domingo, 20 de enero de 2013

EL FRIGIANISMO EN LA CULTURA IBÉRICA. Parte cuarta: Sentido del encaste y significado del toro bravo en el Mundo Antiguo (De "Lo invisible en la mitología": Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte LXXIII).



JUNTO ESTAS LINEAS:
Portada del libro de Cristina Delgado Linacero -EL TORO EN EL MEDITERRÁNEO- ; obra dedicada a la presencia del bóvido en las religiones y en el Mundo Antiguo. Estudio sobre el toro y su significado arqueológico, que es sin duda uno de los mejores y más extensos trabajos entre los muchos publicados en nuestro pais sobre el tema. En próximas entradas analizaremos la obra de Cristina Delgado, aunque previamente y en artículos como el de hoy, iremos completando ideas y teorías de otros investigadores acerca del astado en la antigüedad y en nuestra cultura. Principalmente con el fin de plantear nuestras hipótesis sobre el toro ibérico, desde las que considero que las raices de esta veneración al "bos" en la Peninsula procedería principalmente de la influencia de las culturas más antiguas, de origen egeo-anatólico. Fundamentalmente de las que hubo en la tierra que actualmente conforma Turquía y donde se adoraba a la res brava hace más de siete mil años. Idealización que a mi juicio nace al deificar a los bóvidos salvajes como defensores del grupo y como sublimación del guerrero. Unas creencias y costumbres que consideramos personalmente, nacieron de la utilizaron durante el Neolítico y la Edad del Bronce al morlaco para protegerse, para cuidar territorios y para la guerra (lanzando manadas contras el enemigo). Uso del que derivaría su divinización, generando posteriormente los múltiples mitos y religiones anatólicos, egeos, cretenses, de Oriente Medio o Mesopotamia, que adoraron al astado en la forma de un dios-daimón protector. Cultos y veneraciones del buey fiero que llegarían a nuestra Península en la Edad del Bronce y que en la del Hierro conformarían los ritos del toro en la Iberia Antigua.
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BAJO ESTE PÁRRAFO: El ruedo de la Maestranza de Sevilla, el momento de iniciarse la corrida con novillos de El Serrano, para Conchi Rios, Emilio Huertas y Alvaro Sanlúcar (agradecemos a esa institución nos permita divulgar la imagen). Esta plaza, considerada "la catedral del toreo", se halla a muy poca distancia del lugar dónde fue encontrado en 1961 el tesoro de El Carambolo, cuyos pectorales tienen forma de piel de buey. Un ajuar tartessio que venimos estudiando en los más de setenta capítulos que nos preceden; cuyos símbolos creemos haber podido demostrar son neohititas (frigios). Signos labrados en algunas de sus joyas que claramente guardan los caracteres luwios de "dios", tanto como la sílaba neohitita de "Kubaba" (la diosa Frigia que importaron los griegos como Kybele a quien los romanos llamaron Cibeles). En la entrada de hoy profundizaremos más sobre el significado del toro en la cultura ibérica, con el fin de hallar sus orígenes y poder comprender el sentido cultural y simbólico de aquel tesoro tartéssico, que hace medio siglo hallaron a unos dos kilómetros de este ruedo taurino que vemos en la imagen (en el alto de un cerro denominado El Carambolo).
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Antes de comenzar:
Como sabemos, el presente artículo continúa a los que le preceden, recomendándose leer las anteriores entradas para una comprensión plena de esta. Correspondiendo esos últimos capítulos -durante los que hemos tratado sobre el frigianismo en la cultura ibérica- a un estudio a través del que deseamos mostrar y demostrar los orígenes neohititas y egeos (anatólicos y cretochipriotas) de la cultura prerromana peninsular.
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A- SIGNIFICADO DEL TORO BRAVO EN NUESTRA CULTURA
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Empezamos hoy ilustrando nuestra página con una bonita estampa de la Maestranza, en que recogemos el inicio de una novillada. Momento en el que toreros, picadores y cuantos participan en la corrida saludan a la presidencia. Salutación que muchos consideran relacionada con el "Ave César...." del Circo Romano; pese a que ello no es tan cierto. Puesto que el ritual es mucho más místico y social que circense; habida cuenta que la tauromaquia española no es una simple venatio romana (la lucha del hombre y la bestia, que tanto se practicaba en las Arenas imperiales). Es más, procede de cultos ancestrales prerromanos, tal como la arqueología ha demostrado en nuestras tierras y donde encontraron anfiteatros taurinos en yacimientos muy anteriores a la romanización. Graderíos ibéricos fechados siglos antes de que los latinos realizaran sus anfiteatros y llevaran a cabo sus espectáculos de luchas con fieras; lugares sagrados donde los habitantes de nuestra Península sacrificaban bóvidos de manera ritual en "templetes" semicirculares (1,a) .
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Por lo que en mi opinión el significado de estas corridas de toros antiguas y modernas tendrían mucho más de un culto ancestral y muy primitivo al bovido, que de caza y lucha circense. Ya que en ellas el hombre se enfrentaba casi desarmado y había de dominarlo con sus artes; de un modo similar a como hoy se hace -engañando y hasta bailando con el "mostruo"-. Todo lo que es ajeno a una simple pelea entre el buey y el humano (como se hacía en los circos romanos); relacionándose más el toreo con las religiones neolíticas o de la Edad del Bronce, en el que el astado era tenido por la representación de un dios de la fuerza. Daimón que como el Minotauro o los toros de Gerión, el hombre había de domar casi sin armas y valiéndose de su ingenio, o con la fuerza. Por todo ello, desearíamos añadir a cuanto se ha escrito sobre la caza del toro, las referidas venatios circenses y la tauromaquia (intentando distinguirlas); que su principal diferencia estriba en que unas pretenden enfrentarse y matar al bóvido, mientras en el caso del toreo lo que se desea es burlarse del astado (sin armamento).
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Momento es este también -antes de comenzar- para responder algunas preguntas recibidas en los comentarios de blog o en el mail; sobre teorías presentadas o afirmaciones escritas en anteriores entradas. Deseando contestar aquí y no por correo o bajo aquellas entradas, a quien con mucho acierto me comenta que Cesáreo Sanz de Egaña piensa y opina de un modo muy diferente al mío. Algo que deseamos destacar, puesto que en verdad el referido profesor de veterinaria fue un gran experto en tauromaquia, y autor entre otras, de la obra publicada por Espasa (Austral): "Historia y bravura del toro de lidia" (1) . Debido a lo que aprovecharemos estas lineas para tratar del tema que me exponen, rogando de antemano mil perdones a quienes a veces me escriben y no puedo atenderles. Habida cuenta que hemos superado ya más de noventa mil lectores en año y medio, algo que me impide siquiera dar respuesta a los muchos mails que recibimos. Por lo que preferimos hacerlo por este medio, con el que además de contestarles, todos nos enriquecemos con las consultas que Udes. hacen (momento que aprovechamos también para agradecer a todos su atención).
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De tal manera, muchas razones tiene aquel que nos plantea que Sanz de Egaña expresaba que el toro de lidia era una "creación moderna" como "especie o raza" inexistente hasta la aparición de las ganaderías "dieciochescas". Algo que el especialista afirma apoyándose o justificándolo en el hecho histórico de que hasta hace unos trescientos años los astados fieros se pedían y compraban a los carniceros del lugar -para correrse en las plazas o en los campos-. Personas que abastecían de vacuno a la ciudad o al pueblo y que en épocas de festejos traían algunas reses elegidas como especialmente peligrosas; que separaban de las que llevaban hasta el matadero, para correrlas y torearlas en las plazas y calles. Dicho esto, añadiremos que ello no significa en mi opinión que las reses de carne y las de toreo fueran de la misma especie; habida cuenta que a mi juicio es imposible torear a un bovino manso, tanto como llevar entonces toros bravos hasta el matadero (pensemos que no hablamos de una época en la que existiera el transporte de ganado; tanto que los vacunos se trasladaban en manadas, por cañadas y con pastores).
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De tal manera Sanz de Egaña describe en su referida obra, como entre los siglos XV al XVIII eran los ganaderos de carne los que suministraban los bovinos de las fiestas. Mostrando varios documentos de la época en que se manifiesta la adquisición de aquellos toritos en las celebraciones (2) . Pese a ello, cita cómo la condesa de D´Aulnoy en su "viaje por España" ya habla claramente de los encastes; escribiendo la noble francesa que para las corridas ponían cintas en los cuernos a los toros, con el fin conocer cual era la procedencia de cada astado. Además, la referida aristócrata comenta en su libro del viaje por España que minuciosamente elegían los hijos de los que en anteriores fiestas habían ocasionado muchos daños. Por lo que aquellos que eran muy fieros, ha de suponerse que eran indultados y se utilizaban como sementales; ya que D´Aulnoy menciona como estas reses de instintos asesinos se usaban para ser padres de los que en las siguientes celebraciones se toreaban (3) . Pese a lo cual, Cesáreo Sáenz de Egaña afirma con rotundidad que hasta el siglo XVIII, los toros bravos procedían de vacadas de carne (4) .
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ARRIBA:
Uno de los llamados Toros de Costitx, pertenecientes a la cultura talayótica mallorquina y fechados (actualmente) entre los siglos VI al III a.C. -propiedad del Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos nos permita divulgar la imágen-. Hemos decorado con un tono "mironiano" la maravillosa escultura en bronce, en homenaje a uno de los más ilustres artistas del siglo XX (Joan Miró); originario de estas islas Baleares, donde se hallaron multitud de yacimientos, recintos sagrados y edificios, con estatuaria o ajuares que muestran la veneración al toro desde los tiempos más remotos. En este que vemos de Costixt, la tipololgía del bóvido es la de un morlaco muy cercana a la del morucho. Ganado del cual hablamos en los siguientes párrafos y que se considera descendiente directo del "bos ibero" (toro ibérico salvaje o autóctono).
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Siendo muy curioso que en zonas como Costixt se venerase un toro de clara apariencia salvaje o fiero y de tipología anatólica; de un modo parecido a como se hizo miles de años antes en Creta y Chipre -o en la Península hoy Turquía-. Animal muy lejano en su físico al buey de carne, que es de aspecto pesado, de morrillo carnoso, grasa papada y cuello corto; sin cuernos prominentes. Todo lo contrario de los astados hallados en Mallorca o Menorca, que son claramente semejantes a nuestros bravos y a los que se representaron en Creta, Chipre o Frigia. Algo que en mi opinión debe hacernos pensar que hasta estas islas debieron importar desde Asia Menor o el Egeo y ya en la Edad del Bronce, esta raza taurina. Bóvidos que usarían seguramente para tener carne en lugar tan lejano a tierra firme, pero que al ser fiero considero que sobre todo pudo ser utilizado para que ningún extraño desembacara en sus costas. Ya que archipiélagos como el Balear, conformaban el camino y lugar de escala en la ruta desde el Egeo, hacia los yacimientos de los metales ibéricos.

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Minas que las civilizaciones orientales más antiguas alcanzaban siguiento una simple singladura desde Creta, Chipre (o el litoral de la actual Turquía) poniendo proa a Este puro, hasta llegar a Malta-Sicilia. Tras ello (y habiendo costeado) siguiendo al Occidente se alcanzaba en pocos días las Baleares, que apenas distan una jornada del cabo de la Nao. Lugar que por entonces -hace tres o cuatro mil años- estaba junto a las más famosas minas de plata y estaño existentes en la época (en La Unión, o Almería), y que se situaba en el camino hacia las famosísimas de Huelva (hoy Rio Tinto). Yacimientos estos últimos riquísimos en cobre; metal que desde el siglo XV a.C. prácticamente se había agotado ya en el Mediterráneo. Todo lo que en mi opinión dio lugar al mito de los toros, que idealizaba estos bóvidos cuidadores de los campos y costas de los iberos. Tanto como a la leyenda del rey de Tartessos (Geriones), cuyos bueyes hubo de robar Heracles; fábulas que narraban la llegada de los griegos a nuestras tierras y la colonización o el "robo de los metales" ibéricos. Riqueza metalúrgica que considero se recordaría de un modo sublimado por los tartessios en el pectoral de El Carambolo, que sabemos representa el pellejo del toro; significando la casta, la fuerza y la guarda del territorio por los bóvidos. Pero sobre todo la fortuna y las minas como símbolo en el lingote de cobre o bronce; que se fundía con este diseño de una piel de buey (talento también denominado "keftiu", por su origen cretense).

