jueves, 22 de marzo de 2012

LA MANO QUE PORTA LA SUERTE CON GESTOS OBSCENOS (De: Lo invisible en la mitología; Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XLIV).

Esta entrada es continuación de las anteriores. Recomendándose la lectura previa de aquellas que le preceden, para una comprensión plena de cuanto exponemos en ella.

AL LADO: Diversos talismanes fechados hacia los siglos XVII al XIX (d.C.). Entre ellos se encuentran las típicas higas (en coral y azabache), tanto como una concha en forma también ahigada y el clásico cuerno o colmillo de animal (propiedad del Museo Etnográfico de Castilla y León al que agradecemos nos permita divulgar su imágen -foto tomada del libro "La Belleza que protege", Carlos Piñel; editado por Caja España, Zamora 1998; pag. 22 fig 15-). Estos cuatro objetos podemos decir -sin temor a confundirnos-, que son el ejemplo de lo que durante milenios se ha considerado como amuletos del más alto valor apotropaico. Protectores contra la mala fortuna entre los que el primero se halla documentado en la Historia es la concha (de tipo cauri), que ya hace treinta mil años aparece usado por los hombres y mujeres del Paleolítico, como un objeto de valor mágico (de seguro relacionado con la suerte). Posteriormente, en los inicios del Egipto Predinástico (entre el V y el IV milenio a.C.), igualmente veremos en sus yacimientos la enorme presencia de conchas cauri, con su característica forma de ojo. Utilizadas ya con un sentido plenamente relacionado con el sexo y la fertilidad, tanto que se usaban colgadas principalmente las ropas que tapaban "las vergüenzas"; por todo lo que se piensa se trataba de un adorno de carácter erótico, al que a su vez se le daba un poder mágico (unido a la fecundidad y por ende, a la suerte).
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En la parte superior de la foto que comentamos, igualmente se halla el otro talismán apotropaico por antonomasia: El colmillo o cuernecillo de animal. Una pieza votiva cuyo primer sentido lógicamente enlaza con la caza y con el trofeo del hombre que la luce -la regala o la conserva-, como muestra del logro y de su gran fortuna al atrapar una presa. Siendo aquel su inicial significado, también es verdad que mucho más tarde pasó a formar parte del mundo mágico y femenino; asociándose el cuernecillo o el colmillo a los enseres de ritos fálicos y del aojo. Habiendo sido hasta no hace mucho, usado con esta función ahuyentadora el mal fario, portándolo como amuletos; entre cuyos ritos fundamentales se encuentra el introducirlo en diversos líquidos, para "leer los hados". Siendo muy significativo el vaticinio del aojo que desde tiempos romanos y hasta no hace mucho, realizaban "magos y magas", hundiendo el colmillo en agua para dar posteriormente lectura a las burbujas allí que producían (llamadas "bullas" y en las que se adivinaba la suerte...). Del mismo modo que fué normal el introducir colmillos, cuernos o dientes (incluso fósiles) en las comidas y bebidas, para quitar el posible veneno que allí hubieran depositado enemigos.
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Las que antes narrámos eran costumbres tan manifiestamente normalizadas al menos hasta nuestro siglo XVIII, que hasta el famoso inquisidor Torquemada no se separaba de su cuerno de rinoceronte (que introducía en todos los alimentos antes de ingerirlos). Igualmente que la casa de Austria guardaba como auténticos tesoros los dientes fósiles de los peces ( principalmente de escualos), para usarlos con el mismo fin. Por lo demás, la similitud del colmillo y el cuerno con la lúnula -tanto como el valor cinegético de estas piezas-, cubrían a ese talismán de un halo de misterio que lo relacionaba con la Luna y los astros, la noche y los animales mistéricos (tales como el lobo, la lechuza, los cervunos o las sierpes). Estando presente en todo rito mágico que se preciara; donde la garra (símbolo de mano) y el cuerno (de sentido fálico), fueron objetos tan imprescindibles como insustituibles.
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Seguidamente hallaremos en la foto que comentamos dos imágenes del tercer gran talismán contra el aojo del la Historia, del que ya hemos hablado antes y del que venimos comentando su significado -en sucesivas entradas previas-. Siendo este denominado la "higa", que en la imagen vemos de dos tipos: La clásica de azabache, que consiste en una mano cerrada sacando el dedo gordo; y la de coral, que simula la anterior figura por medio de un objeto que la naturaleza ha creado de manera en mucho semejante (en este caso hablaríamos de un coral ahigado). Comenzamos la entrada desde este punto en el que estudiaremos ya el significado de la mano como protector y que da origen a este amuleto; cuyo sentido se completa por la extraña señal que aquella hace, que como ya sabemos, simula el sexo femenino).


