió al hijo de ambos desde uno artificial creado por ella misma. Narración del Nilo que esconde los misterios de la agricultura unidos a los de la concepción).

En referencia a todo ello, Heródoto nos habla de las fiestas en las que se rendía culto al falo en Egipto, comparándolas con las celebraciones de Dionisos en Grecia. Comentando el gran parecido y significado entre los rituales, relacionados en un lugar y otro con el deseo de fertilidad en las cosechas y en las familias (pese a que en el Nilo, aquellas contaban con más dos mil años de antigüedad ya en los años de Heródoto). En la narración que el "padre de la Historia" realiza sobre las llamadas "Faleforías", comenta como entre los nilotas se llevaba igualmente un gran pene de madera sobre parihuelas,, aunque advierte que las procesiones en Egipto eran mucho más tristes y serias (5). Careciendo allí de coros y danzas alrededor del falo sagrado -posiblemente porque aquel miembro venerado en el Imperio faraónico, era el amputado de Osiris-. Hechos estos que ratifica Plutarco, afirmando que el dios del Sol, en el Nilo, era una divinidad agraria, que se representaba por ello con su sexo erecto en relación a la virtud generadora y fecundadora de su luz -la del astro rey-. Unos ritos que parece llegaron durante el I milenio a.C., desde el Imperio de los faraones hasta Grecia; transformándose allí e integrándose sobremanera en esta sociedad egea. Estando muy influida toda la mitología helena de hechos y divinidades semejantes a Minu y Osiris, quienes de algún modo son comparables a los dioses: Príapo y Dionisos.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, busto del banquero romano Lucio Caeciluis Iocundus, encargado por uno de sus sirvientes y hallado en su casa de Pompeya (actualmente en el Museo Nacional de Nápoles, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). La cabeza se sitúa sobre una pilastra llamada Hermáica, que ya dijimos consiste en un Herma; piedra fálica, que posteriormente se convierte en un cono y más tarde se talla en estas columnas cuadradas (sobre las que se elevaba la cabeza del patrón del comercio). Posteriormente, cuando el dios Hermes pasó a tener figura humana, como personaje con sombrero y bolsa; se instituye la costumbre de elevar los retratos de ilustres ciudadanos sobre estas basas cuadrangulares ("Herma", del griego <= "pilar, columna baja, o mojón"). Su origen quedó olvidado ya que procedía de los montones de piedras usadas para marcar los cruces, que desde el siglo VI a.C. se sustituyen por estos pilares (labrabando a media altura la figura de un sexo masculino). Más tarde cambia el uso en las vías de aquellas pilastras y pasan a usarse frente a las casas, en jardines o en las plazas, como símbolo del dios lar. Terminando como simples basas para retratos, que en el caso de esta de Lucio Cecilio Jocondo, está representado claramente al banquero como un dios Mercurio; tanto que en la parte baja de su escultura podemos ver el sexo tallado sobre la pilastra.

Abajo: Siglos más tarde el dios del "Herma" (de la basa cuadrangular) pasó a tener figura humana y a representarse como un personaje con sombrero de alas, bolsa y con capa y sandalias (a modo de un comerciante). En la imágen bajo estas lineas ya vemos al Hermes heleno en la forma muy similar a la que le dieron en el Lacio, transformándolo en Mercurio. Se trata de una placa de terracota del siglo IV a.C, hallada en Magna Grecia, en la que vemos al dios del comercio junto a Afrodita en su carro tirado por el hijo de ambos (Herma-Afrodito); siendo muy importante que en el bajorrelieve Hermes presente los atributos de Mercurio: Rostro barbado, sombrero (pétaso) y calzas. Por su parte, las sandalias con alas son un símbolo de la "facilidad" para ir de un lado a otro -siendo destacable también que aquí el dios presenta su sexo al desnudo y en forma priápica (aunque parece haber sido dañado el bajorrelieve en esta zona)-.


Como decimos, el nuevo dios Hermes debió nacer tras el 520 a.C. cuando al busto que custodiaba las encrucijadas (Herma=mojón), se le concedió y creó una mitología propia. Pronto fue "unido" a Afrodita y de ambos nace un ser "extraño" que terminaría llevando el nombre de los padres: Herma-Afrodita. Este que se considera el primer transexual de la Historia, parece que contiene los "misterios" antiguos sobre la fecundación, de lo que se puede considerar nos habla de las comadronas, que no pudiendo tener hijos -por carecer de amante o por ser estéril su marido-; pedían a otras que les fecundaran (pasándoles simiente de un hombre fértil, tras haber copulado las segundas con uno fértil). De ello que su nombre se relacione con la diosa de la belleza "Afrodita" y el pilar fálico "Herma"; siendo igualmente la figura "idealizada para los helenos" del hombre que atrae a otro, como si de una mujer se tratara (pese a tener "herma" = "pilastra"... -por no escribir "pilila"-) .

Todo cuanto vamos relatando hizo sin duda identificar al nuevo dios Hermes con otros mucho más arcaicos, cuyos atributos y funciones se parecían, pero ya como deidades del sexo. Nos referimos concretamente a los que cuidaban del campo o de las cosechas, y en especial a Príapo; que también se representaba en los mojones que marcaban las lindes de las propiedades. Siendo este Príapo una deidad que conseguía que los extraños no pasaran a tierras ajenas; ello gracias a que se señalaban las propiedades con esas piedras hincadas (de forma también fálica), en donde era representado este dios de la lujuria. Por todo aquello el heredero directo del Minu egipcio en la hélade, fue este Príapo; del que sabemos que se trataba de un hijo de Afrodita. Diosa que lo abandona a los pastores, por la vergüenza que produjo a la madre ver la deformación de su descomunal miembro viril, tras parirlo. Aquel niño fué recogido y criado entre las gentes del monte, que le llamaron "Briaepos", cuyo significado en griego era "ahuyentador"; pues se decía que la imagen de su tremendo falo hacía huir a los malos espíritus, a las peores cosechas, a la esterilidad y al infortunio (principalmente de los campos). De ello que en las procesiones donde se le veneraba, hubiera todo tipo de matracas, tambores, gran alboroto y griterío; con el fin de espantar malvados hados.

Pero en verdad el origen y ritual de aquel dios del gran pene, provenía igualmente de las marcas en las lindes, que se señalaban con mojones; piedras en forma de falo, semejantes a un cipo (relacionadas con la deformación del Hijo de Afrodita). De tal manera, como en la Hélade era costumbre desde los tiempos más remotos poner aquellas señales pétreas con el fin de que nadie las traspasara. Consideron que esos mojones (parecidos a un gran pene), eran los que conseguían ahuyentar a los malvados y a los extraños de los terrenos. Así se tuvo al dios Príapo como el mayor protector de las cosechas y de los campos. Naciendo de aquellos cipos hincados en la tierra, toda una mitología relacionada con el sexo, que presidía los rituales de fertilidad y fecundidad dedicados al dios hijo de Afrodita. Celebrando en su honor fiestas orgiásticas y obscenas, para favorecer la buena cosecha y la protección de los campos; festivales que se mantuvieron seguramente en ritos muy semejantes a los que conservan nuestros Carnavales ("procesiones carnales", igualmente celebradas desde principio del año -calendárico o zodiacal-).