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ABAJO:
Regreso a los corrales en la Maestranza (de nuevo agradecemos a la institución nos permita divulgar nuestras imágenes allí tomadas). Ilustramos con la bellísima estampa que es ver a los mansos recogiendo el bravo para llevarlo hacia el corral, porque en ello se muestra la dificultad del arte del pastoreo de las reses de lidia. Una forma de dirigir y manejar los toros consistente en unas técnicas y artes antiquísimas, muy refinadas y complejas, totalmente diferentes y ajenas a cuanto realizan los ganaderos de rebaños para carne o leche. Pastores de vacuno manso o estabuladores, que para mover el ganado solo precisan darles un grito, un pequeño golpe de palo o se valen de perros que los conducen por caminos y por las cañadas como si fueran ovejas -ya que el bovino de carne y el lacteo es más dócil que una cabra, no huyendo apenas y guardando un gregarismo con un comportamiento similar al de las ovejas-.
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La falta de inteligencia y gregarismo del ganado manso llamó la atención al mencionado Cesáreo Sanz Egaña, quien como veterinario y experto en mundo taurino fue a estudiar en los mataderos las reacciones de los bueyes y vacas frente a la muerte y al dolor. Expresando en el libro que comentamos, cómo tras tomarles la temperatura rectal y en boca, tanto como estudiando sus pulsaciones y otras constantes; pudo atestiguar que ni se inmutaban cuando veían caer frente a ellos a un animal de la misma especie (pese a haber convivido años unidos a estos). Al igual que apenas se alteraban ante el dolor, sin temor al olor de sangre ni a la proximidad de la muerte. Por todo lo que el referido autor expresa su extrañeza ante el embiste y encaste del toro de lidia, que él explica como una intención de su raza por continuar siendo libre y de la especie bovina para no vivir domesticada (5)

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Pese a ello, en mi opinión considero que el instinto de arrancarse y de atacar en el toro procedería más bien de un deseo de defensa frente a depredadores -hacia ellos y del grupo- . Algo que habría perdido el bóvido doméstico al vivir entre los hombres durante milenios; viéndose en los cercados y establos alejado de peligros. Una teoría propia, pero que podemos demostrar porque muchos sementales de lidia, tras haber sido indultados y criarse de un modo similar al ganado manso, terminan por comportarse como verdaderos animales domésticos. Perdiendo el instinto de embestida y siendo dóciles (fundamentalmente con sus cuidadores); todo lo que muestra aquello que decimos y que demostraría cómo el bravo se arranca por atavismo en defensa del grupo; atacando solo a extraños que pudieran ser depredadores. Algo que le asimilaría en la Antigüedad al hombre, y sobre todo al guerrero. Pudiendo comprenderse así facilménte por qué algunas culturas miles de años atrás tuvieron al astado fiero como un dios. Deidad de la guerra, equiparable a un Marte; divo que entre los iberos se sabe era representado en la forma de un toríto, al que llama el prof. Blázquez, Mars Ultor. Lo que en mi opinión nació del carácter con el que el morlaco defiende su territorio de forma ciega, sin límites y hasta la muerte; pese a ser herbívoro. Todo lo que le une al hombre y al soldado en la guerra, quien no ataca para comer sinó para proteger a su grupo y su tierra.
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Por cuanto hemos expresado, concluimos que en mi opinión personal el hecho de que los carniceros fueran los que abastecieran hasta el siglo XVIII de toros bravos las poblaciones, es algo que tiene más que ver con su "transporte y distribución", que con el supuesto de que una res de carne y una brava eran en aquel tiempo de igual tipo (tal como afirma Sanz de Egaña). Al concluir el mencionado autor que como por entonces los bravos y los mansos eran vendidos por las carnicerías, hay que suponer que se trataba de una misma especie. Algo que no podemos admitir habida cuenta de que el encaste no es un hecho que surge de manera espontánea; tanto que de mezclarse los fieros con aquellos que no lo son, en dos o tres generaciones desaparece su bravura. Lo que decimos se trata de tal evidencia, que diversas razas de toros, perros y animales se han extinguido por este motivo al haberse cruzado con domésticos durante siglos; sin poder más tarde revertírlos a su estado genético original. Como así ocurrió con los toros de bosque en Centroeuropa o con los bóvidos salvajes en el Mediterráneo y en Anatolia; donde desde hace milenios fueron mezclándolos con mansos, hasta que en aquellos lugares desapareció el buey asilvestrado. Por cuanto considero, que el abastecimiento de reses bravas realizado por los carniceros hasta los siglos XVIII, en mi opinión no se hacía porque entonces las reses para comer y las de torear fueran las mismas. Sino que se debe a que los mayorales cuando transportaban ganado manso, podrían introducir entre aquellos algunos bravos; toros que con cuidado así llegarían hasta las ciudades (sin causar muchos daños).
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Puesto que afirmar que el toro para lidiar y el del del matadero era el mismo hace tres siglos, considero personalmente que es como pensar que el perro y el lobo unos cientos de años atrás fueron una igual especie. Pudiéndose revertir por selección involutiva, desde perros agresivos hasta llegar de nuevo al lobo. Tal como piensan habrían hecho las ganaderías en época de Goya, logrando el uro desde ganado de carne... . Unos hechos imposibles y que con evidencia vemos claramente en el "cánido familiar" y el silvestre, que se "separaron" -biológicaménte hablando- hace miles de años; lo que supone que a dia de hoy un lobo o un zorro sean especies muy diferentes a un perro. Pese a ello, es sabido que eligiendo geneticamente entre los más amables animales salvajes, en tres o cuatro generaciones podemos lograr ejemplares que no ataquen y que respeten al hombre. Aunque para llegar a convertir zorritos o lobitos "domesticados", en "domésticos"; habrían de transcurrir miles de años. Siglos de convivencia junto al hombre, lejos de depredadores y con centenares de generaciones (en las que se cuidase siempre elegir como padres entre los más mansos o dóciles).
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Todo lo que explicamos supone la existencia de toros bravos en España siempre; es decir, que en las montañas había un tipo de "bos ibérico" que nunca se había extingido, permaneciendo en estado original y salvaje. Reses que las gentes capturaban en los bosques y que llevaban hasta las ciudades para torear o correr; siendo el origen de los "encierros" este camino desde el campo hasta la población. No procediendo a mi juicio el toro de lidia de "invertir" el camino genético, tomando entre los mansos los más fieros hasta llegar al bravo. Sino de la existencia y conservación en los montes y las dehesas de la Península de esta raza de bóvidos silvestres. Unas reses que fueron mantenidas en su estado puro y adoradas por los iberos; tal como sabemos gracias a las esculturas, a las fuentes clásicas y a los hallazgos milenarios. Tan veneradas y valoradas que existía en nuestras tierras en tiempos prerromanos, circos o templos de culto al dios toro; costumbre que muchos consideran posteriormente imitaron o continuaron los latinos en sus "venatios" (luchas circenses llevadas a cabo en los anfiteatros, de un modo similar a las cretenses, griegas o ibéricas).
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Juegos con la fiera que intentaron erradicar los visigodos en la Alta Edad Media; que los árabes permitieron (e incluso practicaron) y que finalmente los cristianos durante el Bajo Medievo recuperaron. Ejercitando a sus caballeros con el toro, en corridas (encierros) o lanceos (rejoneo); y como divertimentos y fiestas que el pueblo imitaba lidando a los bueyes "a pie". Todo lo que heredarían o llegaría a los militares hispanos de los siglos XVII y XVIII, quienes gustaban jugar con estas reses a caballo durante las celebraciones. Una costumbre y ejercicio que comenzaron a realizar de forma común en sus centros de ensayo y adiestramiento. Lugares que servían para amaestrar cabalgaduras y que se denominaron por ello Maestranzas; donde se originaron las posteriores plazas de toros, puesto que allí se realizaba de un modo regulado lo que los jinetes ensayaban con el toro. Siendo aquel un medio de adiestrarse en doma para la guerra practicando por los jinetes, usando al bóvido a modo de "enemigos". Lo que originaría las formas de lidia del caballero (rejoneo); que el pueblo imitaría para divertirse en las fiestas desarrollando en la misma época las artes a pié (con sus mantos y abrigos; lo que hoy llamamos toreo).
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Pero regresaremos a Cesáreo Sanz de Egaña y su teoría que no compatimos, ya que no podemos creer que el ganado común y el de lidia fueran una misma especie hasta el nacimiento de las ganaderías en el siglo XVIII. Siendo el motivo que les unía históricamente haber sido vendidos por quien abastecía de vacuno a las ciudades -del mismo modo que el queso se distribuye en carnicería- . Aunque si el caso no ha quedado claro con el ejemplo puesto anteriormente en el queso; añadiremos que los carniceros hasta el siglo XVIII también debían ser los verdugos del lugar. Ello porque eran diestros en el manejo de cuchillos y en el corte, a la vez que aquella "patente de venta cárnica" implicaba el sambenito obligado de actuar como ejecutores. Lo que nunca significaría que el hacha con el que se cortaban cabezas fuera la misma que estos usadan en el matadero, ni que se apuntillaran las reses en el cadalso; o que tras las ejecuciones llevaran al desolladero a los reos. Puesto que nada tenía que ver la muerte de un animal con la del infeliz condenado y de un mismo modo opino que nunca era igual el toro de carne que aquellos otros que estos suministraban para fiestas.
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SOBRE ESTAS LINEAS:
Fografía de dos toros en la dehesa castellana (Castronuño). En primer término un ejemplar de bravo pastando, bragado y con buen cuerpo. Al fondo un manso al que vemos, con el aspecto de bobo ("bobino"), cuerna malformada, sin musculación, huesos destartalados y tipología de la res de carne. En mi opinión afirmar que una especie brava nació de la otra (mansa y deforme) es como aseverar que desde el perro de puede llegar hasta el lobo en unas generaciones. Algo improbable a mi juicio, puesto que es posible la evolución desde lo silvestre hacia especies más domésticas y similares a las que el hombre crea. Pese a que es casi imposible regresar a las anteriores; perdiéndose por ello infinidad de ejemplares y razas salvajes. De hecho no se ha logrado partiendo desde los toros, recuperarse el uro (pese a que desde unos cien años atrás, multitud de veces lo han pretendido los veterinarios y los especialistas en genética centroeuropeos).
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ABAJO:
Famosísimo riton de plata y oro, con forma de cabeza de toro, perteneciente al Museo Nacional de Atenas -al que agradecemos nos permita divulgar la imagen que hemos recreado-. Perteneciente a la tumba IV de Micenas y de estilo minoico -fechado hacia el siglo XII a.C.-, representa un maravilloso toro esculpido en un vaso de plata; animal que se adorna con una estrella solar con forma de crisantemo (símbolo tipicamente mazdeista, oriental o persa). Esta señal de la frente es la que también lleva en sus adornos el tesoro del carambolo labrada en la mayoría de sus joyas; siendo una representación tipicamente masculina -que como decimos significa el padre Sol- heredada por toda la cultura egea. Apareciendo repetidamente la referida margarita estrellada, a la que muchos denominan "rosa encapsulada" en la orfebrería de Rodas. Habida cuenta que su signo era este de la "rosa"; flor y palabra que dá nombre y significaciòn a su isla, como sublimación de la luz (solar o de los astros). Luminosidad y estrellas que guían al marino, cuya flor que nos marca los puntos cardinales en diseño aún denominamos "rosa de los vientos". Finalmente añadimos que tal como hemos escrito en la imagen; el toro que representa el riton, en su tipología es muy semejante al de raza ibérica (o de lidia).
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Por cuanto hemos expresado, creo firmemente que el ganado de carne y el de lidia siempre se distinguieron en su raza y tipoligía (desde sus orígenes) habiendo mantenido las gentes en los campos y montes hispanos "esas otras" reses silvestres. Bóvidos de rica carne aunque peligrosos, que por muy diversos y "curiosos" motivos en nuestra Península no quisieron nunca domesticar (erradicar o descastar). Siendo los bravos descendientes directos del tipo salvaje ibérico, posiblemente guardado o "creado" geneticamente para cumplir una función de lucha, durante el neolítico y la Edad de Bronce (como sucede con varias especies perrunas). Raza de "lidia", que como los gallos de pelea, personalmente considero son procedentes e importados desde otras tierras y culturas. Consecuentemente, tal como las gallinas agresivas se criaron e introdujeron por los galos o celtas, que adoraban a estos totems. Los toros del tipo ibero (hoy bravos) creo que vinieron a través de las gentes venidas del Egeo (Creta o Chipre) o de Anatolia -principalmente las que llegaron en la Edad del Bronce hasta nuestras tierras-.
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Teniendo tan solo entronque genético aquellos silvestres con las vacadas de carne moruchas o retintas y negras. Especies estas similares a las de lidia y que abundan en las dehesas o en los montes (principalmente en los castellanos, extremeños y de Andalucía). Razas descendientes del "bos ibérico" y que permanecen en parte sin domesticar, pero que curiosamente fueron conservadas así durante milenios -como ganado de carne-; pese a tener un carácter semibravo y embestir. Parte de encaste que con toda seguridad y al menos en mi opinión les mantuvieron, con el fin de evitar que las robaran; ya que es casi imposible actuar como cuatrero entre ganado que embiste. Motivo muy similar al que a mi juicio hizo que dejaran ejemplares absolutamante salvajes en los montes y campos: Los descendientes del "bos ibero", que en el siglo XVIII ya se criaron en cañadas controladas como toros de lidia (para darle un uso lúdico o de lucha).
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Los hechos anteriormente referidos son los que en mi forma de ver la "historia" llevaron a conservar en los campos y en las dehesas este tipo de astados: Bravos, pequeños, terriblemente peligrosos y descendientes de los ejemplares ancestrales e indómitos de nuestras tierras. Reses que hemos de considerar pertenecen a la misma raza que los griegos idealizaron en "Los bueyes de Gerión" (el rey de Tartessos). Un bóvido terriblemente agresivo y que embiste, pero que fue guardado sin descastar ni amaestrar,  porque también protege (al menos, eso creo). Hecho este que podríamos comparalo históricamente a la cría de perros agresivos o a la de aves de lucha y guarda; siendo innumerables en todas las épocas los ejemplos de animales usados para estos fines (con carácter lúdico o dándoles una utilidad protectora). Por cuanto hemos expuesto y para deducir qué uso pudo tener el toro bravo, para ser así conservado a lo largo de los tiempos; bastará pensar que antiguamente rodeando una ciudad de aquellos astados y conociendo los caminos para evitarlos, estarían bien seguros de que enemigo ni ajeno al grupo, se acercaba (6).
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Ello es lo que posiblemente narra el Laberinto del Minotauro, deduciendo los que conocemos el mundo taurino que si en el campo ponemos buenos burladeros y se crean empalizadas y medios de huida, cualquiera que conozca la zona puede atravesarla (pese a estar plena de toros bravos). Mientras los que desconocen dónde se hallan los bóvidos y cual es el camino que corta su paso con una simple talanquera, pueden encontrarse de frente a la fiera, careciendo de salida. Por lo demás, es evidente que en la Edad del Bronce debió ser imposible franquear una linea cubierta por rebaños de toros, puesto que los ejércitos comunmente eran poco numerosos pequeños, mal armados y peor conformados. Al menos, esta defensa debió ser eficacísima como medio de choque en las costas y fundamentalmente en las zonas de islas; ya que el desembarco de grandes masas militares no se conoce hasta la proliferación de las armadas (lo que sucede en la Edad del Hierro). Por lo debieron ser utilísimas las gentes que conocieran las artes del mayoral o del toreo, con el fin de situar, mover, aglutinar e incluso escapar de los rebaños de toros salvajes. De lo que es perfectamente deducible que al menos hasta la aparición del hierro o hasta la llegada a la Península de cartagineses y romanos -con sus grandes hordas militares-, una barrera de astados de lidia debió ser el mejor método de defensa. Por cuanto es mi teoría que antes de que exitieran los ejércitos numerosos y con caballería, en muchos lugares de Iberia -y en especial en las islas-, bastaba con tener buenos rebaños como los de Geriones, para estar bien provistos de carne y muy seguros de que el enemigo no se acercaba.