Continuamos esta vez hablando del poder de la mano y de las señas que con ella se realizan. De tal manera, es menester iniciar esta entrada tratando del lenguaje de las manos; una "manera de comunicarse" que en todo idioma y cultura ha existido, siendo además este el medio más primitivo e inicial en el que podemos considerar se transmitieron mensajes personas de diferentes civilizaciones (incapaces de entenderse por el lenguaje). De tal manera, lo que decimos nos será muy familiar ya que todos nos habremos visto en la situación obligada de gesticular y hablar con las manos, cuando no hemos podido hacerlo con palabras. Momento en el que nace un "idioma universal" del hombre en el que entre gestos y movimientos de brazos, es capaz de expresar de algún modo las sensaciones o mensajes más básicos.

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De cuanto narramos se entiende cómo en prácticamente todo el Planeta determinadas posturas de brazos y dedos tengan un significado muy concreto (reverencial, insinuante y hasta insultante); siendo en algunas partes tenidas por sagradas las mismas señas que en otras zonas se toman por sacrílegas. Ello por motivo de las muy diferentes y distintas civilizaciones que las usan, pese a lo que entre todos aquellos signos hechos con los dedos, hay algunos que prácticamente en el Mundo entero (y para casi todas las culturas) han simbolizado casi lo mismo. Nos referimos claramente a posturas tales como el saludo y a la alabanza; que se suelen expesar en el primer caso, elevando una mano mostrándola libre y abierta al que se aproxima -quizás en señal de ir desarmado-; tanto como la alabanza o la admiración que comunmente se dicta con el gesto de subir ambas manos hacia arriba (mucho más altas que en el del saludo). Otras posiciones de los dedos y los brazos son y han sido comunes para todos, entre las que se encuentran principalmente los llamados idiomas religiosos y protocolarios; que indican según se pongan las manos, verdaderos mensajes filosóficos o sociales. Comunicación muy compleja que se expresa por la situación del brazo y los dedos en las esculturas, pinturas o en las personas. Principalmente representadas por una una deidad, por un rey o por un sacerdote que las expresa con las palmas y posturas de dedos, donde puede "leerse" la alegoría y el conocimiento de mensajes religiosos (o que significan poder, mando e incluso idéas filosóficas).

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Acerca de este tema, diremos que quizás en Occidente se fue perdiendo el sentido del idioma por gestos, con la proliferación de una misma lengua en la que se comprendían todos los religiosos y las personas cultas (el latín). Desapareciendo probablemente el sentido de las posturas de las manos, quizás al no hacer falta expresiones apoyadas con aquellas, tras entenderse las gentes de forma verbal a través del idioma de Roma. Aunque en Asia (donde una misma religión pudo ser seguida por millones de personas que hablaban infinidad de lenguas) no ha "caducado" esta "costumbre", ni en su uso, ni en su expresión. Siendo sobradamente conocido el idioma de las manos en las repersentaciones de Budha, tanto como en las de las divinidades budhisas. Algo que en Europa aún hasta la llegada del Gótico tuvo pleno uso, ya que fácil nos será ver en las esculturas, pinturas o bajorrelieves del Románico; personajes que comunmente contienen una expresión en sus dedos (y que narran en ello un "mensaje oculto" relacionado con su estatus, su situación o la escena). Para muestra de ello, bastará mencionar la "mano de Dios" en los Pantócrator, que comunmente se halla en acto similar al de impartir una bendición y que se muestra de frente y abierta, cerrando tres dedos (el gordo, el meñique y el anular), mientras quedan el medio junto al índice, bien rectos -Señal sobradamente conocida, como otras tantas del idioma de las manos tan oriental y orientalizante, que existió en la iconografía cristiana hasta bien entrado el siglo XIV-.