De tal modo, aquellos marcadores de las "lindes priápicas" se debieron identificar con los que se pusieron en los caminos a fines del siglo VI a.C.; por lo que el "nuevo" Hermes, heredó muchos de los caracteres del dios deformado. Sustituyendo en gran parte a Príapo en algunas de sus funciones y atributos. Tanto que el típico pilar que los helenos tenian frente a sus casas que se sabía era un falo priápico, venerado como dios guardián o para evitar el aojo (a veces hecho en piedra y otras en madera de higuera). Pasó a ser considerado finalmente como un Hermes. Consiguiendo que este dios pasara a ser el de los camino y el comercio; tanto como más tarde lo fue el de la buena suerte (por afinidad e identificación con el falo); logrando identificarse el Mercurio heleno finalmente con el protector de los hogares, sustituyendo al pene (columna de Príapo) que cuidaba las casas.

Aunque antes de llegar a conformarse el dios Hermes, aquel "Priapo" figurado en un pedrusco con forma cónica, también tuvo diferentes transformaciones, procesos y deidades afines. El primer y más cercano "antecesor" fue el dios Pan, que "guardaba" y atacaba en los bosques. Sátiro cuyo mito se relacionaba con la ley que permitía detener a cualquier extranjero  -o extraño-  que merodease por tus tierras (habiendo pasado una linde, o que no respetara los mojones). Teóricamente aquella detención permitida por encontrarse en campo ajeno, era para poner al extraño ante un Consejo para que le juzgaran. Precepto que muchas veces no se cumplía tal como se dictaminó, ya que en la Antigüedad lo más común es que se limitaran a detener y dar muerte a todo aquel que atravesara tierras marcadas (o que apereciera en un lugar ajeno, sin tener permiso de los propietarios -sobre todo si este era un poderoso-). Una costumbre era terrible y bárbara, pero nacida para salvaguardar cosechas y los bosques de los enemigos (que comunmente provocaban incendios). Tanto como para protegerse de los ajenos al grupo, quienes podía robar o destruir los cultivos y los frutos, de los que dependían las "polis".

De tal manera, parece ser que la misión de la custodia libre del campo quedaba en gran parte en manos de los pastores y cazadores (gentes que no estaban "muy civilizadas", ni integradas en las "polis"). A quienes los agricultores y propietarios de los terrenos les dejaban cazar, pastar y ramonear en sus bosques, a cambio de que "eliminasen" a todo intruso y evitaran la entrada de estos en sus cultivos. De esta costumbre muy extendida en el Mundo Antiguo seguramente nació la figura del dios Pan, tan relacionado con Príapo por ser su culto igualmente fálico por nacer de las marcas o lindes de terrenos. Aunque el segundo se representaba por un hombre mitad bestia (con patas, rabo y cuernos de cabra), de una insaciable voracidad sexual y que vivía escondido en los bosques, asaltando a los caminantes.

Un Pan o Fauno, que personificaba a los individuos más aculturados o incívicos de la Sociedad; significando a su vez el estado semisalvaje del hombre, antes de vivir en las "polis". Por lo que se le imaginaba un humano mezclado con ganado, a la vez que su comportamiento era irrefrenable (como sátiro violador y asesino). Figura que recuerda a los que en época greco-romana vivían en los campos (ajenos al mundo de la civilización), permaneciendo casi en estado salvaje. A quienes "usaban" para guardar los cultivos y los bosques de los intrusos; permitiéndoseles vivir en esos campos, cazando o pastoreando, a cambio de que detuvieran (mataran o asaltaran) a todo extraño que sobrepasara los mojones de las lindes.

Mito y figura del dios Pan, que tanto ha inspirado los diseños del demonio (hasta en el Cristianismo); debido a que este sátiro de los bosques era famoso por atacar y violar imùnemente a cuantos cruzaban los campos. Produciendo entre los antiguos su aparición un terrible miedo ("pánico" = "pavor"), impidiendo ese horror hacia él, que las gentes fueran a robar los cultivos, o a cazar en montes ajenos. Ya que cuando las mujeres y hombres intuían que por aquellos lugares existían "cuidadores" (Faunos), sabían que podían a ser atacados por ese "sátiro diablo"; quien violaba, mataba y hasta despellejaba impunemente a los que se cruzaban en su camino. De ello que quizás los que tenían como misión guardar los campos, tocasen la famosa flauta para alejar a los intrusos; lo que debió generar el mito que narra como cuando Pan hacía sonar su "sirinx", se producía el "pánico" -y por lo que hemos visto, aquel dios y su zampona no era más que la personificación de los ajenos a la "polis" que vivían en las montañas, cuidando para que nadie sobrepasara las lindes (marcadas con los "hermas")-.

De cuanto vamos narrando hubo de nacer la costumbre de cuidarse muy bien por respetar las marcas de mojones, de lo que aquel pedestal con forma falica (el de Hermes o el de Príapo), verdaderamente ahuyentaba todo mal de los campos. El primero porque señalaba los caminos y el segundo porque marcaba por dónde se podía andar sin peligros. Más tarde, parece que se debió de dar forma perfecta y cuadrada a aquellos pedestales, grabando en ellos el bajorrelieve de un sexo masculino. Coronando finalmente estos pilares con la cabeza de un dios barbado. Hermes que ya hemos visto fue colocado desde el siglo VI a.C. en las encrucijadas de carreteras, para fomentar el mercado y desear el buen viaje. Por lo que aquel "nuevo dite" no solo deificaba la prosperidad y la fertilidad -tal como hacía Príapo-, sinó que también se eleva como patrón del mercado; que fundamentalmente precisaba del transporte, trueque y guarda de la mercancía. Hecho este por el que unos siglos después, aquel dios griego es representado con pétaso -gorro alado-, y una bolsa de comerciante; a la vez que con una esclavilla de viajante, denominádose entre los romanos: Mercurio (como el metal con el que se trabaja el oro y la plata).

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, portada del interesante libro en el que se tratan varios aspectos de la sexualidad y religión en el mundo antiguo: EL SEXO EN LA ANTIGÜEDAD, en edición dirigida por el magnífico catedrático y gran especialista en arqueología ibero-hispánica: Prof. Sebastián Celestino Pérez. (observemos que recoge la foto de portada una figura Priápica, muy común entre los objetos de uso de la antigüedad, al considerarse este dios del pene descomunal, el de la buena suerte).
Abajo: Escultura de finales del siglo I a.C. hallada en Delos y propiedad del Museo Nacional de Atenas (catálogo 3335) -al que agradecemos nos permita divulgar la imágen-. Representa a Afrodita y Pan, sátiro que pretende lograr los favores de la diosa del amor, mientras esta le "amenaza con una sandalia". Observemos asimismo como el Fauno pisa el pié descalzo a la diosa (en un gesto alusivo a un intento de forzarla), a la vez que aquella tapa su sexo con una mano, que Pan intenta retirarle. Sobre el significado de esta interesante representación y sobre el simbolismo de la sandalia en Afrodita, hablamos a continuación.






Como explicábamos, uno de los más importantes amantes de Afrodita fue Hermes, con el que precisamente concibe a Pan; por lo que en la escena anterior, a quien intenta forzar el sátiro, es a su propia madre. Aquella le amenaza con una sandalia, algo que tiene su significado por el carácter fetichista del calzado, pero sobre todo se relaciona precisamente con la concepción de Pan. Ya que narra la mitología como mientras se bañába Afrodita, un águila le robó una de sus sandalias de oro. El ave la llevó en su pico hasta Egipto, lugar al que la diosa llegó persiguiéndola. Allí se encontraba Hermes (por tenerse el Nilo como una de las patrias de ese dios) y enamorado de la belleza de Afrodita, procuró dar caza al águila y devolverle la sandalia. Tras ello la diosa en agradecimiento le entregó su cuerpo, naciendo como fruto de aquella unión el sátiro Pan.