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ARRIBA: Riton hitita, del siglo XIII a.C. propiedad de la Colección Norbert Schimmel de Nueva York (a la que agradecemos nos permita divulgar la imágen). Hemos decorado la imagen de manera "picassiana", en honor de aquel gran artista que tanto amaba el arte del toreo y que tuvo que disfrutar de él en tierras francesas. Observemos que el tipo de toro es claramente igual que el nuestro bravo; todo lo que nos hace pensar que el origen de estos "bos ibérico" está en Anatolia (lugar del que también procedieron los signos alfasilábicos con los que escribían los iberos desde el siglo VII al I a.C.).
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ABAJO: Toros bravos en la dehesa castellana. Observemos el claro parecido con los bóvidos que vemos representados en Creta, Chipre y Anatolia durante la Edad del Bronce y el primer Hierro (entre los siglos XVIII al VIII a.C.), tanto como en las figuras de los toros ibéricos prerromanos.
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Por último y en referencia a la teoría de que el de lidia procede de la depuración de las razas de carne similares, expondremos que tan solo pudiéramos considerar algunas especies (autóctonas y descendientes de la ibera) como próximas a los toros bravos. Este es el caso de las vacas llamadas "avileñas", "las ibéricas", la "cárdena andaluza", la morucha" , la "serrana negra" de andalucía y la "retinta". Ejemplares que en verdad son semisalvajes y cuyas embestidas no dejan lugar a dudas de sus ancestros relacionados con el bos salvaje. Pese a lo que es imposible su toreo, ya que en al primer castigo o daño rehuyen, como es natural en todo herbívoro (menos en los toros de lidia y otros astados muy salvajes). Algo que nos obliga a pensar que aquellos bueyes que los carniceros vendían durante los siglos XV al XVIII para celebrar festejos no eran propiamente ganado vacuno, sino "reses de monte". A la vez que considero, que estas otras razas emparentadas con el bos ibero (como la morucha) se mantuvieron en los campos por los motivos ya expuestos: Para que no las robaran facilmente -por peligrosas- y por su gran valor cárnico (ya que carecen de grasa, al ser descendientes de los toros salvajes). Pese a ello, no se pueden considerar bóvidos de lidia y se catalogarían en todo caso como mansos; lográndose a lo sumo mezclando sus congéneres más agresivos durante generaciones, toros del tipo "bravucón" (nunca bravos).
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Así, pues y si tuvíeramos dudas acerca de la posibilidad de que en el siglo XVIII los toros de carne, los mansos y los bravos no eran distinguidos, vamos a enumerar algunas de las más famosas razas vacunas hispanas, que proliferaron en nuestras tierras. Algo que hacemos con el fin de demostrar que el ganado era criado y mantenido en sus características y en sus especies, con gran esmero. Siendo estos tipos de cañadas un número superior a las cuarenta, de las que tan solo cuatro o cinco embisten y que se clasifican comunmente en:
Albera, Alistana-Sanabresa, Asturiana de la Montaña, Asturiana de los Valles, Avileña Negra Ibérica, Avileña-Negra Ibérica (variedad Bociblanca), Berrenda en Colorado, Berrenda en Negro, Betizu, Blanca Cacereña, Bruna de los Pirineos, Cachena, Caldelá, Canaria, Cárdena Andaluza, Frieiresa, de Lidia, Limiá, Mallorquina, Marismeña, Menorquina, Monchina, Morucha (variedad Negra), Morucha, Murciana-Levantina, Negra Andaluza, Pajuna, Palmera, Pasiega, Pirenaica, Retinta, Rubia Gallega. Sayaguesa, Serrana de Teruel, Serrana Negra, Terreña, Tudanca, Vianesa (7) . Por su parte, para quienes afirmen que estas razas de carne o leche no se conocían, ni se cuidaban y criaban con esmero en la Península en el siglo XVIII (confundiéndolas con el ganado salvaje). Invitamos a leer los diferentes anales, escritos, anuarios o referencias conservadas en las Juntas de ganaderos, o a las Reales Sociedades de criadores etc., de estos siglos. Donde veremos cómo eran seleccionados los sementales, tanto como la forma en que guardaban minuciosamente las razas y especies autóctonas que desde tiempos inmemoriales iban conservando sin mezclar con otras (8) .
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Por todo cuanto concluyo, que si había juntas y organizaciones dedicadas a la conservación de las especies vacunas mansas, de carne o de leche antes del siglo XVIII. Parece evidente pensar que también existieran razas bravas y semisalvajes conservadas como toros para usar en los lanceos y en corridas (al menos desde la Alta Edad Media). Resultando muy curioso que precisamente aquellas tierras que dan origen al toro bravo y que podemos considerar fueron las de Salamanca, Zamora, Ávila, Cáceres y Sierra Morena (tanto como las onubenses); fueran precisamente los lugares donde más cuatreros y bandoleros existían. Siendo mi parecer que los dueños de esas fincas o dehesas, aprovecharon la existencia de especies salvajes de toros para protegerlas y para evitar que extraños cruzaran sus demarcaciones. Por todo cuanto el bos ibérico, sería mantenido en su estado puro gracias a su utilidad de guardia y divertimento "ritual" que tuvo en la época ibérica y romana, tanto como en la Edad Media y en la Moderna. Un "buey" de tipolología muy similar al cretense (minóico), al anatólico (hitita) o al del egeo (micénico), del que por lo tanto hemos de deducir sería importado por estas gentes desde el Mediterráneo oriental hasta nuestras tierras (a mi juicio durante la Edad del Bronce o con las primeras migraciones de El Hierro; es decir, entre los siglos XV al VII a.C.).
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De tal manera, con la disertación anterior acerca de los orígenes de las ganaderías creemos que podemos comprender por qué existió el toro bravo en España. Por lo que ya estaríamos en situación para proseguir en nuestros estudios sobre la tauromaquia y su significado; trabajo que en anteriores entradas habíamos dejado después de analizar el mitraismo como una de las fuentes desde donde procedería la veneración y culto al toro en Iberia. Aunque presenté también como otro de los posibles orígenes de la afición por la tauromaquia en nuestras tierras; la caza de los "bos" salvajes que los celtas acostumbraban a realizar de manera ritual -o como medio de ganarse el prestigio entre los suyos-. Uros centroeuropeos que en opinión de Cesáreo Sanz Egaña darían origen a los ejemplares del toro de lidia (8), aunque como hemos dicho yo personalmente pienso que este mastodóntico astado salvaje de los bosques de Europa del Norte y la especie de lidia, son muy distintas. Pese a ello, la desaparición del uro en el año 1627 - fecha en en que se extinguieron de Alemania-, nos puede ayudar a explicarnos la manutención y conservación del toro de lidia en nuestras tierras. Bóvido fiero que de forma distinta se habría cuidado silvestre en los campos y que no se erradica por ser para los campos útil -en su guarda- y porque los españoles gustaban "jugar con ellos" y cazarlos (tal como diversos documentos manifiestan). No sucediendo igual con el uro, que siendo inútil y peligroso; los centroeuropeos en el siglo XVII deciden suprimirlos, acabando con ellos y con el peligro que presentaban.
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Muy por el contrario, en España pocos años después de estas fechas en que se erradica el toro alemán silvestre, se comienza a criar de forma controlada el ibero; conservando especialmente la bravura de aquellos ejemplares salvajes que aún habitaban en nuestros campos. Un hecho que quizás no solo proceda de la encastación y del deseo de que cada vez fueran más bravos (para poder lidiarlos mejor); sino también de las posibles noticias de la desaparición del uro del Norte. Que para quienes eran amantes de la caza del toro salvaje en campo abierto -como ocurría entre los reyes y nobles- pudo motivar a su manutención, deseando que no sucediera lo mismo con estos astados españoles. Ello explicaría que poco después de la extinción del "bos" uro en Centroeuropa, uno de los más adinerados súbditos hispanos (el conde del Corral -posteriormente llamado de la Corte-) estableció una cañada de bóvidos salvajes, de la cual proceden las mejores encastaciones. Oficio y cría del toro silvestre que siguieron las familias más nobles, como los Veragua (descendientes de Colón, quienes también conservaron en sus fincas el caballo del tipo español y árabe). Por cuanto hemos expuesto, consideramos y repetimos que el torito de lidia (de pequeño tamaño y gran corpulencia), no tiene mucho en común con el gigantesco bóvido alemán, de tipo glaciar y de casi dos metros hasta la cruz. Sino que se trataría de una raza que en mi opinión procedería de Anatolia o de Creta y Chipre -conforme se comprueba en las esculturas o pinturas de bueyes que estas civilizaciones realizan, durante el II milenio a.C.- (10) .
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ARRIBA: Moneda de Untikesken (As fechado hacia el siglo II a.C.) en el que vemos un toro en posición de embestida. Esta postura del bóvido ha llamado la atención de varios estudiosos de monedas, quienes observan que es pòco normal en el Mediterráneo, siendo común la de las reses paradas. Cesáreo Sanz de Egaña menciona en el trajajo repetidamenre referido, los estudios de Vives quien advirtió de esta rara pose del toro en la numismática ibérica. Ello, junto a las figuras astrales con las que repetidamente se representa al bóvido en la moneda prerromana hispana, obliga a pensar en el carácter deificado que relacionaba su embiste y ataque con los dioses de la guerra y del Universo (como un Marte ibérico).
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ABAJO: Maravilloso y famosísimo riton (vaso ritual) con foma de toro, procedente de las cercanías del Palacio de Cnossos y fechado entre los años 1550 al 1500 a.C. (propiedad del Museo de Heraklion al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). Como venimos diciendo, la tipología de estos toros cretenses es exactamente igual a la de los morlacos de lidia españoles; es más su tamaño y proporciones -tal como reflejan algunas pinturas-, demuestran su similitud con los astados bravos de hoy en día. Toros que habrían sido seleccionado genéticamente por su bravura y también por tamaño, habida cuenta de que si se trata de un gran animal no es posible dominarlo con el engaño del hombre (tal como aún sucede en las plazas, donde al salir un ejemplar de los que se denominan "mastodontes", la faena no puede llevarse a cabo).
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Nuestra teoría acerca del uso y significado de es estos bóvidos salvajes, es la de que defendían con ellos las ciudades-palacios y las islas en la Edad del Bronce. Sistema de protección muy factible bastando para montarlo un simple método de crear callejuelas, talanqueras y burladeros (en las zonas de costa o dentro de las urbes). Caminos campestres vallados, que en caso de "visitas no deseadas" eran se abiertos, obligando a huir al enemigo. Tanto como recovecos y vías estrechísimas dentro de las poblaciones, que en el supuesto invasión o asedio permitían soltar toros y huir a quienes conocían sus calles, valíendose de las talaqueras y "burladeros" creados para este fin (mientras los ajenos quedarían atrapados en esos laberintos, plenos de toros bravos).