AL LADO: Exvoto ibérico procedente de Collado de los Jardines (Jaén), fechado entre los siglos IV al IV a.C. (propiedad del Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos nos permita divulgar la imágen). El santuario de Collado de los Jardines, estuvo situado en pleno Despeñaperros cercano a Bailén (Baikor), en el paso entre Oretania (Turdetania) y Carpetania (La Meseta Sur, zona después llamada por los árabes Al Manscha, de la voz semita "Al-mansha" que significa "La Victoria" -de la que creemos derivó por deformación la palabra "La Mancha"-). En estos montes que marcaban la separación y el paso entre las tierras turdetanas (tartessias) y las celtibéricas se hallaron varios santuarios en los que los iberos depositaban ofrendas, principalmente en forma de pequeñas figuritas de bronce, fabricadas a "cera perdida". José Ma. Blazquez (entre otros) hizo un estudio profundo sobre el lenguaje de las manos en la estatuaria ibérica, analizando las diferentes posturas que aquellas guardan y basándose principalmente en estas de los santuarios de Despeñaperros (Jose María Blázquez DICCIONARIO DE RELIGIONES PRERROMANAS DE LA PENISULA IBÉRICA; páginas 150 y ss. ; ed. Istmo, Madrid 1973). En la figura que vemos a nuestro lado, sin duda se advierte la actitud de salutación o presentación de respetos, con la mano derecha abierta y alzada; mientras en la izquierda sujeta lo que parece una ofrenda -o un arma- (en posición de "guarda")


AL LADO: Otro ejemplo similar al anterior, pero en este caso con una esculturita ibérica procedente de un santuario cercano a Despeñaperros, más próximo al paso hacia Linares-Porcuna (Ibolka; Obulko): Collado de los Jardines, en Castillar de Santiesteban (la pieza es propiedad del Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Vemos en ella esta vez a la mujer desnuda y con los brazos elevados y abiertos, mientras enseña su sexo, que manifiestamante se observa descubierto. Actitud de ofrenda y adoración, que seguramente puede mencionar un agradecimiento tras un embarazo y parto favorable (algo que deducimos debido a que este santuario de Castillar de Santiesteban guarda muchas otras esculturas exvotas que representan mujeres encintas o recién paridas). Como decimos, la expresión de veneración y agradecimiento suele expresarse con los brazos alzados, las manos abiertas y una actituid de gratitud imaginada en la forma de "abrir el espíritu o el corazón". Gestos que curiosamente han pervivido durante milenios con idénticos significados.