El relato puede relacionarse en parte con el significado del calzado en la Antigüedad, que de algún modo cumplía funciones de prestigio y hasta mágicas (puesto que un viajero, o un militar o un sacerdote, debía llevar un tipo de sandalia; tanto como era común representar a los dioses descalzos). De igual manera, el mito pudiera estar unido simbólicamente al calzado alado de Hermes; que ya dijimos significaba la facilidad del dios para llegarse pronto a cualquier lugar (incluso pudiendo referirse aquellas alas de sus sandalias, a las velas de los barcos de los mercaderes -naves, que como las aves, se movían por efecto del viento-).

Aunque realmente lo que viene a simbolizar el relato de Afrodita y el águila procede de que la sandalia tenía un fuerte componente sexual en Grecia; no solo por la forma de "calzarla" (similar a la cópula), sinó por el hecho fetichista de embellecer una parte altamente erótica del cuerpo -al menos para los antiguos-. Siendo además esta el reclamo conocido entre las prostitutas helenas (o mujeres de costumbres relajadas). Sabiéndose que una de las maneras de provocar e incitar en secreto, era grabando en la suela de su sandalia palabras que aludían a "llamadas", para que los hombres les sigueran. De tal manera fue común entre los diferentes tipos de "mujer alegre" griega y para encontrar amantes (sin llamar la atención); que se calzaran una sandalia en cuya parte baja habían escrito a la inversa sugerentes mensajes. Palabras que en forma de impronta quedaban grabadas sobre la arena (mientras provocativamente andaban). De tal manera y con ese "sello" bajo el calzado, el suelo quedaba marcado con la palabra "sígueme" o "ven conmigo", cuando aquella mujer deseaba que se "imprimiera" dando un golpe con el pié; bastando arrastrarlo al andar para que nada apareciera escrito bajo la sandalia (de no encontrarse ante un amante deseado).

A ello creemos que se refiere ciertamente el relato de la sandalia de Afrodita, dejando ver de un modo claro que los orígenes de Pan eran "muy poco nobles". Puesto que si aquel había sido concebido en el episodio en que Afrodita se entrega a Hermes, cuando este le devuelve el calzado; hemos de pensar que su nacimiento se sebe a un "intercambio carnal". Tanto más al decirnos el mito que la sandalia perdida y devuelta era de oro, dando a entender un gran valor económico a aquel objeto (tan preciado o útil para las prostitutas griegas). Por lo que hemos de suponer que el Fauno nace por obra de un "encuentro similar"al que los helenos tenían con sus rameras, tras seguir las marcas escritas con su calzado. De lo que la vida de Pan en los bosques, conviertiéndose en un ser incívico y salvaje, seguramente se refiere a las mujeres de vida alegre y a sus hijos, a los que abandonaban o relagaban a otras gentes (del campo o de los montes), para que allí los criaran. Ello enlaza de nuevo con la historia del otro vástago de Afrodita, del que ya hemos tratado: El deforme Príapo; que igualmente fue entregado a unos pastores, por la vergüenza que de él sentía su madre. Insinuando la mitología que ambos (Pan y Príapo) fueron nacidos y concebidos por una "relación mercantil" (de comercio carnal), por lo que finalmente fueron abandonados en los campos. De todo lo que deducimos, tras revisar lo dicho sobre el Mercuirio heleno, cómo existe una relación muy estrecha que identifica a Príapo y Pan, tanto como a ambos con Hermes (el dios de los mercaderes, que en el caso de la concepción del Fauno puede referirse al "mercado amoroso").

Por lo demás y tal como dijimos, en estos sátiros de los bosques, es donde se inspiran la mayor parte de los ritos y fiestas de Marcaradas, cuyo origen se remonta a la Antigüedad. Refiriéndonos a los centenares de Carnavales con verdaderos arraigos primitivos (romanos o prerromanos), cuyos protagonistas son diablillos, botargas, tafarrones, colachos y un sinfín de nombres que se dan a esos que representan "al demonio don Carnal". Figuras del malvado que sin duda en su mayor parte están plenamente inspiradas en el dios Pan (e incluso en Príapo) como recuerdo del mundo incívico anterior al nuestro; de las sociedades aculturadas y del tiempo en el que el hombre vivió entre las bestias, siendo casi una de ellas, dependiendo fundamentalmente de la caza, de la fertilidad del campo y del ganado.

Por todo esto, en los diferentes Carnavales y Mascaradas de origen pagano, que se celebran en España desde el Solsticio de Invierno (o el fin de año calendárico); hasta en los más famosos, que son los del principio de ciclo agrario (del anuario de Horóscopo, en los días del Aries -en Marzo-). Podemos observar como en aquellas fiestas que gozan de verdaderas raices rurales, tienen concelebrantes disfrazados de dioses como Pan, o de de diablillos del campo. Así los mozos vestidos como ancestrales divinidades del sexo, o dioses de la fertilidad (y de la crueldad); realizan sus mágicos rituales con el fin de fecundar los campos y las gentes. Distinguiéndose y siendo común en casi todos ellos el flagelar, fustigar, asustar y perseguir a la población asistente; "espectadores" que extrañamente se sienten honrados o divertidos al ser apaleados por los "demonios". Una costumbre igual a la que realizaban los griegos y romanos dos y casi tres milenios atrás, en las fiestas de los Faunos y en los ritos de Príapo (fustigando a los asistentes, para aumentar su fertilidad). Algo que del mismo modo observamos en el dios egipcio de la agricultura (Minu), quien lucía un gran flagelo como símbolo de su fertilidad (puesto que el golpe del látigo hiriéndo la piel se identificaba con el del arado sobre la tierra).

BAJO ESTAS LINEAS Y JUNTO A ELLAS: Al lado collar de azabache, abalorios y hacha pulimentada; objetos eneolíticos fechados en el IV y III milenio a.C. (pertenecientes al Museo Arqueológico de Burgos al que agradecemos nos permita divulgar su imagen). Llama la atención que hace ya más de cinco mil años, las joyas se hicieran con materiales de lignito, iguales a los que hasta hoy se fabrican. Ello porque se considera uno de los minerales mejores para combatir el aojo y con más poder frenta a los malos espíritus. Tanto, que aun en nuestros dias, en la capital de la peregrinación (Santiago de Compostela) podemos comprar amuletos (conchas o higas) hechos en azabache, y que nos ofrecen junto a la figura del Apóstol por su carácter apotripaico. Ello creemos se debe seguramente a las propiedades médicas de este cárbón (6), cuyas más importantes minas de Europa se encontraban en La Coruña y Asturias -en pleno Camino de Santiago-.

Abajo: Hachas neolíticas pulimentadas procedentes de Burgos y propiedad de su museo arqueológico (al que agradecemos nos permita divulgar su imagen). Este tipo de utensilios fueron tenidos como fabricados por los dioses; debido a que hasta el siglo XVIII no se generó la teoría arqueológica que explicaba como durante un tiempo el hombre las utilizó, por carecer de metales. Su profusa aparición en lugares tenidos como sagrados (cuevas con manantiales o bajo los templos antiguos), hizo creer que eran de igual origen que los meteoritos. Además por su parecido con las fulgitas (piedra vítrea que se forma al caer el relámpago sobre arenas de sílice), llegó a pensarse que se trataban de "hijas del rayo", tal como se las llamó en casi todas las civilizaciones. Aún hasta el siglo XVII se guardaban como bienes preciados, considerándose que tenían enormes poderes para portegerse de la tormenta y para fertilizar los campos, llamándolas en España "piedras del rayo". Habiendo sido identifificadas por muchos con los aerolitos, cuyas formas son igualmente de apariencia absolutamente artificial. El culto a estas bipennas en la antigüedad, tanto como la reverencia guardada a los meteoritos consideramos que generaron rituales como los del Labrys (el hacha doble sagrada de Creta) o el de Júpiter Petreo de Roma (Júpiter Lápidus, Padre de la Union, simbolizado en una de estas hachas que guardaba el Capitolio).