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Sería esta la razón de la complejisima construcción de las ciudades minóicas en forma laberíntica. Con un modelo de defensa similar al que muchos barrios han usado hasta época moderna; en el que a través de pequeñas callejuelas y túneles, en caso de asedio ese urbanismo impedía entrar carros, tanto como al ejército enemigo en masa; permitiendo la escapada o la emboscada a quienes conocían la ciudad. Por lo demás, todo ello explicaría no solo el extraño urbanismo de las villas-palacios minoicas, con las formas del Laberinto; sinó igualmente la inexistencia de murallas en estas urbes de Creta, pobladísimas y que sin temor a extraños situaban junto a la costa. 


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B- SIGNIFICADO Y USO DEL TORO EN LA IBERIA ANTIGUA (algunos ejemplos)
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Expuestas las razones que nos llevan a pensar que el toro ha sido mantenido bravo por ser animal utilísimo en la Península Ibérica. Teoría propia que baso en que con aquellos astados podían crear un sistema de cuidadado y defensivo, que pudo establecerse por todo el litoral evitando invasiones. Algo que impediría llegar a colonizadores con intenciones expansionistas, habida cuenta que para los mediterráneos Iberia era como una isla (tal como menciona Estrabón que se refiere a su forma de piel de toro y a su geografía que la asemeja a un islote -tan solo unido con Europa por los Pirineos-). Recogeremos algunos casos de deificación de estos astados en el Mundo antiguo ibero, con el fin de poder comprender mejor el significado que este bos salvaje tuvo entre los habitantes prerromanos de nuestra tierra. Uniendo todo ello con las posibles derivaciones y ramificaciones que las religiones frigias quizás hayan dejado en las costumbres taurinas hispanas.
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Unos usos nacidos de la veneración al toro salvaje; adoración y cultos que desde hace unos cuarenta años muchos consideran procedentes de las tierras que hoy son Turquía. Expresándose sobre ello del siguiente modo Carlos Fernández Truhán en su magnífico trabajo acerca de los orígenes del culto al toro: "tras los hallazgos en las excavaciones de Mellaart en la región de Anatolia (Turquía), concretamente en Catal Hüyük, en donde se encontraron santuarios decorados con numerosas cabezas de toro y cuernos, que estaban ´relacionados con la Diosa Madre representada de forma antropomorfa y con su hijo o consorte como cabeza de toro` (Blanco Freijeiro, 1972, 24) comenzó a considerarse la Anatolia como el núcleo originario de este culto taurino" (11) . Adoración al astado que habría desembocado en las costumbres frigias y en las religiones anatólicas que consideraban la sangre del bóvido como fuente de riqueza y de bondad. Consecuentemente a ello y exponiendo lo que significaba en el frigianismo el toro, nos dice Rafael Carvajal:
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"Los «Taurobolios» o cultos a la diosa Cibeles, la Magna Mater Deorum Idea romana se extienden no sólo por el Mediterráneo, sino que llega hasta Lusitania. El rito consistía en la purificación del iniciado, que recibía la sangre de un toro inmolado sobre él a través de un enrejillado que cubría el hoyo al que descendía para la ceremonia. Tal purificación se practicaba con toros mansos, conducidos al sacrificio pacíficamente y adornados de flores, acompañados de los sacrificadores que portaban al hombro los instrumentos para el sacrificio (...) Menéndez Pelayo recrea esta ceremonia copiando los versos del poeta Prudencio: …«El iniciado recibía la sangre de un toro inmolado sobre él, y absorbía ávidamente aquellas gotas por la nariz, por las orejas, por las mejillas y por los labios, humedeciendo la lengua y manchando los vestidos con el rojo y horrible líquido. Cuando después de tal aspersión se mostraba a la muchedumbre, todos le saludaban y veneraban, por haberse purificado de sus faltas en la horrible caverna expiatoria»." (12).

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Para comprender el significado y las razones de estos ritos, sugerimos al lector consultar nuestras entradas precedentes en las que hallará respuesta a la complejidad de los cultos frigios (13) . Basados en unas religiones de adoración a la diosa madre (Cibeles), cuyos sacrificios eran terriblemente sangrientos. Inmolaciones que tenían como fundamentales ofrendas la flagelación (infligiéndose tortura propia, para que brotase la sangre del cuerpo); la atomutilación de miembros y la castración -principalmente entre los sacerdotes, cuya eviración era indispensable para el culto a Cibeles-. Siendo la otra religión que los frigios exportaron al Mediterráneo, la mitráica; que veneraba al dios que capturaba con su fuerza al toro y lo mataba a cuchillo en el interior de la cueva -logrando de ese modo el nuevo amanecer o el renacer del Sol-. Cultos basados en la sangre, la sexualidad y la fertilidad que explican por qué en las representaciones de bóvidos en las civilizaciones influidas por el frigianismo, se muestran los testículos del astado de manera muy llamativa.
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Algo que a profesores como Sanz Mínguez y Romero Carnicero (del "Centro de estudios Vacceos" en Pintia) destacan, expresando la prominencia de aquellas turmas entre las figuras de bóvido iberas. Sexo del toro que como símbolo de salud y virilidad se ha "venerado" entre los españoles hasta no hace mucho (incluso a dia de hoy). Puesto que en varias de sus más arraigadas y ancestrales fiestas -como el Toro de Coria o el de Tordesillas-, existe la "ceremonia" de cortar las turmas al toro, mostrarlas con orgullo e invitar a los amigos a degustar el plato de criadillas que regala a sus conocidos, aquel que se ha atrevido a quitárselas primero... . De un igual modo, los hispanos comían estos "apéndices" del toro con fines terapéuticos y para sanar la impotencia; costumbre y creencia tan arraigada que el mismo Fernando el Católico muere de indigestión tras haber degustado varios platos de criadillas de los que habían matado en las fiestas que las gentes celebraban; durante los días que visitaba de Arenas de San Pedro (degustación que no se debía a un simple capricho gastronómico, sinó a la receta de sus médicos que se lo recomendaron para ser fértil y tener más hijos a su avanzada edad).
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Pero regresando al frigianismo y a sus sanguinolentos sacrificios, diremos que el sentido de estas creencias se basaba practicamente en los cultos ctónicos, cuyos orígenes partían del pensamiento de existencia de fuerzas telúricas que relacionaban la extracción y el hallazgo del mineral, con la acción de sembrar y recoger las cosechas. Todo lo que unía el sacrificio animal a las labores del campo; concibiendo el agua que regaba, como la sangre que brotaba trás la imolación de las víctimas propiciatorias (fueran humanas o bóvidas). Al igual que el corte necesario para dar muerte al astado, matar o mutilar al infortunado voluntario; se relacionaba con la acción de la siega y poda de los vegetales -para lograr su cosecha-. Siendo asimismo concebidos los minerales preciosos nacidos desde piedras aerolítoicas, como la simiente que enviaban los planetas. Trozos del cielo que en forma de meteoritos caían y semillaban el terreno, haciendo surgir las vetas de oro (solar), plata (lunar), hierro (de Marte) y etc.. Por cuanto la sangre de toro de Mitra o la del mismo fiel de Cibeles, se consideraba simiente de fertilidad y agua de regadío que precisaban estos dioses ctónicos. Deidades telúricas y que por ello se veneraban en la forma de un mineral venido del cosmos (la Kybeles adorada en la piedra negra); en el de una roca como la de Attis (cipo que le castraba y en el que vivía en su tumba pétrea) o bien como un hombre sacrificando al bóvido, dentro de la cueva; buey que regaba y regalaba su fertilidad, con la sangre que durante su inmolación manaba.
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ARRIBA:
Thymiaterion (o quemaperfumes) de Safara (Záfara), perteneciente al Museo de Muora -Nacional de Arqueología en Portugal- al que agradecemos nos permita divulgar su imagen. Precioso bronce tartessio hallado en esta localidad lusa y fechado en el Periodo Orientalizante (cercano al siglo VII a.C.); es un ejemplo más de las representaciones de bóvidos sagrados en nuestra península. Se observa sobre aquel un torito sedente, en postura típica de los bravos, de fisionomía ibérica y de cuerna veleta. Astado que adorna el extremo del lampadario en el que se halla el habitáculo para quemar los perfumes (inciensos o hierbas rituales). Bajo aquella zona y ya en el fuste del Thymiaterion, vemos otro adorno que denomina como "gallolas o engallonadas", que se asemaja a una flor.
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Forma de "granada abierta" que como hemos estudiado en anteriores entradas, es en mi opinión el símbolo de los enteógenos utilizados en ceremonias ctónicas y representa claramente una cabeza de adormidera. Planta de la que antiguamente extraían el opio, que muchos consumían a diario tras haber pasado años en las milicias -donde se suministrarían estos narcóticos con el fin de que entrasen en lucha sin miedos, y sobre todo para evitar los dolores; sobrellevando así la terrible vida que por entonces era la de la milicia (para comprender cuanto exponemos consultar cita (14)) -. Tal como dijimos, estos rituales y símbolos son claramente frigios y pertenecen a las religiones que se basaban en el culto a Cibeles, nacidos de la Kubaba neohitita; diosa neohitita de la que descubrimos portaba una adormidera en su pecho. 