Pero continuando con la exposición que nos atañe sobre el significado de la mano como protectora, transmisora de la suerte y ahuyentadora del Mal de Ojo; diremos que muy pocas señales benéficas del idioma de las manos, han pervivido hasta nuestros días. Pudiendo afirmarse que tan solo algunos ritos religiosos han conservado esta lengua expresada con los dedos; mientras que la población civil occidental ha heredado muy pocas de estas costumbres (y las que le han llegado son más bien de carácter obsceno). Porque curiosamente sobrevivieron entre las gentes normales solo algunos signos hechos con los dedos y que pertenecen más bien al territorio de la magia y de la brujería (quienes quizás por carecer del latín y de cultura, tampoco han olvidado los gestos y señales más antiguas).
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Para comprender lo que decimos, recordaremos que habíamos finalizado la entrada anterior cuando explicábamos que en nuestra opinión la higa pudo tener su origen en aquel gesto que se hacía para maldecir o hacer huir al difamador. Falsos denunciantes y calumniadores que al parecer en la Grecia Antigua abundaban y encontraban su apoyo entre las autoridades, tanto que se convirtió hasta una "pequeña profesión" aquella de acusar en falso. Ello debido a que los hombres de poder azuzaban a algunos miserables a difamar ante la justica a los ricos y hombres de prestigio "caidos en desgracia" (normalmente por no apoyarles). Mientras también los jueces helenos admitían a trámite las falsas denuncias, con el fin de recaudar fondos para el hererario público. De ello que fuera normal que el envidioso quien sentía fascinación por las propiedades o el prestigio de alguien, se prestara a este sucio juego; que solía terminar imponiendo una multa al rico o echando de la ciudad al filósofo acusado -e incluso provocando su ruina y su encarcelamiento-.
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Siendo -como ya explicamos- la calumnia más común y fácil de ser admitida a trámite, la de denunciar ante un juez que un mercader o un terrateniente había vendido higos a otra ciudad (o a un extranjero). Por estar prohibida comunmente la exportación y comercio del higo sin autorización, ya que aquel en seco constituía el alimento fundamental de la población griega -principalmente durante los inviernos, en los que no existía otra fruta -y de forma muy especial para los ejércitos; cuyo "rancho se completaba con pescado seco, con el que hacían sopas evitando así el escorbuto y las anemias-. Todo aquello hizo que fuera tan común como terriblemente temida la denuncia del "sicofantas"; así llamado por ser la falsa declaración de los calumniadores acusar por una venta "fraudulenta" de higos (en griego "sico"). Un hecho que entre los comerciantes -o los que tenían tierras- era tanto o mas temido que el pedrisco, o que hundieran y asaltaran sus mercancías durante el transporte, e incluso peor que la ruina. Ya que aquellas demandas por venta de higos a extranjeros eran dificilmente exculpables y siempre terminaban al menos con una fuerte multa del fisco.
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Considerando la existencia de verdaderos profesionales de la "sicofantia" en la antígua Hélade, nuestra teoría es que aquella mano en forma de "higa" con la que se pretendía hacer huir a la envidia y al envidioso, pudo tener su origen en este hecho. Quizás porque haciendo esta señal (al ver uno de esos falsos acusadores) se pretendía denunciar públicamente al Sicofantas, en un gesto de verdadero desprecio y de fuerza, para evitar sus abusos. Ello, porque en Grecia y en Roma, una de las señas más despectivas que se podían realizar con las manos era aquella de cerrar el puño y sacar el dedo gordo (la higa), que seguramente significaban el acto sexual -o bien la vulva femenina-. Expresado de manera obscena y quizás de forma muy relacionada con la sodomía, que al que así se señalaba era un degenerado. Denominándose estas "señales" tan ordinarias y que han llegado hasta nuestros días, en idioma heleno "eskimalizar"; entre las que más comunmente se conocía lo que actualmente se denomina "hacer la peineta" o "sacar los cuernos". Gestos también obscenos y que indican en el caso primero claramente el sexo masculino (al cerrar todos los dedos dejando "erecto" el medio); mientras que con el segundo se señala comunmente al adúltero o los "cuernos". Habiendo pervivido tanto que en Italia existe la costumbre de combatir el Mal de Ojo (la mala suerte llamada jettatura) con ese gesto de "los cuernos" que señala al "cabrón" o al que se considera demonizado, infiel y por ende adúltero. Tanto como en el resto de los paises europeos es común hacer "la peineta" con la intención de insultar y señalar igualmente al que se le desea la peor suerte (que en este caso se relaciona con sodomizarlo).
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Hechos, señas y señales que creemos proceden fundamentalmente de los que se debieron hacer al "sicofantas"; al que odiaban los griegos, pero que los mandatarios dejaron que camparan a sus anchas, denunciando a cuantas personas de prestigio o dinero "no pasaran por el aro" del poder. Siendo aquellos verdaderos esbirros que actuaban a las órdenes de los dirigentes corruptos de la Hélade Antigua, quienes aceptaban a trámite sus denuncias y pagaban los "sucios servicios" de estos calumniadores entregando una parte de lo que se incautaba al acusado (tanto que hubo Sicofantas que terminaron teniendo grandes fortunas). De ello consideramos que pudo surgir el uso de este gesto hecho con la mano, en el que se indica el "higo" y la "higa" como señal del sexo femenino o de la sodomización. Intentando combatir con aquel puño cerrado que saca el dedo, la envidia y el mal fario de las comunes denuncias por traficar higos.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, una higa hecha en hueso del siglo XIX con forma de "peineta" (propiedad del Museo Etnográfico de Castilla y León al que agradecemos nos permita divulgar su imágen; foto tomada del libro "Enseres", Catálogo del museo etnográfico citado ; página 324). Observemos que esta mano-talismán no está representada cerrando el puño, sinó que se trata de una "garra extendida" cuyo dedo medio es mucho mayor que el resto; haciendo ver seguramente la figura de "la peineta" cuyo significado ya hemos explicado. Se trata ese de un amuleto un tanto extraño, dado que no es común el ahuyentador de la mala fortuna en España con esta forma tan "insultante"; aunque no hemos de olvidar que en nuestra opinión el origen de la higa esta igualmente en un insulto (o vejación) realizada por un gesto muy similar. Seña que de seguro pretendía ahuyentar al que no se deseaba ver; tanto que aún hasta no hace mucho se seguía realizando en algunas zonas del Norte de España, donde las gentes del campo "ahigaban" al que no les gustaba (señalando con el puño cerrado y sacando el dedo hacia aquellos cuya presencia les "inquietaba", en una seña que tenía más de maldición que de insulto).