Para concluir la presente entrada, incluiremos algunas ideas sobre Hermes-Mercurio, que aún quedaron sin explicar o unir totalmente. Entre ellas destacamos en primer lugar que se tenía a este dios por creador o descubridor del fuego. Algo que puede extrañarnos en una divinidad del comercio (que para nada precisa de la hoguera), aunque si profundizamos en el sentido del mercurio, como metal y "piedra de toque" del oro y la plata, comprenderemos que aquel significaría la fundición. Ello precisamente porque el mercurio "fundía" en frio los metales nobles y porque su aspecto es el de un metal licuado. Un mineral que conseguía deshacer a otros solo con su contacto y que debió tenerse por la figura en frio de un metal en estado incandescente.

Consecuentemente, aquel dios del Mercado se unió comunmente a Vesta (Hestia), la diva del calor y de la hoguera, cuyo templo curiosamente estaba adornado con un gran pene (tal como figuraban los Hermas, o primeras estatuas del dios mercader). Viéndose en todo ello como el mercurio metal y deidad, en verdad era el hacedor de la alquimia (la magia de los metales). Por lo que se debió considerar uno de los más poderosos y sobrenaturales objetos que en la Naturaleza podía hallarse. Tanto más cuando su contacto con la piel, lograba desinfectar las heridas. De lo que aquel elemento que lograba purificar el oro, la plata y hasta sanar, se hubo de tener por tan sagrado que en la misma semana, su día y planeta figuran en mitad. Como intercediendo o mediando entre los otros seis dioses: Sol, Luna, Marte, MERCURIO, Júpiter, Venus, Saturno (domingo, lunes martes -MIËRCOLES-...). Quedando así como padre del acuerdo, de la balanza y del equilibrio, de los pesos y medidas; como dios de los misterios de la ciencia y de la metalurgia y de todo lo que se llamó por aquel: Hermético.


CITAS:








(1) Jose Ma. Domínguez Moreno, CULTOS DE FERTILIDAD EN EXTREMADURA, editado por la Consejería de cultura de la Junta de Extremadura, 1987
(2) Sobre lo que decimos sobre las propiedades curativas de los metales y de los minerales es un tema que la magia y la medicina desde los tiempos más remotos ha tratado. De tal modo en Egipto Antiguo, todos los papiros médicos dictan recetas expresando las propiedades de minerales y metales (molidos, mezclados, bebidos o untandos en cremas y grasas). Muchos de ellos son verdaderamente útiles y tienen una razon relacionada con la finalidad curativa que le dan. Entre estos destacamos el carbón mezclado con grasas (llamado hoy "coal o kayal-coal") que desde los tiempos más remotos se a adminisrado como rimel en ojos y que sirve para porteger las pupilas del exceso de luz, tanto como recoge con la grasa el polvillo, la arena y la suciedad de zonas como el desierto, a la vez que el mismo carbón actúa como lubricante e "higienizador" del lagrimal (resultando más eficaz que unas gafas de sol para la fotofobia y más útil que un colirio, para la limpieza y protección del iris). Entre los Lapidarios de medievo que tratan de estas propiedades de los metales y minerales, destacan el de San Isidoro de Sevilla y el de Alfonso X el Sabio.
(3) Repetimos lo dicho en la cita anterior, aunque añadimos que por ejemplo los óxidos de los diferentes metales fueron conocidos desde la más remota antigüedad como anti-inflamatorios y esterilizadores de heridas (o antídotos de enfermedades contagiosas). De tal modo, se limipiaban comunmente las heridas de guerra con óxido de cobre o de plata, por sus propiedades esterilizadoras; a la vez que siempre se colocaban medallas de plata y bronce a los niños y mayores -ya desde el IV milenio a.C.-. Ello creemos que se debió a que posiblemente con estas medallas se evitaba en parte el contagio de ciertas enfermedades -sobre todo las transmitidas por bacterias y por las mucosas-. Ya que el óxido de plata (o de cobre) que se genera con el sudor corporal al contacto con una medalla, puede realizar "ciertas funciones" para esterilizar y combatir algunas bacterias. De tal modo es nuestra teoría y creemos que el origen de los escapularios sagrados, se debe este uso médico de sanación por oxidación en sus metales (que puede comprobarse científicamente) -tanto como a los beneficios sobre las articulaciones y huesos que ciertos metales generan cuando entran en contacto con la piel-.
(4) Página 208 del libro ENSERES Exposición del Museo Etnográfico de Castilla y León comisariada por Carlos Piñel y Joaquín Díaz (Zamora 2003)
(5) Heródoto L.S.L.d.l. H. (II,48).
(6) Sobre las propiedades que sacralizaron en azabache y sobre lo que los lapidarios antiguos narran de estas, consultar: EL CUERPO EN LA TRADICIÓN Fundación Joaquín Díaz, Valladolid 2007 / Obra: HIGA, HIGO, HÍGADO Y AOJO (MAGIA RELIGIÓN Y MEDICINA) Pags. de la 42 a la 149.

























viernes, 6 de enero de 2012

Dioses del comercio y la prosperidad, venidos del cielo. (de Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXXIII).

Esta entrada es continuación de las nueve anteriores. Recomendándose la lectura previa de aquellas que le preceden, para una comprensión plena de cuanto exponemos en ella.


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, famoso Mercurio polifálico hallado en Pompeya, propiedad del Museo Arqueológico de Nápoles (al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). En este "tintinábulum" que representa al dios del comercio, observamos como la deidad porta su bolsa o saca que representa el dinero, mientras de su casco sagrado salen diferentes penes. A su vez, él mismo figura como Príapo, defome e itifálico, aludiendo a los bienes que concede la fecundidad y el sexo. Pero también es de detacar que sea un "tintinábulum", "sonaja" donde se colgaban campanas para que sus tintineos (provocados por el viento, o al moverse) hicieran huir a los malos espíritus. Ello nos lleva a relacionar de nuevo esta prosperidad y los bienes otorgados por Mercurio, con la protección que daba el falo frente al "mal de ojo".
Bajo este párrafo: Foto tomada del libro CULTOS A LA FERTILIDAD EN EXTREMADURA de Jose Ma. Domínguez Moreno, del que trataremos en esta entrada. Aquí observamos un horno de los más primitivos, llamados en algunas zonas de España "celtas" o "prerromanos", que consisten simplemente en un espacio cercado por un muro, en cuyo interior se sitúa la cerámica a cocer. Bajo este se prende la leña en un habitáculo que le permite el tiro y situando todas las piezas de barro encima de aquella, se enciende el horno durante varios días (tras cubrirlo con tierras y cerrarlo bien para que alcance la mayor temperatura posible). En el pié de la foto inferior, el autor nos comenta cómo el significado de los hornos en Extremadura, aún hasta el siglo XX se relacionaba con los cultos de fertilidad y la vida (quemando por ejemplo, en ellos los dientes de leche infantiles en un "rito" relacionado con la fecundidad y el crecimiento). En la presente entrada analizaremos el fuego, los hornos y la alfarería -como iniciadores de la metalurgia- con su significado muy unido a la fecundidad y la fertilidad.