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Por su parte, el sacrificio de toro que ha de matar Mithra, es un rito que se impone en la religión que tras el siglo X a.C. se extendió en en Anatolia (el zoroastrismo); pese a que procede de creencias que milenios antes habían poblado las costumbres de esta Penísula (hoy Turquía y donde estuvo Frigia). Todo cuanto planteamos nos hace sospechar que los cultos introducidos en la Península Ibérica antes del siglo VIII a.C. y que se muestran en el timiaterio que vemos; se originan seguramente de las civilizaciones que mencionamos. Culturas cuyos centros marítimos (o ciudades marineras) estaban en las costas de la actual Turquía, en sus islas, o en Creta y Chipre -desde donde a mi entender llegaron a Iberia-.

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ABAJO:
Parte trasera de uno de los toritos llamados de Guisando, en El Tiemblo -Avila-, estatuas graníticas de tamaño practicamente natural, perteneciente a las representaciones de estos animales que los celtíberos vettones realizan en su territorio entre los siglos VI al I a.C.. Podemos apreciar en la imagen la prominencia de sus testículos, algo que llama la atención a muchos arqueólogos extranjeros y sobre lo que inciden profesores como Sanz Mínguez, o Romero Carnicero. Puesto que ambos arqueólogos son de origen castellano -coordinan el Centro de Estudios Vacceos-, y saben el significado cultural y social de aquellas turmas de "buey" en la Antigüedad. Ya que en primer lugar nos indica que no es ganado de estabulación ni de carne (que se castra); lo que supone que se trata de un toro de campo o salvaje. Por lo demás, cualquiera que conozca de algún modo el mundo de la tauromaquia, sabrá la relación existente entre edad y tamaño del sexo del bóvido (por lo que a mayores testículos más bravura, peligro y años tiene el morlaco). Un hecho del que ha surgido la frase tan hispana de "tener o no tener C." y que procede de esta circunstancia tan común en los herbívoros cornúpetas que a más atributos sexuales, más pitones y agresividad suelen contener. Tanto es así que en el caso de los cérvidos que desmogan (cambian su cuerna anualmente) si son castrados no les vuelven a salir astas, quedando como las hembras.
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Todo ello de seguro llevó a la identificación de masculinidad con sexo en las culturas antiguas; al igual que a la asimiliación de los testículos con la valentía. De un mismo modo, hechos como el mencionado de la regeneración de cuerna -que no se produce en caso de castrar al cérvido-; creemos que hizo unir las astas a las mejores cualidades del hombre. Apareciendo así deidades como el Cernunos celta; dios cornudo que simbolizaba la fertilidad, la creación, el valor, la protección y hasta la bondad. Por identificarse en la Antigüedad los mejores con aquellos que daban su vida en la guerra, o con los que protegían al grupo. Cuyos atributos se repersentaban en los sexuales y se simbolizaban en las cuernas. Pitones que lucían en sus cabeza y cascos estos pueblos de origen caucásico que adoraban al toro; entre los que se hallaban los celtas, los anatólicos y los tartéssicos. Pobladores de la más antigua Iberia a los que vemos representados luciendo enormes cuernos de toros, en sus cascos de guerrero; ya en la Primera Edad de Hierro (tal comos e aprecia en multitud de estelas tartéssicas).
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a) La evidencia celtibérica: Figuras de toros y verracos entre los vettones.
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Comprendido ya el significado de muchos de los ritos del toro, animal que se identificaba con la propia tierra y cuya leche materna nutría a la humanidad; del mismo modo que la sangre del macho sacrificado símbolizaba la fertilidad, o la protección en la lucha y la guerra. Pasamos a ver algunos ejemplos de este totem entre los íberos, tal como han sido estudiados por infinidad de investigadores. Comenzando por aquellos que en la imagen superior hemos visto en Guisando, que lucían unas prominentes turmas. Siendo estos los llamados "verracos" vettones; toritos y/o cerdos, que esculpieron los habitantes de las zonas que esta tribu ibera dominaba. Territorio que comprendía las provincias de Zamora, Salamanca, Cáceres, Ávila, Norte de Toledo y parte de Segovia o Burgos (junto a zonas fronterizas de Portugal en Tras-Os Montes y Douro). Un área que todavía hoy es dehesa de cerdos y de toros bravos; cuya afición de sus gentes al toreo, tanto como a las costumbres de la matanza del cochino, deja claro que el atavismo arqueológico que reclamamos no es una hipótesis nacida de nuestra imaginación (sino un hecho cultural plenamente demostrable).
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Sobre la estatuaria vettona, López Monteagudo (1989) ha catalogado unas doscientas figuras de esos verracos, fechadas desde el VI al I a.C.; de las que veinticinco llevan inscripciones latinas -tan solo-. Leyendas por las que creen poder saber (o intuir) su uso, dado que en las mencionadas inscripciones se contienen fundamentalmente antropónimos y gentilicios (ibéricos o latinos). Apareciendo comunmente nombres y dedicaciones que familiares mandan tallar en memoria de un difunto; de lo que se deduce que su utilización fue semejante a la de una estela. Por su parte, algunos otros -como los verracos de Martinherrero (pueblo donde fueron hallados cuatro)-; pertenecen a un conjunto funerario, conteneniendo unos bloques contiguos, en los que están incisos "canalitos" que conducen hasta cazoletas. Cazuelas, bloques y estatuas de granito, donde se han encontrado huesos de difuntos; todo lo que obliga a suponer que se libada sobre aquellos toritos de piedra, tras las cremaciones. Siendo la cronología de los mencionados verracos de Martínherrero cercana a los siglos III al II a.C.; denominándolos Blázquez "monumento funerario de tipo Cupae" y describiendo su uso como altar para rituales de difuntos. Otros muchos hallazgos de estos toritos vettones están relacionados con ambientes funerarios, aunque no hay que dejar de pensar que tuvieran muy ditintas funciones y hasta algunos usos hoy desconocidos. Destacando entre aquellos que pudieron tener utilidad diferente algunos como por ejemplo los encontrados en Ulaca y Las Cogotas; que se relacionarían más con santuarios solares y de observación -tal como vemos en los yacimientos de esos picos de Ávila- (16) .
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Más adelante y en próximas entradas volveremos a tratar sobre estos toros de tipo vettón, de los que hemos de concluir su uso era preferentemente funerario; actuando con seguridad las estatuas graníticas que representaban bóvidos o verracos, como protectores de los difuntos. Todo lo que nos lleva a relacionarlos con el cuidado de los hombres vivos entre las gentes iberas, que en mi opinión se hacían guardar con manadas de toros (conservados o sueltos en las cercanías de las ciudades). Consecuentemente serían totems que reflejan la protección y la fuerza, mostrada en los testículos; no representándose aquellos animales simplemente como vacas o bueyes (que tanto aparecen en otras culturas, adoradoras del astado por entregarles su carne y su leche -no por su bravura-).
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De tal manera, parece evidente que el toro no solo ofrecía al hombre ibero su proteina y su alimento, sinó igualmente la fuerza, la lucha y la custodia de sus tierras. Hechos que explican por qué el bos ibérico y el jabalí fueron los dos grandes símbolos de la pelea para los habitantes prerromanos peninsulares (al igual que entre los egeos); tanto que consideraban su sangre como bien preciado, concediendo los mayores beneficios al que la bebía. Hecho este por el cual seguramente muchos pueblos de Iberia, comunmente representan al bóvido junto a verracos (luchando o cazado). Siendo el jabalí el otro totem ibero del bosque más idealizado (como sucede con los verracos, de los que no sabemos en ocasiones si son toros o cerdos), habida cuenta que al entrar en pelea llegan a cegarse y mueren antes que cesar en el ataque -lo que explicaría que en el conocido Vaso de Liria figuren jabalíes apreados, junto a la caza del toro-.
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Para finalizar este breve repaso sobre el significado de los verracos y toritos vettones, comentaremos algunas opiniones acerca de los ritos del toro en la Iberia Antigua. Que Fernández Truhán cree nacen en El Argar; -citando a Déchelette literalmente, escribiendo-: "En cuanto a los hallazgos sobre el culto al toro en nuestra región, se aprecian muestras de este origen en la cultura del Argar (Almería) durante la edad del bronce, como los restos de dos bancos adosados en un muro coronado cada uno de ellos por dos conos votivos, que el arqueólogo Déchelette los ha identificado como un altar al estilo cretense o de Anatolia, lo que certificaría la existencia en esta zona de un culto al toro." (17) . Fechando claramente en plena Edad del Bronce hispano (hacia el siglo XV a.C.) ya los primeros templos y lugares en los que se adoraba al bóvido silvestre, de una forma parecida a como se hacía en Anatolia, en el Egeo o sus islas. Pudiéndose quizás imaginar o suponer que seguramente fue en este tiempo cuando desde Creta, Chipre o Asia Menor, trajeron los primeros ejemplares de lo que sería más tarde el "bos ibero"; un torito bravo similar al minoico y que daría origen al nuestro de lidia.
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Pese a cuanto exponemos que Déchelette manifiesta y que concuerda nuestra hipótesis; otros autores prefieren unir estos rituales del bóvido con épocas más ancestrales, enlazándolos con las etapas de los "abrigos" y la cuevas neolíticas. Este es el caso de Blázquez, quien menciona la importancia del toro en todas las pinturas levantinas. Comentando que ya entonces (hace seis u ocho mil años) tuvo que haber rebaños y una fuente económica basada en estos bóvidos que representaban en las paredes -para cuanto cita los estudios de Jordá en 1978 y 1985- (18) . Aunque por su parte, la enciclopédica obra de Cossio "Los Toros", menciona a Hubner y afirma que los del buey son cultos indígenas nacidos en de la Edad de Bronce (en especial los de Baleares). Citando posteriormente a Pierre Paris quien escribe sobre las esculturas de toros como los de Costixt que: "La influencia griega que hay en ellos no es del arte arcaico sino del primitivo de Micenas (...) Este mismo culto debió de existir en Cerdeña que era la estación de paso entre ambas culturas y donde se han encontrado cabezas parecidas" (se refiere a las de Baleares) (19) . Viéndose así que no somos el primero que cree y afirma que estas religiones y costumbres taurinas proceden del Egeo y del Oriente Mediterráneo. Pero para ampliar más los conceptos acerca de la importancia del toro en la cultura ibérica y sobre los posibles orígenes frigios de su veneración, vamos a recoger algunos ejemplos más de su culto durante la etapa prerromana.
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SOBRE ESTAS LÍNEAS:
Estela tartéssica de Majadahonda, hallada en Cabeza de Buey , propiedad del Museo Arqueológico de Badajoz -al que agradecemos nos permita divulgar la imagen- . Hemos marcado en rojo las dos figuras de guerrero que lucen grandes cuernos en sus cascos; astas que como hemos explicado (y comunmente es sabido) representan la virilidad, la fiereza y el valor. Pese a ello, el tamaño de pitones que lucen estos ibero-tartessios en sus cascos, nos hace suponer que aquellos cuernos eran más un atributo y un adorno, que un objeto de uso bélico. Ello porque se hace imposible pensar que nadie entrase en batalla luciendo semejante "tocado", que tan solo serviría para desequilibrarse o para ser punto y blanco del enemigo. De cuanto decimos, hemos de suponer que aquellos cascos así adornados serían semejantes a las coronas o a los penachos de los yelmos medievales. Una idea que nos explica el origen de la misma voz "corona", cuya etimología se halla en la palabra indoeuropea "KER" (que significa "cabeza", "penacho" y "cuerno" = "kern", "horn"). En próximas entradas hablaremos sobre estas estelas tartéssias, fechadas en la Primera Edad del Hierro -o en el Bajo Bronce-; de las que se han hallado cientos, fundamentalmente en zonas cercanas a Badajoz y Cáceres (aunque llegan a aparecer en lugares tan lejanos como el Pirineo).
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BAJO ESTE PÁRRAFO: La famosa y desaparecida Estela de Clunia, mencionada y dibujada por Loperraez; en recreación propia desde dibujo de aquel autor. A continuación tratamos sobre esta pieza ibérica que el erudito y sabio estudioso de la Historia Loperráez pudo recoger fidedignamente antes de que su propietario la destuyera, al usarla como tapa de un horno (motivo por cual que se meteorizó).
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b) La estela de Clunia:
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Se trata de una pieza de suma importancia, puesto que nos ilustra acerca del uso y costumbres ibéricas taurinas; dado que representa la figura de un bovino sin castrar, que se halla junto a un guerrero (dispuesto para a luchar). Toro que a todas luces es un bravo (pues de lo contrario ningún hombre necesitaría de escudo y espada); siendo aquella una importante escena que se completa con una inscripción leida por Gómez-Moreno como NURUCA AIAU. Por fortuna, la leyenda en idioma ibero que aparece allí escrita, atestigua que lo que el autor del dibujo recogió (antes de que la piedra se destruyera), es absolutamente fidedigno y auténtico. Ello porque cuando Loperraez la pinta (en 1775) el alfabeto ibérico ni se había descifrado y ni apenas se conocía. De lo que aquellos caracteres alfasilábicos, de no haberse copiado de manera exacta por Loperraez (o de haberse inventado) delatarían la falsedad del modelo dibujado. Por todo ello; el hecho narrado no deja dudas sobre la veracidad de la estela y de su procedencia e historia -pieza para cuyo estudio nos serviremos entre otras, de las aportaciones que sobre aquella da Lázaro Echegaray en su obra "Clunia: Tras la estela de Loperraez"- (20).
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El referido Echegaray, comienza narrando la historia de la perdida piedra que procedía de algún yacimiento próximo a Coruña del Conde (Burgos), del siguiente modo: "Corría el siglo XVIII cuando un monje de los alrededores encontró allí, entre los restos de edificaciones, una estela de piedra en la que aparecía grabado un guerrero, armado con daga y rodela, que se encontraba en situación de citar al toro que tenía en frente. Una palabra completaba la escena tallada: los historiadores la han traducido como "El toreador" o "El que se enfrenta a los toros" (21) . De manera similar Cossío en su tomo IV de "Los Toros" (22) habla de la Estela refiriéndose a su descubrimiento y valor, comenzando por narrar la historia de su hallazgo y perdida que Juan Bautista Erro y Aspiroz recoge en 1806, en su libro sobre el alfabeto ibérico (ALFABETO DE LA LENGUA PRIMITIVA DE ESPAÑA Y EXPLICACIÓN DE SUS MÁS ANTIGUOS MONUMENTOS Y MEDALLAS). Donde este autor escribe como el 28 de Julio de 1774, mientras reparaban la capilla de la iglesia mayor Peñalba (sita cerca de Clunia), fue encontrada entre los sillares. Haciéndose con ella el sacerdote del lugar, al parecer le fue solicitada por José Loperráez y Corbalán varias veces; quien al ver que no se la entregaban mientras la utilizaban de manera que podía destruirse, la recogió en un dibujo que posteriormente publicó (23) .
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Como es de suponer, el hecho de que en la desaparecida estela figurase un guerrero con actitudes "toreriles", suscitó múltiples dudas posteriores. Tanto que hubo una parte de expertos que consideraron el dibujo de Loperráez una recreación o imaginación, surgida de ensoñaciones etnográficas producto de las ideas de la Ilustración. Ello sucede hasta que Manuel Gómez-Moreno hacia 1920 define completamente el alfasilabario ibérico, viéndose entonces que la inscripción que allí aparecía era absolutamente real y auténtica. Hecho este que obligó a pensar que todo su dibujo era real y fidedigno, por lo que aquella deaparecida estela pasó a pertenecer a la documentación arqueológica de la Iberia Antigua. Por su parte, en ella leyó don Manuel Gómez-Moreno, NURUCA AIAU; interpretación que pedimos perdón por corregir. Ya que pidiendo disculpas por contariar a tan ilustre sabio; a mi juicio creo que debiera ser leida como "NURU", "KAR", "IAU". No es este el momento de analizarla, pues tenemos otro blog dedicado precisamente a los textos ibéricos (24) , aunque deseríamos incluir la idea de que la palabra "KAR" es una de las más usadas en las inscripciones ibéricas, tratándose de una voz de "hospitium", típica de las teseras de hospitalidad. Vocablo que muchos traducen por "querido" (como el latín "caro") y otros como "aliado" o "amigo", siendo a mi parecer esta la palabra que estaba inscrita en la estela de Clunia, en la que pondría en mi opinión: NURU, KAR, IAU (Nuru, amigo, aliado -de- iau) (25).
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Muy curiosas son las conclusiones de Echegaray acerca de esta estela de la que escribe: "A mí modo de ver, el de Clunia es documento de singular importancia y aporta datos reveladores sobre los inicios del toreo, destruye las teorías de influencia romana y griega y genera aperturas para ver el toreo como un elemento típicamente peninsular (independientemente de la importancia del trato y el juego con el toro en el resto del Mediterráneo) y autóctono de Iberia. Lo que contribuye a entender el toreo como elemento cultural y etnográfico. Además es un indicativo de los distintos cambios que ha tenido en la Península el trato con el toro pues ya en la estela se muestra el toreo como acción guerrera o como parte del entrenamiento militar" (Pag 1) (...) "lo que ya implica una técnica y un modo de trabajar. En ese momento el trato con el toro ha dejado de ser religioso. Por otro lado, el hecho de que aquella sociedad decidiera representar la escena significa que ya el acto tenía importancia en ella e incluso que había gente observándolo" (26) . Unas afirmaciones que no dejan de tener su sentido y que en sí mismas contienen algunas verdades que no todos nos atervemos a escribir (por no ser juzgados de fantasiosos). Ya que parece cierto que viendo aquella escena en la que un guerrero con espada y escudo se enfrenta a un toro, no solo nos evoca la tauromaquia sinó que nos recuerda gran parte de la mitología mediterránea relacionada con las astados bravos (como por ejemplo, a Teseo y el Minotauro).
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Finalmente añadiremos lo que incluye para terminar el mismo autor, comentando el estado de los hallazgos y excavaciones de Coruña del Conde, escribiendo: Los trabajos de prospección que en "Clunia continúan y que los nuevos descubrimientos aportan nuevos y reveladores datos sobre esa sociedad. Al encontrar el anfiteatro se observa que se elimina de él la escena y se llega a la conclusión de que los ciudadanos de Clunia no sentían pasión por el teatro. Incluso llama la atención que no hubieran construido un teatro nuevo, sino que se contentaran con aprovechar el antiguo. La deducción de los arqueólogos es que la ciudad prefería utilizarlo para el trato con las fieras y otros combates. Desde éste momento, a mi modo de ver, la descripción que Lopezraez hace de la estela empieza a tener importancia. La historia nos hace saber que en terrenos cercanos a Clunia, ahora en Soria, en los retos de lo que fue Tiermes, también poblado íbero, aparecieron allá por los cuarenta, vestigios de otro anfiteatro, posiblemente destinado a sacrificios de bestias. En la escena de Tiermes se encontraron restos de cuernos, de fuegos y de armas punzantes. La presencia del fuego nos lleva a pensar que allí el trato con el toro respondía al sacrificio. Pero mientras no haya investigaciones todo es suposición" (27) .
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SOBRE ESTAS LINEAS: De nuevo un detalle del caldero de plata cimbrio de Gusdestrup, perteneciente a esta cultura celta de Dinamarca, fechado entre los siglos III al I a.C. -propiedad del Museo Nacional de Copenhagen, al que agradecemos nos permita divulgar la imagen-. Habíamos citado en nuestra anterior entrada la frase de Julio César quien explicaba la manera en que los indoeuropeos se ejercitaban con la caza del uro, como deporte y ritual. Diciéndonos textualmente el emperador en la "Guerra de las Galias": Los uros "vienen a ser algo menores que los elefantes; la catadura, el color, la figura de toros, siendo grande su bravura y ligereza. Sea hombre o bestia, en avistando el bulto, se tiran a él. Mátanlos cogiéndolos en hoyos con trampas -los celtas-. Con tal afán se curten los jóvenes, siendo este género de caza su principal ejercicio; los que hubiesen muerto más de éstos, presentando por prueba los cuernos al público, reciben grandes aplausos. Pero no es posible domesticar -los uros- ni amansarlos, aunque los cacen de chiquitos. La grandeza, figura y encaje de sus cuernos se diferencia mucho de los de nuestros bueyes. Recogidos con diligencia -aquellos trofeos-, los guarnecen de plata, y les sirven de copas en los más espléndidos banquetes(28)
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Como venimos diciendo, creo personalmente que es este uno de los orígenes de la tauromaquia; pese a que la caza no es toreo propiamente, habida cuenta de que el torero burla y puede a la bestia con el engaño y sin armas. Pese a ello, el carácter indoeuropeo del celtíbero que habitaba la meseta peninsular, me hace pensar que lo representado en la estela de Clunia es una caza celta del toro (más que una tauromaquia). Habida cuenta de que el guerrero va armado y escudado; en una escena que quizás fuera la que se presentaba en estos anfiteatros o graderíos iberos -como los de Tiermes (Termancia, en Soria) y Clunia (Coruña del Conde, en Burgos)-. Donde la arqueología moderna ha hallado restos de estas luchas de fieras o de espectáculos de pelea entre hombres y toros; que los investigadores creen tenía un carácter ritual y no circense. Siendo esos graderíos prerromanos de nuestras tierras muy anteriores a la extensión y moda del circo en Roma, de los que separan casi dos siglos (tanto que hay autores que consideran que los latinos tomaron esta costumbre de escenificar la lucha del toro con el hombre, en Iberia).