ABAJO: Forma de la mano haciendo la denominada "peineta" que entre los griegos se llamaba "eskimalizar". Ello correspondía al mayor de los insultos helenos, mandando al que se le "brindaba" esta postura a ser sodomizado (como actualmente se sigue entendiendo). No nos cabe la menor duda de que en Grecia y Roma la higa de seguro se usó para algo muy parecidon y con un carácter mucho más duro. Dado que el puño que saca el dedo gordo entre el índice y el medio, desea no solo la sodomía , sinó principalmente dañar y maldecir al que se ahiga. Por cuanto creemos que aquel gesto pudo tener el uso de señalar a los "sicofantas" (difamadores y calumniadores profesionales, que acusaban a cualquier individuo de prestigio o fortuna ante los tribunales, simplemente movidos por la envidia). De tal manera, quizás la higa se usaba para ahuyentar a aquellos que calumniaban comunmente denunciando por venta fraudulenta de higos; apartando el mal fario que la terrible envidia traían a las personas de fortuna.









JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, dama votiva greco arcaica procedente de Chipre, fechada hacia el siglo VI a.C. Observemos que entre los múltiples amuletos que lleva, cuelga de su pecho una mano talismán casi igual a la que arriba veíamos en el Museo Etnográfico de Castilla y León. Pese a que entre ambos objetos hay una distancia histórica de más de dosmil quinientos años, el significado de aquella mano que luce esta escultura chipriota es casi igual al que contenía la que en el siglo XIX aún llevaban las gentes de la Ruta de la Plata: La protección contra el mal agüero y el Mal de Ojo.
ABAJO: Otro de los signos que han permanecido como apotropaicos es este de los cuernos. En nuestro país no se utiliza tanto para ahuyentar la mala suerte, tieniendo más que ver con lo demoniaco y por tanto con la infidelidad, la traición y el adulterio. Pese a que en Italia es comunmente usado para hacer huir al "maligno"; en la forma de señalar con este gesto de los cuernos hacia el lugar o la persona a la que se desea no transmita el mal fario (la jettatura). Realmente estos tres signos realizados con los dedos -la higa, la peineta y los cuernos-, tienen un sentido plenamente vejatorio y creemos que su verdadero fin era más bien insultar a quien se consideraba indeseable (o maldito). Intentando apartar de la vista o del grupo a quien se tenía como portador de ese infortunio; que se entendía normalmente surgido por la envidia y la fascinación que aquel que lo transmitía sentía hacia esas personas a las que acababa llevando el "mal fario".