El gran Micea Eliade, en su maravillosa obra "Herreros y Alquimistas" ya nos exponía claramente cual era desde los comienzos más remotos, la unión entre el mundo de los metalurgios y el de la feminidad. Algo que nacía por la identificación entre la matriz del metal y la de la mujer; hecho que parece generarse debido a en casi todas las civilizaciones fueron las mujeres quienes inician (o descubren) la fundición y la alfarería. Algo que parece haber nacido gracias a que las madres y las niñas, para cocinar con facilidad y guardar los alimentos, comenzaron a preparar sus "aperos de comida" en cerámica. Tras lo que crearon hornos, en los que igualmente observaron (de forma casual o estudiada) como allí se fundían los metales. Trabajando primero con los materiales nobles, por su bajo grado de fusión (la plata, el oro o el bronce); cuyas "piedras" irán echando a esos hornos cerámicos, para crear y modelar los mas antiguos abalorios y objetos útiles en metal. Pasando posteriormente a fundirlos de un modo más experimentado -a través de molde o "matriz"-, generando ya armas o herramientas más o menos complejas, e iniciando así las diferentes etapas históricas (calcolítico, Bronce o edad del Hierro).

Pese a que la minería, las fraguas y el negocio de la metalurgia, pasó definitivamente a ser realizado por hombres, parece que la Historia nunca olvidó que fueron las mujeres (en sus cocinas y en sus hornos) quienes la descubrieron. Ello es algo sabido, porque en toda religión y culto a la herramienta -o al metal-, siempre se alude a la "madre", a la fecundación, al nacimiento y a la misma matriz; en voces que identifican la fragua y el molde con la progenitora  -como si aquella "matrix de forja" creara de un modo fecundado la pieza en hierro, bronce, plata y oro-. Tanto se repiten estos ritos y costumbres entre los pueblos más antiguos, que -por ejemplo- es sabido como hace miles de años entre algunas culturas de la franja de Canaán, la mujer al parir su primer hijo debía gritar: "Cain". Nombre del hijo mayor de Adán y Eva, pero palabra que también se relaciona con las voces hebreas de raiz "cn", que tienen varios significados. Entre ellos creemos que se identifica con "kab" (Caf,Alef,Bet) que se traduce por "dolor", tanto como con "kabb" (Caf,Alef, Bet, Bet) que es "horneado, cocinado", relacionado con "knn" (Caf, Nun, Nun) cuya interpretación es "brasero, cenicero". Siendo curiosamente un término tan cercano a las anteriores el "kabd" (Caf, Alef, Bet, Dalet) cuya traducción es en hebreo: "acaudalado, o muy rico". Palabras que seguramente llevaron a dar nombre al propio Canaán (en idioma israelita Caf,Nun,Tsade,Nun); cuya etimología seguramente procede de la fertilidad y riqueza que esta franja costera tuvo -y aún mantiene-. Pero a su vez, "Canaán" (K,N,TS,N) significa también comerciante y comercio -procedente de "kabd"= "acaudalado, rico"- ; por lo que el nombre de esta media luna costera que cubre la zona del actual Israel y Jordania, también se traduce por "mercader o por mercado".

Por cuanto hemos expuesto, nada de raro tiene que las palabras: "Riqueza, comercio, fuego, metal (e incluso dolor)"; procedan de iguales radicales en semíticas. Algo que se repite en muchas otras lenguas puesto que parecen ir unidos en múltiples civilizaciones esos conceptos del calor y la abundancia. No solo por efecto de los bienes aportados por el sol y el fuego; sinó fundamentalmente debido a que la metalurgia nace del horno y parece que fue descubierta por mujeres -como hemos dicho-. Gracias a la cocina y junto a las brasas del ceramista, que cocía los enseres de comida. mientras intentaba incluso buscar nuevos objetos, creados por efecto del calor. Entendiendo así como todo ello (horno, metal y alimento) genera el bien y las riquezas; pero también el dolor similar al de la carne allí asada; parecido al que igualmente pueden traer las feroces guerras entabladas con armas de metal (obtenidas gracias al alto poder de las brasas). Hechos estos que llevaron a la adoración del fuego entre los guerreros. Haciendo que pueblos como el fenicio (al igual que otros muchos de la Antigüedad) tuvieran como dios supremo fundamentalmente a un Baal del calor -señor del fuego- que terminó siendo personificado en Melkarte entre los púnicos, pero que para otros era el mismo Tubal-Cain ("señor de Caín" = del comercio, del horno, el dolor, las riquezas y las brasas) (1).

Por cuanto hemos expuesto y explicado, podemos observar como comunmente y en casi todas las culturas, los misterios de la alimentación, de las herramientas, del progreso y de los metales, se relacionan siempre con los de la vida, de la protección y la regeneración. Teniendo todos ellos como punto de partida u objeto ritual: El fuego (en un gran pebetero, o en un crisol sagrado). De lo que ya nos será fácil comprender por qué autores como Jose Ma. Domínguez Moreno, en su estudios sobre los cultos de fecundidad (que han permanecido hasta nuestros días en Extremadura), nos diga que: "El horno es el lugar donde se cuece el pan, base de la alimentación de estos pueblos, Si el pan es vida, el horno es el creador y la fuente de vida"; tanto que "entre algunas culturas el horno simboliza la matriz, el lugar donde la vida se produce" (2).


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, meteorito que recoge Carlos Sánchez-Montaña en su interesante blog EL TABLERO DE PIEDRA, que recomendamos consultar. En el artículo dedicado a los meteoritos y la montaña sagrada de Montserrat, este arquitecto expone el carácter sagrado y ancestral de estos aerolitos, que se conservaron desde tiempos inmemoriales en los templos más importantes de la Antigüedad (VER
http://eltablerodepiedra.blogspot.com/2010/07/los-meteoritos-de-la-montana-de.html). A continuación y en los párrafos bajo estas imágenes, nosotros damos una interpretación que puede explicar el por qué del culto al aerolito sacro; relacionándolo no solo con su significación cósmica, sinó también con el comienzo de la metalurgia -y por lo tanto de la civilización, que emerge tras la Edad de Piedra-.

Bajo este párrafo, curioso aerolito decorado y expuesto en forma de pequeño Karesanshui japonés en un tiesto a modo de Ikebana; "arte decorativo-floral en piedra", conocido con el nombre de Shuiseki. Observemos en ambas imágenes de los meteoritos, cómo aquellos son pétreos pero sobre todo metalizados (rocas metálicas, que en su mayoría tienen un alto contenido ferreo). Ello, de seguro hizo que en la Antigüedad se tuvieran por un de los objetos más sagrados, enviado por los dioses; no solo por caer del cielo y tener una trayectoria (o figura) similar al la de un cometa, o de una estrella. Sinó también porque en su interior solían guardar grandes cantidades de metales y vidrios, que podían extraerse o estudiarse, metiendo el aerolito en un horno (3).







Más todo lo anteriormente expuesto se nos haría incomprensible si no entendiéramos un hecho "cósmico" que hizo sublimar los metales: La caida de los aerolitos (que en su mayor parte están compuestos por metales). Meteoritos que fueron observados por los sacerdotes-astrónomos y astrólogos del Mundo Antiguo, como auténticas estrellas venidas hasta la Tierra y que llegaban hasta nosotros cual mensajeros de los mismos dioses -quienes de este modo envíaban sus dones a los hombres-. De tal manera, aquellos "trozos del Cosmos" que impactaban en el suelo, introduciéndose en este -que veces se fundían con los minerales de la tierra (debido a su incandescia)-; se interpretaron como las semillas del Universo. Entendiendo su llegada y entrada en el lecho terrestre, como una fecundación de nuestro suelo. "Plantación" en la que el meterito caido actuaba del mismo modo que la lluvia venida del cielo que fertilizaba la tierra, o a la de una simiente que los hombres introducían en el terreno. Consecuentemente, se pudo entender que de esta unión entre Universo y Tierra (al impactar en ella los aerolitos), nacieron las vetas de los distintos metales, como llegadas desde el cielo; meteoritos que fueron fecundando los campos -con su simientes metálica- y que lo sembrarían, dando lugar a las minas de oro, plata, cobre, estaño y etc. Siendo aquellos metales los donenes más preciados regalados por los dioses a los hombres.