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ABAJO: "Escalones del anfiteatro" de Termancia (Liceras de Tiermes, en Soria). Muy cercana a Clunia, de la que dista apenas cincuenta kilómetros, tiene esta ciudad un escalonado "circo-templo" prerromano dedicado a escenifcar la muerte del toro. Se considera la "primera plaza taurina" de la Península y los autores que la han estudiado concluyen que el carácter se sus representaciones no era circense sino ritual o religioso. Algo que concuerda con el santuario solar que se sitúa muy próximo a estas gradas. A continuación hablamos sobre el "anfiteatro" de Termancia.
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c) El graderío de Termancia:
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Tal como decimos, es teoría admitida que en las gradas de Tiermes (al igual que en la "escena" de Clunia) se representaban estas luchas armadas entre el toro y el hombre. Lo que se sustentaría iconograficamente por el hallazgo de la estela estudiada en los primeros párrafos (la desaparecida de Clunia), junto a otra más recientemente encontrada en las cercanías de ese yacimiento (que bajo estos párrafos también recogemos en imagen). Estela esta que actualmente exhibe el Museo Arqueológico de Burgos y en la que vemos claramente en uno de sus lados a un guerrero armado de lanza, mientras en su reverso se representa un toro entero (se observan sus testículos) que es cazado por un perro -situado sobre aquel bóvido y haciendo presa en su lomo-. Imagen que concuerda enormemente con la del Caldero de Gundestrup que vimos arriba y con la cita de Julio César, quien nos decía que uno de los grandes "ejercicios" sagrados para los indoeuropeos era la actividad cinegética contra el toro gigante y salvaje. Todo lo que nos lleva a concluir que tanto en la estela perdida de Clunia, como en la existente en el Museo de Burgos (que procede igualmente de las proximidades de este yacimiento), representarían esas cazas del Uro-Toro. Para la que los celtas se valían de perros preparados con ese fin (concretamente del llamado Alano, que se dice fue creado para atacar a bóvidos salvajes y para la guerra).
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Siendo este "deporte" que hemos mencionado, el que quizás se escenificaba más a menudo en Termancia y del que disfrutarían aquellos que sabemos se sentaban en el graderío de la ciudad que hoy está junto a Liceras de Tiermes (en Soria). Anfiteatro y urbe ibera de la que Rafael Carvajal Ramos nos comenta que las fuentes clásicas manifestaban que los ciudadanos de esta ciudad y lugar habían introducido y creado por primera vez los sacrificios (un hecho curioso e insólito que quizás se refiera a la primera escena de circo-templo). Siguiendo narrando el autor lo siguiente, sobre aquellas "escalinatas sagradas" donde los iberos tomaban asiento para ver "espectáculos rituales":
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"El templo hallado, excavado en un cerro de piedra arenisca, tiene las graderías para el público en forma de arco, cuya cuerda mide 60 m de longitud. Sólo se han descubierto objetos ibéricos, como cuchillos y hachas victimarias, junto a las cornamentas ya anunciadas. Visto que Termes fue destruido por Tito Didio Nepote en el año 99 a.C. y que el primer anfiteatro permanente que se levantó en Roma (antes eran de madera y desmontables) fue en el campo de Marte en el año 30 a.C. (por Caio Estatilio Tauro ¿coincidencia del apellido?); todo nos lleva a deducir sin dificultad que los lugares públicos en donde se derramaba sangre, aunque fueran espectáculos de carácter religioso, son más antiguos en Iberia que en Roma, y que por ello, las plazas de toros usadas en España, no necesariamente son copia en origen del anfiteatro romano, pues el indígena era muy anterior" (29) .