Aunque todo cuanto narramos deja un problema sin resolver, como es el hecho de que la "higa talismán" sea muy anterior a los sicofantas griegos (cuya fama y profusión puede datarse hacia el siglo V a.C.). Hallándosde amuletos con es forma de puño en el II milenio a.C. (al menos ya en Fenicia) y entre los egipcios incluso estos talismanes se pueden fechar en el III milenio a.C.. Unos datos que nos hacen preguntarnos ¿Por qué aquel signo de los dedos y el puño es el ahuyentador de la mala suerte y de la envidia, siendo muy anteriores a la propia Grecia?. A lo que creemos poder responder diciendo que primitivamente la mano fué el símbolo que protegía contra las epidemias oculares. Males que de forma endémica se transmitían en la Antigüedad por contagio sexual y a través de tocar los ojos. Hecho este que incluía la mano como vía segura de contraer aquella terrible epidemia que aún se denomina "oftalmia egipcia" y que son el glaucoma y el tracoma. Enfermedades de los ojos cuyo origen principal se encuentra en la bacteria que transmite la blenorrea y algunas de las más contagiosas infecciones sexuales (Chlamydia Trachomatis); siendo esta una dolencia que puede ser contraida simplemente por contacto de las mucosas en las cuencas oculares; tanto como por por el uso de aguas comunes o de una toalla (y al compartir ropas con el contagiado). De ello, creemos que aquella mano que portegía en Egipto y en Fenicia contra el Mal de Ojo, lo hacía como la mano limpia del médico que curaba las oftalmias y evitaba la gran cantidad de cegueras (fundamentalmente en Egipto, donde el tracoma era mal endémico).
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Muy diferente, creemos que es ya el significado del otro talismán: La higa Grecorromana que fundamentalmente se usaba para combatir la envidia. Aunque esta también se unía al Mal de Ojo entendido como enfermedad ocular transmitida por vía sexual. Algo que demuestra el hecho de que la higa junto al falo fueran los símbolos que presidían las fiestas de la fertilidad en la Hélade y en Roma. Estando decorados los carros de las bacantes o de los faunos -en las dionisiacas y en las bacanales-, con estas figuras de grandes penes, a los que acompañaba el símbolo de la higa. Quizás como gesto que significaba la vulva, pero sobre todo como un protector talismán contra las enfermedades venéreas; tal como se demuestra el hecho de que en las faleforias grecorromanas se invocara a la higa para no contraer aquellos males (que se entendían como circunstancias comunes y muy temidas de contraer el tracoma y la ceguera). Pese a todo, la segunda interpretación de la higa, como ahuyentador de la mala suerte y de la envidia, no cuadra plenamente con este carácter médico, "profilactico y venereo". Habiéndose de pensar que quizás en Grecia y en Roma el gesto hecho cerrando el puño y sacando el dedo, se usaba no solo para pedir a los dioses no ser contagiado; sinó sobre todo para hacer huir a quienes traían el mal fario con su envidia.
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Es aquí donde creemos que entra la segunda función de este talismán, que curiosamente poco tenía que ver con la señal hecha con los dedos. Ello, porque incluso en los textos del siglo XVIII se describe como se evitaba el Mal de Ojo gracias a aquellas manecillas y nunca se dice que haya de hacerse tal gesto con la mano. Sinó que ante la presencia del que se teme como portador del Aojo, ha de enseñársele el amuleto de la higa, mientras se pronunciará la frase: -"Toma la mano"-. Tras lo que "el sospechoso" para dejar de serlo debía coger el colgante y contestar: -"Dios la bendiga"-. Pero nunca era costumbre la de gesticular con tan mal signo, sinó simplemente sacar el talismán para que este fuera "tomado" por el temido y quedar así uno libre de sospechas, mientras el otro perdía el temor de ser aojado. Pese a ello, en verdad sabemos como hasta no hace mucho, era muy común entre las gentes del campo usar aquella seña hecha con los dedos para enviar los peores deseos a quienes les incomodaban (por ser extraños o percibir el Aojo en sus miradas). Función y signo este que consideramos procede más de la xenofobia que el campesino sentía por el extraño que cruzaba sus campos; a quienes ya vimos como en ocasiones había derecho y hasta obligación de matar (para defender de extranjeros el ganado, las cosechas y los montes).
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En todos estos extraños ritos consideramos que el talismán de la higa actuaba como apotropaico, mientras la señal hecha con las manos (típicamente de campo y con rasgos insultantes) tenía más bien el carácter de maldecir que el de protegerse. Algo que partía de tradiciones greco-romanas entre las que la adulación se consideraba un peligro y les recordaba al sicofantas. Tanto que en Grecia cuando alguien escuchaba frases de halago hacia su persona, tenía como costumbre escupir al suelo, hacer la señal de la higa y proferir la expresión -"baskaino"-; palabra que entre los latinos era "prae-fascinum" y que ha de traducirse por: "Sin fascinación". Ello, porque la "fascinación" se consideraba el origen de este mal de la envidia, del que entendían griegos y romanos nacía de la admiración hacia aquello que jamás se conseguiría, tanto como el deseo de destruir lo que le era a alguien inalcalzable (por falta de conocimientos, de posición social, de condiciones o de "genética"). De tal manera, durante los triunfos y celebraciones, ya vimos como todo militar de éxito era abiertamenta insultado en público por sus soldados (para evitar la envidia del pueblo), al igual que la gran mayoría de los romanos lucian una escultura, un anillo o un colgante con la figura de un pene erecto (o de una higa). Todo lo que en verdad relacionamos con estos gestos de la mano, que en sí mismos simbolizan temas tan burdos como la "vulva o la sodomización", pero que curiosamente se usaban para hacer huir al adulador que traía el mal fario (lo que se llamaría vulgarmennte en España "el pelota de mal agüero").
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De un mismo modo, el propio dios Hermes-Mercurio era el protector contra los sicofantas o los envidiosos. Ahuyentador de quienes deseaban el mal a los que tenían éxito en sus empresas, o a los que llegaban a lograr gran prestigio social y económico. Curiosamente aquella deidad se entendía como la propia representación del falo o del sexo, por cuanto (como ya hemos explicado) era el generador de la fecundidad, de las buenas cosechas y del progreso. De todo ello que se relacionase con algo tan burdo en su símbolo como un falo; entre otros motivos porque su primera representación fue la de un mojón de camino. Betilos que señalaban las lindes y las rutas, por lo que se hicieron venerables para los agricultores y para los transportistas o mercaderes, que los adoraron en una forma muy común a la veneración que siempre han conservado los mercaderes y arrieros: Como la efigie sagrada de un crucero de camino, protector de los viajantes.