De este modo, podremos entender la importancia que hubieron de tener no solo los aerolitos, sinó sobre todo los primeros metales, de los que sabemos se hallaron en estos "trozos de estrellas" que los hombres recogieron del terreno, para adorarlos y estudiarlos. Siendo un hecho y evidencia históricamente probada, que en gran parte de las civilizaciones (al menos en las del desierto), el principio de los metales se halló gracias a los meteoritos. Piezas caidas del cosmos que en su mayor parte se componen de metales (y algunos vidrios), y que al ser encontradas por los hombres en la Antigüedad se usaron como el primer medio de obtener ciertos minerales. Consecuentemente a ello, hace unos cien años extrañó a los arqueólogos sobremanera que ya en el III milenio a.C., en los enterramientos egipcios, apareciera con cierta profusión el hierro. Minerál férrico en estado dulce (sin apenas dureza) y que lucían hasta en las coronas y adornos más importantes los nobles del Nilo. Por lo que la arqueología llegó a la conclusión de que esas coronas y abalorios que contenían hierro en el III milenio a.C. (más de mil años antes de la Edad del Hierro), habían sido forjadas con minerales extraidos y obtenidos de los aerolitos. Hecho este que hizo intuir por qué se daba tanto valor al hierro en el Egipto del tiempo de las Pirámides, que lo engarzaban y colocaban en joyas, junto al oro y a las más preciadas gemas.


El caso que relatamos arriba nos muestra en sí la importancia de los meteoritos en la Historia de la Humanidad, pero no solo por cuanto de sublimación y estudio de los astros supone la adoración al trozo "caido del cielo". Sinó fundamentalmente porque de ellos se supone que pudo surgir la metalurgia. Debido a que aquellos meteoritos más comunes, que consisten en una "cubierta pétrea y redonda" que envuelven un nucleo de hierro; de ser calentados o metidos entre brasas, explotan y saltan en mil pedazos, dejando ver su interior brillante y férreo (del cual es muy fácil extraer el metal, simplemente poniéndolo en un horno de alfarero -a más de mil grados-). A todo cuanto narramos, ha de sumársele el hecho de que si se golpean con cierta fuerza estos aerolitos más comunes (redondos y con interior férrico), suelen partirse por la mitad, observándose su núcleo metálico en la forma similar a un ojo con su pupila. Hechos estos que nos han obligado a deduicir que el hombre antiguo hubo de identificar el metal con los "trozos caidos del cielo", tanto como aquellos aerolitos con la semillas que se introducían en la tierra. Pero a su vez, por el aspecto de los más comunes meteoritos (esféricos y con nucleo brillante), también pudo considerar que aquello parecía el "ojo de dios", por su forma similar a una pupila.


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, la típica pulsera contra el Nazar (mal de ojo) que actualmente se lleva y vende en la zona de Turquía y Grecia (tanto como en toda la zona del Sur del Mediterraneo). Heredera directa del mundo fenicio y de los abalorio púnico con el ojo en su centro, a nuestro juicio se relaciona también con el aerolito férrico de forma esférica y que al ser partido de un golpe, en su centro pareciera tener una pupila o iris brillante, rodeado de algo que se asemeja a un ojo. Estos abalorios sagrados y que protegían contra el mal, consideramos que se relacionan plenamente con el culto a los meteoritos y con la llegada de los primeros metales en el IV y III milenio a.C.. Aparición del metal con un carácter sagrado (no de uso) obtenidos a través de calentar los aerolitos en hornos (e incluso en cocinas del hogar).
Entendiendo esta relación tan estrecha entre el mundo cósmico y la metalurgia ya nos es fácil comprender por qué las joyas y los dijes mágicos tienen un carácter tan planetario. Con ello, podremos imaginar -por ejemplo- por qué los gemelos y los broches del famoso botón charro están plenos de significado astral y mágico. Sabiéndose que de algún modo representan los ciclos solares o lunares, junto a los dibujos de las estrellas. Recordemos en todo ello, cómo de manera igual habíamos hallado que el tesoro tartessio de El Carambolo igualmente contenía un significado calendárico, en el que cada una de sus filas de bolas (granuladas) correspondiendo ellas a periodos de la Luna o del Sol y otros planetas (4). Abajo: Botones y gemelos charros con su conocido diseño astral, foto tomada del libro La Belleza que Protege de Carlos Piñel (5).




Ampliando algo más los conceptos que vamos exponiendo, diremos que de la "concepción hermética" y de la idea mágica de aquel "Mundo" generado por los aerolitos sagrados y los metales que de ellos se obtenían; surge finalmente una idea que afirma cómo cada metal procede de un astro. Así, el oro vendría del Sol y la plata de la Luna, siendo aquellos dos grandes dioses, los que habrían mandado su semilla en forma de meteoritos, para fertilizar la tierra con sus dones más preciados procedentes de su "esfera". Naciendo por medio de esta "fecundación cósmica", las vetas o minas de todo metal habido en la tierra; que procederían de los trozos de planetas sagrados caidos del cielo, que cual esperma divino, fueron sembrando los campos de riquezas minerales. Siendo así que los siete principales planetas, tenían su metal procedente de las semillas enviadas por ellos hasta la Tierra; lo que dió posteriormente una estructura en la que cada dios mandaba unos metales, colores, tiempos y etc. .  Igualmente que cada día de la semana era gobernado por un astro; teniendo también su planeta y su dios hasta cada una de notas en la escala musical... . Es decir:


Como el domingo era el dia del Sol (sunday), o el lunes el de la Luna, y así sucesivamente hasta llegar al sábado que lo era de Saturno (Saturday). De un mismo modo cada planeta tenía su metal y su gema preciosa, trasladándose esta cosmogonía en el sistema filosófico hasta la misma escala musical, que entendía las siete notas como los siete astros. De tal manera y como explicamos, en el párrafo siguiebnte podremos ver cada metal, día o nota musical, se correspondían con el Cosmos del siguiente modo:

Sol - Domingo - oro - topacio - (1ª nota musical = nuestro Do)

Luna - Lunes - plata - perla - (2ª nota correspondiendo al Re)

Marte - Martes - hierro - rubí - (3ª nota corresponde al Mi)

Mercurio - Miércoles - mercurio - esmeralda - (4ª nota, corresp. Fa)

Jupiter - Jueves - estaño - amatista - (5ª nota corresponde a nuestro Sol)

Venus - Viernes - cobre - zafiro - (6ª nota corresp. al La)

Saturno - Sábado - plomo - diamante - (7ª nota corresp. al Si)


Con el anterior "esquema" en el que hemos recogido de manera muy simplificada el hermetismo y simbolismo de los metales y los planetas, relacionados con los dioses y los minerales (la semana y las notas de la escala musical); podemos entender cual llegaba a ser el significado de las joyas en la Antigüedad, que no se limitaban a ser objetos de simple adorno. Algo que se mantuvo hasta bien entrada la Edad Media, época en la que aún las gemas y los metales guardaban un claro y significativo poder mágico. Tanto, que abundaban los nobles o reyes que por entonces guardaban cristales, oro -joyas y plata-, en baules con fines protectores. Lo que no se limitaba a un poder económico que aquellos objetos atesorados les otorgaban, sinó más bien a sus propiedades secretas, que bien las conocía y enseñaba todo alquimista, mago o nigromante (de los muchos que entonces abundaban en las Cortes). El hecho es de tal relevancia que hasta en la Heráldica común, los colores de los escudos guardaron unos diferentes nombres conforme las armas fueran de un rey, de un noble, o de apellido no titulado. Usándose para describir las armas del rey los planetas (el "Sol, Luna, Marte etc"). Tanto como para el escudo de los nobles, se mencionaban los colores en gemas ("topacio, perla, rubí etc"); mientras que el blasón de un hidalgo se describía con coleres: "Oro y plata, gules, azur...".