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Por su parte Cossío, en el Tomo IV de su enciclopédica obra también se pronuncia en unos términos muy similares, acerca de esta "plaza" taurina de Tiermes (que así denomina en su página 788; de dónde Rafael Carvajal obtiene su "inspiración" para llegar a las conclusiones que antes recogíamos). Comentando Cossío primeramente que Estrabón narra como sacrificaban los de Termes en cada plenilunio, mientras que Valerio Máximo atribuye a los de esta ciudad ibérica la institución de los sacrificios (hecho ya mencionado) (30) . Circunstancia esta que considero se refiere a la posibilidad de que los iberos de Tiermes instituyeran el sacrifico escénico a modo de circo; es decir la inmolación del toro representada teatralmente con carácter místico, lo que sí se relacionaría con las corridas de toros actuales (pues a juicio de los investigadores ello no era realmente un simple espectáculo, sinó un rito ancestral que se pudo llevar a cabo como oficio religioso). Hablando posteriormente Cossío de los graderios de esta "plaza", que tienen unos 61 metros de largo, en arquitectura semicircular y construcción claramente prerromana; exponiendo sobre ello: "Ni un solo objeto romano se ha encontrado, aunque sí muchos ibéricos envueltos en cenizas. De ellos: Cuchillas, hachas victimarias y cuernos de toros, que servirían para el sacrificio de estos" (...) "Puede afirmarse que se trataba de un templo celtibérico, ya que tuvo que existir antes del 99 a.C." (31) .
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Menciona a continuación los estudios de Jose Ignacio Calvo sobre el recinto quien expone que es semejante a los anfiteatros y que: "es lícito deducir que en esos lugares donde se reunían -los iberos- para ver espectáculos públicos donde derramaban sangre, aunque fueran recintos religiosos, eran con estas características más antiguos en España que en Roma". (32). Lo que se justifica históricamente porque el primer anfiteatro que se levantara en Roma se fecha setenta y nueve años después de la destrucción de Termes. Todo lo que hace pensar en un espectáculo importado hasta el Lacio, puesto que antes del 30 a.C. los circos romanos eran desmontables y nunca fijos -considerando Cossío por su parte que no era un anfiteatro el de Termes, sinó más bien un lugar de reunión con fines religiosos (como hemos dicho)- (33) .
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Creyendo el autor de LOS TOROS, que existían muchos de estos templos entre los celtíberos; lugares en los que no se representarían escenas propiamente circenses, sinó que más bien serían recintos en los que se llevaba a cabo el culto a la inmolación del dios-toro (quizás influidos por religiones protoindoeuropeas y pre-mitráicas). Expresando que: "Los objetos hallados en este templo de Termes muestran claramente que era utilizado para el sacrificio sagrado del toro" (34). Lo que considera Cossío el precedente de la fiesta taurina, escribiendo a continuación: "No nos atrevemos a imaginar si la reacción de los fieles era el recogimiento y respeto o el estremecimiento casi histérico como aún hoy en las capeas de los pueblos o en las plazas de toros vemos (...) Lo cierto es que des bien pronto, el toro moría entre nosotros rodeado de una multitud congregada y siendo rito y centro de espectáculo, de todo el pueblo que holgadamente podía acomodarse en las gradas de Termes." (35) .
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Averso y reverso de la estela discoidea del siglo I d.C. hallada en las proximidades de Clunia, hoy propiedad del Museo Arqueológico de Burgos (al que agradecemos nos permita divulgar su imagen). Observemos en ella por un lado, el clásico jinete ibérico igual al existente en las figuras de la gran mayoría de las monedas prerromanas peninsulares. Mientras su reverso contiene un toro (entero, al que se le ven los testículos) apresado por un can, que se sube a su grupa. Claramente la escena -de un lado y otro- se corresponde a una lucha o caza del toro y hace pensar que la estela fuera hecha en memoria de algún ilustre noble ibero, que quizás murió practicando este arte o ceremonia que practicaban los celtas (¿y celtíberos?) consistente en enfrentarse al bóvido salvaje, ayudados de sus perros.
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Evidentemente la iconografía de esta estela burgalesa y la que antes hemos recogido del caldero de Grundestrup no deja lugar a dudas de que se trata de una práctica similar, aunque en la ibérica es posible que la caza se estuviera llevando a cabo en un recinto cerrado. Algo que nos atrevemos a observar puesto que bajo el toro vemos lo que parecen objetos artificiales, o unos mojones, que quizás refieran a un cercado o puerta. De ello, quizás esta tauromaquia o caza de la estela de Burgos se estuviera representando en los mencionados graderíos cercanos de Tiermes o Clunia. En los que se sabe se oficiaba la muerte ritual y pública del toro, sobre una arena. Por lo demás y como anécdota, pudiéramos considerar la figura de este jinete ibero que lucha con su caballo, perro y a golpe de lanza contra el bóvido; la del primer "rejoneador" (o lancero de bóvidos). -por cierto, obsérvese también la diferencia de tamaño entre el Uro mastodóntico que matan los celtas del caldero de Dinamarca, con el toro que ataca este perro, cuya talla es similar a la del actual del astado bravo-.

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d) EL Vaso de Liria:
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Esta pieza ya la hemos analizado extensamente en nuestra anterior entrada, en la que mostrábamos que se trataba de una representación de tauromaquia, junto a unos juegos fúnebres y escenas de doma de caballo -junto a la caza del jabalí (ver artículo previo a este)-. Pese a ello y por la importancia que tiene, vamos a volver a recogerla, divulgando más imágenes de esta preciosa crátera ibero-levantina. Fotos que agradecemos el Museo Arqueológico de Valencia nos permita mostrar y en las que se observan claramente las figuras de lucha con el buey, tanto como las de caza y doma a las que nos referimos. Acerca de las que el profesor Blázquez escribió: "En la pintura sobre un vaso ibérico de Liria cuatro hombres, dos armados con escudo, lanzas y falcatas, dos sin él, y con una especie de porras, se enfrentan a un toro de descomunal cuerna. La Península Ibérica, donde los anfiteatros eran numerosos, donde la pasión de los naturales por la caza, extraordinariamente abundante según las fuentes literarias confirmadas por la documentación arqueológica, estelas de Clunia..." (36) . Para continuar narrando la proliferación de objetos similares a este y de circos en los que se mostraría la natural afición o sacralización de la muerte ritual del toro, entre los íberos (37) .
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Nada más añadimos al análisis de esta crátera que han estudiado diversos investigadores y que ya habíamos analizado antes; sobre lo que repetimos he encontrado lo que creo son escenas de gladiadores (funerarias), junto a la de un toro llevado hasta un batán. Arenas de playa o marisma (de orilla en rio o pantano), donde se daba caza al bos silvestre; habida cuenta de que en ellas se hundía. Siendo así como comunmente se capturaba vivo el astado peligroso, al que empujaban hacia el batán arenoso, donde aprovechaban que el bóvido ya no podía andar al tener las patas metidas en los arenales. Así mientras las batía (de allí su nombre), se le daba caza, para llevarlo vivo a la ciudad o donde se quisiera utilizar el animal capturado -para celebrar ritos o para utilizarlo como guardían-. Un uso en la guerra y en la custodia de los campos y ciudades, que hemos deducido; teoría que a pesar de que muchos puedan pensar es algo imaginado, se trata de una hipótesis con base, tal como las citas y referencias históricas demuestran (algunas de las que continuación veremos).
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SOBRE Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Vaso de Liria; crátera edetana fechada hacia el siglo III a.C. propiedad del Museo De la Prehistoria de Valencia -al que agradecemos nos permita divulgar las imágenes-. En esta pieza ya vimos como se representan escenas de "tauromaquia", en las que unos iberos (armados tan solo de porras -clavas-) intentan atrapar a un toro en un batán arenisco).
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e) El toro como guardián y como arma de guerra:
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Mucho hemos reflexionado sobre los por qués de la manutención de una fiera tan peligrosa a lo largo de los siglos y en los campos abiertos. Animal que a primera vista nos puede resultar era tan inútil como peligroso para los antiguos; aunque en la Edad Moderna fuera utilizado con fines lúdicos. Pese a ello, hemos de plantearnos por qué en tiempos prerromanos no desapareció el "bos" salvaje, que por otro lado no se usaba tampoco en los anfiteatros romanos -al menos fuera de Hispania- (quizás por su peligrosidad, tal como manifiesta la inexistencia de exportaciones de toros desde Iberia a los circos de otras provincias). Esta idea y el hecho de que no se hubiera descastado nunca un animal tal "maligno", nos llevó a pensar que su uso no debió de ser tan solo cinegético, ya que de haber sido así es fácil pensar que por su agresividad lo hubieran tenido que erradicar pronto.
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Consecuentemente y reflexionando sobre qué utilidad pudo haber tenido esta fiera para ser tan cuidada y adorada por los iberos, nos surgió la idea que pronto pude comprobar: Ello es la de que fueron usados como guarda de los campos y como "arma" de guerra. Unos hechos de los que dan cuenta algunas fuentes antiguas de las que más adelante y en otras entradas trataremos. Pero algunas de cuyas citas hoy recogemos, a modo de final y en homenaje a ese genio que fuera Cossío, quien ya menciona este carácter bélico del toro. Consecuentemente, este autor nos da algunos datos cruciales en su obra, con los que podemos concluir que el toro fue utilizado en la guerra (y también en la custodia); usado belicamente por los iberos de un modo similar a como los cartagineses utilizaban los elefantes.
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Escribiendo Cossío que: "Polibio nos relata que en las campañas cartaginesas de Anibal, en los pasos de Falerno, los mercenarios iberos que le acompañaban emprearon dosmil o más toros con sarmientos encendidos en la cornamenta para romper la haces enemigas empujándoles hacia los desfiladeros por donde debían pasar sus tropas y abriéndose así camino. Tal estratagema dice Diodoro la emprearon en nuestra Península contra Amilcar en el desastre de Heliké, que costó la vida al caudillo cartaginés. El rey Orisson, que debía de serlo de los oretanos (...) lanzó, según el testimonio alegado, carros con bueyes que llevaban teas encendidas en las testuces. Se ha puesto en duda la veracidad de este recurso pero sabiendo que después fue utilizado por los iberos que acompañaban a Anibal no hay dundamento para negarlo. Tal acaecimiento sucedió en los años 229-228 a.C.. Siguiendo la opinión más común he supuesto que el Toro de Fuego de Medinaceli, que responde a una tradición simbólica y religiosa del equinocio de Otoño, pudiera ser recuerdo de esta estratagema guerrera." (38) .
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Refiriéndose el mismo autor a unos hechos semejantes sucedidos en el siglo XVI en tierras lusitanas, donde se sublevaron contra Felipe II utilizando toros como defensa. Lo se que recoge en "Los Toros" de Cossío del siguiente modo: En referencia de lo sucedido en las Islas Terceras, que narra el Padre Mariana; se sabe que mandó Felipe II cuatro navíos dado que estaban sublevadas y para defender a los habitantes de San Miguel. Pero los isleños de Las Terceras "instruidos por un fraile pusieron delante del primer escuadrón una tropa de toros feroces y habiéndolos agarrochado, los soltaron repentinamente contra los castellanos, a los cuales desordenaron y derrotaron con gran estrago y con tanta crueldad que no perdonaron a ninguno. Fueron muertos cuatrocientos y los portugueses menos de treinta" (39) .
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Textos que hemos citado para dar final a esta entrada, pero igualmente para iniciar la introducción de las siguientes; donde más extensamente comentaremos, analizaremos y comprenderemos estos usos militares del toro. Tanto como la utilidad de ese fiero animal para la común defensa de territorios (en especial los de costa).
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CITAS:
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(1, a):
El más conocido de estos anfiteatros iberos es el descubierto en Termantia (Tiermes, de Soria). Yacimiento prerromano donde se halló un templo en forma circular, con gradas, dedidado a la lucha o espectáculos sagrados; en cuyas arenas se encontraron los restos de varios bóvidos. Un hecho que junto a la existencia de un templo solar cercano, hace suponer la existencia de cultos al toro llevados a cabo a través de su sacrificio en anfiteatros de los templos iberos. De todo ello trataremos en próximas entradas, cuando tratemos del toro en Iberia.
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(1):