JUNTO ESTAS LINEAS: Al lado el famoso Dionisos del Museo del Prado, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen. Observemos que el dios de la agricultura, de la fertilidad y del vino tiene bajo sí la estatua de Hermes. Un Mercurio griego en su forma original, como un "herma", cuya traducción del griego vimos que era la de: "Mojón o betilo". Piedras marcadoras de los caminos y de los campos que protegían a los agricultores y a los que poseían tierras; evitado con aquellas pilastras que ningún extraño o ajeno, entrara en sus sembrados ni cruzara por sus bosques. Del mismo modo estos "pilotes" pétreos que se usaban para señalar los caminos y los cruces, tuvieron el fin de guiar a los comerciantes y a los viandantes. Conviertiéndose también en los "patrones" o protectores de aquellos que debían hacer su vida por las sendas, llevando mercancías. De ello, que muy pronto este Herma (mojón) pasara a cambiar el nombre por el de Mercurio (dios mercader). De todo cuanto hemos ido expresando en esta y otras entradas, es fácil deducir que para evitar la mala suerte de perderse en los caminos o de que extraños arruinaran las cosechas y los bosques, se encomendaran a este dios-betilo. Mojón-Herma que como dijimos simbolizó el pene, por cuanto también se le encomendaban las buenas cosechas y la fertilidad de los campos.



AL LADO Y ABAJO: Junto este párrafo, portada de la revista Argi en la que dedica un artículo a las coincidencias entre el Camino de Santiago y las antiguas Calzadas Romanas, entre las que se halla la Ruta de la Plata. Viéndose en este camino aún algunos miliarios romanos que la revista recoge en un magnífico artículo. Curiosamente en la Ruta Jacobea existe también la costumbre de arrojar piedras en algunos cruces de caminos de manera votiva. Como dijimos, se sabe que de un modo similar, en que los caminantes marcaban los cruces con montones de piedras nació la figura de los Hermas (o primeros miliarios griegos).
ABAJO: Artículo mencionado sobre algunos de los mencionados miliarios romanos que aún se conservan en la Ruta que fue desde la Emérita Augusta hasta la Augusta Astúrica. Estos cipos que tenían más de dos metros de altura, se colocaban a la distancia de una milla romana (casi 1,5 kilómetros). Su origen se halla en la Antigua Grecia, donde se sabe que los comerciantes antes del siglo VI a.C. marcaban con piedras los cruces y las que en este siglo fueron sustituidas por los Herma (mojones oficiales que señalizaban las sendas). Dando origen al dios del comercio, el dinero y de las buenas cosechas: Hermes, que se entendió por su carácter fertilizador como la personificación de un falo pétreo y protector (símbolo de la fecundidad y de la masculinidad). De tal manera, el que antes solo fue una deidad dedicada a la fertilidad y a la agricultura -personificada en Dionisos-, pasó así a ser el dios de las riquezas y de los metales, con el nombre de aquel que limpia y decanta el oro y la plata: El Mercurio. Por cuanto decimos y entendemos, no es extraño que aquel mismo fuera el que ahuyentara a los envidiosos y a los difamadores ("sicofantas"), que denunciaban a los hombres con dinero y a los que obtenían buenas cosechas . Por cuanto se entendió que el símbolo de su pedestal (como pene) y el de su fecundidad (como higa o higo) ahuyentaba el mal fario.












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