Más, de toda esta mística de los metales y de los astros nacida en su mayor parte de la sublimación de los aerolitos,  que originaría entre otros muchos misterios los de la alquimia. Nació uno de los amuletos más extraños contra la mala suerte y que curiosamente es uno de los más comunes en todas las civilizaciones. Hablamos de las Piedras del Rayo, que no son más que pequeñas lascas, puntas de flecha o hachillas en piedra (talladas o pulimentadas) principamelmente neolíticas o paleolíticas, que se tuvieron como igualmente caidas del cielo. De tal manera en casi todas las civilizaciones se denominan a estas, "piedras del trueno·" (hijas de la tormenta o del rayo) y sin nexo común entre las diferentes culturas que las divinizaron, fueron adoradas prácticamente en todo el Planeta. Desde Japón (donde las denominan "piedras del trueno") (6) hasta la India y Filipinas, pasando por Siberia y Suecia, Grecia y Roma, tanto como en Borneo; o entre las culturas precolombinas, fueron estas consideradas sacras y venidas del Cosmos. En España (concretamente) dice el saber popular que tales "piedras del rayo" al caer con el relámpago, se introducen en la tierra siete metros y que cada año van emergiendo un metro hacia la superficie, para llegar a salir a la luz un septenio después. Sobre las propiedades mágicas que se les atribuyen en nuestro país, hay inifinidad de teorías, pero sobre todo sirven para evitar que nos caiga el rayo (encima o en casa) y fundamentalmente para curar enfermedades y protegerse del aojamiento, tanto como para fertilizar el campo.


El origen de tal mito y la costumbre que venera estas hachitas de piedra, afirmando que son un envío del cielo con propiedades mágicas, a nuestro parecer se relaciona plenamente con los principios de la metalurgia (que hemos venido exponiendo anteriormemte). Mitos que nacen de la adoración al fuego y sobre todo a los aerolitos; meteoritos en los que pudieron sacar los primeros metales. Por su parte, tales "piedras del rayo", sin duda se relacionaban con el culto a las armas (como protector de la comunidad) y con ello es en algún modo una precaria "lanza de Zeus" o "el Pallas" de Atenea, al igual que un "martillo Thor", que en sí mismo representa sin lugar a duda la bifaz sagrada (hacha doble, atributo común de las deidades de la tormenta en el Oriente Mediterraneo y en Europa). Algo que de nuevo nos llevaría hasta el Labrys o la bipenna, que se adoraba en el Laberinto de Cnossos; y que como ya dijimos en sí misma era la representación del metal (del culto a los metales y a las armas que nos protegían). Hecho este que de nuevo nos hace regresar hasta El Tesoro de El Carambolo, del que ya vimos como su pectoral tenía forma de "lingote Keftiu", que igualmente simbolizaba y significaba el "Labrys" cretense; el hacha bifaz minoica que presidía la gran sala del palacio de Creta (y al que daba su nombre: Labryntos)

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, detalle del retrato del rey Salomón pintado por Pedro Berruguete hacia 1494, para la predela del retablo de la iglesia de Santa Eulalia, en Paredes de Nava (templo al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). En este cuadro podemos ver la profusión de joyas, pedrería y abalorios con los que viste Berruguete al rey Salomón; quien está coronado por un gran cristal de rubí de proporciones desmesuradas. Pese a ello, en la época en que este cuadro se pinta aún aquellas joyas y gemas contenían un significado mágico importantísimo, teniéndose no solo como atributos de poder, sinó creyendo que llegaban a curar enfermedades o a alejar la mala suerte de aquel que las lucía.
Como decíamos hasta la herárdica estaba dominada por estas teorías relacionadas con la alquimia, y tal como antes comentábamos. Así, para describir las armas de un hidalgo en las que apareciera: Un león rampante de oro (amarillo), en campo de gules (rojo), bordura de sinople (verde); fajado en sable (negro) y plata (blanco). Si el mismo blasón era de un noble, habían de referirlo como: León rampante de topacio, en campo de rubí, bordura de esmeralda; fajado de diamante y perla. Mientras que si se trataba del escudo de un rey se decía: León rampante en Sol, en campo de Marte, Bordura de Mercurio; fajado de Saturno y Luna. Viendo en todo ello, como la mística que unía los metales, los minerales y el Cosmos, hacía ver la protección y diferencia entre el monarca, los nobles, y los súbditos del reino.






En la foto inferior: Dos Piedras del Rayo, imagen tomada del libro "Enseres", editado por el museo Etnográfico de Castilla y León (7). Dichos talismanes, que en su mayoría se tratan de hachas líticas, son comunes en casi todas las culturas del planeta. Ello quizás porque hasta el siglo XVIII, no se dijo y expuso que se trataba de armas y utensilios fabricados en piedra, en épocas o lugares en los que el hombre no conocía los metales. Las múltiples propiedades curativas que se atribuyen a las piedras del rayo, solo son comparables en su variedad y número a los lugares en las que estas hachitas y puntas de flecha, son veneradas (colgadas al cuello, o llevadas en el bolsillo, como amuletos). A nuestro parecer, se relacionan plenamente con el culto al hacha doble de Creta, tanto como con el martillo, la bifaz o la lanza del relámpago, que portan las deidades de la tormenta.



Pero continuando con la Piedra del Rayo y para ir cocluyendo la presente entrada, diremos que aquella tiene su razón de ser en un hecho cierto, producido por el relámpago. Este es la creación de "fulgitas", o piedras vítreas, que se forman cuando un relámpago cae sobre una zona rica en sílices; provocando la solidificación de una pequeña placa (allí donde toca con miles de voltios). Formando a veces el potente rayo al solidificar las arenas, "una piedrecita" alargada y delgada (similar en tamaño y forma a la concha esqueleto de una sepia, pero de color tostado). Estas "fulgitas" en verdad se parecen en algo a las hachas liteas y quizás por ello, en épocas en las que no se supuso que el hombre luchó y labró con herramientas de piedra, se pensó que las bifaces paleolíticas, o neolíticas (pulidas o talladas), eran producidas o enviadas por el rayo. Relámpago veneradísimo en la Antigüedad, tanto que de tocar en un árbol o en un suelo, aquel quedaba marcado como sagrado. Siendo en Roma costumbre normal, cercar el área en la que el relámpago había caido, creando allí un pequeño templete que se distinguía con escaloncitos y un murete redondo, al que llamaban "puteal" (de pensar = putare). Probablemente, el origen de tal rito se remonte al hecho de que el rayo es atraido por los metales -una circunstancia sabida desde los templos más remotos (8)- de lo que en aquellos sitios donde tocara el relámpago posiblemente eran muy ricos en hierro, cobre (u otros minerales de mayor valor); por lo que habrían de marcarse.