"Historia y bravura del toro de lidia" autor Cesáreo Sanz Egaña MADRID 1959 Ed. Austral de Espasa, (Nº.1283) .
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(2): Op. cit (1)
páginas 27 y 28
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(3): Op. cit (1)
página 30.
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(4): Op. cit (1)
página 31.
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(5): Op. cit (1)
En la pagina 109 y 110 tras exponer lo que es el instinto de embiste, concluye que procede de un deseo de liberación y ataque frente a depredadores. (en la hoja 110 y anteriores explica los motivos veterinarios y fisiológicos del encaste).
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(6): Hemos resaltado en letras negrilla tumbada las que son del tipo morucha o ibérica y que de algún modo tienen ancestros relacionados con el toro de lidia. Pese a ello, en mi opinión, creer que desde el ganado morucho puede llegarse a crear un toro bravo en unas pocas generaciones, es como considerar que desde un perro puede llegarse a un lobo ... .
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(7): En referencia a la desaparición de las especies inútiles o peligrosas, todos los biólogos están de acuerdo que el hombre ha erradicado cuantos animales ha podido, entre los que le resultaban molestos o que le atacaban. Acabando siempre con los herbívoros inútiles o agresivos y en especial con los de cuerna y embiste. Acerca de ello Rafael Carvajal Ramos, se pregunta en su obra por qué no ha desaparecido el toro de lidia, creyendo que ello se debe a las corridas de toros..
Consecuentemente en "Tauromaquia: ¿Religión insólita, mito o superstición?" (Rafael Carvajal Ramos; MADRID 2010) nos expresa que si no existieran las corridas no existiría el toro bravo. En 1627 desaparece de los bosques de Polonia el aureochs o uro, su antecesor, como ya había desaparecido del resto de Europa (excepto en Iberia), y no a causa del proceso evolutivo, sino porque su misión creativa era la de ser cazado por el hombre. La misma situación habría vivido el toro si no hubiera sido preservada su existencia y destino de presa de caza a partícipe de una corrida. Los animales que no resultan útiles, o aquellos cuyo recurso venatorio resulta abusivo, terminan desapareciendo (pag.166).
A ello hemos de añadir que hasta el Mundo Altomedieval no se celebraban las corridas como tal (que se regulan en el siglo XVIII). Aunque en época romana existieron las Venatio o luchas circenses entre el hombre y el toro; espectáculos que procedían de costumbres grecoegeas y anatólicas. Ello explica que la conservación de las reses bravas en los campos es un proceso milenario que procede de esta adoración a la fiera, que representaba el dios de la guerra. Todo lo que justifica una conservación de la especie para ser utilizada como anuimal de lucha, guarda y para divertirse o sacrificarlo ritualmente en los templetes o anfiteatros rituales como existieron en Iberia (y posteriormente en los circos).
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(8): PONEMOS COMO EJEMPLO ESTE ESCRITO QUE TODOS PODEMOS CONSULTAR EN LA RED: "


APORTACIONES A LA HISTORIA DE LA RAZA VACUNA PIRENAICA. PARADIGMA DE LA ZOOTECNIA ESPAÑOLA CONTRIBUTIONS TO PIRENAICA CATTLE BREED HISTORY. PARADIGM OF SPANISH LIVESTOCK PRODUCTION" (Mendizabal Aizpuru, J.A., J.R. Ibarbia Barreras y J.M. Etxaniz Makazaga) http://www.uco.es/organiza/servicios/publica/az/php/img/web/05_14_14_05AportacionesMendizabal.pdf Explica como re regulaba el sistema de cria y sementales en su capítulo sobre las "ACTUACIONES REALIZADAS EN GIPUZKOA PARA EL FOMENTO DE SU GANADERÍA DURANTE LOS SIGLOS XVIII Y XIX : Es obligada la mención a la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, ya que fue esta Sociedad económica la que daría los primeros pasos en el País Vasco hacia el progreso y la modernización de su agricultura y ganadería. En 1763 presentan a las Juntas Generales de Gipuzkoa celebradas en Ordizia el Plan de una Sociedad económica o Academia de la Agricultura"
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(9):
En página 14 del libro citado (1), habla de que el profesor Obermaier cree que "el uro salvaje se ha conservado en parte en el toro de lidia, y en las razas bovinas de las estepas del Sur de Rusia y en las del Norte de Alemania". Continúa afirmando que "si esto era así, el primitivo toro ibérico era muy semejante al Uro"). Para confirmarlo en la página 15 explica que en Berlín se trató de recuperar el uro basándose en toros de lidia, trabajo genético que realizó el prf. Luck Heck. para lo que se sirvió del bravo hispano, del camargués y del toro corso.
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(10): Por su parte, Cesáreo Sanz Egaña (OP. CIT. pags. 70 y 71) también presenta otra teoría sobre el origen del toro de lidia suponiendo que los "bos primigenium" de los que derivaría el uro y todos los bóvido domesticados, fué hecho doméstico en Egipto y extendido por todo el Norte de Africa; del que derivarían los toros iberos antiguos (cita a Adametz como fuente). También comentando que Cabrera dice que el URO que habitó en Europa es el origen de todo el ganado.
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(11):
ORÍGENES DE LA TAUROMAQUIA; Juan Carlos Fernández Truhán, Universidad Pablo de Olavide (página 3).
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(12):
"Tauromaquia: ¿Religión insólita, mito o superstición?" (Rafael Carvajal Ramos; MADRID 2010) , páginas 48 y 49.
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(13): Sobre la diosa Cibeles y su aparición en el Tesoro de El Carambolo ver:

http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012_10_01_archive.html
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(14): Acerca del uso de drogas y fármacos en las ceremonias religiosas en la antigüedad ver:

http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/10/blog-post.html
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(15): Esculturas halladas en

Avila, Salamanca, Cáceres, Toledo, Burgos, Segovia y Zamora. Tras os Montes y Beira alta. López Monteagudo 1983 y 1989; citado en el trabajo de Blazquez y García-Gelaber: CARACTER SACRO Y FUNERARIO DEL TORO EN EL MUNDO IBÉRICO; JOSE Ma. BLÁZQUEZ y Ma. PAZ GARCÍA-GELABERT. // QUAD., PRESHISTORIA ARQUEOLOGÍA CAST. 18, 1997 (pag. 437)
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(16):
CARACTER SACRO Y FUNERARIO DEL TORO EN EL MUNDO IBÉRICO; JOSE Ma. BLÁZQUEZ y Ma. PAZ GARCÍA-GELABERT. // QUAD., PRESHISTORIA ARQUEOLOGÍA CAST. 18, 1997 (pag. 436)
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(17):
(Déchelette, 1959, 80 y 476)
en ORÍGENES DE LA TAUROMAQUIA; Juan Carlos Fernández Truhán, Universidad Pablo de Olavide (página 3).
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(18): Blázquez y García-Gelabert; Op. Cit. (16)
, (pag 420)
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(19):
LOS TOROS DE COSSIO; ESPASA CALPE, Madrid 1964 (tomo IV) , pag 786
.
(20):
CLUNIA: TRAS LA ESTELA DE LOPEZRAEZ ; Lázaro Echegaray (publicado el 01/12/2005 en la Web www.opinionytoros.com )
.
(21):
Op.cit (20), pag 1. A título personal añadimos que la palabra que se halla inscrita no ha sido descifrada pero se relaciona más con palabras relativas a gentilicios y a hospitalidad, habida cuenta que en mi consideración aparece el famoso "saludo" de hopitium "KAR". VER en mi blog SOBRE LOS TEXTOS IBÉRICOS, vocabulario y palabra KAR.
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(22): Op. Cit. (19), tomo IV, pag 791
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(23):
José Loperráez y Corbalán, la dibujó y publicó en "DESCRIPCIÓN HISTÓRICA DEL OBISPADO DE OSMA", comentando allí que la copió el 19 de abril de 1775.
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(24) Blog Textos ibéricos

http://sobrelostextosibericosdemario.blogspot.com.es/2012_08_01_archive.html
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(25): No profundizaremos más en los intentos de traducción de esta leyenda, pese a que parece claro que NURU y IAU pudieran tratarse de un locativo toponímico y de un genitivo (o unas voces que actuaran como toponímico, andronímico o complementos directos del KAR).
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(26):
Op. cit. (20), pag 2
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(27): Idem (27).
.
(28):
"Comentario a las Guerras de las Galias" ( "Bellum Gallicum" traducción directa del latín: José Goya Muniáin y Manuel Balbuena; ORBIS -Madrid 1982-) (VI, 14).
.
(29): Rafael Carvajal, Op. cit. (12) pag. 46.
.
(30): Cossio, Tomo IV de Op, Cit. Espasa Calpe, LOS TOROS Madrid 1964, página
789.
.
(31). Idem cita (30)
.
(32) y (33):
Idem cita (30)
.
(34): Op. Cit. (30)
pagina 790
.
(35): Idem. cita (34)
.
(36):


José María Blázquez «Venationes» y juegos de toros en la Antigüedad
PUBLICA BIBLIOTECA Miguel de CERVANTES virtual . Antigua: Historia y Arqueología de las civilizaciones [Web]. Página mantenida por el Taller Digital de la Universidad de Alicante. Continúa este autor diciendo:""larnax del Ashmolean Museum y "vaso de los guerreros" de Archena, mosaicos de Corimbriga, de la Villa del Ramalete, cubo de bronce plateado y grabado de Bueña, fragmento decorativo del Museo de Tarragona, etc., era grande, no ha proporcionado hasta el momento presente ningún documento de toros semejantes a los examinados en este trabajo" "sí mosaicos con escenas circenses, como carreras de caballos en el circo, los ya mencionados mosaicos de Barcelona y BellLlocli; distintos testimonios de la existencia de combates de gladiadores, el grafito de los gladiadores de Belo, lámparas y vidrios con gladiadores, inscripciones de gladiadores; mosaicos con el tema de Circe (Ecija), Hércules y el toro de Creta" (Pag 64)
.
(37):
García y Bellido en 1979, tanto como Pericot en 1980, ya observaron la tauromaquia del Vaso de Liria. Blazquez ya en 1983 comenta que en la cerámica de Numancia hay diversas figuras de toros con danzarines y gentes que portan cuernos. Op cit (36), (pag 423)
.
(38): Cossio "Los Toros", tomo IV, páginas 783 y 784. Rafael Carvajal Ramos en Op. citada (12), expone lo siguiente acerca de todo ello:
"Los toros de Aníbal en Falerno, o los carros de bueyes con teas encendidas en los cuernos usados por el rey Orisón en Heliké así lo atestiguan. Pero no es el uso del toro lo que aquí buscamos, sino la sacralización del mismo. Hay hipótesis encontradas en cuanto a si los festejos de los toros de fuego de Medinaceli responden a una tradición religiosa y simbólica del equinoccio de otoño o de la estratagema guerrera antes apuntada". (pág 45)
.
(39): Cossio, Op. Cit. (30), pag .785 (citando texto del Padre Mariana).

 
















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