Sea como fuere, parece inevitable concluir que el rayo y los aerolitos están muy identificados como fenómenos comunes de fuego-cielo, metal y hacha bipenna; tanto como plenamente relacionados con la luz y el cosmos. Circunstancias que de seguro hicieron ver en las "piedras del rayo" algo semejante a lo que se consideraban los meteororitos: Trozos de estrellas, o hijas del trueno, regaladas por el "dios del Cosmos". Hechos como estos que hicieron considerar a los metales igualmente procedentes del Universo (un regalo de las divinidades) y convirtieron al aerolito y al rayo (junto a los minerales y gemas preciosas) como potadores de un valor secreto, mistérico y mágico. Algo que no solo explica su enorme apreciación, sinó también la necesidad de llevarlos encima, o colgarlos en lugar preferente, para estar protegidos de las enfermedades, de la mala suerte, de los aojos y hasta de las envidias (aunque pudiera parecernos lo contrario, puesto que ir cargado de joyas hubiera de ser más bien un motivo de generarla...). Todo ello explica no solo el valor histórico del oro, la plata y las gemas desde la antigüedad, sinó fundamentalmente su inseparable relación con el mundo de las religiones y de la magia, concediéndoles unos atributos divinos. Lo que además, nos hace entender por qué hasta hace muy pocos años, aún en zonas altas de la Ruta de la Plata las mujeres de Cáceres, Salamanca o Zamora, a diario iban cargadas de pedrería y joyas, incluso para asistir al trabajo del campo. Algo que se conservó en un lugar de España donde parece que el valor mágico de la joyería consiguió mantanerse durante milenios, por lo que en las ceremonias (hombres y mujeres) lucían valiosos ajuares de oro y plata, compuestos en ellas por collares repletos de abalorios, dijes y amuletos. Todos tan parecidos en significado y diseño a los que hubo ya en el Mediterraneo desde hace más de cuatro mil años, que nos debe hacer reflexionar sobre cómo vestirían y vivirían los ibéros y los hispanorromanos.

Para finalizar esta entrada añadiremos que tal como fuimos indicando, el culto a los aerolitos y a las hachas bipennas es común y ancestral en todas las religiones. Especialmente en las de Oriente Medio, Asia Menor, Europa Antigua y el Mediterraneo; donde son innumerables los casos de adoración a meteoritos, o a deidades relacionadas con las fuerzas naturales que portan un hacha, una lanza o un martillo (como figura del rayo, del fuego y la luz ). Siendo especialmente destacable el caso del Júpiter Lápidus en la Antigua Roma; bifaz petrea guardada con celo en el Capitolio y que se tenía por uno de los objetos más sagrados en el Lacio. Forma de Júpiter que se entendía como "Padre de la Unión" (Iu-Pater) representado en un piedra pulimentada con forma de bipenna (hacha litea), sobre -la que se decía- debía jurar su cargo todo gran mandatario romano. Conformándose el juramento más sagrado en la fórmula de prometer por aquel "padre de todos pétreo" (Júpiter Lápidus); algo que sin duda se relaciona con el culto a los aerolitos y sobre todo con el de las "piedras del rayo", debido a que este dios supremo romano era sobre todo la deidad de la tormenta y el relámpago.






Como colofón a cuanto hemos ido exponiendo, añadimos que en el día de hoy (seis de enero) se celebra la fiesta de la Epifanía, que pecisamente recuerda el dia en que los Magos de Oriente se acercan a adorar a Jesús, siguiendo una "estrella". Sabemos que "magos" es la voz con la que se designaba a los sacerdotes mesopotámicos (astrónomos-astrólogos); por lo que es muy llamativa la historia cuando narra que aquellos encontraron al recién nacido de María, gracias a una estrella errante que les guía. No deseamos entrar en especulaciones sobre astronomía y fechas, ni menos hablar sobre cometas ni hechos cósmicos, que quizás solo desvirtúan el verdadero valor del texto bíblico. Puesto que la importancia de todo aquello quizás radica en el hecho de que estos "magos de oriente" (adoradores de los fenómenos celestes), pasan a dar culto a un recien nacido. Algo que precisamente en el día de hoy explicaba el Papa Benedicto exponiendo en su homilía sobre la Epifanía, que la estrella fugaz, era el propio Cristo (al que siguieron los "magos"), lo que quizás explica la verdadera situación religiosa de aquellos tiempos, cuando muchos de los que rendían culto a las estrellas pasaron a adorar al hombre (al hijo de Dios).


JUNTO A ESTAS LINEAS: Labrys (hacha votiva) cretense procedente del santuario de Archalokori, fechada hacia el siglo XVIII a.C. Abajo, una vasija minoica de igual datación (objetos ambos del museo del Heracleion, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). En la crátera cerámica vemos tambien el dibujo de esta bipenna que dio nombre al palacio de Minos en Cnosos (Laberinthos). En nuestra teoría estas bifaces se relacionan con el culto al aerolito y al rayo; procediendo del rito solar que relaciona el calor (el fuego y la fragua) con los metales, tanto como el rayo y el meteorito con aquellos. Es este hacha doble también el probable "segundo origen" del lingote keftiu, puesto que además de simbolizar la piel de bovino (primer significado del lingote), seguramente aludía también al arma sagrada Labrys (como instrumento de metal, herramienta y hasta como valor moneda). Ello nos lleva a relacionarla con el Vellocino de Oro, que de manera igual al Labrys, colgaba de un árbol (vástago) en el palacio del rey del cobre (La Cólquida en el caso del Toisón). Uniendo así el símbolo de piel (de bovino o becerro) con el de pecunia y este con el de metal o hacha, que hubo de ser una de las más antiguas monedas.





CITAS:
(1) Para ampliar más estos conceptos, ver nuestra entrada sobre Tubalcain y la interpretación de los pueblos cainitas en El Antiguo Testamento
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com/2011/05/lo-invisible-en-la-mitologia-el.html
(2) Jose MA. Dominguez Moreno CULTOS DE LA FERTILIDAD EN EXTREMADURA -Capítulo I- (Ed. Junta de Extremadura, Mérida 1987)
(3) Foto tomada del blog:
http://www.mundobonsai.net/t451-meteorito-ferrico-campo-del-cielo
(4) Significado calendárico del Tesoro de El Carambolo en nuestra entrada: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com/2011/07/1-6_19.html
 
(5) FiguraXIII, pag. 20, LA BELLEZA QUE PROTEGE; Carlos Piñel. Zamora 1998
(6) Ver la entrada anterior, donde recogemos la imagen de dos puntas de flecha votivas del periodo Jomo, que se tienen por piedras del trueno japonesas.
(7) ENSERES (Página.209) Exposición del Museo Etnográfico de Castilla y León comisariada por Carlos Piñel y Joaquín Díaz. (Zamora 2003)
(8) Pese a que hasta hace algo más de doscientos años, no se consiguió demostrar que la elecricidad del relámpago se podía atraer hacía una punta de metal y llevar por un conducto metálico, derivándolo hacia un pozo (pararayos inventado por Frankling); casi todos los pueblos han observado como la tormenta cae sobre los árboles o sobre las piezas de metal. Tanto era así que Barandiarán en numerosas ocasiones habla de cómo los aldeanos vascos tenían por costumbre ancestral, colocar los aperos de labranza (en especial la hoz) frente a sus casas, colgadas de árboles y en épocas de tormentas; para protegerse de aquellas con esos talismanes. "Amuletos" que puestos fuera de la casa y en alto, podemos entender que no eran ineficaces, por cuanto atraerían el rayo, evitando que cayera sobre el tejado de la casa.